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miércoles, 29 de abril de 2026

Crueldad en la política, por Ana Iríbar

"El tiempo corre en nuestra contra. Se contará otra historia, la contarán otros. ¿Quién hablará de Gregorio Ordóñez cuando hayamos muerto? ¿Dónde está tu libertad, Euskadi? ¿Dónde tu justicia, España?"

La política y la crueldad
Es difícil entender el trasfondo de crueldad intencionada que se esconde detrás de muchas decisiones políticas, especialmente cuando estas se resuelven en el marco de la democracia; tan difícil, como para el hombre del medievo entender que la tierra gira alrededor del sol, que es redonda y azul, una gota perdida entre millones de galaxias. Pero la crueldad, como bien nos explica José Ovejero en su Ética de la crueldad que inspira estas líneas, contamina no solo paisajes, personajes y acción en el cine, en el arte, en la literatura; también está presente en la acción política, en el poder, en palabras del filósofo.
El primer síntoma de la crueldad institucionalizada lo padecieron las víctimas del terrorismo de ETA en Euskadi. Con el silencio de sus vecinos y la desafección de las instituciones; incluso antes de serlo, en las pintadas en las calles, en el portal de su casa, su rostro en la diana de la condena a muerte en los carteles de la parte vieja donostiarra. Hoy está presente en el muro del socialismo gobernante, en la execrable línea divisoria que establece el nacionalismo entre quienes son nacionalistas y quienes no lo somos. Bajo el roble del sempiterno conflicto vasco que justificaba cada asesinato y que domina los diseños curriculares que dicta el Gobierno Vasco para cada nueva generación de maestros. El recurrente tema del conflicto vasco sigue siendo la trampa con la que el nacionalismo más radical y la izquierda más nacionalista atraen a los más jóvenes a su tela de araña. El conflicto con el Estado Español es además la herramienta que sostiene la red del patriotismo vasco, recientemente exaltado en Bilbao y Pamplona. En el colmo del cinismo, el secretario general de Sortu promete en el día de la patria vasca, «dar a la gente un trocito de seguridad que le permita ser más feliz», en su particular república vasca. No sé qué felicidad ni qué zulo nos espera a quienes ni compartimos su ideología feroz, ni defendemos su república independiente; a los que somos, incluso, constitucionalistas y votamos al Partido Popular para más inri. Viniendo de alguien como Otegi, que militó en las filas de la organización terrorista ETA, esa promesa de «seguridad» es inquietante. Resulta desconcertante ver cómo siguen alimentándose del conflicto, no como un problema a resolver, sino como la solución que blanquea los medios criminales que utilizaron para mantener vivo su proyecto político y ocupar el poder. Las 853 víctimas de ETA ya han sido reducidas a simples daños colaterales del conflicto, arrinconadas, denostadas.
No es fácil descubrir la verdad que se esconde tras el escenario tramposo de la política actual. Llamar a las cosas por su nombre le costó la vida a Gregorio Ordóñez. Cuando Gregorio irrumpe en la política encabezando la lista de Alianza Popular en las municipales del 83, el País Vasco es un páramo ideológico gobernado por el nacionalismo y dominado por el terror de ETA. Lo hace para increparnos, sin contemplaciones, como un espejo molesto que refleja nuestra falta de empatía con las víctimas, nuestro miedo, nuestro silencio, nuestra voluntaria renuncia a significarnos públicamente contra ETA, y para devolvernos la dignidad. ETA no perdonará ni su fuerza imparable, ni su contagioso coraje público, ni sus éxitos electorales y cumplirá su amenaza de muerte doce años después.
Ya ha transcurrido más de una década desde que ETA anunciara el «final de la violencia armada» y el Lehendakari Urkullu sentenciara «es el momento de pasar página». En el País Vasco y en el resto de España se abona con indeseable crueldad el jardín de la democracia con el olvido, con el miedo, con el blanqueamiento de ETA. No se exige a los etarras su colaboración con la justicia para esclarecer sus crímenes, pero sí se nos reclama a sus víctimas que perdonemos, la reconciliación con el asesino de nuestro padre, hermano, hijo, marido. A mí me sucedió la noche del 24 de enero de 1995, acabábamos de enterrar a Gregorio Ordóñez. Un periodista me formuló ambas preguntas: ¿perdona?, ¿olvida? Yo ni he olvidado ni he perdonado. Quien sí lo hace por todas nosotras es el departamento de justicia del Gobierno Vasco. Incluso se vanaglorian de la diligencia con la que aplican en el 100.2 para excarcelar a los etarras que lo solicitan. Es la ley, me cuentan. Es la negociación, pienso. Los socialistas de la ejecutiva vasca de justicia se saltan las Juntas de Tratamiento Penitenciario y al mismísimo Juez de Vigilancia Penitenciaria. A ellos les basta una simple carta manuscrita que los terroristas escriben al dictado; yo me tuve que conformar con un casquillo de nueve milímetros Parabellum. ¿Quién vela hoy para que los terroristas cumplan íntegramente sus penas?
Hubo un tiempo en el que los éxitos policiales, el activismo social de Gesto por la Paz y la unión de los demócratas que defendía Gregorio Ordóñez, nos hicieron acariciar la idea de la derrota de ETA. El gobierno de José María Aznar trabajó con firmeza para alcanzarla. Gregorio no pudo ver el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, ni la Ley de Partidos Políticos y la consiguiente ilegalización de Herri Batasuna, ni la movilización constitucionalista al grito del «¡Basta Ya!» No fueron años fáciles. Más de cuarenta mil personas vivieron con escolta por enfrentarse al terror de ETA en Euskadi, la banda de la crueldad llamaba a socializar el sufrimiento de los constitucionalistas. Renunció a las armas en el año 2011, pero no a su proyecto político.
Pedro Sánchez abre las puertas de Moncloa
a Bildu mientras sigue vetando a Vox
La ilusión de la derrota policial, política y social de la organización terrorista ETA se quiebra con la negociación política firmada por el presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero y Arnaldo Otegi y se sella hoy con el gobierno de Pedro Sánchez. Son el paradigma de la crueldad contemporánea. ¿No es de una crueldad intolerable ver salir de la cárcel, uno a uno, a auténticos asesinos en serie, etarras con años de condena a sus espaldas, fruto de una negociación política indecente, entre un gobierno y una banda terrorista? ¿No es de una crueldad insoportable someternos a sus víctimas a la posibilidad de cruzarnos con ellos en la calle, cuando la propia sentencia exige su alejamiento del lugar donde cometieron su crimen? ¿Pedirnos a los familiares que perdonemos? ¿No es de una crueldad impúdica exhibir año tras año, fotografías de etarras en una carrera que aparentemente celebra el euskera? ¿No es de una crueldad indecente ver a la coalición EH Bildu disfrutar de honores, sillones, acuerdos innombrables, sentados confortablemente en sus escaños en ayuntamientos, gobiernos, diputaciones, en el congreso de los diputados de España, un país y unas instituciones que ellos mismos no reconocen ni en sus programas electorales, y sin haber renunciado ni denunciado a ETA? Cada apretón de manos del presidente del gobierno de España y la portavoz de EH Bildu no escenifica la victoria, su victoria, sino la crueldad del poder. Ambos saben que las cuentas con la democracia, con las víctimas de ETA, con tantos años de soledad, de amenazas, de secuestros y asesinatos, de crímenes sin resolver, no están saldadas.
Los restos de M.A. Blanco, en Faramontaos (Orense)
Cuando la crueldad es el factor dominante en las decisiones políticas que solo ambicionan el poder, la sociedad se duele, se agrieta como la tierra seca después de una tormenta. No sé quién reparará los cristales rotos de la librería Lagun, que ya cerró. Los cristales rotos de la ventana de solidaridad y generosidad de los miles de vascos que resistieron y se enfrentaron durante décadas, en los institutos y las universidades, en los juzgados y en la política, desde la prensa, en las calles de Euskadi, a la banda terrorista ETA. Los cristales rotos de los cementerios, de las tumbas de las víctimas profanadas. De los juicios que nunca llegarán, del silencio sobre la historia de ETA, sobre el significado político de sus víctimas inocentes. El tiempo corre en nuestra contra. Se contará otra historia, la contarán otros. ¿Quién hablará de Gregorio Ordóñez cuando hayamos muerto? ¿Dónde está tu libertad, Euskadi? ¿Dónde tu justicia, España?
Ana Iríbar es viuda de Gregorio Ordóñez.

miércoles, 3 de enero de 2024

Setién, según Ana Iríbar


20.01.96, Día de San Sebastíán. Setién "pasa" (pincha) de los hijos de Aldaya y su pancarta
Me costó su tiempo dar con esta foto. Perdí muchas horas buscándola, y me encantaría que alguien encontrara una mejor. A pesar de su mala calidad, muestra a las claras el nulo interés de este obispo, desdeñoso (por ser suave) con las víctimas, que sintonizaba mejor con las familias de los verdugos.
Setién con familiares de ETA
Pero, además, denuncia -siquiera metafóricamente- que ha habido demasiados sacerdotes prontos a dar cobijo a etarras y a prestarles salones parroquiales o casas de ejercicios, y lentos y perezosos para acoger, siquiera en su funeral, a tantos guardias civiles y a sus familias.
En la Prensa Histórica se produce un sospechoso salto desde 1985 hasta 1997. Esa foto casualmente es de 1996.
Sé, por propia experiencia, que se ha ocultado información sobre José María Setién.
En 2018, los obispos de Navarra, País Vasco y Bayona emitieron un comunicado ante la Declaración sobre el daño causado de la banda terrorista ETA, «después de 60 años de historia de muerte y de sufrimiento»:
"Pero somos conscientes de que también se han dado entre nosotros complicidades, ambigüedades, omisiones… por las que pedimos sinceramente perdón". 
Todos los que leímos el comunicado de los obispos pensamos inmediatamente en la misma persona: José María Setién.
Pero, a pesar de ello, no me creo que Setién cometiera la torpeza de publicar eso que le atribuye con tanta seguridad Ana Iríbar: "A estos, que les recen en su pueblo".  
Con todo el cariño, Ana, creo que estás equivocada. Setién fue un bicho para las víctimas de ETA, pero no era tonto. Lo pensaría, lo diría en su círculo de confianza... Pero en una columna del Diario Vasco... Si no lo leo, no lo creo.
Ojalá el equivocado sea yo.
No tengo acceso a la hemeroteca de Diario Vasco. Si alguien me puede echar una mano...

Actualización 4 de enero
Es solo una hipótesis, pero por aquí puede estar la explicación: quizás Ana confunde a Setién con el "don Serapio" de Patria (Fernando Aramburu):
O aquella terrible conversación con la madre del etarra encarcelado, en la que le dice: “Quítate las dudas y los remordimientos de la cabeza. Esta lucha nuestra, la mía en la parroquia, la tuya en casa, sirviendo a tu familia, y la de Joxe Mari dondequiera que esté, es la lucha de un pueblo en su legítima aspiración a decidir su destino. Es la lucha de David contra Goliat, de la que yo os he hablado muchas veces en misa…”
Tendré que volver a leerme Patria, a ver si encuentro algún pasaje similar con la expresión "A estos, que les recen en su pueblo".

domingo, 30 de enero de 2022

Gregorio Ordóñez, por Díaz Ayuso

Goyo, al servicio de los donostiarras, en el María Cristina.1991/ USOZ
Un soberbio artículo de Isabel Díaz Ayuso, en homenaje a Gregorio Ordóñez, al que no se le puede poner ningún pero.

El Mundo. La autora homenajea la memoria del concejal del PP, asesinado por la banda terrorista ETA en 1995. Considera ejemplar su afán por trabajar para todos y su valentía al enfrentarse abiertamente contra los asesinos
Su empeño era demostrar que el camino no era ceder, sino la firmeza y la lealtad a los valores del Partido Popular
Goyo sabía que le iban a matar. Egin le había señalado ya en varios editoriales
Gregorio Ordóñez: la verdad                                                                      por Isabel Díaz Ayuso
1980 (pincha gráfico) fue el año más salvaje y sangriento en la historia de la banda terrorista ETA. Casi un centenar de personas fueron asesinadas en aquellos días de plomo. Un tercio de ellas sólo en Guipúzcoa. 
Es precisamente en ese momento cuando Gregorio Ordóñez decide dar un paso adelante. Se afilia al partido político más perseguido, en el año más brutal y en la provincia más peligrosa. Y lo hace movido por dos razones que él mismo explicó: para plantarle cara a los pistoleros de ETA y para plantarle cara a los pistoleros verbales del nacionalismo vasco. Y usaba exactamente esa expresión: pistoleros verbales. Porque esa era una de sus grandes virtudes: la sinceridad total.
Sabino Arana, remedado por Arzalluz, el pistolero verbal
Fue el primero que se atrevió a denunciar la equidistancia del PNV. El primero en acusarles, claramente y sin ambages, de recoger las nueces después de que otros movieran el árbol. En otras palabras: acusarles de rentabilizar políticamente el terror. 
Goyo usaba un lenguaje llano y pegado a la calle. Comprensible para todos, independientemente de su formación, profesión o condición social. Decía lo que pensaba y pensaba lo que decía. Todo lo que decía lo decía a sabiendas del riesgo que asumía. Era un rebelde al que le costaba tolerar el miedo que veía a su alrededor. No soportaba el silencio. Su ambición era crear un país de resistentes.
Jon Juaristi
Y es cierto que hubo resistentes, hombres y mujeres que alzaron la voz, pero siempre fueron minoría. Jon Juaristi dijo de él que era «un héroe que creía que sólo estaba haciendo algo muy normal, algo al alcance de todo el mundo». Pero lo cierto es que Goyo no estaba, ni mucho menos, al alcance de todo el mundo. Quizá por eso, él habló por todos los que no se atrevían a hablar. Por eso su vehemencia. Por eso su empeño en demostrar que el camino no era ceder y mimetizarse con el ambiente nacionalista, sino la firmeza y la lealtad a los valores del Partido Popular. 
Y son esos mismos valores, hoy más necesarios que nunca, los que nos obligan a denunciar la infamia del Gobierno de Sánchez. Hoy prácticamente todos los etarras, incluido uno de los asesinos de Goyo, han sido acercados al País Vasco. A cárceles cuya gestión ya depende directamente de los propios nacionalistas. Y muchos de esos etarras, la inmensa mayoría sin arrepentir, son recibidos como auténticos héroes y con total impunidad. 
una San Sebastián alegre y libre
La primera responsabilidad de una sociedad con sus víctimas es, precisamente, combatir a sus enemigos, ponerlos ante la Justicia y aislarlos políticamente. Hoy, sin embargo, los herederos de ETA son socios parlamentarios del Gobierno de España; hoy quieren borrar de la memoria histórica nombres como los de Gregorio Ordóñez o Miguel Ángel Blanco. La infamia. 
La ilusión de Goyo era una San Sebastián alegre y libre. Y empeñó literalmente su vida en ello. De lunes a domingo y en jornadas de 14 y 15 horas. Cuenta María San Gil, en aquellos días la secretaria personal de Goyo, que llegaba una hora y media antes que el resto del equipo de Gobierno. Y le faltaba día. Tenía una capacidad de trabajo descomunal. Los vecinos hacían cola a la puerta de su despacho. Sus amigos, frustrados, guardaban exactamente la misma cola que los demás. 
Y todos los donostiarras, independientemente de sus tendencias políticas, sabían que Goyo era un hombre completamente entregado a su ciudad. Un hombre auténtico, con una enorme vocación de servicio y de una generosidad extrema. Tanta que cuando le quisieron asignar una escolta puso una condición: que la protección fuera para todo el equipo. «O todos o ninguno». Y no hubo escolta para ninguno. 
ofrenda floral ante el bar La Cepa
Toda la ciudad lloró su muerte aquél plomizo 23 de enero de 1995. La misma tarde que lo asesinaron, vecinos de toda edad y condición llenaron la capilla ardiente que improvisó el Ayuntamiento. Y de manera espontánea una voz solitaria empezó a rezar un Padre Nuestro. Le siguieron otras muchas. Amigos, vecinos y dirigentes de diferentes partidos políticos se unieron a una oración emocionada por el alma de un hombre valiente que conocía su destino. 
Goyo sabía que le iban a matar. Egin le había señalado ya en varios editoriales, recibió llamadas telefónicas, pintadas en la puerta de su casa y balas en su casillero del Ayuntamiento. Sentía su muerte muy próxima. 
La víspera de su asesinato asistió a misa con su familia. Goyo era profundamente creyente y un crucifijo presidió siempre su mesa de trabajo. En realidad, sólo desde una profunda fe religiosa puede entenderse su sacrificio. Los que le conocieron dicen que, mil veces que hubiera nacido, mil veces que hubiera actuado igual. Aún sabiendo cuál seria el final. 
Mataron a un hombre alegre, testarudo e ingobernable. Enamorado de su mujer y de su hijo. La exposición que honra su memoria se llama La vida posible. Y es una pregunta que todos nos hemos hecho: ¿Y si Goyo hubiera sobrevivido? Si Goyo estuviera vivo la historia del País Vasco y la de España entera sería distinta. Sería mejor. 
Sólo tenía sólo 36 años. No fue ministro, ni lehendakari, ni presidente del Gobierno; Goyo era teniente alcalde de una capital de provincia, y sin embargo es uno de los gigantes de la democracia española. Puso el listón moral en un lugar inaccesible para la mayoría. Un lugar que, tantos años después, seguimos observando admirados. 
exposicion-homenaje-a-gregorio-ordonez
Al contrario de lo que pretenden algunos, su figura no desaparecerá nunca; al contrario: resulta cada vez más estimulante y luminosa. Su legado puede y debe servirnos de faro. Él nos enseñó que la firmeza en la defensa de nuestros valores es la antesala del éxito. Que la verdad, aunque esté en minoría, es siempre la verdad. Así fue como el Partido Popular obtuvo en San Sebastián casi tantos votos como el PNV y Herri Batasuna juntos. 
Y cuando sus enemigos le acusaban de generar crispación, él respondía: «No, no es crispación. Es levantar la cabeza del barro. Llevamos demasiado tiempo pisoteados y ya estamos cansados. Y hemos levantado la cabeza».
Isabel Díaz Ayuso es presidenta de la Comunidad de Madrid.
Aquí tenéis un enlace a la Fundación Gregorio Ordóñez
A Consuelo Ordóñez no le ha gustado el artículo de Ayuso y lo ha manifestado en estos tuits. El problema que tiene Consuelo es que a su legítima crítica se le han sumado opiniones lamentables como éstas y más de un centenar similares:

-Pepe Botella @Leolovlc 28 ene.
Quizás por que todo nace de una mentira, aquellos que se denominan constitucionalistas en realidad no lo son, y son unos franquistas.

-Luciano Garcia @lukygarcia 28 ene.
En respuesta a @ConsuorF @daza_maximo y @IdiazAyuso
Y de VERDAD,  alguien con dos dedos de frente, se cree que ella escribió ese artículo?. Ni volviendo a nacer. Recuerdo, a propósito, que lo único que escribía ella es, era en la página web del perrito o perrita, no recuerdo, de Esperanza Aguirre que llevaba esta "espabilada". Así que como para escribir tal artículo.

-chuchi garcía @LeRect0 29 ene.
En respuesta a @ConsuorF y @IdiazAyuso
Es indecente, que esta Sra. @IdiazAyuso de 43 años, nos venga a dar lecciones morales y de historia mintiendo y haciendo sectarismo de forma tan clara, jamás les han importado las víctimas sin la connotación electoral, de hecho han insultado a las que no le siguieron el juego

-David Comellas Corazón azul@dcm1899
En respuesta a @ConsuorF y @IdiazAyuso
Esta lerda conocía a su hermano? Lo comento porque por mucha militancia que pueda haber de la misma formación política, a mi me daría vergüenza citar a alguien por su diminutivo o por como lo conocían sus amigos sin haberme dirigido a él nunca.

Esperemos que Consuelo sepa desmarcarse de ellas.
Son demasiado tristes para las VÍCTIMAS.

jueves, 23 de enero de 2020

Va por vosotros, Carmen y Goyo


Carmen Alba homenajea a Goyo. Pero también Carmen despertó la admiración de todos los ciudadanos de bien.
El 6 de Mayo de 1998, ETA asesinó a Tomás Caballero, Carmen era la siguiente en la lista, la designada por el partido para ocupar su puesto. Imaginemos la que, de repente, se le venía encima a esta mujer, entonces, de 30 años. Carmen tenía una criatura de un mes: una excusa comprensible por todos para que corriera la lista. Por todos, pero no por Carmen: "se lo debía, tanto a Tomás Caballero, como a todos los demás. Y no me costó nada tomar la decisión". Admirable, Carmen

Va por ti Goyo                                                                                                        por Carmen Alba
La 1ª vez que fue Carmen concejal (91-95).
Su padre sobrevivió a un atentado en Pamplona
La primera vez que fui a un mitin suyo en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián, al oír su discurso tan claro, recuerdo que pensé: “A este chico lo matan” y desgraciadamente así fue

Hace veinticinco años del asesinato por ETA de Gregorio Ordóñez en San Sebastián. Veinticinco años ya, y quién nos iba a decir, en aquel entonces, que a gran parte de los que nacieron en ese 1995 hoy no les sonaría ni su nombre. Gregorio fue una persona que defendió la libertad de sus ciudadanos, que sólo quería trabajar por su ciudad. Fue asesinado por defender sus ideas, por ser vasco y español, por ser la cabeza de lista del PP al Ayuntamiento de San Sebastián y por tener muchas posibilidades de ser alcalde.
Todo esto ponía enfermo al mundo abertzale y ETA decidió matarlo. Matarlo para apagar así su voz y la de todos los que le votaban. Pero no lo consiguieron, ahí estaba María San Gil, entre otros muchos, para hacer que su legado se mantuviera.
Lo triste hoy en día es que hechos como este y como los más de 850 asesinatos de ETA no se transmitan a las nuevas generaciones. Que gran parte de aquellos que hoy tienen veinticinco años no sepan quién fue Gregorio Ordóñez.
Más grave si cabe aún es que la señora Chivite, presidenta del Gobierno de Navarra, tenga la desfachatez de decir que la derecha vivía mejor con ETA. Que se lo pregunte a Goyo, que no es que viviera mejor o peor, es que le impidieron vivir. Que se lo pregunte a su hijo Javier, que era tan pequeño que no creo que recuerde a su padre por sí mismo sino por lo que le han contado. Que se lo pregunte a su viuda Ana Iribas, a su hermana Consuelo, a sus compañeros de partido que tuvieron que vivir escoltados y pensando que les podía pasar a ellos lo mismo en cualquier momento y que se lo pregunte a tantos otros.
Con tal de gobernar, esto es lo que ha conseguido Chivite
Yo tuve el honor y la suerte de conocer a Gregorio. En mi época de Nuevas Generaciones del Partido Popular, coincidimos muchas veces. La primera vez que fui a un mitin suyo en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián, al oír su discurso tan fuerte y tan claro recuerdo que pensé: “A este chico lo matan” y desgraciadamente así fue.
También recuerdo la última vez que lo vi. Nos ayudó a organizar y fue ponente en unas jornadas que hicimos en Pamplona NNGG del PP . El título de las jornadas fue premonitorio: “Violencia política”.
Hoy escribo estas pocas líneas en su memoria y en la de todos aquellos que fueron asesinados por ETA, asesinados por defender la libertad de todos, por pensar diferente, por ser españoles… Las escribo para que nadie olvide el sacrificio de tantas familias, para que nadie blanquee sus asesinatos. Y no olvidemos tampoco que Bildu, heredero de aquella HB de entonces, sigue sin condenar los más de 850 asesinatos.
Las escribo para dar las gracias a Gregorio Ordóñez por su vida, por su dedicación, por su sacrificio.
Va por ti, Goyo, y por tantos otros.
Carmen Alba Orduna 
Concejal de Navarra Suma en el Ayuntamiento de Pamplona. 
Compañera del PP de Gregorio Ordóñez

domingo, 19 de enero de 2020

Ana Iríbar, 25 años sin Gregorio

Ana Iríbar, por la calle 31 de Agosto. ETA mató allí a su marido, en
el bar La Cepa, el 23 de enero de 1995. LOBO ALTUNA
ANA IRÍBAR, VIUDA DE GREGORIO ORDÓÑEZ
“Toda mi vida había evitado pasar por el lugar donde ETA mató a Gregorio”
Cuando se cumplen 25 años del asesinato de Gregorio Ordóñez, su viuda recuerda el horror de aquellos días y se atreve a pasar junto al lugar donde fue asesinado. Nunca entró en el bar

A. GONZÁLEZ EGAÑA San Sebastián
Ana Iríbar regresa a la Parte Vieja de San Sebastián, a la calle 31 de Agosto donde se halla el restaurante La Cepa, en el que fue asesinado por ETA su marido, el político del PP y teniente de alcalde de San Sebastián un 23 de enero de hace 25 años. “Toda mi vida he evitado pasar por delante del bar donde ETA le asesinó”, dice.

¿Qué supone para usted volver a la calle 31 de Agosto?
A la Parte Vieja no he entrado durante muchos años. Goyo no iba nunca conmigo por esas calles y menos con el niño. Durante años he seguido esa costumbre, por llamarlo de alguna manera.

¿Surge algún comentario al pasar por La Cepa?
Comedor bar La Cepa
Prefiero ni siquiera girarme ni mirar. Todo el trayecto que va desde el Ayuntamiento a Santa María para nosotros tiene mucha carga simbólica. Recuerdo muy bien la Salve que conducía Gregorio con la bandera de la ciudad con todo su orgullo. Ese recorrido para mí estaba lleno de emoción. Y de Santa María a San Telmo también es una calle llena de terribles recuerdos porque solo en ella ha habido tres asesinatos, además del de Gregorio. La he evitado toda mi vida.

Junto a la entrada al restaurante, el Ayuntamiento va a colocar una placa en memoria de su marido. ¿Qué significa que llegue ese día?
Eneko Goia
El alcalde me llamó hace unos meses para contarme que se había aprobado ese proyecto y para saber qué opinaba la familia. Lo consulté con Consuelo (su cuñada) y con Javier (hijo), y nos pareció que tenía que estar la placa. Pero si hablamos de emociones, me sentí como cuando me llamaron del Parlamento vasco, quince años después del atentado, para decirme que iban a poner una placa. Que se ponga en San Sebastián una placa en su memoria 25 años después del atentado, suena a lo que es, a que ha habido una dejadez durante muchísimos años por parte de las instituciones hacia la memoria de las víctimas. Un vacío institucional y democrático muy grave.

¿Se entiende bien con el alcalde Eneko Goia?
Agradezco la sensibilidad de este alcalde. Desde que le invitamos a venir a Polloe, ha venido con su ramo de flores, ha aguantado estoicamente el discurso de Consuelo, el responso del padre Larrinaga, pero ha venido con toda su humildad, salvando las distancias ideológicas. Le agradezco la sensibilidad que ha demostrado desde el minuto uno con la exposición sobre Gregorio. Inmediatamente me dijo que sí. (Gregorio Ordóñez, la vida posible, se inaugura el jueves 23 de enero en el Palacio Miramar de San Sebastián, donde permanecerá hasta el 30 de abril).

¿Es posible porque estamos en otro tiempo, con ETA ya disuelta?
No lo sé. Estamos en el tiempo que estamos. Aparentemente parece que se ha disuelto. Lo han vendido así, pero todavía faltan terroristas por ser detenidos, hay más de 300 casos sin resolver.

Ana y Gregorio
En la exposición se va a poder ver a Gregorio en toda su extensión, los detalles más íntimos y personales. ¿Recuerda el día en que conoció a Gregorio?
Cierro los ojos y es que le estoy viendo. Yo le conocí a la entrada de un bar, recuerdo hasta la camisa de rayas que llevaba puesta. Era una persona que no pasaba desapercibida para nadie. Fue de esos flechazos, un amor a primera vista. Le vi, me hizo dos bromas, me sacó los colores y me enamoré.

¿A qué año hay que remontarse?
Fue en julio de 1981. Lo sé porque él acababa de terminar la carrera en Pamplona. (Estudió Periodismo en la UN) Yo ese año iba a comenzar mi curso universitario de Filología Francesa en Zaragoza.

Y a pesar de la distancia, siguieron la relación.
Había cartas y teléfono fijo en el pasillo del piso de estudiantes. Que sonaba todos los días a las tres en punto de la tarde. Mis compañeras de piso me decían: ‘Ana, corre, que ya sabes que es para ti’

¿Cómo era el Ordóñez político?
Hijo y padre
Actuaba como el tipo conservador y de derechas que era, y no lo ocultaba. Era católico y practicante. No alardeaba de ello, pero no tenía ningún prejuicio, ni ningún miedo ni complejo. Era como era. Un tipo auténtico: no tenía doblez.

¿No tenía miedo?
¿Cómo no iba a tenerlo? Supongo que lo tendría, pero jamás me lo dijo. Él siempre dijo abiertamente que había que arrinconar a HB, que era ETA, que eran la misma basura.

¿Y usted tenía miedo?
Padre e hijo
Intentábamos llevar una vida normal, pero no lo era. Cuando arrancábamos el coche nos mirábamos. Había ahí un silencio hasta que el coche arrancaba... Yo sé que había pintadas en la puerta de mi casa y que las limpiaba con el portero para que yo no las viera. Pero sobre todo en la etapa final, cuando él sabía que le seguían. Era muy testarudo. Decía que ‘o escolta para todos o para ninguno’.

Unos días antes del atentado Gregorio presentó su candidatura como alcalde de San Sebastián. ¿Por qué?
Ni en el cementerio estaban tranquilos
Después de las elecciones europeas, el Partido Popular era la fuerza más votada en San Sebastián. Preparó con mucho cuidado la presentación de su candidatura, meses después. No elige una fecha cualquiera, elige el 19 de enero, la víspera de San Sebastián. Y no lo hace de cualquier manera, invita a toda la ejecutiva de Madrid. Viene José María Aznar, Mayor Oreja... Y se van a cenar y a tocar la tamborrada al Círculo Mercantil, como sus amigos. Él quería devolverle la normalidad a su partido, un partido tan vasco como cualquier sigla nacionalista. Llegó a casa feliz, para él fue un día maravilloso. Los medios publicaron la frase de: ‘Tú serás presidente de España y yo alcalde de San Sebastián’.

¿Cómo recuerda ese 23 de enero?
Nos levantamos muy pronto, como siempre. Se preparó, me dijo el ‘te quiero’ de todas las mañanas, el beso y adiós. Cogió su maletín, se puso su chamarra verde y se fue andando al Ayuntamiento. Siempre lo hacía.

¿Quién le llamó?
Eugenio Damboriena, a la izda
La madre de Eugenio Damboriena (compañero concejal del PP en San Sebastián). Me dijo: ‘Ana, ¿ha pasado algo? ¿Le ha pasado algo a Eugenio? ¿Qué ha pasado?’ Seguido llamó Eugenio para decirme: ‘No pongas la radio, no pongas la tele, no escuches nada que voy...’. Yo tenía a Javier en mis brazos y se lo tuve que pasar a mi madre porque se me heló la sangre. Fue como si me hubieran dado un hachazo, no sé si en la cabeza o en el corazón. Al minuto tocaron el timbre Eugenio y María San Gil. Abrí la puerta y no tuve más que verles la cara. Yo les decía: ‘Decidme que es mentira, decidme que es mentira... Por favor’. Fueron unas horas que ni recuerdo. Mi hermana se llevó a mi hijo. Yo no me atrevía ni a mirarle, no quería que sintiera todo el horror (llora). Y evitar que viera mis lágrimas. Y contarle un cuento absurdo todas las noches: ‘Papá está en el cielo’. Hasta que con cuatro años me dijo: ‘¿Pero dónde está mi padre?’ Y le tuve que contar la verdad: ‘Tu padre estaba almorzando en un restaurante, entró un individuo, un terrorista, y le pegó un tiro en la cabeza y lo mató’.

¿Qué le dijo Javier?
Me dijo: ‘¿Dónde está el asesino? ¿Qué ha pasado con él?’ Y todavía no había sido juzgado ni detenido. Esa es la peor parte para todas nosotras, se extiende mucho: la detención, el juicio, la condena, el cumplimiento de la condena... Pienso mucho en las más de 300 familias que no tienen este juicio. Me parece terrible. Pasaron 19 años hasta que detuvieron al tercer terrorista que participó en el comando asesino, Karasatorre, y que creemos que es además el que disparó contra Gregorio. Y por lo menos yo puedo contar que tengo juicio, hay una condena y es un sumario que aún sigue abierto en la Audiencia porque estamos detrás de la autoría intelectual de ese asesinato.

¿Y usted, cómo está ahora? Desde entonces se le conoce como la viuda de Gregorio Ordóñez.
Siempre voy a ser su mujer. Fui su mujer. Nos casamos en 1990, el 16 de julio, y el atentado fue el 23 de enero de 1995. No cumplimos ni un lustro. Desde el asesinato de Gregorio lo que da sentido a mi vida es mi hijo Javier. Y si él está bien, yo estoy bien. Somos dos soledades que viven juntas. No pudo tener otro hermano, que también hubiera sido mi voluntad, y no está su padre, pero es el que da sentido a mi vida. En los años duros tiraba de mí.

Gregorio Ordóñez (extraído de Wikipedia)
Gregrorio, entre  Eugenio Damboriena y Carmen Busca
En mayo de 1983, con apenas 24 años, fue elegido por primera vez concejal del Ayuntamiento de San Sebastián. En 1991 es nombrado primer teniente de alcalde. Encabezó la candidatura en las tres ocasiones y cuatro días antes de su asesinato se había aprobado que también lo hiciera en 1995.
Pese al predominio político de los partidos nacionalistas vascos en Guipúzcoa y a la presión de la banda terrorista ETA, la candidatura de Alianza Popular encabezada por Ordóñez, mejoró progresivamente sus resultados electorales en el País Vasco, continuando posteriormente bajo la denominación de Partido Popular del País Vasco consiguiendo que, en las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 1994, su lista fuera la más votada de San Sebastián.
El 18 de diciembre de 1990, Gregorio Ordóñez fue elegido parlamentario vasco.

Asesinato 
El 23 de enero de 1995, en vísperas de las elecciones municipales de mayo en las que Ordóñez iba a ser el candidato del PP a la alcaldía de San Sebastián, mientras comía en el bar La Cepa de la Parte Vieja de San Sebastián con sus compañeros del ayuntamiento, entre ellos María San Gil, fue asesinado por un comando de ETA formado por Valentín Lasarte, Francisco Javier García Gaztelu «Txapote», y Juan Ramón Carazatorre «Zapata»; solo este último queda por ser enjuiciado, los otros dos ya fueron condenados.
Cuatro meses después, en las elecciones municipales, el PP se convertía en el partido más votado en San Sebastián con el 23,84% de los votos. El ayuntamiento le concedió a título póstumo la Medalla de Oro.
Su tumba, en el cementerio de Polloe de San Sebastián, ha sido profanada en varias ocasiones. Como consecuencia del clima de intimidación que sufrieron tras el asesinato de Ordóñez, tanto su viuda, Ana Iríbar, como su hermana, Consuelo (“A mí me han llegado a gritar: “Ordóñez devuélvenos la bala” y me han abierto la cabeza en dos ocasiones al tirarme piedras al acabar una manifestación), acabaron abandonando el País Vasco. Consuelo Ordóñez, portavoz del COVITE, se reunió en junio de 2012 con Lasarte, uno de los responsables del asesinato de su hermano, para pedirle al terrorista “que colabore con la justicia en la identificación de otros terroristas y con ello, en la resolución de crímenes sin resolver”. El artista Omar Jerez realizó una performance el 2 de mayo de 2013 en San Sebastián, homenajeando a Gregorio Ordóñez en el lugar donde fue asesinado por el grupo terrorista ETA.

Así era Gregorio
Ante sus palabras, no hay izquierda o derecha. Ni siquiera nacionalistas o no nacionalistas. Sólo ciudadanos libres.