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martes, 7 de noviembre de 2023

Palankaris en el Paseo Valencia (1850 ca.)

1902 Paseo Valencia Hijos de Montorio editores
Desafío de palankaris (J.J. Arazuri)
En aquellos albores del Paseo de Valencia (1853), tuvo lugar en él un famoso desafío entre dos célebres palankaris, francés el uno y navarro el otro, de Leiza por más señas, apodado «el Añézcar» por haberse casado y vivir en la venta del mismo nombre.
Este desafío congregó en Pamplona a miles de montañeses. Ni que decir tiene que las apuestas abundaron en número y cantidad, y que el paseo de Valencia estuvo de concurrido como jamás la historia lo recuerda. 
Dicen que la tensión del público se convirtió en admiración y emoción cuando el navarro lanzó la barra —al estilo clásico— a una distancia récord; pero la decepción -y después la ira- se desató en los espectadores al ver que el francés —lanzando la barra al estilo que hoy se usa para lanzar el disco— superaba la distancia conseguida por «el Añézcar». 
En la disputa que se produjo a continuación, los franceses alegaban que no se había especificado, al concertarse la apuesta, la forma de lanzamiento, a lo que respondían los indígenas que aquí no se conocía otra que «a la navarra». 
De las palabras pasaron a los hechos y el pobre francés salvó la pelleta, descolgándose de las murallas por una cuerda que un alma caritativa le proporcionó.
(Pamplona Antaño)
Crítica
Me da la impresión de que Arazuri no llegó a ver las imágenes del NO-DO de 1956 que supusieron toda una revolución en el lanzamiento de jabalina. Si las hubiera visto, habría descartado la posibilidad de que la técnica del francés mejorara el resultado de la del navarro. 
Félix Erausquin
Aplicar a la jabalina la técnica clásica de los palankaris supuso mejorar las marcas sustancialmente. Tuvieron que prohibirla porque había que modificar la longitud de los estadios. Quadra-Salcedo llegó a lanzar entonces más de 112 metros (hoy el récord del mundo de jabalina aún no llega a los 100 m.)

1956 Revolución en la jabalina
Todo empezó casi como una broma –recuerda Clavero-. Un día del año 1956, el veterano (49 años) Félix Erausquin no pudo aguantar más y le contó su secreto al joven (24 años) Miguel de la Quadra-Salcedo: "Pues yo la jabalina, si la lanzo ‘al estilo pastor’, la mando más lejos que nadie".

Félix Erausquin
El padre de la criatura (o sea, del estilo pastor, vasco o español; de la niña de la foto, supongo que también) fue el vizcaíno Félix Erausquin (1907-1987), olímpico, con casi 41 años, en Londres-1948. 
Erausquin, vencedor habitual de estos Campeonatos de barra vasca, tuvo en 1956 la genial ocurrenshia de aplicar al lanzamiento de jabalina la técnica de la barra vasca. El resultado fue una auténtica revolución. Con casi 50 años logró en Anoeta una marca de 83,48, batiendo de largo el récord de España.
La barra vasca
Centro: Clavero, Iguarán y Hernández
En el calendario oficial del atletismo español existió hasta 1960 (
último record
Manuel Clavero, 56,39) la prueba de lanzamiento de barra vasca (palanka, en vasco). Se trata de una barra cilíndrica de hierro, un poco menor que las jabalinas clásicas, con un grosor semejante, que se moja con espuma de jabón para un mejor deslizamiento de la mano. El palankari, apoyando la barra en su espalda, realiza una corta carrera que incluye dos, tres o más giros, para acabar soltándola por el hueco de la mano, por donde se deslizaba con facilidad.

martes, 11 de abril de 2023

¡Lo que te estarás riendo, Nano!

“Nano, tú siempre corriendo delante del toro de la vida” Soria 1975
La campaña contra Sánchez Dragó, precisamente a su muerte, es digna de estudio. Miles de progres -Sánchez y sus socios- se han puesto de acuerdo para acusarle de fascista y pederasta. 
Fernando Sánchez Dragó, con Miguel de la Quadra-Salcedo
Y ya de paso, se meten con otra a la que le tienen también muchas ganas:
No pueden soportar que haya sido español, antifranquista, disidente de unos y de otros, un "verso suelto", buen polemista y -sobretodo- mucho más inteligente que ellos.
A futbolín, con Abascal
Es curioso que la mayor parte de los que le insultan son varones (¡qué mala es la envidia!) y me da que es porque Sánchez Dragó ha disfrutado de la vida y de la libertad mucho más que todos esos borregos juntos.
Con su pareja de 2007
Autobiografía sexual
Hijo del 68, como Escohotado y Aute, cuado hablaba de sexo buscaba escandalizar y no era agradable. Pero un lector tan extraordinario no podía ser mala persona (Federico Jiménez Losantos)

