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viernes, 11 de septiembre de 2026

Cordeleros del Redín: de Galle, a Inge Morath

Muy sorprendido me dejó Castells cuando, hace cinco años, subió este par de fotos de Galle. Las dos fotos son del mismo día, de las mismas dos personas (y una perra, quizás la Perla), del mismo sitio: el tajo de los cordeleros en el baluarte del Redín, donde en esos años se colocaban dos ruedas.
Sorprendido, porque yo disfruté del Redín desde 1950 al 60 (justo antes de su urbanización) y no recordaba -ni mucho menos- semejante grado de deterioro de la muralla interior del lateral este del baluarte.
Si la foto no era de los años 50, tenía que ser de muchísimo antes, para darle tiempo a la muralla a arreglarse y deteriorarse hasta el grado en el que la conocí yo.
Cuándo fueron los cordeleros al Redín
Tras tener que dejar los fosos del Portal de San Nicolás por el derribo de las murallas que comenzó en 1915, la primera noticia de cordeleros en el Redín es de 1928. Tres anuncios, casi seguidos, de principios de septiembre:
DN 04 06 13/09/1928
Almadieros, labriegos y público en general, no comprar ninguna clase de cuerda de cáñamo ni de alambre de hierro galvanizado, sin antes consultar los precios que tienen los cordeleros del Redín. Venta a por mayor y menor, precios económicos para la venta al por mayor. Para pedidos dirigirse a Pablo Olave, San Agustín, 6, tercero.

Julio Cía, 1933
Pero la primera foto que conozco de los cordeleros en el Redín es ésta de Julio Cía de 1933, en mitad de la convulsa II República:
Julio Cía rima con garantía y suele fechar las fotos con mucha precisión. Yo sólo le he pillado en alguna y por un par de años.
Vemos que el flanco este (al fondo y en el centro de la foto) del baluarte está infinitamente mejor que en la foto de Galle. 
Y, sobre todo, apreciamos que delante de la caseta de los cordeleros hay un muro que protege (de los disparos desde San Cristóbal, por ejemplo) el único hueco que tiene: la puerta de entrada a lo que, sin duda, fue un depósito de armas y municiones durante las guerras carlistas.
Una tercera pista es que los arbolicos (hoy acacias casi centenarias, alguna de las cuales ya se ha derrumbado) parecen recién plantados.
Por tanto, sin ninguna duda, la foto de Galle es muy posterior a esta de Cía, de 1933, y anterior a 1961, cuando empezó la urbanización integral del Redín.

Un detalle de la foto de portada:
1. Polvorín; 2. Bloques Av. Villava-Cendea de Olza; 3. Esclavas S.º Corazón
La foto demuestra que esos bloques de viviendas son anteriores a la creación de la Chantrea, a partir de 1950, que luego los rodeó:
1. Esclavas; 2. Bloques Av. Villava-Cendea de Olza ("Colonia San Miguel")
En el Comparador de Mapas esos bloques no aparecen en 1945 y sí en 1956, pero ya rodeados de las casas de la Chantrea.
Actualización 15 09 26: Se trata de la "Colonia San Miguel", construida en 1947.
El margen temporal de la foto se va estrechando: entre 1946 y 1950 y...

Julio Cía, 1952
He encontrado esta foto de Cía, de 1952, que nos va a ayudar a precisar el tope final de las fotos de Galle. Cía ha captado a Juanito Elizari (gabardina clara) en la rueda más alejada de la caseta. Mismo árbol, mismo banco...
Llama la atención cómo la nieve ha ido dibujando los desconchados del techo de la caseta, todos iguales, salvo el último de la derecha que parece que ha ido a más. Nos sugiere que la foto de la nieve, de Cía, es posterior a la de Galle. 
Y efectivamente. Comparemos el grosor del tronco de los dos árboles más visibles. El que está detrás de Elizari es mucho más grueso que en la foto de Galle.
¿De cuántos años? Por lo menos, de cuatro o cinco años. 
Por tanto, si la foto de Cía es de 1952 y las de Galle no pueden ser anteriores a 1946, tienen que ser del 47-48.

Inge Morath, 1954
Entonces, Pachi, reconocerás que estabas equivocado en tu percepción infantil del deterioro de esa parte de la muralla... Si en el 47-48 estaban así, en la siguiente década, la que tú viviste, estaría peor.
Ya iba a rendirme, cuando me he acordado de esta foto de Inge Morath, de 1954, la del ruedero en zapatillas sanfermineras:
Sea la rueda de Elizari o la del otro cordelero (mirad la foto de portada), la pared tenía que estar destrozada y está perfecta. 
Actualización: Ahora ya sabemos cuál es, la de más al sur del flanco este:
1961-1954
La cañonera, bien delimitada. Entre 1948 (fotos de Galle) y Sanfermines de 1954 (foto de Morath), ha tenido que haber un buen arreglo de la muralla del baluarte que las hemerotecas no han recogido.

