En las primeras horas de la catástrofe de Valencia se habló en varias ocasiones de un camionero que estaba desaparecido con su vehículo. Los bomberos no daban con él. Fue su hijo quien lo encontró.
Daniel titubea ante las puertas de la comandancia de la Guardia Civil de Valencia.
-¿Viene por un desaparecido?- le pregunta el agente que aún mantiene el tipo, tras toda una jornada observando el dolor de frente.
-A eso venimos, a avisar que está muerto- responde Daniel.
Entonces el guardia abandona por un momento su posición erguida. Sus hombros dejan un instante su firmeza. Su postura corporal imita la del joven encorvado de camiseta roja que tiene frente a él.
-¿Seguro que está muerto?- dice el Guardia Civil tratando de aportar un atisbo de esperanza.
-Sí. Mi amigo lo sacó con sus propias manos de un barranco entre Picanya y Torrente. Encontró el camión de su padre, pero al sacarlo ya estaba muerto- lamenta Daniel.
Su amigo Sergio está hincado de rodillas en el barro. Apoyado en sus muslos, descansa el cadáver de su padre.
El 15 de octubre de 1957 era martes. Me habría levantado pronto, quizás a las 7, para ir de monaguillo a San Juan Bautista (Jesús y María) y luego a las Escuelas de Compañía, con don Cruz. Y cuando desayunaba mi colacao (tenía 7 años), mi madre me contó consternada lo que había oído en la radio, la vieja radio de Dormitalería: que Valencia había sido arrasada por las aguas del Turia. "Ya sabes que en Valencia tenemos a Sor Visitación, mi hermana sierva de María".
Pronto recibimos una carta tranquilizadora de mi tía que mi padre leyó después de comer ("para postre leímos tu carta", solía decir). En ella nos contaba con detalle las penurias que habían padecido.
Gracias a la aprobación del Plan Sur, se realizó un nuevo trazado del Turia, desviando el cauce del río al sur de Valencia y aumentando su capacidad.
Mucho enfado, tienen que rodar cabezas... Para cuando llegó el aviso ya estaba la gente con el agua a la cintura. La DANA deja ya 158 muertos, un número indeterminado de desaparecidos y un rastro de desolación y dolor. El número provisional de fallecidos asciende a 155 en la provincia de Valencia, otros 2 en Castilla-La Mancha y 1 más en Andalucía. Pero quedan garajes a los que no se ha podido acceder. Paiporta, epicentro de la DANA... Mucha gente lleva ya dos días sin agua ni luz. Se saquean los supermercados... Act. 13:11: 205 muertos.
Se agotan los titulares para describir lo que está siendo esta inundación de 2024, muy superior a la que yo guardaba en mi memoria de 1957.
C. Pintor Sorolla, 2 11 1957
Esta catástrofe no ha sido la primera protagonizada por una tormenta que amenaza Valencia, en los 636 años de los que constan registros, se han contado hasta 25 riadas en la capital, la última el 14 de octubre de 1957 que causó miles de daños y, según fuentes oficiales del régimen, 81 víctimas mortales. Las crónicas de la época, en cambio, aumentaban esa cifra a más de 300 personas fallecidas.
Días antes de la tragedia del 57 se habían reportado lluvias en otros municipios cercanos a la capital valenciana, donde se habían acumulado grandes cantidades de agua, llegando a superar incluso los 630 litros por metro cuadrado. A pesar de estas lluvias cercanas, en la capital aún no se había registrado ninguna precipitación.
Algunos periódicos de la zona habían advertido sobre el aumento del caudal del río Turia, pero ninguno fue capaz de adivinar la catástrofe que realmente se avecinaba. Horas antes de la primera riada, varios serenos y guardias civiles intentaron avisar a los vecinos sobre el peligro inminente, pero lo único que se podía hacer a esas alturas era intentar huir lo más rápido posible hacia un lugar alto.
La radio valenciana hizo un comunicado avisando, sobre todo, a los vecinos de Marchalenes y Nazaret sobre el alarmante crecimiento del río. El 14 de octubre, entre las dos y las cuatro de la madrugada, empezó la primera riada que ocasionó miles de daños en comercios y viviendas.
1968 Actuaciones para el desvío del cauce del río Turia en la nueva desembocadura. Confederación Hidrográfica del Júcar
Aproximadamente doce horas después, la segunda riada volvió a inundar la ciudad, duplicando el caudal del Turia, que pasó de 2.700 a 3.700 metros cuadrados. A pesar de ser la segunda tanda de agua, según informa en su libro Francisco Pérez Puche, esta dejó menos víctimas al ocurrir de día, aunque el agua llegó a mayor altura, causando más destrozos. Durante horas el río arrasó la capital valenciana y las consecuencias durarían incluso meses.
1968 sobretasa
En algunas de las zonas afectadas todavía se pueden ver las marcas de la altura del agua, que variaron desde los 40 centímetros hasta los cinco metros de alto. Las calles tardaron más de un año en volver a la normalidad, según testigos del temporal, al año siguiente aún seguían los rastros de barro y suciedad que el agua había arrastrado a las calles de la capital.
