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sábado, 7 de mayo de 2022

Gracias, Juan Miguel Arriazu

Con la túnica de prior de la Hermandad de la Pasión en abril de 2014 JESÚS CASO
Ahora que te has ido, vecino, Pamplona entera te agradece tu papel como prior de la Hermandad de la Pasión. Pero hay un detalle que muy poca gente conoce y que a muchos nos llega muy adentro: gracias a ti se canta en el Traslado de la Dolorosa, desde 2010, esa canción de Iñaki Lacunza que empieza así:
Marcha María de luto hacia la Catedral
La ciudad reza al verla pasar...
Os traigo algunos recuerdos de Juan Miguel, recogidos en Desolvidar:

Cristo Alzado 2016
En este primer vídeo podréis ver a Juan Miguel Arriazu, Prior de la Pasión, expresando sus mejores deseos a los presentes y rezando un padrenuestro por los hermanos difuntos. Tras ello, la salida del paso del local de Dormitalería hasta llegar a la Catedral:

Retorno de La Dolorosa 2016
En este, Juan Miguel espera en Dormitalería a entrar en la Procesión. Luego, ya en Curia, en el 3'30" nos gastamos una broma.

Origen de "Traslado de la Dolorosa" (Iñaki Lacunza)
Ocurrió que, estando celebrando el San Blas de 2010 con una comida (¡cómo no!) en Napardi, se acercó a la mesa que ocupaba el personal de lo que hoy, felizmente, es la Cofradía de San Saturnino, nada menos que el Prior de la Hermandad de la Pasión, Juan Miguel Arriazu, y le propuso a Iñaki Lacunza que hiciera alguna cancioncica (así dice siempre Iñaki) para el próximo Traslado de la Dolorosa.
A éste ya le rondaba por la cabeza alguna melodía y algunas expresiones ("¡qué triste, pero qué hermosa!..", "manto bordado, negro como azabache...", "silencio, por la Virgen del Dolor...") y, encantado, se comprometió a componerla, ensayarla y cantarla para la fecha del Viernes de Dolores.

domingo, 11 de abril de 2021

Adiós a Tomás Yerro, Príncipe de la Cultura

25.02.21 Sala de Armas Ciudadela. Tomás no vino a la cita
“Querido Tomás,
El otro día me llamaste para despedirte y darme las gracias. Y yo, que nunca he querido ver que te nos ibas, farfullé unas palabras sobre esto y aquello, porque nunca estuve preparada para decirte adiós. El adiós era -y es- demasiado doloroso para mirarlo de frente..." (Fátima Frutos, Asociación Navarra de Escritores)
***
El 25 de febrero pasado, la Sala de Armas de la Ciudadela acogía una mesa redonda en torno al libro 'Cosas de la Vieja Iruña', la nueva obra del historiador Juan José Martinena, con Pamplona como protagonista.
Además del autor, se iban a dar cita Jorge Urdánoz Apezteguía, director del área de Cultura e Igualdad, editora de la publicación; Ana Hueso Pérez, directora del Archivo Municipal del Pamplona; Tomás Yerro, escritor, profesor y catedrático y recientemente galardonado como Premio Príncipe de Viana de la Cultura, y José Miguel Iriberri, escritor y antiguo subdirector de Diario de Navarra, el rotativo al que pertenecen la gran mayoría de los artículos que se recopilan en el libro.
Cuando Martinena nos comunicó que Tomás Yerro no podía venir por una indisposición, no tardé mucho en sospechar el motivo.
Al llegar a casa, entré en la hemeroteca de Diario de Navarra y allí estaba el artículo que recordaba haber leído: un obituario que, año y medio antes, el propio Tomás había dedicado a alguien que había conocido "en un box de quimioterapia del Hospital de Día de Oncología del Complejo Hopitalario de Navarra el pasado 6 de mayo":
Estaba claro.
***
A pesar de haber estado ambos en el Seminario (él, un curso menos que yo), de haber estudiado en la misma Universidad, aunque carreras distintas; de habernos dedicado a la enseñanza... Hemos estado siempre cerca, pero creo que sólo hemos coincidido en la presentación de un poemario de Rebeca Elizalde, lerinesa como él.
Una pena que la única entrada, a él dedicada en Desolvidar, sea la de la despedida.
Hasta pronto, Tomás, y descansa en paz.

Diario de Navarra Viernes, 30 de agosto de 2019
Obituario 
ALONSO CRUCES RODRÍGUEZ, UN EMIGRANTE EXTREMEÑO  Tomás Yerro 
La primera vez que lo vi me llamaron la atención su figura estilizada, sus ojos pequeños y vivarachos, muy expresivos por su dulzura e inteligencia, y sobre todo su elegante serenidad. El encuentro tuvo lugar en un box de quimioterapia del Hospital de Día de Oncología del Complejo Hopitalario de Navarra el pasado 6 de mayo. Al momento se estableció entre nosotros una corriente mutua de simpatía, que facilitó el intercambio de informaciones sobre nuestro estado de salud, biografía y cuestiones de actualidad social y política. Pocas veces había escuchado a alguien hablar con tanto amor y entusiasmo de todos y cada uno de los miembros de su familia nuclear. 
Alonso Cruces Rodríguez había nacido en el pueblo de Campanario (Badajoz) el 28 de enero de 1936. Segundo de cinco hermanos, en aquellos difíciles años de la posguerra solo pudo cursar los estudios básicos. A la temprana edad de diez años ya ayudaba a su padre en diversas faenas agrícolas y en el cuidado de los animales, y muy en particular de las ovejas, ocupaciones en las que, muy precoz, acreditó una más que notable capacidad laboral y sentido de la responsabilidad. Después de un noviazgo de ocho años, se casó con su paisana Ángela Gallardo el 30 de noviembre de 1963 en su localidad natal. Tuvieron dos hijas, Inés y Julia, y tres nietas: Patricia (26 años), Natalia (21) y Tamara (19). A los pocos meses de la boda, el matrimonio, fiel exponente del masivo éxodo rural de la época, se trasladó a Ermua (Vizcaya), que poco antes había conocido en compañía de un hermano suyo y de varios primos. Se emplearon en la construcción. Después de tres años de duro trabajo (las hijas nacieron en 1965 y 1966), en 1968 la familia se instaló en Pamplona, donde echó raíces definitivas. Durante los cinco primeros años en la capital navarra bregó como enconfrador y más tarde, hasta su jubilación, como conserje. 
El trabajo y la familia han sido sus ocupaciones predilectas. Entre sus aficiones figuraban la horticultura, que cultivaba en una huerta en Orcoyen, y su entusiasmo por el Barça, a cuya dolorosa derrota contra el Liverpool en Anfield en la semifinal de la Champions atribuía el agravamiento de su enfermedad. Alonso irradiaba alegría, paz y bondad a raudales. He tenido el privilegio de gozar de su amistad y magisterio durante un tiempo, ay, demasiado breve, magisterio que se ha enriquecido con las lecciones de su esposa, hijas y nietas, que lo han cuidado con un cariño excepcional. 
Alonso Cruces falleció en el Hospital San Juan de Dios de Pamplona el pasado 18 de julio. Descanse en paz. 
Tomás Yerro, escritor, es amigo del fallecido

martes, 16 de marzo de 2021

En el adiós a Jaime Basiano (J.Mª Muruzábal)

Jaime Basiano pinta San Donato, en una imagen de los años noventa
El autor recuerda a su amigo Jaime Basiano, “el gran pintor” pamplonés fallecido el sábado, 13 de Marzo, a los 78 años. Lo esencial en cada una de sus propuestas, pintadas siempre al aire libre, era la sinceridad e intentar transmitir la fuerza de lo que él retrataba. Recorrió toda Navarra pintando paisajes del natural

Actualizada 15/03/2021 a las 09:25 (Diario de Navarra)
En el adiós a Jaime Basiano                                                                             José Mª Muruzábal
Toca decir adiós a Jaime Basiano, cosa que me ha pesado en el alma. El sábado 13 de marzo, a primera hora de la mañana, Blanca Basiano me enviaba un mensaje anunciando la muerte de su padre, de mi amigo y del gran pintor navarro. Sabíamos de lo delicado de su estado; sabíamos también que la cruel enfermedad había hecho que su cabeza llevara tiempo en otros parajes diferentes al de este mundo. Pero nunca resulta buen momento para estas cosas.
Conocí a Jaime Basiano hace muchísimos años, dada la amistad de la familia Basiano con mi padre, José Mª Muruzábal del Val, fraguada en los años cincuenta a través de Jesús Basiano, el pintor de Navarra, y sus exposiciones en la CAMP. 
2016, 50º Aniv.: Javier, Alcalde Murchante, Concejala Cultura, Jaime y señora, J.M. Muruzábal

1962 Jaime y Jesús. Entre ambas
cabezas, el estudio de la Catedral
Mis estudios sobre Jesús Basiano, en la década de los ochenta, la posterior monografía y las numerosas exposiciones me mantuvieron cerca de Jaime, y también de su hermano Javier. Ambos siempre estuvieron solícitos para ayudar en cualquier iniciativa. La última, la conmemoración del 50 aniversario del fallecimiento de Jesús Basiano, con los actos de Murchante y la Ciudadela de Pamplona. Quiero recordar también que mi padre organizó la primera exposición de los hermanos Basiano, en octubre de 1966, en la sala de exposiciones de García Castañón, hace 55 años.
Jaime Basiano nació en Pamplona el 16 de febrero de 1943, hijo de Jesús Basiano, el pintor de Navarra, y de Rosario Goizueta. Heredó de su padre el oficio, además de un estilo y una técnica muy personal ligada estrechamente al paisaje navarro. Jaime se inició en la pintura a los 13 años de la mano de su padre. La rotura de una pierna, jugando en el viejo colegio Maristas de las Navas de Tolosa de Pamplona, fue la causa de que el joven abandonase a los 13 años sus estudios y comenzase a pintar. Desde 1956 recorrió Navarra y otros lugares acompañando a su padre para pintar al natural. Su bagaje habla de 62 años ininterrumpidos de pintura navarra. Desde aquel lejano día no dejó ni un instante en reflejar el paisaje de acuerdo a sus vivencias, su estado de ánimo y las experiencias que rodean cada momento. Para este pintor, lo esencial en cada propuesta, pintada siempre al aire libre, era la sinceridad e intentar transmitir al espectador la fuerza de lo que él retrataba. En ello puede resumirse prácticamente toda su vida.
Javier, Jesús, Joaquín Ciga (textil hogar)
y Jaime, en Ordesa
Con su padre aprendió a pintar y a vivir de su arte, como lo hiciera poco después, también, su hermano Javier Basiano. Y estuvo unido a su padre hasta el fallecimiento de éste en 1966; un periodo fecundo de diez años. Desde entonces participó en más de una veintena de muestras individuales y muchas más colectivas. No obstante, tampoco se trata de un artista que se haya prodigado demasiado en exposiciones. Su obra forma parte de numerosas colecciones públicas, pero donde hay que rastrear su obra es en los hogares de Navarra. En ellos se guardan celosamente miles de retazos del paisaje de esta tierra, elaborados por Jaime Basiano.
En edad madura contrajo matrimonio con Aurora Cruchaga, asentando su domicilio en el barrio pamplonés de la Rochapea. Su única hija, Blanca Basiano, cursó estudios de Periodismo en la Universidad de Navarra, llegó a estar presente en los telediarios nacionales y hoy es una reconocida reportera. Blanca abandonó aquello para trasladarse a residir y trabajar en Pamplona, dada la situación de su padre.
Jaime Basiano retomó día a día, durante lustros, el testigo de Jesús Basiano, del gran pintor de Navarra, y nos ha dejado incontables muestras de su pintura tradicional, paisajística, que hereda la esencia de la pintura del impresionismo. Siempre dio una lección de esa pintura hecha in situ, de ese enfoque romántico, de esa forma personal e individual de enfrentar la naturaleza que se concreta muy bien en la libertad, que se ve tanto en la elección de los temas como en las composiciones y las formas de los cuadros. Jaime Basiano representa algo así como los “últimos de Filipinas”; él siempre pintó al aire libre, a la antigua usanza, soportando a los curiosos, al frío o al calor, a los mosquitos, vientos y a todo lo que hiciera falta. Un tipo de hacer pintura que está pasando rápidamente a la historia, sino es que no ha pasado ya.
Jaime en su moto
Cuando uno se enfrenta a los cuadros de Jaime ha de hacerlo desde el sentimiento y la emoción. Los historiadores del arte y los críticos hablamos en demasiadas ocasiones de estilos, de técnica, de elementos formales... y nos olvidamos de algo esencial como es el disfrute y la emoción que causa un cuadro. Yo les invito a todos ustedes a que, cuando vean las obras de este artista, lo hagan desde su corazón.
Me duele escribir esto, amigo; me duele escribir el adiós a todos esos compañeros desaparecidos en los últimos tiempos, pero es lo que me toca. En un artículo escrito en Diario de Navarra en 2016 indicaba que el mundo del arte y de la cultura de Navarra estaba en deuda con Jaime Basiano. Reclamé entonces que era el momento de organizar una gran exposición antológica con la obra de Jaime Basiano, que resumiera, en lienzos y tablas, esos 60 años dedicados al arte y al paisaje de Navarra. El bueno de Jaime solicitó esa exposición para la Ciudadela. Cinco años después, solo me queda lamentar el olvido. Aunque conociendo al gestor de las exposiciones, nada puede extrañarnos; da igual que gobierne el Ayuntamiento -uno u otro-, aquí “la vida sigue igual”. 
¡Adiós, Jaime! Estoy seguro que en el otro mundo estarás ya recorriendo aquellos caminos en busca de su luz y su color.
***
***
Un par de pinceladas personales 
Jose Mª Muruzábal me confirma (va, pues, "a misa") estos dos datos:

1. Infancia y juventud de Jaime en Longaniza, 19
Toki-Zarra (50-57), sucesor de Casa El Rojo (29-50) y antecesor de Venta de Antequera (57-66)
Éste me lo facilitó mi amigo Carlos: "Yo vivía con mi familia en el n°21 de la Carretera de la Longaniza. Basiano, el pintor, vivía en el 19 y la parcela anterior era la del Toki-Zarra (que debía corresponder al n° 17). El Toki-Zarra se encontraba al final de un fondo de saco a mano izquierda, viniendo de Pamplona. A su derecha, justo a la derecha de las escaleras exteriores que se ven en la primera fotografía, había un pequeño local-bodega, que llamábamos El Cirbonero, en el que íbamos a comprar vino". Añade José Mª que Jaime vivió en la Longaniza toda la infancia y parte de su juventud.

2. Estudio de los Basiano de la Catedral
Basiano padre tenía su estudio en una dependencia de la Catedral, concretamente, en los grandes ventanales enrejados marcados con la letra B. Encima de ese altarcillo y de la ventana ojival que corresponde a la Capilla de San Jesucristo (interior). Hoy, gracias a Maps, puedes entrar en las estancias y mirar desde los arcos centrales la huerta y el Palacio Episcopal.
Añade José Mª que Basiano padre mantuvo el estudio mientras vivió (+1966) y sus dos hijos, Jaime y Javier, durante más de 25 años.

viernes, 6 de marzo de 2020

Gracias y hasta siempre, José Ezcurra Fresán

José, en su actuación espontánea del 3-J de 2017
"De nuevo, Voces Navarras se viste de luto. Nos deja José Ezcurra. Antes, Javier Ojer, José Monasterio, Felix Lerga... y ahora tú, José.
Ya estáis de nuevo las cuatro voces juntas. No os veremos más pero siempre os sentiremos. D.E.P".
Así lo comunicaba Voces Navarras y Alberto Gurrea en sus páginas de Facebook. Y la esquela de ayer, en Diario de Navarra:
En su funeral, por expreso deseo de la familia, ha cantado Alberto Gurrea, buen AMIGO suyo desde hace 40 años que se conocieron. Dos jotas preciosas, compuestas por Alberto, con estas letras:
Rompe la jota el silencio,
cuando se asoma la luna;
jota que canta un abuelo
a su nietico en la cuna
Échame tristeza al vino
y amargura a la guitarra;
es mi padre que se ha ido
con la luz de la mañana
Al acordeón, Roberto Urrutia, con oficio, como siempre.
(pinchando aquí, podéis ver un vídeo vertical, pero que tiene mejor sonido)
Hay que tener valor y controlar los sentimientos, Alberto, para cantar esas jotas ante tu amigo muerto, cuando otros no podemos ni escucharte desde casa sin que se nos empañen los ojos y se nos quiebre la voz. Eres el mejor.
Él mismo me ha dado la clave: "Es la confianza que tengo sobre la voz y mi repertorio, al cantar mis propias composiciones, eso te hace sentir libre y dichoso"
José, subido al árbol
Voces Navarras es una Rondalla muy veterana. Fue constituida en Tafalla (Navarra) el 26 de septiembre de 1975 (o 1978?). Compuesto, en origen, por José Ezcurra (Beire), José Monasterio (Andosilla), Félix Lerga y Javier Ojer (San Martín de Unx)  y Víctor Valencia (acordeonista, Valcarlos). 
José Monasterio y José Ezcurra en la Feria de Tafalla (1980)
Durante 12 años triunfaron en España y el extranjero. Memorable fue la gira que realizaron por Méjico en diciembre de 1982, dando a conocer el rico folclore navarro: Fiesta Navarra organizada por Antonio Marrodán, de Lodosa. Cantan para Paco Camino en un acto organizado por Paco y Begoña Rey, de Bilbao; inolvidables sobremesas navarras organizadas por las familias Iriso y Murillo de Tafalla, Fresán de Beire, Barberena de Baztán. Actuaciones en el Casino Español, Centros Regionales, Sanatorio Español, las Damas Apostólicas, con la misionera pamplonesa Rosario Moreno Ordóñez y un largo etc. de actuaciones apoteósicas que tuvieron un amplio reflejo en la prensa de Méjico.
Su discografía, como es de suponer, es muy amplia.
Voces navarras contaba en 1990 con 5 componentes bajo la dirección de José Ezcurra Fresán.
Voces Navarras continúa hoy con otros cinco componentes: Ainhoa Aznar Ayala, Ana Duarte Morentin, Marta Moreno Urra, Pedro Bujanda Cirauqui y Ángel Luquin Seguín (acordeón). Su repertorio: folclore navarro. 

Una actuación espontánea y oportuna
Una de sus mejores -o, por lo menos, más oportunas- actuaciones se produjo el 3 de Junio de 2017. Nos habíamos reunido más de 30.000 navarros (una burrada, para ser gente normal) para defender nuestra bandera y, estando yo en el estrado, aparece un espontáneo y, desde el pie de las escaleras, me dice: "¿Puedo cantar una jota?" Sólo lo conocía de vista, pero su determinación me dio la confianza total de que lo iba a hacer requetebién, como así fue.
Así lo recoge la prensa del día siguiente:
"Se dio permiso para subir al escenario a José Ezcurra Fresán, vecino de Beire de 71 años, que se arrancó con una pieza fuera del repertorio oficial. En ella mostró uno de los mensajes centrales de la manifestación: "Navarra tiene bandera. No queremos la de fuera". Los asistentes reaccionaron con emoción en la propuesta, que reconocieron con facilidad y con la que comulgaron en la capa más honda de sus sentimientos. 
Después señalando José su corazón, "soy muy de Navarra", exclamó, tras descender del improvisado escenario colocado frente a la sede del Gobierno foral."

Tuve la inmensa suerte de grabarle esa jota que ha quedado para la memoria colectiva de todos los navarros. Mil gracias, José, por todo lo que has hecho por la Jota y por Navarra:

miércoles, 5 de febrero de 2020

A Carlos Polite: "Tarde de otoño en Platerías"

Jurado de la Feria del Toro 2015: Vicente Zabala, Ignacio Vara ‘Barquerito’, Emilio García 
San Miguel, Antonio Purroy Unanua, Carlos Polite, Manuel Sagüés y Víctor Bour.
Ha fallecido este viernes en Pamplona Carlos Polite, uno de los referentes de la crítica taurina en la Comunidad foral

Buena parte del día evocándole. 
Su conversación , siempre con chispa inteligente, en aquellas largas cenas sanfermineras en el Mendi.
Sus magníficas crónicas taurinas. 
Nos hizo amar y entender la fiesta, con sensibilidad y conocimiento poético.
Su fino gusto para el buen flamenco, en que también nos educó. 
Las juergas mañaneras interminables en Falces, después del encierro del Pilón, tras almorzar patorrillo en "El Paraíso" o pochas en "La Pacheca". 
Sólo me deja buenos recuerdos. 
Y estoy convencido que eso les ocurre a todos los que tuvimos la suerte de disfrutar de su amistad.
Nunca lo olvidaré, en lo que me quede en el convento, que ya vamos desfilando poco a poco, Carlo, Miguelja, Grima...😇. 

Hoy he tatareado aquella habanera que entonábamos cuando la embriaguez nos ponía a tono...
Alfonso doce salía de los toros, Julián Gayarre cantaba en el Real; 
con tu vestido gris, sentada en el café, te vi; y al verte tan bonita, me enamoré de ti...
*****
Café Iruña, en la Plaza del Castillo de Pamplona
Hace diez años, en la investigación para mi última entrada sobre Gayarre, me topé en varias ocasiones con una nostálgica canción que hablaba del Madrid de fines del XIX y, explícitamente, de las actuaciones del tenor navarro en el Teatro Real de Madrid. Su título era curioso: "Tarde de otoño en Platerías", de Aguilar, León y Solano.
(pincha para leer mejor)
Se trata de una canción que escuché por primera vez hace ahora unos 30 años, en la terraza del café Iruña de Pamplona, a un par de cuarentones. Podrían ser Carlos Polite y algún amigo. Ponían mucho énfasis cuando llegaban a eso de "Alfonso XII volvía de los toros. Julián Gayarre cantaba en el Real...". Me llamó mucho la atención porque era una canción distinta de las que habitualmente se cantaban entonces y porque tenía pinta de ser muy antigua.
Y se quedó conmigo.

Luego me enteré (BNE, ca. 1944) de que fue en los años 40 y 50 popularizada por García Guirao. Y, mucho después, cantada por el Consorcio y por Emilio Carretero. Aquí, en la BNE, la podéis escuchar con el nostálgico sonido del vinilo en una grabación del de Moratalla, de 1944?

 A. Begué (1900) "Café de Platerías". El mismo lugar, hoy
La acción nos sitúa a principios del siglo XX y nuestro protagonista evoca un fugaz encuentro con una mujer en el café Platerías de la calle Mayor de Madrid en los años 80 del siglo anterior, cuando Alfonso XII se llevaba muy bien con Frascuelo y Lagartijo, y Julián Gayarre cantaba en el Teatro Real.

