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sábado, 25 de mayo de 2013

Seve Peña Albizu, andarín

A la derecha, Seve con 80ytantos años
Introducción: cochina envidia
 Espinosa, R. Royo y Bandrés 1930
De siempre me ha gustado el monte y, cuando viví en San Sebastián en la década de los 80, por las circunstancias de mi trabajo pude dedicarme intensamente a él. Y allí oí hablar mucho de Severiano Peña, un veterano montañero, entonces aún en activo,  que despertó inmediatamente mi admiración. Hay personas que por sus cualidades, por su carácter, forma de ser… causan asombro. Seve fue uno de ellos.

De los padres del montañismo vasco, Antxon Bandrés, Andrés Espinosa o Ángel Sopeña, fue Seve Peña el que más tiempo estuvo en activo.

Leí por entonces que andaba preparando, a sus 80 años, la ascensión al pico más alto de cada continente. ¡Asombroso! Pero aún me quedé más estupefacto cuando comentó en una entrevista,  con pasmosa naturalidad, que nunca había tenido la sensación de cansancio. Siempre 63 kilos, desde la mili; 48 pulsaciones; capacidad de recuperación…

En fin, más que asombro y admiración, cochina envidia.
Sheve Peña en la cumbre del Kilimanjaro en 1995 con casi 88 años (Archivo S. Peña)
Primeros años
Severiano Peña Albizu (Sebe, Shebe, Sheve, Xebe… de todo aparece en la red), a partir de ahora Seve, nace en Tolosa (Guipúzcoa) el 07.11.1907. Su padre, dependiente de profesión, se llamaba Clemente, y su madre, Faustina. Ambos eran de Zarauz.

Inquieto como era, desde bien joven empezó a practicar atletismo en el recién estrenado estadio Berazubi de Tolosa, el primero (1921) de España. Allí entrenó Seve a diario, de 6 a 7’30 de la mañana,  hiciera el tiempo que hiciera, desde los 15 a los 18 años.

Gure Gipuzkoa: foso de pértiga del Estadio de Berazubi, 1923

Es en 1925 cuando se inicia en el montañismo, al surgir en el  Tolosa F. C. una sección de Montaña.  Un día a la semana coge el tren para Éibar, donde quedaba para ir al monte con el también aficionado y fotógrafo Indalecio Oianguren.

1925, 1ª marcha de las 14 horas
En 1926 toma parte en la 2ª “Marcha de las XIV horas” que une Tolosa con el Santuario de San Miguel de Aralar.  Seve Peña participó en casi todas las ediciones posteriores de la marcha, hasta siendo incluso octogenario. He comprobado que Seve participó en la del 92, con 85 años. La afición, o devoción, a San Miguel le llevó a acercar, en compañía de un monje, al santo hasta el Valle de Baztán en su recorrido por esa parte del territorio navarro.

En 1927 recibe la medalla de Plata por los 60.624 m. ascendidos.

Y entre esa fecha y 1936 recorre todas las montañas de la región vasconavarra y lo más importante del Pirineo.

La Guerra Civil (1936-39)
Cuando, sin apenas resistencia (ya que la mayoría de la población era tradicionalista), los requetés del Tercio San Miguel de Leiza (imagen de la izquierda) entraron en Tolosa, Seve y sus hermanos Javier y José huyeron a Zumaya y, un mes después, a Bilbao.

Evacuado Bilbao en Junio del 37, cruzan la frontera y, durante 3 años residen en Sare (Sara, en lengua vasca), en casa de un familiar. En 1940, a petición del Gobierno francés, con otros refugiados vascos, van a Tarbes a trabajar en la industria de guerra (2ª Guerra Mundial).

En 1943 se traslada con su hermano Javier a Madrid y en el 46 volvieron a Bilbao.

Madurez
Es ahora, con casi 40 años, cuando comienza a conocer los Alpes.


