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viernes, 31 de enero de 2025

El espejo de los Ulayar

¿Tú has visto a algún feo mirarse en un espejo? La historia de los Ulayar es un espejo en el que nadie se quiere mirar
José Ignacio Ulayar: "Las víctimas de ETA estorbamos, no somos prioridad"
La traducción a euskera, francés e inglés del libro 'Regreso a Etxarri-Aranatz' pretende contribuir a que la "historia se cuente sin manipulaciones ni olvidos"
Natxo Gutiérrez DN 31/01/2025
José Ignacio Ulayar Mundiñano, hijo del alcalde de Etxarri Aranatz asesinado por ETA el 24 de enero de 1979, lamenta el giro que ha dado el discurso político sobre las víctimas en los últimos años y el incumplimiento de promesas hechas: “Antes escuchábamos que todos los asesinos iban a estar en la cárcel e iban a cumplir sus condenas. Obviamente esto no ha sido así. No se han mejorado las leyes o si se han cambiado no ha sido para mejor”. Ante el cambio de perspectiva, su conclusión es tajante: “Las víctimas estorbamos. Ya no somos una prioridad”.
Lo dijo este jueves durante la presentación de las versiones en euskera, francés e inglés del libro ‘Regreso a Etxarri-Aranatz’ que escribió el sacerdote y periodista, Javier Marrodán, a partir del reportaje ‘Los ecos de los disparos’ publicado en Diario de Navarra con la evocación del asesinato perpetrado hace 46 años y de la manifestación que en 2004 recorrió las calles de Etxarri Aranatz en demanda de la verdad y justicia y honra a la memoria del exalcalde asesinado.
José Ignacio Ulayar recurrió al símil escuchado de un amigo para subrayar la sensación de desamparo y decepción de las víctimas: “¿Tú has visto a algún feo mirarse a un espejo? Vuestra historia es un espejo en el que nadie se quiere mirar”.
Tomás Caballero Martínez y José Ignacio Ulayar
Mundiñano, en la presentación. Irati Aizpurua
En su intervención de este jueves, acompañado de Tomás Caballero Martínez, presidente de la fundación que lleva el nombre de su padre, concejal de UPN asesinado también por ETA, José Ignacio Ulayar no obvió la censura a quienes “estaban al lado de las víctimas cuando eran una prioridad y ahora están con los verdugos”.
Tuvo palabras de agradecimiento al autor del libro así como a la Fundación Tomás Caballero, promotora de la edición de las nuevas versiones del relato histórico. Como significó su presidente, con la traducción en euskera prima el objetivo de llevar el testimonio “a quienes quizás nunca lo habrían leído en otro idioma. Este libro en euskera es también un mensaje de verdad y libertad”. Si se ha hecho también en francés es porque “queremos contribuir a que la verdad de las víctimas llegue a más personas y a que la historia se cuente tal como fue, sin manipulaciones ni olvidos”. “El inglés -añadió- es el idioma internacional por excelencia y nos permite proyectar esta historia a nivel global. En muchos países, la realidad del terrorismo en España no se conoce en profundidad o se ha tergiversado”. Las tres versiones están disponibles, de forma gratuita, en la web de la Fundación Tomás Caballero.

EL CASO DE LOS ULAYAR
Aunque ausentes en el acto -que sí siguieron entre otros, la presidenta de UPN, Cristina Ibarrola, y su predecesor en el cargo, Javier Esparza-, el autor de libro, Javier Marrodán, y los tres traductores -Aritz Gorrotxategi (euskera), Séverine Vigneron (francés) y Claire Thompson (inglés)- enviaron unas palabras para que fuesen leídas en público.
“El caso de los Ulayar -sostiene Javier Marrodán- ha sido y sigue siendo un icono: su peripecia vital reúne todos los ingredientes de dolor, afrentas, calumnias, muerte, soledad e impotencia que la actividad de ETA extendió durante cinco décadas ominosas sobre el mapa de Navarra, del País Vasco y de otros lugares de la geografía española”. “El aspecto más difícil de la traducción fue encontrar maneras de explicar a los lectores anglófonos el contexto y la experiencia del verdadero impacto de ETA, que es algo que sólo los españoles y especialmente las víctimas pueden realmente llegar a entender”, apreció Claire Thompson. 
Preguntado por la participación en el consejo de administración de Sunsundegui de Bixente Nazabal, condenado por el asesinato de Jesús Ulayar que él perpetró junto a su casa el 27 de enero de 1979, su hijo declinó pronunciarse.

martes, 28 de noviembre de 2023

Colegio Cardenal Spínola

1975-7-14 De I. a D. Campo de fútbol de Imenasa; Finca de Castiella con el colegio Cardenal Spínola; Av. de Navarra en construcción; Residencia Virgen del Camino AMP
En la década de los 50 muchos de la Navarrería fuimos parvulitos con Sor Cecilia en La Casita, al lado de la Catedral, y nos llamaban "los cagonicos del Asilo". En la década siguiente empezó el Tercer Ensanche y hubo otras monjitas que abrieron un parvulario mucho menos conocido pero seguramente también muy querido. ¡Que se lo pregunten a Javier Marrodán!
1. Cardenal Spínola; 2. Residencia Virgen del Camino; 3. Larraona; 4. Clínica Universitaria
A partir de Agosto de 1960 y hasta Octubre podemos leer en Diario de Navarra una decena de anuncios enmarcados como este:
DN 09/08/1960 
ESCLAVAS CONCEPCIONISTAS DEL D. C. COLEGIO CARDENAL SPINOLA
Carretera de Barañáin, 23 PAMPLONA
En el próximo Octubre (D. m.) inaugurarán sus hermosas y bien orientadas aulas, con calefacción y según las exigencias de la moderna Pedagogía, para recibir alumnas de clase Párvulas y Párvulos, Primaria, Ingreso de Bachiller, Magisterio y Secretariado, las Religiosas Esclavas Concepcionistas en la antigua finca de Castiella. Así mismo se admitirán alumnas de «Cultura General» y «Enseñanza del Hogar», incluyendo en estas la Cocina. El Colegio admitirá a las Alumnas en calidad de internas, mediopensionistas y externas, disponiendo de coche para recogerlas. Este Colegio se establece, especialmente para atender las necesidades de las familias de clase media y obrera y, por tanto, con honorarios módicos para la enseñanza. Para detalles, y cuanto les interese conocer, pueden dirigirse a la Rvda. M. Superiora. Pamplona, 1960
Lo de "finca de Castiella" es un dato que nos aportan exclusivamente las Esclavas Concepcionistas, ya que no aparece ni en la hemeroteca ni en PCyB de J.J. Arazuri.
En cuanto a "honorarios módicos", es aportación mía, deducida del contexto, ya que en DN viene como "honorarios médicos".
Ángulo sup. izda.: aparcamiento. 1975-10-23 AMP
Estos anuncios debieron ser muy eficaces ya que tres meses después, a la vuelta de Navidades...
DN 14/01/1961
NUEVO PABELLON DE CLASES 
Mañana, a las doce del mediodía, tendrá lugar en el Colegio Cardenal Spínola, de la Carretera de Barañain, el acto de la bendición del nuevo pabellón de clases. Agradecemos la invitación que hemos recibido.
1976-2-24 Vemos un 4º edificio, muy pequeño, junto al 1 AMP
En años sucesivos tiene lugar la 1ª visita (1962) de la Superiora General de la Orden, a la que se tributó un efusivo recibimiento, con foto de Galle incluida. En 1964 llega por fin la Orden Ministerial por la que se autoriza el funcionamiento del Colegio. Visitas del Ángel de Aralar... En 1969 el Alcalde don Angel Goicoechea recibió, entre otras, las siguientes visitas: RR. MM. del Colegio Cardenal Spínola.
Y damos un salto de cuatro años, hasta una esquela de 25/03/1973 que es la última cita en la prensa del Colegio Cardenal Spínola en Pamplona.
A partir de esa fecha, sin ninguna explicación, el Colegio ya sólo queda en el recuerdo de quienes pasaron por sus aulas.
Vamos a ver si el SITNA nos echa una mano:
En 1967-71 vemos tres edificios en la finca de Castiella. Como el colegio está domiciliado en la Carretera Barañáin, le he puesto el N.º 1 al que yo creo que es el origen del colegio. Y el N.º 3 al nuevo pabellón.
Para 1982 ya han desaparecido el N.º 1 y su pequeño adjunto, sustituidos por el edificio donde está el gimnasio Sparta. Quedan aún el 2 y el 3, que pronto serán absorbidos por el parvulario del Colegio San Cernin.

¿Por qué desapareció?
Pudo pasarles lo mismo que le pasó a la orden francesa de La Asunción, pero no le dieron solución al problema que les presentó en 1974 la nueva Ley de Educación.
En el año 1974 (enseguida celebran su 50º Aniv.), en un pequeño chalet (villa Maris Stella, de la calle Monte Monjardín), regido por las religiosas de la orden francesa de La Asunción, nació una de las primeras cooperativas de enseñanza de Navarra. La situación de unas trescientas familias que llevaban a sus hijos a ese centro cambió por completo con la nueva Ley de educación. Esta Ley imponía ciertos módulos de edificación, unos espacios de patio y de recreo, y unos servicios a los que no era posible hacer frente. Ante esta situación, la Superioridad de la Comunidad decidió no continuar con el Colegio. Las familias, muy satisfechas con la categoría humana de las monjas, con la calidad de su profesorado y con el buen nivel de francés de sus hijos se pusieron a trabajar de firme para dar una continuidad al centro escolar. El primer paso fue crear una cooperativa, hoy denominada SOCIEDAD COOPERATIVA DE ENSEÑANZA SAN CERNIN
Bueno, pues lo que sí hicieron las familias que crearon la Cooperativa San Cernin, no fueron capaces de hacerlo las familias del Colegio Cardenal Spínola.
Pero esto es sólo una hipótesis.

viernes, 12 de mayo de 2023

Alimañas compasivas: Juan Carlos Arriaga

Tras las dos mujeres arrodilladas, María José Alcocer
ETA es pasado, pero sigue mandando en Bildu ahora.
Son 44 los candidatos de EH Bildu condenados por su relación con ETA, siete de ellos por asesinato y siete en Navarra:
Arriaga Martínez, número 3 en la lista de Berrioplano, fue condenado a 29 años de prisión por el asesinato en 1984 de Jesús Alcocer Jiménez.
Matan a tu padre, pero permiten que llores en el hombro del txibato que proporcionó al comando los datos precisos para su ejecución.
Placa colocada frente al Instituto Navarro Villoslada, en la Vaguada de San Juan

Historia de una foto, por Javier Marrodán
Juan Atarés fue asesinado por ETA en la Vuelta del
Castillo de Pamplona el 23 de diciembre de 1985.
Su viuda, María Luisa Ayuso, reza junto al
cadáver unos minutos después del crimen.
JOSÉ LUIS LARRIÓN
Detrás del matrimonio Caso-Usero, de pie, con una mano sobre el pecho, se ve a una joven que probablemente pasaba por el lugar del crimen. 
Se llama María José Alcocer y es periodista. Su mirada parece perdida en el infinito, pero seguramente se está mirando a sí misma: su padre, Jesús Alcocer Jiménez, había sido asesinado por ETA en Pamplona un año y medio antes, el 13 de abril de 1984. 
Era comerciante, exmilitar, había tenido algunas responsabilidades en Fuerza Nueva y fue víctima de una cacería humana que se prolongó durante años. 
Un comando de ETA lo intentó matar por primera vez el 1 de febrero de 1980: los terroristas asaltaron a un conductor en Villava, lo metieron en el maletero de su vehículo y se fueron con el coche hasta el Segundo Ensanche pamplonés. Cuando esperaban con las armas en la mano la aparición de su víctima, vieron pasar dos jeeps de la Policía Nacional, se asustaron y abandonaron el plan. 
Después de aquello colocaron una bomba en uno de los tres pequeños supermercados que había puesto en marcha en la capital navarra. 
Y finalmente lo abatieron a tiros en el muelle de Mercairuña, adonde acudía diariamente para comprar género. Su cadáver, apenas cubierto por una manta de cuadros, permaneció durante horas tendido en la plataforma de carga y descarga mientras los empleados trasegaban a pocos metros con cajas de plátanos o barquillas de hortalizas. 
Pocos días después, su hija María José se hizo cargo del negocio familiar. 
Durante meses, una de las personas que había trabajado con su padre se estuvo asomando al establecimiento para consolarla y echarle una mano. Ella agradecía el gesto y la compañía, y llegó a llorar sobre el hombro de aquel joven. 
Hasta que la policía lo detuvo un tiempo después y descubrió que había sido él quien proporcionó la información necesaria para el atentado. 
La mirada de María José Alcocer, cuando el 23 de diciembre de 1985 se encontró en la Vuelta del Castillo con el cuerpo sin vida del general Atarés, se dirige en realidad al infinito de su propia biografía.

viernes, 17 de febrero de 2023

José Mari Izquierdo, 83 años con la primavera

7 de mayo de 1985: Renault 12 del teniente José María Izquierdo tras la explosión
del kilo y medio de goma-2 colocado por los terroristas

José Mari: verte pasear por Pamplona es una bofetada en las conciencias de quienes hoy ostentan el poder gracias al terror de ETA. Gracias por tu servicio, por tu lección diaria (desde 1985) de dignidad. Porque... la dignidad viaja por Pamplona en silla de ruedas.
«No se puede vivir en un odio permanente» (sería ponerse a su altura)
• El testimonio de una de las víctimas del terrorismo en la Comunidad Foral
J. Marrodán DN 05/04/1992
El día 7 de mayo de 1985, el teniente de la Policía José María Izquierdo Jiménez salió de su domicilio en el calle Monasterio de Fitero y se dirigió hacia su vehículo, un Renault 12 de color blanco, aparcado frente al portal de su casa. Eran las ocho y diez de la mañana y llovía con intensidad.
El teniente Izquierdo -después de corresponder al saludo de su mujer, que le despedía desde la ventana- abrió la puerta, se sentó, encendió el motor, metió la primera marcha y fue soltando el embrague. En ese instante, al pisar el acelerador, explotó una bomba compuesta por un kilo y medio de «Goma-2». José María Izquierdo salió despedido por la onda expansiva y cayó encima de la calzada, cubierto de sangre, y con las dos piernas y un brazo seccionados.
(9 de Mayo de 2019)
Casi siete años han pasado desde entonces. En la actualidad, sentado en una silla de ruedas, sin piernas, sin un brazo, el teniente Izquierdo mantiene intactas sus ganas de vivir. Su optimismo es envidiable. Algunos, comentando su caso, han dicho que hubiesen preferido morir antes que quedarse así. El, sin embargo, no tiene ninguna duda al respecto. «Otros han salido peor parados, porque ni siquiera están aquí para contarlo», sentencia.
Es la filosofía de este hombre, que prefiere mantener una .existencia discreta antes que salir en los periódicos o estar comentando todo el día lo que le ocurrió en aquella mañana de 1985.
-A veces, empiezo a hablar con alguien que no conozco y al cabo de un rato me pregunta: «Qué le pasó a usted». «Nada, que tuve un accidente», suele responder. Yo sigo siendo el mismo que antes del atentado. ¿Por qué iba a cambiar mi vida o mi forma de pensar? Aunque, si, resulta muy duro que alguien te tenga que ayudar para casi todo.
Desde aquel lluvioso 17 de mayo de 1985, el teniente Izquierdo ha vivido unido a una silla de ruedas, con dos incómodas prótesis que le llegan hasta bastante más arriba de las rodillas. Por eso, aquel kilo y medio de goma-2 colocado por los terroristas de ETA ha cambiado bastantes de los hábitos y las costumbres de este soriano de 52 años afincado en Navarra desde hace tres décadas.
José María Izquierdo aseguró desde el primer momento que perdonaba a sus agresores. Es muy contundente en ese aspecto.
-¿Perdonar? Siempre. No es posible vivir en un odio permanente. Además, me estaría poniendo a su altura. Eso no quiere decir que no desee justicia para esas personas.
Católico practicante, asegura que el trato frecuente con Dios le ha ayudado a sobrellevar su situación.
-¿Qué le dice a Dios?
-Le ofrezco mi situación. Le digo que quizá el que yo me haya quedado así pueda servir de algo. Recuerda, a pesar de la distancia, que sí había pensado alguna vez en la posibilidad de ser víctima de un atentando.
-Pero lo piensas como algo general, no como una cosa que te pueda tocar a ti. Después, nunca he soñado con el momento del atentado. Aunque, claro, siempre lo tengo presente, no me queda más remedio. Cuando hay cambios meteorológicos me duele bastante. Sudo mucho. Además, la explosión también me rompió los tímpanos. Oigo mal, tengo ruidos dentro de la cabeza.
Casado y con dos hijas, el teniente Izquierdo asegura que no puede estar sin hacer nada.
-No puedo estar sin hacer nada. Me levanto, desayuno hacia las nueve y leo. Leo muchísimo: periódicos, revistas, libros. También me gusta ver deporte por la televisión. Antes hacía mucho deporte. Jugaba a pelota, andaba en bicicleta... Hay que estar en esta situación para valorarla en su medida, para saber cuánto vale un centímetro más de piel. Irene Villa, por ejemplo, con todo lo mal que está, podrá andar con muletas. Ella tiene una rodilla, algo que no se puede pagar con todo el oro del mundo.
Sin el menor asomo de resentimiento, el teniente Izquierdo asegura que todas las atenciones que se han tenido con Irene Villa -"se merece eso y más»- habría que tenerlas también con las demás personas que han quedado en una situación similar.
-No hay que olvidar que el mismo día del atentado de Irene Villa fue herido también el comandante Villalobos, que incluso se ha quedado peor que ella... Yo no exijo nada. He tenido mala suerte y punto. Pero me duele que cuando sufrí el atentando, los políticos nos prometieron un montón de ayudas y luego, nada de nada.
Textos: Javier Marrodán
El Arbolico de Manuel
18.02.22
Muchos pamploneses creen que el primer castaño que florece en la ciudad es el Arbolico de San José, el del Bosquecillo.
El año pasado, por estas fechas, descubrí junto al Portal Nuevo otro castaño que se le adelanta un par de semanas y lo bauticé como el "Arbolico de Manuel", en honor a Manuel López González, un guardia civil de 23 años que sufrió un atentado mortal justo allí mismo, el 9 de Mayo del 78.
Este atentado fue el detonante de una espiral de tensión que culminó con la muerte de Germán Rodríguez.
45 años después, todo el mundo recuerda a Germán (08-07-1978), nadie a Juan A. Eseverri Chaverri (17-05-1978) y muy pocos a Manuel López González (09-05-1978), ambos guardias civiles. Por lo menos, Manuel tiene una placa en la calle Taconera y un arbolico, al lado, junto al Portal Nuevo.
Las muertes de los dos guardias (manifestaciones, detenciones...) convirtieron a Pamplona en un polvorín para unos Sanfermines que estallaron el día 8.
17.02.23
Bueno, pues hoy he pasado por el Portal Nuevo y he comprobado que ya han empezado a reventar los primeros brotes, con algo de retraso respecto al año pasado.
Por cierto, ¿sabéis cuándo cumple 83 años José Mari Izquierdo? El mismo día que entra este año la primavera: el 20 de Marzo.


jueves, 13 de octubre de 2022

El ‘cementerio de las botellas’ (en San Cristóbal)

A 500 METROS DEL FUERTE. El cementerio «provisional» de San Cristóbal se construyó en la ladera norte del monte, a unos 500 metros del recinto fortificado. El primer entierro tuvo lugar el 15 de mayo de 1942. En la fotografía aérea —de hace varias décadas— se distingue perfectamente el perímetro del camposanto, en la esquina inferior derecha. Hoy la ladera presenta una vegetación alta y tupida que lo oculta.
Para quien busca aliviar su sed de verdad sobre la prisión del Fuerte de San Cristóbal, este artículo que escribió Javier Marrodán hace 16 años es una buena fuente.
Cementerio de las botellas. En 2006, invisible. En 2021, se distingue perfectamente.
Entre mayo de 1942 y julio de 1945, los 131 reclusos que murieron en el fuerte de San Cristóbal fueron enterrados en un sencillo cementerio habilitado en la ladera norte. El camposanto acumula 60 años de abandono, pero se conserva la relación de todas las personas inhumadas.

El ‘cementerio de las botellas’                                        por Javier Marrodán DN 21.05.2006
JOSÉ Pérez Muñecas fue un camarero de Paterna (Cádiz) que murió en el fuerte de San Cristóbal el 18 de julio de 1944. Tenía 42 años, estaba casado y era padre de dos hijos. El parte médico sólo indica que expiró de forma «repentina» a consecuencia de un «colapso cardiaco». Florentino del Río Rodríguez falleció once días después. Había nacido en Feleches, un pueblecito asturiano que hoy suma 27 vecinos. Era soltero, tenía 22 años y había trabajado como minero. La causa de su muerte fue una tuberculosis pulmonar. Juan Antonio Pascual Arriola era argentino, de Buenos Aires. Estuvo enrolado en un barco y acabó compartiendo con los dos anteriores la arquitectura militar y aislada de San Cristóbal. Murió el 22 de septiembre de 1944. También padecía tuberculosis.
Es muy complicado reconstruir sus biografías. Se sabe que en algún momento fueron detenidos, que estaban enfermos o que enfermaron en prisión, y que los condujeron al fuerte de San Cristóbal, que había adquirido la condición de «sanatorio penitenciario» al acabar la guerra civil (en 1942). Sus restos se encuentran desde hace más de 60 años en el cementerio «provisional» que se construyó en 1942 en los alrededores del recinto. 
SEIS DÉCADAS DE ABANDONO. El abandono del 
cementerio de San Cristóbal es análogo al que han sufrido 
algunos camposantos de pueblos deshabitados. El muro 
superior se ha derrumbado en varios tramos y las piedras
 se han desplazado debido a la pendiente del recinto

El camposanto funcionó durante tres años y hoy acumula medio siglo de abandono. La maleza ha invadido su interior, algunos muros se han derrumbado y nada recuerda que allí fueron inhumadas los cadáveres de 131 personas. Sin embargo, los libros que se conservan en el Archivo Diocesano guardan memoria exacta de aquellos muertos: de sus nombres, de sus edades, de su procedencia, de su estado civil y a veces de su profesión. Las sucesivas anotaciones revelan que entre los fallecidos había uno que murió a los 93 años —Juan Rubio Romero, de Torrecampo (Córdoba)— y nueve que no llegaban a los 25. El único pamplonés es Teodoro Alonso Martínez, que vivía en Benicarló antes de ser encarcelado. Murió el 27 de junio de 1944, a los 41 años. El último enterramiento tuvo lugar el 3 de julio de 1945. El fallecido era Pedro Costa San, de 38 años, natural de un pueblo de Gerona.

Fuerte, prisión y polvorín
El cementerio de San Cristóbal es un capítulo más en historia del monte que protege por el norte la capital navarra. En un plano de 1795 que se conserva en el Servicio Histórico Militar se detallan las fortificaciones que existían entonces en la cima, pero el recinto faraónico de la actualidad se empezó a construir al terminar la tercera guerra carlista (18721876). El objetivo era doble: se trataba de instalar un potente asentamiento artillero que permitiera batir con eficacia toda la cuenca de Pamplona y de crear un conjunto capaz de resistir un asedio de varios meses. Las obras arrancaron en 1878 y terminaron en 1917.
OCULTO POR LA MALEZA. El acceso al camposanto
es hoy más complicado que hace sesenta años, aunque
todavía se intuye el recorrido del antiguo camino.
El muro que se distingue al fondo de la fotografía
es el que cerraba el cementerio por la parte inferior.
En el interior del recinto han crecido los arbustos 
y los
 árboles. Nada permite intuir que en el subsuelo descan-
san los restos de 131 personas que murieron en el fuerte.
No es fácil hacerse una idea de las dimensiones y del diseño del fuerte. El conjunto está pensado para albergar simultáneamente a 1.200 personas. Su exterior discreto, camuflado por toneladas de tierra, oculta varios kilómetros de fosos y de galerías. Además de los alojamientos, las oficinas, la capilla o los calabozos, el recinto disponía de depósitos de agua, de un sistema de alcantarillado y de hornos para hacer pan. Las casamatas destinadas a la artillería tenían capacidad para alojar 93 piezas de acción exterior (80 cañones, tres obuses ydiez morteros). El historiador Ángel Marrodán Vitoria, que ha estudiado con detalle su construcción y su funcionamiento, afirma que fue la fortificación más importante de su género en España. Fue bautizado con el nombre del rey Alfonso XII. El monarca había visitado las obras el 7 de agosto de 1884, aprovechando una estancia en el balneario de Belascoáin.
La etapa estrictamente militar de San Cristóbal no fue muy larga. En octubre de 1934, el fuerte pasó a depender del Ministerio de Gracia y Justicia y quedó convertido en una inmensa prisión. Eran los años de la II República y entre los reclusos que estrenaron el penal se encontraban algunos de los participantes en la llamada revolución de Asturias. El recinto no abandonaría su carácter penitenciario hasta 1945, cuando el Ejército volvió a hacerse cargo de él: fue utilizado durante décadas como polvorín y los últimos soldados lo dejaron en 1991. En noviembre de 2001 fue declarado bien de interés cultural.

La figura de José Manuel Pascual (1938-42)
8-3-1942.
La historia que conduce al cementerio «provisional» arranca el 1 de diciembre de 1938 cuando el entonces obispo de Pamplona, el salesiano Marcelino Olaechea Loizaga, nombró capellanes de la prisión a los sacerdotes José Manuel Pascual Hermoso de Mendoza y Román Lezáun. José Manuel Pascual era de Etayo, tenía 36 años, y había sido coadjutor en Ororbia. Algunas personas que lo trataron dicen que fue «un sacerdote excepcional, un hombre lleno de celo, atento y meticuloso en su trabajo». El libro "Navarra 1936. De la esperanza al terror", editado por Altaffaylla, recoge algunos recuerdos de su época en San Cristóbal: «Lo primero que hice, cuando llegué de capellán al fuerte, fue solicitar contacto directo con los presos, en grupos de 30 o 40, y me hice cargo de sus quejas y de sus cosas. El grupo siguiente subió con un guardián; yo comienzo a saludarles (entonces yo era joven, bastante alegre) y empecé a interesarme y a contarles chistes. Ellos, que estaban en una situación de represión tremenda, al ver que iba allí un hombre que se les abría, rompieron filas y me rodearon todos». 
Jacinto Ochoa, dos fugas del Fuerte
Jacinto Ochoa Marticorena, de Ujué, preso en San Cristóbal en diferentes épocas, tiene buenas palabras para José Manuel Pascual en el volumen citado: «El nuevo capellán tuvo un valor: humanizar el trato y que se no se maltratara habitualmente a la gente. Te daban buen trato después. Para mí el fallo estaba en que estaban muy imbuidos en la conquista de las almas».
José Manuel Pascual afrontó su trabajo pastoral en San Cristóbal como si el fuerte fuera una parroquia. Llevó un libro de bautismos, otro de matrimonios y otro de defunciones. El tercero es el que ofrece mayor información: recoge todos los fallecimientos que se produjeron en el fuerte entre 1938 y 1945. Sólo en algunos casos aparece detallada la causa de la muerte, casi siempre la misma: «colapso cardiaco por tuberculosis pulmonar».
El historiador José María Jimeno Jurío publicó en 1978 una serie de reportajes sobre el fuerte de San Cristóbal en la revista Punto y hora de Euskalherria. Buena parte de aquellos textos tenían el propósito de denunciar las falsedades contenidas en el libro La Gran Fuga, escrito por el controvertido falangista Ángel Alcázar de Velasco, que se encontraba preso cuando tuvo lugar la multitudinaria evasión de 1938, de la que mañana se cumplen 68 años. 
Jimeno Jurío
Pero los reportajes también ofrecen información detallada de los muertos del fuerte. «Entre mayo de 1937 y julio de 1945 —dejó escrito Jimeno Jurío— murieron en el fuerte un total de 307 personas. Teniendo en cuenta que durante mucho tiempo fue San Cristóbal sanatorio para prisioneros enfermos del pulmón procedentes de otras cárceles del Estado español, no extrañará que un porcentaje elevadísimo de muertes sean debidas a tuberculosis». El historiador, que manejó actas del Juzgado y los libros de la capellanía, cree que las «muertes por enfermedad» están registradas «objetivamente», a diferencia de algunas ejecuciones que se perpetraron en secreto. También él piensa que la vida en el fuerte cambió sustancialmente con el nombramiento de José Manuel Pascual: «Con él [llegaron] la distensión, el aperturismo, la comunicación más amplia con los familiares, el sol de la esperanza, el aleluya posible dentro de una prisión».

Una botella junto a cada muerto
EL PLANO DEL CAMPOSANTO. Los capellanes del
«sanatorio penitenciario» de San Cristóbal fueron 
situan-
do sobre un plano el lugar de los sucesivos enterra-
mientos. El recinto tenía un espacio reservado 
para
 el cementerio civil, algo habitual en aquella época
Inicialmente, los capellanes dispusieron que los presos fallecidos fueran enterrados en los pueblos de los alrededores. Hubo inhumaciones en Ansoáin, Berriozar, Berriosuso, Berrioplano, Aizoáin, Añézcar, Elcarte, Artica, Loza, Larragueta, Ballariáin, Oteiza y Barañáin. En la primavera de 1942 se construyó el cementerio, a unos 500 metros del cuartel, en una ladera que entonces ofrecía un aspecto despejado y que hoy presenta una vegetación tupida, a veces inexpugnable. El camposanto miraba a los pueblecitos de Garrués, Orrio o Eusa, pero hoy es indetectable desde la distancia. No hay cruces ni lápidas en su interior, pero se conserva un plano donde figuran, numeradas, todas las tumbas. Hay también una relación de caligrafía esmerada donde se detalla en qué fila y en qué fosa fue enterrada cada persona. La distancia que separa el fuerte del cementerio probablemente sea consecuencia de las medidas que impuso Floridablanca en tiempos de Carlos III: fue entonces cuando los enterramientos se empezaron a alejar de los núcleos habitados.
Cementerio de las botellas. SITNA 1927-2021. Hoy se ve bien el camino de acceso
En los reportajes citados, José María Jimeno Jurío recoge un nombre popular que se le dio al discreto camposanto: el cementerio de las botellas. La denominación tuvo su origen en una costumbre quizá apócrifa: la de enterrar junto a los cadáveres una botella de cristal que contenía un papel con la identidad y otros datos personales de los finados.
El pasado 28 de abril se anunció en una rueda de prensa que las familias de seis de los muertos han solicitado la exhumación de los restos y que la sociedad Aranzadi se ha ofrecido a realizar las excavaciones a partir del próximo mes de junio.
La relación completa de las 131 personas enterradas en el cementerio se puede consultar en : www.diariodenavarra.es/documentos/sancristobal