"Siempre me han gustado las orgías. He participado en muchas. Sigo haciéndolo". 
"Siempre he follado lo que me ha dado la gana. ¡Muchísimo! Para empezar, tenía una válvula de escape maravillosa: las criadas de mi familia. Esas mujeres eran fundamentales en la educación sexual de los españoles. Después de ellas venían las putas, que fueron una gran ayuda para muchos hombres de la época... Como es natural, a mayor represión política, mayor eclosión sexual. ¡Madre mía, lo que era aquello! ¡El franquismo era Sodoma y Gomorra!". 
En fiestas de Soria
"Cuando estas chicas se encuentran con una persona como yo, que soy amante y amigo, soy marido y profesor, soy maestro, tengo más dinero, las amparo, las protejo, tengo más conversación de la que les puede dar un chiquito joven y encima las follo bien, acaban viendo en mí al padre que no tuvieron". 
'Y si habla mal de España... es español'.
"Dejé el otro día al lector con la miel de los afrodisiacos en los labios... Hablaba del Cialis, que es el que yo, desde hace algunos años, pues tengo ya más de la cuenta, tomo. Pertenece ese producto (...) a la gama de los vasodilatadores (...) El Cialis es el de más amplio espectro temporal: 35 horas, según el laboratorio que lo elabora (...) En mi caso dura menos, alrededor de un día, tirando a decrecer a medida que pasan las horas, pero es mano de santo y purga de Benito. Doy fe".
"Nunca tomo más de diez miligramos, y con esa dosis me basta para que en cosa de veinte minutos se yerga la verga (rima difícil a mi edad) con la misma bravura, turgencia y aguante que tenía en su juventud. Hay ahora en las farmacias un envase de mantenimiento con pastillas de cinco miligramos. Se toma una al día (yo lo hago), y ¡hale!, a vigilar la jungla como lo hace el tigre desde la horquilla del árbol. Si pasa una gacela, doblo la dosis, me abalanzo y la adentello (a condición de que consienta, claro)". 
"Ninguna mujer me ha pedido que usara condón.
Métase en sus asuntos y no en nuestras alcobas"
¡Lo que te estarás riendo, Nano!

Pederastia (Wikipedia)
En 2010 generó una gran polémica al publicar un libro junto a Albert Boadella en el que Sánchez Dragó se jactaba de haber mantenido relaciones sexuales con dos japonesas de trece años y de no poder ser juzgado al haber prescrito el delito. Como consecuencia, las secciones sindicales de Unión General de Trabajadores, Comisiones Obreras y Confederación General del Trabajo en Telemadrid pidieron su cese, teniendo que ser defendido por la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.​ El autor afirmó que se trató de ficción y fue apoyado en un manifiesto por Albert Boadella, Fernando Savater, Luis Racionero, Gustavo Bueno, María Dueñas, Montero Glez o José Luis Garci.

Dice hoy Chapu Apaolaza:
Se nos ha muerto Fernando Sánchez Dragó en su casa de campo en Soria a los 86 años de un paro cardíaco, que es como se muere todo el mundo. 
Soria 1975, con 39 años y bota de las 3 ZZZ
Sobre estas líneas lo imagino agarrándose el pecho en una última mañana soleada de todas mientras le vuelan sobre el aire templado de abril, los pétalos blancos de los almendros. 
Hace un tiempo, sacó del baúl una foto de 1975 en la que aparecía en un encierro de Soria. En una mano, llevaba la propia camisa que acababa de quitarse y que agitaba hacia la cara del toro, un novillón playero que hacía por volverse hacia él. En la otra, agarraba una bota de vino. 
“Nano, tú siempre corriendo delante del toro de la vida”, le decía su madre. 
El paraíso que habrá alcanzado a estas horas debe parecerse bastante a esa foto suya toreando a pecho descubierto un torazo en los montes de Soria.

Sabrosos comentarios (pincha) en Facebook.

jueves, 26 de mayo de 2016

"Moza de Ruta Quetzal", por Sonsoles

Si te parece que Miguel se merece una calle en Pamplona, al final encontrarás un enlace para firmar esta petición.

