Mostrando entradas con la etiqueta oraciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta oraciones. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de abril de 2018

Por la calle la Amargura iba la Virgen llorando

La Virgen con san Juan y las Marías camino del Calvario
Valdés Leal, óleo sobre lienzo. Museo de Bellas Artes
Así titulo esta emotivísima oración que aprendí de niño y que volvió a mi mente décadas después. La asocio a la casa de la calle Dormitalería, en donde viví hasta los 10 años. La habría aprendido con cinco, seis... años, hacia 1955.
Ésta es la letra que fui recordando en dos o tres pasos. Estoy convencido de que habrá alguna estrofa olvidada, pero creo que lo esencial de lo que aprendí está aquí.

Por la Calle la Amargura
(oración infantil)
Por la calle la Amargura
iba la Virgen llorando;
se encontró una señora
toda vestida de blanco;
preguntó: “mujer cristiana,
¿has visto a Jesús amado?”
sí, señora, ya lo he visto,
que por aquí ha pasado
con una cruz en los hombros
y una cadena arrastrando
y una soga por el cuello
que de allí le iban tirando.
San Juan le dijo a la Virgen:
caminemos al Calvario,
que para cuando lleguemos
ya lo habrán crucificado”.
Ya le clavaron los pies,
ya le clavaron las manos,
ya le dieron la lanzada
en su divino costado;
la sangre que derramó
en el cáliz consagró,
el hombre que la bebiera
será de Dios perdonado.
Quien dijera esta oración
todos los viernes del año,
sacará un alma de pena
y la suya de pecado.



Esta oración no era recitada ni cantada, sino canturreada con una melodía monótona, a tono con el contenido. Lo que se llama una melopea.
Buscando ayuda en internet, he comprobado que hay versiones mucho más largas y que está extendida por todo el mundo de cultura cristiana, por donde se habla la lengua española.
De ahí, expresiones tan habituales como "me trae por la calle la Amargura".
Como habéis visto, la "Calle de la Amargura" no es sino la Vía Dolorosa, que tuvo que recorrer Jesús llevando la propia cruz en la que luego fue clavado. De ahí, que también se llame "Vía Crucis" (calle de la cruz).
De niños creíamos en el cielo, infierno, purgatorio y hasta en el limbo. Por ello, la última estrofa tenía una gran fuerza para nosotros. A pesar de ello no creo que haya habido un solo niño que la haya recitado "todos los viernes del año" ni que se haya sentido muy culpable por no hacerlo.
Estas antiquísimas oraciones dejaron de rezarse a partir de los años 60, con la llegada del Vaticano II.

Otra curiosa versión: