Mostrando entradas con la etiqueta Lapoya. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lapoya. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de mayo de 2022

Explosión de la Rochapea. M.ª Jesús Elizondo

Restos del frontón de Lapoya. Tras las vías semisoterradas, lo que hoy es la calle del 
Muelle, 2 días después de la explosiónImagen de Emilio Pliego
"Se cumple un siglo de la "Catástrofe de la Rochapea". Esta doble entrada que vas a leer es la única que trata de ella. Ignoro el motivo, pero esta tragedia ha pasado desapercibida no sólo para cuantos han escrito sobre Pamplona, sino incluso para los descendientes de las víctimas."
Así decía hace dos años. Poco a poco algunos descendientes van desolvidando. Gracias a M.ª Jesús y a Pilar por el reconocimiento

La misma zona, momentos después
de la explosión. (Foto Roldán)
"La verdad es que la barandilla de la cuesta del Portal Nuevo y el balcón del Mirador estaban llenos de gente y llenas de espectadores del lúgubre siniestro estaban la muralla de la Cuesta de la Reina y la pequeña explanada que se extiende en la parte norte del Matadero. Un enjambre de gente llenaba la carretera de la estación, y desde el puente de Cuatro Vientos era tal la aglomeración de seres humanos que era punto menos que imposible la circulación de los vehículos." (DN viernes, 29 de abril de 1921).
La explosión de la Rochapea en la que María Jesús perdió a su abuelo
Esta pamplonesa supo en 2020 que su abuelo era una de las 7 personas fallecidas en una cartuchería en 1921. Tiró de archivos y ha rescatado una historia del olvido
por PILAR FERNÁNDEZ LARREA
M.ª Jesús Elizondo, en la barandilla de Vista Bella, 
con la Rochapea al fondo. EDUARDO BUXENS

María Jesús Elizondo, 73 años, sabía que su abuelo paterno, Jerónimo, había fallecido en una explosión. Poco más. Ni qué sucedió, ni dónde, ni cómo. Una conversación con amigos le llevó a un blog, tiró del hilo y ha logrado rescatar la historia de aquella tragedia que hace 101 años, el 28 de abril de 1921, segó la vida de siete personas en una cartuchería de la Rochapea. Ha navegado meses en archivos y hemerotecas para tratar de recomponer las piezas de esta historia y reconocer de esta forma a las personas fallecidas que, considera, quedaron un poco en el olvido de la memoria colectiva. Para ella, “solo el buscar y el escribirlo ha sido un bálsamo, algo reparador”.
“Me conmovió la historia cuando la leí en el blog de Pachi Mendiburu, a partir de la hemeroteca de Diario de Navarra y me acerqué a ella porque era mi abuelo”, recuerda María Jesús, vecina de Pamplona y enfermera jubilada del Hospital Virgen del Camino. Se encontró así con los hilvanes de una historia que escribió una página luctuosa en la ciudad. Pudo acabar de tejerla en el Archivo Municipal de Pamplona, y agradece la atención recibida allí con las hemerotecas, principalmente, que le concedieron información a través de crónicas exhaustivas sobre las consecuencias de un suceso que despertó expectación en la tarde de aquel 28 de abril en torno al antiguo frontón Lapoya. Menos se ha sabido de las causas.
Describe María Jesús en el texto que recoge lo ocurrido que nunca es tarde para “restituir la memoria colectiva” y para hacerlo repara en su abuelo, Jerónimo Elizondo, fallecido con 37 años, “dejando viuda y cuatro hijos pequeños”. “Crecí escuchando las historias que mi padre nos contaba de su infancia, cuando todavía vivía Jerónimo, aunque respecto a la tragedia no recuerdo que transmitiera ningún detalle escabroso, quizás porque él mismo sólo conoció las consecuencias”, asevera. Pero le escuchó decir que había muerto en una explosión y que poco después habían vivido acogidos por la familia Olabarrieta, en la calle Navarrería. “Mi abuela, por el contrario, nunca nos habló del tema, así que dispuse solo de la versión de mi padre”, prosigue y repara en que “además de Jerónimo, hubo otras seis víctimas, todas mujeres, con sus correspondientes familiares afectados por la pérdida”.
De sus indagaciones en el archivo ha concluido que “la aparición de las víctimas mortales fue progresiva: en primer lugar encontraron tres cadáveres carbonizados en un solar contiguo al taller, después de haber sido lanzados al tejado al volar la vivienda donde se encontraban. Eran Natividad Carrica, de 18 años y sirvienta en casa del encargado, y la hermana e hija del dueño del taller: Vicenta Martínez de Goñi, 35 años, y la niña de 3 años”, apunta que “localizaron después otros tres cadáveres, los de Juana Salinas, Elena Elizari y Jacinta Vaca, de 15, 16 y 14 años, las muchachas que trabajaban en el taller cargando los cartuchos y que eran hijas de obreros de la zona”.
Vivienda del frontón. La explosión se produjo en
el local marcado con un aspa blanca (Roldán)
María Jesús Elizondo subraya que el dueño del taller, que perdió a su hermana y a su hija en el siniestro, tuvo que enfrentarse al cabo de tres años a un juicio en el que fue condenado a un año y ocho meses de cárcel y al pago de indemnizaciones. “La sentencia reconocía que la causa de la explosión era desconocida, pero refería que el almacén carecía de licencia y no se había dado a conocer a las autoridades. Y, por otro lado, su ubicación era ilegal, indicaba el auto”. Y la prensa denotó “la responsabilidad que pudieron tener las autoridades que permitieron una instalación como el almacén de cartuchos en medio de un barrio obrero, sin exigir las debidas garantías, tal y como se denunció en los actos del 1 de mayo, celebrado tres días después de la explosión”.
María Jesús ofrece también algunos detalles más impactantes del suceso, como el que sugería que “Vicenta tal vez se apercibió del cataclismo porque tomó a la pequeña en sus brazos y no la soltó. Los cuerpos, carbonizados, se encontraron entrelazados tras volar por encima de la vivienda que ocupaban en el momento de la explosión”.
Escasa o nula es la información sobre las otras víctimas. De su abuelo Jerónimo se indicaba que “era el carpintero del taller y se explica la forma excepcional en la que fue encontrado el cadáver: de pie, con una brocha en la mano, en actitud de pintar y libre de la acción del fuego. La gran cantidad de escombros que le cayó encima lo mantuvo encajonado causándole la muerte por impacto, con una fractura craneal”.

LA PAMPLONESA, EN EL CORTEJO
La Pamplonesa en 1920
30/04/1921DN Hemeroteca
"A continuación, personalidades de relieve social y una masa considerable de obreros. Por último, la banda La Pamplonesa, que ejecutó marchas fúnebres. En el portal de Taconera se despidió el duelo. La Federación obrera (Jerónimo Elizondo estaba afiliado al Sindicato Católico Libre) suspendió todos los actos festivos del 1 de mayo."
El entierro de las víctimas fue otra muestra de solidaridad, obreros y los bomberos que tanto se habían implicado en el rescate llevaron los féretros a hombros, constata María Jesús. La banda municipal La Pamplonesa cerraba el cortejo y el ayuntamiento abrió una suscripción pública para ayudar a los damnificados, el mismo consistorio aportó 5.000 pesetas, y el Arzobispado, 1.000. Se da cuenta también de un partido de fútbol benéfico.
Casado con Ana Andreu, los tres hijos del matrimonio eran menores de 10 años. Isidoro, el padre de María Jesús, acababa de cumplir 9 y se preparaba para la Primera Comunión. Felipe, Angelita y Margarita eran los otros hermanos.
Jerónimo fue el único “cabeza de familia” fallecido en la explosión, pero, tal y como sostiene María Jesús, “las ayudas que la abuela pudo haber conseguido no fueron suficientes, pero recibieron la solidaridad de vecinos de Pamplona, como la familia Olabarrieta”.
Se conoció a Jerónimo Elizondo afición a la música “y una magnífica voz”. En 1902, entonces con 22 años, formaba parte de las listas de socios/cantantes del Orfeón Pamplonés que ese mismo año fue invitado a cantar en la boda del rey Alfonso XIII en Madrid. Entienden que Jerónimo fue una de las voces, algo que sí contaba su padre “con orgullo, aunque no era monárquico”.
María Jesús Elizondo solo espera que “las demás víctimas tengan algún recuerdo que les proporcione paz al cabo de tanto tiempo”.
La parcela señalada, especialmente la marcada en rojo, frente al Centro de Salud de San Jorge,
y donde estuvo el Frontón Lapoya, fue donde más se sintieron los efectos de la explosión

