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viernes, 23 de octubre de 2020

Párrocos de aldea y familias misioneras

Severino, Paco, Isidra, Narciso, Mª Jesús, Emilia, Benjamín, Prisci (mi padre) y Pepito
En la búsqueda del viejo párroco de Cemboráin que "fichó" a mis tíos Moisés y Benjamín para misiones, he encontrado en la hemeroteca este delicioso artículo de Javier Larráyoz, hermano de Martín, escrito en 1958. En él se habla de don Anastasio (Anastasio Labiano, párroco Cemboráin 1902-1920) y de la familia de mi padre: Mendiburu-Itoiz.

Anastasio Labiano en las hemerotecas
Tirando de hemeroteca, encuentro algunos datos sobre don Anastasio Labiano:
Debió de nacer hacia 1873, ya que hay una reseña de su defunción el 07-03-1953, a los 80 años.
El 29-04-1900 es nombrado ecónomo de Ardanaz
De 1902 a 1920, párroco de Cemboráin
1922-23 aparece como miembro de la Junta Escolar y presbítero de Pamplona
1923-26 visitas al Balneario de Belascoáin
1929 Capellán del Manicomio
1935 (22 de febrero) con su hermana Manuela en la muerte de su hermano Ángel ("en su casa de Iseo". Será Iso o, mejor, Izco).

Ocho religiosos y los padres

También en la hemeroteca he encontrado algo que no sabía sobre mi familia:
DN 27/11/1994 Las vocaciones religiosas en Navarra, tal como refrenda José Antonio Marcellán en el libro «Cierzo y bochorno», han sido amplias y generosas. Un buen ejemplo de esta afirmación es la familia Mendiburu Itoiz, de Cemboráin, con ocho hijos religiosos; 3 familias con siete hijos; 15 hogares con seis hijos; 36 familias con cinco hijos; 106 con cuatro hijos; 388 con tres hijos; y 1.338 familias con dos hijos.

Mi interés por el viejo párroco de Cemboráin comenzó con esta entrevista que le hicieron a mi tío Benjamín en la revista del colegio de Jesuitas de Tudela:

1936 Moisés y Benjamín Mendiburu, para China
¿Qué le movió a entrar en la Compañía de Jesús?
 
El ejemplo y las palabras del párroco de mi pueblo, Cemboráin (Navarra), nos facilitó la entrada en Javier a los dos gemelos. Durante los cuatro años que estuvimos allí conocimos a excelentes jesuitas y nos familiarizamos con la vida de S. F. Javier al que soñábamos con imitar un día. Nuestros padres no pusieron ninguna dificultad, sino todo lo contrario.

