jueves, 28 de marzo de 2024

Tontódromos: Madrid, Perú, Pamplona...

Piropo por Estafeta
Me pilló en mis últimos años de Seminario, allá por el 66-67. En cuanto oí la palabreja "tontódromo", la asocié a "tontear" y a la "edad de la tontería", a la adolescencia, unos años que yo -sólo física, que no mentalmente- recién había superado. Me intrigaba qué tipo de gente podía ir ese sitio. El para qué (para "pillar cacho"), me lo imaginaba. Una tarde-noche fui a investigar.
Cuando llegué a Carlos III, comprobé que la mayoría de los jóvenes (algunos años mayores y mucho más pijos que yo) iban por la acera de los pares en el tramo que, desde General Mola, llega a Conde Rodezno. Subían y bajaban. De vez en cuando, una cuadrilla de chicos se paraba frente a otra de chicas y continuaban enseguida cada cual en su dirección.
De repente caí en la cuenta del significado de "ése es de la acera de enfrente" y yo, que observaba la jugada desde la acera de los impares, me retiré discretamente a mis aposentos del Seminario.
Cinco chicas (una de luto), por la Plaza del Castillo. Castells-Galle
Extensión del vocablo
A Pamplona llegó en los años 60. Por supuesto que en el siglo XIX también había "tontódromos", pero se llamaban "paseos" que, según las modas, iban de Estafeta a la Plaza del Castillo o Paseo Valencia (hoy de Sarasate). Pero pronto desapareció y hoy sólo asociamos Carlos III al "Tontódromo" cuatro nostálgicos. No he conseguido una sola foto de él.
La palabreja (no creo que la encontréis en el DRAE) está extendida por toda España. En casi todas las capitales hay alguna calle que recibe ese apodo. Sale mucho hoy en Google la Calle Alfonso X el Sabio de Murcia.
También en Hispanoamérica. Llama la atención que se llama tontódromo a la avenida principal y más larga del campus de la Pontificia Universidad Católica del Perú, que da acceso a las distintas facultades. Allí se ha plantado Henry SP y ha conseguido estas declaraciones:

Origen de "tontódromo"
Madrid. 21 de junio de 1949. Entrada del verano. Magnífico artículo en defensa del tontódromo, de José Luis Gómez Mesías, aparecido en Pueblo, Diario del Trabajo Nacional:
EL "TONTODROMO"
NO, señora. No tiene usted razón en su agresividad contra el "tontódromo".
Ya sé que le llaman así a la acera derecha de la calle de Serrano, en el sector comprendido entre Goya y Lista (Ortega y Gasset en la actualidad). Las tabernas y bares modestos allí instalados están en boga. Las niñas "pera" —calificación 1926— beben en esos establecimientos buen peleón y fuman mal tabaco rubio. No me parece mal.
Se me antoja, además, que la "edad del batido de fresa" ha pasado, por ñoña, a la Historia. Al batido le siguió el "cock-tall", y después el "gin-fizz", y ahora el tintorro. El vino —el buen vino español— no hace daño a nadie. Hay que saber beberlo, como hay que saber comer callos sin indigestarse, y dulces sin empalagarse. Que la Celestina se echase al coleto todos los días seis docenas de sorbos no implica vilipendio para el vino de Valdepeñas o de Rioja.
"Las jóvenes elegantes fuman y beben, de pie, al lado de la "barra", como los hombres", escribe usted indignada. ¿Y qué?... Esas niñas—casi todas—son elegantes, guapas y trabajan o estudian. Cuando tenían doce años estalló nuestra guerra civil. Su hermano el mayor, del que casi no recuerdan la fisonomía, cayó en Brunete con los Regulares o fué asesinado en una cuneta de Vallecas. La niñez de muchas de ellas fué triste. La abuela lloraba y rezaba siempre; la madre suspiraba con el pensamiento puesto en el hijo... ¿Cómo quiere usted que esa jovencita se limite a leer versos de Bécquer o novelas do Pérez y Pérez?
¡Carecen de ideales! Por Dios, señora. Lo que ocurre es que los ideales de hoy nada tienen que ver con los de ayer. No entro a discriminar cuales eran más auténticos y más bellos. Usted, señora, pone el grito en el cielo porque oyó esta conversación:
—¿Y te vas a casar con un ingeniero? Chica, estás loca. Hoy gana más un estraperlista cualquiera vendiendo clavos...
Quien así hablaba no mentía. De algun tiempo a esta parte se desató en el mundo un desmedido afán de hacer dinero sea como sea. En todos los hogares, la conversación gira sobre el mismo tema: que si Fulanito se hizo millonario en cinco años; que si la vida está carísima; que si un sueldo no llega a nada... En su misma casa, señora—y usted la primera—habrá planteado, incluso en la mesa, tema tan descarnado y deshonesto. No se le llenen los ojos de aspavientos por que la juventud —receptor muy sensible— se quede con la copla.
Principios del XX
Si algún día mi elegante amigo don Tomás Gistau, presidente de la Comisión de Cultura, me hace caso y toma en serio mis muy atinadas observaciones, el Ayuntamiento organizará un buen sistema de turismo para Madrid. Y yo pediré que tos extranjeros que viajen en automóvil sean llevados al "tontódromo" para que admiren a esas madrileñitas salerosas de ojos verdes y pelo negro. Tendremos un éxito. Y hasta usted frecuentará, por estética, las terrazas de las tabernas de la banda derecha de Serrano.
¡Qué toda esa vida que viven es ficticia! Ha puesto usted, señora, el dedo en la llaga. Lo atractivo, lo sublime de la juventud es que vive una vida de ilusiones, de esperanzas que, a lo peor, no se cumplen, de anhelos que, a lo mejor, no se realizan. Pero ¡vaya usted a saber cuál es la realidad! Los turistas que visitan España preguntan por la casa de Don Quijote, que es —hasta cierto punto—ficción, y no por la morada de Cervantes, que fué hombre de carne y hueso. El guía, al pasar por Elsinor, señala con el dedo el palatio de Hamlet, y hay miles de personas que no saben dónde yacen los restos de Shakespeare. En esta hora tremebunda que vivimos, una ilusión vale más que todos los sistemas de racionamiento del mundo. Recuerde usted que desde el proceso deicida del Pretorio se cimbrea sobre la Humanidad la pregunta del poncio:
—¿Qué es la verdad?
Pero no le pongamos el paño al púlpito. Esto se ya muy largo y me he cansado de teclear en esta pésima máquina de escribir.
José Luis GOMEZ MESIAS
El "tontódromo" de Pepe Rodríguez
En 1973 conocí en Madrid las canciones de Pablo Guerrero.
Y me llamó mucho la atención una que desentonaba del tono general, serio y reivindicativo del resto: "Pepe Rodríguez, el de la barba en flor".
Como dice Pablo, Pepe Rodríguez es una mezcla de Cid Campeador y de Tenorio. Yo diría que más de Tenorio, ya que sus conquistas preferidas eran las mujeres, más concretamente las guiris.
Es una especie de romance, o mejor, de cantar de gesta, que cuenta las hazañas de este arquetipo de ligón español, que despierta la envidia de todos, en aquellos años de sequía sentimental y, no te digo nada, sexual:

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