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lunes, 31 de octubre de 2022

El Soto de Aizoáin

Berriozar,  por encima de los cañones
Tan solo una calle, "Soto Aizoáin", nos recuerda que, al norte de las colinas de Santa Lucía hubo un soto, el entonces llamado "Soto de Ainzoain", que fue campo de tiro, aeródromo.., luego el Colegio Agustinos y hoy, Mercairuña, Decathlon...
***
De las seis imágenes, ésta es la que me aporta la información más clara para situarnos.
Estos son los datos que da el Archivo Municipal:
Altadill y Torrenteras de Sancho, Julio
Ejercicios de tiro de la Artillería.
1909 ca.
En segundo plano el monte San Cristóbal.
Varios civiles y militares posan ante un cañón.
Signatura AMP001451
Nada más verla me he acordado de esta otra de Zaragüeta, también de los mismos años (1900-10).
Una cincuentena de cicloturistas de época, con sus velocípedos -que ahora nos parecen increíbles- pasan, campo a través, por delante del mismo pueblo que en la foto anterior: Berriozar. Un señor, a la izquierda, un tanto bromista, parece hacerles dedo, autostop.
La carretera al Fuerte ya está construida y en ambas fotos se ven los efectos en la curva más occidental y la cantera de la Barga.

El Soto de Aizoáin
Hoy lo escribimos "Aizoáin", pero en la hemeroteca de aquellos años aparece sistemáticamente "Ainzoain" (dos "n" y sin tilde).
Por Ley del 31 de julio de 1886 se autorizaba el derribo parcial de la ciudadela, concretada en la supresión de los baluartes de la Victoria, San Antón y algún revellín, para la construcción del Primer Ensanche. A cambio, entre otras cosas, el Ayuntamiento cedía a perpetuidad al Ramo de Guerra el Soto de Aizoáin. Y el ejército lo utilizó como campo de tiro. Un suplicio para los pueblos cercanos.
Así pues, los artilleros de las fotos están haciendo prácticas en el Soto de Aizoáin.

Ubicación
Colina de Santa Lucía desde el Este (ascensor de Trinitarios). Monte del Toro, a la dcha.
1er plano, Cementerio. La cárcel, entre ambas colinas (dsd CD San Juan)
Algunas veces, la hemeroteca de los años 70 señala la ubicación del Soto con esta coletilla: "detrás del montecillo de Santa Lucía". Como sabemos, Santa Lucía tiene dos lomas, entre las cuales está la cárcel nueva. Pues detrás de ellas (vistas desde Pamplona) hoy tenemos el Polígono de Agustinos, Mercairuña... Y desde la gran rotonda que conecta con Decathlon sale la calle que recorre toda la zona: calle Soto Aizoáin
Línea naranja: calle Soto Aizoáin 1. Berriozar 2. Agustinos 3. Mercairuña 4. Decathlon
Instalaciones
Aunque en las fotos (por cierto, la 5ª hay que voltearla horizontalmente) no se ve más que un muro en ángulo recto, tuvo que haber algún cobertizo donde se guarnecía el puesto permanente de guardia que estaba al cuidado de los cañones, morteros y resto de armamento. Ese puesto de guardia recibía suministro de carbón en octubre y se le suspendía en abril, lo mismo que los puestos de guardia "del fuerte de Alfonso XII, en la cima de San Cristóbal" o "el polvorín de Ezcaba".

Imprudencias y accidentes
Son constantes los avisos de los militares a la población para que se abstenga de recoger el material por su peligrosidad. A pesar de ello, "un sugeto de Arazuri" perdió una pierna y murió posteriormente. 
También avisan del gran alcance de los fusiles "Maüsser" y de la colocación de una bandera roja en el alto durante los ejercicios. El gobernador militar anuncia que tales días y a tal hora habrá "fuego de cañón, lo que participamos a los pueblos vecinos para que estén de aviso".
Ya en 1903 comienzan las quejas desde Orcoyen comunicando que vecinos, estando en su misma casa, habían resultado heridos de bala. Orcoyen está a más de 3 km.
A partir de 1904 la actividad del campo de tiro disminuye, pero todavía continúa hasta que llega un aviso muy serio:
20/11/1907 El diputado por Pamplona Sr. Sánchez Marco se lamenta de que á consecuencia de las descargas de fusilería en los ejercicios de tiro que se realizan en el soto de Ainzoain, haya habido en diferentes ocasiones varios heridos que fueron alcanzados por las balas aún estando aquellos en el interior de sus casas, en los pueblecillos inmediatos, y pide que se ponga fin á este estado para normalizar la tranquilidad de aquellos honrados y pacíficos labradores.  
Campo de aviación y compra del Soto
El 19 de marzo de 1910 vino de San Sebastián "Mr. Garnier, el arriesgado aviador que en su monoplano va realizar experiencias en el Soto de Ainzoain".
El obispo Mendoza, en el hangar de Aizoáin
Diez días después, el 29, se dice: "Ayer fueron muchas las personas que bajaron al Soto de Ainzoain con objeto de ver el monoplano de Mr. Garnier".
Pero el terreno bacheado y el aire que entraba por Osquía aconsejaron buscar otro emplazamiento y Garnier se fue a Esquiroz.
El 7 de mayo de 1919 llega la gran noticia: "El Ayuntamiento de Pamplona compró en 1919 el soto de Ainzoáin por 85.000 pesetas. Era el precio de tasación
Y en los Sanfermines de aquel año, Garnier en compañía de Fronval se sacó la espina:
1919 El avión de Leonce Garnier durante las pruebas realizadas con el aviador Fronval AMP
Con las acrobacias y vuelos de los aviadores Fronval y Granier terminaron las fiestas de la aviación en Pamplona. A las siete de la tarde los dos aviadores sacaron sus aparatos del hangar improvisado en el soto de Ainzoáin. Mr. Fronval permaneció en el aire 48 minutos. En primer lugar realizó un «magnífico vuelo sobre el campo dando vueltas sobre el soto y después echó ramos de flores a los espectadores. Terminó su exhibición con varios ejercicios acrobáticos que el público siguió con interés y asombro...
1919 Aizoáin SF Avión de Leonce Garnier con el aviador Fronval
Actualización 15-05-2023
Hoy he conocido la existencia de este artículo: "Navarra en los albores de la aviación: pilotos, aeródromos, competiciones, récords…" que tiene este prometedor comienzo y que podéis leer completo en el enlace:
"Cuando los hermanos Wright conseguían volar por primera vez con un aparato más pesado que el aire el 17 de diciembre de 1903, ni cuando Louis Blériot lograba cruzar el Canal de La mancha a bordo de su monoplano el 25 de julio de 1909, pocos podían imaginar que Navarra se iba a erigir como un territorio clave en los inicios de la aviación en España. Un navarro fue el primero en construir un avión y volar en la península, el primer campo de aterrizaje español se construyó en las afueras de Pamplona y por el territorio foral pasaron los mejores pilotos del momento para competir entre ellos o realizar magníficas exhibiciones aéreas."

lunes, 23 de marzo de 2020

Churrerías en Pamplona (J.J. Arazuri)

Impresionante fotografía del interior de la churrería de «La Mañueta» en el
momento que extraen de la caldera una rosca de churros. Foto Pío Guerendiáin
La castiza churrería de la Mañueta continúa en la actualidad con la estima que se ganaron durante décadas de trabajo y honradez. La churrería  lleva en el mismo sitio 130 años. Y Pío Guerendiáin (pincha) la viene retratando más de 50. Sólo así se puede conseguir que algunos creamos que estamos en La Fragua de Vulcano.