jueves, 28 de mayo de 2020

Catástrofe Rochapea 2. La explosión

La parcela señalada, especialmente la marcada en rojo, frente al Centro de Salud de San Jorge, y donde estuvo el Frontón Lapoya, fue donde más se sintieron los efectos de la explosión que hace un siglo fue denominada como "la catástrofe de la Rochapea", que hoy sería denominada "de San Jorge". Al menos, fue una explosión no intencionada.
DETALLES DE LA EXPLOSION
La explosión 
A las cinco de. la tarde de ayer (jueves, 28.04.1921), cuando todo el vecindario se encontraba dedicado a sus habituales y diarias tareas, fué sorprendido ingratamente. por un formidable estampido que fué percibido desde algunos kilómetros de distancia, cuanto más en nuestra ciudad, separada, en línea recta, del lugar de la catástrofe, poco más de un kilómetro. 
Cárcel 1908 Aquilino García Deán
Casi simultáneamente con la explosión se percibió muy distintamente en Pamplona una fuerte trepidación que puso en guardia y hasta sembró la alarma a quienes se dieron cuenta cuenta de ella, hasta el punto de que el teléfono empezó a funcionar sin interrupción en demanda de noticias sobre la causa de la explosión y de la trepidación. 
En nuestra Redacción pudimos observar un ligero y extraño estremecimiento de las paredes y no sabiendo a qué atribuirlo nos dimos a inquirir sobre la causa del mismo hasta que a los pocos minutos pudimos averiguarla. 
En la cárcel correccional, efecto de la trepidación y explosión, fueron hechos añicos una buena porción de cristales. 
FOT_OFICIALDEGUI Ibero (Cendea de Olza)
El cura Párroco de Olza, nuestro buen amigo don Juan Larraya alarmado por la formidable detonación, llamónos por teléfono para enterarse del origen y causa de la misma. Y muchas otras personas de la ciudad y sus inmediaciones hicieron lo propio. 
Estos pocos detalles servirán para que el lector pueda formarse una idea aproximada de la horrible catástrofe que a la hora mencionada ocurrió ayer en el llamado frontón de Lapoya, situado en el barrio extramural de la Rochapea. 

A la Rochapea 
La noticia circuló con toda rapidez, con la rapidez con que corren las noticias, sean buenas, sean malas y, actuando de imán, hizo que todos abandonaran sus labores, y se lanzaran a la calle, se dirigieran a la Rochapea, arrastrados por la sensación dolorosísima que producen las hecatombes. 
Primero se hablaba de heridos. Luego se rumoreaba de dos muchachas muertas. Después, el número de muertos se hacía ascender a cuatro. Y por último se afirmaba que los cadáveres eran siete y hasta ocho. 
La bola de nieve rodaba, y a medida que rodaba aumentaba su volumen. ¿Qué habría, en todo ello, de cierto? 
Taconera Mirador 1924
La verdad es que la barandilla de la cuesta del Portal Nuevo y el balcón del Mirador estaban llenos de gente; y llenas de expectadores del lúgubre siniestro estaban la muralla (baluarte Gonzaga) de la Cuesta de la Reina y la pequeña explanada que se extiende en la parte norte del Matadero. 
Un enjambre de gente llenaba la carretera de la estación, y desde el puente de Cuatro Vientos era tal la aglomeración de seres humanos que era punto menos que imposible la circulación de los vehículos. 

El incendio 
Momentos después de la explosión (Roldán)
A medida que nos aproximábamos al lugar del siniestro se iba percibiendo el olor característico de todo incendio. Y como si esto no fuera bastante, un denso humo, que se disipaba a poca distancia, lo delataba. Y por si el humo no fuera suficiente a delatarlo, pavorosas llamas se alzaban en el interior del edificio amenazando siniestramente con derrumbar las esqueléticas paredes, que acaso no quedarían ni para servir de testigos mudos de la hecatombe. 
Las llamas se habían apoderado inmediatamente de la casa y de lo que fue frontón, y buscaban expansión por el boquete mayor; por todo el tejado, de cuajo arrancado y volado por la explosión ocurrida momentos antes. 

