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martes, 26 de febrero de 2019

Los patinazos de “Conocer Pamplona”


Pamplona y chavales de 11 años
"Conocer Pamplona" es un programa dirigido a escolares de 11 años. Pamplona y 11 años son dos razones de peso para exigir un cuidado exquisito. Precaución que, evidentemente, no está presente en el programa escolar sobre la historia de Pamplona, publicado recientemente por el Ayuntamiento. Errores de bulto, imprecisiones y, sobre todo, "arrimar Pamplona a su sardina".
Con Pamplona y, menos, con chavales de 11 años, no se juega.

Juan José Martinena, doctor en Historia y director del Archivo General de Navarra, repasa aquí algunos de los errores en los que cae el relato histórico de este programa dirigido a escolares de 11 años. El historiador se centra en la época que más conoce, la medieval, aunque ofrece una primera visión, somera y descriptiva, del tono general del texto: “Hay numerosos errores, y sobre todo imprecisiones; sobran cosas y faltan otras, y hay una excesiva reiteración de distintos epígrafes, como el monumento a Los Caídos, o la invasión de 1512”, asegura.

1. El incendio y destrucción de Navarrería 
Se produce, según el programa Conocer Pamplona, tras las campañas de Almanzor. “En el siglo X no se puede hablar de la Navarrería, habría que hablar de Iruña, que todavía no es la que resurge hacia 1320, sino la civitas episcopalis. Había una especie de régimen teocrático en el que el obispo es el señor territorial”. 

 2. Fundación del burgo de la Navarrería 
“Aparte de que no se funda en la fecha en que se indica, no se puede hablar de burgo. La Navarrería es la población inicial, la que tiene estatuto de ciudad. Los burgos nacen separados de esta –ocurre en muchas ciudades de Europa–, y tienen un estatuto jurídico distinto. En los siglos XI al XIII, los de la Navarrería son labradores o menestrales del obispo y del cabildo, como en otros lugares lo eran de un señor feudal. En cierto modo se empiezan a asemejar a un burgo a partir de 1319, cuando el obispo cede la jurisdicción territorial de la Navarrería al rey”. 

3. El burgo de San Miguel 
El texto de Conocer Pamplona se refiere a la Navarrería, San Cernin y San Nicolás. “Pero se ignora al burgo de San Miguel (ver vídeo), que estaba anexo y contiguo a la Navarrería y se destruyó en la guerra de 1276”. 

4. Las fiestas de San Fermín 
Según el programa para escolares del Ayuntamiento de Pamplona, “la fiesta de San Fermín no surge hasta el siglo XVI”. Juan José Martinena cree más probable que se empezó a celebrar en el siglo XIV, cuando el rey Carlos II deposita una reliquia en la parroquia medieval de San Lorenzo. “Lo que ocurre es que las actas del Ayuntamiento solo se conservan desde el año 1550, pero para entonces eran ya algo conocido y tradicional”. 

5. “Tradición”, no “leyenda” 
Sin salir de las referencias al patrón navarro, el programa Conocer Pamplona, menciona el bautizo de San Fermín por parte de San Saturnino, “según la leyenda”. La expresión adecuada sería, “según la tradición”. 
¿Y por qué no esta Catedral románica del siglo XII? Interpretación de Martín Larráyoz
6. La catedral de Pamplona 
En este caso, la crítica del historiador pamplonés se refiere a la imagen utilizada para recrear la catedral de Pamplona en uno de los puntos de la línea temporal referida a la arquitectura medieval. La ilustración muestra la fachada de Ventura Rodríguez realizada en el siglo XVIII. “Aunque hay noticias fiables de cómo pudo haber sido la fachada original. Se podría poner una imagen del claustro, que la gente lo identifica y es medieval”. Según Martinena, tampoco se dice nada de la catedral prerrománica, “que la hubo, y no hay duda de que existió antes de la románica del siglo XII”. 

7. El castillo de Luis I el Hutín 
El programa Conocer Pamplona ubica su localización donde ahora se encuentra el Hotel La Perla, en la Plaza del Castillo. “La torre apareció hace un año debajo de donde estaba el bar Tropicana. Solo en el caso de que tuviera una planta rectangular excesivamente alargada podía llegar hasta La Perla. El castillo de Peñafiel, donde nació el príncipe de Viana, también tiene una planta prolongada. Y hay que tener en cuenta que, en el momento que se construye, la Navarrería está arrasada; ello explicaría su emplazamiento escasamente estratégico, como se vería años más tarde”. 