Bautizos y bodas en la prisión de San Cristóbal
LA RELACIÓN DE LOS FALLECIDOS. Entre el 15 de
mayo de 1542 y el 3 de julio de 1945 fueron inhumados
en el cementerio de San Cristóbal los restos de 131 personas.
Los libros de la capellanía se guardan en el Archivo 
Dioce-
sano.Hay también una relación detallada de los muertos.
En el Archivo Diocesano se puede consultar el Libro de Defunciones de la Prisión Central Fortaleza de San Cristóbal de Pamplona, pero también los libros de bautismos y de matrimonios que llevaron los capellanes del fuerte. Ambos sacramentos se administraron con frecuencia desigual.
De acuerdo con las anotaciones de los capellanes, hubo cuatro bautizos. El primero tuvo lugar el 24 de septiembre de 1939: fue admitido en la Iglesia católica un recluso de apellido indescifrable nacido en Tetuán, en «el Marruecos español». El padrino fue José Figueroa, director de la prisión. El 14 de enero de 1940 recibió el bautismo un niño de cuatro días, hijo de Daniel Fortea Escudero, de Miranda de Ebro (Burgos),y de Carmen Achaval Aguirre, de Ea (Vizcaya). En el libro se lee que la madre es «residente» de la fortaleza, pero no de detalla nada más. Los dos últimos bautismos se celebraron el 2 de enero de 1942. Fueron madrinas María Camino Sanz Orrio y Rosario Arraiza Jaurrieta, de familias conocidas en la Pamplona de la época.
La capilla del fuerte acogió 34 bodas. El primer recluso que contrajo matrimonio fue Francisco Cabrera Yanguas, de Valladolid. Lo hizo el 29 de julio de 1939. Actuó como padrino el director del centro. El 13 de agosto de 1942 tuvo lugar la boda de José Lorente Cifuentes, de Morata (Murcia), que se había casado civilmente en 1938 con Basilisa Butrón y Vicente.
El 23 de octubre de 1943 contrajo matrimonio in articulo mortis el interno Salvador Alfonso Santana, de Las Palas que tenía 32 años y que murió tres semanas después. Él es uno de los 131 fallecidos que fueron enterrados en el cementerio del fuerte.

viernes, 8 de enero de 2021

J. Marrodán, premio Fundación Víctimas Terrorismo

"Mi primera aproximación periodística al terrorismo se produjo en diciembre de 1988, con ocasión de un atentado contra la casa cuartel de Alsasua (y es que lo de Alsasua viene de lejos). Aquel día descubrí que podía ser muy importante contar la realidad del terrorismo también desde la perspectiva de las víctimas."

