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jueves, 25 de diciembre de 2025

Trágame, tierra

Sabina, flanqueado por Leiva (i) y el director de la producción, León de Aranoa. - Foto: Luis Millan
Pocas veces se ve tan gráficamente el significado de la expresión "Trágame, tierra". Leiva y López de Aranoa no saben dónde meterse. Pero es que a su amigo Sabina se lo consienten todo.
Joaquín Sabina presenta el documental 'Sintiéndolo mucho', un trabajo de Fernando León de Aranoa donde se 'desnuda' ante el espectador y muestra su vida durante sus últimos 13 años
Sin pelos en la lengua, como es su costumbre, el cantante Joaquín Sabina afirmó ayer durante la presentación de un documental sobre su figura, Sintiéndolo mucho, que ya no es tan rojo como antes. «Ahora ya no soy tan de izquierdas, precisamente porque tengo ojos y oídos para ver lo que está pasando», afirmó al reconocer el «fracaso feroz del comunismo» y la deriva de esta ideología en Latinoamérica, algo que le rompió «el corazón». A pesar de ello, el autor celebró el reciente triunfo de Lula en Brasil -«lo cual no está mal»- y la aparición «de un héroe extraordinario llamado Zelenski».
El autor de 19 días y 500 noches se desnuda ante la cámara en una producción realizada por Fernando León de Aranoa que será estrenada este viernes en 192 salas.
Frente a esos momentos pasados de «pesimismo», en parte por los efectos de la pandemia, un Sabina enfundado en unos pantalones amarillos se reconoció actualmente en «estado de euforia», como lo demuestra la presentación de este documental junto a su director y al compositor Leiva, cocreador de la canción Sintiéndolo mucho, que da nombre al trabajo.
Todo arrancó a partir de un primer viaje en el que León de Aranoa acompañó a Sabina y a Benjamín Prado con la cámara. Empezó así a registrar momentos de su vida durante 13 años, entre ellos, el homenaje recibido en su Úbeda natal o el último concierto en 2020 en Madrid con Serrat en el que sufrió una caída que forzó un largo parón.
«Mi sensación siempre fue que Joaquín se olvidaba de mí muy rápido en cuanto que la cámara no le incordiaba», relató el triunfador de los últimos Goya con El buen patrón sobre cómo sobrellevó Sabina ser grabado en instantes íntimos.
«Diez años después ya tenía la sensación de poseer un baúl con muchos tesoros», señaló León de Aranoa, que comenzó todo «sin un plan», porque eso «iría contra la naturaleza de Joaquín».

domingo, 27 de octubre de 2024

"Qué demasiao", ¿Pulgarcito o Sabina?

El viernes, en el Danubio, además de darnos de cenar tan ricamente y de cantarnos como los ángeles en la sobremesa, Alfonso nos contó el lío que había con Qué demasiao. Y me recomendó que escuchara la versión de Pulgarcito, nada menos que de 1980.
Si leéis, siquiera por encima, algunos de los 84 comentarios, os haréis una idea del follón que hay sobre la autoría, llegando alguno a llamar ladrón a Sabina.

¿De dónde ha salido todo el lío de la autoría? (Wikipedia)
Después de publicar Inventario (1978), Joaquín Sabina pasaría a cantar en el bar La mandrágora junto a Javier Krahe y Alberto Pérez. En esos momentos el cantante callejero Pulgarcito (Rodríguez Bermúdez, Luis Antonio,1962-) interpretaba en el metro y calles de Madrid temas tanto propios como de otros artistas, llegando a aparecer en Televisión Española en "Popgrama", dirigido por Carlos Tena, Ángel Casas y Diego Manrique, en un capítulo dedicado a los músicos callejeros. Una de las canciones interpretadas por Pulgarcito fue el tema de Joaquín Sabina titulado «¡Qué demasiao!», dedicado al delincuente común José Joaquín Sánchez Frutos, El Jaro. La canción llama la atención de Tomás Muñoz, director de CBS España, de modo que tanto Pulgarcito como Sabina terminan firmando contratos discográficos. Poco meses después saldría al mercado el mítico álbum "MALAS COMPAÑÍAS" (1980) que por supuesto contenía la canción «¡Qué demasiao!».
46 años después, en este vídeo (pincha), Pulgarcito sigue aceptando que el presentador diga que la canción es suya.

Comprobémoslo
"No hagan caso de los bulos que atribuyen la autoría a Pulgarcito", dice Álex Grijelmo en El País. Se agradece el consejo, pero no basta. Hay que demostrar que es un bulo. Vamos allá:
1. Pero al ir a buscar la letra (pincha), enseguida nos dejan bien claro que:
Autores de la canción: Joaquin Sabina / Jose Ramon Ripoll Salomon
Letra de Qué demasiao (Una canción para el Jaro) © Sony/ATV Music Publishing LLC
2. Para confirmarlo, vamos a la Biblioteca Nacional (pincha), que nos detalla algo más:
Partitura
Que demasiao : (una canción para El Jaro) / música de Joaquín Sabina ; letra de Joaquín Sabina y José Ramón Ripoll
Sabina, Joaquín (1949-)
Ripoll, José Ramón (1952-)
1980?:
3. Vayamos finalmente a la SGAE (pincha). Ahí también nos aseguran que los que cobran los derechos de autor son Sabina y Ripoll.

La prueba del algodón
Pulgarcito podrá decir lo que quiera, pero la Cara A de su propio disco deja bien clara la autoría de Sabina y Ripoll.
Y lo mismo dice la carátula, en las letras: Ripoll y Sabina.

En resumen 
"Qué demasiao", canción con música de Joaquín Sabina y letra de Joaquín y del también poeta José Ramón Ripoll, publicada en 1980, y popularizada y grabada en primer lugar por Pulgarcito (Rodríguez Bermúdez, Luis Antonio,1962-), al que Sabina se la había cedido. Pulgarcito llamó la atención de la CBS, que se interesó por el autor, Joaquín Sabina, cuyo primer disco, "Inventario", había pasado desapercibido.
La canción fue dedicada a José Joaquín Sánchez Frutos, El Jaro.
Por si alguien se ha quedado con dudas, aquí tenéis un enlace en el que un sabinero, que se hace pasar por Joaquín Sabina, consigue que Antonio Rodríguez, Pulgarcito, entre al trapo y reconozca que hasta fue "adoptado" por Sabina.

martes, 21 de febrero de 2023

Sintiéndolo mucho y bien, Joaquín Sabina

Dice Sabina que -sintiéndolo mucho- no canta "De purísima y oro" en público porque la gente no entiende la letra. De la mano de Pedro Charro, vamos a demostrarle que está equivocado.

"Sabina"                                                                                             Pedro Charro DN 20/02/2023
Han premiado en los Goya el documental de León de Aranoa sobre Joaquín Sabina, “Sintiéndolo mucho”, que reúne, un tanto caóticamente, como el propio personaje, rastros de su vida y sus canciones, y traza el retrato de este tipo con suerte; algo canalla, simpático y noctámbulo, gozador empedernido -lo que suscita una envidia general-, que se va convirtiendo, como él mismo dice, en un viejo verde o en el personaje de aquella canción de Serrat, tío Alberto, que tiene la suerte de encontrar al final del camino una mujer mucho más joven que le aguanta.
Puede que los mejores de su generación se perdieran en la bruma de la drogas y los excesos, que murieran o no cuidaran su carrera, el caso es que Sabina fue a más, su tenacidad se alió con ese destino que juega a elegir sus preferidos y después de prodigarse en bares y tugurios triunfó con su lírica desgarrada, sus letras magníficas, llenas de ingenio y poesía, su imborrable Madrid. 
Sus canciones están llenas de amores funestos y mujeres fatales y tienen una deuda con Dylan, pero sobre todo con los corridos mexicanos, no en vano en la película le vemos en plaza Garibaldi, en México, cantando con un tequila allí donde lo hacían Chavela o José Alfredo Jiménez. 
En un mundo donde las ideas se inoculan en lotes, y sabemos por adelantado lo que piensa alguien dependiendo de su bando, Sabina -a diferencia de otros, inasequibles- ha sabido poner cierta distancia. Es muy de izquierdas, pero se va curando. Es ateo, pero semanasantero, y le gustan los toros a rabiar. De purísima y oro, donde muere Manolete, es una canción redonda, donde no sobra ni falta nada. 
Academia de corte de confección,
sabañones, aceite de ricino,
gasógeno, zapatos Topolino,
el género dentro, por la calor.
Para primores, galerías Piquer;
para la inclusa, niños con anginas;
para la tisis, caldo de gallina;
para las extranjeras, Luis Miguel;
para el socio del limpia, un carajillo;
para el estraperlista, dos barreras;
para el Corpus, retales amarillos
que aclaren el morao de las banderas.
Tercer año triunfal, con brillantina
los señoritos cierran Alazán
y en un barquito Miguel de Molina
se embarca, caminito de ultramar.
Habían pasado ya los nacionales
habían rapado a la señá Cibeles,
"cautivo y desarmado"
el vaho de los cristales,
a la hora de la zambra, en los Grabieles.
Por Ventas madrugaba el pelotón,
al día siguiente hablaban los papeles
de Celia, de Pemán y del bayón.
Enseñando las garras de astracán,
reclinada en la barra de Chicote,
"La bien pagá" derrite, con su escote,
la crema de la intelectualidad.
"Permanén con rodete Eva Perón",
"Parfait amour", rebeca azul marino,
Maestro, le presento a Lupe Sino,
lo dejo en buenas manos, matador.
Y, luego, el reservao en Gitanillos,
y después la paella de Riscal,
y la tarde del manso de Saltillo,
un anillo y unas medias de cristal.
Niño, sube a la suite dos anisetes,
que hoy vamos a perder los alamares,
de purísima y oro, Manolete
cuadra al toro en la plaza de Linares.
Habían pasado ya los nacionales,
habían rapado a la señá Cibeles,
volvían a sus cuidados
las personas formales.
A la hora de la conga, en los burdeles,
por San Blas descansaba el pelotón;
al día siguiente hablaban los papeles
de Gilda y del Atleti... de Aviación

En el documental vemos a Sabina, antes del concierto, atenazado por los nervios, como un torero antes del paseíllo, y luego al propio José Tomas, al que admira mucho, en Aguascalientes, demudado, pálido como la parca, presa de pánico, antes de pisar el ruedo. Es la imagen de alguien a punto de derrumbarse pero que va a por todas, que sale para jugársela y se olvida de todo, tal como ocurre cuando nos atrevemos: que ya no hay miedo.

sábado, 4 de junio de 2022

El y Ella, José Alfredo y Chavela

"Ella", la ranchera más conocida en Navarra, tiene su segunda parte: Ella volvió. Y ahí aparece José Alfredo corriéndose una juerga con Chavela, la dama de poncho rojo a la que cantó Sabina

Ella (letra original)
Me cansé de rogarle, me cansé de decirle que yo sin ella de pena muero. 
Ya no quiso escucharme; si sus labios se abrieron fue pa decirme ya no te quiero.
Yo sentí que mi vida se perdía en un abismo profundo y negro como mi suerte.
Quise hallar el olvido al estilo Jalisco, pero aquellos mariachis y aquel tequila me hicieron llorar.
Me cansé de rogarle, con el llanto en los ojos alcé mi copa y brinde con ella. 
No podía despreciarme en el último brindis de un bohemio con una reina.
Y se fue para siempre. No recuerdo si, al irse, me dijo adiós o se fue en silencio.
Solo sé que mi vida se llenó de tristeza, porque amores como esos, cuando se alejan, no vuelven jamás.

Ella volvió
No fueron en vano mis ruegos, la vida ha querido que al final de cuentas tus  besos sean para mí.
Qué triste quedé aquella noche -¿te acuerdas mi vida?-, nomás te alejaste y nada supe de mí.
No fueron en vano mis ruegos, ya estoy en tus brazos, salí del abismo, mi suerte negra cambió.
Ya los mariachis están cantando de nuevo, ya de mis ojos no puede brotar el llanto, ya de mis manos las copas no caerán.
No fueron en vano mis ruegos, yo creo que tu vida ya estaba marcada y había de ser para mí.
Ya estoy al estilo Jalisco, pero ahora el tequila, en vez de agüitarme, me pone todo feliz.
No fueron en vano mis ruegos, ya estoy con mi reina, brindando con ella, al fin -bohemio- gané.
Ya los mariachis están cantando de nuevo, ya de mis ojos no puede brotar el llanto, ya de mis manos las copas no caerán.
Chavela Vargas (1919-2012) fue íntima amiga de José Alfredo Jiménez (1926-73). Ella cuenta que, cuando los médicos dijeron al compositor que le quedaban dos meses de vida, la llamó para "correrse la última juerga" juntos. Estuvieron tres días -con sus noches- cantando, bebiendo y desmadrándose en el Tenampa, el mítico bar de la plaza de Garibaldi, en la capital mexicana. Cuentan que cuando Jiménez falleció (23-11-73), Chavela acudió a su velatorio, y se desplomó cantando y llorando, borracha.
Los graves problemas producidos por el alcohol en su vida la llevaron a retirarse de una carrera artística de gran éxito a finales de los años setenta, y durante años la condenaron al anonimato. Regresó a la escena pública a principios de los años noventa. No volvió a beber en sus últimos veinte años. 
Fue muy sonada la aparición de Chavela en la Sala Caracol de Madrid, en 1993, donde logró recobrar su fama, en particular en España. Joaquín Sabina y Álvaro Urquijo (del grupo Los Secretos) compusieron en su honor, en 1994, una de sus canciones más conocidas: "Por el bulevar de los sueños rotos". (Wikipedia)

Vamos a acompañar a Joaquín Sabina al Tenampa. Él conoce bien su filosofía
Con Google Maps, te dejo en la puerta de Tenampa. Entra y date una vuelta por el local. Una maravilla.