8. El Privilegio de la Unión y el derribo de las murallas 
Portalapea
El texto de Conocer Pamplona asegura que con el Privilegio de la Unión de 1423, “se derribaron las murallas” que separaban los burgos. “Si hubieran leído el Privilegio habrían visto que en el capítulo XII dice: ‘No se hagan nuevas murallas a día de hoy, más las que están, que se mantengan y si caen, que se rehagan’. “Su desaparición fue un proceso largo. Las puertas de Portalapea y de San Lorenzo se mantenían en pie todavía en 1800 y las murallas se fueron asimilando urbanísticamente a medida que se construían casas que se apoyaban sobre esos muros”.

9. El rey tras el Privilegio de la Unión 
El programa didáctico asegura en el punto dedicado al Privilegio de la Unión (1423) que “el rey pasó a ser el único señor de la ciudad”. Martinena asegura que el señorío había pasado del obispo al rey un siglo antes, “con la cesión de 1319”. 

Gentileza de Jose Castells
10. La confusión entre Castilla y España 
Según el texto de Conocer Pamplona, “Navarra fue conquistada por Castilla/España”, binomio que aparece en varias ocasiones en el relato. “La conquista la hace Castilla y es cierto que en la crónica aparece en algún momento la palabra España. Sería un término más moderno. De hecho, hasta que entra el sistema constitucional de 1836, los reyes, hasta Fernando VII, firman como reyes de Castilla, Aragón, Valencia, Mallorca... Es decir, con la intitulación medieval”, apunta el historiador. “En cuanto a la palabra España, conviene recordar que la primera página del Fuero General de Navarra (1238) dice: ‘Aquí comienza el primer libro de los fueros que fueron fayllados en Espayna...’, añade. 

11. Luis de Beaumont y la conquista de Navarra 
Balcón a dos calles del Palacio del Condestable | ©Joseba Aldaz
El de Luis de Beaumont es quizás el retrato más caricaturizado que ofrece Conocer Pamplona. “Es el mejor ejemplo de colaborador con los invasores de Navarra. ...era bajito, fornido y que quien cenaba con él, no sabía dónde iba a comer al día siguiente”, dice el programa escolar. Como asegura Martinena, “si Luis de Beaumont murió en 1462, poco pudo tener que ver con la conquista de 1512. Tampoco se debe olvidar el hecho de que Pamplona era una ciudad mayoritariamente beaumontesa. Cuando en 1471 un regidor quiso abrir una de las puertas a los agramonteses, dicho regidor fue ejecutado y aquella puerta pasó a llamarse durante mucho tiempo la puerta de la traición. De hecho, el condestable tenía la casa (ver imagen) en lo que entonces era el corazón de Pamplona (en la actual calle Mayor)”, explica Martinena. 

12.  ¿La Inquisición en Pamplona? 
Juan de Albret y Fernando el Católico
El recorrido histórico de Conocer Pamplona dedica una entrada a la Inquisición española. “No sé hasta qué punto, en algo que quiere ser una aproximación a la historia de Pamplona, se puede considerar imprescindible este epígrafe. Los procesos más conocidos, como el de Zugarramurdi, no afectan directamente a la historia de Pamplona, sí acaso a la de Navarra”. 

13. Juan, no Juana de Albret 
El texto dedicado al monarca Juan de Albret se ilustra con la imagen de una mujer, la reina Juana de Albret. “No sé por qué se recurre a esta efigie cuando existe al menos una del rey don Juan que ya ha sido publicada en alguna ocasión. Su mujer y reina “propietaria” del reino era Catalina de Foix, a la que recientemente se le ha dedicado la avenida del Ejército”, recuerda Martinena. 

14.  Ignacio de Loyola y los legitimistas 
La entrada dedicada a Ignacio de Loyola dice que “cayó herido en Pamplona defendiendo las armas de España contra los legitimistas navarros”. Martinena corrige: “Junto con el ejército francés vinieron un número indeterminado de fuerzas navarras agramontesas, lo cual facilitó la entrega de la ciudad. Pero tras la toma del castillo, la bandera que se puso en él fue la del rey de Francia, no la de Navarra, lo que constituyó una decepción para los legitimistas navarros” agrega.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Clínica San Miguel y Campo de San Juan

En origen no tenía porche, sólo tejadillo
Llevaba unos días queriendo ubicar exactamente la primitiva Clínica San Miguel, junto al viejo San Juan, y, casualidades de la vida, el artículo de ayer en DN con motivo del centenario de dicha clínica me ha venido de perlas.
Y es que en ningún sitio dan la ubicación exacta, sino vaguedades como “en las proximidades del Camino de Barañáin”, "cerca de donde luego se construiría el Campo de San Juan"...
Las dos magníficas fotos que aporta este artículo no dejan lugar a dudas.
Cuando miraba el Campo de San Juan en el SITNA de 1929, veía que había varias construcciones candidatas, y con las fotos que tenía en mi poder no acababa por decidirme por ninguna.

