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domingo, 18 de octubre de 2020

Carmen Morell y Pepe Blanco

Nacida en Barcelona el 13 de febrero de 1923, se llamaba Rosa Ferrando Galiana, hija de un albaceteño que trabajaba de descargador en el puerto de la Ciudad Condal, y de una valenciana. Comenzó a cantar con dieciséis años, imitando a Concha Piquer. Tenía una bella y potente voz, de resonancias líricas; de ahí que en su repertorio llevara números de zarzuela. Un agente de espectáculos la bautizó artísticamente con el sobrenombre definitivo de Carmen Morell. 
De gira por Andalucía con uno de aquellos espectáculos de variedades que tanto abundaron durante la postguerra un avispado empresario la instó a formar pareja con un cancionero que por entonces, año 1946, ya empezaba a destacar con algunas coplas, como El farolero y El gitano señorito. Se trataba del riojano Pepe Blanco. 
José Blanco Ruiz, más conocido como Pepe Blanco, nació en Logroño (La Rioja), en la típica calle de la Rúa Vieja, el 19 de marzo de 1911. 
En su juventud fue carretero, y más adelante taxista en la localidad riojana de Cenicero, donde se casa en 1935. En los años posteriores a la Guerra Civil Española se hizo popular imitando a Pepe Marchena en el Café Ibiza, popular establecimiento logroñés, hoy en día aún existente, lo que le hizo ganarse el apodo de Marchenita.

Cafetería Ibiza, hoy
No hay que olvidar que en aquella época triunfaba un dúo flamenco formado por Lola Flores y Manolo Caracol. Luego la idea de aquel promotor de espectáculos llamado Manuel Taramona no andaba desencaminada. Cierto es que la primera función que estrenaron Carmen Morell y Pepe Blanco titulada Alegrías 1946, con libreto de Antonio Quintero y Rafael de León musicado por el maestro Manuel Quiroga no tuvo el éxito apetecido en su estreno en el madrileño teatro Infanta Isabel. Tampoco les fue bien la gira por provincias. Debían ocho mil pesetas a la compañía, constituidos ambos en empresa, cuando a punto de concluir la desastrosa tournée alcanzaron un éxito inesperado en Vigo. 
Amortizadas las pérdidas, a partir de entonces y hasta 1960 fueron una pareja popularísima en toda España, rivalizando con la ya mentada líneas atrás, y ganando una fortuna. Más él que ella, pues así constaba en los contratos. Algo injusto, sin duda.
Los espectáculos de Carmen Morell y Pepe Blanco eran presentados con un gusto exquisito por los mejores teatros de España, aunque dada su enorme notoriedad tenían también que acudir a pueblos, a veces sin tener un escenario debidamente acondicionado e incluso sin camerinos, teniéndose que cambiar de vestuario en lugares poco propicios, llámense corrales o malolientes retretes. 
Pero esa era la España de la postguerra. Y ellos ganaban mucho dinero. Carmen exhibía lujosos modelos de primeras firmas. Y Pepe, de etiqueta, demostraba con su voz recia, varonil, que era uno de los mejores cantantes del género. Si él entusiasmaba a las féminas, ella resultaba atractiva y elegante. Así es que a sus espectáculos acudían matrimonios felices de escucharlos. 
Por problemas anteriores con sus respectivas casas de discos no pudieron grabar al alimón ninguna de sus canciones hasta 1949. A partir de entonces sonaban en la radio a todas horas. Era natural que fueran captados por el cine. Su primera película, de 1950, fue La mujer, el torero y el toro, basada en la novela de igual título de Alberto Insúa. La segunda fue la más taquillera de las tres que protagonizaron: Amor sobre ruedas. Pepe Blanco era un castizo taxista, que canturreaba amenizando los trayectos por las calles de Madrid, y Carmen Morell una afamada estrella de la canción triunfadora en América que regresaba a España. Eso sucedía en 1954 y tres años más tarde rodaron su último filme juntos, Maravilla, donde él interpretaba un airoso pasacalle, "Madrid tiene seis letras".
Hasta entonces la pareja procuraba llevarse bien, dentro y fuera del teatro. Se les ocurrió incluir en sus espectáculos unas jotas de picadillo, en las que uno y otra se echaban en cara algunas divergencias, lo que era muy del agrado del respetable. 
Aunque él estaba casado y tenía dos hijos, dado que las giras eran muy prolongadas y tardaba en volver a su hogar, teniendo asimismo en cuenta su aire de chuleta y seductor, no parece extraño que fuera conquistando poco a poco a su compañera de trabajo. Y Carmen Morell cayó en las redes amorosas que le iba tendiendo el tunante. 
Creyó ella en algún momento que él podría dejar a su mujer, Rosa Sistiaga, para siquiera vivir juntos, que no casados, habida en cuenta que en ese tiempo no existía en España el divorcio. Pero el riojano le hizo ver que nunca se separaría de su legítima. 
Coincidió ello, tras varios años de convivencia, en que él bebía más de la cuenta, lo que trascendía en el escenario pero es que, además, llegó a levantarle el brazo, a maltratarla, según me confesó la artista catalana. Y en 1960 se dijeron adiós para siempre: 
"En realidad Pepe y yo nunca nos llevábamos bien, no nos entendíamos. Nos hicieron después muchas ofertas. Contratos millonarios si aceptábamos volver. Pero ninguno de los dos aceptó, sobre todo yo. Ni nos volvimos a ver, ni nos llamamos por teléfono ni nos escribimos carta alguna".

A Pepe Blanco, cantando ya en solitario, le fue mejor que a ella. Tras su separación como pareja artística, actuó con gente tan destacada como Juanito ValderramaRafael Farina o Antonio Molina.
En 1980 se le dedicó una calle en Logroño, falleciendo al año siguiente, el 17 de diciembre de 1981 en Madrid y siendo enterrado en su ciudad natal.

Carmen Morell actuó en otros espectáculos y grabó discos, pero sin la resonancia de antes. Encontró en 1961 a un antiguo militar, Gustavo Gutiérrez Quiñones, que se convirtió no sólo en su representante sino en su marido. Enviudó en 1994. Y su voz se fue apagando, hasta retirarse a las puertas del nuevo siglo. Fue una gran intérprete de la canción española y una gran dama en todos los sentidos. Probablemente amargada desde que dejó de cantar con Pepe Blanco, sintiéndose engañada por él así como injustamente tratada y valorada, según nos pareció apreciar la última vez que nos vimos en Valencia, donde residió desde su matrimonio.
Carmen Morell, murió el 27 de enero de 2015, en la residencia Ballesol, de Valencia, donde llevaba ingresada cinco años. Padecía demencia senil. Aun así, algunas tardes alegraba a sus compañeros con alguna de las coplas que le hicieron muy popular, allá por los años 50. Caso de "Me debes un beso", "Amor que viene cantando", "Pregonera de España", "Bombón", "No me lo quites, hermano", "La lumbre de tu cigarro"…

Todas las referencias al autor y la mayor parte del artículo son de Manuel Román

domingo, 8 de marzo de 2020

Amor que viene cantando

"Joteros" (Nicolás Ardanaz, 1949)
Este pasodoble-jota que conocí en mi infancia me llena de nostalgia. El gran Alfredo Marquerie, con su crítica amable, valora magistralmente la actuación de Carmen Morell y Pepe Blanco. Lo que dice de Pepe es que es clavao. La primera vez que echa a andar sobre el escenario seguro que os recuerda a alguien.
Un espectáculo sencillo para, sin mayores pretensiones, disfrutar de este 8 de Marzo.

A B C. SABADO 22 DE OCTUBRE DE 1955 EDICION DE LA MAÑANA
PRESENTACION DE CARMEN MORELL Y PEPE BLANCO EN EL MADRID 
En el Madrid se presentaron Carmen Morell y Pepe Blanco con el estreno de "Dos amores vienen cantando", libro de Blanca Flores y Pedro Llabrés y música del maestro "Cito". 
El espectáculo obtuvo un gran éxito, muchos números fueron repetidos y al fin de cada parte los autores y los artistas tuvieron que saludar al público entre grandes ovaciones, mientras el telón se alzaba reiteradamente.
Carmen Morell, a la que conviene exactamente aquel titulo "d’orsiano" de “la bien plantada", cantó y lució como “estrella" de luz propia. 
Pepe Blanco, con su palma izquierda paralela al bolsillo de la chaqueta, con su pasito de "taita arrabalero" y sus manos que se juntan o simulan arrojar compases por encima de los hombros, sacándose el puño o acariciándose el gemelo, dió, una vez más, la medida de su popularísima personalidad, lo mismo en la jota que en el pasodoble, en el bolero o en el tango, porque aquel "cantor riojano", a cuyos comienzos asistimos, es ya un "chansonier" de muchas campanillas y de incontables admiradores. 
En suma, con "Dos amores vienen cantando" el público sencillo se divierte sin que nada le hiera o le ofenda. Suponemos que ésa era la única finalidad del espectáculo. Y en tal sentido la ha cumplido con creces.—Alfredo MARQUERIE.

Amor que viene cantando
-Me encontré con dos caminos
Al marcharme por la vida
Y mi norte no encontraba
Por el uno yo bajaba
Por el otro tu subías.
-Me quisiste echar a un lado
Y el gesto no te sirvió
Que viniste a dar al cabo
Por donde subía yo
Amor que viene cantando
Es gloria y es ilusión
Como te estaba esperando
Entraste en mi corazón
-Esquivamos nuestro rumbo
Sin pensar en el cariño
Cuando más quieres marcharte
Y pretendes alejarte,
Más se juntan los caminos.
-Pretendimos el destino,
Marcarlo nosotros dos.
Y en la vida nadie cuenta,
Que el rumbo lo marca Dios
Cuando la jota se oye
Y al pie del mismo Pilar
Hasta el Ebro se levanta
Para escucharla cantar