TRIBUNA CULTURAL El último explorador
Con motivo de la muerte de Miguel de la Quadra-Salcedo el pasado viernes, la autora rememora sus vivencias en la Ruta Quetzal 1993, la expedición que impulsó este periodista y aventurero.
Con 17 años, la ‘rutera’ viajó a Centroamérica y al interior de sí misma

Moza de Ruta Quetzal                                                                                           Sonsoles Echavarren
“No pueden subir a la habitación. Esperen aquí y ahora bajará la ropa que no le cabe en la mochila”. Las palabras de la monitora fueron tajantes y mi pobre madre se quedó desencajada. “¿Y no le puedo ayudar”, inquirió. “No. A partir de ahora, tendrá que hacer todo sola”. Así que, con mis 17 años y el miedo en la boca del estómago, subí a la habitación de un colegio mayor de la Universidad Complutense y saqué casi todo lo que llevaba. Me quedé con dos camisetas, tres mudas, tres pares de calcetines, un cepillo de pelo y otro de dientes, el chándal, las botas y las sandalias de Panama Jack que nos acaban de repartir a los 300 expedicionarios. “Es lo tenéis que llevar de vuelta a casa”, dije entregándole a mi madre una bolsa llena de ropa. Era el mediodía del 22 de agosto de 1993, un caluroso domingo en Madrid, a donde había viajado con mis padres desde Pamplona para empezar la mayor aventura de mi vida; la Ruta Quetzal. Un viaje de 51 días en el que yo pensaba que iba a recorrer España, la isla francesa de Guadalupe (en el Caribe), Puerto Rico, República Dominicana, Honduras, Guatemala y México. Pero en el que terminé viajando mucho más lejos; al interior de mí misma, a las injusticias del mundo y los desayunos con frijoles en plena selva, al barro en la mochila y los grandes amigos para siempre. El viernes pasado mientras paseaba con mi hermana por la Gran Vía madrileña se cerró el círculo. Un whatsapp de mi padre me informaba de que Miguel de la Quadra- Salcedo había muerto con 84 años. Y yo, a mis 40 y pletórica por haberme escapado un par de días de la vorágine de mi casa y de mis tres hijos, me quedé helada, empapada por una lluvia torrencial de recuerdos y volví a ser una joven de 17 en el mismo Madrid en el que empezó todo.


Expedicionarias cargadas con sus mochilas, en un campamento de la selva mexicana, durante la Ruta Quetzal Argentaria de 1993, la primera expedición que se celebró con este nombre (antes fue Aventura 92). DN
“No me imaginaba que hubieras estado en la Ruta Quetzal. No te hacía tan aventurera”, me confesó la madre de un amigo de mi hijo a la puerta del colegio. “Ya ves... He tenido un pasado. No siempre he estado entre pañales”, le contesté entre risas. Yo también fui una Moza de Ruta Quetzal, como cantaban los titiriteros del grupo salmantino Libélula, que con su música nos acompañaron durante toda la expedición. “Moza de Ruta Quetzal, si quieres que yo te quiera / moza de Ruta Quetzal, tienes que bailar conmigo, cantimplora en la cadera / esta noche en la pradera, moza de Ruta Quetzal / Buscas aventura, la vas a encontrar / porque desde Chichi te acecha el jaguar / busca el pajarito, que te salvará / ¡ay, mi pajarito, mi alegre quetzal / ¡Qué buena idea que tuvo Argentaria! / ¡Qué buena idea que tuvo Miguel!” Unos versos que a la mayoría de los lectores no les dirán nada pero que los cerca de 10.000 ruteros de Europa e Iberoamérica no podrán leer sin entonarlos en su cabeza con la musiquilla pegadiza que nos acompañaba a diario al son de la dulzaina y el bombo.
(Sobre esta canción, echa una ojeada al primer comentario, el de Oscar Andrés Casado)



Sí, yo también fui una Moza de Ruta Quetzal, de la primera edición que se celebró con ese nombre (antes se llamaban Aventura 92). De las que surcaron el Atlántico durante una semana a bordo de la universidad flotante del J. J Sister (un antiguo buque de la compañía Transmediterranea que hizo su última travesía con nosotros a bordo y que terminó sus días en Santo Domingo, con una grave avería que nos obligó a continuar el viaje en avión), de las que recorrió Centroamérica en una gua-gua desvencijada y asfixiante, de las que acampó en unas tiendas azules y moradas junto a los templos mayas de Tikal en Guatemala, una noche de luna llena; o remontó en una barcaza del ejército mexicano el río Usumacinta, frontera natural entre Guatemala y México. ¡Qué tiempo tan feliz! A pesar de la lluvia torrencial que nos obligó a evacuar un campamento en Cobán (Honduras) en medio de la noche y refugiarnos en un albergue de la Cruz Roja, de las picaduras de los mosquitos, del eterno arroz con frijoles para desayunar, comer y cenar que nos repartían soldados del ejército cada vez que instalábamos nuestras carpas o del olor a sudor y suciedad de mis dos camisetas con el logotipo de la Ruta Quetzal que llevábamos un día sí y otro también (y que no merecía la pena lavar en el río porque el aroma a humedad aún era peor).