Año 1895-1900.—Un churrero sacando del caldero con el aceite hirviendo una gruesa rosca 
de churros. Al fondo se ven varias casas del Ensanche, hoy llamado «Viejo», en construcción.
También se ven varias señoras a la moda de aquella época, con las faldas hasta el suelo
El dato más antiguo que hemos conseguido es del año 1865. En aquel tiempo, en la «Bajada de San Agustín» (como así se llamaba entonces a la actual calle de «Javier [San Francisco]»), en la casa número 4, se estableció un tal José María Ruiz. También en el mismo año, Faustino Zaragoza hizo lo propio en la casa número 38 de la calle de San Gregorio. El título de ambas tiendas era el de «ROSQUILLEROS Y BUÑOLEROS», aunque algunos días de la semana elaboraban también churros. 
Pero antes, ya desde finales del siglo XVIII y principios del XIX, se comienzan a ver algunas barracas en el Salón Viejo de la Taconera (hoy Paseo Sarasate) y a instalarse algún puesto modesto de churros en el día de San Juan. 
Ahora bien, la pequeña historia de las churrerías en Pamplona se inicia hace 121 años con la primera churrería de prestigio y calidad que, además, ha llegado hasta nuestros días.

La Mañueta
La Mañueta Pío Guerendiáin, años 70
El 13 de diciembre de 1872, llegó procedente de Cintruénigo, Juan Fernández con su esposa instalando una churrería en el número 13 de la calle Curia. Unos años más tarde, en 1890, se trasladaron a la calle Mañueta, en donde continúan en la actualidad. A Juan, fundador de «La Mañueta», le sustituyó su hijo Elías y su esposa doña Fausta, a éstos le sucedieron su hija Paulina y su esposo don José Elizalde. 
La castiza churrería continúa en la actualidad con la estima que ganaron durante 121 años de trabajo y honradez, manteniéndola con un grupo formado por los padres e hijos, todos licenciados universitarios, con el orgullo de sustentar el prestigio que consiguiera aquel cirbonero con su esposa y sus sucesores, alcanzando tan alta estima. 
Eran tiempos en que la docena de churros, bien grandes y gruesos, se vendía la docena a 30 céntimos y la rosca entera a 1 peseta. 
Año 1914.-Animación en las ferias después del Encierro. Era el momento de comer churros
y tomarse una o más copas de anís. Algunos soldados, vestidos con traje de verano. Se ve, 
y se puede leer, el letrero de «Antigua churrería de la Calle Mañueta». Foto Vicente Istúriz
En estos últimos años «La Mañueta» abre los domingos y días festivos desde octubre hasta mediados de diciembre. Después cierran hasta la primavera en que se abre domingos y días festivos hasta después de Sanfermines.

La Estrella
Inge Morath 1954 Calle Eslava letrero -estrella de 12 puntas (mitad 
de la imagen, arriba)- de la Churrería La Estrella (pincha)
Pocos años más tarde, en 1876, se empadronaron en Pamplona, procedentes de la Rioja, un matrimonio compuesto por Gaspar Roa (¡entrañable Joaquín!) y su esposa Inés. Pronto se instalaron en una casa en la Belena de las Pellejerías comprendida entre la entonces calle de Pellejería y la calle Mayor, en sus números pares. Tres años más tarde, al Ayuntamiento decidió ensanchar las Belenas y en 1879 mandó derribar las casas del lado izquierdo, según se mira desde la Plaza de San Francisco hacia la calle de los Descalzos. Cuando llegó el 10 de marzo de 1883 se aprobó hacer desaparecer los títulos de las belenas y dar a la nueva vía el nombre de Don Hilarión Eslava.
Familia Roa en las barracas primer Ensanche, junto a la Ciudadela SF 1920-29
Aquel matrimonio riojano se estableció instalando una churrería en la planta de su casa, poniéndole el pomposo y bonito título de «La Estrella». En los primeros años, Inés le ayudaba en la churrería, pero pronto fueron adquiriendo renombre y clientela suficiente para precisar algún empleado. Pronto «La Estrella» y «La Mañueta» fueron, hasta hace poco tiempo, las más renombradas en nuestra ciudad.

Año 1912.-Las ferias en el Ensanche Viejo. Un churrero, con el
tejeringo, inyecta la pasta que, frita, se convertirá en sabrosos churros
La Juliana 
Después de la Guerra Carlista, en donde hoy está la calle del General Chinchilla, se instalaron aproximadamente una docena de modestas barracas, entre las cuales destacaba la llamada «Churrería de la Juliana». Con el tiempo, la buena de la Juliana prosperó y trasladó su negocio a la calle Comedias, y el 13 de junio del año 1900 volvió a llevar la churrería a la casa número 20-22 de la calle de San Nicolás.

Año 1912.-Después de inyectar la pasta es preciso desarmar el tejeringo, limpiarlo bien
y rellenarlo con pasta recién hecha para continuar friendo roscas de churros.
 En las horas de mucha demanda, el caldero de aceite no debe estar sin freír
Churrería de Garjón y Ros 
En 1882, Lorenzo Garjón y Ros tenían una churrería estable en la Cuesta del Palacio, aunque hay datos de que ya montaban, desde hacía años, una churrería en las Barracas por las fiestas de San Fermín.

Churrería de Balbino 
Año 1902.-Churrerías,  por fiestas, en el Ensanche Viejo, frente a la Ciudadela.
A la izquierda la caseta de «La Mañueta». A la derecha está la churrería
de Balbino con el letrero de: «Churrería Balbino de la Calle Zapatería»
Cuando piensa uno que tiene todo completo, salta la liebre en una foto antigua que posteriormente se extiende a dos. La sorpresa fue al leer en la parte posterior de una foto de 1907, el siguiente texto: «Churrería de la Zapatería» (la de Balbino), y en otra foto de 1902, pude descifrar con paciencia y lupa de gran aumento, este otro texto: «Churrería Balbino de la calle Zapatería». Así, sin revolver ningún Archivo, dí con pruebas seguras de que a principios del presente siglo existió un churrero que se llamaba Balbino, que tenía una churrería en Zapatería y que por lo menos le duro el negocio del año 1902 a 1907, ambos inclusive.
Año 1907.-Parte posterior de la churrería de Balbino, el de la calle Zapatería
Las churrerías a principios del siglo XX 
Año 1916.—Varios churreros friendo roscas. Foto Roldán
Aquellos tiempos no cambiaban, la mayoría existentes en Pamplona, cuando llegaban las fiestas, instalaban churrerías en las Barracas. Después de los fuegos artificiales, todos a las Barracas. En aquellos años la mayoría de los churreros instalaban, detrás de la churrería, toldos para prevenir posibles borrascas o tormentas que con tanta facilidad se desencadenaban. También colocaban veladores y sillas plegables, en las que servían con los churros, copitas o vasos de anís, entonces el licor que más se bebía. Eran tiempos que por una peseta se servía una rosca de aquellos gruesos churros.
Año 1918-1920.-Como todos los días después del encierro, los churreros trabajaban
activamente hasta media mañana, las mujeres con sus manguitos limpios,
cortando y sirviendo docenas y más docenas de churros. Foto Luis Rouzaut
Después de los años veinte de nuestro siglo, iban cambiando las churrerías: en lógica competencia, restauraban y repintaban sus casetas, instalaban esferas recubiertas de espejos de colores, algunas, además de los manguitos blancos y limpios que usaban siempre, hasta se ponían impolutos gorros albos; más tarde aparecieron los megáfonos, la profusa iluminacion, las patatas fritas, se suspendió la venta del anís, desaparecieron los veladores, los hornos de piedra o ladrillo en los que se freían en aceite hirviendo aquellas roscas, que el sufrido churrero inyectaba con el tejeringo, mientras soportaba con resignación el insoportable calor del aceite. Igualmente desapareció aquel Ensanche Viejo terroso, sin términos medios, o se asaban por el calor bochornoso o por el viento violento se llenaban de polvo, o si llovía el lodazal cubría el suelo y si había calma, el ambiente se llenaba de olor a aceitazo frito.