Mostrando entradas con la etiqueta Ospa Eguna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ospa Eguna. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de octubre de 2016

Óscar, el joven teniente agredido en Alsasua

 Óscar, sentado, y Álvaro, de pie, con
S. Abascal y Ortega Lara, el jueves en el cuartel 
Estoy convencido de que hay imágenes de la agresión que sufrieron los dos guardias y sus novias.
Si esas imágenes no han salido a la luz es porque no les convienen a los que hablan de trifulca, pelea de bar, montaje policial...Y si nadie se ha atrevido a hacerlas públicas, es porque impera la "ley del silencio", al más puro estilo de la mafia.
Este blog se ofrece a publicar -garantizando el anonimato- las imágenes o cualquier información sobre lo que ocurrió aquella noche. Mi correo: patximendiburu@gmail.com.
A la espera de esa información, hoy ofrecemos un reportaje muy completo: la crónica que ha publicado El Mundo sobre Óscar, el joven teniente agredido en Alsasua 
La historia del joven osado que siempre quiso ser guardia civil
'Óscar sin miedo': el joven teniente apaleado en Alsasua
Cuando llegó a Navarra se empeñó en abrir el cuartel al pueblo: se ofreció a acudir al colegio a explicar su labor a los niños
Rescató a un ex preso de ETA y sus allegados cuando se vieron atrapados por una nevada
Cinco años después del adiós de ETA, el teniente Óscar creyó que podía tomar una copa con su novia el Día de la Cerveza. Se equivocó.
·         LEYRE IGLESIAS
·         @leyre_iglesias
23/10/2016 08:58
Había caído una gran nevada sobre Beruete, al norte de Navarra, cuando sonó la llamada de auxilio. Un grupo de personas que regresaban en autobús de una comida en una cervecería cercana se habían quedado atrapadas. Óscar, teniente de 23 años, era el oficial que se encontraba más cerca aquella noche bajo cero de este 27 de febrero, así que acudió al lugar. Nada más llegar identificó entre ellos a un ex preso de ETA. Lo recibieron con un grito viejo y oscuro en ese valle, "Alde hemendik!" (largo de aquí). Pero las voces se fueron apagando. "Estaban desesperados", relata un subordinado del teniente. Óscar los evacuó y se encargó de que un autobús venido de Pamplona los sacara de allí. Sanos y salvos.
Fue la historia negra entre la nieve, relatada por Óscar a su familia y confirmada por la Guardia Civil, que hizo que el joven teniente llegado de Puçol (Valencia) se hiciera conocido en los cuarteles del norte de Navarra. Aunque hubo más.
Desde su cuartel en Alsasua, donde la presión del nacionalismo radical sigue asfixiando, Óscar quiso derribar, al menos simbólicamente, el muro de seis metros de hormigón que rodea al edificio. Abrirlo, casi cinco años después del "cese definitivo" de ETA, al pueblo que hace casi 40 años vio nacer a Herri Batasuna.
Quizá desafió demasiadas normas no escritas, antes de recibir una paliza esteviernes 14 de octubre en el Día de la Cerveza -noche de copas, víspera de fiestas- junto a su novia, otro sargento y la mujer de éste.
Óscar, dice su padre, soñó con una Alsasua distinta.
Consuelo Ordóñez visita el cuartel
La procesión prohibida
A él, también miembro del Cuerpo, le había dicho hacía ya mucho: "Papá, yo voy a ser guardia civil". Gracias a sus buenas notas -el ayuntamiento de su pueblo, junto a la Sociedad Española de Atención Sociosanitaria, le entregó el Premio Garcés Durá por su excelente expediente académico-, Óscar pudo acceder directamente a la escala superior de oficiales. Dos años de estudios y disciplina férrea de madrugones y silbato en la Academia General Militar en Zaragoza, otros tres en la de Oficiales de la Guardia Civil en Aranjuez y el grado de Seguridad Pública por la Universidad Carlos III. Su padre cuenta con orgullo que de los 80 jóvenes que entraron con él, sólo 47 acabaron.
El gran momento le llegó el año pasado. A mediados de octubre, Óscar entró cargado de maletas en el cuartel de Alsasua. Su primer destino, forzoso pero ilusionante. El cuartel: pequeñito, con unos 30 agentes, encajado en el monte, a dos kilómetros del centro. Su cama: una individual en el pabellón de solteros. Con un patio para coches y para niños.
"Había estado antes dos meses en el puesto de Massamagrell en Valencia, y lo que aprendió allí fue a salir, relacionarse con la gente, ir a presentarse al alcalde...". Y en su Alsasua soñada pretendió lo mismo.
Acudió a los colegios de la zona ofreciéndose a explicar a los niños los peligros de internet. No quisieron, cuenta el padre. Organizó una jornada de puertas abiertas en el cuartel. Y empezó a salir con una chica del pueblo, María José, una estudiante de 19 años cuyos padres, nacidos en Ecuador, se han integrado bien en Alsasua. La madre sirve cafés y comidas tras la barra del Hogar de Jubilados. El padre, que en las últimas elecciones municipales fue el número dos de la lista de UPN -no salió elegido-, trabaja en "los vagones": la empresa de fabricación de autobuses Sunsundegi, que da de comer a muchos.
Cuando estaba a punto de cumplir un año en el cuartel, Óscar se propuso celebrar la Fiesta de la Virgen del Pilar. No entre el hormigón del cuartel, sino en el pueblo. "Si se hace en toda España, ¿por qué aquí no?", preguntó a sus compañeros.
Incluso envió tarjetas. La Guardia Civil de Alsasua tiene el honor de invitarle... Los problemas empezaron ya de madrugada.
Ese miércoles 12 de octubre el convento de los Capuchinos, donde iba a oficiarse la misa, despertó con la puerta marrón rojizo pintada con mayúsculas amarillas:"Alde hemendik". El propio teniente las borró como pudo esa misma mañana. (Aún hoy se advierten las huellas).
Pero la fiesta se mantuvo. Un coche de la Guardia Civil coronado por la Virgen del Pilar, patrona del Cuerpo, y una bandera de España, encabezó la procesión. Detrás, una veintena de guardia civiles desfilando, de tres en tres. Al fondo, una comitiva de mujeres e hijos de los agentes. Así, caminando bajo el agua a las afueras del pueblo, llegaron hasta el convento. Unas 80 personas, entre agentes, familiares y vecinos, asistieron a la misa. Hasta cantó un pequeño coro. Tras tomar, como marca la tradición, el vino de honor, unos ocho veinteañeros, con la mirada de odio que tuvieron sus padres, se colocaron enfrente. De nuevo, los insultos de siempre.
Su padre: "No se lo perdonaron".

La noche en el bar Koxka
Ese mismo viernes por la noche era víspera de ferias, cuando Alsasua vuelve a sus orígenes más rurales con una antigua feria de ganado. Degustación de carne de potro, queso, setas y vino, exposición micológica, concurso de txistorra, dantzaris. Óscar decidió que esa noche saldría de fiesta con su novia María José y con Álvaro y Pilar, un sargento del cuartel y su mujer llegados apenas 15 días antes de Córdoba.
Hoy el teniente -una fractura de tobillo, la pierna en alto, el labio partido cosido con puntos, más de un mes de baja- quizá se pensaría dos veces la decisión que tomó aquella noche. Los guardias civiles consultados por Crónica coinciden: un agente tiene, con la ley en la mano, todo el derecho del mundo a ir un bar. "Pero yo, personalmente, nunca lo haría en Alsasua", relata un andaluz destinado en la zona. "Aquí hay una máxima: si se creen en mayoría y creen que pueden, o te increpan o van a por ti".
Los hechos, según los informes de la Guardia Civil y de la Policía Foral (a las órdenes de la consejera de Interior del Gobierno de Navarra, de Bildu) y según las declaraciones de las dos mujeres, ocurrieron de la siguiente manera.
A las dos y media de la madrugada, los cuatro entraron en el bar Koxka, en el casco antiguo del pueblo, enfrente de un local de reunión habitual para el entorno abertzale. Los cuatro pasaron allí un par de horas y, al margen de algunas malas miradas, bebieron tranquilamente sus copas. Hasta que un chico vestido de negro se les acercó en actitud desafiante. Se le unieron otros, que empezaron a empujar al grupo. María José les rogó que los dejaran en paz. Óscar también. No estoy de servicio, les dijo. Tenemos derecho a estar aquí. No sirvió de nada. Comenzaron a golpearlos.
-¡Hijos de puta pikoletos! Esto os pasa por venir aquí.
Las cosas que les decían "daban miedo", ha contado Pilar. Les deseaban la muerte mientras les propinaban una paliza. En el bar empezaron "al menos 25 personas", según las víctimas. Los sacaron a la calle, donde se unieron otras 20. Las jóvenes intentaron evitar los golpes a sus parejas, pero sólo lograron recibirlos ellas. "Estábamos con 60 brazos encima, pegándonos, empujándonos, dándonos patadas... Fue horrible", ha relatado María José.
("Sigo esperando el apoyo de las feministas de la zona", clamaría después a través de Twitter).
Con Óscar se cebaron. Lo patearon sin piedad en el suelo.
Nadie los auxilió; los que fueron apareciendo "aplaudían". No todos eran veinteañeros. La chica reconoció a un hombre de unos 30 años que golpeaba a su novio con fuerza. Acudió en su ayuda la Policía Foral no porque un testigo los llamara: lo hicieron las víctimas. Cuando los agentes llegaron, se encontraron a unas 50 personas, puño en alto y actitud agresiva, según uno de los forales que intervino.
A Óscar lo vieron "aturdido", "con la boca ensangrentada, magulladuras en los antebrazos y huellas de zapatos por toda la camisa", según el informe de la Policía Foral. Se lo llevaron al hospital. Pero allí, en el casco viejo de Alsasua, la tensión continuó. También los policías fueron zarandeados e insultados. Como pudieron detuvieron a un chico, Jokin, y lo metieron en un furgón. Pero un segundo joven lo sacó del coche policial. Poco después una llamada identificó a ese segundo chico. Se llamaba Aritz y la policía también lo detuvo. Pese a los intentos de los agentes forales, nadie quiso hablar allí.
El entorno abertzale le ha dado la vuelta a la agresión. Dice que el teniente y el sargento iban borrachos y "provocando". Que aquello no fue más que una trifulca de bar. La diferencia de fuerzas y la motivación política de las patadas empañan esa versión. La investigación judicial está en marcha.
"Lo ocurrido en Alsasua demuestra que, en determinados ambientes, bajo una fachada de normalidad democrática, se ha mantenido latente el caldo de cultivo que nutrió de significado al odio y la violencia: la tergiversación del pasado, la deshumanización de las Fuerzas de Seguridad del Estado...". Habla el historiadorGaizka Fernández Soldevilla, experto en ETA e integrante del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo que ha echado a andar en Vitoria. "ETA no mata, pero los cimientos intelectuales del terrorismo siguen casi intactos".
ETA ya no mata, pero. Un guardia civil de la zona empieza igual. "ETA ya no mata, pero el ambiente es el mismo. Eso no ha cambiado en Alsasua".
"Hay que comprenderlo", dice un ex concejal constitucionalista. "Alsasua es otro mundo".

"Ya saben quién eres"
El pueblo, de poco más de 7.000 habitantes, digiere estos días una exposición mediática que le ha superado. Televisiones grabando, periodistas preguntando.Crónica acude a esta villa situada en el triángulo entre Vitoria, San Sebastián y Pamplona cuando la marabunta se ha marchado, y se encuentra con la encarnación de ese pueblo sin nombre que Fernando Aramburu describe en Patria, su novela total sobre el terrorismo vasco. El infierno del pueblo pequeño donde todos se conocen. El silencio, pesado, sólo se rompe por teléfono. "Prefiero hablar así. Si te han visto por el pueblo ya saben quién eres y no quiero que me vean contigo", le dicen a la periodista, más o menos con las mismas palabras, hasta cinco personas.
"Tú mañana te marchas, pero yo me quedo aquí".
Antes de ser un pueblo de lunas rotas, cajeros quemados, coches bomba y pintadas en las puertas de los concejales y de las mujeres de los guardias civiles, Alsasua era una villa dedicada al ganado. En la primera contienda carlista dio nombre a una batalla, de la que el general Tomás de Zumalacárregui resultó victorioso. En laGuerra Civil, fue ocupada por los golpistas, sobre todo requetés vecinos, también navarros. Ya en la década de los 50 el desarrollo industrial sonrió a Alsasua. Muchos extremeños se establecieron allí huyendo de campos que ya no daban dinero. Y la población se duplicó.
Políticamente, como ocurrió en muchas localidades vascas y navarras, con los años el carlismo derivó en nacionalismo radical. El primer alcalde democrático, en 1979, fue un parlamentario abertzale. Dos años antes ya había nacido en Alsasua el grupo político que más daño haría durante las próximas décadas: Herri Batasuna.
La formó un conglomerado de siglas que querían asegurar su supervivencia en plena Transición y para ello fueron en busca del amparo de ETA Militar, "la única fuente disponible de capital simbólico, popularidad y dinero", según cuentaFernández Soldevilla en Héroes, heterodoxos y traidores. El embrión de HB se llamó Mesa de Alsasua y celebró allí su primera reunión el 24 de octubre de 1977. En la primavera siguiente esta "mesa" se convirtió en coalición electoral. Y prontoETA se hizo con su control. Los más intransigentes le dieron la mano, los pragmáticos fueron defenestrados y la banda convirtió a Herri Batasuna (unidad popular) en una pura "pantalla electoral". El resto de la historia es conocida.
En todos estos años, en el micromundo de Alsasua, la Guardia Civil ha sido objetivo número uno. Guardia civil era el salmantino Sebastián Arroyo González, un agente retirado de 53 años que trabajaba desde hacía 10 en una empresa de fabricación de guantes cuando el 8 de enero de 1980 fue ametrallado en su coche. Su viuda y sus cuatro hijos huyeron a Salamanca. Después llegaría otra treintena de ataques a la Benemérita. En la madrugada de Nochebuena de 1988, ETA colocó un lanzagranadas en la ladera del monte Ameztia. No se conformó con eso y sembró los alrededores del cuartel con bombas trampa. Pudieron morir decenas de niños. Inspeccionando, el cabo primero José Aguilar García perdió la pierna derecha tras pisar una fiambrera con explosivos. Tenía 26 años y el equipaje preparado para irse de vacaciones: se casaba 15 días después.
En los 90 los cócteles molotov contra el cuartel fueron constantes. Además de los insultos por la calle, la negativa a atenderlos en algunos bares, las pintadas. Un agente que llegó por entonces tragó saliva con esta bienvenida: un espantapájaros con tricornio, ahorcado.
En 2010, a un año de que ETA dijera adiós al asesinato, un grupo de jóvenes del pueblo inventó el Ospa Eguna, una jornada anual para decirle a la Guardia Civil "que se vaya", en una mezcla entre protesta, alcohol y actividades para los niños. La estampa: gente muy joven representando una parodia de la monarquía con Juan Carlos I y guardias civiles como dirigentes nazis; bailando alrededor del fuego mientras patean a guardias civiles de cartón, lanzados después a las llamas.

