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lunes, 11 de agosto de 2025

Aquel verano de 2000 (Jáuregui, Casanova, Portero, Lluch...)

José Ignacio Palacios, ante la fachada del Ayuntamiento del que fue concejal (1983-91)
"Verano de 2000: gracias a Basilio, el conductor, y a todos los escoltas que durante ese tiempo fueron mis ángeles de la guarda, hoy sigo vivo"

José Ignacio Palacios DN 08/08/2025
El 28 de noviembre de 1999, después de 439 días sin atentados, la banda terrorista ETA anunció el fin de su tregua. Casi dos meses después, el 21 de enero, asesinaría en Madrid al teniente coronel Pedro Antonio Blanco y a él, y a lo largo de ese año, le seguirían 22 personas más. Así, el 22 de febrero, eran abatidos en Vitoria el socialista Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez, y en mayo y junio caerían el periodista José Luis López de Lacalle y el concejal del PP de Durango Jesús María Pedrosa. Fue así como se llegó a ese sangriento verano de 2000.
El 15 de julio fue asesinado el concejal del PP de Málaga José María Martín Carpena, y 14 días después moría en Tolosa el socialista, exgobernador civil de Guipúzcoa, Juan Mari Jáuregui. En la mañana del 8 de agosto cayó el empresario nacionalista José María Korta. Entonces, el presidente de la Diputación Foral de Guipúzcoa se preguntaba ¿“cómo lo han podido asesinar si es uno de los nuestros”? Está visto que “errores” cometía hasta ETA.
Abrazándose con ternura a la Ponencia Oldartzen
Esa tórrida tarde del 8 de agosto de 2000, en la que las radios anunciaban la amenaza de un coche bomba en el paseo de la Habana de Madrid y en el momento en el que la “socialización del dolor” -la Ponencia Oldartzen, sugerida por Adolfo Araiz- estaba en su apogeo, pensé que el sitio más seguro para estar en Pamplona era la piscina. Para trasladarme a ella desde mi domicilio, tuve que ir en el coche oficial, con inhibidor de bombas, y… con un dispositivo policial de 17 agentes. Y no quedó ahí la cosa, porque dentro del recinto del Club varios policías no me perdieron de vista ni un segundo.
Al día siguiente, 9 de agosto, después de trabajar en mi despacho, me trasladé a Estella para asistir al día de la Merindad de sus fiestas patronales. Tuvimos un almuerzo con los alcaldes de la zona y estuve sentado a la derecha del vicepresidente Gurrea, que tenía a su izquierda a la alcaldesa María José Bozal. Estábamos ya en la sobremesa cuando a Gurrea un escolta le entregó un papel, lo leyó y me dijo: “me voy, han asesinado a un subteniente del Ejército en Berriozar”. Para no amargar el café al resto de los comensales salí yo pocos minutos después y me trasladé hasta el domicilio de Francisco Casanova donde todavía no se había levantado su cadáver.
Dos días después tenía previsto comenzar dos semanas de vacaciones. Como todos los años, iba a ir a la playa, pero me vi obligado a cambiar de planes y me marché a una capital europea. 
Viuda de Tomás Caballero:
"Aparta de mí este cáliz"
Cuando regresé, en el aeropuerto, me estaba esperando el coche oficial, con el conductor y el escolta. Este, cuando todavía no habíamos salido del aparcamiento, se volvió y me dijo: “consejero, a partir de hoy tiene prohibido utilizar su coche particular en Navarra, no puede andar por la calle y todos los desplazamientos los tiene que hacer en este vehículo”. Empezaba así una nueva etapa de mi vida, con libertad vigilada, que duraría muchos años. Pero, gracias a Basilio, el conductor, y a todos los escoltas que durante ese tiempo fueron mis ángeles de la guarda, hoy sigo vivo.
No les sucedió lo mismo a los agentes de la guardia civil Irene Fernández y José Ángel de Jesús, asesinados el 20 de agosto, ni a los concejales del PP Manuel Indiano y José Luis Ruiz Casado, matados el 29 de agosto y 21 de septiembre, día en el que oficialmente acabó ese sanguinario verano.
Después, en el tiempo restante de ese año 2000, fueron asesinados por ETA el fiscal Luis Portero, el coronel Muñoz Cariñanos, el funcionario de prisiones Máximo Casado, el magistrado del Supremo José Francisco Querol, junto a su conductor, Armando Medina, y sus dos escoltas, Jesús Escudero y Jesús Sánchez; el exministro socialista Ernest Lluch, el concejal del PP Francisco Cano y el policía municipal de Barcelona Juan Miguel Gervilla.
Hoy, 25 años después, ETA ya no mata, pero está en las instituciones y Bildu se ha convertido en socio preferente de Pedro Sánchez y María Chivite. Por eso, Patxi López ha pasado de portar el féretro de Juan Mari Jáuregui a ser el negociador con Bildu. ¡Así son las cosas!
José Ignacio Palacios Zugasti era en el año 2000 consejero del Gobierno de Navarra

sábado, 9 de agosto de 2025

Le arrebataron la vida... el reloj y ahora quieren su calle

Los vecinos quieren seguir llamándose "Grupo Ruiz de Alda" (entre c. Aralar y Media Luna)
Le arrebataron la vida... el reloj y ahora quieren su calle
Consejera Ollo, efectivamente Ruiz de Alda era ‘franquista’ pero no de Francisco Franco, sino de su amigo y compañero Ramón Franco. Por eso es triste que, ahora, casi 90 años después de que le arrebataran la vida y… el reloj, usted pretenda quitarle, también, su calle de Estella
José Ignacio Palacios Zuasti El Debate 08 ago. 2025
En enero de 2026 se cumplirán cien años del épico vuelo transoceánico del hidroavión Plus Ultra entre España y Argentina, que tuvo resonancia mundial. La tripulación la integraban Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada. Ese vuelo, en diferentes etapas, entre Palos de la Frontera y Buenos Aires despertó un entusiasmo desbordante en Argentina (Carlos Gardel compuso un tango en su honor), en España y especialmente en Navarra, pues navarros eran Ruiz de Alda y Rada. Aquí, en sus pueblos natales, Estella y Caparroso, les nombraron hijos predilectos y dieron su nombre a sendas calles. Además, durante décadas, en el acervo popular de Navarra, se ha transmitido eso de «Si no es por la tripa de Rada se quema el avión. ¡Chin pón!», al tiempo que se ha cantado una jota (de Ezequiel Endériz) que decía:
«Franco llevaba el volante,
Ruiz de Alda lo guiaba
y al compás de los motores
Rada la jota cantaba».
Ahora, casi cien años después, la consejera nacionalista del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, invocando la Ley de Memoria Democrática, quiere retirarle a Ruiz de Alda su calle de Estella porque, dice, está vinculado al franquismo. Además, la izquierda abertzale, con nocturnidad, arrancó las placas.
Para desgracia de estos vándalos disfrazados de antifascistas, Maps nos permitirá ver la placa (sobre la señal) durante muchos años
Tres de los protagonistas de la hazaña del Plus Ultra tendrían papeles relevantes durante la II República, mientras que Durán fallecería en un accidente aéreo pocos meses después de esa gesta.
Durán, Ramon Franco y Ruiz de Alda
Ramón Franco se sublevó contra la Monarquía el 15 de diciembre de 1930 y saliendo de Cuatro Vientos sobrevoló con su avión el Palacio Real, amenazó con bombardearlo, al tiempo que lanzaba proclamas revolucionarias. Ese mismo día, el anarquista Rada se dedicaba a engañar a la tropa con la falsa noticia de que se había declarado la República.
Después, el 10 de mayo de 1931, recién estrenado el nuevo régimen, Rada, con un comité juvenil que él había formado en el Ateneo madrileño, se dedicó a quemar los conventos de Madrid y Miguel Maura, ministro de la Gobernación, escribió: «Pablo Rada era un jefe de los incendiarios».
Por su parte, Ramón Franco se convertiría en diputado por Barcelona en las Constituyentes de 1931, integrándose en el grupo de Ezquerra Republicana de Cataluña. Después, sería nombrado agregado aéreo en la Embajada de Washington, donde permanecía al comenzar la Guerra Civil.
Gudari (de los de Ana Ollo) con esvástica
Y Ruiz de Alda fue uno de los que fundó Falange Española en 1933. Esto sucedía en unos tiempos en los que, como bien sabe la consejera Ollo, su partido –el PNV– exhibía la ikurriña, no con el lauburu, sino con la esvástica nazi. Además, el estellés se casó con Amelia Azarola, hija de Emilio Azarola, diputado por Navarra de la Coalición Republicana-Socialista en 1931, y alumna predilecta del que fuera presidente del Consejo de Ministros, el socialista y profesor de Fisiología Juan Negrín quien, a pesar de sus grandes diferencias ideológicas, confesaría a Mariano Ansó que personalmente había trabado una gran amistad con él, del que decía que personalmente era como su ‘ángel guardián’, y que políticamente miraba con «simpatía personal» a «luchadores» como Ruiz de Alda.
En los primeros días de la guerra, Ruiz de Alda fue detenido en Madrid y encarcelado en la Cárcel Modelo junto con varios exministros de la República y otros personajes. Después, a las nueve de la noche del 23 de agosto, ocho facinerosos irrumpieron en la galería de la prisión portando pistolas y metralletas y gritando: «¡Estos son nuestros!... como toda la cárcel. Vamos a mataros aquí, en fila, por fascistas y por traidores…» A Ruiz de Alda le arrebataron su reloj y este les dijo que era el que llevaba en el Plus Ultra, a lo que el miliciano respondió: «Mejor, con eso tiene historia». A continuación, los bajaron al sótano y cinco minutos después se oyeron las descargas. Según cuenta Mariano Ansó, que fue ministro con Negrín: «Cuando Negrín se enteró del asesinato de su amigo Ruiz de Alda, perdió toda continencia y estuvo a punto de crearse una situación insostenible dentro de su partido».
Amelia Azarola y el hijo
Ramón Franco regresaría de Washington en el mes de octubre de 1936 y, a pesar de sus ideas revolucionarias, se unió al bando sublevado, en parte porque lo mandaba su hermano Francisco y, también, influenciado por el asesinato de su antiguo amigo Ruiz de Alda. Después sería destinado a Baleares y moriría (¿accidente? ¿Sabotaje?) en un hidroavión que se estrelló en el Mediterráneo en 1938.
De los cuatro del Plus Ultra, el único que sobrevivió a la Guerra Civil fue Rada, que se exilió en Colombia y Venezuela y que, en 1968, cuando se sintió gravemente enfermo, solicitó volver a España para morir aquí. El embajador español le dijo que sería conveniente que alguien le avalase y él propuso para ello a Francisco y Nicolás Franco, hermanos de Ramón, a lo que el embajador le contestó sonriendo que no se pasara. El ruego llegó a conocimiento del Jefe del Estado y este, sorprendido, dijo que no entendía cómo no había vuelto antes y dispuso que fuera atendido en el sanatorio de la Armada de Los Molinos (Madrid), donde falleció el 18 de mayo de 1969.
Consejera Ollo, efectivamente Ruiz de Alda era ‘franquista’ pero no de Francisco, sino de su amigo y compañero Ramón. Por eso es triste que, ahora, casi 90 años después de que le arrebataran la vida y… el reloj, usted pretenda quitarle, también, su calle.
José Ignacio Palacios Zuasti fue senador por Navarra

Los restos de Ruiz de Alda llegaron a Navarra el 18 de Junio de 1939, fecha, por tanto, de un perfecto reportaje de Pascual Marín. Nada menos que 74 fotografías (pincha) de la llegada a la ciudad de Pamplona de los restos mortales del comandante aviador Julio Ruiz de Alda.

sábado, 18 de enero de 2025

Un 'Guion de la Cruzada', escamoteado

Mola  por Plaza del Castillo, noche 18 de julio, horas antes de proclamar la ley marcial
¿Por qué no aparece en la película 'La Conspiración', entre los conspiradores, el capitán Moscoso? Porque es el padre de Javier Moscoso, ministro socialista de Justicia y fiscal general del Estado con Felipe González, y abuelo de Juan Moscoso, diputado socialista cuando la cinta se realizó. Ahora se entiende que este 'Guion de la Cruzada' se nos haya escamoteado. 
¡Bien pillados, José Ignacio!

Un 'Guion de la Cruzada' se nos ha esfumado
«Esta obra es una recreación basada en datos y publicaciones existentes sobre los hechos que se narran» por lo que es un perfecto instrumento para el adoctrinamiento que persigue la Ley de (des)Memoria Histórica
José Ignacio Palacios Zuasti El Debate 10/01/2025
Estas pasadas fiestas, buceando en internet, he dado con una película cuya existencia ignoraba: ‘La conspiración’, dirigida por Pedro Olea, guion de Elías Querejeta, financiada por RTVE y ETB, gestada en la etapa de Zapatero (2004-2011), que se refiere a las actividades llevadas a cabo por el general Emilio Mola Vidal desde su llegada a Pamplona en marzo de 1936 hasta el 18 de julio de ese año.
Javier Moscoso
En ella me ha llamado la atención que, desde su inicio, en el mismo acto de la toma de posesión de Mola, se presentan a éste dos capitanes, Vicario y Lastra, y el ayudante, comandante Fernández Cordón, le dice: «Son los cabecillas de los que se reúnen en secreto». Y al preguntarle Mola: «¿dónde se reúnen?», responde: «en casa de Lastra». Sí, es curioso que ni en ese momento, ni en los 83 minutos que dura el film, se cite al capitán Moscoso porque, como es sabido y lo cuenta en sus libros Félix Maíz, el ayudante civil de Mola que aparece en la película, para cuando éste llegó a Pamplona, esos tres capitanes (Vicario, Lastra y Moscoso) ya habían decidido poner en marcha la ‘Conspiración’ porque, decía: «no hacemos nada con seguir hablando y es necesario obrar, porque se pierde un tiempo precioso viendo cómo el peligro aumenta». Y ya, el 8 de febrero habían celebrado su primera reunión secreta, no en casa de Lastra, como se indica en el film, sino en la de Moscoso, en la calle General Chinchilla, 14. Y fue en una de esas reuniones, la del 20 de abril, a la que asistieron siete capitanes que representaban a los oficiales de las guarniciones de Logroño, Burgos y Pamplona, en la que vieron que era urgente despejar la incógnita del Mando de la Conspiración y decidieron que «había llegado el momento preciso de que una organización directora asumiese la responsabilidad de la Organización».
Primeros requetés de los 10.000 que se presentaron voluntarios el 19 de Julio en Pamplona
Por eso, como dice Maíz, los allá reunidos acordaron llamar por teléfono al comandante Fernández Cordón, al que le pidieron que se personara en el domicilio de Moscoso. A él llegó diez minutos más tarde y le dijeron: «Estamos reunidos porque queremos salvar a España. Deseamos exponer nuestro proyecto y manifestar la firme decisión de la oficialidad de distintas guarniciones a las que representamos de que dicho proyecto llegue a conocimiento del general Mola. De nuestro general esperamos su consejo y sus órdenes». Maíz narra que el comandante Fernández Cordón escuchó, se hizo cargo de su deseo y partió hacia el gobierno militar, para hacer su exposición a Mola. Y que treinta minutos más tarde estaba nuevamente en el domicilio de Moscoso para informarles: «El general no solamente aprueba su decisión, sino que aplaude el proyecto … Debo adelantarles, en su nombre, que desde hoy tendrán su consejo y dirección». Y a partir de ese momento los capitanes Manuel Vicario, Gerardo Díez de la Lastra y Carlos Moscoso del Prado se convirtieron en los hombres de confianza de Mola y desplegaron una actividad conspiratoria frenética.
Un grupo de Margaritas apoyadas por más gente sacaron la primera bandera rojigualda a la calle en Pamplona el 19 de Julio de 1936. Ésta era precisamente la que le habían regalado a los del Muthiko Alaiak en su gira por Pau, y que juraron defender hasta morir. Pronto iban a hacerlo.
Su trabajo no quedó reducido a Pamplona, sino que se extendió por las guarniciones de Logroño, Estella y San Sebastián, y no acabaría hasta el 19 de julio cuando, como narra el que fuera primer alcalde republicano de Pamplona en 1931, Mariano Ansó, en su libro de Memorias 'Yo fui ministro de Negrín': «La plaza del Castillo de mi Pamplona natal se cubrió de las boinas rojas carlistas en pie de guerra. A ellos se unieron inmediatamente los jefes y soldados de Mola. Se arrió la bandera tricolor primero en las formaciones carlistas y después en todas partes». Por eso, como dice Maíz, «estos tres capitanes formaron en la guarnición de Pamplona lo que se puede llamar la Plana Mayor de la Conspiración y realizaron un trabajo de gran responsabilidad y sacrificio por lo que en los libros sobre la guerra civil se lee «nunca deben ser olvidados en la historia del Alzamiento, ya que fueron unos capitanes que por su valentía en medio del constante peligro deben ser considerados como Guiones de la Cruzada»».
José Ignacio Palacios
Ante el protagonismo y relevancia que tuvo el capitán Moscoso, cualquiera dirá que es sorprendente que en esta película no se le mencione, pero cuando uno sabe que es el padre de Javier Moscoso (creador de los días de asuntos particulares conocidos popularmente como moscosos), ministro socialista de Justicia y fiscal general del Estado con Felipe González, y abuelo de Juan Moscoso, diputado socialista cuando la cinta se realizó, las incógnitas se despejan y se entiende que este 'Guion de la Cruzada' se haya esfumado.
El contenido de esta cinta es tal que, aunque estaba preparada para su estreno cuando Rajoy llegó a la presidencia, los populares la dejaron en vía muerta y no fue emitida en TVE hasta siete años después –7.04.2019–, cuando la moción de censura de Sánchez ya había triunfado y Rosa María Mateo, administradora provisional del ente público, le dio luz verde, y a partir de ese momento fue llevada a los circuitos comerciales. En uno de los créditos iniciales del film se dice: «Esta obra es una recreación basada en datos y publicaciones existentes sobre los hechos que se narran» por lo que es un perfecto instrumento para el adoctrinamiento que persigue la Memoria Histórica. Eso sí, siempre que de ella se han suprimido de un plumazo a los familiares de los actuales socialistas.
José Ignacio Palacios Zuasti fue senador por Navarra
Y si ahora sacáis un ratico tranquilo, podéis ver aquí mismo ‘La conspiración’, la película de la que nos ha hablado José Ignacio Palacios:

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Los Caídos: resignificación de Urmeneta

CAIDOS TODOS POR ESPAÑA, un buen salvoconducto para la "Cruz de los Caídos Todos" de Mora de Rubielos (Teruel)
En este artículo de J.I. Palacios se aportan datos que mucha gente -sobre todo los partidarios del derribo- desconoce, y documentación, como la resignificación de Miguel Javier Urmeneta.


A vueltas con el Monumento a los Caídos
José Ignacio Palacios DN 28/11/2024
Aunque oficialmente fue inaugurado el 17 de julio de 1961, desde 1959 el Monumento de los Caídos de Pamplona acogía en sus muros a la Parroquia de Cristo Rey, que allí permaneció, de manera provisional, hasta que el 25 de octubre de 1964, festividad de Cristo Rey en aquella época, se inauguró solemnemente su nuevo templo parroquial. Durante esos años, al Monumento la vida se la dio la Parroquia y, cuando esta se trasladó a su actual y definitivo emplazamiento, se quedó vacío y sus puertas se cerraron. Por eso, tan sólo dos meses después, en diciembre de 1964, la incipiente ETA ya intentó volarlo (fue un simple petardo, pincha) y, allá por septiembre de 1965, cuatro años después de su inauguración y once meses desde la salida de la Parroquia, ya se decía que “un monumento cerrado da sensación de indiferencia y abandono” y que “el monumento tiene un desgaste constante”. Por eso, entre el gobernador civil y la Diputación Foral, se trató de buscar la manera de darle alguna utilidad.
La Corporación foral, presidida por Félix Huarte, debatió el tema y vio la conveniencia de modificarlo “para que todos los navarros encontrasen en él un símbolo de paz y un estímulo para la elevación de pensamientos y oraciones cristianas en recuerdo y sufragio de los que, en cualquier campo y tiempo, dieron su vida por la Patria”. Y al hilo de ese debate, el diputado foral Miguel Javier Urmeneta escribe: “Yo tenía la preocupación del Monumento a los muertos de la Cruzada. Hice un proyecto de acuerdo interno ampliando el recuerdo a todos los muertos por Navarra llevando las placas al Camposanto… En fin, preparando un futuro sin revancha, que lo presenté al resto de mis compañeros”.
En él se decía que “un recinto consagrado no podía sólo albergar el recuerdo de los vencedores, cuando los vencidos también eran hermanos de nación y hermanos en Cristo”; además, se trazaba un esquema de solución que no pasaba por “la simple incorporación de los nombres o restos de muertos en el campo adverso” sino “por darle la significación de un recuerdo cristiano a todos los navarros que a lo largo de la Historia dieron su vida por causas ideológicas, fueran guerras internas de Navarra, guerras nacionales y empresas o cruzadas exteriores” y, en base a esta hipótesis, se planteaban seis reformas a introducir en él:
1ª. Dedicación de la Iglesia-Monumento. Señalaba que quizá bastaría con decir: ‘Navarra a sus muertos en las Cruzadas’.
2ª. Placas exteriores. Deberían pasar a un edificio civil.
3ª. Listas de muertos. Debían pasar al Cementerio de Pamplona incorporando los nombres de los muertos en el otro campo y realizando con ello un sencillo monumento mural presidido por la Cruz.
4ª. Inscripciones interiores. Debería atenderse a la norma que diese al respecto la Archidiócesis.
5ª. Pinturas de la cúpula. Podían persistir en Ia nueva dignificación del monumento con alguna reforma.
6ª. Enterramientos en la cripta. Decía que era el punto más delicado y que repugnaba toda remoción pero que, en cambio, deberían incorporarse restos de muertos en el otro campo.
Y junto a estas seis reformas, ese proyecto, y como “la más profunda novedad simbólica”, planteaba “situar en el centro de la lglesia, cubriendo la cripta actual, los restos del Rey Sancho el Mayor, en cierto modo el primer Rey de España”. Y decía: “la presencia de estas reliquias dominaría de tal forma la estructura espiritual de la lglesia que quizá todo recuerdo de rencor o desconfianza quedaría oscurecido”.
Urmeneta cuenta que: “Cuando menos lo esperaba, [Amadeo Marco] entró bruscamente en mi despacho y me lanzó la propuesta encima de la mesa. Durante un segundo me quedé en acecho. ‘Ya está firmado por todos los diputados, ¡llévalo al presidente!’”. Y así, con fecha 1 de noviembre de 1965, y la firma de Julio Asiain, Ángel Bañón, José Heras, Amadeo Marco, Ambrosio Velasco y el propio Urmeneta, fue elevada a Félix Huarte, quien, a su vez, la trasladó al gobernador civil, Jesús López Cancio. Urmeneta añade: “¿Cómo se olvidó aquel proyecto de reconversión? Algún teléfono rojo… Pero Amadeo no lo tenía.” ¿Fue el gobernador?
Por no haberse reconvertido entonces, sesenta años después, toda la desidia y abandono acumulados en estas décadas, y con todo el odio removido en los últimos años, hemos llegado a la situación actual. Por eso, ahora, cuando estamos en ese futuro de entonces que Urmeneta soñaba “sin revancha”, es momento de analizar lo que esa Diputación Foral, integrada por los que hicieron la guerra en el bando vencedor, estaba dispuesta a reformar en aras a la reconciliación, y adaptándolo a la realidad actual, tratar de llevarla a cabo. Lo último sería demolerlo porque, como es bien sabido, en la vida es más fácil destruir que construir, pero los que pasan a la Historia no son los talibanes sino los que hacen obras de provecho y los que dan sentido a las que no lo tienen.
José Ignacio Palacios Zuasti

martes, 27 de agosto de 2024

Mujeres que dan dignidad a Estella

Miguel Ángel, hijo de José Antonio Ferri, con los guardias de Estella
"Un monumento a la dignidad de un pueblo y de su alcaldesa"
José Ignacio Palacios DN 25/08/2024
Era un domingo de agosto y era el tercer atentado que la organización terrorista ETA cometía ese fin de semana, aunque era el primero con víctimas mortales. Sucedió en Estella, el 21 de agosto de 1988 -ahora se han cumplido 36 años-, cuando a las siete y media de la madrugada el silencio y la paz del paseo de la Inmaculada se vieron alterados por la explosión de un coche-bomba, con 25 kilos de amonal y otros 40 kilos de metralla, al paso de un Talbot Horizon, sin blindaje, de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. 
Varios operarios intentan recuperar los cuerpos de José Ferri
y Antonio Fernández tras el atentado del 21 de agosto de 1988
DIEGO ECHEVERRIA
De esta forma cobarde, recurriendo a la “técnica segura” del coche-bomba, los terroristas segaron la vida de dos guardias civiles que poco tiempo antes habían arriesgado sus vidas en el incendio de una discoteca de la localidad. 
Este atentado pudo ser uno más de los muchos que en esos años se cometían casi a diario en nuestro país, y Antonio Fernández Vicente y José Antonio Ferri Pérez podían haber sido, sin más, las personas que iban a ocupar los puestos 30 y 31 de la lista de víctimas mortales de ETA que en Navarra había abierto en noviembre de 1977 el pamplonés Joaquín Imaz. Pero, por el contrario, este atentado, cometido nueve años antes del asesinato de Miguel Ángel Blanco, supuso una inflexión, un antes y un después en el tratamiento que a las víctimas les iban a dar nuestras instituciones locales.
Rosa López Garnica, en El Correo
La realidad era que, hasta ese momento, cuando en nuestra Comunidad foral se cometía un atentado mortal, como las víctimas generalmente solían ser servidores del orden y eran de fuera, sus funerales eran organizados a horas intempestivas, en medio de la jornada laboral o escolar, para poner trabas a los vecinos e impedir que acudieran. Y, además, los féretros solían ser sacados por la puerta atrás. Y, por supuesto, en los ayuntamientos de las localidades donde se había cometido el atentado (y no digamos nada del resto) no se celebraban ni plenos extraordinarios ni concentraciones silenciosas. Sirva de ejemplo lo que sucedió en Pamplona el 14 de abril de 1984 cuando en dos atentados murieron tres personas y el Ayuntamiento se negó a condenar los hechos casi una semana después.
Ese 21 de agosto de 1988 las cosas cambiaron gracias al coraje y a la decisión de una joven que llevaba poco más de un año en la alcaldía. Era Rosa López Garnica la que ese día decidió, ante la reacción del pueblo de Estella, que la capilla ardiente se colocara en la Casa Consistorial “puesto que es la casa de todos los ciudadanos”, dijo. 
Fue ella la que ese día, en un pleno extraordinario, logró que todos los grupos municipales, salvo Herri Batasuna, condenaran el atentado, acordaran poner las banderas oficiales a media asta y se solidarizaran con el Cuerpo de la Guardia Civil. Fue ella la que ese día logró que los féretros realizaran el trayecto entre el Ayuntamiento y la iglesia de San Juan Bautista a hombros de sus compañeros, cubiertos con la bandera nacional y con el numeroso público prorrumpiendo en aplausos y vivas a la Guardia Civil. Fue ella la que ese día rompió a llorar en la iglesia. Y fue ella la que ese día destituyó como presidente de la Comisión de Sanidad a un concejal de Herri Batasuna porque, dijo, “estamos hartos de tener miedo y nos sentimos orgullosos, junto con el pueblo de Estella, de ser los primeros en adoptar esta medida y queremos ser ejemplo para todo el mundo”.
Marta Ruiz de Alda abraza a Miguel Ángel, hijo de José Antonio Ferri
Ahora, 36 años después, otra alcaldesa, Marta Ruiz de Alda, junto con Miguel Ángel, hijo de José Antonio Ferri, que en el momento del atentado tenía diez años, y en presencia de Rosa López, ha inaugurado en esa ciudad un monolito, obra del escultor estellés Carlos Ciriza, que lleva por título Paz y recuerdo, que servirá para perpetuar en la memoria colectiva el recuerdo de la magnífica reacción del pueblo de Estella, que al día siguiente del atentado, en señal de duelo, decidió cerrar los comercios, bancos, bares y cafeterías, abarrotó la iglesia de San Juan y, después, 4.000 personas se manifestaron, en absoluto silencio, bajo el lema “Estella por la paz”. Y la alcaldesa dijo: “Actos como estos no desanimarán ni a este Ayuntamiento ni al pueblo de Estella en su lucha por su propia identidad, en su tesón por demostrar que este pueblo seguirá adelante, en la esperanza de esta ciudad por probar al mundo que somos un ejemplo para la unidad de las gentes y de todos los pueblos”.
José Ignacio Palacios Zuasti
Nota
Discretamente entre el público se encontraba una de las protagonistas, Rosa López Garnica (UPN), alcaldesa que tomó en pleno aquella decisión sin precedentes. Conmovida por el recuerdo de cada minuto de aquel día, declinó hacer declaraciones.

Nota 2
José Ferri Pérez y Antonio Fernández Álvarez 21/9/88 Estella Sentencia absolutoria (1992) Insuficiencia probatoria No esclarecido

Magnífica Galería de Pablo Lasaosa (pincha)

jueves, 6 de junio de 2024

Grupo Municipal de Danzas e ikurriña (J.I. Palacios)

Ahí tienes (pincha) alguna imagen más
Para este blog, llamado Desolvidar, es un honor y un placer seguir dando la palabra a quienes, como José Ignacio Palacios, en su día no callaron, a pesar de que quisieron acallarlos.

TRIBUNA JOSÉ IGNACIO PALACIOS ZUASTI
En el 75 º aniversario del Grupo Municipal de Danzas de Pamplona
Y de esta manera recorrió con éxito muchos lugares de Europa e incluso hizo de embajador de España en la Feria Mundial de Nueva York de 1965 y allí bailaron la 'ezpatadantza' en la Quinta Avenida
29.11.1949 Primera salida En AMP (pincha) todos los componentes
Cuando tan sólo habían transcurrido diez años desde el final de la guerra civil y se estaban poniendo los medios para reconstruir el país, dar de comer a la gente y hacer frente al ostracismo internacional y a la invasión de los maquis, y cuando se vivía la etapa más dura de la dictadura franquista, esa en la que, dicen, que se prohibía hablar en vasco, usar el chistu y bailar las danzas de Euscalerría, el Ayuntamiento de Pamplona, que estaba integrado por los vencedores –sublevados– de la guerra, decidió crear el Grupo Municipal de Danzas. Esto sucedió en el Pleno de 27 de octubre de 1949, presidido por el alcalde Miguel Gortari Errea y siendo concejales José Ángel Zubiaur, Eugenio Arraiza, José María Pérez Salazar, Carlos Gortari Pastor y José María Martinicorena, a los que nadie tildará de nacionalistas vascos.
El director y coreógrafo Patxi Arrarás Soto cuenta que fue Carlos Gortari quien lanzó la idea en la Comisión de Fomento. Su sugerencia fue bien acogida y elevada a la Comisión Permanente y ésta la llevó al Pleno, que acordó la creación del Grupo y facultó a la Permanente para que resolviera sobre su indumentaria. Sigue diciendo Arrarás que faltaba poco más de un mes para el 29 de noviembre, día de San Saturnino, Patrono de Pamplona, cuando le convocaron a una reunión, presidida por el alcalde, a la que asistieron, como asesores, Ignacio Baleztena, autor de la canción 'Uno de enero, dos de febrero…', y José María Iribarren, escritor. Allí, a propuesta de él (Arrarás), pues «casi todos eran legos en cuestiones folklórico-coreográficas», se aprobó que los componentes del grupo fueran dieciséis, que el atuendo que debían vestir recogería los distintos aspectos de los indumentos usados por bailarines autóctonos del antiguo reino de Navarra, al tiempo que le encomendaron que hablara con el pintor y escenógrafo Pedro Lozano de Sotés para que realizara los figurines, que tenían que ser aprobados por el Ayuntamiento, basándose en unos publicados en la obra francesa 'Visages du Pays Basque'. Añade Arrarás que él se encargó de la formación, preparación y dirección del presunto grupo y en escasamente un mes se hizo la selección de danzaris y la preparación de una danza para acompañar, bien o mal, al Ayuntamiento en su salida corporativa el día del Patrono, «cubierto de espesísima niebla». Y así le seguiría acompañando después, de manera ininterrumpida, durante años, portando como emblema oficial del grupo la bandera de la ciudad. 
29.11.1949 Primera salida del Grupo de Danzas Municipal
Y de esta manera recorrió con éxito muchos lugares de Europa e incluso hizo de embajador de España, junto con los Gigantes europeos, africanos y asiáticos de la Comparsa de Pamplona (precisamente los americanos -Toko-toko y Braulia, los de tez más oscura- no volaron a Estados Unidos por la tensión racial de la época) en la Feria Mundial de Nueva York de 1965  (pincha) y allí bailaron la 'ezpatadantza' en la Quinta Avenida (27 fotos en el AMP, escribe en búsqueda Nueva York).
1959. Homenaje a la vejez. Exhibición del grupo de danzas del Muthiko Alaiak en el Palacio de Navarra. (DFN)
"En Pamplona la ikurriña/siempre motivo de riña"
Grupo Municipal de Danzas de Pamplona en Nueva York El Debate
Al llegar la Transición Política, el Ayuntamiento de Pamplona acordó (30.06.1977), que la ikurriña fuera colocada en el balcón principal del Consistorio los días de las fiestas patronales y oficiales. A partir de ese momento, el Grupo de Danzas empezó a portar la bicrucífera en sus salidas oficiales y así continuó haciéndolo a pesar de que el Pleno (10.12.1981) acordó que la «Corporación sólo utilizará en lo sucesivo las siguientes banderas»: la de la localidad, la de Navarra y la de España. 
[ved el arranque de la Procesión de SF 1986, con la presencia de la ikurriña y una de las primeras actuaciones de Mari Cruz Corral, a pie de calle.]
SF 1986 con la inevitable
Por eso, ante su negativa a dejar de usarla, porque argumentaban: «no nos podemos plantear el llevar o no la ikurriña», y por desobedecer el Reglamento municipal sobre banderas y estandartes, en un tumultuoso Pleno (10.03.1988), que tuvo que ser suspendido por el alcalde en tres ocasiones ante los gritos de los concejales de Herri Batasuna, se aprobó una moción por la que se dejó en suspenso al Grupo de Danzas, lo que implicaba: actuaciones en público, ensayos, utilización de locales municipales y vestuarios, en tanto no se aprobara un nuevo reglamento del propio grupo. [Ese año de 1988 nació Duguna, que tomó su nombre de un espectáculo organizado por los danzaris municipales en 1951.]
12.10.65 Ezpata-dantza en la Quinta Avenida
En esa sesión, y como recogió la prensa local, un concejal batasuno dijo: «lo que les duele es que detrás de esa bandera hay un pueblo que se mueve y que no se rinde: seréis vosotros –los corporativos mocionantes– los responsables de los follones que haya, y si hay leña, la habrá para todos, ¡qué hostias!: no me extraña, que luego haya gente que recurra a lo que sea». Y el portavoz batasuno, Patxi Zabaleta, en un tono de voz elevado (como señalaba Diario de Navarra al día siguiente) dirigiéndose a mí, único concejal de Alianza Popular, me dijo que yo era el instigador de la moción y –transcrito del acta–: «El Sr. lñaki Palacios, que hace naturalmente de mezclador de mierdas y soplador de fangos en este asunto, sabemos que lo has hecho así, soplador de fangos y mezclador de mierdas, haciendo de Amedo Fouce municipal». 
Ante tales palabras, confieso que me siento afortunado, porque peor suerte corrió Tomás Caballero quien, un día de enero de 1977, siendo alcalde accidental, propuso colocar la ikurriña en la Casa Consistorial y dijo –del acta– que, al autorizar el ministro de la Gobernación la ikurriña, su primer recuerdo había sido «para los que dieron su vida por esa bandera, a quienes quiero rendir desde aquí mi público y emocionado homenaje». 
Años después, en 1998, siendo concejal de Pamplona, Tomás sería asesinado por ETA.
José Ignacio Palacios Zuasti fue senador por Navarra
Nota: 
en este enlace del Archivo Municipal podéis ver tres imágenes de la primera salida del Grupo Municipal de Danzas, el 29 de Noviembre de 1949

Nota 2: Y ahora, con Asirón, Duguna está propuesto para tirar el Cohete. Aún estás a tiempo (hasta el día 9) para votar por quién lanza el Chupinazo 2024. Que no decidan por ti.

sábado, 13 de abril de 2024

La "mayoría natural", más viva que nunca

Las flechas señalan el colegio José María Huarte, en la Vaguada del barrio San Juan
"Preparé una moción que contenía tres puntos... Después de mi intervención en su defensa, fue puesta a votación y rechazada con el «rodillo» de PSN-PSOE y Herri Batasuna". 
¿40 años después se avergonzarán?

TRIBUNA JOSÉ IGNACIO PALACIOS ZUASTI
40 años después, la mayoría natural de socialistas y batasunos sigue viva
Entonces, y todavía durante muchos años, a las víctimas las enterraban en silencio, por la puerta de atrás, y parecía que molestaban
El Debate 13/04/2024 
7,00 de la mañana del 13 de abril de 1984 –ahora se cumplen 40 años–, Jesús Alcocer, comandante de Infantería retirado y propietario de tres tiendas de alimentación llega, como lo hace asiduamente varios días a la semana, al mercado central de frutas de Pamplona –Mercairuña– y se dirige a un puesto de plátanos, cuando dos etarras, por la espalda, le impactan dos tiros en la cabeza y echan a correr. 
Flores para Jesús, 13 de Abril de 2024. 
Al fotógrafo de Diario de Navarra, Jorge Nagore, le pidieron en su periódico que acudiese allí en busca de imágenes. El aviso le llegó cuando ya había pasado bastante tiempo desde el atentado y, además, estaba lejos del lugar, por lo que intuyó que no tenía ninguna posibilidad de obtener una fotografía con cierto valor informativo. Su sorpresa fue grande cuando descubrió que el cadáver aún se encontraba allí, cubierto con un chal de cuadros que justamente ocultaba la cabeza y el torso, que a su alrededor había un poco de serrín, tres o cuatro barquillas y varias pilas de cajas de plátanos, que un hombre cargaba género en su furgoneta, algunas personas conversaban con aire distraído y otra se alejaba por el muelle con una caja de fruta en cada mano. Una mujer que se secaba las lágrimas al fondo de la escena confería al conjunto el único rasgo de verosimilitud. La soledad del cadáver de la víctima de ETA mientras la vida seguía a su alrededor era la mejor imagen de lo que en Pamplona, como en muchos lugares de Navarra, del País Vasco y del resto de España se vivió durante muchas décadas.
 El coche resultó partido en dos trozos. El más pequeño salió despedido en dirección al Colegio José María Huarte.  El mayor quedó encajado bajo la parte trasera del camión señalado con la flecha
Los asesinos, Mercedes Galdós y Juan José Legorburu, huyeron en un coche, que aparcaron en las proximidades del instituto Navarro Villoslada y del colegio público José María Huarte, entre los barrios pamploneses de San Juan y Ermitagaña, y la Policía Nacional lo descubrió a las 7.45 horas. Dos policías, Tomás Palacín y Juan José Visiedo, se acercaron a pie para examinarlo a fondo en una escena que era observada por Mercedes Galdós, responsable del comando Nafarroa, que se había disfrazado de monja para no levantar sospechas. Cuando la terrorista consideró que los policías estaban lo suficientemente cerca del vehículo, accionó el dispositivo que hizo estallar la bomba, que previamente habían colocado en él, provocando una explosión que se escuchó en toda la ciudad, e hizo que los cuerpos mutilados de los dos agentes salieran despedidos completamente irreconocibles, por lo que los miembros de la Cruz Roja tuvieron que emplearse a fondo para reunir sus restos, esparcidos por la acera, en los coches aparcados, en los jardines del instituto y hasta en los cristales de las viviendas próximas.
Balduz (PSOE) fue alcalde en el año 1979 (-87) con 5 ediles y los 7 votos de HB
Aunque ese 13 de abril, viernes de Dolores, fue una de las jornadas más negras de la historia de Pamplona, y de Navarra, el Ayuntamiento de la ciudad, del que yo era concejal de la oposición por Alianza Popular, y que estaba gobernado por los socialistas con el apoyo de Herri Batasuna y, como entonces nos recordaban constantemente en las sesiones plenarias: «Formaban la mayoría natural», no tuvo ninguna reacción, ni del alcalde, ni del Ayuntamiento, que no se reunió en pleno extraordinario; tampoco hubo ninguna concentración, ni se guardó ningún minuto de silencio. Nada. Todavía faltaban muchos años para los lazos negros o azules salieran a relucir. ¡Ay si en ese momento los muertos hubiesen sido unos terroristas de ETA! ¡Qué ayes! ¡Qué imprecaciones! ¡Qué llantos! ¡Qué expresiones de coraje y de rabia habríamos tenido que oír! Pero, como era ETA la que había asesinado, imperó la ley del silencio. Porque entonces, y todavía durante muchos años, a las víctimas las enterraban en silencio, por la puerta de atrás, y parecía que molestaban.
Flores para Jun José y Tomás, 13 de Abril de 2024 40º Aniversario
El día anterior, 12 de abril, se había celebrado el primer pleno ordinario de la Corporación de ese mes y el siguiente no estaba previsto hasta el día 27, por lo que la única posibilidad que tenía en mis manos para solicitar al Ayuntamiento que condenara esos terribles asesinatos era en la siguiente Comisión Permanente, a celebrar el día 18, miércoles Santo. Preparé una moción que contenía tres puntos:
 «1.- Condenar los actos terroristas denunciados y que han sido perpetrados por ETA en las personas de los citados asesinados, Sres. Alcocer, Palacín y Visiedo exigiendo, a la vez, del Gobierno y una vez más, que actúe con todo rigor contra esta banda terrorista. 
2.- Manifestar la más enérgica repulsa contra estos vandálicos actos que han ensangrentado nuestra tierra a costa de un trabajador pamplonés y dos servidores del orden. 
3.- Expresar el testimonio de pesar de esta Corporación a los familiares de las víctimas». 
Después de mi intervención en su defensa, fue puesta a votación y rechazada con el «rodillo» de PSN-PSOE y Herri Batasuna. 
Días después, la viuda de Alcocer, María Pilar Saz Ronco me escribió una cariñosa carta en la que me agradecía «las palabras en defensa de las virtudes de mi marido».
Hoy, en 2024, ETA ya no asesina, pero sus herederos gobiernan el Ayuntamiento de Pamplona después de que el pasado mes de diciembre presentaran una moción de censura a la alcaldesa de UPN, contando para ello con el imprescindible apoyo de los concejales socialistas. Por lo que, cuarenta años después, «la mayoría natural» de socialistas y batasunos –hoy Bildu– sigue viva.
José Ignacio Palacios Zuasti fue senador por Navarra
Hemeroteca DN
"Quedó tumbado en el andén, mediocubierto con
una manta mientras continuaban las operaciones
del mercado mayorista. hasta que el Juez ordenó el
levantamiento del cadáver". (Foto JORGE NAGORE)
No me podía creer que el PSN hubiera votado en contra de una moción tan elemental y he ido a la hemeroteca. Así despachó el Ayuntamiento esa moción de Palacios tras la mayor matanza de ETA en Pamplona:
19/04/1984 Moción de Coalición Popular 
Fuera del orden del día, el grupo de Coalición Popular presentó una moción de condena y repulsa por los tres asesinatos de la mañana del pasado viernes en Pamplona. La moción exigía del Gobierno que actúe «con todo rigor contra esta banda amante de la violencia», citando a ETA-M. Igualmente, se testimoniaba el pesar a los familiares. Palacios se refirió a Alcocer, al que conocía personalmente, como un «caballero enemigo de la violencia», cuyo «único pecado fue ser leal a personas e ideas hoy no en moda, sin cambiar de chaqueta, como otros». Añadió que «hemos perdido la capacidad de asombro» y en ese sentido, lamentó que con el cadáver de Alcocer en el suelo se siguiera trabajando en «Mercairuña». 
PSOE y HB votaron en contra y derrotaron la moción.
¡Increíble!

sábado, 25 de febrero de 2023

Don Joaquín Beunza y su calle

Antes y después de la calle Joaquín Beunza ARCHIVO/JOSÉ ANTONIO GOÑI
El artículo "Cuando cambió... la calle Joaquín Beunza", de A.O. en Diario de Navarra, nos obliga a desolvidar a este ilustre rochapeano, asesinado a comienzos de la Guerra Civil
Son muchos los barrios, calles y plazas de Pamplona que han vivido importantes modificaciones urbanísticas con el paso de los años. En la Rochapea, con el derribo de viejas construcciones, muchas de ellas residenciales pero también industriales, apenas son reconocibles algunas de las calles si comparamos los planos actuales con los de los primeros años de la segunda mitad del siglo pasado. 
Así sucede por ejemplo con la calle Joaquín Beunza, donde hasta bien entrados los años 80 buena parte de la superficie la ocupaban viviendas de dos o tres alturas y decenas de huertas muy cercanas a los márgenes del río Arga.
Curvando la calle, la casa donde nació Joaquín Beunza
En la imagen superior, por ejemplo, la calle Joaquín Beunza presenta un trazado sinuoso, adaptado obligatoriamente a los viejos edificios de la Rochapea más originaria. 
En el edificio que se aprecia en la fotografía, a la izquierda, nació en 1872 quien da título a la calle, hijo de hortelanos, que fue concejal en Pamplona, diputado foral y defensor de la participación de Navarra en la Comunidad Autónoma Vasca. Beunza fue fusilado (ver biografía: fue fusilado en el fuerte de Guadalupe de Fuenterrabía y por milicianos republicanos)  en 1936. 
A la derecha, en 1962, el promotor Claudio Urdániz Ciaurriz levantó un inmueble de 16 viviendas repartidas en cuatro alturas y según el proyecto firmado por tres arquitectos cuyos nombres comenzaban a despuntar con numerosos y destacados trabajos: Francisco Garraus, Javier Guibert y Fernando Redón. El edificio, que tuvo un presupuesto que rozaba los dos millones de pesetas, todavía permaneció muchos años rodeado de huertas y de una estrecha calle por la que apenas podían circular peatones y el tráfico rodado resultaba complicado. 
Hoy en día, con el cambio urbanístico de la Rochapea, la construcción se abre a una amplia vía con aceras y a un paseo peatonal que une Joaquín Beunza con la calle Río Arga.
SITNA 1966-71 / 2022; marca amarilla: casa de don Joaquín
Don Joaquín Beunza (por José Ignacio Palacios) 
Joaquín Beúnza Redín vio la luz en la calle de la Rochapea que hoy lleva su nombre, en el seno de una humilde familia de modestos hortelanos que no le podía costear los estudios, por lo que, tras obtener todo el bachillerato con sobresalientes y matrículas de honor, logró una beca que le permitió estudiar gratis la carrera de Derecho en Salamanca. Se doctoró en Madrid y amplió estudios en París. Entre 1901 y 1907 fue concejal del Ayuntamiento de Pamplona por el partido carlista y diputado foral entre 1908 y 1916. A partir de esa fecha fue asesor de numerosos ayuntamientos de Navarra, del Consejo de Navarra, del Banco de España y de la Diputación Foral que, en 1927, por sus brillantes aportaciones al Convenio Económico, le nombró Hijo Predilecto de Navarra. En 1931 fue elegido diputado por Navarra en las Cortes Constituyentes, siendo nombrado presidente de la Minoría Vasco-Navarra, en cuyo nombre participó en el debate del proyecto de Constitución, siendo un ardiente defensor de la concesión del voto a la mujer frente a la posición contraria y beligerante de los republicanos de izquierdas, de los radicales y de de los radicales-socialistas. 
Responso ante los restos de Joaquín Beunza frente a la sede del Círculo Carlista
de la plaza del Castillo. DN 8 Septiembre de 1936 AMP
El comienzo de la guerra civil le sorprendió en el balneario de Cestona (Guipúzcoa). Allá fue detenido el 23 de julio y, tras pasar por la cárcel de San Sebastián, fue conducido al fuerte de Guadalupe de Fuenterrabía donde, después de ser torturado, fue asesinado el 4 de septiembre.
JOSÉ IGNACIO PALACIOS ZUASTI

No entiendo por qué Pamplona se dejó arrebatar el nombre de  "Estadio Ruiz de Alda".
Enlace a La Pamplona desaparecida, donde se olvidan de la persona Joaquín Beunza