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jueves, 23 de junio de 2016

Pantierno (actualización)

Los kilikis me daban jilis (ver foto). Pantierno, pánico
"El caso más notable podía ser Pantierno, mote de Luis Tierno Marqueta, pamplonés nacido en 1894, de raíces sorianas -el padre era de Valdeavellano de Tera, en la diócesis de Orma- y tudelanas; obrero ilustrado, según testimonio de quienes le trataron. Tierno Galván se refirió a sus parientes pamploneses, cuando vino a Sanfermines en 1983. A decir verdad, ¿cuántos sabían cómo se llamaban en el Registro Civil los ciudadanos Pantierno, Hojalata, Huevoduro, Cuellopato, Maxi la Cutera, Uve o el mismísimo Eliseo?" (Alejandro Ciarra: "Canciones populares infantiles en las calles de Pamplona -años 40-").
***
Yo creo que nunca vi a Pantierno. Y me da rabia porque, si lo hubiera visto, seguro que no le habría tenido tanto miedo como le tenía. Las versiones que os ofrezco me dan pie a ello. Pero el miedo venció a mi curiosidad.
Y no lo vi (creo) porque era el mío un miedo tan irracional que, oír “¡que viene Pantierno!” y buscar un refugio -como hacen los perros en cuanto se dispara un cohete- era todo uno.
De mayor me dijeron que la palabra "pánico" significaba "relativo a Pan", el dios de los bosques, en los que cualquier rumor, crujido... produce... lo mismo que me producía a mí oír que venía Pantierno. Mi interés por la etimología quizás venga de ahí. Si me hubieran dicho el significado de Pantierno en el lenguaje popular de Navarra (bobalicón, ingenuo, infeliz), se me habrían pasado todos mis miedos.

Escuelas de San Francisco

El Hombre del saco
Porque al nombre de “Pantierno” le solían acompañar otros dos: “el Hombre del saco” y “el Sacamantecas”, que desvirtuaban el significado positivo que, en principio, podría tener “pan-tierno”.
Entenderéis mis miedos si os cuento "El collarcito de oro" (pinchad, pinchad, que hay más), una de esas historias terribles que nos contaban en la infancia referente al "Hombre del saco", uno de los nombres asociados con Pantierno:


Quizás la razón por la que yo no tengo una imagen de Pantierno estribe, más que en el miedo, en que él andaba más por San Cernin que por la Navarrería.
Pero si yo no vi a Pantierno, quienes aportan estos testimonios sí que lo vieron. Y, más que miedo, lo que sintieron por él fue compasión.

1. Testimonio de Mar
"Era parte de nuestra infancia, y tampoco sé mucho. Me parece que era de la Rochapea*, porque decían: “ya sube el de la Rocha”. Era un hombre que nos daba mucho miedo: llevaba una gabardina, unos cacho zapatos muy grandes, un saco y tenía una enorme nariz.

*Actualización 03.04.19 Aportación de Isidro Más:
Más Isidro: Pantierno. Vivía en la Bajada Javier, frente a mi casa..
Pachi: Seguro? Algunos dicen que en la Rocha
Más Isidro: La que vivía en la Rocha era la Maxi...
Pachi: Lo sé
Más Isidro: Yo a casa de Pantierno, nunca subí, pero casi todos los días lo veía entrar a ese portal (creo que es el 3) con un  saco colgando del hombro... Bajada Javier, número impar, frente a la entrada al patio...
Pachi: Buen testimonio. Tomo nota

Se ponía apoyado en la pared de la farmacia Negrillos, en la calle Mayor. Creo que iba a oír al ciego, que cantaba en la esquina de Ataun: “los 30 iguales para hoy, los de la suerte que caen hoy”. Nosotros nos sentábamos en la acera de Ataun y, cuando ya no nos daba miedo, o nos atrevíamos, lo rodeábamos -pero un poco de lejos- y le cantábamos: “sacamantecas!!! sacamantecas!!!", porque creíamos que era el sacamantecas y que mataba a los críos y los metía en el saco...
Entonces nos encorría, calle Mayor abajo, gritándonos....


Otras veces estaba en la plaza San Francisco, en el soportal de las escuelas de San Francisco. Pero ahí no nos atrevíamos a subir, no sé por qué.
También se decía que alguna vez se había metido en el patio de las Teresianas, de la calle Mayor. Me figuro que entraría por la calle San Francisco. Y que gritaba.
Lo siento, son recuerdos de infancia que no te servirán. Es lo único que de momento recuerdo. Pero nos tenía a todos aterrorizados con que nos iba a sacar las mantecas. No sé qué nos imaginábamos. Sería un pobre hombre que no estaba bien. Y nosotros incordiándole!"
***
En las navidades de 97 me regalé un libro que ya el propio título era un auténtico regalo. Una pena que no fuera acompañado por un Cd.
De él he sacado el 2º testimonio:

2. Alejandro Ciarra Irurita
"Canciones Populares Infantiles en las calles de Pamplona –años 40-". Páginas 28 y 29:
El niño Alejandro, de la Calle San Antón, nos cuenta lo que ve desde su ventana:

Calle San Antón, años 40
"Al fondo, del lado de la plaza de San Francisco, aparece el viejo buhonero, apodado "Pantierno", ejecutando, con la rigurosa exactitud de una figura de carillón, el extraño "rito" que la mente, sumida en leve y pacífica locura, ordena realizar al cuerpo.
Camina por la calzada junto al borde de la acera, y cada veinte o veinticinco pasos, sin perder la cadencia de la marcha, gira sobre sí mismo y continúa su andar.
"Pantierno", aunque casi un anciano, es todavía un hombre muy vigoroso. Estatura mediana, casi baja; muy ancho y recio; gran nariz curvada, aguileña, en un rostro de tez oscura, anguloso pero lleno, sin aristas afiladas; ojos no pequeños en amplias y profundas cuencas, y cejas y cabeza muy pobladas de un pelo negro, denso, fuerte y sin brillo, como de jabalí, que la vieja boina no puede cubrir del todo.
Viste amplia blusa negra, pantalón gris-negro de rayas y calza botas de cuartel. De sus fuertes hombros cuelga el largo saco donde va recogiendo papeles, trapos, trozos de metales, cables de cobre y pan seco.
Aún conserva, aunque ya un poco apagados por la edad, el impulso de marcha de un avezado andarín. Mientras camina, con la mirada recta y fija hacia adelante, parece abstraído en hondos pensamientos. A veces, cuando repara en que, desde un bajo balcón o desde la otra acera, alguien le mira con insistencia, lanza fugitivas miradas de soslayo que pretenden ser duras y hasta amenazadoras, pero aunque en la imaginación de algunos niños —alienados por los mayores— aparece como un "sacamantecas" (¡ya en la 'mitad del siglo xx y todavía "brujas"!), todos saben que es inofensivo y bueno como... ¡el pan tierno! Y sólo se detiene  brevemente, y blandiendo su fuerte brazo, lanza al aire algunas palabrotas cuando algún "chusco", que ha contado el número de pasos que da entre dos giros sobre sí mismo, dice en voz alta... ¡Y veinticinco!
Es un poco dramático y muy conmovedor, ver cómo este pobre hombre, sumido en su apacible locura, es blanco de las burlas y chanzas de sus conciudadanos.
¿Por qué se producirá en nosotros esa malsana tendencia a la burla de pobres, humildes e indefensos? ¿Por qué nos complacemos en esas bajezas? ¿Porque sabemos, quizás, que no habrá, de palabra ni de obra, réplica que nos haga daño?


Mientras el buhonero, a lo largo de la calle, junto al borde de la acera de las Escuelas Municipales y la casa-palacio de Guendulain, va ejecutando el simple y extraño "ballet", el niño, desde su balcón, con el rostro serio y silencioso, reflejando ¿temor?, ¿piedad?, lo observa atento y admirado hasta que, en el Rincón de la Aduana, lo ve curiosear un poco alrededor de la estación del tranvía "El Irati" y, finalmente, se pierde de vista hacia San Lorenzo."