Los detenidos
ETA ya no mata. No. "Pero la gente", reconoce a media voz una ex concejala, "sigue con miedo". Esta semana, ese miedo callado ha vuelto a asomar con fuerza. Un vecino bien informado afirma que "los de siempre" han ido amenazando a quienes estaban esa noche en las cercanías del bar Koxka.
"Si hablas, ya sabes". "Ten cuidado con lo que dices". "Aquí nadie ha visto nada".
Al cierre de esta edición suena el bisbiseo de que habrá nuevas detenciones porque la Policía Foral sólo ha arrestado (y dejado en libertad condicional con cargos por lesiones y atentado a la autoridad) a Jokin y a Aritz, cuando la Guardia Civil tiene identificados a más de 20.
Jokin Unamuno Goikoetxea fuentes policiales lo sitúan como uno de los cabecillas del Ospa Eguna. Unamuno tiene poco más de 20 años y ha estudiado FP de Mecatrónica Industrial. Su familia es conocida. Su tía política, ex alcaldesa conEuskal Herritarrok. Su primo ha dado la cara por él denunciando el "montaje policial". Son herederos de Piensos Unamuno, fundado por su abuelo; una empresa a la que le compran el pienso todos los ganaderos de la zona.
El otro detenido también nació en democracia y también con apellido ilustre: Aritz Urdangarin Cano. Le llaman Garin. Sus padres han tenido dos bares en el pueblo. "Ése no lo ha mamado en casa", asegura un conocido, y su explicación sobre este chico metido en problemas suena como suena Patria: "Aquí, si eres joven, no hay otro ambiente. El gaztetxe [sede de ocio juvenil y evangelización abertzale], la fiesta... Todo está politizado. Si no vas, te hacen el vacío. Si no quieres eso, tienes que marcharte del pueblo".

El teniente no pretende hacerlo. Óscar ya ha avisado a los suyos de que va a quedarse en Alsasua. Y, desde lo alto del cuartel, seguir soñando.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Alsasua: choznos (y choznas) de Sabino Arana


¿Gazte asanblada? (asamblea de jóvenes) De gazte, nada. Vejestorios, que son unos vejestorios: aún siguen bebiendo de las fuentes de su 4º abuelo, Sabino Arana.
Que unos chavales que han nacido (de media, y si llega) a mediados de los 80; que, por tanto, no han conocido el franquismo ni los difíciles años de la transición (Montejurra, Iglesia de San Francisco de Vitoria...); que, contentos si han oído hablar de Tejero; que no tienen ni pu....ñetera idea de cuándo ETA empezó a asesinar a mansalva (cuando empezó la democracia: 78, 79, 80.., cerca de 100 asesinados cada año. En los 15 años que ETA "luchó" contra la  Dictadura "sólo" asesinaron a 45; en los 33 en los que luchó (sin entrecomillado) contra la Transición y la  Democracia llevamos ya 902); que han hecho su primaria, secundaria, bachiller, quizás, en el centro privado (y, como tal, perfectamente subvencionado por el Gobierno de Navarra) Iñigo Aritza Ikastola, y con la ayuda extra del "Nafarroa Oiñez"; que esos muchachos no hayan aprendido a valorar y a agradecer todo lo que se les ha dado... 
Es preocupante. Pero tal vez no han tenido a nadie (seguramente porque pensaba parecido, o, prefiero pensar, por miedo) que les haya explicado qué es Alsasua, qué es Navarra, qué es España. 
Nadie que les haya dicho que el modelo español de transición de una dictadura a una democracia ha servido de ejemplo para muchos países que se han visto en una situación similar. Y si, además, ha habido que construir, exactamente a la vez que se salía de la dictadura, un Estado de las Autonomías... Nadie les ha dicho que en todo el mundo no hay un solo ejemplo de país que haya hecho lo que ha hecho España.
Y se mofan, se descojonan de España.
Tal vez alguno de ellos, o ellas, sea nieto de ferroviario, de aquellos que llegaron a Alsasua en busca de un trabajo, para sacar adelante a su familia. Pero todos son choznos y choznas del racista y xenófobo Sabino Arana.
Alguien los ha convertido en unos vejestorios.
Aunque, ahora que lo pienso, mientras se olviden de la kale borrika (sic)... y se dediquen al teatrillo...
Pero vamos a ver la patochada que hicieron:


Como veis, salvo en el hecho de sustituir al Cristo de la Buena Muerte de los Legionarios por una muñeca hinchable, la hazaña de los chicos y chicas de la Gazte Asanblada de Alsasua los convierte en trastaranietos legítimos del Sabino Arana más  casposo y antiespañol. Vamos, unos vejestorios.
Hace muchos años coleccioné lo que di en llamar "Algunas perlas sabinianas", de las que, para no aburrir, hago una breve selección. Excepto en la mofa de la Religión, la patochada de Alsasua sigue perfectamente el guión de Sabino Arana: el odio a España. Odio que, a pesar de los más de 100 años desde de que fueron escritas y tras más de 30 años de democracia, permanece vivo como si nada.
Si es que son unos vejestorios.


Seis euros pidió Arzalluz a cada militante para sufragar este monumento a un nazi


Veamos, pues, algunas perlas:
1. El bizkaino degenera en carácter si roza con el extraño; el español necesita de cuando en cuando una invasión extranjera que le civilice.
2. Ved un baile bizkaino presidido por las autoridades eclesiásticas y civiles y sentiréis regocijarse el ánimo al son del "txistu", la alboka o la dulzaina y al ver unidos en admirable consorcio el más sencillo candor y la más loca alegría; presenciad un baile español y si no os causa náuseas el liviano, asqueroso y cínico abrazo de los dos sexos queda acreditada la robustez de vuestro estómago, pero decidnos luego si os ha divertido el espectáculo o más bien os ha producido hastío y tristeza.
3. Oídle hablar a un bizkaino y escucharéis la más eufónica, moral y culta de las lenguas; oídle a un español y si sólo le oís rebuznar podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes ni blasfemias.
4. Los extranjeros podrán establecerse en Bizkaya bajo la tutela de sus respectivos cónsules; pero no podrán naturalizarse en la misma. Respecto de los españoles, las Juntas Generales acordarán si habrían de ser expulsados, no autorizándoseles en los primeros años de independencia la entrada en territorio bizkaino, a fin de borrar más fácilmente toda huella que en el carácter, en las costumbres y en el idioma hubiera dejado su dominación.
5. Si nos dieran a elegir entre una Bizkaya poblada de maketos que sólo hablasen Euzkera y una Bizkaya poblada de bizkainos que sólo hablasen el castellano, escogeríamos sin dubitar esta segunda, porque es preferible la sustancia bizkaina con accidentes exóticos que pudieran eliminarse y sustituirse por los naturales, a una sustancia exótica con propiedades bizkainas que nunca podrán cambiarla.
6. Si a esa nación latina la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas, como agobia y aflige al ánimo del náufrago el no divisar en el horizonte ni costa ni embarcación, el que España prosperara y se engrandeciera.
7. Gran daño hacen a la Patria cien maketos que no saben euskera. Mayor es el que le hace un solo maketo que lo sepa.
8. Si algún español te pidiera limosna, levanta los hombros y contéstale (aunque no sepas euskera): Nik estakit erderaz (no hablo extranjero). Si algún español recién llegado a Bizkaya te pregunta dónde está tal pueblo o tal calle, contéstale: Nik estakit erderaz. Si algún español que estuviera, por ejemplo, ahogándose en la ría, pidiese socorro, contéstale: Nik estakit erderaz.
Sabino Arana sólo vivió 38 años. Pero su peor herencia...
Hala, chicos y chicas de la Gazte Asanblada de Alsasua,  ¡seguid haciendo euskalteatrillo! ¡Y dejad en paz los contenedores y los cajeros! ¿Vale?
Alsasua, Altsasu: como dice tu nombre, sigue siendo un lugar de alisos, una hermosa aliseda. Y de mamotxorros. 
¡Pero no de mamarrachos!

Actualización 19.09.11: La página del Ayuntamiento de Alsasua no recoge este dato, pero Desolvidar ha encontrado algo muy curioso. En Alsasua están empadronados, al día 01.07.11, nada menos que 719 extremeños (336 hombres y 383 mujeres), lo que constituye, casi, el 10% de la población alsasuarra (7660 habitantes). Curiosamente unos cuantos alsasuarras provienen de un pueblecito de Cáceres que se llama Aliseda (el significado de Alsasua en español). No tengo noticias concretas del porcentaje proveniente de otras provincias españolas, pero si España tiene cerca de 47 millones de habitantes y Extremadura justo pasa de un millón... Tampoco da noticias el Ayuntamiento de la emigración proveniente del norte de África, de Europa del Este, o de América.
Más información. Es de hace 4 años y, en cuanto empecéis a leer, caeréis en la cuenta de quién es el autor:
Tengo delante un mural callejero en plan épico, al estilo de los del IRA: un aguerrido combatiente por la libertad y la independencia, remangado y viril, puño en alto y Kalashnikov en la otra mano, con las palabras Euskal herría dugu irabazteko –tenemos que ganar Euskalerría– pintadas al lado. Y qué bonito y alentador sería todo eso, me digo al echarle un vistazo, como ejemplo para jóvenes y demás, si la patria a la que se refiere el mural hubiera sido invadida por los ingleses en el siglo XII, y luego hubiese sufrido guerras de exterminio y represiones cruentas, con miles de deportados a las colonias –véanse las guías telefónicas de Estados Unidos y Australia–, y en 1916 hubiera vivido una insurrección general con combates callejeros y muchos fusilados, y luego independencia con amputación territorial, domingos sangrientos con soldados asesinando a manifestantes, y junto a las ratas pistoleras de coche bomba o tiro en la nuca y salir corriendo, que las hubo y no pocas, hubiese habido también, que nunca faltaron, cojones suficientes para asaltar a tiro limpio cuarteles y comisarías, jugándosela de verdad, mientras en las calles los niños se enfrentaban con piedras al Ejército británico. Etcétera. Pero resulta que no. Que de Irlanda, nada. Que el mural al que me refiero está en una calle de Alsasua, Navarra, y que la patria a la que se refiere, integrada con el resto de los pueblos de España, partícipe y protagonista de su destino común desde los siglos XIII y XIV, goza hoy de un nivel de autonomía y autogobierno desconocido en ningún lugar de Europa, incluida la parte de Irlanda que aún es británica. O sea, que no es lo mismo; por mucho que se busquen paralelismos con lo que ni es ni nunca fue, y por mucho que ciertos cantamañanas que no tienen ni pajolera idea de las historias irlandesa y vasca sigan el juego idiota de la patria oprimida. Aquí, ahora, los oprimidos son otros. Por ejemplo, los dos pobres ecuatorianos de la T-4, oprimidos por toneladas de escombros.