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lunes, 8 de mayo de 2023

Reflexiones: Régimen Foral y Tráfico

Agentes de la Guardia Civil y de la Policía Foral, en los actos del día de la Policía Foral que se celebraron el pasado junio 2022 JOSÉ CARLOS CORDOVILLA
Ya lo dijimos. La Guardia Civil de Tráfico no tiene por qué cambiar de uniforme. Navarra, en uso de sus competencias, puede decidir que sigan los guardias en las carreteras. "Asumir las competencias de Tráfico es compatible con que la patrulla de la Guardia Civil pueda seguir prestando el servicio junto a la Policía Foral" (Javier Tajadura)
Navarra habrá de seguir siendo foral... o no será
por Iñaki Iriarte
Yanguas y Miranda, Arturo Campión, Iturralde y Suit, Serafín Olave, José María Iribarren… Probablemente para la mayoría de los navarros son sólo nombres de calles. Sin embargo, estos y otros autores de los siglos XIX y XX fueron los constructores, a veces contradictorios, de lo que entendemos (o hemos entendido) por “identidad de Navarra”...
(...)
Desde por lo menos la primera mitad del siglo XIX, ese amor por Navarra se identificó con la defensa de los fueros. Éstos -más allá del contenido concreto de instituciones como el mayorazgo o la libertad de testar- eran percibidos, primero, como una fórmula de lo que hoy llamamos autogobierno, sobre todo fiscal, y, segundo, como un pacto (no un mero “contrato”, que tiene una connotación comercial y cortoplacista) entre los propios navarros, por un lado, y entre éstos y el resto de España, por el otro. 
No es por el huevo, es por el fuero
Esa idea implicaba otras, como el reconocimiento del otro como un igual, asumir la mutua interdependencia, subrayar la necesidad de negociar, de ser pragmáticos, el deber de cumplir lo pactado y de ser leales, respetar la libertad ajena, evitar las rupturas, primar lo concreto (“el huevo”) y tener, en definitiva, los pies en el suelo. Eso sí: profunda y firmemente en el suelo, sin dejarse avasallar por nadie, como hombres libres. Esa mirada larga, en definitiva, que sólo se puede mantener cuando se viene desde muy lejos.
Hoy ese espíritu de pacto, hacia dentro y hacia fuera, y esa capacidad de autogobierno fiscal deben seguir protagonizando nuestra identidad colectiva. Sin ella, sin él, no iremos a ningún lado. Los problemas nos superarán y las divisiones internas nos destrozarán. Nuestros hijos dejarán de saber qué los une y nuestros nietos dejarán de entender a Navarra como su Hogar. Por eso, la Navarra del futuro habrá de continuar siendo foral, o no será.
Iñaki Iriarte López, profesor de la UPV y parlamentario foral de Navarra Suma

Tráfico y el debate 'hurtado' sobre qué es mejor para la carretera
Julen Garmendia, DN; Javier Larequi, de Equipo Europa; Javier Tajadura, catedrático de Derecho Constitucional; Aladino Colín, Co.Ciudadana; y Marcos Sánchez, DN
Foto: José Carlos Cordovilla
Un ejemplo claro de lo que supone el régimen foral es la asunción de competencias como Tráfico por parte de Navarra. 
El portavoz de la asociación Equipo Europa, Javier Larequi, y el catedrático de Derecho Constitucional Javier Tajadura, coincidieron en que el debate sobre las competencias no se puede reducir a un hecho cuantitativo “cuantas más competencias mejor”, sino que se trata de ver “qué competencias pueden prestar mejor Navarra, cuáles el Estado y cuáles la Unión Europea”. “En esta época electoral es bueno que haya ese debate, de por qué y para qué de las competencias”, sugirió Larequi a la vez que lamentó que ese debate se haya hurtado con motivo del traspaso de Tráfico. “Yo no tengo una opinión formada, porque lo que necesito es saber qué es mejor para que el Tráfico esté controlado en Navarra”, lamentó. “Es perfectamente defendible -añadió Javier Tajadura- que Navarra puede tener competencias de Tráfico, pero eso es también perfectamente compatible con que la patrulla de la Guardia Civil pueda seguir prestando el servicio junto a la Policía Foral dado el papel integrador y cohesionador de la Guardia Civil en España”.

martes, 16 de agosto de 2022

Navarra, 40 años amejorando

Este 16 de agosto se cumplen 40 años desde la entrada en vigor del Amejoramiento del Fuero.
Navarra, bonita, que cumplas muchos más y que yo los vea)

Cuarenta años del Amejoramiento del Fuero
Iñaki Iriarte
Este 16 de agosto se cumplirán 40 años desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra, la Lorafna, más conocida como “el Amejoramiento del Fuero”. Algunos pensarán que son muchos años para una ley y que, por eso, es tiempo ya de actualizarla. Personalmente, creo que una ley de calado -semejante a una constitución- no solo puede durar muchos años -haciéndole, de acuerdo, algunas reformas menores-, sino incluso que conviene que perviva a lo largo de muchas generaciones, cuantas más mejor.

Solemos lamentarnos del “cortoplacismo” en política, y se trata, en efecto, de una propensión muy nociva. El que los políticos debamos de someternos cada poco tiempo al examen de nuestros conciudadanos tiene muchas ventajas, pero, lamentablemente, contribuye a que nos desentendamos no ya del largo plazo, sino del medio, porque cuando se avecinan las elecciones únicamente se tienen en cuenta las cuestiones y los resultados inmediatos o recientes. Por eso, las democracias necesitan de algún tipo de contrapeso que, sin menoscabo de la soberanía del presente, sirva para introducir los intereses futuros, sobre todo los de las generaciones que están por venir. Ese mañana que todavía no cotiza, pero que, sin duda, disfrutará y sufrirá de cuanto le legue el presente.

Pues bien, entre tales contrapesos están ese tipo de textos constitucionales análogos al Amejoramiento, que crean un marco jurídico, simbólico e institucional, en donde puedan ir encuadrándose las ocurrencias legislativas, sabias o necias, de los que, como diría Chesterton, andamos ahora por aquí. Con todo, es cierto que si los vivos se empeñan en tirar algo a la basura (sea un marco constitucional, sea su cultura), ni los muertos, ni los que están por nacer podrán impedírselo. Solo estos últimos tendrán ocasión de poner remedio a esa decisión, cuando los vivos estén ya para criar malvas.