V: villas médicos; CL: Clínica con accesos en ángulo; amarillo: Camino Barañáin

Clínica San Miguel (3ª x izda.) y chalets, de Leoncio Urabayen h. 1920
Hablando con mis amigos, Homero y Hesíodo, me lo corroboran. Hesíodo, con muy corta edad, tuvo ingresada a su madre durante tres meses y desde la parte más alta que mira al Campo se vio varios partidos de Osasuna. La distancia al terreno de juego son 60 metros. Me dice que ese mirador era escasamente solicitado.
En cambio, la "torre de los frailes" (Villa Muguiro), en el ángulo sudoeste, sí que era un mirador muy apetecido y que en todas las fotos aparece repleto, predominando proporcionalmente los curas. Hoy esa torre desaparecida ocuparía la mitad de la calzada de la calle Monasterio de Urdax, a escasos 25 metros del cruce con Avda. Barañáin.
Como anécdota, me cuenta Homero que en los años 50 era muy habitual en todos los campos el marcador simultáneo "Dardo", donde en vez de los equipos aparecían marcas comerciales. Las claves te las daban si comprabas la prensa u otros productos.

CLÍNICA SAN MIGUEL                                                                                             A.O. Pamplona
Hace más de un siglo, en marzo de 1918, dos doctores, Daniel Arraiza y Victoriano Juaristi, presentaban en el Ayuntamiento de Pamplona una solicitud para construir en terrenos de su propiedad, “en las proximidades del Camino de Barañáin”, un edificio destinado a clínica. Su petición llegaba acompañada por los planos dibujados por el arquitecto José Martínez de Ubago. Año y medio después, el 29 de septiembre de 1919, se inauguraba la primera “clínica operatoria” de Pamplona, la Clínica San Miguel. Apenas tres años después se levantaría junto a ella el campo de fútbol del San Juan, sede de los partidos de Osasuna.
Txokoberri, en Mº de Tulebras, casi clava la posición de la Clinica San Miguel
Con esta imagen, en cambio, no me aclaré
El periódico del 30 de septiembre de 1919 describía con detalle la celebración a la que habían acudido prácticamente todas las autoridades de la ciudad. Contaba que, además del “edificio técnico” que disponía de sótano y tres plantas entre los que se repartían los laboratorios, consultorios, salas de curas y rayos X, 12 habitaciones y sala de operaciones, disponía de dos villas adyacentes para los médicos. Las hermanas Terciarias se hacían cargo de atender a los enfermos y quedó instituido que los jueves se destinarían para la atención gratuita de los pobres. El edificio fue remodelado en 1948 para añadirle más servicios.
Victoriano Juaristi con algunos familiares y amigos delante de su domicilio en el recinto de
San Miguel en torno a 1923. (Es posible identificar entre los que están de pie a don
Victoriano, su hijo Carlos y Pío Baroja y sentadas a Adriana Acevedo y Reshu Juaristi)
Aquella primera Clínica San Miguel fue toda una institución para Pamplona, precursora de la actual levantada en Beloso e inaugurada en septiembre de 1980. Unos meses antes, en febrero, las máquinas habían demolido el edificio original del barrio de San Juan.
El DN del 04.05.2017 recordaba los 50 años sin el Campo San Juan.
No es difícil reconocer la Clínica y el Chalet de los Frailes
Siluetas del Campo San Juan y la Clínica San Miguel
Magnífica imagen que me envía José Castells Archanco del chalet de Erroz, sobre el que se construyó en 1964 la Torre de Erroz, con planta en forma de mariposa. Tras el chalet, se ve la Clínica San Miguel. Fijaos en la bruja de la chimenea

lunes, 16 de mayo de 2016

Pablo Larraz: Los grafitos de San Zoilo

Uno de los grafitos mejor conservados en San Zoilo y que representa 
a una galera típica de la primera mitad del siglo XVI
Muchos pasamos por San Zoilo, vimos los grafitos y no le dimos mayor importancia. Pablo Larraz los vio, puso todo su empeño y... esto que vais a leer es un avance de los resultados.
Gracias, Pablo, por compartir tus investigaciones.

Actualización 30.05.16
Pablo Larraz me manda el enlace a un artículo publicado en ABC el 27 de mayo titulado La toma de Túnez oculta en una ermita navarra, con un vídeo que os destaco aquí:


***
La presencia de grafitos navales del interior de la ermita de San Zoilo de Cáseda, edificada en el siglo XIV, es desde hace muchos años un enigma sin resolver. Conocidos “desde siempre”, motivo de curiosidad y especulación, nadie hasta el momento ha sabido explicar su origen en el interior de una ermita “de secano”, llegándose incluso a dudar de que se trataran de algo más que “de una gamberrada”.
Cuando Pablo Larraz  Andía se estableció como médico rural en Cáseda (hace cinco años), también se cuestionó el origen y el sentido de los mismos, proponiéndose desentrañar aquel misterio.  Un apasionado de la Historia y con raíces familiares en esta Villa aforada, Larraz, cuenta en su haber con cinco libros que han versado sobre aspectos sanitarios y militares, y experiencias personales en torno a guerras carlistas y la guerra civil. En esta ocasión, en su investigación retrocedería significativamente en el tiempo.

Conjunto de la ermita y dependencias de San Zoilo
Muchas tardes, después de consulta, acudía al templo acompañado de lápiz y cuaderno, y con ayuda de diferentes de técnicas de iluminación y mucha paciencia, trató de identificar e ir reproduciendo los dibujos, muchos de ellos muy deteriorados y casi inapreciables por el paso del tiempo.

El resultado, tras meses de trabajo, fue sorprendente. Más allá de los dibujos más visibles, logró identificar un total de 40 grafitos, algunos de gran tamaño, y muchos desconocidos. Un conjunto formado por 13 embarcaciones navales, 5 fortificaciones terrestres, 12 figuras humanas, y 10 inscripciones en diferentes tipos de letra, todos ellos coetáneos, realizados por un mismo autor, y que parecían corresponder a un grupo representativo.

Detalles de galeras
Entre los barcos, logró identificar tres galeones, cinco galeras y otro tantos esquifes o embarcaciones menores, que por sus detalles y aparejos, correspondían a naves construidas en la primera mitad del siglo XVI. Todas fondeadas, fuertemente armadas con numerosos cañones sobredimensionada, muchos de ellos disparando, y una de ellas enarbolando la Cruz Borgoña, símbolo de los Ejércitos de España durante más de dos siglos.
Entre las figuras humanas, destaca la presencia de varios guerreros armados con escudos y alfanjes (espadas de filo curvo) y prendas de cabeza propias del ejército Turco. Otras, en cambio, aparecen manejando cañones o enarbolando en combate banderolas y cruces cristianas.
Además, identificó la presentación de cinco fortificaciones terrestres con almenas triangulares propias de la arquitectura militar árabe y, encaramadas a ellas, dos “bastidas”, maquinarias de guerra construidas en la antigüedad como torres de madera para el asalto de murallas.

Dibujos realizados por Larraz sobre una parte de los grafitos pintados en los muros.
Entre las inscripciones que se conservan –muchas incompletas-, destacan dos de gran tamaño, en letra capital, presididas por sendos “Vítores” (anagrama simbólico de la victoria) con nombres que podrían corresponder a inscripciones conmemorativas de “caídos” en la batalla.
Otra hace mención expresa al nombre de una de las embarcaciones representadas: la galera “Capitana de Nápoles”, buque capitán de la escuadra española de galeras de Nápoles.
Significativamente, el autor de los dibujos estampó su firma en lugares: una en latín y a gran tamaño “Lubián me fecit”, y otra, más pequeña, en letra bastardilla “Martín de Lubián”.

Con estos indicios, Pablo Larraz continuó su investigación en diversos archivos, tratando de recabar datos que pudieran encajar el puzle.
Estableció contacto y colaboración a partir de entonces con Pedro Fondevila Silva, capitán de navío y profesor de la Cátedra de Historia Naval de la Universidad de Murcia, quizá la máxima autoridad en el mundo de la historia de las galeras. Éste se desplazó desde Cartagena hasta Cáseda para estudiar in situ los grafitos y corroborar su autenticidad, como así fue, destacando la singularidad e importancia del hallazgo. En su opinión, podía tratarse de un caso único en España: la excepcional representación a través de conjunto de grafitos de un acontecimiento militar naval de envergadura y a través de una historia personal en el interior de una ermita no costera.
Pero, ¿quién fue el autor de los dibujos, y qué es lo que quiso representar en las paredes de la ermita de San Zoilo?

