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jueves, 8 de agosto de 2024

Gracias, Tío Enrique

En enero de este año ya había saltado la noticia de su muerte. Fue una falsa alarma. Pero gracias a ella supimos que Enrique estaba ingresado en un centro de atención integral en Olave, muy bien cuidado y con su hermano pendiente de él. Begoña Rodrigo, su cuñada, corroboraba que seguía vivo.
Pero hace un par de días, la misma Begoña ha dado por las redes la noticia de que el sábado 3 de agosto había muerto Enrique. 
Las reacciones han sido unánimes:
- era una excelente persona y un buen profesional
- sus gin-tonics eran los mejores
- ¿y qué me decís del té que preparaba?
Y la más general:
- ¡qué paciencia tenía! ¡Lo que me ha aguantado a mí! (¡Y a mí!)
La Pamplona desaparecida
Su muerte ha pasado totalmente desapercibida para la prensa e incluso para el buscador de Google. Sólo encuentro que ha estado en el tanatorio San Alberto, sala N.º 7.
Enrique Concepción fue, desde 1975 ca. un elemento clave en la noche pamplonesa. Regentó "Casa Tío Enrique", en la Travesía Monasterio de Velate, y Villa Concepción, en San Roque 5. Era también socio del Reverendos (antes Young Play y hoy Ozone) con una participación del 15% en el negocio.

¿Dónde estaba Casa Tío Enrique?
En la Travesía Monasterio de Velate. Hoy es una clínica dental. En este enlace podéis ver la evolución de Casa Tío Enrique, Valentino y otros locales, desde 2009 hasta hoy.

¿Y Villa Concepción?
Villa Concepción, en San Roque 5, tras varias fusiones, se transformó en un inmenso local, el Beer Station actual. En este enlace de Diario de Navarra podéis informaros del cambio de dueños en 2023.
Como habéis visto, con el nombre de sus locales, Enrique Concepción no se rompió mucho la cabeza.

Tres décadas de la Noche Pamplonesa
He encontrado, también en DN, un puzle de fotos del ambiente y famosos en la noche pamplonesa de entonces, con este pie de foto:
Un concurso de baile en el Young Play, a finales de los años 70. Exterior de la discoteca Young Play, en Monasterio de Velate, después llamada Reverendos y hoy, Ozone.  Detalle de dos posavasos del Villa Concepción y del Young Play. El interior enmoquetado del Young Play. Ana Torroja, Nacho Cano y José María Cano, hacia el 82 en By-By (actual Makumba). Joaquín Sabina baja las escaleras de By-By flanqueado por dos chicas.

Finalmente, para los nostálgicos, un recuerdo de lo que era "El Tío Enrique", bien avanzada la noche:

Casa Tío Enrique
Tal cual. Adoquines y Losetas
Pueden ser las cuatro o las cinco, incluso las seis de la madrugada. La puerta está cerrada y se escucha levemente la música y el murmullo provenientes del interior del local. Fran asoma la cabeza y permite la entra da dando la bienvenida al último reducto donde esperar, donde exprimir al máximo los escasos resquicios de la noche, que ya acaba.
Una vez dentro, la más amplia gama de especímenes se arremolinan en torno a sus copas y a sus pitillos. Algunos, los más afortunados, pueden hacer como que bailan, moviéndose entre hombros y espaldas empapados en sudor tras el periplo nocturno. Casi todos son los de siempre, los que saludan a Enrique, los que son tan conocidos allí como la bebida que siempre piden. Asiduos visitantes que aguardan a que despunte el alba para descansar, para cerrar los ojos, mientras otros comienzan su labor diaria.
Amabilidad y trabajo a destajo es la tónica general dentro de la barra. Entre los piropos a Eduardo, la sonrisa de Gorka y la amabilidad de Jon, Enrique se mueve como por su casa, de aquí para allá, haciendo girar en el plato, una y otra vez, la de «El ritmo de la noche..».
La decoración ha despertado el interés y la admiración de más de un forastero que ha acudido al bar. Las fotografías y las siempre presentes rosas rojas en un jarrón, componen el distingo característico de esta cueva para noctámbulos, para «salidores» empedernidos y para quienes sufren de insomnio cada vez que el calendario señala un viernes o un sábado.
Los hay jóvenes, grupos con marcha y parejas que huyen de la tranquilidad; carrocillas que viven sus horas de juerga entre los compañeros de pelotazo y chicas que acuden por el atractivo que hay detrás de la barra más que por aguantar las pelmadas de algún que otro subido de tono.
Ya sabía yo que me recordaba a alguien. Foto Castells, editada
El tiempo no pasa en Casa Tío Enrique; son el ritmo de la música y las miradas que se cruzan las que marcan el son de la noche. Todo hasta que las luces se encienden, cuando es tarde para algunos y demasiado temprano para otros.
Siempre un mohín como despedida, una rosa roja al filo de la mañana, un detalle que haga más dulce el sufrimiento de tener que ver cómo se despereza el día, el día siguiente que empuja tras la puerta. La última posta antes de sucumbir entre las sábanas, probablemente solo, una vez más.
Setica DN 13/10/1990
Pues nada, Tío, descansa en paz (que te la has ganado de sobra) y resérvame la silla de la esquina en la barra del Tío Enrique celestial.

lunes, 5 de febrero de 2024

La noche pamplonesa (3 de 3)

Especial elaborado por Itxaso Mitxitorena y Juan Ángel Monreal
Siglo XXI. Subsuelo. La importancia de reinventarse
En 2008 le surge la oportunidad de su vida y (Andoni Sáez) se hace con la gestión del Subsuelo, un local magnífico, en la Plaza del Castillo. 
Andoni Saez, en el Subsuelo, local de éxito que
regenta desde 2008
"Esto es la Champions para cualquier hostelero de Pamplona", explica ahora, señalando la bóveda artesonada y la piedra de un local que ha vuelto a ser adaptado a las medidas de seguridad que impone la epidemia. "Abrimos en diciembre de 2008 y fue un triunfo más o menos hasta 2013", cuando el recrudecimiento de la crisis y la apertura de Zentral lo deja sin el público que lo había acompañado durante ese tiempo. Tocaba cambiar. "Ser responsable de un equipo de gente hace que vivas el negocio al día, que nadie tenga que contártelo. Con mucho dolor de corazón decidimos cambiar la música y dar a la gente joven lo que les gusta". En unos meses, y con el empujón del público universitario, las facturaciones se habían multiplicado por cuatro y por cinco.
Pero reinventarse no es sólo cambiar la música. También exige vivir atento a los cambios sociales. Y si la crisis de 2008-2013 terminó de enterrar la noche de los viernes, la recuperación que comienza a asentarse en 2014-2015 vuelve a llenar los restaurantes los sábados a mediodía. Y cientos de personas que tienen ganas de tomarse una copa y bailar después de comer se encuentran con que apenas hay locales donde hacerlo. Siguiendo lo que ya era tendencia en Alicante o Albacete, por ejemplo, es el Baviera de la Plaza del Castillo, un recinto minúsculo y con paredes de moqueta, quien decide subir la música y se llena hasta los topes desde las seis de la tarde.
Gente joven en el Subsuelo
El éxito, que fue replicado por muchos otros locales, muestra el camino por el que, seguramente, continúe el sector una vez que se controle la epidemia. Una noche más diurna y con un abanico de edad más amplio. "Los 50-55 años de hoy no son los de hace 20 o 30 años. Hoy hay gente de esa edad que tiene a los hijos ya criados o que se ha separado y que quiere salir", explican desde el Rock Collection de la calle Olite. "La diferencia es que la gente más joven, que a lo mejor ya trabaja y vive aún con sus padres, sale jueves, viernes y sábado. Los otros, pues una o dos veces al mes", añade Andoni Sáez, quien antes de la epidemia abría el Subsuelo los sábados e incluso los viernes por la tarde.
"Los bares de noche siempre hemos sido los malos de la película, por los aforos, por los horarios, por el ruido. ¿Alguien controla el aforo de un centro comercial?", reflexiona Javier Ubanell, desde el Tinglado.
El tardeo de Diego Garralda
El adelantamiento en los horarios es general en todas las comunidades. "Nos estamos haciendo más europeos, es un hecho. Hay ciudades, en otros países, que desde las dos de la tarde tienen marcha", explica Diego Garralda. Y, aunque los límites hayan existido siempre, lo que ha cambiado es la tolerancia. Si hace 25 o 30 años, existía una hora de cierre oficial y otra real, hoy ambas tienden a coincidir. Aunque siempre exista la picaresca. "Nos han ido empujando poco a poco hacia la tarde", explica Andoni. "Apenas quedan sitios donde la marcha dure toda la noche como hace unos años. Quizá Asturias, donde preguntas a la gente a qué hora cierran, incluso a los propios camareros, y te dicen que no saben... Un poco como era antes aquí".

El futuro. El día y la tarde, cada vez más protagonistas
"Es que es mejor empezar antes", explica Marisa Marco desde el Garazi quien, en cualquier caso, ve un porvenir "complicado para la noche y especialmente para esta calle". "Todo se ha ido concentrando cada vez más en unos pocos locales del centro -admite Andoni Saez- pero yo creo que esto sí tiene futuro". Hay cantera entre su clientela, que por las noches ronda los 25 años.
Es la generación que ha crecido con las redes sociales. Que ha hecho del like un nuevo modo de interacción. "Hace unos años, si conocías a alguien que te gustaba un sábado, te pasabas la semana esperando al jueves por la noche o al viernes para volver a verla. Hoy quizá se ha perdido esa magia y por ahí se ha podido escapar algo de público", explica Enrique Ibáñez, de Kabiya-Canalla. "El efecto de las redes yo creo que ya lo hemos descontado", añade su socio, Carlos Tabar, quien tiene claro que "la gente va a seguir saliendo". Ambos reclaman de la administración un mayor control a los bares que sobrepasan los decibelios que tienen permitidos, destacan la importancia de hacer las cosas bien, aportando "calidad" y recuerdan que hay publico que "escoge ciudades para hacer turismo en función del ocio nocturno que tenga".
Son conscientes, en cualquier caso, de que las costumbres van cambiando. Y quizá por eso, Carlos Tabar, presidente de Asbana. apuntaba hace ya más de un año que "el ocio nocturno es cada vez más diurno, cultural y familiar", apuntaba hace ya más de un año. "El problema -añade ahora mientras piensa en sus locales cerrados- es que no nos dejan ni reinventarnos".

jueves, 1 de febrero de 2024

La noche pamplonesa (1 de 3)

Camareros en el Conocerte es amarte, baby, a comienzos de los 80. Foto José Castells
Especial elaborado por Itxaso Mitxitorena y Juan Ángel Monreal
El Disco Club 29, la música y un cambio de época
50 Aniv. Disco Club 29. JAVIER BERGASA
Aunque noche hubo siempre, dos hitos jalonan el mestizaje entre los bares y la música que puso patas arriba el mundo en los años 60. El primero se sitúa en diciembre de 1967, cuando Javier Osés y Fernando Sáez abren en el número 29 de la calle Navarrería Disco Club 29, donde por primera vez en Pamplona, una ciudad que entonces apenas se asomaba a la modernidad, se pinchaba pop y cada uno bailaba como le parecía. ."Hay que tener en cuenta que aquella era una Pamplona en blanco y negro, muy triste, de sabañones y tremendamente aburrida", recordaba Osés en 2017, a propósito del 50 aniversario del local, que apenas duró dos tres años abierto.
Hay que esperar unos años para que la noche adquiera de verdad vida propia. Al desperezarse de finales de los 60 ha seguido la efervescencia política y cultural de los 70. Abren las primeras discotecas (Young Play, Amazonas, Gure Kayola) y los hijos del baby boom de los 50 se acercan a la veintena. Cambian los valores, y la libertad, si no se toca, al menos se intuye. Navarra es joven. El 55% de la población tiene menos de 35 años; hoy no llega al 36%. Se vacían los pueblos y la ciudad crece.

