![]() |
| El curioso caso de nuestros pueblos en -áin (pincha) |
Nos dijeron que en el Paraíso se hablaba en vasco, hasta el follón de la Torre de Babel.
Nos dijeron que como los niños al nacer lloran "aaaa" y las niñas, "eeee", sus nombres suelen terminar en -a (Gorka, Joseba...) y en -e (Ane, Edurne...) respectivamente.
Nos dijeron que Navarra (toda Navarra, Ribera incluida) era la madre de Euskal Herria (la Tierra del Euskera). Hoy nos dicen que el vasco vino, hacia el siglo VI d C., del Alto Garona, al noroeste del Valle de Arán.
Nos dijeron que "agur" era la palabra vasca más bella. Hoy Luis Landa nos dice que sí que es bella, pero que proviene del latín.
“Agur” nace del latín Luis Landa
Por tanto, aparentemente es una lengua huérfana. Solo sabemos que tuvo relación con el íbero, celta, galo, gascón, latín y, posteriormente, con el castellano y el francés. Su primera expresión la encontramos de mano del romance navarro, como consta en San Millán de la Cogolla, donde aparecen las primeras palabras escritas en vascuence.
![]() |
| El vasco vino, hacia el siglo VI, del Alto Garona, al noroeste del Valle de Arán |
Nadie duda de que el idioma latino haya alimentado el vocabulario vasco con múltiples palabras. Algunos filólogos eusquéricos quieren negar la procedencia romana de muchos términos del vascuence, pero es una realidad meridiana, clara.
La palabra más utilizada e internacional es “agur”. La Real Academia dice: Agur es una expresión del vascuence que procede del latín. En internet circula esta frase curiosa: “Cuando dices agur, estás hablando en latín sin saberlo”.
Agur, aunque suene muy vasco, tiene su origen en la palabra latina “augurium”, que se traduce como buen agüero o excelente suerte. Un segundo significado se interpreta como saludo, prosperidad, utilizado tanto para recibir a una persona como para su marcha, es decir, sería como “hola, adiós, shalom”. No obstante, en la terminología euscaldún ha quedado como “despedida”. En la Edad Moderna, “agur” ya era utilizado como un modo de expresar reverencia, equivalente a una inclinación del cuerpo, hacia otro ser humano destacado o en el encabezamiento de una carta o escrito oficial.
![]() |
| Zona sombreada: 66 pueblos en -ain |
En la 2ª República Española para desechar el aspecto religioso de “a-diós” se popularizó “abur”. En 1932, la primera escuela vasca fue inaugurada en Estella por la maestra Petra Azpíroz de Leiza, pero en el golpe militar del 36 fue clausurada por el comandante Sanz Iturria, quemando los libros, prohibió utilizar el euskera y por supuesto “agur”, recuperándose el "adiós".
Actualmente, repito, cientos de palabras son atribuidas al vascuence cuando en realidad su nacimiento o préstamo es latino: eta de “etiam”, debekatum de “peccatum” (prohibir), sakratu de “sacrare” (jurar), Arakil de “Ara-Coeli”, o el término landa (apellido del autor) del latín “planta-ae” (vegetal); por eso -landa etxea- significaría choza rodeada de plantas. Sin olvidar todos los nombres o pueblos provenientes del latín, acabados en -anum o-ain, como Marcaláin, Barañáin, Labiano, Barbarin o Luquin, que se traduce terreno agrícola propiedad de Marcelo, Veriniano, Flaviano, Bárbaro o Lucius.
Sin duda que “agur” se ha convertido en la palabra clave del vasquismo, un símbolo, un sentimiento; la más aceptada, la de mayor uso y utilización social y de la que todos se sienten orgullosos.
Ya en 1588, al referirse a ella, se afirmaba: “Agur es tenida en gran veneración, grandeza y cortesía, ninguna se le iguala”. Quizás la expresión ha llegado a tal universalidad que se ha devaluado. Habría que resguardarla, mimarla para casos más especiales. Es decir, reservarla para dar la bienvenida o despedir al mejor amigo, al familiar entrañable y, sobre todo, para el abrazo y el adiós a los fallecidos. En el s. XVI se recomendaba utilizarla solamente en casos especiales y a personas destacadas.
Podríamos utilizar vocablos de segunda categoría para el uso ordinario, como “agurra” (saludo), “mila esker” (mil gracias), “adio” (que Dios te acompañe) o “kaixo” (¿qué pasa, tío?).
Nada mejor para finalizar que exaltar con respeto el término más sagrado para los vascos, unido a otros reverenciales: “agur eta ohore” (las tres palabras, latinas, pincha), es decir, "buena suerte y honor", “agur eta erdi” (saludo y medio).
Luis Landa El Busto
Autor del libro en euskera “Nafarroako Historia”, editado por el Gobierno de Navarra