Firma Lubián
Sin estar completamente cerrada la investigación, todo parece apuntar como autor a Martín de Lubián y Ochoa, clérigo casedano, que antes de desempeñar el cargo eclesiástico había ejercido como capellán de los Tercios de España en primera mitad del siglo XVI en sus campañas contra el Turco en el Mediterráneo.
Al regreso de las campañas, y ser nombrado cura y beneficiado de la Iglesia de Santa María de Cáseda -de la que dependía la ermita- quiso representar en las paredes de la ermita el mayor acontecimiento militar del que había sido testigo y partícipe, y que suponía también una victoria de “la Cristiandad frente al Infiel”: el asedio y conquista a los turcos de una gran plaza fuerte costera de Túnez, en 1535, bajo el reinado de Carlos V.
De esta forma, Martin de Lubián, ayudado de andamiaje y escaleras, dedicó varios días para elaborar el conjunto de grandes dimensiones, ocupando en altura la mayor parte de los muros Norte y Sur del templo, y para el que empleó con pigmentos de “negro de humo” (aceite mezclado con carboncillo de madera).
 A través de dibujos esquemáticos de escaso valor artístico pero gran expresividad narrativa, Lubián trató de representar la llegada a Túnez de la Armada de Carlos V, el asedio, combates y asalto de las fortificaciones turcas e, incluso, la sublevación de los prisioneros cristianos en la Alcazaba.
En dos imágenes, incluso, en medio del combate, se intuye la presencia de un personaje subido a una escala y enarbolando la cruz. ¿Un autorretrato, quizá?

Pablo Larraz Andía señala, ante Luis Sola, una de las figuras humanas que representa a un guerrero del ejército turco con su característico turbante culminado en pluma y su espada. GOÑI
Lo cierto es que, en archivos y documentos, la presencia de oficiales y soldados naturales de Cáseda y otros pueblos del entorno en los Ejércitos de España es una constante durante las campañas de los siglos XVI y XVII, una etapa de especial desarrollo económico y proyección para muchos navarros en Europa y América. Mención especial merece Miguel Guerrero de Cáseda, teniente que estuvo al cargo del castillo de la ciudad de Capua, en Nápoles, autor junto a su cuñado Marcos de Isaba de un conocido tratado sobre la milicia española, publicado en 1594.
Parte de este enigmático conjunto de grafitos, de gran singularidad y valor histórico, es lo que ha llegado hasta nuestros días, y que la Asociación de Amigos de San Zoilo tratará de poner en valor para el futuro.
Panorámica muro norte
LOS LUBIÁN: UN LINAJE EN DECADENCIA
Los Lubián –apellido actualmente desaparecido en Cáseda-, aparecía ya desde 1439 en documentos como hombres al servicio de la corte de los reyes de Navarra. Mossen Miguel de Lubián, abuelo del autor de los dibujos,  fue recompensando en varias ocasiones  por el Rey Juan II y la princesa Leonor por sus servicios, en particular por su actuación durante la guerra civil de Navarra como alcaide de Eslava la defensa de los castillos de Cáseda y Eslava frente a los Beamonteses partidarios del Príncipe de Viana, en 1451.
Escudo de los Lubián en Lerga
Establecidos en Cáseda al menos desde 1498, la saga de los Lubián se vería envuelta durante dos siglos, en más de 100 pleitos y procesos por las cuestiones más diversas: derechos, deudas, tierras, injurias… El más significativos de todos ellos consistió en la reclamación del reconocimiento oficial de su condición de hidalgos, debido a que algunos paisanos de Cáseda aseguraron en sus declaraciones al fiscal que los Lubián  descendían en realidad “de un esclavo moro al que Mossen Miguel del Lubián trajo de una de sus campañas, y que, al no tener descendencia, había otorgado libertad, apellidos y herencia”. Durante más de sesenta años los descendientes de aquel Lubián pleitearon tratando de rebatir aquellas tesis; hasta que finalmente, en 1602, se reconoció por sentencia su limpieza de sangre su condición de hidalgos, con derecho a privilegios y uso de escudo: “dos castillos y dos ondas de mar en campo de gules”.
A pesar de ello, en el siglo y medio siguiente, la presencia de los Lubián languideció en Cáseda y su entorno, acosados por deudas y pleitos, viéndose obligados muchos de emigrar para establecerse en otros lugares de la corona o diluyendo el apellido en algunas familias.
Quizá, su último rayo de esplendor lo encarnaría Fermín de Lubián y Sos, el que fuera prior del cabildo de la Catedral de Pamplona y prestigioso cronista del siglo XVIII, cuyos restos reposan en la papilla Barbazana.

Toda esta historia, surgida en torno a los enigmáticos grafitos de San Zoilo, verá la luz próximamente en una publicación que ultiman Larraz y Fondevila.