3. José María Baroga
En 'La vida íntima de Pamplona' y referido al año 1954, hay un par de párrafos. El primero, dedicado a Pantierno, nos lo vuelve a mostrar con su saco y girando sobre sí mismo.
En el segundo aparece otro personaje que sí conocí de niño y al que llamábamos "Marinerito se va el vapor, vaporíiiii".

"Ha dejado de nevar. El sol, a punto ya de acostarse, envía los últimos rayos del día. La temperatura es bastante agradable e invita a dar un paseo por las afueras...
Por allá desaparecen, San Gregorio adelante, el anticuario y la piculina, susurrándose tiernas endechas, eternos juramentos de amor...
En dirección contraria viene hacia San Nicolás, con su saco misterioso al hombro y girando sobre sí mismo cada diez pasos, Pantierno, el «Coco» de toda la chavalería.
Unos metros más atrás, «Aprisa marinero que se va el vapor», otro ciudadano «orate fratres» (chalado).
Sí, el Manicomio ha salido a dar una vuelta por la parte vieja..."

De los que vienen a continuación sólo me suena Pitoito, Pitoito Setas, pero no sé unirlo a ninguna característica especial:
"Según me informa este simpático amigo había, en sus buenos tiempos, multitud de mozos chirenes: Sangüesa, Calvo, Armendáriz, Pitoito, Abadiano, Cebollica, Triparrana... "

domingo, 12 de junio de 2011

Dormitalería, 18: Lo que no cuentan los cuentos

Los cuentos y poemas que aparecen en esta entrada, se ruega encarecidamente (especialmente a las abuelas) no contárselos a los niños, ya que se basan en  el miedo, el horror... como medios para conseguir unos fines, todo lo respetables que se quiera, pero que quedan contaminados por el terrible instrumento que utilizan.
No es lícito traumatizar, amedrentar a los niños (y menos a nuestros niños) justificándolo en que "es por su bien", "es para que aprendan"...
Hoy en día hay otros sistemas. El mejor: el amor. Precisamente porque lo quieres, porque la amas, jamás los amedrentarás.
Porque, en contra de lo que dijo el teólogo jesuita Hermann Busenbaum ("cum finis est licitus, etiam media sunt licita"), el fin no justifica los MIEDOS.

En aquel dormitorio (con alcoba) de la calle Dormitalería (valga la redundancia), cuando estábamos todos (unos ocho) acostados, solían correr, bastante a menudo, romances, historias graciosas... Pero, sobre todo,  recuerdo un par de cuentos "infantiles" (hoy les pondríamos 3 ó 4 rombos) que no entendía muy bien, pero que conseguían dejarme sobrecogido. ¡Más vale que no dormía sólo!
Si, en la escuela, la letra con sangre entraba, en la calle, en casa.., la prudencia, el respeto... entraban gracias al miedo. No sé que tiene el miedo, pero, como los kilikis, conseguía atraerme por lo que encierra de misterio y por el afán de superarlo.
Luego me enteré de que algunos de esos cuentos y romances no sólo estaban extendidos por toda España, sino que constituían arquetipos universales que expresaban, según algunos, el inconsciente colectivo de la humanidad.
En esta entrada, además de traerlos recitados (cosa que no he encontrado en la Red), intento darles un significado para poder entenderlos. Ese intento de explicación es lo que no cuentan los cuentos ni los romances.

El collarcito de oro (...que en el zarzal me dejé...)
Digo collarcito, pero podría decir anillo, zapatos... Ya que de este cuento se han recogido en España 18 versiones distintas.
Se trata, básicamente de una niña que recibe un regalo de su madre (collar, anillo...) y, a pesar de la recomendación de ella, se va a jugar con el collar (en esta versión) puesto. Para no romperlo, se lo quita. Cuando anochece, vuelve a casa pero sin el collar. La madre le hace volver a buscarlo (¡mira que podía haberle dicho al papá que la acompañara!) y, cuando está en ello, en la noche aparece el "hombre del saco" que le dice que él lo ha guardado en el fondo del zurrón. Al asomarse, la niña es atrapada. El hombre la utiliza en las ferias y mercados para conseguir dinero haciendo creer a la gente que el zurrón canta. Por fin llega al pueblo de la niña donde un familiar reconoce la voz de la niña. Ella es liberada y el hombre tiene su merecido.
Escuchemos el relato:


(Nota: este relato lo he sacado del blog "Cuéntame un cuento, mamá". Gracias)

La interpretación más básica nos dice que se trata de un cuento de advertencia: ¿ves lo que pasa por no obedecer a mamá? ... por andar por ahí de noche? ...por hablar con desconocidos? Pero, creo yo que, más concretamente, es un cuento de advertencia para niñas en la pubertad. No me parece descabellado decir que el anillo, el collar, los zapatitos... son símbolos femeninos que representan algo distinto de ellos. Y ese algo es, sin duda, la virginidad.
En este caso, el cuento recomienda a la niña que no deje su virginidad en "cualquier zarzal", y menos sola y de noche, porque cualquier "hombre malo" podría aprovecharse de ella.
Abundando en esta interpretación, en la versión que os he ofrecido, el "hombre malo" también tiene su merecido y "de tanto pinchar el saco" (saco: símbolo femenino) con la lanza (símbolo masculino) es "comido" por "sapos y culebras" (que cada uno lo interprete: sífilis, chancros, gonorreas.., en fin, todas las enfermedades de transmisión sexual).

El convite (¡Bebe vino Don Alonso...!)
De este antiquísimo romance no quedaba más que un par de versos (en la Ensalada de la Universidad de Praga, del siglo XVI) en la tradición escrita hasta que fue recogido en su obra sobre el romancero asturiano, de 1885, por Juan Menéndez Pidal (hermano de Ramón) en la tradición oral de esa preciosa Comunidad. Hay versiones en Cataluña, islas Azores, Brasil...
Brevemente, el romance nos dice que Alonso, hombre casado, va a casa de su amante Mariana y le comunica que tiene una boda el domingo. Ella aprovecha para recordarle que esa boda debería ser la de los dos. Él le da largas diciendo que es la de un hermano suyo. Mariana, viendo imposible su deseo, prepara un brebaje que vierte en el vino. Y, aunque él desconfía y desea que ella beba primero, termina envenenado:



Vengo brindado, Mariana,
para una boda el domingo.
-Esa boda, don Alonso,
debiera ser conmigo.
-Non es conmigo, Mariana,
es con un hermano mío.
-Siéntate aquí, don Alonso,
en este escaño florido
que me lo dejó mi padre
para el que case conmigo.
Se sentara don Alonso,
presto se quedó dormido.
Mariana, como discreta,
se fue a su jardín florido;
tres onzas de solimán,
cuatro de acero molido,
la sangre de tres culebras,
la piel de un lagarto vivo
y la espinilla del sapo,
todo se lo echó en el vino.
-Bebe vino, don Alonso;
don Alonso, bebe vino.
-Bebe primero, Mariana,
que así está puesto en estilo.
Mariana, como discreta,
por el pecho lo ha vertido;
don Alonso, como joven,
todo el vino se ha bebido;
con la fuerza del veneno,
los dientes se le han caído.
-¿Qué es esto, Mariana?
¿Qué es lo que tiene el vino?
-Tres onzas de solimán,
cuatro de acero molido,
la sangre de tres culebras,
la piel de un lagarto vivo
y la espinilla del sapo,
para robarte el sentido.
-Sáname, buena Mariana,
que me casaré contigo.
-No puede ser, don Alonso,
que el corazón te ha partido.
-Adiós esposa del alma,
presto quedas sin marido;
adiós, padres de mi vida,
presto quedaron sin hijo.
Cuando salí de mi casa
salí en un caballo pío
y ahora voy para la iglesia
en una caja de pino.

(Nota: Esta versión asturiana  ha sido extraída de "Parnaseo". 
En esa página se explican algunos conceptos.)

La interpretación no tiene mayor dificultad: se trata de una venganza. Mariana no quiere ser más "segundo plato", sino que pretende ocupar el puesto de la esposa de Alonso. Y como éste no tiene ninguna intención...
Llama la atención que Alonso se quede dormido en un banco, pero sabiendo que algunos escaños (y más el "escaño florido que me lo dejó mi padre para el que case conmigo") sirven también de lecho, no es de extrañar la somnolencia de él, tras yacer con Mariana.

La asadura (¡María, dame la asadura...!)
Este cuento era sin duda el que más miedo daba. Especialmente el final in crescendo, subiendo las escaleras, abriendo la puerta (para entonces ya estábamos con la cabeza debajo de la manta), y el agarrón final. ¡Y más vale que no sabía qué era la dichosa asadura!
Este cuento tiene varias versiones (un viudo y su hija; una viuda y su hija..; el difunto es, a veces, difunta) pero básicamente nos dice, en la versión elegida, que la madre (pobre, al quedarse viuda) manda a la hija a la carnicería a comprar lo más barato, la casquería: vísceras, pulmones,corazón... La chica (como siempre) se distrae y, para cuando va a la carnicería, ya está cerrada. Entonces, no tiene mejor idea que sacarle las vísceras a su padre, recién enterrado, con la esperanza de que la madre no se dé cuenta del engaño. Y así es: se las comieron para cenar tan ricamente. Pero, una vez acostadas, se oye al padre difunto reclamar, cada vez más cerca y con más intensidad, sus pertenencias, hasta agarrar a la hija en el paroxismo final.


(Nota: el relato ha sido extraído de  la Revista Alcántara)

Si el cuento lo tomamos al pie de la letra, lo que esta historia pretende es, al parecer, condenar (con el castigo del miedo) rituales ancestrales en los que se comían las vísceras de los difuntos para apoderarse de sus virtudes (y, de paso, saciar el hambre).
Pero mucho me temo que tiene que haber un significado más profundo que, lo siento mucho, a mí se me escapa.

Érase un pobre lancero (cásado, cásado con una dama...)
Este romance lo tenía totalmente olvidado. Cuando, hace unos años, lo leí parcialmente en el libro de Alejandro Ciarra (gracias por la partitura) "Canciones populares infantiles en las calles de Pamplona. Años 40", o cuando hace unos meses lo volví a leer completo en el blog de Nati (gracias, Nati, por la letra. Sin ti habría sido imposible desolvidarlo), tampoco fue capaz de provocar en mí el recuerdo. Pero me ha bastado escuchar en un piano las primeras notas, para caer en la cuenta.
Según una hermana mayor que yo, esta canción la oyó alguna vez a chicas mayores que ella, saltando a la cuerda. Yo no tengo ni idea del contexto, pero sé, gracias a la música, que alguna vez la escuché.



Érase un pobre lancero
casado con una dama;
la dama tenía un hijo
mas hermoso que la plata.
Cuando su marido se iba,
la dama lo degollaba
con un cuchillo de acero
que le traspasaba el alma.
Al retirar la sartén,
el hombre en la puerta llama;
- siéntate marido y come,
que el niño en la calle anda.
A los últimos bocados,
el niño en el plato habla:
- no comas más, padre mío,
que soy tu hijo del alma.
- ¿Quién te ha matado, hijo mío?
- La dama , que es muy mala.


Es difícil comprender esta truculenta historia sin recurrir al psicoanálisis. Tomarla al pie de la letra no tiene ni pies ni cabeza. Hay, por tanto, que ejercer una labor hermenéutica que intente explicar los conceptos que en el poema aparecen:
  1. "La dama lo degollaba...": no se trata de algo físico, sino de una castración psicológica ("la dama le cambiaba al niño el chip") que intentaba conseguir que éste se transformara en una mujer, una mujer exactamente como la dama.
  2. "Siéntate marido y come, que el niño en la calle anda". A mi juicio, aquí está la clave: "Ahora que el niño no está, hazme el amor".
  3. "El niño en el plato habla...": cuando el padre va a llegar al final ("últimos bocados"), el niño le advierte del engaño.
En resumen, nos encontramos, en el fondo, ante una relación incestuosa inducida por la madre. Ésta, celosa del hijo y de la relación de éste con su padre, castra psicológica, pero muy dolorosamente, al chico y "lo prepara" para suplantarle a ella, sin que el pobre marido se dé cuenta ("el niño en la calle anda"), hasta que el chico desvela el engaño.