Miguel de la Quadra-Salcedo con cuatro expedicionarios navarros (de izda. a dcha., Miguel Muñoz, Miguel López, Jon Ariztimuño y Cecilia Ocón), durante la Ruta Quetzal de 1997, en Puebla (México). DN
Sí, yo también fui una Moza de Ruta Quetzal. De las que se bañaron en cascadas paradisiacas después de una caminata de horas por la selva sin apenas agua en la cantimplora, recorrieron el colorido mercadillo indígena de Chichicastenango, salieron oliendo a incienso de la iglesia de Santo Tomás en ese mismo pueblo de Guatemala, asistieron a una misa en bañador en el río Usumacinta oficiada por el jesuita Jesús Aguirre o se creyeron protagonistas de un anuncio en una playa junto a las ruinas de Tulum en el azul turquesa del Caribe mexicano. De las que visitaron cabezas olmecas, jardines botánicos, plantaciones de cacao... Pero sobre todo, de las que aprendieron a querer a los demás. Miguel, conseguiste tu objetivo. Al margen de las clases magistrales de historia, literatura o biografías de los conquistadores que nos impartían catedráticos universitarios, los expedicionarios aprendimos el valor de la amistad... y del amor. Y desde entonces, los países de Iberoamérica y Europa llevan el nombre y apellidos de mis amigos ruteros. Pablo de Urugay, Christian de Perú, Emilia de Brasil, Ana Zulay de Costa Rica, Karen de El Salvador, Lucas de Albacete, Rodrigo de Portugal... y mis queridas Paula de La Coruña, Corín de Valencia, Aldara y Marta de Madrid, Ana de Burgos, Mar de Barcelona o Gema de Murcia, entre otros.



Miguel, sé que el otro día en tu funeral en Madrid cantaron Moza de Ruta Quetzal, la versión de una sanjuanera (’Moza que a la compra vas’) que se inventaron en Guatemala los titiriteros de Libélula en “varias noches embriagadoras”. Y yo, desde aquí, me uno a ese homenaje y te doy las gracias por ser mucho más que un periodista, un deportista o un aventurero. Fuiste un pionero en las relaciones entre Europa y Latinoamérica y en algo que está hoy tan de moda, en la empatía entre personas. Con mis 17 años aprendí que los cubanos no tenían libertad, quién era Alberto Fujimori o que hay dominicanos con mucho dinero, como mi compañera de camarote, que viven en mansiones, junto a la pobreza del Mercado Modelo de Santo Domingo. Pero, sobre todo, empecé a valerme por mí misma desde que una monitora le dijo a mi madre que me dejara sola y que no necesitaba tantas cosas para emprender el viaje de mi vida y a mi vida. El martes 12 de octubre, un mes y medio después de aquel día, nuestro avión aterrizó en Barajas y, entre mochilas y ponchos malolientes, los ruteros nos abrazamos, lloramos y nos hicimos las últimas fotos para terminar el carrete. Y de allí me fui cabizbaja y volví a mi vida anterior, aunque con una nueva identidad para el resto de mis días y que hoy, más que nunca, conservo orgullosa; la de Moza de Ruta Quetzal.
Periodista y ‘rutera’, Sonsoles es redactora en 
Diario de Navarra y expedicionaria en la Ruta Quetzal 93

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lunes, 21 de octubre de 2013

Jabalina 'a la española', por Quadra-Salcedo... y otros más


Miguel -dice la familia- ha muerto tranquilo. No me extraña, porque ha cumplido a la perfección todo lo que se había propuesto en la vida. Buen deportista, reportero de guerra, aventurero, el mejor embajador de España... Y sobre todo, una bellísima persona, que ha sabido ganarse la admiración y el cariño de todo el mundo.


En 2013 saqué una entrada sobre el lanzamiento de jabalina 'a la española' desolvidando unas imágenes del NO-DO que dormían en los archivos de Televisión Española. En esta modalidad Miguel llegó a lanzar 112 metros (hoy, 60 y pico años después, el record del mundo aún está en 98'48).
Sirva esta entrada de homenaje a este vasconavarro universal. Fue tan navarro que hasta se permitió el lujo de nacer en Madrid.