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sábado, 20 de abril de 2024

Gloria Fuertes. Autobiografía

Gloria, firmando autógrafos por la calle
De críos, con tres o cuatro años, aprendimos alguna poesía que, ya de muy mayores, nos hemos enterado de que era de Gloria Fuertes.
Esto era... / un pajarito / rubio, como tú... Tan bien la recitaba mi hermano que fue llamado por el Tío Ramón para que la dijera en Radio Requeté y allá que se fue con el chaquetón nuevo, colocado con alfileres e imperdibles porque aún no estaba terminado:
"En cierta ocasión, al sufrir un desengaño, pensé seriamente en el suicidio. Fui al metro decidida a matarme. Pero al ir a sacar el billete ligué, y en vez de tirarme al tren me tiré a la taquillera".
Esta anécdota desvela a la perfección su carácter depresivo y con tendencias suicidas; su faceta de lesbiana y su aparente ingenuidad.
Gloria Fuertes nació en Madrid
a los dos días de edad,
pues fue muy laborioso el parto de mi madre
que si se descuida muere por vivirme.
A los tres años ya sabía leer
y a los seis ya sabía mis labores.
Yo era buena y delgada,
alta y algo enferma.
A los nueve años me pilló un carro
y a los catorce me pilló la guerra;
a los quince se murió mi madre; se fue cuando más falta me hacía.
Aprendí a regatear en las tiendas
y a ir a los pueblos por zanahorias.
Por entonces empecé con los amores
–no digo nombres–,
gracias a eso, pude sobrellevar mi juventud de barrio.
Quise ir a la guerra, para pararla,
pero me detuvieron a mitad del camino.
Luego me salió una oficina,
donde trabajo como si fuera tonta
–pero Dios y el botones saben que no lo soy–.
Escribo por las noches
y voy al campo mucho.
Todos los míos han muerto hace años
y estoy más sola que yo misma.
He publicado versos en todos los calendarios,
escribo en un periódico de niños,
y quiero comprarme a plazos una flor natural
como las que le dan a Pemán algunas veces.
Gloria Fuertes | Nota biográfica
La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ha dedicado una Biblioteca de Autor (pincha) a Gloria Fuertes en la que el lector puede encontrar su biografía, algunas obras y estudios críticos, así como una sección de fonoteca con varios audios.

sábado, 4 de enero de 2014

Gloria Fuertes: regalo de Reyes

El día 1 de enero me llegaba, a través de Facebook, una carta de una niña dirigida a los Reyes Magos:
Si habéis mirado en el enlace anterior (en letra roja) habréis visto la cantidad de "me gusta" y de comentarios que ha suscitado la carta de la pequeña.
Y entre ellos, el comentario del padre de Guzmán:
Jolo Sadaba Leer esa carta me ha emocionado hasta lo indecible. Que una niña pida a los Reyes la curacion de mi hijo me hace albergar esperanza. Conseguir llegar al alma de un niño es acercarse al milagro.
Jolo Sádaba ha creado un blog (pinchad ahí, por favor) para salvar la vida de su hijo, necesitado de un trasplante de médula y en él hace un llamamiento desesperado:
Yo soy el padre de Guzmán,  yo te ruego encarecidamente que atiendas esta llamada. No te pido nada que yo no este dispuesto a hacer por tu hijo o por cualquier otro niño. Apelo a tu humanidad, te suplico que atiendas mi llamada: hazte donante de medula ósea. Es posible que la tuya sea la medula que salve a mi hijo.
Este blog quiere unirse al llamamiento del padre de Guzmán y a la carta a los Reyes de la niña mediante este cuento, dedicado a todos los guzmanes del mundo. 
Un cuento en el que se reivindica la ternura hacia todos los niños que están en los Hospitales, para que nosotros, posibles donantes compatibles, ejerzamos de Reyes, de Niño o de lo que sea y consigamos, como en el cuento de "El camello cojito", que esos niños reciban el mejor de los regalos: nuestra ternura y nuestra solidaridad para que (como dice la hija de Teresa) "se pongan buenos".

EL CAMELLO COJITO
("AUTO" DE LOS REYES MAGOS)
El camello se pinchó
con un cardo del camino
y el mecánico Melchor,
con buen tino, le dio vino.

Baltasar fue a… "repostar"
más allá del quinto pino;
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su "Longinos".

¡No llegamos, no llegamos,
y el "Santo Parto" ha venido!
son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido.

El camello cojeando,
más medio muerto que vivo,
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
“Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido”.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay qué tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino;
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas, ya, del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar, como a un Hombre,
a un Niño recién nacido:

“No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos;
quiero al camello, le quiero”.
-Le quiero- repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos,
mientras el camello, echado,
le hace cosquillas al Niño.

Nota 1: Quiero felicitar a los alumnos de 5º B del C.P. Vicent Artero, de Castellón, y a su profesora, Isa Navarro, por la preciosidad de los dibujos que han hecho y darles las gracias por ponerlos a disposición de todo el mundo. Este vídeo es, también, para ellos, para que tengan un recuerdo de su actitud solidaria.

Nota 2: Desgraciadamente, sin acabar el mes de enero de ese año 2014, recibimos este tuit:

martes, 31 de diciembre de 2013

Gloria Fuertes: Esto era un pajarito

¡Gloria, mil gracias!
Así escribía hace 4 años, en las Navidades de 2009:
"esta preciosa poesía que mi hermano duda si la aprendió de Sor Cecilia o, ya en las Escuelas de Compañía, de Dña. Enriqueta o Dña. Camino:
Esto era... / un pajarito / rubio, como tú...Tan bien la recitaba mi hermano que fue llamado por el Tío Ramón para que la dijera en Radio Requeté y allá que se fue con el chaquetón nuevo, colocado con alfileres e imperdibles porque aún no estaba terminado.
No hace mucho me enteré de que tan deliciosa poesía era de Gloria Fuertes.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Sor Cecilia: mi primera maestra

Sor Cecilia enseñando la letra "d"
Hoy os voy a contar un cuento. Y, como en todos los cuentos, aparece un niño. En este caso es un niño de 4 años, que a duras penas llevaba el pan desde la tienda del señor Bartolomé hasta casa. Aparece un hada, un hada muy buena. Y hasta aparece algún que otro lobo feroz.
Pero este cuento no es de mentirijillas. Es real. O, por lo menos, es sincero: así lo recuerdo.
Es un trocito, un trocito muy querido de mi infancia

En septiembre del año 53, con 3 añicos (cerca ya de los 4) me llevaron a La Casita. No era mucha, apenas 30 metros, la distancia de mi casa, el 18 de Dormitalería, al colegio. Era el primer día de escuela y Sor Cecilia nos recibió (¡cómo nos vería de asustados!) con un bote de caramelos. En aquella época -con fama de letra y sangre-, una auténtica sorpresa.
La Casita fue el nombre con el que los vecinos bautizaron al Asilo de la Sagrada Familia, como llamaban las Hijas de la Caridad al edificio de la calle Dormitalería. Estas monjas se dedicaron desde 1887 a 1970 a la gestión de un "Colegio de párvulos". Desde el 47 hasta el 69 el aula de los más pequeños ("los cagonicos del Asilo", así se nos llamaba) fue atendida por Sor Cecilia.
Nos sentábamos en una especie de gradas que tenían dos ventajas: la de poder seguir mejor las explicaciones y la de poder echar una cabezadita girándonos 180 grados y apoyando la cabecita en la grada superior. No creo que hoy en día le permitieran a Sor Cecilia tan peligrosa instalación.
Para enseñarnos las primeras letras bajaba con un sistema de cuerdas unos carteles que tenían unas ventanitas por las que se podían ver, al girar un disco, las diferentes letras en mayúscula, minúscula, a mano... Y todas las letras tenían su dibujo correspondiente. Y, además, su canción. Vamos, una auténtica representación teatral en la que los niños éramos los principales protagonistas:

¡A, A, A! aeroplano de papá / el niño se montará / en la cola, cola: ¡Aaaa! Y colocábamos las manos abiertas en forma de embudo alrededor de la boca.
¡E, E, E! La niña quiere café / y la madre le dará / para que no llore: ¡Eeee! Con la mano abierta levantada.
¡I, I, I! A la India quiero ir / por ver lo que pasa allí / por eso yo quiero ir: ¡Iiii! Con el índice levantado.
¡O, O, O! La niña tiene un "reló"/ para ver la hora que es / la niña tiene un "reló": ¡Oooo! Haciendo la "O" con el índice y el pulgar.
¡U, U, U! Oh, qué lista eres tú / con el modo de asustar / haces aprender la: ¡Uuuu! Era la que más me gustaba: a modo de cuernos colocábamos los dedos índices en las sienes.

Lo mismo ocurría con los números:
¡Un dedo, el uno!
¡Dos ojos, el dos!
¡El tres, cojito es!
¡El cuatro, cara de gato!...

 Y cada uno de ellos tenía su mímica. Algunas veces lógica, como las gafas para el "ocho" o "¡el nueve, el bastón del abuelo!".
Me imagino a la gente que pasaba por Dormitalería o entraba a la Catedral escuchando con una sonrisa nostálgica toda aquella algarabía.
Colegio de Párvulos 1887
"El tres, cojito es". Nunca he sabido por qué era cojo el tres (Rogelio nos lo explica). La que sí tenía una ligera cojera era Sor Cecilia. Era una secuela de nacimiento. Sor Cecilia (Cecilia Taboada Laborra) vino al mundo un 22 de noviembre (Sta. Cecilia) de 1902, en Sangüesa (Navarra). Y venía acompañada por su hermana gemela Javiera. Cecilia nació la primera. No se movía ni lloraba. Así que, dándola por muerta, la dejaron en el frío suelo sin ningún abrigo y siguieron ayudando a la madre para el 2º parto. Cuando esté terminó felizmente, alguien se dio cuenta de que la criatura, que estaba en el suelo, respiraba. Aunque la atendieron enseguida, le quedó como secuela esa ligera cojera.

Y así todos los días, con la carterica a la espalda, íbamos contentos a la escuela. Como el Niño Jesús, según nos enseñó a cantar Sor Cecilia:

El Niño Jesús iba a la escuela. / ¡Qué contento va con la cruz a cuestas! / Se sabía la lección y le dieron un bombón / y una manzanita para su boquita / y un ramo de flores para su corazón. / ¡Que por ti, que por mí, / que por mí murió en la cruz!

En aquella época no teníamos motivos para relacionar nuestras carteras del cole con la cruz y el sufrimiento. Años después sí. Tuve un maestro que hasta se llamaba Don Cruz y otro que, cuando se iba de clase, le dejaba el palo al más bestia de la clase para que nos vigilara, mientras él se iba tranquilamente a... También, ya sin la cartera del cole, cuando íbamos al Redín a ver a los cordeleros y a jugar, había un guardia o vigilante [el Señor Justo (búscalo en el enlace)] que injustamente nos tiraba las casitas que hacíamos con las enormes piedras con las que se iba construyendo el muro de protección de la parte Este de las murallas. O cuando corríamos y gritábamos por el atrio de la Catedral, o era la hora del cierre y salía el portero: "¡Que cierrooo, que cierrooo..!", blandiendo un manojo de enormes llaves... Que le pregunten a mi amigo Francisco por la marca que tenía en la cabeza, consecuencia de un lanzamiento certero. Pero mejor no sigo.


La Casita era un oasis. Un lugar adonde yo iba sin preocupación. Al revés, con ilusión. Todo lo que hacíamos, se hacía cantando. Por ejemplo, para ir al patio:
"¡Al retrete y al recreo, con pan y fideo!"
O, cuando no llovía, para pedir agua:
"Agua Virgen pura, / agua Virgen bella. / Agua Virgen santa, / agua, agua, agua. / Nosotros, los pequeñitos, / ya no queremos jugar, /porque los trigos se secan / y las chicas y chicos pedimos pan".
Y, cuando algo resultaba difícil de explicar o, mejor, de entender por nuestras mentes infantiles, Sor Cecilia siempre tenía un recurso:
"¡Esto es así porque lo manda el Señor Alcalde!"
Y a nosotros ya no nos cabía ninguna duda.
A media mañana y a media tarde teníamos nuestro vasito de leche, lo mandara o no el Señor Alcalde.
Llamaba tanto la atención todo lo que hacíamos en La Casita que, cuando llegábamos a casa, padres y hermanos nos preguntaban qué habíamos aprendido aquel día. Y tanto mi hermano pequeño, como yo, a recitar. Hoy es el día que todavía recuerdan aquello que yo cantaba aprendido en La Casita:


Esto era un niño llamado Melitón, / mas feo que Picio, / más tonto que un lorón. / Apenas sabía contar y leer / de suerte que nunca quería aprender. / Un día un bromazo quiso darle Satán. / Adentro colose vestido de gabán. / De buenas maneras dijole a Melitón / que aprisa y corriendo leyera la lección: / -coge niño la cartilla y enseguida, sin parar. / Mas, al punto que toca sus vestidos, / en la mano sintió una quemazón. / Vio la cola y los cuernos escondidos / y así dijo al demonio Melitón: / -ya te estás de aquí tomando el tole! / A lo que el demonio respondiole: / -yo he venido aquí para enseñarte. / Anda Melitón no seas cazurro; / mira que, si no, te despachurro (despanzurro?). / -Anda con la música a otra parte. / Grita Melitón trota y patea / y entonces se formó una enorme batahola... (aquí mi hermano mayor me interrumpía y me preguntaba por lo de la "batahola". Ni idea). Y llegaba la moraleja:
Esto a los niños les pasará, / si no quieren estudiar: / en un cuarto los encerrarán / y allí llorarán.


O esta preciosa poesía que mi hermano duda si la aprendió de Sor Cecilia o, ya en las Escuelas de Compañía, de Dña. Enriqueta o Dña. Camino:



Esto era... / un pajarito / rubio, como tú. / Su jaula tenía / un lacito azul, / dos puertas, / tres palos, / agua y alimento / -un terrón de azúcar-, / y un columpio lento. / Pero el pajarito / no estaba contento. / ¡Él quería árboles!, / ¡él quería cuentos!, / ¡él quería ramas!... / Volar bajo lluvia, / ver a los fantasmas, / ir a las estrellas, / cantar a las ranas / y buscar amigos, / y un nido tener. / Dobló sus patitas, / rezó arrodillado, / pidió al cielo suerte. / Vino un huracán, / sopló viento fuerte / y le abrió la jaula / en un periquete. / El mover sus alas / no se le olvidó, / y aquel pajarito / feliz escapó.
Tan bien la recitaba mi hermano que fue llamado por el Tío Ramón para que la dijera en Radio Requeté (al final, Colaboradores)y allá que se fue con el chaquetón nuevo, colocado con alfileres e imperdibles porque aún no estaba terminado.
No hace mucho me enteré de que tan deliciosa poesía era de Gloria Fuertes.
Los Reyes también venían a La Casita. Sor Cecilia, a la dcha.
Yo tuve, pues, la inmensa suerte de encontrar en mi primer contacto con la escuela a una segunda madre, a alguien que desprendía alegría por los cuatro costados, que me hizo aprender con gusto, casi sin darme cuenta. Tuve la suerte de que mi primera maestra fuera una buena maestra.
Sor Cecilia, ¡gracias!
Un cagonico (que no canónigo) del 53

Fechas y datos en la vida de Sor Cecilia:
  • 22.11.1902. Nace Cecilia Taboada Laborra en Sangüesa, provincia de Navarra. Padre: Manuel Taboada Ruiz, labrador. Madre: Juana Laborra Goyeneche, vendedora en el Mercado. Fueron 10 hermanos.
  • Primeros estudios: Colegio de la Inmaculada, dirigido por las Hijas de San Vicente de Paul.
  • 1921. Voluntaria en el Hospital de Sangüesa.
  • 1922. Madrid, Seminario de las Hijas de la Caridad.
  • 1923. Mendigorría (Navarra), escuela de las Hijas de la Caridad.
  • Arróniz (Navarra). Cambiada de destino.
  • Hospital de Navarra.
  • Bétera (Valencia), Colegio de Nuestra Señora del Carmen.
  • Invierno de 1947. La Casita de Dormitalería, Pamplona. Hasta el 69.
  • 26.09.1970. Traslado de la comunidad de La Casita a la Casa de Beneficencia de Valencia.
  • Noviembre de 1983. Jubilada (¡con 81 años!) en la Residencia La Milagrosa de Zaragoza.
  • 12.05.1989. Muere en Zaragoza.
Muchos datos de esta entrada están sacados del capítulo dedicado a Sor Cecilia, escrito por José Félix Mendía Braco, parte que pertenece al libro "Mujeres que la historia no nombró", editado en 2002 por el Ayto. de Pamplona. Muchas gracias también a Yolanda, que me aportó los materiales necesarios.

Galería de fotos 
[Actualización 13.12.2014: he recibido el valiosísimo material de Anamary Olaverri que os invito a consultar]
Sor Pilar, superiora, en el centro. Sor Cecilia, a la izda. Sor Josefina (piano) a la dcha.