Sea como fuere, nuestro Amejoramiento tuvo críticos desde antes incluso de ser promulgado. En concreto, desde que comenzaron a plantearse las distintas fórmulas para ubicar a Navarra en el nuevo estado de cosas que iba a sustituir el régimen del dictador Franco. Contra lo que hoy podría pensarse, las objeciones al proyecto de Amejoramiento no solo provinieron del nacionalismo vasco y la extrema izquierda. Así, hubo quienes plantearon una suerte de retorno al estado de cosas anterior a 1841, es decir, un reino navarro propio dentro de la Monarquía española. A su entender, la recuperación de competencias que ofrecía el Amejoramiento debía de ir mucho más allá y tenía que aprovecharse para derogar la Ley Paccionada (y la ley derogatoria o confirmatoria de fueros de 1839). Estas voces eran, sin duda, respetables, pero resultaron francamente minoritarias. La opinión pública navarra de la época, en efecto, se decantó por una solución menos bella, menos romántica, pero mucho más factible, que era precisamente la que ofreció la Lorafna.

Algunos nacionalistas vascos formularon críticas parecidas a las de quienes añoraban el Viejo Reyno, pero se trataba solo de una maniobra de distracción. El grueso de sus objeciones tenía mucho más que ver con una razón diferente: el Amejoramiento consagraba la existencia de Navarra como una comunidad diferente de Euskadi. Y fue y sigue siendo eso lo que ha provocado que la hayan atacado tan virulentamente durante estos 40 años. No tengan duda: si la Lorafna hubiese atribuido a Navarra la mitad de la mitad de competencias que finalmente estableció para Navarra, pero hubiese incluido en cambio mecanismos que facilitaran nuestra anexión a la Comunidad Autónoma Vasca, le bailarían un aurresku a diario.

Sin embargo, la crítica más recurrente al Amejoramiento durante todo este tiempo ha sido que no fue sometido a ningún referéndum. Es muy cierto que esa consulta al pueblo navarro no se produjo directamente. No se juzgó ni necesario, ni conveniente, porque era de vital importancia que quedara claro que Navarra no se constituía en comunidad autónoma y en sujeto político a consecuencia de la Constitución de 1978, sino que, aprovechando ésta, recuperaba facultades perdidas, en tanto sujeto preexistente a la Carta Magna. Convenza o no este argumento (sutil, si se quiere, pero muy relevante para el largo plazo), no cabe olvidar que la Lorafna sí fue aprobada, y muy mayoritariamente, en el Parlamento de Navarra -que representaba a todo el pueblo navarro- y en las Cortes Españolas -que también nos representaban en nuestra calidad de españoles-. Se trató, en definitiva, de un procedimiento absolutamente democrático. 
Para quien mantenga dudas, bastará recomendarle que investigue un poco acerca de los textos constitucionales del mundo que no se sometieron a referéndum y que han sobrepasado los 50 años de vigencia. Descubrirá entre ellos a muchas de las democracias más avanzadas.

Por lo demás, no deja de resultar contradictorio que hayan sido precisamente quienes defendían la inclusión de Navarra en el preautonómico vasco (aduciendo, por ejemplo, que en una asamblea de ayuntamientos en Estella en 1931 así se había decidido) quienes más hayan criticado el hecho de que no se produjera ese referéndum. El tiempo, en cualquier caso, dio la razón a esa amplia mayoría que se decantó por la opción de reintegrar y amejorar nuestras antiguas competencias forales. Porque, innegablemente, el texto del que hoy se cumplen 40 años ha servido de marco para convivir, para avanzar en derechos y servicios y para progresar económicamente. Por eso, ojalá que cumpla muchos más.
Iñaki Iriarte López. Profesor de la EHU/UPV
y parlamentario foral de Navarra Suma

miércoles, 13 de abril de 2022

Rosa Oteiza (2), por F. Pérez Ollo

José y Rosa vivieron una pasión en la Pamplona de 1900
Una pionera olvidada,                                                                              por Fernando Pérez Ollo
Rosa Oteiza, independiente y discreta, pamplonesa perpetuada en el bronce, no ha merecido ni una referencia en las historias feministas locales

Diez céntimos elocuentes
El domingo 24 de septiembre de 1893, el Orfeón Pamplonés y la Orquesta Santa Cecilia estrenaron el Himno a los Fueros, compuesto por Gorriti, con letra de Hermilio de Olóriz.
«Florecen las virtudes / entre tu honrada grey / como el fértil campo brota apiñada mies./ Por eso nunca sierva/ni vil pudiste ser / y el que atentó a tu honra / muerto cayó a tus pies», exageraba la cuarta estrofa. Pero la hipérbole de esos versos no desdice de la historia oficial del monumento, cuya mayor inexactitud es que se financió sólo con aportaciones voluntarias. En julio de 1893, en Tafalla se abrieron las suscripciones, alentadas por los párrocos. Una señora fue a casa del de Santa María y le dijo: «Tengo cuatro hijos, no tengo más de 10 céntimos en mi poder y quiero dejarlos para ayuda del Monumento». Y los dio. Este es un rasgo humilde y más elocuente que cien discursos.
1895-1896-1903 Comienzos rápidos, pero luego... Y aún sin placas
Matrimonio sin convivencia
El matrimonio en 1918 con José Julián Ozcoidi Errea (9 registros en Prensa histórica) no parece que cambiara mucho la vida de Rosa Oteiza. En los padrones municipales no aparecen domiciliados juntos más que en 1940. Es más, él no figura como residente en Pamplona, ni está enterrado en el cementerio de la ciudad, y a ella la encontramos, año tras año, a veces como soltera, siempre en compañía de su madre —hasta que ésta murió en 1945— y de su hermana Benita, en la calle Compañía y luego, en Pozoblanco. Pero sería necio pensar que los papeles oficiales recogen y agotan toda la verdad, mucho menos la de una vida.
Pozo Blanco 19-2º, esquina con las Escalericas de San Nicolás- Ahí murió Rosa Oteiza
Rosa, José y el silencio
Sobre el Monumento a los Fueros corre sotto voce y entre iniciados en la historia menuda local el runrún de que a la modelo de la dama foral y al arquitecto les unía una arrebatada relación sentimental. Rosa Oteiza y Manuel Martínez de Ubago fueron amantes, o más bien ella fue la amante de él, según esa noticia no escrita y bisbiseada durante décadas. No es exacta. 
En el primer quinquenio del siglo XX, el arquitecto de moda y la joven, que no debía pasar inadvertida en la ciudad, eran solteros. Pero Manuel y Rosa no mantuvieron un idilio volcánico. La estupenda moza —dieciochoañera cuando posó para la estatua de bronce— se enzarzó en amores con José, hermano de Manuel, y también arquitecto. 
Quiosco música Zaragoza, obra fraterna
Ya va dicho que, cuando llegó la estatua en bronce y a Manuel le dio un causón (soponcio), disgustado con el trabajo de los fundidores barceloneses (¿o por el parecido con Rosa?), fue José quien la elevó y colocó sobre el alto pedestal. 
Luego, terminado el Monumento, Manuel y José se trasladaron, hacia 1906, a Zaragoza, ciudad en la que ambos trabajaron. José llegó a concejal. Más tarde, José hubo de abandonar la capital aragonesa y se instaló en San Sebastián, en el alto de Aldapeta. José —lerrouxista y presidente del Partido Radical (anticlerical, anticatalanista, liberal y republicano) en Guipúzcoa— fue alcalde donostiarra entre abril de 1935 y enero de 1936, casó y tuvo familia. Aún (en 2001) vive su viuda, con 99 años. 
Rosa estaba en Pamplona en 1905, pero no en los diez años siguientes. Cuando se casó en 1918, el párroco de San Juan Bautista dice que ella era feligresa suya, es decir había vuelto al piso que la madre ocupaba en la calle Compañía. No abandonó más la ciudad. En los padrones figura siempre como comadrona. La historia oculta asegura que trabajaba como costurera. 

Boda interrupta
Basílica (pincha) y calle de Santa Engracia
En la familia Martínez de Ubago cuentan que José y Rosa tuvieron hijos (José, Julio -1903-, y Luis) y que él los reconoció. José anunció su enlace matrimonial con una señorita zaragozana en la iglesia de santa Engracia. El día de la boda, Rosa se presentó en el templo con sus pequeños (dato a comprobar). José no pudo casarse y tuvo que abandonar la capital aragonesa y se fue a San Sebastián (de donde llegó a ser alcalde). De esta historia, que los Martínez de Ubago pamploneses conservan fresca, acaso lo más sorprendente es que José, dada su filiación política, se casase por la Iglesia. 
Doña Rosa Oteiza Armona, según los testimonios, fue hasta el final una mujer discreta, de mucho carácter y celosa de su independencia. Concedió alguna entrevista, pero no desveló trazo alguno de su verdadera vida. A cien años de los hechos, cuesta creer que Doña Rosa, la pamplonesa perpetuada por el bronce, no haya merecido ni una referencia en las historias feministas.

Nota de Desolvidar
Cuatro años después de estos dos escritos de Pérez Ollo, apareció en 2005 el libro "Mujeres que la historia no nombró", promovido por el área de Servicios sociales y Mujer, del Ayuntamiento de Pamplona. En él hay un capítulo dedicado, por fin, a Rosa Oteiza. ¿A que sabéis quién lo escribió? Pues sí, don Fernando Pérez Ollo.

martes, 12 de abril de 2022

Rosa Oteiza (1), por F. Pérez Ollo

Rosa Oteiza fue la modelo
Cuenta Fernando Pérez Ollo que, "alguna vez, un periodista joven (él mismo: 31 años cuando murió Rosa Oteiza y vecino de ella) intentó arrancarle algunos secretos, pero ella no desveló nada de su verdadera vida, ni siquiera de la alta dama foral, a cuyos pies pasaba a diario en su camino a San Nicolás, sin elevar la vista".
Fernando fue el primero que hizo pública la doble vida de Rosa Oteiza, 31 años después de que ella muriera:

18/10/1970 DN
Consignamos con verdadera pena el fallecimiento, ocurrido ayer en nuestra ciudad, de doña Rosa Oteiza Armona, bondadosa señora que contaba con muy extensas amistades que supo alcanzar con su trato afectuoso y con las bellas prendas personales que le adornaban. Había alcanzado la edad de 87 años en constante ejemplo de acendrada piedad, teniendo las mayores complacencias en la práctica de sus devociones. Acompañamos en su sentimiento a sus hermanos don Luis, doña Pilar (viuda de don Nicolás Picaza) y doña Concepción; hermana política doña Tomasa Eguaras y demás parientes

DN 12/10/2001 VIERNES
Rosa Oteiza Armona,                                                                            por Fernando Pérez Ollo
La modelo de la dama foral, pamplonesa de San Antón, nació en agosto de 1883, vivió en la calle Compañía y murió hace 31 años en la de Pozoblanco Rosa Oteiza Armona

Isabel la Católica y la rendición
«Esa matrona de bronce / donde dice Ley Foral / quiere decir entre líneas / que Navarra es inmortal», exaltaba una copla de hace siete décadas. La señora sigue sobre su pedestal, pero no todos saben leer. Un familiar del arquitecto Martínez de Ubago cuenta que, no hace mucho, escuchó con pasmo cómo una guía explicaba a un grupo de turistas: «Y arriba está Isabel la Católica, que enseña a los navarros la carta de rendición». No queda claro si se rindió la reina castellana o fueron los navarros los que capitularon. En cualquier caso, un disparate estúpido. Isabel pinta poco en esta historia. Murió en 1504, su viudo conquistó Navarra en 1512 y la unió a la Corona de Castilla en 1515. Mal podían los navarros levantar un monumento para exaltar a los Católicos. Y, sin embargo, ay, no habrá sido ésa la mayor aberración oída por Rosa Oteiza, dama en bronce

Arako (GEN)
ARAKO
(Cándido Testaut Macaya, 1885-1956) fue redactor de este periódico desde 1910 hasta su muerte, «psicólogo de la aldea por antonomasia (...) creador de un género literario navarro imitado por no pocos, no superado por nadie», según decía la necrológica. Sus «Dialogando» y «Chirigotillas» son fuente imprescindible para conocer el habla de la Cuenca y costumbres y ritos locales, hoy perdidos, si no olvidados.
Arako —en euskera, "el de marras"— dedicó una de sus «Chirigotillas» primaverales de 1913 a la ficción de que la alta dama del Monumento a los Fueros le citaba fuerapuertas, allá por la Cruz Negra. La matrona le expuso en endecasílabos dos quinquenios de disgustos y le preguntó por «esa inauguración que tanto tarda / sin que sepa el motivo.
— La respuesta / es de lo más difícil; pero creo / que, si se cansa usted de estar derecha, / puede esperar sentada.
—Es ésa tu creencia? /
—Tal es, señora.
—Entonces me retiro / y en cuanto haya ocasión, me voy a América».
La inauguración no llegó a darse. Presunta foto de Rosa Oteiza
La modelo de la dama foral se llamaba Rosa Estefanía Oteiza Armona. Nació en la calle de San Antón, 22, 4°, el 13 de agosto de 1883, a las 3 horas y media. Era la segunda de los siete hijos que entre 1878 y 1899 tuvieron Miguel Oteiza Alonso (1855-1899), de Allo, y Francisca Armona Olite (1859-1945), de Urroz. Los abuelos paternos vieron la luz en Allo; los matemos, en Urroz y Salinas de Monreal. Conviene señalar que Ramón Armona, bisabuelo de Rosa, era natural de Pamplona, del barrio de la Magdalena.
Los Oteiza-Armona se casaron en Urroz el 10 de diciembre de 1877. Ambos eran vecinos de Pamplona. Él, carpintero jornalero; ella, «dedicada a las labores domésticas».
A Rosa la bautizó el párroco de San Nicolás, Francisco Guillén, el mismo día natal.
El hermano primogénito, Simón Julián, murió a los tres años, el 12 de febrero de 1882. Así, Rosa fue la hija mayor desde que abrió los ojos y pronto tuvo que asumir alguna responsabilidad. Cuando ella contaba quince años, el padre murió el 6 de abril de 1899, de ataxia cerebral, según el acta. Tres días antes había nacido su última hija, María Concepción Benita. El funeral en la parroquia de San Nicolás fue de cuarta. Entre Rosa y Benita Ilegaron al mundo Luis (1885— 1973), María Concepción (1887—1888), Juan de Mata (1893-1922) y Pilar (1895-1977).

Novia y viuda
Al quedar huérfanos, de Rosa y sus hermanos cuidó la abuela materna, Micaela Olite Unzué, de 73 años. Pero enseguida la familia se instaló en las escuelas de la calle Compañía, cuyo puesto de portera encomendaron a la señora Armona. Pilar y Benita se hicieron maestras. En 1940 aún vivían en Compañía la madre, Rosa y Benita.
Francisca Armona falleció el 1 de julio de 1945, de insuficiencia cardiaca. Para entonces ya habitaba con sus hijas en la calle Pozoblanco, 19, segundo piso.
En el mismo domicilio cerró los ojos Rosa, el 17 de octubre de 1970, sábado, a los 87 de edad. La partida parroquial de defunción asevera que era viuda, estado que no apareció en la esquela inserta en este periódico. La partida no miente. Doña Rosita contrajo matrimonio el sábado 28 de septiembre de 1918, en San Juan Bautista, con José Julián Ozcoidi Errea, pamplonés de S. Lorenzo, 6 años más joven que ella y maestro.
Los dos días anteriores, el Teatro Gayarre había vivido una minitemporada de ópera a cargo de la compañía de Blanca Drymma. El jueves, 26, Tito Schipa había hecho el Ruggero de «Manon» de Massenet. El mítico Schipa —nacido en 1889, según la sospechosa biografía oficial— que en 1917 había estrenado «La Rondine» de Puccini en Montecarlo. Y el 27, Ofelia Nieto fue Mimí en «La Bohéme». A Doña Rosa los problemas bohemios musicados por Puccini debían de parecerle leves. Doña Rosa, novia en 1918, era ya viuda, según el registro parroquial, (sin figurar como casada).

martes, 15 de febrero de 2022

"Carta navarra", de Iñaki Iriarte

Amigo Iñaki: entre cruzarse de brazos y expulsar a Sayas y Adanero hay posturas más inteligentes que pueden salvar a UPN de la crisis. La peor salida, la expulsión. UPN no puede permitirse el lujo de prescindir de dos parlamentarios que gozan de la simpatía de la mayoría de la militancia y, presumiblemente, del electorado.
OTRAS VOCES A FONDO POLÍTICA EL MUNDO, VIERNES 11 DE FEBRERO DE 2022
Carta navarra                                                                                                          por Iñaki Iriarte
El autor argumenta a favor de la expulsión de los parlamentarios de UPN que no respetaron las órdenes de partido en la votación sobre la reforma laboral en base al concepto de representación parlamentaria
Es comprensible que UPN considere que ya no puede confiar en su trabajo y les reclame el acta
Defenderlos solo daña a la única opción política que ha servido para frenar el avance del separatismo

En la primera de las Cartas Persas Usbek pide a su amigo Rustan que le informe de lo que se dice en Isfahan acerca del viaje que acaba de emprender. "De sobra sé que no cuento con la aprobación de muchos". Yo inicio esta carta consciente también de que voy a contar con la desaprobación de muchos columnistas que durante estos días han opinado sobre el voto de los diputados Carlos García Adanero y Sergio Sayas en el pleno del 3 de febrero.
"Sayas y Adanero tienen mi respaldo y admiración"
En estas circunstancias. debo emprender la clásica captatio benevolentiae: admiro a la mayor parte de esos columnistas y. particularmente, a quien a mi juicio es la más brillante, Cayetana Álvarez de Toledo (autora de una tribuna sobre esta cuestión. A los diputados de todos los partidos). Tengo una buena relación personal con los dos parlamentarios protagonistas y les agradezco su trabajo en defensa de lo que, en el fondo, ha estado en juego en Navarra desde 1978: la libertad y la unidad de los españoles. Ambos dieron la cara -como todos los demás afiliados de UPN- en un tiempo en que yo, he de confesar, me dedicaba a escribir algún articulo en la prensa regional y a mis clases de Pensamiento Político en la Universidad del País Vasco.
Escaso feeling
Dicho esto, el pleito suscitado se me antoja extraordinariamente claro: dos diputados votan lo contrario de lo que les ha ordenado su partido; comprensiblemente, éste considera que ya no puede confiar en su trabajo y les reclama el acta. En definitiva, nada que no sucedería en cualquier otra formación política.
Se ha argumentado -ciertamente, no por parte de Álvarez de Toledo- que quien está de facto alterando el mandato del partido y la voluntad de sus votantes es la dirección de UPN, que «se ha vendido al sanchismo». Sin embargo, el Consejo Político del partido -su Parlamento- respalda a la dirección. Se responde que también este consejo se ha vendido. ¿No sucederá más bien que los órganos de ninguna formación pueden cruzarse de brazos cuando no se respetan sus mandatos?
Se replica que debería consultarse directamente a los afiliados. En ese caso, digamos adiós al principio de la democracia representativa y destituyamos, no a dos, sino a todos los diputados del Congreso.
En España, como en casi toda sociedad más grande que una comunidad de vecinos, la democracia debe tener un carácter representativo. Y a lo primero que se compromete todo representante es a dejar de representarse a si mismo, para poder representar a otros. Por eso, ya no puede actuar conforme a lo que le dicta su fuero interno. Si quien se postula para representarnos nos anuncia su intención de dejarse guiar por su «conciencia» -lo que sus adversarios llamarían «sus intereses personales»-, difícilmente podríamos votarlo. Su comportamiento será imprevisible y no cabría reclamarle ninguna explicación. Cayetana Álvarez de Toledo presenta la decisión de los dos diputados como un ejercicio de responsabilidad, en su calidad de representantes del conjunto del Pueblo Español, contra una partitocracia, que seria uno de nuestros grandes males.
Adanero denuncia la paliza que un grupo
de menas propinó a su hijo
Sin embargo, un partido no es otra cosa que un grupo de votantes organizado para ayudar a un candidato a recabar apoyos populares y ayudar a los demás votantes a exigirle cuentas por sus actos. Sin esa asociación de votantes, los representantes estañan abocados a representarse solo a si mismos y, en la práctica, en cada pleno habría que entablar 349 negociaciones por separado. Si, además, a los diputados les fuese lícito votar lo contrario de lo que habían dicho que iban a hacer, cada votación seria como jugar a la ruleta... y tampoco comprometería a nadie. Hobbes lo explicó con claridad: si no se respeta la palabra dada, no se puede llegar a ningún pacto y, sin pacto, la política desaparece.
El hecho de que tantos columnistas hayan bendecido un comportamiento que, si se repitiera mañana en otros partidos, tildarían de rebelión, se explica, por lo menos en parte, por el limitado conocimiento que percibo tienen de lo que defiende UPN y de Navarra, esa comunidad que en pleno siglo XXI insiste en denominarse no autonómica, sino foral.
Lastra insiste en acusarles de "transfuguismo".
Este foralismo no es ni mucho menos una suerte de prenacionalismo rancio, pero todavía apegado a la idea de España. No es tampoco un orgullo cateto por las jotas, enfrentado a otro orgullo cateto por el levantamiento de piedras. Prescindan de las caricaturas: no somos Villarriba contra Villabajo. Tampoco el fuero consiste en contribuir a la hacienda común con menos de lo que nos corresponde (y por eso reclamamos que sea solidario con el resto de España).
La idea de fuero -que, como otros conceptos políticos modernos, como soberanía o constitución, incorpora un mito- consiste sencillamente en una forma de entender la política como un pacto de longue durée. Un pacto cuyo contenido actualizan los vivos, pero que a la vez se reclama asentado en el pasado y orientado al porvenir. Un pacto entre navarros -de la ciudad y del campo, de la parte euskaldun y de la romance, de los individuos y el conjunto-, pero también un pacto con los demás españoles.
El fuero incluye, además, la primacía del derecho como elemento fundante de la comunidad politica, frente a la etnia o la lengua, e introduce las virtudes de la fidelidad, la libertad y la prudencia como ingredientes necesarios de toda constitución hecha para durar. Es Chesterton y Belloc, antes de Chesterton y Belloc. Es Burke en traje de roncalés. Un derecho histórico, sí. Pero ¿para qué existe el derecho, si no es para asegurar que lo pactado ayer sea respetado mañana? Lejos de ser un anacronismo en pleno siglo XXI, es una fórmula de convivencia que la experiencia demuestra que ha servido para sustentar una comunidad próspera y leal a España.
Habrá quien crea que, extinguido el foralismo, la Nación Liberal podrá reinar en Navarra. No. La decadencia del foralismo en el País Vasco sólo trajo consigo la hegemonía del separatismo (el sentimiento de lo local, ya sin el corsé de la fidelidad al pacto).
En Navarra sucedería lo mismo. Por eso, convertir la decisión equivocada de dos diputados en un «acto de responsabilidad ante la Nación» y ver en la lógica decisión de los órganos legítimos de su partido «una ruptura con el electorado navarro», solo daña a la única opción política que ha servido para frenar con éxito el avance del separatismo y su proyecto de ruptura de la convivencia.
Iñaki Iriarte es parlamentario Foral de UPN y miembro de su Consejo Político

miércoles, 13 de octubre de 2021

¿Navarra, "rica e insolidaria"?

Aunque fue escrito hace 14 años y en un contexto diferente, este artículo debería enviárselo María Chivite a sus compañeros de partido sevillanos para que -de una vez por todas- se enteren de las características de nuestro autogobierno: ni privilegios ni insolidaridad, sino gestión de nuestros intereses y control de los propios recursos.
Arazuri PCB: "Junio 1965 columpiándonos de niños en las 
cadenas del Monumento a los Fueros, aprendimos a ser forales"
¿Adiós, Navarra?                                                                             por Juan José López Burniol
Al caer la tarde del 12 de octubre de 1962, llegué a Pamplona para iniciar mis estudios de Derecho en la Universidad de Navarra. Nueve años más tarde, ingresé en notarías por Valdegovía, en la provincia de Álava, allá donde Vasconia se funde con la Castilla burgalesa. De ahí pasé a Tudela, en la Ribera, donde permanecí hasta 1977. Durante quince años, por tanto, mi vida se desenvolvió en tierras navarras o cerca de ellas. De ahí que contemple a Navarra con el cariño que se siente por lo propio, si bien matizado por el respeto debido a lo ajeno. Por esto me invade, últimamente, cierta desazón al ver a Navarra convertida en el punto central del proceso de paz en el País Vasco (el artículo está escrito en El País, 28 Marzo 2007), por reivindicar la izquierda abertzale -como prioridad absoluta- "el espacio a cuatro territorios", que supondría la incorporación de Navarra a la Comunidad Vasca con la correlativa pérdida de autonomía y la inevitable dilución progresiva de su fuerte personalidad. Aunque, a decir verdad, mi desazón es inferior a mi extrañeza.

Los euscaldunes de hoy nos hemos reunido aquí
para mostrar, por respeto a nuestros antepasados,
que queremos guardar nuestra Ley
Esta extrañeza se explica. Al entrar en contacto con Navarra, pronto advertí el milagro que suponía el hecho de que una entidad histórica de tan pequeña extensión y tan reducida población hubiese preservado, siglo tras siglo, no sólo su identidad, sino sus instituciones -comenzando por la Diputación Foral-, sus competencias -incluidas las fiscales- y su Derecho. Desengañémonos, dejando al margen a los portugueses -que recuperaron su independencia en el siglo XVII-, los navarros han sido quienes han conservado -en toda la Península- una mayor cota de autogobierno, es decir, de autogestión de los propios intereses y de autocontrol de los propios recursos. Navarra ha sido, a lo largo de la historia, como los gatos: siempre ha caído de pie. O, en otras palabras, ha ganado o, por lo menos, no ha perdido -a diferencia de otros- las guerras en que ha participado. Así lo prueban la Primera Guerra Carlista y la Guerra Civil.


En aquélla, el abrazo de Vergara entre Maroto y Espartero -que puso fin a una guerra que nadie ganaba- fue la escenificación de un acuerdo previo, fraguado al calor de la iniciativa "Paz y Fueros", por el que la oligarquía central madrileña consiguió la unidad de mercado mediante la supresión de las aduanas interiores, y la oligarquía carlista -aparte de la conservación de los grados militares- salvó las Diputaciones Forales, con sus decisivas competencias fiscales. Lo que se concretó, respecto a Navarra, en la llamada Ley paccionada de 16 de agosto de 1841, que, si bien fue una Ley ordinaria de Cortes y, por consiguiente, no formalmente pactada, sí fue, de hecho, el resultado de un acuerdo anterior. Un acuerdo que -en palabras de María Cruz Mina- "proporcionó a la oligarquía navarra, que había controlado el proceso, un aparato de control sobre la provincia muy superior al que tuviera en el Antiguo Régimen, a la vez que ponía en sus manos el instrumento clave de la revolución burguesa, al convertir a la Diputación en árbitro de la desamortización. Pagar menos y controlar más, tal era la esencia de la nueva foralidad".

Algo semejante sucedió tras la Guerra Civil. El Estado franquista respetó el régimen foral de Navarra y Álava, al tiempo que derogaba el de Guipúzcoa y Vizcaya, como castigo por ser "provincias traidoras". De este modo, Navarra conservó su amplia autonomía durante aquellos cuarenta años, al módico precio del cupo que anualmente pagaba al Estado. Tan es así que, en ocasiones, algunos gobernadores civiles -como Carlos Arias Navarro y Luis Valero Bermejo- perdieron los pulsos que osaron sostener con la todopoderosa Diputación Foral. Y, en fecha tan avanzada como 1973, se produjo un hecho revelador. De todas las Compilaciones que debían recoger las especialidades jurídico-privadas existentes en España, sólo pendía de promulgación la de Navarra, tras haber sido aprobadas por las Cortes franquistas las de Vizcaya y Álava, Cataluña, Baleares, Galicia y Aragón. Pues bien, los navarros -sin duda bajo el recuerdo mítico de la Ley paccionada- se negaron a que su Compilación fuese aprobada unilateralmente por las Cortes de Madrid, y, para evitarlo, idearon un sistema tan increíble como éste: la Compilación fue promulgada como Ley por el general Franco, en su condición de jefe del Estado y haciendo uso de la facultad que le reconocía la Ley Orgánica del Estado -y atribuida en plena Guerra Civil- de "dictar normas jurídicas de carácter general". 

Ahora bien, en el texto de la Compilación figuraba también una disposición adicional según la cual: "Para cualquier modificación o alteración de la vigencia total o parcial de esta Compilación será necesario nuevo convenio previo con la Diputación Foral al efecto de su ulterior formalización". De todo lo cual resulta que la Compilación Navarra de 1973 fue fruto de un pacto entre el Estado español y la Diputación Foral de Navarra, que debía reeditarse -en forma de nuevo convenio- para cualquier modificación ulterior. Esta fórmula -ideada posiblemente por el catedrático y notario navarro Francisco-Javier López Jacoiste y vendida a Franco por el carlista Antonio María de Oriol- implicaba un grado de autonomía sin parangón posible. Si esto no es bilateralidad pura y dura, que venga Dios y la vea.

Llegados a este punto, proceden una recapitulación y una reflexión. Aquélla es evidente: a lo largo de la historia, los navarros las han hecho de todos los colores con el fin de preservar su autonomía hasta un grado en verdad elevado y envidiable. Y han tenido éxito. Mejor para ellos. Pero, entonces, se impone una reflexión: ¿cómo es posible que los navarros estén ahora dispuestos a dilapidar esta rica herencia de libertad que viene de sus mayores, dejándose embarcar en un proyecto ajeno como es la fusión con los tres territorios vascos, en el que verán fuertemente erosionada, además de su identidad, su capacidad de autogobierno, que -no lo olvidemos- consiste en la autogestión de los propios intereses y el autocontrol de los propios recursos? Si me permiten que me ponga borde, ¿qué necesidad tienen los navarros de que nadie les ayude a gestionar sus fondos? No hay detrás de estas preguntas el oblicuo intento de perpetuar ningún estatus. Sólo late la perplejidad de que no se imponga en Navarra una voz que clame de una vez por todas: "Ni Euskadi, ni Madrid, ni hostias: Navarra siempre p'alante". 
Pero un viejo amigo pamplonica me dice que las nuevas generaciones educadas en las ikastolas constituyen un auténtico enigma a estos efectos, por lo que puede que decanten la situación a favor de un proyecto compartido con los vascos. Si así lo hacen, me callo. Es su tierra. Aunque pensaré para mí que se equivocan. Dilapidar siempre es fácil; lo que cuesta es acumular y conservar.

Hace un par de veranos hice noche en Pamplona, de camino hacia Santander. Madrugué y caminé por las calles desiertas -era domingo- de la ciudad: paseo Valencia, Chapitela, plaza del Ayuntamiento, cuesta de Santo Domingo, el Museo de Navarra, vuelta atrás, plaza del Castillo, Carlos III, los Caídos, Colegio Mayor Aralar, Amaya, la plaza de toros... Poco dado como soy incluso a los pequeños viajes, pensé que me despedía de Pamplona. No sabía que, quizá, me estaba despidiendo de Navarra. De la Navarra que yo conocí.
Juan José López Burniol es notario.

domingo, 14 de marzo de 2021

"Los Vascos y Franceses sean tenidos por estranjeros"

San Juan Pie de Puerto, localidad francesa a 8 km de Navarra, un lugar mágico
Hace unos días, en Twitter, surgió, provocador, este tuit:
Fueros del Reyno de Navarra 
"Los Vascos y Franceses sean tenidos por estranjeros" 
Los comentarios no tardaron en aparecer: unos, en plan jocoso, frotándose las manos; alguno, enfurruñado, poniendo las cosas en su sitio (el del nacionalismo vasco, claro):

-Esto es maravilloso. Y van y, para más inri, les prohíben usar las armas.
-Jajaja... no sabía yo esto. Los que invadieron navarra fueron guipuzcoanos, ojo, a las órdenes de Castilla, pero sobre todo tropas Guipuzcoanas. 😜
-Enviádselo a BILDU y al PNV... bueno y al @PSNPSOE
-Ni puedan ser mesoneros?
-Los antiguos navarros eran muy inteligentes, los de ahora...
-Los antiguos navarros, igual que los de ahora, son vascos.

Pero ni unos ni otros se habían leído el texto completo (ver, al final, Documento 1), tan solo el titular y, a lo sumo, lo destacado en amarillo:
"Los Vascos y Franceses sean tenidos por extranjeros y no se admitan a oficios ni beneficios ni puedan ser mesoneros ni traer armas en ciertos lugares"

María, en Larrasoaña
Si llegan a leer, además, estos otros párrafos...
- "pues los Vascos son súbditos y vasallos de otro príncipe" (¿de qué otro príncipe´? En 1583 -cuando fue aprobada esa Ley por las Cortes navarras-, guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos tenían el mismo "príncipe" que los navarros: Felipe II.
O los pueblos donde no pueden ser mesoneros: 
-"Burgui, lugar de Ustés, lugar del Elcoaz, la villa de Larrasoaña, lugar de Esáin, lugar de Almándoz, villa de Santestevan y en toda la valle de Erro; ni puedan ser vaqueros ni pastores de Ganaderos de este Reyno en los montes de Alduide". Si os fijáis, ningún pueblo cerca del límite con Álava y Guipúzcoa, sino lindando con Francia.
O eso de 
-"frontaleros (fronterizos) de tierra de Baiguer (Baigorri) o Zisa (puerto de Cisa)"... "Bearneses y Franceses".
Y al final lo más claro:
-"pero los naturales vaqueros y pastores de España puedan llevar en los dichos montes cualesquiera armas para su defensa". Por tanto, guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos que jurídicamente habían pertenecido a Castilla y habían participado con ella en la conquista de Navarra, al ser más españoles que los navarros, por supuesto que podían "llevar en los dichos montes cualesquiera armas para su defensa".

Si hubieran leído esos párrafos, habrían caído en la cuenta de que esos "Vascos" de los que habla esa Ley, para nada apunta, pues, a nuestros vecinos del oeste, que entonces eran conocidos como "vascongados" o "vizcaínos" y pertenecían a Castilla, sino que se refiere a...
Algunos ya lo habéis pillado pero, para facilitar las cosas, os diré que su nombre sustituyó al de "General Franco" en una gran Avenida pamplonesa.

Baja Navarra
Se refiere a los navarros de Baja Navarra, antes llamada Tierra de Ultrapuertos, Tierra de vascos o, abreviado, Bascos.
Un poquito de latín. Cis, citra/ultra (del lado de aquí/más allá de. Ej.: cis-alpino, puerto de Cisa/ultra-puertos). La actual Navarra incluye, en esa zona límite, a Valcarlos ("la Val de Charles", de Carlomagno). Lo que queda "más allá de" Valcarlos, de esos puertos de montaña, es Ultrapuertos. Pero desde Valcarlos al Alto de Ibañeta hay una buena cuesta (que bien conocen los peregrinos), un puerto que se llama "Puerto de Cisa" (el puerto "del lado de aquí").
Un poquito de francés. En esta parte de los Pirineos, la palabra "vasco" es importada de Francia (basque, basques). Aquí, desde hacía siglos, habíamos dicho vascones, vascuence (por oposición a romance), vizcaíno y vascongado (vasconicātus): ej.:"Provincias Vascongadas", Cañada de Las Provincias (Vascongadas)... Entonces, a la zona de Ultrapuertos, y por influencia francesa, se le empezó a llamar "Tierra de vascos" o también "Bascos".
Pincha para leer mejor
Tras la conquista de Navarra (de las dos), en 1512, la Tierra de Ultrapuertos, por la dificultad de su defensa, fue abandonada por Carlos I y "permaneció con instituciones y leyes propias como parte de los dominios de la casa de Albret, asociándose al Reino de Francia al ascender su rey, Enrique III de Navarra, primero de la casa de Borbón, al trono francés. Así, los monarcas galos se intitularon "Reyes de Francia y de Navarra"." (Wikipedia).
No resulta, pues, extraño que los Fueros navarros consideren "estranjeros" a los "bascos" de Ultrapuertos, ya que  eran "súbditos y vasallos de otro príncipe".

En tierra de vascos
Aunque este documental coincide en el nombre, excede el ámbito de la Baja Navarra (Tierra de Vascos, Bascos, Ultrapuertos), abarcando todo el País Vasco-francés.
"El documental Im Lande der Basken (1944), dirigido por Herbert Brieger, era hasta ahora completamente desconocido. Distribuido por la UFA, es un intento de plasmar en imágenes una visión mítica del pueblo vasco, pasada por el filtro de la propaganda nazi. Filmado por completo en el País Vasco-francés, muestra paisajes, tradiciones, deportes, bailes, etc., y no puede separarse de los intentos nazis, durante la II Guerra Mundial, de acercarse (yo: a veces con éxito) al nacionalismo vasco para construir un nuevo orden territorial en Europa occidental según principios étnicos". (Santiago de Pablo-Teresa Sandoval) 

Documento 1. Fueros de Navarra
"Los Vascos y Franceses sean tenidos por extranjeros y no se admitan a oficios ni beneficios ni puedan ser mesoneros ni traer armas en ciertos lugares"

Está ordenado y se manda por ley que, pues los Vascos son súbditos y vasallos de otro príncipe, sean tenidos por extranjeros en este Reyno y no se admitan en él a oficios ni beneficios, vicarías y pensiones; ni puedan ser mesoneros en la villa de Burgui, lugar de Ustés, lugar del Elcoaz, la villa de Larrasoaña, lugar de Esáin, lugar de Almándoz, villa de Santestevan y en toda la valle de Erro; ni puedan ser vaqueros ni pastores de Ganaderos de este Reyno en los montes de Alduide; y si algunos frontaleros de tierra de Baiguer o Zisa que tienen algunos seles o bustalizas en los dichos montes y pretenden tener algún gozamiento de facería por razón de ellos y traer vaqueros y pastores en guarda de los ganados, en tal caso los tales vaqueros y pastores extranjeros no traigan en los dichos montes ni en lo que es de este Reyno de Navarra armas ofensivas ni defensivas, so pena de la vida; pues lo mismo hacen ellos allí con los de estos nuestro Reynos; y todo lo dicho se entienda también con los Bearneses y Franceses; pero los naturales vaqueros y pastores de España puedan llevar en los dichos montes cualesquiera armas para su defensa

jueves, 24 de enero de 2019

Carta de Del Burgo a J. Horno (Vox)

Según del Burgo, con Vox, si no rectifica, se tambalean los Fueros
Siento admiración y respeto por quienes están al lado de las víctimas. Y por Javier Horno -que, además, pone la viola a su servicio-, un cariño especial. Por eso le ruego que, si no puede rebatir los argumentos de Jaime Ignacio del Burgo, 'se lo piense dos veces'. Están a tiempo.
Por esa Navarra Foral y por esa España por la que demasiados cayeron.


Cada vez que traigo algún escrito de Jaime Ignacio del Burgo, no puedo evitar recordar aquellos años de la Transición y primeros de la Democracia en los que se coreaba hasta el hastío: "Del Burgo, Aizpún: pim, pam, pum". Últimamente el PNV y sus Anasagastis (último comentario) quieren reescribir la historia diciendo que lo que, en verdad, se gritaba era "Del Burgo, Aizpún: Navarra es euscaldún" (6,9% hoy). Ellos siempre, en un caso o en otro, a recoger las nueces. 
Por suerte, ninguna de esas dos fueron a parar a su saca:

Pues yo, más que eso de Navara es euskaldun, lo que me he "jartado" de oír en mi vida es lo de "Del Burgo, Aizpún, pim,pam,pum". Felizmente, estas nueces no cayeron del árbol.
Sé también que hay muchos nacionalistas que no han gritado esas aberrantes consignas y que están con las víctimas. Y espero que, tras leer esta carta abierta, reflexionen si Aizpún, del Burgo, Barcina... no han sido unas víctimas más del fanatismo proetarra. No los mataron, pero no les dejaron vivir y ensuciaron su memoria.

Carta abierta a Javier Horno, presidente de Vox
He leído unas declaraciones que publica Diario de Navarra y me ha venido a la memoria la grata sesión académica de hace un año, cuando Javier Horno acudió a mi despacho porque quería tener un mayor conocimiento sobre nuestros Fueros. Después de leer la entrevista tengo la impresión de que no fui un buen maestro.

Inconstitucional y antiforal
Arazuri: "06.1965 columpiándonos en las cadenas del
Monumento a los Fueros, aprendimos a ser forales"
La propuesta de Vox sobre la foralidad no sólo es manifiestamente inconstitucional sino sobre todo contraria al estatus jurídico-político de Navarra cuya inserción en la monarquía española se hizo con el solemne compromiso de respetar, mejorar y nunca empeorar nuestros derechos forales. Y además constituye un gravísimo error desde el punto de vista político. El Fuero ha sido hasta ahora un dique de contención a la aspiración anexionista del mundo aberzale, porque siempre ha sido un nexo de unión de esa inmensa mayoría del pueblo navarro que valora un autogobierno heredado de nuestros mayores, que es un derecho y no un privilegio al que nunca renunciarán.

Armonización, que no supeditación
Me resulta humillante como navarro oír que nuestra autonomía fiscal ha de estar “supeditada” a la legislación del Estado. En los Convenios Económicos, además de fijar de común acuerdo la aportación de nuestra Comunidad a las cargas generales del Estado –porque de ellas también se beneficia la ciudadanía navarra-, se establece la armonización, que no supeditación, del régimen tributario de Navarra con el del Estado con la finalidad de determinar en qué ventanilla recaudatoria han de cumplir sus obligaciones los contribuyentes para evitar la doble imposición y garantizar la unidad del mercado. Pero sería un gravísimo atentado a Navarra, además de un golpe bajo a la Constitución, que el Estado suprimiera nuestro propio régimen fiscal, nos sujetara a la Agencia Tributaria estatal con una caja común. Por cierto que a esa caja común ya contribuimos con 650 millones de euros, cifra nada despreciable para una comunidad de 640.000 habitantes.

Frente al independentismo, mejor autonomía
Otro solemne disparate, a mi juicio, es pretender la supresión de las comunidades autónomas como si su existencia fuera la causa del independentismo. Con centralismo o sin él, el separatismo se alimenta de otras fuentes y motivaciones. Otra cosa es exigir que el Estado deje de hacer dejación de las competencias que la Constitución le confiere en materia educativa para poner coto a la manipulación de la historia y del adoctrinamiento secesionista de las jóvenes generaciones, o que se cierre la posibilidad establecida en el artículo 150,2 que permite transferir o delegar en las comunidades autónomas facultades correspondientes a materias de titularidad estatal que “por su propia naturaleza” sean susceptibles de transferencia o delegación, precepto que nunca debió utilizarse para el vaciamiento de competencias del Estado.

El centralismo ataca a la unidad de España
Por otra parte, olvida Vox que no existe incompatibilidad alguna entre ser fuerista o respetar los Fueros y defender la unidad de España. He aquí algunos ejemplos. José Calvo Sotelo, monárquico conservador, asesinado en vísperas de la guerra civil y al que el franquismo dio el título de “protomártir de la Cruzada”, demostró durante la dictadura de Primo de Rivera su gran respeto hacia la naturaleza paccionada del régimen foral como negociador estatal del Convenio municipal de 1925 y del Convenio Económico de 1927. También como ministro de Hacienda renovó para un periodo de 25 años los Conciertos Económicos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Franco los suprimió respecto a Guipúzcoa y Vizcaya en 1937, tras calificarlas de “provincias traidoras” en un acto manifiestamente injusto. 
Otro gran patriota navarro y español, Víctor Pradera, uno de los pensadores tradicionalistas más sobresalientes del siglo XX, murió asesinado en San Sebastián a manos de los republicanos en 1936. Sin olvidar al principal ideólogo del carlismo, Juan Vázquez de Mella, varias veces diputado por Navarra, cuyas propuestas superan por su profundidad autonómica a los preceptos del título VIII de la Constitución al tiempo que en la brillantez de sus discursos quedó reflejado un inconmensurable amor a España. 
Fue el fascismo español el que reimplantó el férreo centralismo de otras épocas después de la guerra civil. Si respetó el régimen foral navarro, no sin protagonizar momentos de gran tensión (también sucedió lo mismo durante la II República), no fue en atención a nuestros derechos históricos sino como premio a la ingente aportación de los voluntarios navarros al triunfo del alzamiento de 1936 contra el caos republicano.
Respeto merecen las personas, no las opiniones, Jaime Ignacio
En democracia todas las opiniones merecen respeto [lo siento, José Ignacio, pero yo no respeto la opinión de que 2+2=5; a quien la diga, por respeto, le sugeriré una escuela]. Es legítimo pretender la “recentralización”, siempre que se cumplan las normas para la reforma de la Constitución. Pero espero que nadie me tilde de traidor ni de antipatriota por haber sostenido, desde que tuve uso de razón política, que el centralismo es otra manera de atentar contra la unidad de España. Sabes bien que he arriesgado la vida por ser español y defender la libertad de Navarra, pero nunca haría mío aquel famoso brindis de los míticos Tercios de Flandes, propio de la Europa de la intolerancia, con el que suele terminar sus reuniones el número 2 de Vox:

“¡Por España!/
 y el que quiera defenderla/ honrado muera/ 
y el traidor que la abandone/ no encuentre quien le perdone/ 
ni en Tierra Santa cobijo/ ni una cruz en sus despojos/
 ni la mano de un buen hijo/  para cerrarle los ojos”. 

Antes de presentaros al veredicto del electorado navarro con vuestro programa antiforal deberíais pensároslo dos veces.  
Jaime Ignacio del Burgo 
(Jurista e historiador)