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viernes, 16 de enero de 2026

Crucero y pila del puente de la Magdalena

1964 La colocación del crucero o cruz de término se realizó en septiembre de 1963. AMP
El Crucero y la pila, al estribo del puente de la Magdalena, guardan unos puntos oscuros -yo diría que hasta misteriosos- a los que hoy vamos a tratar de dar un poco de luz.

Otra de Urmeneta
Desde que mi padre me lo presentó de niño, siento por Miguel Javier Urmeneta una gran admiración, que ha quedado plasmada en diez entradas de este blog: por su promoción del vascuence en años de Dictadura, por la Plaza Gótica que no pudo hacer en la calle Dormitalería y por la profunda transformación del Redín, el lugar de juegos de mi infancia
Durante su alcaldía (1958-63) muchos rincones de Pamplona dejaron de ser lugares ruinosos y tristes para convertirse en atractivos y coquetos.
El 03/07/1963 aparece en DN una página entera con una entrevista al Alcalde, en la que éste da cuenta de nada menos que 25 asuntos, entre ellos el que hoy nos ocupa:
y para lograr el Paseo Panorámico que vaya desde Larraina (hoy Vista Bella) a Burlada, pasando por la cresta de las Murallas. Ahora se trabaja en la Muralla de Descalzos y en la subida de Beloso, la mejor panorámica de la Ciudad. Forma unidad con esto las restauraciones del puente de la Magdalena, por donde pasaron las legiones romanas y los peregrinos de Santiago y tanta historia y tradición. Quiero informar que el Ayuntamiento de Santiago regala a la Ciudad de Pamplona un Crucero en piedra, según la tradición jacobea, que pronto estará al estribo del Puente de la Magdalena, como en el grabado que todos conocemos. Nuestra gratitud al Ayuntamiento de Santiago.
El crucero del grabado no es una licencia
Comparemos la foto de portada con "el grabado que todos conocemos":
1887 "Regresando de la feria" Vista del Puente de la Magdalena. Axel Herman Haig. AGN
Veamos lo que nos dice Pilar Andueza Unanua, de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, sobre este grabado:
El puente, de piedra de sillería, con cuatro ojos -los dos centrales de igual tamaño-, tres aliviaderos entre ellos y tajamares triangulares reforzando los pilares, ofrece en su arranque un crucero constituido por un pedestal prismático en el que se incrusta un escudo con los cuarteles de Castilla y León y una columna corintia sobre la que se alza la cruz y una imagen de la Virgen con el Niño. Otra labra heráldica, en la que se distinguen las columnas de Hércules y una corona como timbre, se ubica en el centro del puente...  Al ejecutar el grabado final, el autor se tomó diversas licencias, inventándose elementos como los escudos de armas del puente o la casa que aparece a la derecha. Frente a ello, el perfil de la catedral y de la capilla Barbazana muestran un gran realismo.
Ciñéndonos al crucero, concluimos que, según Pilar Andueza, el crucero, prescindiendo del escudo con los cuarteles de Castilla y León, no era una licencia del grabador, Axel Herman Heig, sino que ahí estaba en 1887.
Aparte del grabado, sería conveniente encontrar alguna foto, anterior a 1900, del puente con ese mismo crucero.

1900-1963, sin crucero
En 1900 los pretiles fueron sustituidos por barandillas y aceras voladas mediante tirantes con objeto de ampliar la anchura del puente. Y el crucero, como se ve en la foto anterior a 1912, fue retirado:

El pedestal actual es el del grabado
En 1963, por las gestiones de Urmeneta y una vez desviado el tráfico por el puente de la Chantrea (inaugurado en 1960), el puente de la Magdalena vuelve a la situación anterior a 1900: con pretiles, sin aceras ni barandillas, con su joroba medieval y con crucero, como se ve muy bien en la foto de portada. Pero, atención:
Dice el DN de 08/09/1963 que el crucero del Puente de la Magdalena ha sido enviado ya desde Santiago de Compostela. "Es una magnífica obra en piedra, realizada por el joven escultor García Blanco y regalado a Pamplona por el ayuntamiento santiagués".
Pero me da la impresión de que lo que vino desde Santiago fue la columna, el capitel y la cruz, pero no el pedestal prismático y ni siquiera el realce bajo la columna, que bien pueden ser los mismos que aparecen en el grabado:
Es evidente que el pedestal y el realce (al que hay que arreglar urgentemente esa grieta) tienen otra textura y son mucho más antiguos que el fuste, que vino de Santiago en 1963. A mi juicio, son los mismos que aparecen en el grabado de 1887.

¿Y la pila de agua bendita?
Desde 1963 y a unos centímetros del pedestal y del pretil, aprovechando el rincón, hay una pila de agua bendita. 
Tiene unos finos dibujos y
 por las columnas, por el ensogado del fuste de algunas de ellas, por las cabezas de los capiteles y hasta por la cruz que aparece enmarcada (gracias, Anunchi), parece que es románica. El rebaje en la parte desde donde se toma el agua bendita, más que al uso, creo que se debe a algún accidente que tuvo. Por el color de la piedra, diferente del pedestal, poco o nada tiene que ver con él. Pienso que, simplemente, coincidieron ambos cerca (pedestal, pila) en el mismo almacén en el que estuvo el pedestal desde 1900 a 1963 y Urmeneta los puso juntos en el estribo del puente de la Magdalena. Lo mismo que hizo con tantos elementos del Caballo Blanco.

Dos preguntas al Ayuntamiento
1. Si el pedestal es el mismo que el del grabado, ¿dónde está el resto del crucero y qué pasó con él?
2. Desde enero de 2001 hay denuncias insistentes de que la imagen de Santiago, en el fuste esculpido por Fernando García Blanco ha sido vandalizada (en Pamplona, ya sabéis quiénes suelen ser los vándalos). Ese crucero es el primero que recibe en Pamplona a los peregrinos. ¿A qué espera el Ayuntamiento para arreglarla?

Iñaki Lacunza, al puente de la Magdalena
Un tango para un puente y su crucero. Gracias, Iñaki.

lunes, 7 de octubre de 2019

Dos grabados de 1887-88 sobre Pamplona

Este grabado del Puente de la Magdalena lo habréis podido ver, incluso, en el portal de alguna casa elegante. Pero hoy tenemos la oportunidad de descargárnoslo con una resolución total, para apreciar con todo detalle los comentarios  de Pilar Andueza.
Tiene la particularidad -al menos para mí- de que es la primera representación de una lavandera en el Arga pamplonés.

"PAMPELUNA: RETURNING FROM THE FAIR" ("Regresando de la Feria") Y "A HILL TOWN IN NAVARRE" ("Una ciudad de colina en Navarra"), DOS GRABADOS DE AXEL HERMAN HEIG SOBRE PAMPLONA

Pilar Andueza Unanua
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro


El grabador Axel Herman Heig
Axel Herman Heig nació en la isla sueca de Gotland, en el Báltico, en 1835. Su habilidad con el lápiz le llevó a estudiar arquitectura naval en el gran astillero que el gobierno sueco tenía en la ciudad de Karlskrona, desde donde pasó a Gran Bretaña para completar su formación. En Glasgow trabajó en el diseño y construcción de barcos, mientras su afición por el dibujo le llevaba a desarrollar temáticas diversas. Las amistades cultivadas en la ciudad escocesa le sirvieron para introducirse en Londres, donde colaboró con diversos arquitectos, muy demandados en aquella pujante Inglaterra victoriana, lo que le permitió adentrarse en el conocimiento de la arquitectura, especialmente medieval, tan en boga por entonces. Entre ellos cabe mencionar a Mr. Burges, miembro de la Royal Academy, un arquitecto y restaurador que le inculcó el gusto por la observación y le recomendó un viaje a Italia. Siguiendo sus consejos recorrió Sicilia, Nápoles, Roma, Florencia, Pisa, Bolonia, Verona y Venecia, ciudades que quedarían plasmadas a lo largo del tiempo en sus dibujos, acuarelas y grabados.  
Axel Herman Heig
Su incursión en el mundo del grabado vino, tras su regreso de Italia en 1879, de de la mano de Sir Rowand Anderson, quien, deseando escribir un libro sobre arquitectura medieval escocesa, pensó en Heig para ilustrarlo a través de estampas con las que comenzó a experimentar. La publicación del grabado titulado The Vesper Bell, caracterizado por su pintoresquismo, y su exposición en la Dudley Gallery de Londres en 1879 supusieron un gran espaldarazo para la carrera de Heig como grabador. No solo obtuvo grandes alabanzas de Tom Tayor, crítico de arte del Times, sino también el favor del público. A partir de entonces se centró en el grabado, rescatando apuntes de su primer periplo por el continente a los que unió otros tomados en nuevos viajes, que encontraron en España uno de sus destinos más destacados e inspiradores. En sus obras, que comenzaron a ser publicados en revistas como Etcher o Art Journal, optó en gran medida por paisajes y vistas con construcciones góticas, tan propias del Romanticismo inglés, sin que faltaran interiores medievales. Realizó algunas series de edificios como la catedral de Chartres o la abadía de Wetsminster, siendo la ciudad de Venecia una fuente de inspiración constante. No faltaron estampas de tierras belgas, alemanas y suecas e incluso incluyó algunas de El Cairo. Su viaje a España aportó a su obra numerosas imágenes, entre las que destacan las realizadas de León, Palencia, Burgos, Sevilla, Segovia, Cuenca, Barcelona, Tarragona y Pamplona, ciudad donde realizó dos grabados. Con todo ello Haig fue llamado el “Pinaresi del revival gótico”.
1887 Pamplona, desde la ripa de Beloso (J. Velasco)
Pampeluna: Returning from the fair
Pampeluna: Returning from the fair, de Axel Herman Haig, 1887
En el Archivo Real y General de Navarra se conserva un grabado al aguafuerte que fue realizado por Haig en 1887 bajo el título "Pampeluna: Returning from the fair". Su traducción podría ser: Pamplona: volviendo de la feria. Puede verse con buena resolución en la página web del mencionado archivo (Sección Archivo Abierto; Título "Vista del puente de la Magdalena de Pamplona"; ¡ahí lo tienes!). Dos ejemplares más se custodian en el Archivo Municipal de Pamplona, uno de ellos procedente del legado Sarasate. Con unas medidas de 68 x 96 cm., se trata del grabado más grande realizado por el artista sueco, levemente mayor que el que ejecutó en 1891 con una vista de Segovia. Presenta el monograma del autor y la fecha de ejecución en la parte inferior derecha. Heig muestra el puente de la Magdalena de Pamplona sobre el río Arga ocupando gran parte de la composición. La cabecera de la catedral y la capilla Barbazana, junto con otras dependencias catedralicias y otras construcciones civiles que se alzan sobre el lienzo de muralla que transcurre entre los baluartes del Labrit y del Redín actúan como telón de fondo. 
El puente, de piedra de sillería, con cuatro ojos -los dos centrales de igual tamaño-, tres aliviaderos entre ellos y tajamares triangulares reforzando los pilares, ofrece en su arranque un crucero constituido por un pedestal prismático en el que se incrusta un escudo con los cuarteles de Castilla y León y una columna corintia sobre la que se alza la cruz y una imagen de la Virgen con el Niño. Otra labra heráldica, en la que se distinguen las columnas de Hércules y una corona como timbre, se ubica en el centro del puente.
En este escenario Heig nos muestra una estampa costumbrista. Un carro tirado por dos bueyes avanza por el puente hacia el espectador. Varias personas, hombres y mujeres, viajan en él, seguidos por otros individuos entre las que sobresalen un hombre con sombrero que lleva una vara en su mano y otro montado sobre un burro que toca la guitarra, detalle que, tal y como nos indica el título de la obra, informa de que todos ellos vienen de una feria o de una jornada festiva, dejando el núcleo urbano de Pamplona atrás.
Pero no son los únicos individuos que transitan por el puente. En primer término se sitúan ocho personas agrupadas por parejas en diversas actitudes: dos niños aparecen sentados sobre el petril del puente, dos damas vestidas elegantemente con corpiño, polisón y mantilla hablan entre ellas mientras se abanican. También conversan a su lado una mujer ataviada con indumentaria popular (basquiña, delantal y pañoleta sobre los hombros), que porta cesta y abanico, y un hombre que, apoyado sobre la columna del crucero, da la espalda al espectador. Dos frailes, que por su hábito podrían ser franciscanos o capuchinos, caminan en dirección a la ciudad. La escena se completa con la esquina de una casa que asoma tímidamente cerrando el lado derecho de la composición. En ella destaca el arranque de un arco de medio punto en la planta baja y un balcón con balaustres de madera torneados en el primer piso apoyado sobre ménsulas.
En la parte inferior unos escalones pétreos conducen a la orilla del río donde se halla una mujer lavando acompañada de otra que, de frente a nosotros, parece charlar con un hombre y una mujer, ambos apoyados sobre un muro pétreo.