En el lugar del siniestro 
GC Rochapea Día del Pilar
En dicho lugar vimos al Gobernador civil interino, al Fiscal de S. M., al Alcalde, al Juez de Instrucción. al Médico forense, al Teniente Coronel, Comandante y Capitán de la guardia, varios Concejales, al Arquitecto municipal, al Cura párroco y varios sacerdotes de San Lorenzo, dos Padres Capuchinos, al Capellán de las Hermanitas de los Pobres, varios miembros de la Cruz Roja, algunos Médicos y Practicantes, todos los cuales marcharon presurosos para ofrecer y prestar los auxilios de su respectiva profesión. 
También bajaron muchos números de la guardia civil, de seguridad y vigilancia y de policía urbana, los cuales prestaron un servicio admirable conteniendo a la muchedumbre a respetable distancia, a fin de que los bomberos pudieran trabajar desembarazadamente y para evitar posibles y nuevas desgracias si, como se temía, aunque por fortuna no sucedió, ocurrían nuevas explosiones. 
Cruz Roja, años después
Todas las autoridades rivalizaron en celo dando las oportunas disposiciones para dominar el incendio, única cosa que podía hacerse, ya que las llamas se habían adueñado de la situación. 
Los bomberos trabajaron y maniobraron denodada, heroicamente, arrostrando el peligro de los derrumbamientos, de las llamas y de posibles y nuevas explosiones. Nada les arredró ni les contuvo. 
Otros, ayudados por algunos paisanos y varios sargentos de artillería cuyo auxilio fué requerido para que, por ser entendidos, procedieran a separar las cajas de cartuchería que pudieran, labor que no realizaron por ser imposible, se dedicaron a hacer funcionar la bomba que extrajo agua de un pozo situado en la heredad inmediata destinada hace años para construir una nueva Casa de Maternidad. 

La explosión.—Tres cadáveres 
Entre 1926-74 estuvo ahí Múgica, Arellano y Cía
No se sabe a punto cierto cómo ocurrió la explosión. Acerca de su causa oímos varias versiones; pero la más verosímil es la que dice que debió producirse por algún pistón que cayó en algún montón de pólvora que produjo la formidable explosión que ayer llenó de luto a Pamplona y especialmente al barrio de la Rochapea. 
Antes de proseguir en esta trágica narración, pondremos en antecedentes al lector. 
Lo que en tiempo fué frontón con el edificio habitable y habitado que le era contiguo, fué adquirido por la Sociedad Múgica, Arellano y Compañia que, en parte de él, instaló algo de maquinaria agrícola. 
Casa Puntos (Años 20)
El resto lo arrendó a don Juan Martínez de Goñi, sucesor e hijo político del señor Puntos, quien lo convirtió en depósito de cartuchería de caza, teniendo el de pólvora en una casa situada a un kilómetro de distancia, a campo raso y abierto. 
Para cargar la cartuchería debió de llevar cierta cantidad de pólvora, cuyo incendio debió de producir la explosión. 
La explosión fue espantosa, formidable, y debió producirse en la planta baja del edificio a juzgar por el trágico detalle siguiente: 
De la heredad contigua fueron recogidos tres cadáveres completamente carbonizados. 
Uno de la criada del encargado, que se dice es también sobrina de éste. 
Otros dos cadáveres eran de una criatura, de unos dos años que a la altura del pecho tenía fuertemente asida una mujer. 
Dijose que la criatura es hija del señor Martínez de Goñi. 
La mujer que lo tenía agarrado entre sus brazos se llama Vicenta Martínez de Goñi, es hermana de D. Juan y esposa del encargado del taller, llamado Fidel. 
HOSPITAL CIVIL DE Nª Sª DE LA MISERICOR-
DIA (HOY MUSEO DE NAVARRA). Hasta 1932
Este y un chico se salvaron milagrosamente de la catástrofe porque, cuando ésta ocurrió, marchaban al depósito de pólvora con un volquete con o por algunos utensilios. 
Estos tres cadáveres fueron trasladados inmediatamente en el carro-ambulancia de la Cruz Roja al Hospital civil provincial. 
Se afirmaba también que debía haber otros tres o cuatro cadáveres más, a juzgar por las personas que trabajaban en el taller de cartuchería; pero no podía concretarse nada ante la imposibilidad de penetrar en el interior del edificio, convertido todo él en ígneos escombros. 
Lo que estaba fuera de duda, porque la horrible realidad así lo atestiguaba, es que cuantas personas había en el interior cuando ocurrió la explosión murieron. Era imposible que ninguna pudiera escapar con vida. 
Hemos dicho que la explosión debió ocurrir en la planta baja, y ahora agregamos que las tres personas cuyos cadáveres fueron recogidos en la heredad inmediata debían hallarse en el piso primero y único del edificio, pues volados el pavimento del primer piso y la techumbre fueron lanzadas por la expansión de la explosión por el boquete abierto en el techo. Tan formidable, tan catastrófica fué la explosión. 