1953 es un año clave en la vida de este andarín. Realiza una proeza que se ha dado en llamar el recorrido de “Las cuatro catedrales”. Dejando de lado el tufillo nacionalista y clericaloide (las catedrales de las 4 capitales de lo que denominan “Euskadi sur”, “Hego Euskalerria”…), el hecho de unir por monte Bilbao con San Sebastián, luego Pamplona, después Vitoria y, otra vez, Bilbao, es una tarea propia de un titán. Son aproximadamente 400 km y no precisamente lisos. 
Excursión del C.D. Navarra en los años cuarenta
Pues Seve Peña los hizo en cuatro jornadas (25-28 de mayo). ¡Y oyendo misa en cada una de las cuatro capitales! He echado cuentas y, yendo a 6 km/h (que, por monte y con desniveles, es mucho andar), se necesitan casi 17h diarias de marcha para cubrir cada jornada. Pero habrá que dormir, parar a tomar algo, mirar el mapa para evitar despistes, hacer sus necesidades… ¡Y oír misa! Y así cuatro jornadas…

Esta gesta mereció ser narrada en el libro de Juan Basurco Ansola, “Ibilkari bikain bat: Don Sebe Peña Albizu” (“Un andarín excepcional: el señor Severiano Peña Albizu”), del mismo año 1953.

El 29 de junio del mismo año descubre, en compañía de Jesús Elósegui, el dolmen de Arrateberri, en la Sierra de Aralar.

El ABC del 06.02.57 (1ª columna, 10ª línea) recoge la concesión, por parte de la Federación Española de Montañismo, de la medalla de plata a D. Severiano Peña Albizu, veterano del Tolosa F, C, sección de Montaña, de Tolosa, por su meritísima colaboración en el Catálogo de cimas editado por la Delegación Regional Vasco- Navarra.

Un veterano
En 1964, con casi 60 años, asciende por primera vez al Cervino, que repetirá en 1975, y al Mont Blanc, ascensión que repetirá hasta 9 veces. La última en el 89, a los 82 años.

En 1968 sube al Kilimanjaro, que también repetirá cuatro veces. La 3ª, en setiembre del 92. La última en el 95, ¡con 88 años!

En 1973 es el primer montañero vasco en intentar el Aconcagua, a cuya cumbre no llega por salvar la vida del alpinista francés que lo acompañaba.

En 1994 la Fundación «Amigos Montañeros de Tolosa», promovida por Seve, queda inscrita en el Registro con carácter benéfico-asistencial: la atención al asilo ancianos de Tolosa.

En 1996 recibe el Premio Leyenda.

En 1999, que yo sepa, concede la última de las entrevistas. Dice El País del 19 de enero: “Ahora, este tolosarra afincado en Bilbao se recupera en su localidad natal de una enfermedad que le ha restado parte del carácter jovial e inquieto del que ha hecho gala toda su vida. Él lo sabe y por ello cierra así la conversación: "Ahora estoy todavía recuperándome, pero puede llamarme en otra ocasión y podremos seguir hablando". 

Pero no logra recuperarse. Severiano Peña Albizu muere el 16 de 0ctubre de ese año 99.



Sirva este vídeo, con imágenes de Gure Gipuzkoa y música de J.C. Irizar, de homenaje de Desolvidar a este andarín:


sábado, 18 de mayo de 2013

Alfredo Landa, navarro hasta las cachas

Napardi, primeros navarros  (1986) en homenajear a Alfredo, 1er Gallico de Oro
[Actualización 12.06.16 
He recibido de Jesus Mª Astráin Fabo (¡gracias, Jesús Mari!) un material sobre los Gallicos de Oro de Napardi y éstas son la imágenes que corresponden a Alfredo Landa, el Primer Gallico de Oro, en 1986 (hace ahora 30 años). Los de Napardi fueron los primeros navarros que homenajearon a Alfredo:

Alfredo Landa se nos fue en 2013, tras haber padecido la enfermedad de Alzheimer durante los últimos años de su vida
Funeral en la parroquia de San Nicolás
Introducción

Sabía que Alfredo Landa había nacido en Pamplona pero, como había vivido pocos años en Navarra, equivocadamente (como luego veremos), lo asociaba más a San Sebastián y, debido a su larguísima vida de actor, lo relacionaba sobre todo con Madrid.
Alguna vez le había oído decir que se sentía navarro, pero me daba la impresión de que, al decirlo, dominaba el actor sobre la persona. Me parecía que, si estuviera en Cataluña, diría educadamente que se sentía catalán (por los años que vivió allí) y si se encontrara en San Sebastián, que se sentía vasco.

¡Qué equivocado estaba! Ahora, tras haber tirado de videoteca y hemeroteca, estoy convencido de que Alfredo Landa se sentía navarro, quizás de forma exagerada, tal vez hasta la parodía del navarrismo... Pero navarro de verdad, navarro hasta las cachas.                                                                                                                                                ]

Sus raíces navarras y primeros años
Nació Alfredo Landa Areta en Pamplona, el 03.03.33, en la Calle San Antón, 42, 4º.
Su padre, Alfredo también, era de Roncal y su madre, Emilia Areta, de Pamplona. Su abuela materna, doña Agapita Labiano, era de Urroz. Su abuelo materno, don Gerardo Areta Otamendi, nacido en La Rochapea, construyó el frontón de la Mañueta, donde se hicieron las apuestas y desafíos más increíbles durante la 1ª mitad del siglo pasado.
Cuando empezó la guerra, en el 36, su padre, que era entonces teniente de la Guardia Civil, se une al bando nacional y parte para el frente, y su madre lo saca del parvulario, en el colegio marista San Luis de la calle Navas de Tolosa, y lo lleva al pueblo de Arive en donde ambos permanecen hasta el 39.
En ese año vuelve el padre del frente y van a vivir a Burguete, y casi enseguida, a Vera de Bidasoa.
Y el mismo año de 1939 lo destinan a Cataluña. Ocho meses en Puigcerdà y cuatro años y medio en Figueras. Allá aprendió catalán con toda naturalidad y estudió hasta 1º de Bachillerato.
En febrero del 44 su padre es de nuevo trasladado, esta vez a Madrid, pero sólo para dos años, durante los cuales estudia segundo y tercero de Bachiller. A pesar de tan corta estancia, Alfredo se sintió como un madrileño más.
Pero en el 46 es destinado a Fuenterrabía con el empleo de comandante. Sin embargo, Alfredo es enviado solo, sin sus padres, a Pamplona, a casa de una tía, para que estudiara en los Maristas de la calle Navas de Tolosa, porque, según su padre, allí había más disciplina.
Arróniz, día de la tostada 2002
No duró mucho su estancia en Pamplona: hizo la 2ª mitad del curso en el Instituto Peñaflorida de San Sebastián, donde, por primera vez, estudia en un colegio laico y mixto, fuera de la tutela de curas y monjas. Allí empezó, según cuenta Alfredo, a hacerse un hombre: desfogarse jugando a fútbol, estrenar el mote de "El porras" (por la generosa nariz), enamorarse por primera vez...
Tras terminar la enseñanza media, inicia la carrera de Derecho. Y es allí en esa facultad de San Sebastián donde, además de enamorarse de Maite Imaz Aramendi, tuvo el primer contacto con la escena y, picado por el gusanillo de la interpretación, fundó con varios amigos el Teatro Español Universitario, curtiéndose en la representación de obras de Mihura, Jardiel Poncela o Capote.
Y abandona los estudios: “Recuerdo un día, volviendo de noche a casa después del ensayo, que empecé a repetirme sin parar: ‘Yo tengo que ser cómico, tengo que ser cómico”. Pero su madre no quería saber nada de cómicos. “Yo avisé a mi madre: 'Mamá, si no me dejas irme, me quedo y acabo la carrera de Derecho, pero si a los 40 años soy un infeliz, te echaré la culpa a ti”.
Así que con 7.000 pesetas y una carta de recomendación para el director del Teatro Nacional de Cámara (tras haber ganado el premio nacional al mejor actor en el TEU), se metió en el tren rumbo a Madrid en 1958. Alfredo tenía 25 años.
En el chupinazo de Elizondo, 2005
Su sentimiento navarro
Como hemos visto, Alfredo se sintió madrileño, catalán, vasco... según la vida lo llevó de un lado para otro. Pero, sobre todo, se sintió navarro.
Más de 5 años en Cataluña (de los 6 a los 11 años), dos en Madrid (con 12 y 13) y, sobre todo, once años en San Sebastián (de los 14 a los 25 años), con el despertar de su vocación y el encuentro con la mujer de su vida, no fueron suficientes para superar, y menos para borrar, la huella de los seis primeros años de su vida en Navarra, la tierra que lo vio nacer.
No arriesgo mucho si afirmo que en este aspecto sus padres tuvieron una influencia decisiva. Quizás más la madre, pero también el padre. Ella con la palabra y la cercanía. Él, más distante, con el ejemplo.
Dice de su madre:
"Mi madre era una mujer excepcional, ya irás viendo por qué (se lo está contando a Maite). Navarra de pura cepa. La quintaesencia de lo navarro. Ah, por supuesto que creo en eso. ¡Orgullo de estirpe! Yo, ante todo y por encima de todo, soy navarro. Eso es un carácter, amigo. Ser navarro es ser noble, ser leal, ir siempre de frente. Nobleza y coraje. ¡Somos el pueblo más antiguo de España, los primeros pobladores! Y con reyes, Maite, con reyes, no como otros. Seguro que por algún lado anda alguien que se considera el máximo exponente del navarrismo, pero seguro que no es igual que mi madre".
Con Miguel Sanz, tras recibir la insignia de oro de Navarra
Y de su padre: 
"Entró en la Guardia Civil, pero se pasó media vida arrestado. Por no tragar cuando no había que tragar  Debió de ser un fuera de serie por el recuerdo que dejó en todos sus compañeros. Era muy amigo de sus amigos, otra característica del navarro, ¿ves? La familia y los amigos ante todo.
Una tarde llegó a casa pálido, descompuesto, y no era por el calor. Le habían nombrado jefe de un pelotón de fusilamiento. Y él dijo que lo sentía mucho, pero que no iba a mandar una ejecución. «Yo no digo “¡fuego!”. Yo no mato a nadie», decía. Además había indagado, por lo visto, en la causa de aquella condena y no le parecía justa. «Eres militar —repetía mi madre—, no puedes desobedecer una orden, te meterán preso».«Pues que me metan. No mando el pelotón y no lo mando».Y no lo mandó, y le metieron preso. Seis meses estuvo encerrado en un castillo. Al salir dijo que se sentía muy orgulloso, que si volvían a ordenarle otra barbaridad como ésa volvería a hacer lo mismo. Navarro, navarro puro. Yo tenía 12 años entonces, estaba haciendo segundo de bachiller. No entendí el calado de ese acto hasta mucho después. Pero me reafirmó en la convicción de que mi padre era un tío como había pocos".
Como muestra evidente del sentimiento de Alfredo, os presento este vídeo que recoge algunas de las entrevistas en las que dejó claro su pensar y su sentir.
Ya no me cabe ninguna duda. Alfredo Landa era puro sentimiento. Y así lo expresa, exageradamente, excesivamente, sin ninguna medida, recurriendo a sus dotes de actor. Pero con verdad: "Soy navarro hasta las cachas... Y español":
Postdata: Alfredo Landa recibió en 1985 el Tambor de Oro de la Ciudad de San Sebastián
Y ahora en Pamplona, en el renovado barrio de Lezkairu, un precioso parque en honor de Alfredo:

jueves, 9 de mayo de 2013

Fco. de Val: Torito bravo, por José de Aguilar

...no te asustes, mi serrana, pon en tu mano morena un terrón de azúcar blanca
“Yo recuerdo que en mis años de niño, allá por la mitad de los cuarenta del siglo pasado, en Albacete se organizaban sistemáticamente cazas de "maricones", como les llamaban entonces, de las que unas veces eran ejecutores los jóvenes camisas azules y otras los soldados del cercano Cuartel de Aviación de los Llanos. Pero unas y otras se limitaban a propinar al desgraciado que caía en sus manos una soberbia paliza y, en algunos casos,  a conminarle a abandonar la ciudad, como así hicieron con un gran cantante de la  época, José de Aguilar, que más tarde sería buen amigo mío. Junto con él hubieron de salir, también, sus hermanos y la familia al completo”

jueves, 2 de mayo de 2013

Fco. de Val: 8. Años 70-84

En la Semana Santa de 1972 vuelve Francisco de Val a su tierra. Y en una entrevista le comenta a la periodista Lola Ester Uruén algunos rasgos de su vida, aficiones y sentimientos que nos dan una idea de quién era y cómo vivía Paco.
“Me quedaré en Zaragoza (esa Semana Santa). Echaré en falta el Círculo madrileño de Bellas Artes, mi Café Gijón, mis amigos…”
En la misma entrevista Paco le confiesa a Lola Ester su pena por no haberse casado y, sobre todo, por no haber tenido hijos. Y le cuenta alguno de sus amores que a punto estuvieron de cuajar en matrimonio.
A fines del mismo año vuelve a las Cinco Villas para presentar una canción dedicada al Santuario de Monlora: “Caminito de Monlora”. Canción que, tras muchos avatares, hoy, gracias al tesón de quienes supieron desolvidarla, podemos escuchar, interpretada por el coro parroquial de Luna.