miércoles, 21 de abril de 2021

"Bajada de Carnicerías", pura Pamplona

De todo lo que he leído de Arazuri, esta descripción que hace del ambiente de la Bajada de Carnicerías y del Mercado es, a mi juicio, la que tiene una mayor calidad literaria. Ambiente pamplonés en estado puro, el mismo que captó con su cámara Inge Morath y supo llevar a sus partituras Manuel Turrillas.
Revisión de los productos junto al Zacatín. Galle, 24 diciembre de 1930
BAJADA DE CARNICERIAS (J.J. Arazuri)
Detrás, Bajada de Carnicerías (I.M.)
Hasta 1954 en que se derribaron varias casas situadas entre la plaza Consistorial y el Mercado para abrir la nueva plaza llamada de los Burgos, la estrecha calleja existente entre la plaza de la Ciudad y la del Mercado, se llamó desde tiempo inmemorial Bajada de Carnicerías. 
Su origen data de 1565, en que el Ayuntamiento compró una huerta detrás de la Casa de la Ciudad a un tal Antón de Caparroso para instalar las Carnicerías. 
Personalmente lamento haya desaparecido aquella castiza y angosta rúa sin circulación y con rebosante personalidad. Cual moneda de uso corriente, según las horas del día, presentaba dos facetas distintas y opuestas. 
El colorido matutino era típicamente invariable: innumerables mujeres de toda clase social con abigarrados ropajes camino de la compra; amas de casa pobres y modestas, ricas y encopetadas con las sirvientas portando aquellas inmensas cestas de dos tapas; muchachas de servicio con la cesta en un brazo y la lechera o huevera en la mano contraria, solas o acompañadas por el moscón de turno; aldeanas cubiertas con sendos pañuelos chillones y arropadas con mantones de indefinidos colores, llevando grandes garrafas de leche; montañesas intentando vender el saco de carbón vegetal afanosamente elaborado en el Pirineo y trabajosamente transportado a la capital; 
1954. Bajada de Carnicerías. (Cía)

rústicos cuencos cargados de corderos y aves; fajeros distribuyendo bastimentos; fruteras y revendedoras resabiadas por los años de trato y regateo, y hortelanos de la Magdalena y Rochapea afanados en el transporte de grandes espuertas repletas de sabrosas verduras de sus ubérrimas huertas, compitiendo con los de Huarte-Pamplona, que siempre llevaron buena fama sobre todo sus cebollas, de donde les vino aquello de: 
En Pamplona, buena gente; 
en Burlada, campaneros; 
en Villava, traperos 
y en Huarte, cebolleros
Por la puerta del mercado desfilaban carniceros y pescateros, así como pescadores rurales que traían a vender anguilas, barbos y madrillas; las recarderas, o revendedoras de frutas y hortalizas; las humildes, por no decir paupérrimas, vendedoras de achicorias de campo, berros, cangrejos, setas, ranas y arañones, en aquellos tiempos en que el anís de pacharán sólo se elaboraba para combatir el dolor de tripas; las gitanas, más o menos sucias y jacarandosas, intentando vender las cestas graciosamente elaboradas por sus habilidosas manos, y las flores de papel que terminaban adornando el comedor de los horteras; las vendedoras de peines y peinetas, de coplas y chucherías entraban también en la categoría de pobres negocios, ya que nunca un capital social de veinte reales repartió muchos dividendos. 
Detrás, Bajada de Carnicerías (I.M.)
Todas las mañanas, arremangadas y frescachonas, con el delantal recogido y provocativos contoneos, desfilaban las tripicalleras, mondongueras, tocineras y pescateras. Tampoco faltaban los chorchis, que con sus uniformes daban colorido al ambiente, mientras, como las moscas a la miel, acudían al dulzor de las opulentas chachas. 
Entretanto los calendarios zaragozanos se voceaban a la puerta del mercado, los mendigos procuraban obtener algunos céntimos, y raterillos intentaba «ganar» el pan nuestro de cada día. 
La visión vespertina era completamente distinta: el bullicio se convertía en tranquilidad próxima a la soledad. Sólo unas pocas beatas descendían con pasitos cortos y silenciosos al rosario de los Dominicos; algunos rochapeanos buscaban el alcorce de la cuesta camino de la plaza Consistorial; los perros y alguna que otra persona apremiada, aprovechaban el aislamiento para mojar paredes y suelos. La tarde empalmaba con la noche bajo un espeso silencio, sólo roto por los casi lejanos ruidos procedentes de la plaza del Ayuntamiento y calle de Santo Domingo, y por la presencia vacilante de algún borracho que desde Casa Marceliano, con su cirrión a cuestas, intentaba coronar a duras penas la cumbre de la Bajada de Carnicerías.
Inge Morath 1954
***
Precisamente en los Sanfermines de 1954 (ya con la calleja abierta a lo que luego fue la Plaza de los Burgos) estuvo Inge Morath retratando el ambiente. En este vídeo vais a ver unas cuantas imágenes que expresan muy atinadamente lo que nos acaba de contar Arazuri. Es como si José Joaquín hubiera visto las fotos de Inge, o como si ésta hubiera leído la descripción de aquel. Y de fondo, la música de Turrillas. Disfrutadlo:
Aunque la moto de Google no se atrevió con las escaleras de la Bajada de Carnicerías, puedes recorrerla casi completa, primero desde la Plaza Consistorial y luego desde la de Santiago.
La calle, si te fijas, no tiene nombre. No estaría nada mal recuperar el "de toda la vida": Bajada de Carnicerías.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Inge Morath, Joaquín Pascal..., por Iriberri