1975: Y al morir Franco, Conocerte es amarte, baby
No le faltaba ni la coma del vocativo final
Galería de fotos
Nuevos barrios van a escribir la historia. Calles recién aparecidas, bautizadas según el religioso gusto oficial de la época, acogen nuevos y altos bloques de viviendas. Y en sus locales comerciales surgen los primeros pubs. En 1975, un mes y cinco días después de que muera Franco, Fernando García Guibert abre en Monasterio de Cilveti Conocerte es amarte, baby. El local, de nombre maravilloso y al que no le faltaba ni la coma del vocativo final, ha pervivido en la memoria de miles de pamploneses: inauguró San Juan como referente en la noche pamplonesa.
Es el segundo hito de esta historia.
"Fernando tuvo un mérito tremendo, fue un precursor", recuerda ahora Javier Laspalas, peluquero, que también aportó años después su parte en la construcción de la noche de Pamplona. El Conocerte, o el Baby, fue un local emblemático, moderno, donde por primera vez el público gay podía sentirse cómodo en su ciudad. No era ni un bar ni una discoteca, sino algo intermedio, desconocido hasta entonces. Llegaba gente de Vitoria, de San Sebastián. Muy cerca atendía también Villa Concepción, el primer local del tío Enrique. Se hizo zona.
Martins y Ópera (1970-2009). Lucía ese Espinario
Habla Fernando García Guibert, de 70 años, que hace más de 20 desapareció de la noche pamplonesa después de traspasar otro local, el Opera, que se convirtió en la cita obligada de los más trasnochadores, aquellos que a las seis de la mañana querían tomar la última copa o buscaban una redención improbable. "Yo mismo elegí el sitio, prácticamente en la primera calle de San Juan. No había nada, quería que hubiese sitio para aparcar y que no tuviera portales cerca", continúa Guibert, que mantiene la memoria fresca de unos años irrepetibles. "Abrimos el 25 de diciembre a mediodía, para el aperitivo. Cerramos para la comida y por la tarde volvimos a abrir. Fue un exitazo y eso que ni siquiera pusimos publicidad, simplemente el boca a boca. En San Juan entonces no había nada, al margen de las primeras discotecas y algún pub, pero de otro estilo, como el Golden, donde los camareros iban vestidos de traje. En nuestro caso los camareros eran gente guapa, chicos y chicas, íbamos a Francia a comprar la música, tratábamos de traer los últimos éxitos. Cada año cambiábamos la decoración, hacíamos fiestas, nos travestíamos y hacíamos espectáculos. Fue divertido y fue diferente".
Muy pronto el bar se convierte en un punto de encuentro en las tardes y, sobre todo, los fines de semana. Acuden pintores, artistas, los políticos más jóvenes y modernos de la época. "El local era pequeño y San Fermín, una locura, con gente en la calle. Pamplona entonces era una ciudad diferente, todos nos conocíamos. Si alguien quería llegar a alcalde tenía que venir al bar".

San Juan: las puertas del recreo abiertas de par en par
Banco: Pedro (Rosfer, de pie), Beru (fumando),
Estanis (leyendo) y Encinas (barba oscura)
Tras aquella apertura todo estalla. Los bares y las discotecas de un barrio entonces joven se llenan y se reproducen. En Pamplona, San Juan es, directamente, el lugar donde hay que estar... Y así será durante unos años. La sociedad estrena democracia, los horarios se relajan, la madrugada se estira, con la jornada laboral de cinco días la noche del viernes se suma a la del sábado. "Al morir Franco, la sensación de libertad era tremenda. Fue como si nos abrieran de par en par las puertas del recreo", explica José Castells, que como fotógrafo inmortalizó los primeros años 80.