Veamos, pues, el artículo de Javier Larráyoz:
Tras las huellas de Javier 
Navarra aldeana y misionera 
Valdría el caso para argumento de un tema misionero. Han transcurrido ya seis lustros, pero lo simpático de la escena hace que la recordemos al detalle... Un anciano cura de pueblo, algo encorvado ya por el peso del tiempo, de paternal semblante y austera vestimenta. Le acompañan dos jovencitos de idénticas facciones, con esa figura un tanto desdibujada que aporta el crecimiento. 
El párroco y los gemelos no andarían lejos
A los que le saludamos nos manifiesta con gesto de amplia satisfacción que aquellos dos muchachos de dieciséis primaveras son mellizos, que él los bautizó y sigue siendo su párroco y que ahora, terminadas las vacaciones, se dispone a acompañarlos a la casa de formación misionera donde cursan sus estudios. Luego nos enteramos que él ha sido el propulsor de su vocación, que los visita con frecuencia y que los moradores del colegio, acostumbrados a las visitas de aquel venerable patriarca, dicen al verlo llegar: «Ya viene el cura de los mellizos».
Pasaron los años. La Providencia dispuso que ejerciéramos nuestro ministerio en la misma parroquia que aquel viejo párroco a quien conociéramos en nuestra adolescencia. Una aldea de doce casas escalonadas en una loma. Entonces tuve buena oportunidad para conocer a fondo aquel cristiano hogar, bendecido por Dios con la prole de dieciséis hijos, de los que once vivían a la sazón. 
Iz. a Dch: Simón Barrios, Benjamín, Isidra,
Emilia, Pepito, Felipa (m), Narciso y Mª Jesús
El padre, hombre sano de cuerpo y alma, ayudaba al párroco con el cargo de sacristán; la madre, con una extremada sencillez de carácter que corría pareja con su espíritu de heroína, criaba a sus hijos en el temor de Dios y en la rectitud de la conducta. Buena prueba de ello eran aquel rosario de gruesas cuentas, pendiente de la chimenea de la cocina, que no omitía día alguno de ser rezado en familia, y también —¿por qué no decirlo?— aquellos pequeños azotes que pendían del mismo clavo que el rosario y que, con aquél, eran legado de los abuelos, para corregir en forma demasiado contundente los defectos que pudieran brotar en los retoños del viejo tronco. (Ni que decir tiene que fueron rarísimas las ocasiones en que tuvieron que entrar en juego las mentadas disciplinas). 
Iglesia de Cemboráin, al fondo, la Higa
De los once vástagos sobrevivientes, media docena habían ingresado ya en congregaciones religiosas misioneras. Fueron los dos mellizos los que rompieron el fuego, dando el adiós postrero a su patria y familia para llevar a la remota China la luz redentora de JESUCRISTO. Resultaron habilísimos para el estudio de aquel difícil idioma, por lo que les destinaron a ser maestros de chino entre los PP. misioneros del Celeste Imperio, necesitados de comenzar por el aprendizaje de aquel complicado problema. Eran hermanos gemelos; juntos habían dejado su pueblo —el diminuto Cemboráin—, para marchar a la Escuela Apostólica; juntos habían ingresado en Religión; juntos estudian la carrera... Y no pudieron separarse cuando se trataba de ser misioneros. Y marcharon juntos...
Paco con su libro
Al poco tiempo seguía sus pasos Francisco, el primogénito de aquella abnegada dinastía. Es curiosa la génesis de su vocación. Era todo un mozo labrador hecho y derecho —veintinueve años de edad—, dispuesto para encargarse el día de mañana de la dirección de la casa y hacienda. Pero al contemplar la sectaria persecución que por aquel entonces sufría la Iglesia en nuestra Patria —la congregación a que pertenecían sus hermanos había sido expulsada de la nación— vibró su espíritu con reacción generosa. Y recordando las sencillas lecciones que sobre la defensa de la Religión oyera de niño en la catequesis de labios del viejo párroco -el bueno de don Anastasio-, juzgó que el mejor modo de laborar por Ella en aquellas circunstancias, era el de alistarse como ´misionero. 
Y como lo pensó, lo hizo. Y aunque los superiores de la Compañía de Jesús, en vista de su despejada inteligencia, deseaban fuese religioso "de Misa", la humilde sencillez del mozo se resistió a ello, ingresando como hermano coadjutor. ¡Siempre, en el fondo de todas estas vocaciones, la figura del párroco de las aldeas navarras! 
Paco, Prisci, Benjamín, Severino, Narciso y Pepito
Aún quedaban en la reserva de la preparación misional otros dos varones: Narciso, estudiante de Filosofía, y José —familiarmente llamado Pepito—, el benjamín de ellos, quien también cursaba sus estudios en la Escuela Apostólica de Javier y que era nuestro monaguillo durante sus vacaciones. ¡Los cinco en la misma Orden y los cinco con idénticos afanes misioneros! 
El sexo débil se hallaba asimismo dignamente representado en la apostólica empresa; una de ellas —Emilia— religiosa en el extranjero; otra —Felisa— novicia en congregación misionera, y finalmente, María Jesús, la que cerraba el número de la prole, con catorce años a la sazón, acudía a la escuela y a nuestra catequesis, soñando siempre en seguir la senda de sus hermanas. 
Han transcurrido cerca de una veintena de años. De los tres hermanos que —veteranos avanzados de Dios— trabajaban en la misión del Lejano Oriente —Francisco y los dos gemelos: Benjamín y Moisés—, éste consuma prematuramente su existencia terrena en los umbrales del Sacerdocio. Los dos restantes permanecen en la brecha hasta que la sacrílega persecución de los «sin Dios» les obliga, a viva fuerza, a salir de China. Los superiores les señalan nuevo campo de operaciones no lejos de la tierra que ocupó sus desvelos; Paco continúa su ministerio en Formosa, mientras Benjamín lo hace en Filipinas.
A la niña de esta foto, al enterarse su familia de que tenía 
lepra, su padre la echó al fuego para que muriera. Se quemó 
el brazo derecho (al lado de mi tía) y tuvieron que  
amputárselo. Fotos, gentileza de Manuel Belzunegui