El régimen de Franco dio oficialmente la cifra de 81 fallecidos por la gota fría, pero muchos valencianos insisten en que la cifra es mucho mayor, llegando a más de 300 víctimas mortales.
Debido a esta desgracia, que se denominó como «la gran riada de Valencia del 57», el régimen de Franco, junto al ayuntamiento de Valencia, aprobó un año más tarde, en el 58, un plan que se llamó Proyecto Plan Sur que no se empezó hasta el año 65, algo que ha evitado que esta vez haya que lamentar todavía más perdidas humanas y daños.
Gracias a la aprobación del Plan Sur, se realizó un nuevo trazado desde las afueras de Quart de Poblet hasta el norte de Pinedo, cruzando por medio de l´Horta de Valencia, desviando el cauce del río al sur de Valencia y aumentando su capacidad.
Hoy el antiguo cauce del Turia es un vergel
La tragedia del 2024, que sigue en proceso, ya ha superado en víctimas oficiales a la ocurrida en el año 57. El Gobierno ha decretado oficialmente tres días de luto y el Congreso ha suspendido el pleno de control al Gobierno. Pero Moncloa le ha forzado a validar el decreto de RTVE. Una vergüenza. La pitada a Sánchez saliendo de Valencia en helicóptero ha sido monumental:
La inundación, desde el pueblo (izda) hasta la playa
Cuando uno cruza el puente de Vega, puede ver, pocos metros aguas arriba, los restos de los estribos de un antiguo puente. Y se pregunta qué pudo pasar en un lugar tan idílico. Por mucho que mire en la Prensa Histórica, no encontrará noticias. La respuesta y las fotografías nos la ha dado Luci Celorio, mi casera, que lo vivió en primera persona en su casa del Carrizal.
Reportaje de Gaston du Mousqui, un francés que, con su mujer, Annette, estuvo muchos años de pensión en casa de Luci. Él ya falleció y ella vive aún. Muchas gracias a ellos y a Luci, porque esto que vais ver es el único documento que he encontrado sobre lo que pudo ser una catástrofe.
Pepe, padre de Luci, y Gaston, autor del reportaje fotográfico, junto al coche salvado
La gota fría (así se llamaba entonces a lo que hoy se denomina DANA —sigla de «depresión aislada en niveles altos»— o dana) se produjo la noche del 2, martes, al 3 de agosto de 1988.
La tarde del día 2 cayó una buena granizada que afectó al coche de Gaston. Luci le dijo que no se preocupara, que ya había caído todo lo que tenía que caer.
En el centro, lo que hoy es el Rest. Güeyu Mar y a su izda. los restos del puente. Dcha.: casa Luci
Pero en la madrugada, ya día 3, las nubes reventaron.
Entre Torre y la Mina Ana confluyen dos arroyos, el Acebo y el Castañar (El Arcu, pincha) , que luego tienen que pasar por un desfiladero, el de Entrepeñas, lugar peligrosísimo porque con toda la maraña de troncos arrastrados, piedras y barro se pudo formar un tapón.
Al sospechar lo que se les venía encima, los campistas cogieron los coches para subir a la nacional por la, hoy, carreteruca del camping. Pero entonces no estaba asfaltada y tuvieron que abandonar los coches, muchos de los cuales fueron arrastrados por el agua.
Entrepeñas, desde la Nacional; Vieja carretera, antes de 1988
Entonces no había túnel. Por el centro, el río se llevó la carretera
Una vez atravesadas las foces (así se les llama en el panel de Entrepeñas), se abre una ancha llanura, una vega (que da nombre al pueblo). Y la corriente, que habitualmente pasa tranquila al lado del camping (hay una senda idílica entre el camping y el río), por suerte, se desbordó por el margen derecho, hacia el pueblo, que queda a mayor altitud.
El obstáculo final era el antiguo puente de Vega, una auténtica barrera.
El viejo puente, con tajamares también hacia el mar
Allí sí que tuvo que formarse un buen tapón que, además, coincidió con la marea alta. Se fueron acumulando troncos, piedras y barro hasta que al final reventó con un ruido ensordecedor, como una explosión (así lo cuenta Luci).
Restos del puente, desde la margen derecha
A pesar de lo aparatoso y de la hora intempestiva, no hubo desgracias personales. Tan solo, además del puente, los coches y electrodomésticos estropeados. Gaston pudo atar su coche, que aguantó, y el padre de Luci no sufrió ninguna descarga al encender la luz de la cuadra para sacar a la vaca. El nivel del agua subió en casa de Luci cerca de metro y medio, inundando lo que entonces era la cuadra.
Me imagino que Ana Luz, que vive en el punto más alto del pueblo, se habría enterado a la mañana siguiente.
Annette, Salomé (madre de Luci) y una Luci 36 años más joven
Notas.
1. Para hacer esta entrada no he contado con un escáner y las fotos del francés las he tenido que fotografiar con una evidente pérdida de calidad.
2. El enfoque automático de la cámara también me ha fallado en el vídeo de Luci. Lo siento, con lo guapa que se había puesto! Pero el documento, ahí está.
3. He subido a Face el resto de fotos creando un álbum con el mismo título que esta entrada: