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jueves, 31 de agosto de 2017

'Maxi la cutera' (Máxima Ayerri)

Julio Cía 1953.  0. Casa de Vergara (J:J: Arazuri)  1. Bloque existente; lechería madre de
mi informante  2. Portalón-túnel  (quizás tapado por el carro) desde la calle
 al camino
Buen trabajo el de mi informante, 'Homero', identificando el lugar exacto de la cochiquera de 'Maxi la cutera' y llevando al Sitna y Maps los edificios de la fotografía.
***
No son muchos los datos sobre Maxi la Cutera que puedo ofreceros. Ni siquiera una fotografía de ella, aunque sí de su marido. Espigando en hemerotecas, preguntando a mis hermanos mayores, en páginas de internet,…, aparecen siempre frases cortas de una o dos líneas, destellos, flases... Mis recuerdos son también muy confusos. Creo que alguna vez la vi por la esquina de Curia con Dormitalería, pero no estoy seguro ni de eso. A partir de esta información, a pesar de ser tan escasa,  se puede afirmar con toda seguridad que:
0. Se llamaba Máxima Ayerri y el 12.09.1930 DN da noticia del nacimiento de una niña -Blanca- con el popular industrial don Ramón Ollacarizqueta (1895-1938):
1. Que era una mujer pequeña, de cuerpo doblado, aspecto sucio y desaliñado. Llama la atención de alguna hermana mía que llevara los zapatos rotos por detrás, de modo que se le veían los talones. Estos datos sobre su aspecto y vida marginal son todos posteriores a su viudedad, en 1938.
2. Que tenía una pocilga en la calle Errotazar. Se decía que iba tan sucia porque dormía con los cerdos. A metro y medio sobre el suelo -donde estaban los cutos-, tenía un cobertizo hecho con cuatro tablas donde dormía ella.
Chiste cruel 09/04/1989 La Semana Navarra Humor en conserva
Maxi, la cutera 
Era una mujer de aspecto sucio y desaliñado que criaba cutos en las afueras de Pamplona. Aseguran que dormía con ellos en la pocilga y, en una ocasión, le preguntaron:
-Oye, Maxi, es verdad que duermes con los cutos?
-Sí, hombre, y bien a gusto...
-Pero, ¿y el olor...?
-¡Bah... ya se han acostumbrado los pobrecicos...!  
0. Casa de Vergara 1. Lechería madre de mi informante  2. Túnel desde la calle al 
camino  3. Cochiquera de Maxi  4. Cauce del Canal  5. Puente San Pedro sobre el Arga
Portalapea, 1930 y hoy
3. Solía llevar un carro o carretilla en la que recogía sobras, peladuras para sus cutos (de ahí lo de ‘la cutera’). Hay que darse cuenta de que en la Pamplona de entonces no se tiraba nada. Nosotros, por ejemplo, las peladuras de las patatas se las llevábamos a las Siervas de María, de la Plazuela de San José, que tenían gallinas en la calle del Redin.
4. Aunque recorría las calles de la Navarrería y San Cernin, tenía el “cuartel general” en la belena de Portalapea (aunque Briñol asegura que en la de Pintamonas, o ‘Patio de los gatos’)
El 'Olla', marido de Maxi
5. A pesar de su aspecto, tenía fama de rica, con montañas de pesetas escondidas en algún lugar…  (esto no sólo pasa en Pamplona. En San Sebastián decían lo mismo de Chanchillo)
6. En varias páginas se asegura que sacó adelante a tres hijas, a las que dio estudios.
7. Y ahora viene el dato más sorprendente: esa mujer estaba casada con Don Ramón Ollacarizqueta (1885ca-Febrero de 1938), carpintero y popular personaje de la Iruña de principios de siglo, que compuso (con algunas ayudas que ya contaremos) para las fiestas patronales de la ciudad el "Píspiri",  unas coplas que también llegaron a hacerse muy populares. A partir de 1938, Máxima Ayerri quedó viuda y -supongo- se transformó en Maxi "La Cutera".
8. Si ya vimos un poema a Hojalata, terminamos con este otro, para Maxi la Cutera, que le dedica Juan José Erburu:
Maxi la cutera
No seré yo quien fabulitas urda
ni historia que no sea verdadera;
verdad es la de Maxi la cutera,
vieja astrosa, misántropa y palurda,
que, a ratos libres, entre curda y curda,
unos puercos criaba, zaborrera.
Nunca logróse averiguar quién era
más pestilente, ella o su zahúrda.
Pero aquel esperpento desastrado,
aquella cochambrosa arrabalera
tres hijas trajo al mundo de buen grado,
en sendos amoríos de soltera,
y a las tres, con su esfuerzo denodado,
les pagó -¡qué heroísmo!- su carrera;
si alguien mereció un "¡chapó!" sonado,
ese alguien fue Maxi, La Cutera.

lunes, 28 de agosto de 2017

«HOJALATA». IN MEMORIAM (J.J. Erburu Larrea)

Esta entrada es un complemento de 

Nuevos datos sobre 'Hojalata', el torero de la calle


Juan José Erburu Larrea “Ibero. El pueblo y su historia”
XVII. «HOJALATA». IN MEMORIAM
Hace unos días, en el transcurso de una comida celebrada en la casa que un amigo tiene en el campo, se suscitó el tema del olvido en que han caído aquellas personas que en Pamplona, años atrás, se labraron una leyenda con su forma de ser y comportarse, de tal manera que su nombre estaba en boca de todos.
En la discusión entablada entre los asistentes hubo quien, en términos jocosos, apuntaba dirigir una súplica al Ayuntamiento de la ciudad, solicitando se erigiese un monumento o se dedicase una calle de único nombre que recogiese el de todos ellos. Aparte de varios que fueron citados, el más nombrado y conocido resultó ser «Hojalata». Salieron a relucir infinidad de chascarrillos referentes al personaje, todos le conocieron y bastantes habían hablado con él, aunque pocos sabían de sus orígenes y su anterior vida. Me interesó el tema y he rastreado un poco el devenir del personaje en aquella Pamplona donde transcurrió la vida de «Hojalata».
Se llamaba Esteban Ibarrola Cullet. Dicho así, a pocos le sonará el nombre y creo que, en la actualidad, no serán muchas las personas que lo relacionen con un personaje que en la Pamplona de hace cincuenta años fue conocidísimo por la mayoría de sus habitantes.
Porque en los años cincuenta y sesenta, ¿quién no conocía a «Hojalata»?
Este era el apodo que le aplicaron desde que comenzó a trabajar de fontanero. En aquellos tiempos se aprendía el oficio comenzando de ayudante o aprendiz de un veterano en la materia. La fontanería en aquellos años era un trabajo de «artistas», había que hacerlo todo a mano: preparar las tuberías, hacer roscas, torcer los tubos a base de candilejas, prácticamente se estaba más tiempo en el banco haciendo los preparativos que culminando el montaje. En la actualidad lo puede hacer cualquier novato, viene todo preparado y basta con empalmar tubos y apretar las tuercas.
Entiendo que este habría sido el camino seguido por Esteban y lo debió de recorrer con mucho aprovechamiento, si hacemos caso a las referencias que de su habilidad con la candileja nos han llegado, de ahí el alias Hojalata. Hablaremos más adelante sobre ello.
La mayor parte de los que le conocieron lo recuerdan como el bufón del barrio de Calderería y San Agustín, del hazmerreír, el desecho humano al que se le podía insultar, expulsar de los bares dejándolo tirado en la acera o en el portal de su casa, incapaz de acceder al piso en que vivía.
Pero anterior a este, hubo otro Esteban, el muchacho que aprendió el oficio, que trabajó, que dejó muestras de su buen hacer en sitios tales como el Hotel La Perla, cuyas conducciones de agua, sanitarios, etc. él montó, un «Hojalata» hijo de una digna familia, con varios hermanos trabajadores como él y que, por causas que se nos escapan, se dio a la bebida para terminar alcoholizado y arrastrándose por las calles de la ciudad.
Esteban Ibarrola Cullet nació en el pueblo de Ibero el año 1917, hijo de Benito, natural del mismo, y de Francisca Cullet, natural de Azpíroz. Aparte de Esteban, el matrimonio tuvo otros seis hijos, cuatro mujeres y dos hombres, nacidos todos en el citado Ibero. Al igual que otros vecinos del lugar, vivían de unas pocas tierras arrendadas a algún terrateniente, ocupación que les proporcionaba un mísero pasar, por lo que la familia tomó la decisión de abandonar el pueblo, nada tenían propio, y acercarse a la ciudad en busca de trabajo y morada. Esto debió de ocurrir hacia el año 1930, ya que en esa fecha el padre, Benito, solicita al Ayuntamiento del pueblo de Ibero un certificado de buena conducta. ¿Lo necesitaría para algún trabajo?
Para entonces, Manuela su hija mayor, llevaba tiempo sirviendo en casa de unos señores en el pueblo de Burlada y parece ser que, por mediación de estos, o en la misma casa, encontró acomodo toda la familia hasta que la citada se casó y pasaron todos a vivir en el piso de la Calle de Tejería, piso que conservan los hijos de Manuela.
Dado que en aquellos tiempos se entraba de pinche o ayudante a temprana edad, entiendo que serían los años cuando Esteban comenzó su aprendizaje de fontanero. Esta situación de «meritorio» entrañaba un lado positivo, los conocimientos que se adquirían, pero también lo negativo de caer con un maestro poco escrupuloso de cara a encarrilar la enseñanza del alumno.
Las más de las veces ocurría lo segundo: el comportamiento del patrón venía a ser despótico, que, cual dueño de horca y cuchillo, tiranizaba a los aprendices imponiéndoles los trabajos más desagradables y penosos rehuidos por los oficiales, empleando la táctica de ser débil con los fuertes pero fuerte con los débiles, ocurriéndoles a estos que, aparte de no cobrar soldada mientras duraban los años de aprendizaje, eran sometidos a toda clase de vejaciones, tanto de palabra como de obra.
No digo que todos ellos obraran de esta manera, no, pero la mayor parte se regían por este o similar método de enseñanza. Conforme se ganaba en años y experiencia, se asumían nuevas responsabilidades, comenzaba el tiempo de poner en práctica lo aprendido, hasta entonces la responsabilidad concernía al oficial al que habías acompañado, a partir de entonces, debías ser tú el que lo hiciera. Esto en el caso de que hubiera trabajo de por medio, en caso contrario, a la calle y a buscarte la vida.
Por referencias que me han llegado, Esteban se encontraba en el primer grupo de aprendices afortunados. Trabajaba para un patrón que tenía el taller en la Calle de Calderería junto con dos operarios más, era un buen trabajador que había asimilado los secretos del oficio, de tal forma que, pese a su juventud, era enviado allá donde se presentaban dificultades, y era tenido en gran estima por su valía.
A los diecinueve años fue movilizado como gran parte de la juventud y llevado al frente. Tuvo fortuna y, tras los tres años de contienda, volvió a casa, aunque nuevamente tuvo que reincorporarse y hacer dos años más de «mili» a cuenta del «maquis».
Quienes le conocieron de toda la vida, Ibarrola antes y «Hojalata» después, achacan a las penalidades sufridas durante todos esos años la transformación ocurrida años más tarde en la persona de Esteban.
Reanudado el ritmo de vida tras el paréntesis de esos cinco años, ningún síntoma hacía prever que el comportamiento fuera a ser diferente al que había tenido años atrás. Nada hacía sospechar el cambio tan profundo que se estaba gestando, ningún detalle daba a entender que algo especial había irrumpido en su cerebro, que comenzaba a adueñarse y terminaría cambiando su personalidad.
¿Fueron las penalidades sufridas en la contienda, los recuerdos dolorosos, las tribulaciones padecidas, los que debilitaron su cabeza? ¿O fue el triste devenir de la posguerra, la vida mísera de aquella etapa tan larga, la falta de futuro lo que motivó el cambio? ¿Fue el alcohol el puerto donde recalaron sus ilusiones, donde enterró sus desencantos, donde encontró el escape a sus pesares?
Con el transcurso de los años, la personalidad comienza a tomar nuevos derroteros, no se interesa por los trabajos que desarrolla, pierde la afición por el trabajo bien hecho, comienza a abandonar la profesionalidad que le ha caracterizado sin importarle que el acabado esté bien o mal, poniendo más empeño en los bares del entorno, que comienza a visitar con asiduidad. Es la cuesta abajo que le conducirá a la degradación.
Durante bastantes años, el patrón, sea como recompensa de los años bien trabajados, por amistad o por caridad, lo mantuvo en nómina, bien es verdad que, como lo bien aprendido nunca se pierde, en los ratos que se encontraba sobrio, acudía al taller echando una mano en lo que hiciera falta, pero eran los menos y si acaso por las mañanas.
Conforme fue deslizándose por la pendiente del alcoholismo, comenzó a desvariar obsesionado con el toreo y, creyéndose una figura, la mayor parte de las tardes armaba el taco en la calle de la Estafeta, haciendo el paseíllo como si estuviera en la plaza y, empleando la boina como muleta, daba toda clase de derechazos, naturales, chicuelinas, manoletinas y todas las «finas» del repertorio, ante la atenta mirada de los paseantes que, tras la sorpresa inicial, lo jaleaban con «olés» como si del mismo Manolete se tratara. Y todas estas artes taurinas las desarrollaba no ante algún cornúpeta escapado de los corrales, no, sino con los coches y motocicletas que circulaban por las calles, poniendo en grave peligro tanto su integridad, dado su afán por arrimarse a la «fiera», como la de los conductores por esquivarlo.
Sus «actuaciones» comenzaron a ser la comidilla en las tertulias de bares y tabernas del barrio de Calderería, en el momento que entraba en cualquiera de ellos, su presencia era motivo de algazara y bullicio a cuenta de la controversia que se organizaba entre los que decían admirar la clase que atesoraba, defendiéndolo y los detractores, negándola. Hubo ocasiones en que fingieron llegar a las manos, cual seguidores de Belmonte y el Gallo, desistiendo del enfrentamiento cuando intervenía a ruegos del respetable poniendo las cosas en su sitio, sentencia que era acatada por ambos bandos sin rechistar.
Somos los humanos crueles con nuestros semejantes que adolecen de algún defecto, en vez de ayudarles nos regocijamos aireándolo y en el mejor de los casos lo ignoramos, o lo alentamos sabiendo que le estamos perjudicando, pero como nos divierte...
Esto era lo que ocurría con el «Hojalata», cada invitación era un paso adelante hacia el embrutecimiento de su cerebro, cada vaso de vino era un atentado a su cabeza enferma, un empujón en la cuesta abajo que terminaría en la idiotez.
Y esto era alentado por sus «amigos», sus conocidos de toda la vida, con los que habían jugado en otros tiempos, habían correteado por el barrio, los que habían trabajado con él. Ahora se había transformado en el histrión y causaban gracia y risas sus «faenas» y, aunque veían que aquel camino conducía a su destrucción, lo jaleaban, riéndole las «gracias».
Para entonces, los años cincuenta, el patrón lo había expulsado de su empresa viéndose obligado a buscar trabajo diferente. En aquellos años de penuria, Navarra era un desierto en cuanto a ofertas de trabajo. Existían en la ciudad «cuatro» pequeños talleres que empleaban escasa mano de obra y los que se iban incorporando al mercado del trabajo, se las tenían tiesas para encontrar colocación.
Si difícil lo tenía un operario normal, ¿qué podía esperar el «Hojalata», dada su leyenda? ¿Quién se iba a arriesgar a contratarle y para qué? ¿Estaba en condiciones físicas de sobrellevar un trabajo, dado el estado de ruina que mostraba?
Encontró uno y pronto, no sé si por recomendación o porque el nuevo patrón vio en Esteban cualidades que el resto no intuían o porque nadie lo quería. Se colocó de carbonero. No para vender género, sino para repartirlo por las casas. El trabajo era durísimo, había que cargar los sacos, transportarlos y subir los pisos que fuera necesario para entregar la mercancía. Si pesado era de por sí, añádase el aguantar la atmósfera del carbón.
¿Quién podía pensar que aquella figura esquelética, vestido con un mono azul, que adornaba su cabeza con un saco de cáñamo, calzado con alpargatas lloviese o nevara, podría transportar tales cargas y no acabar aplastado por su peso? ¿Era la misma persona que tras la agotadora jornada se exhibía en la Estafeta? ¿De dónde sacaba fuerzas aquel cuerpo tan castigado?
¿Fue su rebeldía contra lo establecido lo que le proporcionó la necesaria energía para aguantar la nueva situación, transformándose en un nuevo doctor Jekill y Mister Hyde, esforzándose durante el día en el duro trabajo, para, al atardecer, dar rienda suelta a sus fantasías taurinas?
Durante bastantes años asombró a los que le conocían aguantando un trabajo que otros no hubieran soportado. Al retirarse por la noche zigzagueando por la calle en busca del portal, nadie podía pensar que, al día siguiente, sería capaz de acudir al trabajo y aguantar la jornada como uno más. De esta guisa aguantó bastantes años. Aunque su salud se fue deteriorando, no por ello abandonó las prácticas taurinas en las calles del barrio. Llegadas las siete de la tarde, lloviera, nevara, hiciera frío o calor ejecutaba el paseíllo y tomando el capote —el saco de transportar carbón hacía las veces— se plantaba ante el imaginario morlaco, ejecutando verónicas, trincherazos y toda suerte de lances inherentes al arte del toreo (habría sido en tiempos buen aficionado, ya que dominaba mejor o peor todas las artes, tanto de capote como de muleta).
De inmediato, el personal le hacía corro jaleándole y era de ver cómo se esforzaba en los pases de pecho, cómo doblaba la cintura hurtándola al cuerno asesino, cómo giraba sobre la punta de los pies ciñéndose al cornúpeta, la sonrisa al conseguir el pase imaginario, el perfilarse a la hora suprema de entrar a matar y, una vez enterrado el acero entre las agujas, con qué garbo paseaba ante la concurrencia.
Lo conocí en sus últimos años, cuando era prácticamente una ruina, lo que he narrado lo presencié varias veces, no muchas, y he de confesar que, si la primera vez me causó risa por la novedad, las veces siguientes me causó conmiseración y pena.
Al final, sin trabajo ni medio de subsistencia —las hermanas y sobrinos le aguantaron hasta el fin— pasaba el día en los bares, unos le daban un vaso de vino por compasión, otros le sacaban a la calle con cajas destempladas —donde antes entretenía, ahora molestaba—. Tuvo que recurrir a la mendicidad para pagarse su vicio, bien es verdad que poco necesitaba, pues con pasar ante la puerta de dos establecimientos era suficiente para emborracharse, hasta tanto había llegado su adicción. Los últimos años se convirtió en un desecho, con barba de semana sin rasurar, negro cetrino, reminiscencias de su trabajo, por toda vestimenta usaba un mono azul y una boina, prenda de la que nunca se desprendió, nunca usó zapatos, siempre alpargatas, con buen o mal tiempo, lo que le ocasionaba terribles enfriamientos y varias pulmonías que adelantaron el final.
Finalmente fue espaciando sus salidas a la calle, ya no era el “Hojalata” torero, el diestro de la Estafeta, el émulo de Cúchares, el maestro de la torería, las fuerzas le iban abandonando y pasaba las horas sentado en un banco cara a la Plaza de Toros y, al tiempo de tomar el sol, cantaba y recitaba, cual juglar del medievo, las gestas que le encumbraron a la gloria.
Se fue humildemente, sin ruido, sin que nadie se enterara, una neumonía se lo llevó a otra vida, donde espero haya conseguido lo que con tanto ahínco intentó en esta, torear de verdad, enfrentarse a un cinqueño de Victorino al que, tras faena redonda, le haya cortado las dos orejas y el rabo.