Por fin, resentida su sa1ud, éste recibe orden de venir a España donde rige en la actualidad los destinos espirituales de un colegio de segunda enseñanza (Jesuitas de Tudela). 
Narciso, el penúltimo de los varones, se ofrece voluntario para cubrir la baja producida por la muerte de su hermano Moisés. 
La Providencia dispuso que fuese la India el teatro de sus correrías apostólicas, pero —¿qué importa el área geográfica en orden al apostolado?— en la misión de Ahmedabad aporta, entusiasta, su grano de arena para que de aquel colosal bloque del paganismo brote triunfadora la imagen del Cristo Redentor. 
De las tres hermanas religiosas, Emilia despliega su labor entre las Siervas de María, en Portugal; Felisa, Dominica Misionera, vuela al Cielo en olor de santidad, cuando soñaba en volar a lejanas tierras de infieles, y por fin, María Jesús, recogiendo también el Crucifijo de su difunta hermana, ingresa en la misma Congregación dominicana, y halla su felicidad en la tierra, aliviando las miserias humanas y espirituales de sus queridos leprosos, allá en el Congo Belga. 
Santuario de Loyola, 31.07.1958. 1ª comunión 
de Ramón y Javi y 1ª misa de Pepito.
Y resta el nuevo sacerdote jesuita, Padre José Mendiburu, que para nosotros sigue siendo «Pepito». El 31 de julio pasado tuvo lugar en la basílica de Loyola el feliz acontecimiento de su Primera Misa en un marco de emotividad y fervor maravilloso. ¡Qué momentos aquellos en que el misacantano dio la Sagrada Comunión a sus familiares y parientes, desde su madre hasta dos de sus sobrinitos que en dicho día recibían por vez primera el Pan de los Ángeles y que ya se ilusionan con la idea de ser el día de mañana, misioneros como sus tíos. Pero el nuevo sacerdote ha querido celebrar también su Misa en el venerable castillo donde cursó sus estudios, en la cuna de Javier, donde se reunirá el próximo domingo, día 14, con sus familiares y amigos. Que el Santo Apóstol le alcance la gracia de ser celoso cumplidor del apostólico mandato: «Id por todo el mundo predicando el Evangelio a todas las naciones». 
Javier LARRAYOZ ZARRANZ (Párroco de lrurozqui) 
Envío: Al nuevo sacerdote Padre José Mendiburu Itoiz, S. J, y a sus familiares, con mis mejores votos en el fausto acontecimiento de su Misa en Javier

miércoles, 1 de mayo de 2019

La tía Mª Jesús, misionera en el Congo

Delante de la iglesia de la misión de Pawa.  A la niña de esta foto, al enterarse su familia 
de que tenía lepra, su padre la echó al fuego para que muriera. Se quemó el brazo derecho 
(al lado de mi tía) y tuvieron que amputárselo. Fotos, gentileza de Manuel Belzunegui
Que mi tía Mª Jesús no era una monja al uso, es algo evidente. Fue una mujer muy activa, hasta el punto de que, cuando la salud mermó sus facultades físicas, le costó un montón adaptarse a una vida pasiva y silenciosa. 
Un par de anécdotas os van a dar una idea de su talante:
-para cuando Sor Citroen (1967) decidió modernizarse y hacer apostolado utilizando ese popular vehículo por las carreteras españolas, mi tía ya llevaba 15 años conduciendo un camión por los andurriales del Congo Belga (así se llamaba entonces)
-En 1964 su comunidad de Misioneras Dominicas, fueron secuestradas y vejadas por los Simbas. Cuatro fueron asesinadas. Una vez liberadas, el 3 de Enero de 1965 llegó a Barajas el avión, procedente de Leopoldville, y su hermana Isidra se desplazó desde Cemboráin-Pamplona para recibirla. 
Las primeras palabras que cruzaron han quedado en el imaginario de todos sus sobrinos:
-Isidra: "¿Abrazo a una mártir?
-Mª Jesús: "¡No seas tonta!"
Así era esta mujer quien, a finales de septiembre de 2018, aún tuvo arrestos para destapar el asesinato del cura de Unciti -oculto desde que ocurrió, en 1950, y del que se habían apoderado rumores malintencionados- y contarme su versión de los hechos. Gracias a ella, hoy tenemos un poco de luz (yo diría que casi todos los elementos) para saber lo que de verdad ocurrió.

Mi tía Mª Jesús, hermana de mi padre, fue la pequeña de una familia supernumerosa y con 8 hijos religiosos que salió de Cemboráin, un pueblo  de escasos 60-80 habitantes del Valle de Unciti. Ha sido la última de la familia en nacer y también en morir. Descansa, tía, -por una vez- en paz.

Entrevista en La Verdad (17.04.2015)
Hace ahora cuatro años, La Verdad le hizo la siguiente entrevista:

Información / Testimonio en el año de la Vida Consagrada
La Dominica del Rosario María Jesús Mendiburu Itoiz
María Jesús Mendiburu, toda una vida al servicio de los enfermos en el Congo


En la puerta de Casa Esteban, en Cemboráin
Hace 86 años (01.07.27) nacía en Cemboráin, en pleno valle de Unciti, María Jesús Mendiburu ltoiz, la decimosexta hija de un matrimonio que tuvo la mayor parte de sus hijos religiosos. Y como no podía ser de otro modo, la pequeña también lo fue y a los 19 años se fue, de misionera de las Dominicas del Rosario, al Congo Belga. Allí permaneció 40 años, trabajando como enfermera, sobreviviendo a raptos y matanzas y entregando su vida por los más necesitados.

¿Cómo surgió su vocación?
El cielo sabrá qué empujón me dio. Pero fue gracias a mi madre, que fue una santa. Ella quería que todos sus hijos fueran religiosos o misioneros. Y se cumplió, porque ella siempre pedía en el rosario de la noche, que se rezaba en familia, por la perseverancia y santidad de los hijos religiosos y misioneros. El señor le escucho. Fuimos 8 religiosos, dos quedaron solteros y cuatro murieron de pequeños. Uno quiso entrar, pero -como no pudo- finalmente se casó.
¡Ocho hermanos religiosos!
Montaje fotográfico de los hermanos religiosos de
Mª Jesús, junto a sus padres. Mª Jesús, detrás de su padre.
Si, como digo yo "mi madre, Felipa, ha sido un criadero de hijos para el cielo". Una santa mujer a la que el Señor escuchó en sus peticiones.
El mayor, Francisco, después de realizar la mili se metió Jesuita. Nunca pensó nadie que se haría religioso, porque era un ligón, pero un día nos dio la sorpresa y se fue al noviciado de Loyola, donde también estaban mis dos hermanos gemelos, Benjamín y Moisés. Los tres hermanos fueron destinados a China.
Mi hermana mayor fue Sierva de María y estuvo trabajando por el Sur de España, Canarias y en Portugal.
Otra hermana, Felisa, fue Misionera Dominica, trabajó en un sanatorio en Tarazona, pero murió a los 28 años sin haber podido cumplir el sueño de irse a las misiones.
Mi hermano Pepito tampoco pudo ir a las misiones porque tenia muchos comas diabéticos y permaneció en un colegio en Zaragoza.
Narciso estuvo toda su vida de misionero en la India, nada más y nada menos que 63 años, hasta que lo trajeron a España a morir.
¿Quién te va a salvar, imprudente gatito?
Dos de mis hermanos se casaron, Prisciliano, que quiso ser religioso pero no pudo, se casó y tuvo 10 hijos.
Y Severino que tuvo 4 hijos. Este último fue el único que no dijo nada de ser religioso.
¿Y por qué decidió entrar a las Misioneras Dominicas?
Una de mis hermanas, que era Misionera Dominica, murió a los 28 años, el mismo dia que los cumplía, en Tarazona. No pudo ser misionera y mi madre me dijo "¿no querrías tú sustituirla, ya que ella no ha podido ir a las misiones?". Yo, en ese momento, tenía 12 años y me gustó la idea. Me fui con 19 años a las misiones. Primero hice el noviciado, los votos y ya me destinaron al Congo Belga. Pero había que aprender Francés y la medicina tropical. En Bélgica estuvimos 2 años aprendiendo la lengua hasta que finalmente me fui al Congo.
¿Cuántos años estuvo en el Congo?
He estado 40 años, toda una vida, hasta que por motivos de salud me tuve que volver definitivamente a Barañain.
¿Cómo recuerda sus inicios de religiosa?
Mi tía te salva, gatito,  y con toda naturalidad
Hice el noviciado en el barrio de San Juan, en Pamplona, y con dos hermanas más me fui destinada al Congo Belga, ya que vino un Obispo misionero de los Hermanos Reparadores que pidió que se buscaran religiosas para el Congo, porque las misioneras belgas que había allí, en la leprosería, se iban a marchar por falta de vocaciones. Allí nos fuimos tres misioneras, después de hacer un viaje estupendo con parada en Roma, Grecia, Egipto y Sudan, donde nos esperaba el Señor Obispo que nos llevó a nuestra misión, donde había un puesto de Cruz Roja Nacional. Allí había un hospital, una leprosería, un orfanato y una maternidad.
¿Qué era lo que hacia en las misiones?
Allí trabajaba como enfermera en una leprosería. Era una leprosería de unos 1.500 enfermos. Estaba con cinco compañeras más. Y cada una trabajábamos en sitios diferentes.
Durante todos esos años de misionera le habrán pasado muchas cosas, ¿no?
LOS SIMBAS LLAMAN A MUERTE ,
DOMINICAS ESPAÑOLAS EN EL CONGO
Estando en el Congo empezaron las revueltas y nos apresaron los Simbas. Por la misericordia de Dios, nos liberaron, porque a cuatro compañeras las mataron, en Kisangani. Estábamos al norte, en la frontera con Sudan. Cuando nos liberaron vinieron a Pamplona, al barrio de San Juan, donde estaba el noviciado y por grupos nos mandaron a Colombia a un hospital psiquiátrico, a otras las mandaron nuevamente al Congo, pero no al norte sino al sur, a un hospital de una empresa minera. Y a nosotras nos mandaron a Alemania, sin saber el idioma, a regir un hospital de pueblo. En Alemania me tocó estar en la sala de operaciones. Allí pasé tres años. Después de mucho pedir e insistir nos dejaron volver al Congo, pero a la zona sur, donde estuvimos poco tiempo, porque queríamos volver, a toda costa, al norte, donde finalmente nos instalamos en las antiguas misiones.
Mª Jesús -durante su cautiverio en manos de los Simbas- consiguió mantener en su poder
este rosario misionero (5 colores, 5 continentes) de 1964, con la cruz de Pablo VI
***
Y durante el funeral se leyó esta bonita semblanza:

SEMBLANZA DE SOR MARINA (Mª JESÚS MENDIBURU)
La hermana Marina Mendiburu Itoiz (Mª Jesús) nació en Cemborain, Navarra el 1 de julio de 1927. Sus padres Venancio y Felipa constituyeron una familia numerosa de dieciséis hijos, de los cuales, ocho se consagraron al Señor; cinco Jesuitas; dos misioneras dominicas y una, sierva de María. En un ambiente cristiano sintió Marina la vocación misionera. Ingresó en la Congregación el 19 de marzo de 1947; su profesión temporal, el 21 de octubre de 1949 y su compromiso definitivo en la Congregación el 11 de enero de 1953. 
Viviendas de pacientes de la Leprosería de Pawa
Desde los primeros años de su vida misionera sintió el deseo de trabajar con los leprosos, animada por el ejemplo del Padre Damián que consagró su vida en la Isla de Molocay a estos enfermos. 
En aquel momento, no era bien conocida esta enfermedad, más bien se le temía y se consideraban heroicas las personas que se consagraban al cuidado de estos enfermos por ser esta enfermedad muy contagiosa. Marina se preparó para esta misión en un Centro especializado en Fontilles, Alicante. Terminada su formación fue enviada a Bélgica a completar sus estudios en enfermería e idioma y en 1952 llegó a la misión de Pawa (pincha y acércate a la marca roja), República Democrática del Congo, a una gran leprosería donde había cientos de enfermos que requerían unos cuidados especiales y una entrega generosa y exigente. 
Con mucha dedicación los cuidó hasta que en 1964 estalló la guerra de los simbas y sufrió con las demás hermanas prisión, vejaciones y malos tratos. Liberadas ya, y después de un tiempo en otros países, ninguna hermana perdió la ilusión de regresar a aquellas misiones; tampoco Marina. Esperando este retorno trabajó en un hospital de Alemania, hasta que en 1968 pudo regresar a Pawa su misión añorada. 
Las hermanas encontraron a su vuelta al Norte del Congo las consecuencias de la guerra, destrucción, muerte y el dolor de un pueblo destrozado. La gente confiaba tanto en las hermanas que fue para ellos como una liberación el poder contarles todo lo vivido, sufrido y sobre todo la pérdida de sus seres queridos que nunca volverían. 
Comunidad de Barañaín
Marina vivió años de mucha actividad, tanto en el servicio de salud como en lo social, acompañando a aquel pueblo. En 1989, con la salud un poco delicada, regresó a España y, después de un año sabático, se incorporó a la comunidad de Santa María de Barañain, donde ofreció por varios años servicios comunitarios hasta que la salud le permitió. Al incorporarse a esta tierra y comunidad continuó con su espíritu misionero y solidario, aportando y recordando a las hermanas de la comunidad las distintas campañas de solidaridad que se hacen a través de la Iglesia. Era amante de la lectura y de los Medios de Comunicación Social, interesándose por lo que pasaba en el mundo. 
Durante varios años, la enfermedad estuvo presente en su vida, pasando por momentos muy difíciles, críticos, costándole adaptarse a una vida inactiva y silenciosa. África la llevaba en su corazón; muchos eran los recuerdos que tenía en su mente, disfrutando de lo que había sido y vivido en ella; así lo manifestaba a tanta gente con la que se relacionaba. 
Los últimos meses de su vida fueron muy dolorosos; en ellos manifestó su entereza ante el sufrimiento físico, dependencia y limitación en que se encontraba. Al aceptar la situación de debilidad, recuperó la paz interior mostrándose muy serena, tranquila y agradecida. 
En el último ingreso que pasó en el hospital, presintiendo su próximo final, recibió serenamente la unción de los enfermos y con cierta mejoría, regresó a la comunidad donde paulatinamente se fue agravando. 
Cementerio de Cemboráin: la tradición continúa
Su familia la visitaba con frecuencia y fue para Marina un referente que le estimulaba en su vida y misión que la compartía con ella. 
En una de las vacaciones donde coincidieron los hermanos, cuando su madre ya había muerto, ante su tumba, rezaron el Padre Nuestro en cinco idiomas procedentes de los países donde trabajaban como misioneros: India, China, Portugal, Congo y España. 
El día 19 de abril del presente año, viernes santo, a las 00,15 de la madrugada, nos dejó Marina, para encontrarse con nuestro Dios, el Dios de la Vida, en el que tenemos vida eterna, vida que no termina, se transforma. (Juan 6,37-40).
Después de una vida larga y misionera, de entrega y servicio a los más pobres, enfermos y desvalidos, confiamos en que nuestra hermana ya haya retornado al Misterio Infinito que nos constituye, origen nuestro y de todo cuanto existe. 
Descanse en Paz.