La prehistoria de un premio, por Javier Marrodán Ciordia
Mi primera aproximación periodística al terrorismo se produjo en diciembre de 1988, con ocasión de un atentado contra la casa cuartel de Alsasua. Un comando de ETA colocó un lanzagranadas en la ladera del monte Ameztia y lo programó para que los proyectiles salieran disparados a medianoche. Enterraron además una bomba trampa en las inmediaciones con la expectativa de que alguno de los guardias civiles se aproximara al artefacto.
El cabo José Aguilar acababa de cenar con un compañero cuando se produjo el primer impacto. Intuyendo casi de inmediato lo que ocurría, tomó su cetme del armero y se echó al monte con el objetivo de detener los disparos. Tanto corría que no oyó la orden de retirada que un teniente dio a sus espaldas. Localizó el lanzagranadas y cuando se acercaba con precaución pensando cómo podría inutilizarlo, tocó el hilo conectado a la bomba trampa. La explosión le arrancó una pierna y le dejó la otra muy maltrecha. Estaba solo y lejos del cuartel, pero vivo. Se arrastró como pudo hasta un pequeño camino y allí lo encontraron sus compañeros. Enseguida llegó una ambulancia que lo condujo a la Clínica Universitaria. Llegó muy grave. Lo operaron en cuanto fue posible y lograron salvarle una pierna.
Se me ocurrió que sería interesante hablar con él y tanteé el terreno varias veces, hasta que un mes después del atentado me comunicaron que ya estaba visitable en una habitación de planta y que el resto corría de mi cuenta. Me presenté un poco inquieto en la Clínica en compañía del fotógrafo Javier Sesma y todos nuestros temores se disiparon cuando entramos en la habitación y nos saludó un chico joven —tenía 26 años, cuatro más que yo—, sonriente, que llevaba una camiseta de Vorago y se apoyaba con destreza en sus recién estrenadas muletas. Nos sentamos con él en los sillones de un descansillo próximo y nos contó con todo el detalle que le pedimos cómo se habían sucedido los acontecimientos. Tenía previsto casarse unos días después del ataque y habían tenido que posponer la boda. Le pregunté por el futuro y me dijo que le gustaría estudiar Derecho para luchar contra el terrorismo «con las leyes en la mano».
El relato de José Aguilar tuvo mucho eco gracias a las agencias que lo difundieron a todos los medios españoles y a las emisoras que lo resumieron en sus boletines. Aquel día descubrí que podía ser muy importante contar la realidad del terrorismo también desde la perspectiva de las víctimas. Aún no había leído el discurso que pronunció Albert Camus cuando recibió el Premio Nobel en 1957, pero asumí de modo intuitivo una de sus ideas sobre el compromiso del escritor: «Por definición, el escritor no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren». Salvando las distancias y acomodando el planteamiento al caso del periodismo, me parece que se trata de una hoja de ruta oportuna.
Buen artículo sobre Relatos de plomo
He mantenido la relación con José Aguilar durante los últimos 32 años, disfruté viendo cómo se licenciaba en Derecho y se hacía cargo como abogado de muchas causas relacionadas con los crímenes de ETA, y volví a entrevistarle con Rocío en 2013 cuando trabajábamos en el proyecto «Relatos de plomo». Aquel día, después de una década sin habernos visto, le alargué sonriente la mano cuando nos abrió la puerta del despacho, y me dijo: «Javier, como mínimo un abrazo». Habían pasado 25 años exactos desde el día del atentado.
Javier Marrodán
Por eso me pareció oportuno hablar de él cuando el pasado miércoles recibí el premio de periodismo que concede la Fundación de Víctimas del Terrorismo.
Traté de explicar, al hilo de su historia, que los testimonios de las víctimas son necesarios para completar el puzle de lo ocurrido con piezas que no se pueden encontrar en ningún sumario, menos aún en valoraciones de carácter político o en descripciones escabrosas. Sus recuerdos son imprescindibles para transmitir qué es realmente el terrorismo, para hacer justicia a los acontecimientos, para proporcionar elementos de juicio a los lectores, para ayudar a los ciudadanos a conocerse mejor, a tomar más libremente sus decisiones. Y pienso que esa es justamente la esencia del periodismo.
Puerta de la Libertad Berriozar Vecinos de Paz
Quise citar también en mi intervención a algunos jóvenes periodistas que a través de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra se han sumado en los últimos años a varios de los proyectos y publicaciones que me han conducido hasta el premio. Más aún, pienso que María, Rocío, Gonzalo, Ronces, Inés o Ana están incluidos de algún modo en el galardón. Me deja muy tranquilo y muy satisfecho saber que siguen trabajando llenos de compromiso y entusiasmo en las dos tareas que a juicio de Albert Camus constituyen la grandeza del oficio del escritor (y del periodista, añadiría yo): el servicio a la verdad y el servicio a la libertad.
En un librito muy interesante titulado "Elogio de la transmisión" George Steiner habla de la docencia y de cómo el trabajo de los profesores resulta a veces «agotador y decepcionante», hasta el punto de generar «una profunda acritud». Sin embargo —añade—, tiene también una «suprema» e «inconmensurable» recompensa: la de encontrarse «con un alumno mucho más capaz que uno mismo, que llegará mucho más lejos y que quizá acabe creando una obra que futuros profesores enseñarán». Y añade: «Esto último es algo que me ha ocurrido cuatro veces en mi vida, lo que no deja de ser una cifra importante después de cincuenta años de enseñanza». Yo no he tenido que esperar tanto, aún he sido más afortunado que él.
Los jóvenes y los que ya no lo somos tanto deberíamos sentirnos interpelados por la inconmensurable tarea de desbanalizar el mal, por resumirlo con una afortunada expresión de Maite Pagazaurtundua. Ya no hay vuelta atrás para los asesinatos, la extorsión, los secuestros o los atracos; sin embargo, el relato riguroso y completo de lo sucedido, lejos de alimentar venganzas o resentimientos, permitirá cerrar esta etapa ominosa sin olvidos cómplices o interesados, sin diluir la gravedad de los hechos, sin interpretarlos, sin excusarlos. La Historia nos hará mejores si se escribe con honradez.
[No sé si será la primera vez que Maite usó la expresión "banalizar el mal" pero, para mí, sí. Fue con motivo de ir, en 2013, a Echarri Aranaz a limpiar la odiosa pintada (Gora ETA eta kitto) en la casa de Jesús Ulayar, asesinado en 1979. El Ayuntamiento de Echarri, cómplice -si no fue él- de los autores de la pintada, no tuvo la dignidad de eliminarla y pedir disculpas a la familia:
]

viernes, 18 de octubre de 2019

¿Cuál era la famosa Casa Plácido?

Casa Plácido era visitada por Pablo Sarasate en sus bajadas al Patio de
Navascués, su primo. Sarasate gustaba de comer magras con tomate y ajoarriero
Sarasate con su
perrito Bemol
A pesar de todo lo que se ha hablado sobre Casa Plácido y de lo famosa que fue -o quizás por eso mismo-, en las panorámicas de Altadill -como la que encabeza esta entrada- ni siquiera Arazuri nos ha señalado cuál era. Vamos a ello, pero antes...
I. Pinceladas sobre Casa Plácido
1. Arazuri
La "tabernica de Plácido", que antes se llamó "el estanco", al comienzo de la calle Joaquín Beunza, ha sido famosa -guisos aparte- por ser visitada por Pablo Sarasate en sus bajadas al Patio de Navascués, su primo. Sarasate gustaba de comer magras con tomate y ajoarriero, especialmente.
Y también es conocida como "la taberna de las Mayorales", por ser frecuentada por la gente del toreo durante los sanfermines, dada su proximidad a los Corrales del Gas.
Inevitable soñar si alguna vez no habría llevado don Pablo el violín a Casa Plácido y....

2. Baile en Plácido
Durante la guerra y la posguerra se suspendieron las fiestas y posteriormente, durante poco tiempo, el baile comenzó a hacerse en la “Tabernica” de Plácido. A partir de entonces el baile ha ido pasando de un lugar a otro: Plaza Arriasco, Estación , Corrales del gas... Lo único que no varió fue el carromato que se utilizaba para los músicos. 
 Venta Andrés
3. Memorias del Viejo Pamplona
"Al comienzo de la calle (Joaquín Beunza) encontrábamos, además, un lugar de referencia como Casa Placido, con su taberna y su patio, tan frecuentados durante los sanfermines,  y Casa Típula en su tramo final."
"La casa y fábrica de curtidos de Baldomero Navascués, que daría lugar al nombre del lugar, conocido como patio de Navascués, y que, además, era primo carnal de Pablo Sarasate)" 

4. Patricio Mtnez de Udobro 
A continuación la calle (Joaquín Beunza) hacía una pequeña curva para llegar a Casa Plácido, centro de juego de bochas y rana, meriendas y chatos frente a la famosa Casa Sancena fundición heredera de la de Pinaqui, que daba forma a todos los hierros que la ciudad precisaba.

verónica de Hojalata sobre
el ruedo del Plácido
 
5. Iriberri SF de papel (pág. 46)
Uno vuelve a los retratos sanfermineros del 54 y descubre la vida de los pamploneses en un día cualquiera del año: ...en la verónica de Hojalata sobre el ruedo del Plácido 
Iriberri DN 04/10/2001 
...La plaza era la del Arriasco; la taberna, Casa Plácido. A Casa Plácido iban los hortelanos, caída la tarde, con la cena en la cazuela. Con los años y la fama, de Casa Plácido se hablaba en toda la ciudad... 

6. JAVIER MARRODÁN DN 14/03/2004 
El reciente derribo de los corralillos del Gas y de algunos edificios contiguos se ha llevado consigo los últimos vestigios de un paisaje fluvial y silvestre que ya únicamente pervive en la memoria de los pamploneses más veteranos y en los libros de José Joaquín Arazuri. 

6.1 Paisajes para ser recordados 
Sancena (última izda.), Plácido, patio
La corriente del Arga se ha llevado en los últimos días un capítulo irrepetible de la historia menuda de Pamplona. Cuando las palas excavadoras empezaron a castigar los corrales del Gas o la contigua casa Úriz, lo de menos fue casi la ruina física de los inmuebles. Como ocurría con Casa Sancena, también reducida a escombros hace unos meses, o con Casa Plácido, que emprendió idéntico camino hace algo más de tiempo, la historia trepaba por los muros de ambos edificios con la misma perseverancia que la hiedra. Hoy, sin ninguna pared que le sirva de apoyo, el pasado se ha ido aguas abajo. La vieja Rochapea sobrevive únicamente en los recuerdos y en los libros de José Joaquín Arazuri, la mejor brújula para orientarse en aquel paisaje fluvial de huertas y lavanderas que muestra la fotografía de abajo (pincha), obtenida por Julio Altadill en 1895. 

6.2 Los corralillos del Gas 
León Sanz Fernández es uno de los asiduos. Nació en Errotazar hace 65 años y siempre ha vivido a la vera del río, actualmente en la Travesía de las Huertas. Desde las ventanas de su casa seguía con detalle la estancia de las ganaderías en el Gas. «Más de una vez tuve que ir a Casa Plácido a avisar a algún mayoral de que había dos toros peleándose», explica mientras camina entre las malvas y la paja que cubren las huellas de innumerables divisas. 
Antes, añade León Sanz, era habitual que también los toreros se acercasen hasta los corrales para ver los animales. Él recuerda con detalle una ocasión en la que Antonio Ordóñez apareció por Casa Plácido para almorzar estofado de toro. «Todas las mesas estaban ocupadas, pero Plácido sacó al patio una barrica de las grandes, la colocó al lado del cerezo, le puso encima una puerta, y allí se sentaron a comer Antonio Ordóñez y sus acompañantes». 

6.3 Las habas con cola de Plácido 
El Plácido era el responsable de una taberna que extendió su fama a uno y otro lado del Arga. Se encontraba en la llamada Rochapea Vieja, a un paso de los corrales del Gas, donde hoy arranca la calle Joaquín Beunza. «A Casa Plácido iban los hortelanos, caída la tarde, con la cena en la cazuela», tiene escrito José Miguel Iriberri. «Una mesa, tinto peleón y cartas a ochena. Alubias con tocino, huevos, jamón... Y pesca del Arga, supongo (...). Con los años y la fama, de Casa Plácido se hablaba en toda la ciudad. Cuentan que los domingos faltaban mesas para tantos pamploneses que iban a probar las habas con cola, el plato de la casa». 
Miguel Ibarbuen Martínez fue uno de los muchos que frecuentó aquel «amplio patio escondido en la sombra de frondosos plátanos». 
Los mismos o parecidos recuerdos tiene Francisco Delgado Viedma, que llegó a la Rochapea hace 45 años procedente de Jaén... Él y los demás mayores de la zona siguen reuniéndose todos los días a media mañana, aunque sólo sea para recordar.

II. Buscando Casa Plácido
Inge Morath 1954 Hojalata Casa Plácido
Ésta fue la primera foto que conocí de "la tabernica de Plácido", recién reformada.
Casa Plácido estaba en el arranque del Camino Viejo de la Rochapea (hoy Joaquín Beunza) que empieza en Errotazar, junto al Puente de Rochapea -el que cruzan los toros en el encierrillo- y termina junto al Puente de Santa Engracia. Estaba en la acera de los pares, número 2 ó 4 (no alcanzo a verlo en el número de la foto). Quienes miran a Hojalata están de cara al Río Arga, junto al puente de Rochapea.
Quiero que os fijéis en el curioso letrero ("Vinos, meriendas, licores") que sobresale en forma de triángulo (ver su sombra) de la fachada.
Urabayen 1926. Casa Plácido
Aunque la disposición de puertas y ventanas era distinta hace 28 años, ahí estaba el inconfundible letrero.
La foto está sacada desde el mismo punto de vista que la de Inge: de espaldas al Arga, desde el comienzo del Camino (primeros números). Y en parecida dirección que la de Altadill, en la que se ve muy bien el arranque del Camino Viejo.
Ahora fijémonos en la cara de la casa que mira al Casco Viejo de Pamplona, donde está Altadill (seguramente en el antiguo Hospital Civil, hoy Museo de Navarra). Vemos una tubería que baja del tejado y que, al sobrepasar casi las ventanas, atraviesa en diagonal dicha cara de la casa.
Fijaos también en la tapia del patio con árboles de Casa Plácido.
Comparación Urabayen 1926-Altadill 1895
En ambas fotografías se ve con suficiente claridad la diagonal que hace la tubería y la tapia que separa el patio de Plácido del Camino Viejo. Ésa es sin duda Casa Plácido y vuelvo a manifestar mi extrañeza por que ni Arazuri ni nadie (que yo sepa) la haya señalado en la panorámica de Altadill.

III La zona en la actualidad
Imágenes ordenadas de 1929, 1966-71, 2000 y 2019. 
En ellas, señalada con un punto rojo, Casa Plácido, siempre en línea con el Puente de la Rochapea.
En el 2000, con el tejado hundido.
Fue en 2004 cuando toda la zona fue urbanizada como en la actualidad. Sólo se mantienen:
  • El puente, por supuesto
  • Parte de la antigua plaza de Arriasco con, más o menos, el actual Club de Remo
  • E, increiblemente, la Calleja de los Toros (línea roja), integrada en los corralillos actuales

Comentarios en Face sobre una foto de Casa Plácido.