¡VA POR TI, «HOJALATA»! 

lunes, 20 de junio de 2016

Nuevos datos sobre 'Hojalata', el torero de la calle

"Vinos, meriendas, licores", dice el curioso letrero de Casa Plácido
Inge Morath 1954 Rochapea vieja
Actualización 29.08.17
No hace mucho conocí a Homero, una persona entrañable y, además, el artista que hizo el poema "Hojalata, torero urbano" que leeréis al final. Si esa sorpresa ya es impactante (ver comentarios), tuvo el detalle de pasarme un libro con un capítulo titulado "Hojalata. In memoriam" (pinchando ahí lo podéis leer completo), de Juan José Erburu Larrea, historiador de Ibero, el pueblo donde nació Esteban Ibarrola, 'Hojalata'. Dicho lo dicho, no queda otra que actualizar esta entrada, de hace más de un año, con los nuevos datos.

***
Un niño de pantalón corto va a la tómbola por la Bajada Javier y, atraído por unas voces, corre hacia el final de Estafeta. Un buzo azul oscuro, casi negro, dibuja unos naturales larguísimos, eternos… La boina en su mano hace de muleta ¡¡¡Oooole, ooooole, oléeeeeee!!!!! Su cuerpo alto, su cara angulosa marcan -tras el desplante- un gesto de orgullo. Y ahora el pase de pecho. Oooooleeeé!!! Tambaleándose se vuelve desafiante hacia el respetable.
El niño aplaude entusiasmado a Hojalata.
***
Tres imágenes de Inge Morath de los Sanfermines de 1954 y un poema de “Homero” (quien, además, ha identificado Casa Plácido) han conseguido que mis recuerdos tengan un asidero. Y una prueba de que no era yo el único que lo admiraba.

Biografía de Hojalata
Esteban Ibarrola Cullet, Hojalata, nació en Ibero en enero de 1917 y era hijo de Benito, natural del mismo pueblo, y de Francisca Cullet, natural de Azpíroz. Aparte de Esteban, el matrimonio tuvo otros seis hijos, cuatro mujeres y dos hombres, nacidos todos en el citado Ibero.
Hacia 1930, seguramente por motivos económicos, la familia se traslada a Pamplona, viviendo en un piso en la calle Tejería.

calle Calderería (1952) de J. J Arazuri
Por aquellos años Esteban debió de comenzar como aprendiz de fontanero (plomero, hojalatero..., de ahí el apodo) para un patrón que tenía el taller en la Calle Calderería junto con dos operarios más; era un buen trabajador que pronto asimiló los secretos del oficio, de tal forma que, pese a su juventud, era enviado allá donde se presentaban dificultades, y era tenido en gran estima por su valía, llegando a realizar la conducción de agua y el saneamiento del Hotel La Perla.
En 1936, a los diecinueve años fue movilizado como gran parte de la juventud y llevado al frente. Tuvo fortuna y, tras los tres años de contienda, volvió a casa, aunque nuevamente tuvo que reincorporarse y hacer dos años más de «mili», a cuenta del «maquis».
Quienes le conocieron de toda la vida, Ibarrola antes y «Hojalata» después, achacan a las penalidades sufridas durante todos esos años la transformación ocurrida años más tarde en la persona de Esteban. 
Hay, sin embargo, una versión que habla de un accidente, por aquellos años 40, en el que murió un hermano, accidente que empujó a Esteban a la bebida. Versión que queda desmentida por la información del fallecimiento de un hermano, Florencio, en la instalación de un ascensor, pero mucho más tarde, en 1969: en la esquela aparecen los seis hermanos restantes.
Sea como fuere, durante bastantes años, el patrón, quizás como recompensa de los años bien trabajados, por amistad o por caridad, lo mantuvo en nómina hasta alrededor de 1950, cuando fue despedido.
Sin embargo Esteban encontró trabajo de repartidor de carbón a domicilio, trabajo durísimo e insalubre.
Vivió en Calderería 32, 3° y sus últimos cuatro años transcurrieron en la Misericordia. Una neumonía acabó con su vida el 26 de junio de 1983, a los 66 años de edad.
Miguel Ángel Alústiza, coordinador en la Meca de actividades socioculturales, confesó que guardaba de él un recuerdo entrañable. Y destacó los 'Versos del Torero Urbano' que le dedicó Homero "y que lo reflejan muy bien, con gracia y con mucho cariño". 
Hojalata formó parte del paisaje pamplonés de mi infancia. Y hoy es uno de esos recuerdos que tienen un halo de tristeza.
En este blog de Sánchez Murugarren tenéis también un bonito escrito sobre Hojalata.
Act. 03.11.18 Homero ha identificado Casa Plácido, situada junto al Puente Rochapea
Hasta allí bajó Inge Morath, seguramente, a comer y a fotografiar a Hojalata en 1954

TORERO URBANO
ESTEBAN IBARROLA “HOJALATA”
No fue Pamplona elegante
con aquel ser tan humano
por su actitud hilarante
hacia el célebre paisano
que fue filósofo errante
y primer torero urbano.

De Cúchares sucesor,
émulo de Manolete,
de Camino antecesor,
Profesor fue de Antoñete,
y creo que precursor
del pase del molinete.

Era su filosofía
el abrazarse con Baco
y cuando, vencido el día
-y unos tintos en el saco-,
ascender por Tejería
dispuesto a montar el taco.

Como nunca fue lacayo
ni tuvo ninguna meta,
hizo de su capa un sayo,
de su boina, una muleta,
y saltaba como un rayo
al coso de la Estafeta.
y montera de valiente.
fuese por su Giraldilla
famoso en el Continente.

Los pintureros desplantes
que disiparon la bruma
de aquella Pamplona de antes
merecen, sin duda alguna,
ser loados por Cervantes,
no por paupérrima pluma.

A tu memoria se abraza
la gente que te venera
contigo se fue la raza
de los toreros de acera,
aunque no llenaste Plaza
llenaste Pamplona entera.

Hará que mi pluma calle
aunque mi fe, se desploma
si Iruña tiene el detalle
que con Gaudí Barcelona,
dedicándole una calle
en el centro de Pamplona.

Tu vida tan insumisa
que de años pasados data,
aunque no lidió divisa
ni fue Oreja de Plata,
por sacarme la sonrisa,
gracias te doy, Hojalata.
Homero


Su mono por taleguilla,
su boina, polivalente,
era también muletilla

domingo, 19 de junio de 2016

Personajes populares recordados por Alústiza

 Antonio Coronado "Er Niño" junto a Galo Vierge "Bonarillo". Salesianos, febrero del 61
En la Revista del Club Taurino, en el nº 18 del mes de abril de 2012, en un artículo firmado por Emilio, se recoge una charla que dio Miguel Ángel Alústiza en el Taurino sobre personajes populares, aficionados a los toros, que acabaron sus días en la Casa de Misericordia.
Alústiza en enero de este año
Como bien sabéis, Miguel Ángel Alústiza fue empleado de la Casa Misericordia, donde se encargó, durante décadas, de las relaciones públicas y la coordinación de actividades socio-culturales. Es, pues, una fuente inagotable de información fidedigna que quiero aprovechar. 
Al primero que trajo Alústiza fue a Galo Vierge, a "Bonarillo". El escritor Ricardo Ollaquindia, que dio charlas en la Misericordia, decía así: Don Galo Vierge "Bonarillo", renombrado crítico taurino y excelente descriptor de tipos populares, publicó en la revista Pregón varias semblanzas de nuestros personajes. 

"Perico, toca la corneta"
Una de 1969 la tituló "Perico, toca la corneta". Y Perico, que era de Caparroso y desde niño estuvo en la Misericordia, se sentía importante cuando los niños o mayores se lo pedían. Cerraba la mano como si llevara la corneta, la apretaba contra sus labios en posición de tocar, y con todas sus fuerzas simulaba maravillosamente el sonido interpretando dianas militares, y de forma especial los toques de cambios de tercio en las corridas de toros.

Venceslao Lecumberri, "Uve"
Otro de los personajes al que dedicó una semblanza Galo Vierge fue a "Uve", sin duda el más conocido de todos ellos al que describía así: Venceslao Lecumberri, "Uve" para todos los que lo conocen, nació en Pamplona, en la calle Descalzos, el 4 de octubre de 1906. Ese hombre con cara de niño que pasea su fantasía por la ciudad, tratando primero de imitar a toreros, y después a futbolistas para defender los colores de Osasuna. 'Uve' gozó de gran popularidad y simpatías en Pamplona. En la Casa Misericordia le hicieron un homenaje en el que participó gente del "Anaita", del Oberena, del Muthiko. y hubo un partido de fútbol entre una selección de veteranos de Osasuna y la selección de Boscos. Murió el 13 de abril de 1992.

Felisa Munárriz Armendáriz 
Felisa en 1920
[(Pamplona, 1892-Pamplona, 1977), soprano. Triunfó en diferentes teatros españoles e italianos interpretando óperas y canciones españolas.]
Felisa Munárriz, aficionada a los toros, que murió en la Meca, tiene dedicada una plazoleta en la Milagrosa junto a la parroquia de San Fermín.. Fue una soprano pamplonesa, con cierto renombre, que cantó en Milán. Le gustaban los toros y ocupó una barrera el 10 de Julio de 1947 en la última corrida que Manolete toreó en Pamplona, y lo hizo con Gitanillo de Triana y Julián Marín. Yo guardo un abanico que le firmaron los tres toreros. Aquel día Julián Marín cobró 50.000 pts., Gitanillo de Triana 65.000 y Manolete 250.000.

Sor Felisa, monja de la Meca
Sor Felisa, la monja de la Meca que cuando venía tormenta y podía suspenderse la corrida, pedía a San Fermín que no lloviera. Para presionar al santo sacaba su imagen a la ventana y le decía: Si llueve, tú te mojarás el primero. 

Esteban Ibarrola, "Hojalata"
Otro personaje inolvidable fue Hojalata, del que Alústiza guarda un entrañable recuerdo. Destacó los 'Versos del Torero Urbano' que le dedicaron y lo reflejan muy bien, con gracia y con mucho cariño. Esteban Ibarrola nació en Ibero en enero de 1917, vivió en Calderería 32, 3° y sus últimos cuatro años transcurrieron en la Misericordia.
Nota: sobre Hojalata próximamente, quizás mañana mismo, sacaré un material que espero que os guste hasta emocionaros.

Otros personajes
Siguió enumerando personas que estuvieron hasta el final de sus días en la Meca y fueron aficionados taurinos. Recordó a Ginés, dibujante caricaturista del “Pensamiento Navarro" al que Bonarillo le pedía apuntes de la plaza de toros. 'El Cuenca', José María Mora "Monta", Jesús Zapatero, Tomás Elso "Cubitos', que era el correo entre el Taurino y la Meca, el maestro Bravo, Carroza, y Jerónimo Echagüe (baja hasta ver Pinceladas, 8º párrafo). 
(Perdonadme, pero tan sólo he encontrado lo poco que veis en rojo. Tendré que hablar con Alústiza)
***
Son muy escasos los datos que hay en la red sobre personajes populares, marginados, especiales... que conocí o de los que oí hablar en mi infancia. Estoy pensando en Pantierno, Maxi la cutera... y quiero que tengan cabida en mi blog. Así que todos los datos que me podáis mandar (patximendiburu@gmail.com) serán muy bien recibidos.

lunes, 18 de abril de 2016

De profesión, 'chabolista licenciado'

Un grupo de operarios recogen la basura acumulada junto a las chabolas levantadas
detrás del club de Tenis, en Santa Mª la Real. EDUARDO BUXENS
Chabolas con ‘licencia’ en Pamplona                      Por JOSE MURUGARREN @sejorumu
El Ayuntamiento de Pamplona está consolidando un grupo de chabolas y trata de convencernos a todos de que afronta con soluciones el asentamiento. Son fuegos de artificio que dan carta de naturaleza a la precariedad en un barrio de la ciudad

Comentarios en Facebook

Es una combinación de propaganda política e ineficacia la receta escogida por el cuatripartito del Ayuntamiento de Pamplona para afrontar la solución al asentamiento chabolista de Santa María la Real, en la trasera del club de Tenis. El equipo de gobierno que lidera Bildu con Geroa Bai, Aranzadi e IE ha decidido instalar baños químicos y adecentar el suelo en un campamento ilegal levantado en el centro de la ciudad y presentar estas iniciativas ante la opinión pública como si de una solución imaginativa se tratara.


Perpetuar la precariedad
Poner baños a unos chamizos inhabitables en los que se cobija un grupo de ocho o nueve personas no resuelve nada. Consolida la precariedad, perpetúa la miseria que padecen esas personas y difiere a otro momento la solución. Lo paradójico es que lejos de sonrojarse, quienes han urdido el plan se regocijan presentándose en sociedad como políticos sensibles, comprometidos y eficaces gestores al aplicar un supuesto despliegue de atención a la emergencia social. Las medidas si revelan algo es la torpeza de los responsables municipales al encarar una situación con disposiciones que prolongan el asentamiento. El ayuntamiento, su equipo de gobierno, no afronta la circunstancia, está a la defensiva frente a los vecinos del barrio y la oposición. Le basta con generar ruido. Ha movilizado a buen número de departamentos, ha celebrado ruedas de prensa, elaborado notas informativas y creado revuelo declarativo, pero a la postre carece de planteamiento creíble que resuelva el contencioso. Las decisiones tomadas son ocurrencias que no atajan la hemorragia. Y tampoco satisfacen a ninguno de los perjudicados. Ni al club de Tenis, propietario del solar e impulsor y pagador de la limpieza y recogida de cientos de kilos de basura, ni a los vecinos, que el martes mostraron al alcalde y a los concejales su enorme disgusto en la reunión de barrio que mantuvieron. La solución arbitrada no resiste el mínimo análisis ni técnico ni de sentido común porque el Ayuntamiento está apuntalando una grave situación de precariedad.

Pincha en Google Maps para ver el asentamiento chabolista
Doble rasero
No sólo no se han despejado nubarrones en este expediente. El cielo amenaza tormenta. El razonamiento que debería vertebrar la actuación del gobierno municipal es la urgencia de acabar con las deficiencias de salud, el alojamiento y la inserción sociolaboral del colectivo de personas que malviven de la chatarra y se cobijan en chabolas insalubres a las que el ayuntamiento instala retretes de camping. Es casi ridículo. En lugar de comprometerse en un desenlace rápido y apropiado el cuatripartito articula el embrión de un ‘minicampamento’ de refugiados que da por buena la fragilidad y la pobreza en la que viven ocho o nueve personas. Acepta la vulnerabilidad que debería combatir. Los concejales de Bildu, Geroa Bai, Aranzadi e IE, a quienes corresponde gestionar el expediente, miran de soslayo la difícil situación y ni siquiera atienden la emergencia más indispensable que es alojarlos en un espacio humanizado (albergue o vivienda) habitable. Dan carta de naturaleza a unas infraviviendas levantadas con material de desecho.



Pero no es el único problema. La inacción del ayuntamiento genera perjuicios a los residentes del barrio. El ayuntamiento exige licencias de obras, de apertura o contribución urbana a vecinos y comerciantes. Es decir, la misma institución -que fiscaliza la habitabilidad de los pisos de la zona a cientos de ciudadanos- autoriza la vida humana en unos chamizos que se ponen por montera la salubridad y la higiene con riesgo para sus inquilinos y para los vecinos de las viviendas próximas, a quienes exige el cumplimiento lógico de cada una de las normas establecidas. Tremenda discordancia. Y la contradicción es precisamente la forma menos política de resolver los conflictos. Una manera de “doblepensar” que planea acometer como congruentes dos reflexiones contradictorias y lo que es peor, persigue que los ciudadanos nos creamos que esa estrategia es coherente y además progresista.

martes, 12 de abril de 2016

Al margen: Artola (Actualización)

Banco: Pedro (Rosfer, de pie), Beru (fumando), Estanis (leyendo) y Encinas (barba oscura)
¿Quién era Artola?
(Ver algunos comentarios de Facebook. Gracias a la información aportada por Pilarcho Sarasa, sabemos ahora que el nombre completo de Artola era: José Ignacio Artola Aguirre, de Tudela -según Ricardo Ollaquindia. Y que fue cogido en el encierro del día 9 de 1980. Fueron, por tanto, toros de Fermín Bohórquez)