Un grabado romántico
Aunque fechado en 1887, este aguafuerte fue realizado todavía bajo la estética romántica que invadió Europa durante buena parte del siglo XIX y que convirtió a España en uno de los destinos más deseados por viajeros y artistas extranjeros que reflejaron en sus libros de viajes y en sus dibujos, pinturas y grabados un país pintoresco, desconocido y singular, al margen en gran medida de la civilización europea moderna. Franceses, ingleses y alemanes fundamentalmente plasmaron paisajes, tipos, formas de vida y costumbres, folclore y espectáculos, sin que faltaran monumentos medievales, tanto cristianos como hispano-musulmanes. El proceso de convertir a España en un mito romántico se inició después de la guerra de la Independencia, para alcanzar su punto álgido entre los años treinta y los cincuenta. No obstante, en las décadas finales del siglo XIX todavía algunos extranjeros, aunque en menor número, recorrían el país. Y es aquí donde debemos ubicar a Haig, quien optó en esta estampa costumbrista pamplonesa por plasmar lo castizo, lo amable y lo colorista del país, frente a otra corriente romántica que prefería mostrar una imagen trágica, crítica e incluso desgarradora de lo popular. 

A hill town in Navarre
“Un pueblo de montaña en Navarra”. 1888
Dadas las características de la escena, Haig tuvo que realizar apuntes al aire libre del puente de la Magdalena y de su entorno, pero al ejecutar el grabado final se tomó diversas licencias, inventándose elementos como los escudos de armas del puente o la casa que aparece a la derecha. Frente a ello, el perfil de la catedral y de la capilla Barbazana muestran un gran realismo. Cabe mencionar que E. A. Armstrong, en el libro que escribió sobre Axel Herman Heig en 1905, señalaba que el artista fue detenido durante su jornada de trabajo junto al Arga por las autoridades militares locales, pues creyeron que podía tratarse de un espía extranjero que tomaba notas sobre el recinto amurallado de la ciudad. Conducido a la ciudadela ante el gobernador militar, el detallismo de sus anotaciones aumentó las sospechas, si bien finalmente fue puesto en libertad. Con el tiempo el artista señalaría que había sido tratado con gran cortesía y que había pasado una tarde mucho más placentera que si hubiera continuado su camino. Sin embargo, frente a lo que indica Armstrong, creemos que Heig no debió de ser arrestado cuando realizaba esta obra, sino cuando preparaba otra estampa de Pamplona.
Se trata de una obra totalmente inédita, titulada A hill town in Navarre (“Un pueblo de montaña en Navarra”), fechada en 1888, que ahora hemos podido localizar e identificar con una vista de la cuesta de Santo Domingo de Pamplona con la iglesia del hospital de Nuestra Señora de la Misericordia a la izquierda ocupando buena parte de la composición. Nuestra idea viene dada porque, según indicaba Heig, el gobernador militar se fijó en lo pormenorizado del dibujo y especialmente en la ubicación de una garita de la muralla. Pues bien, en el grabado del puente de la Magdalena no figura este elemento de la arquitectura militar, pero sí aparece, por el contrario, en el segundo grabado, donde se ve, además, el portal que cerraba la muralla en este acceso a la ciudad desde la Rochapea.
Pilar Andueza no debe preocuparse. La acuarela, de la misma 
época, de Petit de Meurville garantiza que así era la fachada
Esta segunda obra de Heig resulta también de gran interés, pues permite acercarnos a la desaparecida fachada de la capilla del antiguo hospital fundado por el canónigo don Remiro de Goñi, hoy Museo de Navarra. Así descubrimos que, a pesar de tratarse de una recreación romántica, el edificio pudo tener -antes de que se le implantara la fachada actual en 1934, traída del convento de la Soledad de Puente la Reina- un pórtico entre contrafuertes, abierto por medio de un gran arco ojival y cubierto con una bóveda estrellada. Desconocemos si el artista recurrió a la invención para reflejar esta fachada o si, por el contrario, fue fiel a la realidad (lo fue: ver pie de foto, comparación). 
Delante y encima del burro se ve, respectivamente,
 el asca y la farola "tipo Pamplona"
El toque costumbrista lo aporta Heig con las gentes que transitan por la cuesta al pie del edificio: desde un clérigo que viste sotana y teja hasta una mujer que, acompañada de un niño, porta un fardo sobre la cabeza. Tres damas en primer plano charlan refugiadas del sol bajo sus sombrillas. Una carreta, un burro con sus alforjas llenas y diversos individuos al fondo completan la composición.

BIBLIOGRAFÍA
-ARMSTRONG, E. A., Axel Herman Haig and his work, London, The Fine Art Society, 1905.
-CALVO SERRALLER, F., La imagen romántica de España. Arte y arquitectura del siglo XIX, Madrid, Alianza, 1995.
-Imagen romántica de España, Madrid, Ministerio de Cultura, 1981.
-MORDAUNT CROOK, J. y LENNOX-BOYD, C., Axel Haig and the Victorian vision of the Middle Age, London, George Allen and Unwin, 1984