...la verónica de Hojalata sobre el ruedo de Plácido...
No creo que exista un retrato -en blanco y negro- más verdadero y entrañable de los Sanfermines que las fotografías que hizo Inge Morath en 1954. Todos, pero algunos especialmente (si tienes tiempo, pincha), nos vemos retratados.

Relatos fotográficos (por José Miguel Iriberri)
Desde que los fotografió en 1954, los Sanfermines estaban en el recuerdo de Inge Morath. Ahora es ella la que ha entrado en la memoria de las fiestas. Murió el pasado enero (30 de enero de 2002), a los 79 años, después de dejar una obra fotográfica universal. Entre sus capítulos aparece Pamplona, una ciudad de 72.000 habitantes que estaba más cerca de las murallas de principios del siglo XX que del Auditorio con el que estrenamos el XXI.
—«Inge se sentía en Pamplona como en su propia casa», dijo recientemente Arthur Miller. 
En un viaje sanferminero de 1997, el dramaturgo norteamericano comprobó que Pamplona era efectivamente una casa en la vida de su esposa. Una de tantas casas para una mujer ciudadana de todos los lugares, que retrató la vuelta al día en ochenta mundos. Su maestro, Cartier-Bresson, después de contar colosales relatos fotográficos, afirmó que no tenía misión que cumplir ni mensaje que dar: tan solo aportar un punto de vista. Con la misma sencillez, Inge Morath colocaba puntos en la mirada de su vieja Leica, buscando el momento «en el que me siento atraída por algo o por alguien». 
De la atracción por Pamplona y por los Sanfermines nació la colección de fotografías de 1954, que hoy pertenece a la ciudad. «Estoy contenta de que llueva en el momento de irnos, pues eso hace más fácil la partida; soñaremos con volver un día a la fiesta más perfecta, la celebración de San Fermín», escribió aquel año de descubrimiento. En 1997 regresó y le enseñó la fiesta a Arthur Miller. La fiesta y el cariño. «Qué te importa que la gente te quiera, ¿quién ha querido nunca a Rockefeller?», le dicen brutalmente a Willy Loman, el viajante derrotado de Miller. Inge Morath fotografiaba con el mismo amor que necesitaba. Le importaba que la quisieran. Se hacía querer. 
Uno vuelve a los retratos sanfermineros del 54 y descubre la vida de los pamploneses en un día cualquiera del año: en el trajín del mercado, el silencio de una esquina, el oficio de los cordeleros, en la verónica de Hojalata sobre el ruedo de Plácido, la vieja asombrada en la calle Campana, los ojos de un niño que se asoma al futuro desde los hombros de su padre. Inge Morath salta el vallado de las fiestas para correr por la vida cotidiana de los ciudadanos.

(pantalla completa, por favor)

(si queréis repasarlas más despacio y descargarlas...)
Pascales, Morath y Miller
Al verlos hoy, blanco sobre negro, podemos pensar cómo fueron aquellos pamploneses y acaso sentir que ellos nos estaban pensando entonces a nosotros, quietos para siempre antes de doblar la esquina de la calle y de la página. 
Joaquín Pascal pidió al Ayuntamiento que dedicara una calle a Inge Morath para hacer las paces con su recuerdo y su legado. Hoy la recordamos todavía sin calle (tras su muerte, se la dieron). A ella y al inolvidable concejal, cuyo corazón se paró una mañana del pasado abril (24.04.2002) cuando esperaba otro milagro de la primavera.

sábado, 24 de agosto de 2019

La Chata Pirigüeta, la versión navarra

Si preguntas a Google por "la chata pirigüeta" (pincha), verás que la mayoría de las páginas son navarras. 
Extrañado por este hecho, he ido a la Fundación Joaquín Díaz y he encontrado que allí nuestra "chata pirigüeta" navarra se convierte en la "chata merengüela" o "Reina Berenguela" castellano-leonesa y, encima, cantada por Rosa León.
Estamos, pues, ante una canción infantil, de antiquísimas reminiscencias, y extendida por todo el ámbito hispanohablante.

La "pirigüeta" navarra
Entiendo que en Castilla y León el pueblo, los críos... pasaran de "Berenguela" a "Merenguela" o "Merengüela", pero me llama la atención que en Navarra -y más habiendo tenido en el siglo XII una reina Berenguela- se haya convertido en "pirigüeta".
No quiero comerme mucho la cabeza con esta transformación, pero yo, al principio, relacionaba "pirigüeta" con "pizpireta" (mi madre la decía mucho para designar a una muchacha graciosa, presumida).
Alejandro Ciarra en su "Canciones Populares Infantiles en las calles de Pamplona -años 40-" también recoge la canción y relaciona "pirigüeta" con "perijuelo" (diablillo).
En El Villar Arnedo (Rioja) llaman, en cambio, "pirigüeta" y "pirivuelta" a la voltereta...
Y en la Ribera, nos dice Iribarren en su Vocabulario navarro, "pirigüelta" equivale también a voltereta.
Estas versiones riojanas y riberas son las que, ahora, más me convencen 

La Chata Pirigüeta en Sanfermines
Sea como fuere, dicha canción infantil ha formado, además, parte del Hit Parade Sanferminero. Un par de ejemplos:
Las canciones del año (1940, pinchad, merece la pena).-
Un periodista local publicaba una reseña festiva en la que desvelaba qué canciones eran las que entonaban los mozos de Pamplona ese año, y decía así: Hasta nuestro balcón, abierto, llegan esta madrugada, ininterrumpidos, los clamores de la gente indomable que espera a las siete de la mañana cantando el “¡No hay quien pueda!” (2'15"), “San Fermín tiene la culpa...” (pincha y baja un poco), “Uno de enero, dos de febrero...” (pincha, lee y alucina) o “La chata pirigüeta”.
En aquellos Sanfermines se producía una transformación muy curiosa: el banquero, el barrendero, el cura que venía del pueblo a fiestas de extranjis, todos, sin conocerse de nada, podían desgañitarse juntos cantando La Chata pirigüeta.

Y este documento de la hemeroteca del DN (05/07/1966):
Cartilla de urbanidad sanferminera  Para uso de Aborígenes y Forasteros, conteniendo 21 Consejos Prácticos sobre lo que se puede hacer en Pamplona por San Fermín, aunque se sea pamplonés, y lo que no se puede hacer, aunque se sea turista o extranjero.
Se puede:
Cantar hasta la afonía “La Chata Pirigüeta”, “Mustafá” (¿comodoro? jajaja ¡pomodoro!), “Juanita Banana” o “Favila y el Oso” (de ésta, ni idea), así como otros aires alegres y pegadizos, nacionales o extranjeros, bailando jota a jota hasta que se le salte el cuantajotas. Gastarse una fortuna en la tómbola y cuando, por fin, le sale algún billete premiado, regalárselo a una viejica o a un ciego, etc.
El vídeo, muy de Pamplona
Para el audio he contado con la colaboración de mi hermana Anunchi, quien la canta tal y como la cantó de niña, exactamente como se ha cantado en la Pamplona de los años 50.
Para las imágenes, entrañables, las de Inge Morath en su primera visita a la ciudad, en 1954.

La Chata Pirigüeta (la versión navarra)

La chata pirigüeta, güi, güi, güi
como es tan fina trico, trico, tri
como es tan fina layún, layún...
se pinta los colores güi, güi, güi
con gasolina trico, trico tri
con gasolina layún, layún...
Y su madre le dice güi, güi, güi
Quítate eso trico, trico tri

Quítate eso layún, layún...
Que va a venir tu novio güi, güi, güi
a darte un beso trico, trico tri
a darte un beso layún, layún...
Su novio ya ha venido güi, güi, güi
ya le ha besado trico, trico tri
ya la ha besado layún, layún...
(Y le ha dejado las iniciales...)









Actualización 20.09.2022
He encontrado un libro titulado "100 cantos populares asturianos", publicado en 1890 por José Hurtado (n. 1850) quien, con partitura y todo (pág 48), presenta esta letra:
[13] Nº 44.
Si te dan chocolate güi, güi;
tomalo boba
dengue dengue dengue,
tomalo boba,
lirón lirón lirón.
Que la reina de España güi, güi;
tambien lo toma
dengue dengue dengue,
tambien lo toma
lirón lirón lirón.






Actualización 09.06.2023
Hoy Diario de Navarra publica: 
Un cuento acerca a los niños a la figura de la Reina Berenguela
Escrito por Mercedes Terrén con ilustraciones de Marian Gutiérrez, pretende que los pequeños conozcan la historia de Tudela "de manera divertida".
Pero no dice nada de la Chata pirigüeta (versión navarra de "La Reina Berenguela"), que también cantaban las niñas tudelanas. Se podía haber incluido, siendo, además, un cuento para niños.