Estanis en su primer día en el Zagit
Todo el mundo le llamaba por el apellido y nadie por su nombre.
Unos dicen que era de Tudela, otros que de Vitoria. Hay quien asegura que tenía un euskera como de la zona de Lesaca. Ahora mismo me acaba de decir otro que era de Alsasua.
Me cuenta una amiga que sus padres le bajaron su propio colchón, para que no durmiera sobre cartones. Otro amigo, Estanis, que llevaba el famoso Bar Zagit, el de la Plaza Roja (Mº de Iranzu), le encargaba que recogiera los vasos que quedaban por la plaza, y a cambio recibía un bocadillo y una botella de vino. Porque Artola bebía generosamente.
Que murió en la bajera de la calle San Alberto, en el barrio de San Juan, afirma alguna gente. Pero la mayoría asegura que, tras el incendio, desapareció del barrio. Yo oí que lo habían encontrado muerto, al tiempo, en un portal.
Sobre su muerte acaba de entrar (13.04.16, a las 09:45) este comentario. Muchas gracias:
Patxi Paz Lo conocia del barrio de San Juan, murió de un infarto en la puerta del bar La Bodega en la calle Martín de Azpilicueta, y dormía en una bajera de la calle Virgen del Puy que posteriormente incendiaron !! Siempre te pedía un pitillo o te ofrecía un trago de vino de su cartón; buenas conversaciones nos daba en la puerta del taller ADA que había en la calle Monasterio de la Oliva. Un figura !! D.E.P
Todo el mundo coincide en que se hacía querer, que era muy simpático, como un niño, inofensivo. Tan inofensivo que algún otro, también marginado, se aprovechaba de él.
Era, algo así, como la mascota del barrio San Juan.
Unos le echan la culpa de su marginación a un accidente de tráfico que le dejó un poco "p'allá". pero que antes había tenido el oficio de tornero. Otros, que ya era  así de nacimiento.
Cuando le pilló el toro, en 1980 (esto sí que es seguro, pero -para variar- no sé si el 7 o el 8 -al final, el 9), me dije que tenía que ir a verle. Pero ya sabéis lo que son los sanfermines: un día por una cosa, otros por otra... Al final fui el 14, pero a las 08:05, y para quedarme un par de semanas. Desde entonces, que hablamos de nuestras operaciones, se deshacía en elogios hacia mi tío Tomás Belzunegui que, en alguna otra ocasión, le había hecho una intervención maravillosa.


La cogida de Artola
En las terribles imágenes que vais a ver, hay un montón de gente en ese ángulo muerto del Ayuntamiento. Afortunadamente, lo hicieron desaparecer enseguida.
Artola lleva en la mano, envuelto en papel o plástico, algo que parece un bocadillo. No lo suelta en ningún momento.
Estoy convencido de que Artola estaba ahí porque creía que ya había acabado el encierro y quería pasar hacia la calle Mayor o Nueva.
El toro le metió una buena cornada en el muslo que tardó en curarse bastante tiempo, según me decía. Cuando ya sanó del todo, se hizo con algunas fotos de la cogida y las enseñaba por la calle. Alguien se encargó de hacerle fotocopias para que pudiera intercambiarlas por un bocadillo o una botella de vino.
Artola, aunque caías bien y la gente te quería, no tuviste mucha suerte en la vida. Espero que luego te haya ido mejor. Supiste hacerte un hueco en nuestro corazón y en nuestros recuerdos.

Lo siento, pero You Tube considera que la Historia y el Encierro de Pamplona ofenden gravemente la sensibilidad. Y me lo han eliminado. A lo largo del día, intentaré arreglar esta injusticia.

Arreglado (espero). Aquí podéis ver la cogida de Artola en el minuto 2'27"

Testimonios
Un par de testimonios de personas que trataron con él
Testimonio de Paqui, vecina calle San Alberto:



El testimonio de Paqui de la bajera de C/ San Alberto queda confirmado por David A.U.:
Apreciado PatxiLa bajera donde se quemó el pobre Artola estaba en San Alberto 9., trasera, frente al gimnasio del CP Jose María de Huarte. Hasta hace pocos años, y quizá aún, se notaba ladrillo ennegrecido en el primer piso.En el incidente estuvieron implicados Artola y un mendigo apodado "el portugués" . Discusión, pelea, intento de quemar uno al otro, pero no sé
Un saludo 

Testimonio de Estanis, dueño del Zagit, que desvela una faceta desconocida: el pasado laboral de Artola en Alsasua.




10:00h del 13.04.16. Ignacio Murillo nos envía estas declaraciones y este recorte de DN sobre la cogida:
Estimado Patxi; 
Te hago llegar el parte médico del 9 de julio de 1980 con la cogida de Artola y unas declaraciones que he rescatado suyas. 
También una foto, no de mucha calidad, rescatada del periódico. 
"Había estado viendo el encierro, bajé a la calzada creyendo que ya habían pasado los toros pero quedaba uno"
Según cuenta él mismo, era originario de Tudela, de profesión marmolista. Tenía 29 años en 1980. 
"Nunca corro en los encierros, pero los suelo ver de cerca. Cada vez que lo pienso me pongo nervioso. Creo que, a pesar de todo, el animal aún fue noble, porque me podía haber destrozado". 
Un saludo cordial,
Ignacio

Actualización 16 de Junio de 2020. Esquela
He conseguido la esquela que le pusieron unos amigos del barrio. Artola murió con 33 años:
EL JOVEN José Antonio Artola Aguirre, recientemente fallecido -R. I. P. Sus amigos INVITAN a la misa que en sufragio de su alma se celebrará MAÑANA DOMINGO, día 18, a las SIETE de la tarde, en la iglesia parroquial de la Asunción (Barrio San Juan), por cuya asistencia les quedarán muy agradecidos. PAMPLONA 17 DE MARZO DE 1984.