Aquel café Platerías fue un lugar, como tantos otros del Madrid de comienzos de siglo, en el que se celebraban apasionantes tertulias donde los consagrados de la Generación del 98 iban abriendo su círculo a los jóvenes artistas y literatos de la del 14.

Yo me imagino a aquel hombre de la canción solo, lamentando aquello que pudo ser y no fue. Un poco, como Antonio Machado en el café Salesas, o en el Europa, donde solía esperar a su hermano Manuel: recordando con nostalgia a su recién desaparecida Leonor. Ella sí que fue, ¡pero tan breve!

Aquel siglo se fue muriendo, como moría la tarde en los espejos. Y, como el tiempo, aquel amor antes de nacer.
TARDE DE OTOÑO EN PLATERÍAS
Antonio Aguilar de Mera, Alejo León Montoro, Juan Solano.
(Ver comentarios del 17 y 18.07.12)
Canta García Guirao

La tarde clara
de otoño madrileño
que en Platerías
tomaba yo café,
con tu vestido gris
entrar en el salón te vi.
Y, al verte tan bonita,
me puse junto a ti.
La tarde moría en los espejos,
soñaba el amor en los divanes
y todo yo temblé
en el momento aquel, mi bien,
que, todo ruboroso, mi amor te declaré.

¡Ay tarde de otoño
llena de sol de Madrid!
Café de mis sueños
donde el amor encontré.
¡Ay 1800, qué lejos ya estás de mí!
Todo pasó como una luz
que yo apagué.
¡Ay tarde de otoño
llena de sol de Madrid!
Alfonso XII volvía de los toros,
Julián Gayarre cantaba en el Real.
Y yo en aquel café,
gustoso te cité, mi bien,
y en sueños de ilusiones
inquieto te esperé.
Las luces de gas iban creciendo.
La noche llegaba lentamente.
Y, al no verte venir,
creyéndome de amor morir,
me fui de Platerías
pensando sólo en ti.
gentileza de Carlos Cristóbal

Carlos Polite
Durante más de 20 años dejó constancia de su peculiar estilo en las páginas de Diario de Noticias y colaboró también en retransmisiones de las corridas de la Feria del Toro en Radio Popular (Cope) y Onda Cero. 
Profesor de Dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona, estudió en Córdoba, donde profundizó aún más su afición por los toros -que le venía desde pequeño- y donde adquirió también un especial interés y conocimiento sobre el flamenco. (Continúa)

Descanse en paz en la Monumental de los toros azules

domingo, 21 de enero de 2018

Adiós a Popi, por Sonsoles Echavarren


Adiós a Popi                                                                             por Sonsoles Echavarren
Iñaki (’Popi’) Redín Eslava, profesor de biología,  escritor, músico e ilustrador
Popi cumplió 54 años el domingo (14.01.18) y murió el lunes al mediodía. En su casa del Segundo Ensanche de Pamplona y rodeado por su mujer y sus tres hijos. 
“Al pequeño le llamamos por teléfono para que viniera rápido del instituto y no a paso de adolescente. Pero llegó a tiempo. Y hasta que no lo abrazó, Popi no se marchó”. Así de sencillo y de bonito relataba el final de la historia María Zabalegui, la mujer de Iñaki (Popi) Redín Eslava, el martes por la tarde en el tanatorio del barrio, mientras no paraba de abrazar a ese continuo ir y venir de gente que quería acompañarla. 
Iñaki (Popi) Redín, con sus rotuladores,
en su casa de Pamplona en julio.
Porque Iñaki tenía muchos amigos. Y las que siguen no suman líneas suficientes para definir todo lo que era. Profesor de Biología en ESO y Bachillerato (en los IES de Zizur y Barañáin, durante la última década), escritor (autor de Comicreando y Educar sin drogas), músico (tocó en Los dinosaurios o 2112) e ilustrador (en su blog Comicreando utilizaba el cómic como herramienta de divulgación científica y educación en valores). Respondía a todas estas definiciones pero, sobre todo, a la de persona ‘buena’ y ‘extraordinaria’. Porque Popi, a quien bautizó así su abuela cuando era un niño, tenía la habilidad de que todos los que tuvimos la suerte de conocerle nos sintiéramos especiales a su lado. María y sus tres hijos: Ander (23), Iñaki ('Kaki') (20) y Aurelio (15) han tenido mucha suerte de disfrutarlo durante tanto tiempo. “El cáncer me matará, pero no me quitará la vida” era la filosofía que lo acompañaba. 
Iñaki Redín vivió su más de medio siglo en el Segundo Ensanche. Hijo de Fernando Redín (mecánico, fallecido el pasado junio) y de Fefa Eslava, era el mediano de tres hermanos; Fernando, el mayor; y Mikel, el pequeño. Su “ecosistema” infantil se movía entre las ‘casas baratas’ en las que vivía la familia (entre las calles Leyre, Amaya, Olite y Teobaldos, una manzana ya derruida y en la que, paradoja, se están construyendo viviendas de lujo), el colegio Escolapios (hasta que le echaron en COU), el parque de la Media Luna y el taller de su padre, el Garaje Redín, en la calle Arrieta. 
Y allí, entre tubos de escape y pastillas de freno, ensayaba con sus bandas de rock. Corrían las décadas de los setenta y los ochenta, cuando Iñaki, además de en la música, encontró refugio en una caja de rotuladores de colores y en sus dibujos infantiles. “En una ciudad en la que todo era gris”, recordaba en la entrevista que le hice para este periódico el pasado julio, tras la publicación de su último libro, Educar sin drogas. 
Licenciado en Biología por la Universidad de Navarra y master en Biotecnología Avanzada por la Autónoma de Barcelona, Iñaki quería ser microbiólogo cuando un coche que se saltó un semáforo en rojo cambió su destino. Él circulaba en moto por el cruce entre Pío XII y la Avenida del Ejército y salió despedido. Su mujer, su novia de toda la vida, estaba entonces embarazada de cinco meses de su primer hijo; y él, tras dos en el hospital, perdió la visión del ojo izquierdo, el sentido del gusto y del olfato. “Y un microbiólogo sin olfato es como un espía sordo. Así que dejé ese trabajo”, añadía en esa entrevista.
Rotuladores y aulas
Popi se hizo entonces diseñador gráfico, hasta que en 2010 aprobó la oposición de profesor de Secundaria en la especialidad de Biología, animado por su mujer, que enseña Matemáticas en el IES Irubide. El año anterior, había llegado el peor diagnóstico con un nombre muy complicado: un adenocarcinoma renal, cáncer de riñón. Durante ocho años, Iñaki batalló contra el tumor, al mismo tiempo que enseñaba Biología a los alumnos de ESO y Bachillerato de Zizur y Barañáin, donde no fue un docente convencional y se ganó el cariño de los adolescentes. “¡Adoro mi profesión! ¡A mis alumnos les hago hasta apuntes con dibujos!”, confesaba entre risas. El curso pasado no pudo impartir las últimas evaluaciones, pero durante el verano, confiaban en volver a las aulas en septiembre. Para entonces el tumor se había extendido al cerebro, el pulmón... y ya no podía caminar. “Iré en villavesa”, resolvía. Siempre supo que su enfermedad era incurable, pero se reía hasta de su propia sombra. “¿Que cómo se vive así? Pues es una putada. Sé que me queda poco tiempo, pero no cuánto. Así que estoy como los demás”, se reía. 

Sus opiniones sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) -él afirmaba que no existe y que es un negocio para muchos- ocasionaron polémica. Al igual que su oposición a la “pastilla” (el metilfenidato), un estimulante que se receta a quienes padecen este trastorno. “En las aulas, tenemos zombis en lugar de alumnos”. 
Su último trabajo publicado tiene para mí un valor incalculable: la portada de mi libro Las reinas del patio. Yo le había conocido en julio, cuando le entrevisté. Enseguida conectamos y pensé que la portada tenía que llevar su sello: el de un luchador que no se rinde. A la semana siguiente, hizo el dibujo en la cama del hospital, donde le habían ingresado tras perder la movilidad en las dos piernas. Después me confesó que le había ayudado psicológicamente. “Por supuesto que iré a la presentación... si estoy vivo, claro”, bromeó. Y el 26 de septiembre todos le aplaudimos en Civican. 
Un aplauso que continúo hoy y que espero que escuche. Para mí ha sido un placer haber conocido a Popi. Lo único que lamento es no haberlo hecho antes. Un fuerte abrazo para María, Ander, Kaki y Aurelio. ¡Han sido muy afortunados de tenerlo en sus vidas! 

Sonsoles Echavarren es periodista de Diario de Navarra y amiga del fallecido 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Adiós a José Iranzo, "el pastor de Andorra"

Cien por cien, millones de amigos
Adiós a un jotero de raza, que ha compartido escenario con joteros de leyenda como Oto, Gracia y Galé. A quienes habéis estado cerca de él os acompaño en la pena.
No sé quién habrá escrito esta biografía de José Iranzo, "el pastor de Andorra", en Wikipedia. Un relato salpicado de anécdotas deliciosas. Me parece sencillamente entrañable. Gracias por tan buen trabajo.

Un jotero sencillo y entrañable
Nació en una familia humilde en la que, además de sus padres, había tres hermanos más. Durante la epidemia de gripe española del año 1918 fallecieron su padre y dos hermanos, por lo que la familia tuvo que vender su rebaño de cabras. Debido a ello, José tuvo, desde niño, que dedicarse al pastoreo para otros, teniendo una infancia muy dura.
De formación autodidacta, no recibe ninguna clase de canto hasta que es descubierto en el servicio militar por un sargento que, asombrado ante la voz que tiene, le ofrece dos duros si lo repite delante de otros oficiales. También cantaba por quince pesetas en un bar del zaragozano barrio del Rabal, que se llenaba. El sargento le animó para que recibiera clases de canto, y el sastre del cuartel le recomendó la de Pascuala Perié en el Barrio Verde. Al llegar allí, Iranzo hizo una demostración de su atronadora voz y todos se burlaron de él, pues tenía una voz muy potente pero muy desentonada. Pascuala Perié accedió a darle clases pero cobrándole el doble y le prohibió cantar en el bar.
Cuadro de Jotas de Pepe Esteso. Felisa Galé, 1ª dcha. 
Detrás, apoyando la mano en su hombro, José Oto
Poco después debutó en el Teatro Principal de Zaragoza con dos grandes joteros de esa época: José Oto y Juan Antonio Gracia. La ovación fue atronadora, el empresario le pagó con cien pesetas e Iranzo -haciendo gala de su humildad- le soltó "gracias, yo con el aplauso ya me daba por pagado". Pascuala Perié lo contrató y lo llevó a Madrid con Felisa Galé, Conchita Pueyo y José Oto.
En 1943, ganó el certamen oficial de jota, el premio fue de 100 duros. Después de aquello su fama fue aumentando y le llamaban de los pueblos cercanos para actuar y le pagaban entre 200 y 300 pesetas, en Calanda 500. En Teruel se inventaron un premio extraordinario de 1000 pesetas para reconocer su talento. Hasta que un día, Pilar Primo de Rivera, que había oído hablar de él, lo convenció para que partiera con el grupo de Coros y Danzas para ir a actuar durante cuatro meses por Europa (Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda y Bélgica).
Más tarde estuvo actuando durante tres meses en Cuba, y de allí fue a Estados Unidos y México. En Marruecos actuó ante Hassan II. En 1984 intervino brevemente en la película Réquiem por un campesino español, dirigida por Francesc Betriu. Ha tenido el reconocimiento popular como uno de los mejores joteros de los últimos tiempos e hizo suya una de las jotas más conocidas: "La palomica".
El nombre artístico lo recibe en una actuación ante el ministro Ibáñez Martín, al que le dicen que va a actuar un pastor de cabras junto al jotero Joaquín Peribáñez, de Monreal del Campo. Anteriormente había recibido los apodos de 'Tracaletas' y 'El Militar'. A la edad de 94 años aún realizaba el que es su oficio, pastor de ovejas en su pueblo natal. Posteriormente la explotación ganadera la gestionó su nieto. José Iranzo ha seguido acudiendo todos los días a ver a sus ovejas.

Ha estado casado con Pascuala Balaguer Alfonso (nacida el 30 junio de 1915), desde el 15 de septiembre de 1939 hasta el 22 de noviembre de 2016 (más de 77 años). Ha fallecido a los 101 años de edad.
Su atronadora voz y su carácter afable, tranquilo y sencillo le han granjeado el cariño de muchos. Además, ha hecho algo realmente difícil: ser profeta en su tierra. A pesar de sus éxitos nunca olvidó la tierra que le vio nacer y en la que construyó una vida feliz y en paz junto a su amada Pascuala Balaguer, también de 101 años, y a sus ovejas, la otra gran pasión de su vida.
Como bien decía la esposa de José Iranzo, Pascuala Balaguer, «bendita la casa en la que siempre hay gente entrando y saliendo». El cariño que profesaban al Pastor de Andorra se expandía por todo el territorio aragonés. «Estoy muy agradecido por todo este cariño. Nunca me he enfadado y creo que por eso tengo tantas amistades», decía José Iranzo, cuando cumplió 100 años.
Lo dicho: un jotero sencillo y entrañable. 
Descanse en paz. 

Palomica, palomica
Si hay alguna jota por la que 'El pastor de Andorra' ha pasado de la historia -y ahora a la leyenda-, ésa es "La palomica", jota que en Navarra creemos nuestra ("que si te vas de Navarra...") y que José Iranzo -como él mismo dice- la recogió -tanto la melodía como la letra- de sus mayores, ya la cantaba de niño y la fue haciendo suya, con un estilo personalísimo.