Actualización 03.06.2024
Encontrado por Joaqui en TikTok:

Esta entrada se encuentra actualizada y completada en:

jueves, 23 de agosto de 2018

El Padre Carmelo: 4. Atropello y muerte

Inge Morath, SF 1954 números pares (22,20, 18) de la Calle San Saturnino
Esta imagen de Inge Morath, de los Sanfermines de 1954, nos ayudará a encontrar el sitio exacto donde sería atropellado mortalmente el Padre Carmelo, cinco años más tarde, en 1os Sanfermines de 1959.
Sirva esta entrada para que, cuando pasemos por delante de San Saturnino, tengamos un recuerdo de quien se las ingenió para dar cunas a los niños de las familias más necesitadas de Pamplona.
"Aquí, en la Chantrea, ¡hay tantos niños...! A mí me ha dicho muchas veces mi madre que yo -gracias a ti, Padre Carmelo- pude dormir en una cuna para mí solo, que nos habías mandado tú. Sé que lo mismo que yo pueden decir casi todos los chicos de mi barriada". (Carta al Cielo para el Padre Carmelo. DN 16.12.1959)
***
La persiana roja nos marca el lugar exacto. Google Maps
Cáscara de plátano y camión
En los tebeos de mi infancia muchas veces se presentaban los resbalones como causados por una cáscara de plátano. Por eso, me impactó muchísimo cuando me dijeron que el Padre Carmelo (pincha para saber más)  había muerto así, atropellado por un camión, al resbalar en una cáscara de plátano. Ya no hizo falta que en casa nos repitieran que no las tiráramos al suelo, ya que estábamos viendo sus terribles consecuencias.
Sabía lo de la cáscara, pero no dónde fue el accidente. De hecho, he leído algunas páginas que lo situaban en calles equivocadas.
Pero gracias a Fermín Mugueta, hoy vamos a ver con todo detalle dónde fue tan lamentable desgracia. La única pega que tiene el libro de Mugueta es que está escrito en 1960 y en 60 años Pamplona ha cambiado bastante.

San Saturnino 18, "FERЯETERÍA"
Él dice que fue “frente a la iglesia de San Cernin”, “en la puerta misma de la antigua ferretería que solían llamar de la Damasa (sic)”.
"Taller de Herrería de la Dámasa" Julio Cía 1944 AMP
Y allí me tienes, recorriendo todos los establecimientos de la zona, preguntando dónde estuvo (porque hoy, ni rastro) la popular “ferretería de la Damasa”.
La raya amarilla marca la zona donde se produjo el atropello
Siempre he dicho que, cuando la memoria falla, siempre queda la pintura y la fotografía.
Y esta vez también ha vuelto a cumplirse el dicho.
Y ha sido la fotografía; y, otra vez, Inge Morath, que está de racha: recientemente nos recordó dónde estuvo la Churrería La Estrella. Y ahora, la Ferretería de "la Damasa".
Las dos 1ªs 'erres' se dan la espalda: "FERЯETERÍA"
Recordaba que Inge tenía unas cuantas fotografías de esa zona y, también, recordaba bien la que hoy os presento. Y me ha dado mucha alegría comprobar que, en la zona que el libro de Mugueta señala, aumentando la imagen de la foto antigua, se puede leer, por lo menos, las primeras letras del rótulo de "FERЯETERÍA", encima del nº 18, que he pintado en amarillo. Casa Hualde, clarísimo, hoy absorbida por el Estanco, y después de éste, "la ferretería de la Damasa", que dice Mugueta. Y hasta se ve -debajo del nº 18- la estrecha acera en la que tuvo que ceder el paso el carmelita. ¡Gracias, Inge, otra vez!

Atropello y muerte
El día 8 de julio de 1959, en Sanfermines, salió de su convento, a las nueve y media, aproximadamente, para gestionar los últimos preparativos del festival que estaba organizando para el día 12, en la Plaza de Toros.
En dirección a la Plaza Consistorial, recorrió Descalzos, el comienzo de Jarauta... Desde allí admiraría la torre más alta de San Cernin y cogió la acera de los números pares, a su izquierda, para seguir por la calle San Saturnino (al fondo, en la foto). Al llegar a la Ferretería de la Damasa (nº 18), tuvo que ceder la acera a una señora, ya mayor, que además iba por su derecha. La acera es estrecha y el Padre Carmelo tiene que bajar a la calzada. Con tan mala suerte que pisa una cáscara de plátano, resbala, cae hacia la calle y es atropellado por un camión, un Dodge, NA-3524. Dos mozos pamplonicas —faja y pañuelo rojos— lo recogen y lo introducen, de primera intención, en una entrada o portal (seguramente, el nº 18)
Al incorporarle, sus primeras palabras fueron que no culparan en lo más mínimo a los ocupantes del camión.
Se cumplió su última voluntad y no se molestó para nada a los señores que conducían el camión, por cierto, conocidos de casa y que quedaron profundamente impresionados.
Panteón de los Carmelitas, en el cementerio pamplonés
En estado gravísimo lo trasladaron a la Clínica de San Miguel, donde fue atendido por los doctores Juaristi, Ipiens, Armendáriz e Idoate. El célebre especialista donostiarra, Dr. Eizaguirre, se ofreció también a prestarle los servicios que fueran necesarios, pero todo fue en vano, y los mencionados doctores, particularmente don Antonio Armendáriz, que estuvo pendiente de su evolución durante horas, no abrigaban ninguna esperanza.
El resto del día 8 lo pasó fatigosamente, y el día 9, aunque sintió alguna pequeña mejoría en la respiración, le sobrevinieron nuevas complicaciones que aceleraron su muerte, que se produjo a las tres de la tarde, casi 30 horas después del atropello.
Por cierto, su hermana Carmen estaba pasando unos días en Pamplona y le tocó bien de cerca la muerte de su hermano José.

viernes, 17 de agosto de 2018

Inge Morath: C/ Eslava, Churrería La Estrella

Y en la calle Eslava -cámara invisible- captó el contraste entre los mocicos, de blanco y
rojo, y los chortas, de caqui. ¡Y el letrero -estrella de 12 puntas- de la Churrería La Estrella!
Pamplona, 1954. Inge Morath se acercó con su cámara invisible a la esencia de los sanfermines. Retrató a eternos aprendices de torero, como el entrañable Hojalata… 
Entró en las habitaciones de hotel en las que el hombre cumple el rito de vestirse de torero… En aquellos años Luis Miguel Dominguín y, sobre todo, Antonio Ordóñez eran los primeros del escalafón. Por primera vez una mujer supo entrar en la intimidad de sus habitaciones, justo en esos momentos -terriblemente privados- en los que el torero, consciente del riesgo que va a correr ante una fiera, sólo puede atarse los machos... y rezar. 
Inge Morath tuvo ese mérito de saber estar con su cámara –más invisible que nunca- y lograr unas imágenes de escalofrío.
Y en la calle Eslava -otra vez, cámara invisible- captó el contraste entre los mocicos, de blanco y rojo, y los chortas, de caqui.
***
Casualidades de la vida, hace ahora justo un año. me llegaba un comentario de Jokin Errotari a la entrada dedicada a Joaquín Roa: "yo lo conocí a través de su hermana, propietaria de Churrería la Estrella, establecimiento situado en la calle Eslava".
Nº 20, donde estuvo la Churrería La Estrella
Pero yo no asociaba La Estrella ni la calle Eslava con la imagen que hoy ocupa la cabecera de esta entrada.
Y, justo ayer, me dice mi amigo Homero (¿os acordáis? el del poema a Hojalata) que la foto que le había mandado de Inge Morath creía que era de la Calle Eslava y que el letrero redondo (centro y arriba) podría ser el de la Churrería La Estrella.
Cámara en ristre, me he acercado al lugar de la foto que en los Sanfermines de 1954 hizo Inge Morath.
Mirando la foto de Inge, estamos en la acera de los impares. A nuestra espalda, la calle Jarauta.
Puerta del letrero en forma de una U invertida
Al fondo, fondo, la Plaza de San Francisco. El segundo tramo de sol, perfectamente alineado, el que entraba aquella tarde por la Calle Mayor.
En primer plano, unos chavales de entre 10 y 12 años, perfectamente vestidos de pamplonicas (¡1954!), repasan, atentos, unos cromos (me estoy riendo porque hoy tendrán entre 74 y 76, y ojalá sigan siendo amigos).
A nuestra izquierda, tres soldados -'chortas', decíamos-, excesivamente abrigados en el mes de julio, se dirigen a Jarauta.
Un señor de negro y con boina, a la altura de un establecimiento con un letrero que habrá que investigar (me dice Homero, nacido en la zona, que podría ser una ortopedia), ha dejado atrás la Churrería La Estrella (hoy y ayer, el nº 20). Encima de la ventana, con señales de humo, vemos el letrero, redondo, como una estrella de 12 puntas (pincha), en el que seguramente pondrá "CHURRERÍA LA ESTRELLA"
***
Como digo, he ido hasta allá con la cámara y he podido comprobar que esa zona de la Calle Eslava es perfectamente reconocible 64 años y un mes después. Y que, dejando de lado la pintura, la casa de la churrería está igual que cuando la retrató Inge.
Me queda la pena de no saber dónde estará ese curioso letrero redondo, como una estrella de 12 puntas.

Actualización 2021
Víctor Lucia me manda estas fotos de la Churrería La Estrella de h. 1934. Tiempo detenido:

Actualización 2020
Más claro, agua: Eslava 20, hace un siglo y hoy
Familia Roa en las barracas 1er Ensanche, junto a la Ciudadela SF 1920-29

"El niño de la hogaza"
No os escapéis, que no he terminado.
Como sabéis, uno de los símbolos de este blog (está en su logo) es el "Niño de la hogaza". Y es una obsesión que no me deja descansar. Es también de Inge Morath, sanfermines de 1954, como la foto que hoy hemos analizado.
Mayor calidad a la dcha, pero en la de la izda se aprecia mejor detalles del escaparate
Ya hablamos de la ligera pendiente que sube el niño (figarse en el primer portal)
Lo último que he descubierto es que, en el escaparate, se ve, arriba, un resplandor. Como si se reflejara el final de la calle y unos edificios, más altos a la derecha. He pensado en el final de la Calle San Antón, en la acera de los impares y que se reflejaran los edificios de Navas de Tolosa. Y he dejado el encargo en alguna tienda de por ahí. Os pido, pues, que os echéis esta imagen al móvil y que, cuando sospechéis de alguna tienda que pueda saber algo, le mandéis por wassap la foto. Tiene que haber alguien en Pamplona (quizás, hasta damos con el propio niño) que sepa con seguridad en qué calle, junto a qué tienda está hecha la foto del "Niño de la hogaza".
Aquí tenéis el penúltimo intento de ubicar al Niño de la hogaza.
Y si ya me decís cuál es el cuadro que se ve en el escaparate...
... os invito a ver este vídeo con las imágenes de Inge en 1954:

Actualización 29 09 2024
Hoy saca Diario de Navarra un artículo relacionado con la churrería La Estrella:

lunes, 28 de mayo de 2018

En Sanfermines, Iriberri e Inge Morath


Una mujer, Inge Morath, vino a Pamplona, en fiestas, en 1954 y nos dejó unas fotografías que llegan al alma.
Un periodista, José Miguel Iriberri, lleva más de cuatro décadas 'retratando' los Sanfermines y se nos ha hecho, también, imprescindible para sumergirnos en la Fiesta.
Si quieres ver más fotos de Inge Morath, entra en este álbum de Face

EN FRASES
“Si algo repudia la esencia de los Sanfermines es el tíquet y la puerta de entrada”
“La fiesta va a seguir por esa gente que tiene ocurrencias, que siempre son sin subvención”

JOSÉ MIGUEL IRIBERRI PERIODISTA
“Los Sanfermines son un continuo volver”
“Observador profesional” de la fiesta durante más de cuatro décadas, José Miguel Iriberri ha escrito sobre todo lo que tiene que ver con Sanfermines. Un libro recopila más de 80 de sus artículos de los últimos años
JESÚS RUBIO Pamplona
Lo conocen ya todos, casi seguro. Al fin y al cabo, José Miguel Iriberri Rodríguez ha hecho de todo durante más de cuatro décadas de trabajo en Diario de Navarra. En ese 'de todo' se incluye que ha escrito mucho, y bien, sobre los Sanfermines. Y eso que, cuando era un niño, las fiestas le quedaron algo lejos.
Iriberri, que nació en San Sebastián en 1943, recaló en Pamplona con 4 ó 5 años. Hijo de ferroviaria, la estación del Empalme del Plazaola y el Irati, en la Rochapea, fue su primer barrio pamplonés. “Allí abajo los Sanfermines no llegaban”, reconoce.
Después vivió en la Plaza de la O, “desde la que te asomabas a los Sanfermines que pasaban por la calle Mayor”. Así que Iriberri, que aprendió a leer y escribir en las escuelas de la Carbonilla, y estudió en las de San Francisco y en el Instituto Ximénez de Rada, antes de cursar Periodismo y Derecho en la Universidad de Navarra, ha vivido los Sanfermines, sobre todo, “como observador profesional”, escribiendo para el periódico, primero, noticias y reportajes, y desde finales de los años 80, artículos de opinión.
Un libro recién editado, “Sanfermines de papel” (Sahats, 15€) recopila más de 80 de esos textos suyos publicados en la última página de Diario de Navarra durante las fiestas desde 1998 a 2017. El libro lo prologa, con ilustración incluida, César Oroz.
¿Hasta que punto es posible, o imposible, que los “Sanfermines de papel” se parezcan a los reales?
Se deberían parecer. Los periodistas, cuando estamos observando algo de lo que tenemos que escribir, inevitablemente, estamos pensando en qué vamos a contar. Eso casi te impide vivir y disfrutar la fiesta. Vas a la fiesta para escribirla.
¿Cómo surgen los temas de los artículos?
Antes de los artículos, durante 25 ó 30 años, he hecho de todo: los mayorales, cuando costaba Dios y ayuda sacarles algo tan sencillo como el peso de los toros; el patio de caballos, la procesión, octavas, salidas de gigantes… En el encierro sacaba una localidad de andanada, y calculaba el tiempo con mi reloj, guiándome por los cohetes. Después te echabas calle Estafeta abajo e ibas rehaciendo lo que había ocurrido, a través de lo que te decían en la Cruz Roja o lo que te contaba fulano o mengano. Todo eso es un conocimiento cogido. Por ejemplo, la traca final es un invento yo que he visto nacer.
Los artículos están poblados por una serie de personajes...
Maritorena, Turrillas, el Tuli, concejales como Tomás Caballero, el Guti, Zanquetas y su carnicería de San Cernin, Echarte y los del Struendo de Iruña... Los Sanfermines van a seguir por la línea de toda esta gente que tiene estas ocurrencias que siempre son sin subvención, sin programa. Todos esos personajes además son muy reincidentes. A Turrillas se vuelve siempre. A la Pamplonesa… En Hemingway, a la fuerza, caes por los aniversarios, por el hotel, por Fiesta… Pero es que los Sanfermines son un volver continuo. A todo el mundo le gusta repetir y repetirse: el lugar donde ve la procesión, el día y hora que queda con tal y cual, la cena de la cuadrilla... La fiesta es de lo más tradicional. Ha cambiado la sociedad de manera evidente, pero el programa en lo esencial sigue anunciando lo mismo en los mismos escenarios.
Y cuando aparece algo nuevo enseguida se hace tradición.
En apenas tiempo y casi sin querer. Miguel Javier Urmeneta recordaba en su libro que una errata que se coló en uno de los primeros bandos seguía allí 25 años después. Hasta en eso se nota.
¿Tan excepcionales son los Sanfermines para calificarlos como tiempo fuera del tiempo, exilio feliz?
Es evidente. Ignacio Cía decía que el año administrativo en Pamplona empieza el 15 y termina el 5. Los Sanfermines son algo más que una fiesta en un lugar, es una fiesta en la ciudad y de toda la ciudad. Eso crea un espacio de excepcionalidad entre el 5 y el 15 de julio, en el que el tiempo da una tregua.
Un artículo sobre las dianas dice que allí todos son uno de los nuestros. ¿Es esa una clave que se puede extender a toda la fiesta?
Es así. Se crea un vínculo que une a los que van y no van a los toros, al que va con los gigantes, al que va a la procesión... el que va a la fiesta es uno de los nuestros.
En una fiesta en la que el orden es un caos por descifrar.
Podría decirse también la organización del desgobierno.
Desde luego, no es una ciudad sin ley.
No hay otra fiesta en el mundo que tenga tal barbaridad de supuestos penales codificados, Hay un código tremendo, entre bandos de alcaldías, normas del encierro y otras...
Además hay normas no escritas.
Esas son muy problemáticas. Son las de los justicieros en torno a las vaquillas y al guiri. Pueden ser peligrosas.
El primer cohete de Yolanda Barcina, se dice en un artículo de 1999, rompía “un machismo ancestral”. ¿Va desapareciendo ese machismo?
Ha desaparecido en lo que toca a Pamplona y a la organización de la fiesta. Desgraciadamente los machistas, algunos de ellos tremendos, pasan por los Sanfermines como por otros sitios. En todo caso, Yolanda Barcina fue la primera alcaldesa pero ya Elisa Chacartegui había tirado el primer cohete y la mujer había salido en la procesión.. ya se había transformado todo.
Otro libro de Iriberri y Oroz, Sanfermines a vuela siglo, recogía artículos escritos entre 1989 y 1997. ¿Qué es lo más ha cambiado en la fiesta de un libro a otro?
Hemos cambiado más los pamploneses que la estructura de la fiesta. Lo que sí es tremendo es el cambio constante y repetido de la masificación: en la procesión y la misa es increíble. Hace 30 años ibas con el santo tranquilamente y entrabas en la capilla, ahora se forman unos tapones son tremendos. Del encierro qué vamos a decir. Lo decía Pedro Charro: si un día ocurriera algo más de lo que ocurre, ¿qué pasará? ¿Qué solución hay? Por lo visto, ninguna. En Venecia han puesto tornos para los turistas pero si algo repudia a la esencia de los Sanfermines es el tíquet y la puerta de entrada.
¿Qué es peor en Sanfermines, un triste o un vigilante de las esencias?
El vigilante de las esencias, siempre. Pone una puerta, que es como intentar atajar el campo. De todos modos, los PTV, que eran los que se transmitían de unos a otros lo que habían leído y oído, se acabaron con la Historia de los Sanfermines de Arazuri. Con aquellas 1.000 páginas todos sabíamos ya todo.
Los artículos regresan en muchas ocasiones a la infancia.
Ahora que tengo tiempo vuelvo muchísimo por mis barrios, por Marcelo Celayeta, por la escuela de la Carbonilla, por la plaza de la O. Suelo repetir una frase de Rilke: todos somos un poco extranjeros en el país de la infancia. Volvemos a la infancia y puede que el edificio que conociste siga en pie, pero los ojos con los que miras son distintos. Es una vuelta a la infancia, pero es una vuelta a la melancolía.
Un joven aprendiz de Sanfermines, ¿cuál sería la primera lección que debería aprender y el primer lugar al que ir?
Dos lugares: la calle Mayor, donde va pasando casi todo, y el recorrido del encierro. Y que vea todo. Desde luego, no dejarse aconsejar ni por mí ni por nadie. Fernando Pérez Ollo decía que los Sanfermines lo aguantan todo, incluido los artículos que escribimos.
¿Qué propuestas podrían mejorar la fiesta?
Reducir lo que tiene de espectáculo. Lo que pasa es que la fiesta es un espectáculo en sí mismo. A las fallas de Valencia vas a ver pero no montas tu falla y la quemas, en la tamborrada de San Sebastián no sacas tu banda, pero en Pamplona te metes en el encierro, en la procesión, en todo. De todos modos, esto que nos parece un debate nuevo no lo es. Hace 100 años estábamos en las mismas. Cuando corrían en encierro cuatro y empezaron a correrlo ocho, el Diario de aquel tiempo, a partir de 1903, ya se preguntaba adónde íbamos a parar. Y del efecto turístico ya se habló cuando se tiraron las murallas. Era 1914.