Familia Mendiburu-Itoiz
Con mi tía Mª Jesús termina esta familia. Ella nos mandó hace algunos años este documento que acabo de corregir y completar:

domingo, 30 de septiembre de 2018

El crimen del cura de Unciti (1950)

Iglesia abandonada de Unciti. El cura fue asesinado al salir por esa puerta, tras los primeros toques para
el rosario (02.06.50). A la dcha, la parroquia en 1929
Prolegómenos
En los últimos años de vida de mi madre, cuando iba a pasar con ella la tarde de los martes, aprovechaba para sonsacarle anécdotas, recuerdos suyos... que no podían quedar en el olvido. Uno de los que más me impactó fue el caso de Toribio Eguía, quien en 1884 mató al cura de Atondo y a su ama. Su ejecución fue a garrote vil en la Vuelta del Castillo y Pío Baroja, niño, fue testigo de ella.
Y yo le reñía a mi madre: "me estás venga contar lo del crimen del estanco de la calle del Coso, el crimen del cura de Atondo... y no me cuentas nada del asesinato del cura de Unciti, bien reciente (1950) y a un kilómetro de Cemboráin, de donde sois el papá y tú". Y mi madre se hacía la loca o, quizás, no supiera (cosa extraña), pero jamás me contó nada.
Muerta ya mi madre en 2010, empecé a publicar la triste historia de Toribio y cinco años después -en 2016- me llega al blog este comentario:
Anónimo dijo...
Estupendo, Patxi, tu relato de El crimen de Atondo: Toribio Eguía".
Lamento, no obstante, que no amplíes el asunto del párroco de Unciti, Don Juan Iribarren Martínez, asesinado el viernes 2 de junio de 1950. Sólo he podido encontrar dos referencias en el Diario de Navarra. Un amigo de Aoiz recuerda algunos ecos que circularon por la zona tras el asesinato del párroco. Al parecer, ambos competían por el amor de la misma mujer, o bien el párroco desaconsejó a la chica que se casara con cierto mozo del pueblo. Éste, despechado, se vengó del presbítero quitándole la vida de un hachazo. La noticia sólo fue recogida, brevemente, por el Diario de Navarra: una esquela el domingo 4 de junio de 1950, y, un año después, un breve artículo in memoriam.
Es posible que no se quisiera publicitar un episodio tan truculento, que debió parecerles, en aquellos tiempos, escandaloso.
Antigua parroquia, cementerio y Paña Izaga
Como veis, cuando se esconde la información, se disparan los rumores; cuanto más silencio guarde la Iglesia y la prensa, más duros y retorcidos los rumores contra las víctimas [: el cura ("algo habrá hecho"), la chica ("la mala de la película")],  
Es incomprensible que nadie haya publicado nada en 68 años. Ese silencio no ha hecho sino sembrar dudas y sospechas precisamente contra las dos víctimas, Don Juan Iribarren Martínez y Mª Luisa.
Así pues, por acabar con esta larga e injusta situación, quiero agradecer a mi tía Mª Jesús (Sor Marina, en la vida religiosa) que me haya contado lo que ella conoce sobre este triste suceso.

Mª Jesús en el Congo belga
Las fuentes
En 1950, Mª Jesús, mi informante, a punto de cumplir 23 años, estaba en el noviciado de las Dominicas, en el barrio de San Juan, y el hortelano del convento (que había trabajado antes para una casa de Cemboráin y, por tanto, la conocía mucho) fue quien le dio la noticia del asesinato del cura de Unciti. Y después (en el tiempo, que no en importancia), las visitas (muy especialmente su hermana Isidra, a la que le tocó el tema bien de cerca, como veréis) le fueron aportando los detalles, el móvil del crimen...
Quiero destacar la oportunidad del testimonio de Mª Jesús (nacida en el 27) la más pequeña y única superviviente de los 15 hermanos que fueron, entre ellos, mi padre.

El relato de Mª Jesús
Mª Luisa y XX (quien luego mató al cura) eran novios. Ella era de Sengáriz y él de casa XY de Unciti (a poco más de 10 km en línea recta). Ya habían intercambiado los regalos previos a la boda, pero aún no se habían leído las amonestaciones en las respectivas parroquias, cuando la madre de él le dijo: "no te cases con ésa". Y él dejó a Maria Luisa.
Pero, al tiempo, quiso que volviera. Ella, quizás porque se sintió despreciada, ya no quería volver. Entonces él le pidió al párroco, Don Juan, que intercediera, ya que a él Mª Luisa no le hacía caso. A pesar de los intentos del cura, Mª Luisa se mantuvo firme en su negativa y a XX empezó a darle la impresión de que el cura no hacía todo lo posible.
El primer síntoma de que XX estaba perdiendo la cabeza fue que empezó a decir por Unciti que iba a matar al cura. La gente, como os podéis imaginar, no se lo tomaba en serio.
La línea roja  marca  la distancia (208 m) de la parroquia (abajo) a la 1º casa de Unciti
La parroquia de Unciti estaba entonces alejada más de 200 metros de las primeras casas del pueblo (caso -que yo sepa- poco habitual, que habrá que investigar) y era el propio cura quien daba los toques (la una, un cuarto, media y entrada) para misas, rosarios...
Se encontraba, con una cruz, donde cayó muerto Juan
El viernes, 2 de junio de ese año 50, el cura dio alguno de los primeros toques anunciando el Rosario, "pero luego no tocaba, no tocaba y el pueblo se alarmó". El cura no aparecía por ninguna parte y llamaron a la Guardia Civil.
Cuando llegó la Guardia Civil, lo encontraron muerto junto a la iglesia, semiescondido en una ezpuenda.
Nadie sabía, a ciencia cierta, qué le había podido pasar, pero XX sí. Había esperado a que el cura saliera de la iglesia, tras alguno de los primeros toques, y en el mismo atrio, por la espalda, le dio un azadazo (no hachazo) en la nuca, en sitio seguro. A continuación lo arrastró para ocultarlo en la ezpuenda. Para disimular, volvió a casa como si nada y puso la radio a tope (como queriendo decir: "a mí que me registren, que yo estaba en casa oyendo música").
La Guardia Civil, tras recabar información y recoger pruebas, enseguida detuvo a XX. Él mismo ("voy a matar al cura") ya se había delatado.
XX pasó el resto de su vida entre la cárcel y el manicomio, donde -cree mi tía Mª Jesús- murió.
Actualización 20/04/1978
Preguntando en el cementerio me dicen que falleció en Pamplona, el día 19 de abril de 1978, a los 62 años de edad. No hay lápida. Estuvo enterrado en una fosa y luego fue al osario común.
Pinchad en el enlace para ver la Venta de Óriz ("el cenáculo" de mi hermano Carlos) en la actualidad
Maria Luisa
1. Tía Isidra  2. Mª Luisa  3. Tía Felisa, dominica misionera
Imaginaos la situación en que quedaba Mª Luisa tras el asesinato. Especialmente quienes se hicieron eco de los rumores más malintencionados ("Al parecer, ambos -cura y novio- competían por el amor de la misma mujer"), la verían como "la mala de la película".
Y en ese terrible momento juega un papel fundamental otra tía mía, Isidra, amiga de Mª Luisa. [En la foto de la derecha las veis en la despedida de las 4, de pie, que se van monjas. Con el nº 3, mi tía Felisa, que murió en 1945 con 28 años. Fue sustituida en la misión por Mª Jesús, nuestra informante]
Mi tía Isidra tenía en la Venta de Óriz todo un arsenal de primos solteros (once, leo en la lápida; cada vez que, por los años 60, pasábamos con el coche por la Venta, mi hermano Carlos, con su ironía habitual, solia decir: "a la izquierda, el cenáculo").
Entre ellos, había uno, Pablo, cuya familia quería que se casara con una chica, pero a él no le llenaba. Isidra, que conocía los sentimientos de Pablo, no muchos meses después de los terribles hechos, un día le habló así: "supongo, Pablo, que en Óriz habéis oído hablar del caso del cura de Unciti. La chica, que se vio envuelta en la tragedia, es una amiga mía de Sengáriz, Mª Luisa. Imagínate en qué situación queda. Yo, que quiero lo mejor para ti, te garantizo que es buena, sacrificada, trabajadora..."
El éxito de esa relación fue total. Pablo y Mª Luisa se casaron y tuvieron un hijo, José Luis. Yo los recuerdo, cuando venían por los Jardines de la Taconera, en los años 50, como una pareja muy agradable. Una hermana mía les pone el calificativo de "buenazos" y añade un detalle que me ha dejado impresionado: Mª Luisa debía de estar bastante delicada y cuando volvían a casa (un piso sin ascensor) el bueno de Pablo se la echaba a las costillas y la subía hasta casa. Y de José Luis, el hijo, quien lo ha conocido sabe que fue una persona solidaria, un buen profesional y honrado a carta cabal.
En fin, tía Isidra, que como casamentera no tuviste precio.
Aquí descansan Maria Luisa y Pablo, su hijo José Luis y los Mendiburu Ayanz
Juan Iribarren Martínez
Gracias a la esquela y a la hemeroteca de DN, he conseguido saber era originario de Alzórriz; durante la Guerra Civil fue destinado como capellán castrense en el Tercio de San Ignacio; fue también párroco de Najurieta; El Cabildo y Arciprestazgo de Ibargoiti organizó un funeral en el Seminario de Pamplona; hubo misas de aniversario, también, en Alzórriz y Lesaca y que murió con 40 años y está enterrado en el cementerio de Unciti.

DN Hemeroteca 03/06/1951
Lápida de Juan Iribarren en el cementerio de Unciti
...Iribarren Martínez. Un año ha pasado desde aquella noche nefasta, y durante él, en nada ha disminuido el recuerdo a su pastor de almas, como a la hora en que la mano homicida causó la muerte al Sacerdote. El tiempo, factor principal, que borre las huellas de lo pasado, no puede hacer, que ese caso se olvide. y como homenaje a su memoria y recuerdo, este pueblo, ha sabido, con verdadera resignación cristiana sobrellevar tan tremenda desgracia y las consecuencias que de ella se han derivado. Ayer, festividad del Sagrado Corazón de Jesús; después del acto...

En conclusión
Cuando oía hablar del crimen del cura de Unciti, para rato sospechaba yo que mi familia, por parte de padre, hubiera jugado un papel tan importante y, sobre todo, tan positivo:
  • mi tía Mª Jesús (sor Marina) como informante, evitando rumores malintencionados
  • mi tía Isidra, ejerciendo providencialmente de 'casamentera' para Mª Luisa, evitando su estigmatización social
  • mi tío Pablo, haciéndola feliz (y subiéndola a casa a rechinchín)
  • mi primo José Luis, haciendo que sus padres, Pablo y Mª Luisa, estuvieran orgullosos de él y dándoles dos nietas.
¡Para estar muy orgulloso!
Pero me quedo con la rabia de no haber publicado esto hace unos años, cuando alguno de los afectados vivía.
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Crimen de Unciti, otras versiones y valoraciones