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sábado, 13 de abril de 2024

La "mayoría natural", más viva que nunca

Las flechas señalan el colegio José María Huarte, en la Vaguada del barrio San Juan
"Preparé una moción que contenía tres puntos... Después de mi intervención en su defensa, fue puesta a votación y rechazada con el «rodillo» de PSN-PSOE y Herri Batasuna". 
¿40 años después se avergonzarán?

TRIBUNA JOSÉ IGNACIO PALACIOS ZUASTI
40 años después, la mayoría natural de socialistas y batasunos sigue viva
Entonces, y todavía durante muchos años, a las víctimas las enterraban en silencio, por la puerta de atrás, y parecía que molestaban
El Debate 13/04/2024 
7,00 de la mañana del 13 de abril de 1984 –ahora se cumplen 40 años–, Jesús Alcocer, comandante de Infantería retirado y propietario de tres tiendas de alimentación llega, como lo hace asiduamente varios días a la semana, al mercado central de frutas de Pamplona –Mercairuña– y se dirige a un puesto de plátanos, cuando dos etarras, por la espalda, le impactan dos tiros en la cabeza y echan a correr. 
Flores para Jesús, 13 de Abril de 2024. 
Al fotógrafo de Diario de Navarra, Jorge Nagore, le pidieron en su periódico que acudiese allí en busca de imágenes. El aviso le llegó cuando ya había pasado bastante tiempo desde el atentado y, además, estaba lejos del lugar, por lo que intuyó que no tenía ninguna posibilidad de obtener una fotografía con cierto valor informativo. Su sorpresa fue grande cuando descubrió que el cadáver aún se encontraba allí, cubierto con un chal de cuadros que justamente ocultaba la cabeza y el torso, que a su alrededor había un poco de serrín, tres o cuatro barquillas y varias pilas de cajas de plátanos, que un hombre cargaba género en su furgoneta, algunas personas conversaban con aire distraído y otra se alejaba por el muelle con una caja de fruta en cada mano. Una mujer que se secaba las lágrimas al fondo de la escena confería al conjunto el único rasgo de verosimilitud. La soledad del cadáver de la víctima de ETA mientras la vida seguía a su alrededor era la mejor imagen de lo que en Pamplona, como en muchos lugares de Navarra, del País Vasco y del resto de España se vivió durante muchas décadas.
 El coche resultó partido en dos trozos. El más pequeño salió despedido en dirección al Colegio José María Huarte.  El mayor quedó encajado bajo la parte trasera del camión señalado con la flecha
Los asesinos, Mercedes Galdós y Juan José Legorburu, huyeron en un coche, que aparcaron en las proximidades del instituto Navarro Villoslada y del colegio público José María Huarte, entre los barrios pamploneses de San Juan y Ermitagaña, y la Policía Nacional lo descubrió a las 7.45 horas. Dos policías, Tomás Palacín y Juan José Visiedo, se acercaron a pie para examinarlo a fondo en una escena que era observada por Mercedes Galdós, responsable del comando Nafarroa, que se había disfrazado de monja para no levantar sospechas. Cuando la terrorista consideró que los policías estaban lo suficientemente cerca del vehículo, accionó el dispositivo que hizo estallar la bomba, que previamente habían colocado en él, provocando una explosión que se escuchó en toda la ciudad, e hizo que los cuerpos mutilados de los dos agentes salieran despedidos completamente irreconocibles, por lo que los miembros de la Cruz Roja tuvieron que emplearse a fondo para reunir sus restos, esparcidos por la acera, en los coches aparcados, en los jardines del instituto y hasta en los cristales de las viviendas próximas.
Balduz (PSOE) fue alcalde en el año 1979 (-87) con 5 ediles y los 7 votos de HB
Aunque ese 13 de abril, viernes de Dolores, fue una de las jornadas más negras de la historia de Pamplona, y de Navarra, el Ayuntamiento de la ciudad, del que yo era concejal de la oposición por Alianza Popular, y que estaba gobernado por los socialistas con el apoyo de Herri Batasuna y, como entonces nos recordaban constantemente en las sesiones plenarias: «Formaban la mayoría natural», no tuvo ninguna reacción, ni del alcalde, ni del Ayuntamiento, que no se reunió en pleno extraordinario; tampoco hubo ninguna concentración, ni se guardó ningún minuto de silencio. Nada. Todavía faltaban muchos años para los lazos negros o azules salieran a relucir. ¡Ay si en ese momento los muertos hubiesen sido unos terroristas de ETA! ¡Qué ayes! ¡Qué imprecaciones! ¡Qué llantos! ¡Qué expresiones de coraje y de rabia habríamos tenido que oír! Pero, como era ETA la que había asesinado, imperó la ley del silencio. Porque entonces, y todavía durante muchos años, a las víctimas las enterraban en silencio, por la puerta de atrás, y parecía que molestaban.
Flores para Jun José y Tomás, 13 de Abril de 2024 40º Aniversario
El día anterior, 12 de abril, se había celebrado el primer pleno ordinario de la Corporación de ese mes y el siguiente no estaba previsto hasta el día 27, por lo que la única posibilidad que tenía en mis manos para solicitar al Ayuntamiento que condenara esos terribles asesinatos era en la siguiente Comisión Permanente, a celebrar el día 18, miércoles Santo. Preparé una moción que contenía tres puntos:
 «1.- Condenar los actos terroristas denunciados y que han sido perpetrados por ETA en las personas de los citados asesinados, Sres. Alcocer, Palacín y Visiedo exigiendo, a la vez, del Gobierno y una vez más, que actúe con todo rigor contra esta banda terrorista. 
2.- Manifestar la más enérgica repulsa contra estos vandálicos actos que han ensangrentado nuestra tierra a costa de un trabajador pamplonés y dos servidores del orden. 
3.- Expresar el testimonio de pesar de esta Corporación a los familiares de las víctimas». 
Después de mi intervención en su defensa, fue puesta a votación y rechazada con el «rodillo» de PSN-PSOE y Herri Batasuna. 
Días después, la viuda de Alcocer, María Pilar Saz Ronco me escribió una cariñosa carta en la que me agradecía «las palabras en defensa de las virtudes de mi marido».
Hoy, en 2024, ETA ya no asesina, pero sus herederos gobiernan el Ayuntamiento de Pamplona después de que el pasado mes de diciembre presentaran una moción de censura a la alcaldesa de UPN, contando para ello con el imprescindible apoyo de los concejales socialistas. Por lo que, cuarenta años después, «la mayoría natural» de socialistas y batasunos –hoy Bildu– sigue viva.
José Ignacio Palacios Zuasti fue senador por Navarra
Hemeroteca DN
"Quedó tumbado en el andén, mediocubierto con
una manta mientras continuaban las operaciones
del mercado mayorista. hasta que el Juez ordenó el
levantamiento del cadáver". (Foto JORGE NAGORE)
No me podía creer que el PSN hubiera votado en contra de una moción tan elemental y he ido a la hemeroteca. Así despachó el Ayuntamiento esa moción de Palacios tras la mayor matanza de ETA en Pamplona:
19/04/1984 Moción de Coalición Popular 
Fuera del orden del día, el grupo de Coalición Popular presentó una moción de condena y repulsa por los tres asesinatos de la mañana del pasado viernes en Pamplona. La moción exigía del Gobierno que actúe «con todo rigor contra esta banda amante de la violencia», citando a ETA-M. Igualmente, se testimoniaba el pesar a los familiares. Palacios se refirió a Alcocer, al que conocía personalmente, como un «caballero enemigo de la violencia», cuyo «único pecado fue ser leal a personas e ideas hoy no en moda, sin cambiar de chaqueta, como otros». Añadió que «hemos perdido la capacidad de asombro» y en ese sentido, lamentó que con el cadáver de Alcocer en el suelo se siguiera trabajando en «Mercairuña». 
PSOE y HB votaron en contra y derrotaron la moción.
¡Increíble!

viernes, 12 de mayo de 2023

Alimañas compasivas: Juan Carlos Arriaga

Tras las dos mujeres arrodilladas, María José Alcocer
ETA es pasado, pero sigue mandando en Bildu ahora.
Son 44 los candidatos de EH Bildu condenados por su relación con ETA, siete de ellos por asesinato y siete en Navarra:
Arriaga Martínez, número 3 en la lista de Berrioplano, fue condenado a 29 años de prisión por el asesinato en 1984 de Jesús Alcocer Jiménez.
Matan a tu padre, pero permiten que llores en el hombro del txibato que proporcionó al comando los datos precisos para su ejecución.
Placa colocada frente al Instituto Navarro Villoslada, en la Vaguada de San Juan

Historia de una foto, por Javier Marrodán
Juan Atarés fue asesinado por ETA en la Vuelta del
Castillo de Pamplona el 23 de diciembre de 1985.
Su viuda, María Luisa Ayuso, reza junto al
cadáver unos minutos después del crimen.
JOSÉ LUIS LARRIÓN
Detrás del matrimonio Caso-Usero, de pie, con una mano sobre el pecho, se ve a una joven que probablemente pasaba por el lugar del crimen. 
Se llama María José Alcocer y es periodista. Su mirada parece perdida en el infinito, pero seguramente se está mirando a sí misma: su padre, Jesús Alcocer Jiménez, había sido asesinado por ETA en Pamplona un año y medio antes, el 13 de abril de 1984. 
Era comerciante, exmilitar, había tenido algunas responsabilidades en Fuerza Nueva y fue víctima de una cacería humana que se prolongó durante años. 
Un comando de ETA lo intentó matar por primera vez el 1 de febrero de 1980: los terroristas asaltaron a un conductor en Villava, lo metieron en el maletero de su vehículo y se fueron con el coche hasta el Segundo Ensanche pamplonés. Cuando esperaban con las armas en la mano la aparición de su víctima, vieron pasar dos jeeps de la Policía Nacional, se asustaron y abandonaron el plan. 
Después de aquello colocaron una bomba en uno de los tres pequeños supermercados que había puesto en marcha en la capital navarra. 
Y finalmente lo abatieron a tiros en el muelle de Mercairuña, adonde acudía diariamente para comprar género. Su cadáver, apenas cubierto por una manta de cuadros, permaneció durante horas tendido en la plataforma de carga y descarga mientras los empleados trasegaban a pocos metros con cajas de plátanos o barquillas de hortalizas. 
Pocos días después, su hija María José se hizo cargo del negocio familiar. 
Durante meses, una de las personas que había trabajado con su padre se estuvo asomando al establecimiento para consolarla y echarle una mano. Ella agradecía el gesto y la compañía, y llegó a llorar sobre el hombro de aquel joven. 
Hasta que la policía lo detuvo un tiempo después y descubrió que había sido él quien proporcionó la información necesaria para el atentado. 
La mirada de María José Alcocer, cuando el 23 de diciembre de 1985 se encontró en la Vuelta del Castillo con el cuerpo sin vida del general Atarés, se dirige en realidad al infinito de su propia biografía.