Si queréis más información, Pablo Larraz y Pedro Fondevilla presentaron un avance de su investigación sobre los grafitos navales de la ermita de San Zoilo de Cáseda en el número 262 de 2015 (pinchad en "ver PDF") de la Revista Príncipe de Viana.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Contradicciones históricas del patriota vasco de Navarra


Defiende el autor, Pedro Muneta Irujo, que la Historia de Navarra da giros sorprendentes y es mucho más compleja de lo que sugieren los tebeos infantiles -de buenos y malos- de Asirón y similares, presentes, por desgracia, en todas las bibliotecas públicas de Navarra.
No hace mucho, tras leer algo que yo había publicado, un (¿qué pongo?) me decía:
Por suerte no leo estos blogs ...la de gilipolleces que escribe la gente...o te crees que la sociedad se ha quedado aislada y encerrada y se cree lo que le dice el médico,el so-cerdote el maestro, el terrateniente.... Realmente te piensas que la gente es estúpida? JAJAJAJA, QUE LEEMOS HISTORIA, POR CUENTA DE JOSEBA ASIRON!!!!

Contradicciones históricas  del patriota vasco de Navarra 
Sugiero al profesor Luis Landa el Busto, por aquello de  que libros sobre el tema tiene,  que nos deleite con algún artículo  sobre el rey Sancho III el  Mayor, el que gobernó sobre  toda la España cristiana en el siglo XI. El  mismo que por alguna razón extraña para  los secesionistas, quiso ser enterrado en el  monasterio de Oña, en Burgos. También  sobre Sancho VII el Fuerte. El último rey  autóctono de Navarra, el de la batalla de las  Navas de Tolosa en la provincia de Jaén.  Aquel año de 1212 marchó junto con otros  reyes cristianos contra el enemigo común  de aquella época. 
Como me parece importante en estos  tiempos de manipulación de la historia de Navarra que buscan servir a intereses partidistas,  glosaré algunas de esas contradicciones.  Durante la guerra incivil que asoló  a Navarra en el siglo XV se da la circunstancia  que para el ideario secesionista vasco,  los agramonteses son los auténticos depositarios  de la defensa de la libertad de  Navarra. Debemos recordar que este clan  nobiliario  defendía que fuera rey Juan II el  Grande, rey de Navarra, después lo fue de  Sicilia y de Aragón, nacido en Medina del  Campo, en Castilla, príncipe de la familia  real de los Trastámara, dinastía real de origen  castellano. Frente a ellos, los beamonteses  apoyaban a su hijo Carlos, el príncipe  de Viana, nacido del primer  matrimonio con  Blanca de Navarra. Ambos  se enfrentarán en  octubre de 1451 en la batalla  de Aibar, donde  Carlos, el hijo, fue derrotado  y hecho prisionero  por su padre. 
Juan II el Grande, el  rey de Navarra, el de los  agramonteses, hoy patriotas  vascos, viudo de  la reina Blanca de Navarra, se casó en segundas  nupcias con una noble castellana,  Juana Enríquez, que dio a luz en Sos ( Sos  del Rey Católico ) a Fernando II de Aragón,  Fernando el Católico
Fernando el Católico, rey de Aragón, fallecida su esposa la reina Isabel la Católica  un año antes, se vuelve a casar en 1505 con  Germana de Foix, prima hermana de la  reina navarra Catalina de Foix y sobrina  del rey francés Luis XII. 
El mismo que llegado 1512, en su guerra  contra Francia, manda invadir Navarra,  bajo el mando del II duque de Alba de Tormes,  Fadrique Alvarez de Toledo y Enríquez.  Y ya saben, que el ejército castellano  hablaba euskera, pues se componían también  de guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos.  Además de los navarros beamonteses,  no se olviden. Así que acabó siendo  una guerra dinástica. Similar a lo acaecido  tres siglos después con las guerras carlistas.  La primera, entre los partidarios del  infante Carlos María Isidro de Borbón,  hermano de Fernando VII, y los liberales,  defensores de Isabel II de España y de la  regente, su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Con un año memorable  para los navarros, sean carlistas o liberales, 1841, con la firma de la Ley Paccionada,  tras la Ley de Confirmación de los Fueros  de Navarra, de dos años antes. 
Y los mismos guipuzcoanos, que pertenecían  a Castilla, fueron los que arrebataron  en 1515 los cañones en el puerto de Velate al ejército francés que apoyaban a los  reyes navarros Juan y Catalina. Cañones  que fueron llevados a su escudo hasta que  la mala conciencia por el agravio cometido  a Navarra les hizo quitarla ya en democracia. Conciencia mal entendida, porque la  historia se lee, se estudia y en ocasiones se  revisa permanentemente para condenarla  y no repetirla, pero no se manipula. 
Guipuzcoanos ilustres como Ignacio de  Loyola que cayó herido en Pamplona en  1521 defendiendo a las tropas del emperador  Carlos I deEspaña del asedio de los  franceses que querían recuperar Navarra. 
Guerras en las que el pueblo sufría las  consecuencias y donde en ocasiones la historia  da la vuelta 360 grados. En 1700 sube  al trono de España Felipe V, duque de Anjou,  de la casa de los Borbón. Hoy reina en  España, y por tanto en Navarra, Felipe VI,  descendiente de los reyes navarros Juan y  Catalina, a partir de su tío el rey francés  EnriqueIV (el de París bien vale una misa).  Imagino que dejando descolocados a los  patriotas vascos y secesionistas de Navarra.  O no, porque ni ese hecho ni ningún  otro les impide trabajar por lo que ellos llaman  Euskal Herria. 
Nos queda pedir desde estas líneas a todos  aquellos que saben la Historia de  nuestro viejo Reyno que la difundan. A las  organizaciones civiles y políticas en Navarra, que hagan lo propio. Ya les adelanto  que deberá ser bastante la pedagogía para darle la vuelta a tantos años de adoctrinamiento  de aquellos que creen en la otra  Navarra.  
Pedro Muneta Irujo es licenciado en Derecho

sábado, 18 de julio de 2015

Asiron, historiador. Y coherente donde los haya

Portal de Francia. Tras la conquista, Navarra empezó a tener virreyes ("prorex")
Hace unos días salió este interesante artículo de Iñaki Iriarte sobre la objetividad como historiador de Joseba Asirón Sáez. 
Por cierto, tiene gracia que a nuestro alcalde no le gustan las españolísimas tildes de sus apellidos y los escribe sin ellas. Es su problema. Pero luego que no se queje de cómo la gente los pronuncia (sobre todo el 2º). Yo, porsiaca, sigo a Wikipedia.

Asirón, historiador
Que no hay una sola forma de contar la historia, es algo fuera de toda duda. Que, inevitablemente, la ideología del historiador condiciona su relato del pasado, también. Sin embargo, la conciencia de ello no debería llevarnos a creer que, puesto que la objetividad es inalcanzable, tenemos carta blanca para dar rienda suelta a nuestros prejuicios y hacerlos pasar como conocimiento histórico.
El nuevo alcalde de Pamplona, el Sr. Asirón, profesor hasta ahora en una ikastola, es autor de varios libros sobre historia vasca. Una curiosidad (malvada, lo confieso) me ha llevado a buscarlos en la biblioteca del barrio. Desafortunadamente, sólo he dado con uno, en la sala infantil. Un cómic sobre la conquista de Navarra, con guión de nuestro alcalde y dibujos de Martín Altzueta, titulado: “1512. Navarra: El sueño roto”.
El libro es un ejemplo perfecto de lo que un nacionalismo sin escrúpulos puede llegar a hacer a fin de adoctrinar a jóvenes y niños. Subrayo lo de “sin escrúpulos”, porque hay y ha habido nacionalistas, también vascos, con un grado de respeto por el rigor y su propia forma de pensar encomiables. ¿Roberto Alcázar y Pedrín? ¿La Enciclopedia Álvarez? “Navarra: el sueño roto” no les va a la zaga y continúa en la senda inaugurada por la terrible “Historia de Navarra” en cómic, publicada en 1980, y lamentablemente reeditada hace un año. La manipulación es de trazo tan grueso que la lectura se torna desternillante. Para que se hagan una idea: si alguien en la FAES hubiese escrito una historia del terrorismo tan simplista, recomendaría cuidadosamente a mis hijos que la evitaran y acudieran a textos menos burdos. El alborozo, sin embargo, se convierte en indignación cuando recuerdo que el libro está destinado a jóvenes sin formación (o, todavía peor, con “formación del espíritu nacional a la vasca”), que incorporarán como propia una visión del pasado que les llevará a considerar traidores a todos los que no sean abertzales.
Verán. La historia para Asirón es simplísima. Hay buenos, muy buenos. Buenísimos. Son los vascos, los navarros, que son la misma cosa, porque como se hace decir a un personaje guipuzcoano: “¡Yo soy más navarra que vosotros!”. Por descontado, estos buenos son campechanos, nobles, jatorras, como la clientela de una Herriko Taberna. Luego están los malos, los muy, pero que muy, malos. Son los invasores, los castellanos, los españoles. Repulsivos física y moralmente. Odian a los navarros. Son mucho peores que los musulmanes que invadieron España en el siglo VIII, porque, al menos, éstos “dejaron también un beneficioso legado cultural en Euskal Herria”, dice Asirón, mientras que los invasores españoles sólo dejaron tras de sí “miseria y destrucción”. Con todo, los peores entre los malos son los navarros que les apoyan. Su jefe y arquetipo es el Conde de Lerín. Un afiliado a UPN avant la lettre, para entendernos. Estos traidores fomentan la guerra civil entre agramonteses y beaumonteses. Y es que, en efecto, los españoles no están dispuestos a “consentir la existencia de una Navarra unida, estable, pacífica e independiente”. Se pueden imaginar el resto. Los buenos son aplastados por los malos. Entonces pasan a la clandestinidad. Se ponen motes - como harán siglos después los “gudaris” del cochebomba- y hasta piercings en la oreja. Preparan el alzamiento que limpie Navarra de sangre extraña. Por desgracia, fracasan, pero un día, ¡Navarra volverá a ser independiente! ¡Pese a esa “diputación sumisa y controlada desde Madrid”, digna sucesora del Conde de Lerín!
Mantener este relato tan patéticamente pueril de la historia lleva al guionista a ahorrar al joven lector multitud de informaciones incómodas. Por ejemplo que los agramonteses -descritos como patriotas navarros-, habían apoyado anteriormente a Juan II de Aragón contra el Príncipe de Viana. O que los carlistas, que en el epílogo se nos cuenta habían luchado por “los viejos fueros vascos”, luego combatieron también contra la II República y eran, no solo enemigos declarados de la democracia, sino también acérrimos españolistas. Asirón omite también toda referencia sobre las llamadas dinastías francesas, que reinan en Navarra tras la muerte de Sancho el Fuerte y dejan en muy mal lugar el mito de nuestra secular independencia…Estos y otros silencios son comprensibles: a la historia abertzale le espanta el rigor. Lo importante es transmitir una visión maniquea del pasado y el presente. ¿Lo terrible de todo esto? Que esta joya de la historiografía se halla en todas las bibliotecas públicas de Navarra.
Iñaki Iriarte López es profesor de la EHU/UPV y parlamentario foral por UPN


Cartas de los lectores
Curioso que en un asunto familiar (la comunión de su hija), donde bien podría aplicar sus criterios personales, trague y entre en la iglesia, y cuando, como alcalde, tiene que representar a su Ciudad, sea tan puretas (procesión sí, misa no). Se intuye quién lleva en su casa la vara de la alcaldía

Primeras incoherencias
Cuando el alcalde salió elegido, pensé “le daremos tiempo para opinar, pues el tipo se demuestra andando”. Poco nos ha hecho falta para verle el plumero. Si algo no nos gusta a los navarros es la prepotencia, la falsedad y la incoherencia.
Ya en el chupinazo apuntó malas maneras y prepotencia al imponer (con premeditación, pues ya había colocado el mástil) la ikurriña, que sobraba en el balcón pues no es de nuestra comunidad y no nos representa. Tenemos la nuestra que con orgullo la sentimos. Si por orden judicial se la hubieran hecho quitar, ya habría cumplido su objetivo: estar presente en el momento oportuno. A eso se le llama prepotencia y no jugar limpio.
En segundo lugar, la procesión. Asirón dijo que no iba a entrar al oficio religioso, pero sí a la procesión. Le recuerdo al señor alcalde que la procesión también es un acto religioso (pero parece ser que el clamor del pueblo engorda “su ego”). En esos momentos va como alcalde de Pamplona, representa a los pamploneses, le guste o no, está en el sueldo.
Le vi marcharse por la puerta de atrás de San Lorenzo y me sentí decepcionada, mal; y más cuando pensé en que su hija no hace mucho hizo la primera comunión y entonces no tuvo inconveniente. Por eso digo que a los pamploneses no nos gusta la prepotencia, la falsedad, ni la incoherencia. A ver si toma nota y mejora.
SAGRARIO JIMÉNEZ

lunes, 3 de febrero de 2014

Pamplona, casa de Zumalacárregui: un barandado "cañón"

Antes de la restauración (imagen de Google)
La casa "de" Zumalacárregui
El jueves 30 de enero de 2014 saltaba la noticia de que la vieja casa en la que vivió Zumalacárregui se había
transformado en un edificio domótico. Las obras han respetado la parte de la fachada donde se encuentran los miradores y el escudo abacial del Monasterio de Urdax, de la Orden de los Premonstratenses, a la que pertenecía el edificio cuando D. Tomás salió de ella por el Portal de Francia el 29 de octubre de 1833 (así dice la placa en dicho Portal) para ponerse al frente de los ejércitos carlistas.
Iñaki Lacunza, Trovador de Pamplona, en un bellísimo tango dedicado a esa Puerta del Abrevador, nos recuerda esa salida:

un día que, embozado, la cruzó un general, 
en servicio a Don Carlos, para alcanzar gloria
y ser inmortal.

La preocupación por el futuro del número 25 de la Calle del Carmen siempre ha estado en la mente de todos los pamploneses. Y no sólo de los pamploneses. Este recorte de La Vanguardia (2ª columna, final) de hace 44 años así lo confirma.