Heridos 
Les heridos y contusos debieron ser muchos, producidos por los trozos de piedra, ladrillo y madera desprendidos y lanzados a mucha distancia. 
Regimiento, quizás de la Constitución 1931
Entre ellos anotamos a un albañil que trabajaba en la parte exterior de la casa, llamado Francisco Huarte y conocido por «Tudela», por ser natural de esta ciudad, el cual fué conducido al Hospital en el carro militar del regimiento de la Constitución, cuya fuerza regresaba de las prácticas del tiro. 
Este herido cayó envuelto entre unos escombros y a sus ayes y quejidos fue extraído por unos beneméritos vecinos y obreros cuyos nombres nos complacemos en consignar, y son también los que recogieron los tres primeros cadáveres ya mencionados. 
Son: Indalecio Irisarri, Juan Echeverría, Isidro Ramos, Daniel Urrizalqui, Pedro Orbisu, Eugenio Ascunce, Tomás Arina, Luis Alsina y José Casi que trabajan en los talleres mecánicos que allí tiene instalados la Diputación. 
C/ Mayor 36 1º
Una pobre anciana, paralítica, que habitaba en una de las casas situadas enfrente al edificio incendiado fue trasladada a otra casa más lejana en previsión de que se produjeran nuevas explosiones. Se llama Anastasia Razquin Echenique. 
El apellidado Huarte fué curado en el Hospital de alguna herida y erosión, y después trasladado a su domicilio. 
Otro herido es un muchacho llamado Severiano Martinez, habitante en la calle Mayor 36 primer piso, el cual sufre ligeras heridas en el cráneo y en la pierna. Este subió a Pamplona por su pié. 
Otro herido es un muchacho, hijo de un obrero, llamado Marcelino, que murió hace algo de tiempo. 

Efectos de la explosión 
Atentado de ETA en Zaragoza
Los efectos de la explosión en el orden material fueron terribles. 
Además de los muchísimos cristales que, efecto de la trepidación, quedaron rotos en el casco de la Población, en el barrio de la Rochapea notaron los siguientes efectos, 
Las casas situadas al otro lado de la carretera, donde hace años estuvieron las cuadras de La Regeneración sufrieron desperfectos. 
Ellas y otras de la manzana contigua quedaron cuarteadas en sus paredes de la fachada. 
Los tabiques quedaron también. cuarteados y algunos agrietados y hasta derribados. 
Los cristales fueron hechos añicos. 
Y hasta la puerta de grandes dimensiones de una casa fué arrancas de sus goznes. 
Trozos de tejado fueron lanzados hasta una distancia de ciento cincuenta metros y en todo este trayecto se veían residuos carbonizados de madera, piedras y ladrillos. 
Aquello era horrible, pavoroso. 

Más cadáveres 
A todo esto, las llamas proseguían su obra demoledora. Los titánicos esfuerzos de los bomberos lograban dominar poco a poco el fuego en la parte oriental del edificio; pero seguía su acción sobre los escombros amontonados en la occidental, ya al descubierto por, haberse desplomado su correspondiente pared medianil. 
El aspecto que ofrecía era tristísimo. Aquello era un montón de ruinas ígneas que lentamente iban apagando los bomberos. 
A todo esto, loa vecinos de la Rochapea afirmaban que debía haber entre los escombros los cadáveres de tres muchachos y de un hombre que se hallaban trabajando en el interior cuando sobrevinieron la exploxión, la voladura y el derrumbamiento. 
El hombre se llama Jerónimo Elizondo que a la hora en que escribimos no ha aparecido vivo ni muerto. Se le supone sepultado entre los escombros. 
Las tres muchachas se llaman Juana Salinas, de 15 años, Jacinta Vaca de 13 y Elena Elizari, de 17, hijas de obreros residentes en aquellas cercanías y sobrina la última de don Joaquín Reta, celador de agentes municipales. 
Cuando los trabajos de extinción permitieron meterse entre los escombros, fueron descubiertos los cadáveres de dos muchachas que sin duda son de las tres mencionadas; pero que no pudieron ser identificados por estar totalmente carbonizados. El cráneo de uno de ellos estaba completamente acribillado a cartuchazos. 
Los dos cadáveres fueron trasladados al hospital civil en el coche-ambulancia de la Cruz Roja. 
Les cadáveres extraídos son cinco, y se cree que aún falta por extraer otros dos: el de una muchacha y el del carpintero Elizondo. 

miércoles, 27 de mayo de 2020

Don Cayetano era Lapoya (de apellido y más)

En origen constaba solo de planta baja, y en 1902 se le añadieron las 3 superiores. 
CALLEJA (DEP ¡cómo lo disimulaste con tu humor entrañable!)
Primer coche matriculado en Navarra, el "Pa-1", constructor y urbanizador de casas asequibles para los obreros, frontón para esparcimiento del barrio, promotor y director de varias sociedades... Don Cayetano fue Lapoya, y no sólo de apellido
***
Construida a finales del siglo XIX como un edificio de una sola planta para la sociedad de seguros “La actividad”, el mismo arquitecto que la diseñó, Manuel Martínez Ubago, tuvo que encargarse unos años más tarde, en 1902, de añadirle 3 plantas. El edificio, que hace chaflán entre las calles José Alonso y Padre Moret, creció así en altura para albergar varias viviendas y dejar la planta baja para dar cabida a la sala de juntas, almacén, escritorio de los socios, escritorio de los escribientes, y el despacho del director, que por aquellos años era el conocido industrial Cayetano Lapoya,
Letrero de La Actividad. E. Rubio
Está por hacer una biografía de Cayetano Lapoya Rubio. De modesto origen, fue un industrial y emprendedor hombre de negocios, creador de las sociedades "La Actividad" (foto de portada y ésta), "La Regeneración" de Zaragoza y la sociedad La Realidad, de Madrid.
Y hablando de la foto de portada y del portal de José Alonso 4, quiero también investigar esta foto de Galle, con esa fila de hombres -todos con el mismo sombrero- dando el pésame a alguien importante en ese mismo portal, que fue sede de la sociedad “La actividad” hasta que, hacia 1916, se liquidó.

Actualización 23.06.2020 Ver pie de foto
20-21 febrero 1932. Pésame a la familia de Ezequiel Seminario en José Alonso 4
1. Primer vehículo
1900 ca. Nagore. Autobús PA-106 de la línea 
Aoiz-Burguete. (Altadill)
La primera licencia expedida en Navarra data del 29 de julio de 1907 y correspondió a Cayetano Lapoya. Costaba la licencia 30 pesetas. 
El coche de Cayetano Lapoya, un Peugeot de 12 caballos de vapor con motor 7401, fue el PA-1, el "Pamplona uno", ya que el primer centenar de vehículos (y alguno más) matriculados tuvieron la matricula "PA" de Pamplona, antes de cambiar a las siglas "NA", que se introdujeron por ley en 1917.
El vehículo fue dado de baja definitiva el 30 de agosto de 1962, tras 55 años de uso.
Don Cayetano tenía más de un coche, pero el primero que matriculó fue el PA-1.

2. Pasaje Lapoya (localización)
24/07/1903 Hemeroteca DN 
También se lee otra instancia de don Cayetano Lapoya solicitando se señalen los números que deben ponerse en las casas que ha construido en el lugar denominado Cascajera de San Jorge.
Así pues, aunque  
Dice Arazuri en 1970-80:
Pasaje Lapoya 1991 Foto Zúñiga AMP
"Pocos habitantes de Pamplona, a excepción de los vecinos barriales, han atravesado o conocen la existencia del Pasaje de Lapoya. Este gracioso lugar, es un rincón irregular, variopinto y que parece sacado de una novela de Pío Baroja. Tiene (tuvo) su entrada rotulada, por la Avenida de San Jorge, así como otras dos por la calle del Doctor Fleming. Asimismo, comunica con la orilla derecha del Arga y con el puentecillo de conducción de las aguas de Arteta. En su interior, como en cajón de sastre, hay de todo: almacén de madera y de piensos, minúsculas huertas y microjardines mantenidos más con amor que con conocimientos de floricultura, chabolas en ruina (que las hemos conocido habitadas), casuchas modestas pero limpias y agradables, solares repletos de cascajo y alguna casa de vecindad. El señor Lapoya, inquieto hombre de negocios, aprovechando terrenos de su propiedad y comprando otros nuevos, fue edificando aquel batiburrillo arquitectónico que hoy, después de tres cuartos de siglo, nos encanta el contemplar."
"Pasaje Lapoya" aparece ya en el hemeroteca en 1928 y la última vez que podemos verlo en el SITNA es en este que os pongo de 1998-00 comparándolo con la actualidad. Fijaos como referencia en la Pasarela de los Tubos:

3. Frontón Lapoya (localización)
Nos interesa sobremanera situar este frontón, ya que fue en un local pegado a él donde -hace casi un siglo- se produjo la fatídica explosión. La imagen tan espectacular que captó Emilio Pliego ha levantado mucha expectación entre nosotros y son varias las personas que me han preguntado por el lugar exacto.
El impacto que produce ver las paredes lisas, destrozadas, del trinquete-frontón, cuya fachada vemos a la derecha (donde el barandado) se ve acrecentado por la zanja negra (¿qué será?) del primer plano.
Vemos a la derecha -al sur- la línea de chopos del Arga.
Pasaje Lapoya, nº 5
Vayamos, pues, paso a paso, acercándonos al lugar del siniestro.
3.1 Arazuri: El Sr. Lapoya construyó al otro lado de la Avenida de San Jorge (al norte de ella) un frontón y un trinquete 
3.2 Ollaquindia: El Sr. Lapoya construyó en la avenida de San Jorge (entonces llamada calle de Alfonso y Victoria), frente a la actual «Tabacalera», un frontón y un trinquete. El frontón ya no se dedicaba a actividades deportivas (la creación del Euskal Jai en 1909 fue en detrimento del rochapeano frontón Lapoya). Adquirido por la firma Múgica, Arellano y Cía., era almacén de maquinaria agrícola. Cerca había un barracón, un taller de carga de cartuchos, de la armería Casa Puntos. Allí se produjo la explosión que tuvo como consecuencia la destrucción del Frontón Lapoya y, lo que fue más lamentable, la muerte de siete personas. 
3.3 Wikipedia Hubo en San Jorge otro edificio fabril... Se trataba del edificio de la Tabacalera que se encontraba al costado sur de la avenida de San Jorge, próximo al actual Centro de Salud
El Salvador. Maderas Azcona, entrada al Pasaje Lapoya
Recogiendo las tres aportaciones, el antiguo frontón, cuando la explosión almacén de maquinaria agrícola, pegado al barracón de explosivos de Casa Puntos, se encontraba al lado norte de la Avenida de San Jorge, frente al Centro de Salud. En esa parcela entre calle del Muelle (por el norte), Avda. San Jorge (por el sur). Irati-Fleming (este) e Irati-Sanduzelai (oeste). Y todos los testimonios me dicen que el frontón estaba pegado a la Avda. San Jorge, entonces Alfonso Victoria
Y volviendo a la foto, ¿qué es esa zanja negra? Dudo mucho que sea la caja por donde van las vías del tren, al menos las principales. Me inclino, más bien, por que el fotógrafo tiene las vías a su espalda y que esa zanja sea alguna vía accesoria .
Los edificios derruidos de la foto, espedialmente el frontón, creo que quedan paralelos a la Avenida San Jorge, en su lado norte. Arriesgando, diría que el edificio de más a la derecha ya quedaría al otro lado (al sur) de la Avenida San Jorge.
Hasta ahí llego yo.
***
Con esa cara de velocidad, seguro que ya has llegado al cielo en tu patinete
Siempre fue un placer haberte conocido


lunes, 25 de mayo de 2020

Un siglo de la catástrofe de la Rochapea (1)

Restos del frontón de Lapoya. Tras las vías semisoterradas, lo que hoy es la calle del 
Muelle, 2 días después de la explosiónImagen de Emilio Pliego
Se cumple un siglo de la "Catástrofe de la Rochapea". Esta doble entrada que vas a leer es la única que trata de ella. Ignoro el motivo, pero esta tragedia ha pasado desapercibida no sólo para cuantos han escrito sobre Pamplona, sino incluso para los descendientes (ver comentario) de algunas de las víctimas.
***
Cuando nos puso esta foto Sergio en el #retoPamplona, además de no tener ni idea de a qué lugar de mi ciudad correspondía la imagen, me quedé sobrecogido por la magnitud de lo que parece una terrible explosión. Pensé, primero, en los bombardeos que sufrió Pamplona en la Guerra Civil. Pero como ese tema ya lo había trabajado, enseguida me di cuenta de que esta foto sobrepasaba con creces los efectos (sólo a nivel material, no humano) de las bombas en la Estación de Autobuses, Diputación o Portal de Francia.
Cuando Sergio nos descubrió de qué trataba la foto, me indigné conmigo mismo por no haberme interesado antes por este suceso del que había oído algo pero sin ser consciente de la magnitud de la tragedia. El 28 de abril de 2021 se cumplen 100 años de aquel jueves en el que una explosión segó la vida de 7 personas, muy jóvenes algunas, en la Rochapea y dejó consternada a Navarra entera.
Así lo contaba, al día siguiente, Diario de Navarra:
El lugar de la catástrofe momentos después de la explosión. (Foto. Roldán.)
Pamplona, viernes 29 de Abril de 1921 
EL FRONTON TRAGICO 
La catástrofe de ayer. 
Terrible explosión en un taller de cartuchería. 
Siete muertos y varios heridos. Cinco cadáveres recogidos. 

Amplios detalles del doloroso accidente.
Profundamente afectados por la terrible desgracia ocurrida ayer tarde, verdadera catástrofe, que ha costado la vida a siete personas, vamos a relatar lo ocurrido. 
Antes, pedimos a nuestros lectores junten a las nuestras sus oraciones por el alma de los muertos, en auxilio de cuyas familias, a las que enviamos nuestro pésame, debemos acudir. 
La catástrofe produjo ayer la dolorosa y terrible impresión que puede imaginarse. 
El dueño del taller de cartuchería o depósito de explosivos ha perdido en la catástrofe a una hija y a una hermana. 
Otras cinco familias de obreros se ven también llenas de luto y desolación.
La catástrofe, es, pues, terrible. 
Y ahora vamos a hacer una breve observación. 
Los caracteres terribles de la explosión, los estragos y destrozos que ha producido en el edificio y en los edificios próximos, el hecho de que según testigos presenciales no hubo sino una sola y formidable explosión, rodean de tantas circunstancias extrañas al suceso, que nosotros esperamos que las autoridades y las personas técnicas estudien con la debida atención lo ocurrido y lo aclaren. 
¿Qué había guardado allí? ¿Puede la pólvora producir semejante explosión y semejante catástrofe?
¿Habían las autoridades correspondientes exigido todas las garantías necesarias para que en un lugar habitado y rodeado de viviendas se pudiese guardar algo que, por lo que sea, por su cantidad o por su calidad. pudiese ocasionar semejante catástrofe? 
Vivienda del frontón. La explosión se produjo en el local marcado con un aspa (Roldán)
Por otra parte no pensaría el señor Martínez de Goñi en probabilidades de una desgracia cuando tenía allí a su hija y a su hermana, que han perecido. 
De todos modos hay que aclarar, debidamente las causas de la catastrofe.
Cuando hace algunos meses ocurrió en ese mismo frontón un incendio, llamamos la atención acerca de la vecindad de ese depósito de cartuchería. 
Lo ocurrido ¿servirá para que esta nueva advertencia que hacemos sea escuchada y se vigile bien, y se inspeccione bien todo establecimiento o todo local donde haya materias explosivas o inflamables? 
La precipitación con que escribimos estas líneas no nos deja lugar para más extensas reflexiones. 
Pero no terminaremos sin decir que establecimientos o depósitos peligrosos, deben estar situados a buena distancia de otras casas, y deben ser examinados y vigilados por el personal encargado oficialmente de ello, con la mayor escrupulosidad y se debe exigir la presencia, en esos establecimientos o depósitos, de personas suficientemente competentes: personas de solvencia científica.