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sábado, 20 de agosto de 2016

Luisa Delgado: "Rebelión en el baserri"


Este artículo de Luisa Delgado parece que se dirige a Euskadi, pero, en cuanto empezamos a leerlo desde Navarra, enseguida vemos que se puede aplicar aquí perfectamente. Por ejemplo, la toponimia, en algún caso ya oficial, aunque sea una patraña: Azkoien, Larraina, Txantrea… El simple uso de la expresión lengua vasca (no digamos vascuence) en lugar de decir euskera, ya provoca sonrisitas irónicas en ciertos sectores, agurparlantes fundamentalmente. Los que se llaman nombres vascos son, en su mayoría, inventados por un racista: Sabino Arana, fundador del PNV. Por cierto, ¿sabéis cómo  quería Sabino ponerme a mi? ¡Pantzeska! ¡Toma ya!

Como dice Luisa, ¿a qué esperamos para rebelarnos y actuar sin complejos?


Rebelión en el baserri por Luisa Delgado

Todos los días me hago la misma pregunta y parece ser que la respuesta -a este paso- será: “nunca”.
Veo una sociedad vasca totalmente adoctrinada por el nacionalismo vasco, una sociedad sumisa y acomplejada. Y es lógico -dentro de la anormalidad de la sociedad vasca- que esto pase porque, tras décadas de bombas-lapa y tiros en la nuca, es normal que se haya inoculado un miedo en la sociedad vasca que tardará décadas en curarse.
Este miedo se manifiesta de diferentes formas.
Una es el repugnante silencio cobarde. Cuándo ETA asesinaba, pues no decir nada, no expresar la más mínima crítica. Como quien oye llover en esta tierra.
Otra forma de miedo y todavía más repugnante es el síndrome de Estocolmo. Tal es el miedo que hay que hacerse perdonar cómo sea, y para ello hacerse victimario, aunque uno sea nacido en León.
Este miedo por no salirse de la tribu se manifiesta a través de estos modismos que ya he comentado otras muchas veces antes, pero son tan absurdos y, a la vez, excluyentes que nunca me canso de mencionarlos:


Ahí sigue, a pesar de todos los intentos
1- Hay que bautizar a los hijos cómo Gorka y no Jorge, Miren y no María. Ahora, incluso, hay algunos aún más estrafalarios (Gotzon -ver Truhán 2- es de traca) y así uno es más de pura cepa. Incluso hay quien se bautiza a sí mismo, sin esperar siempre a los descendientes, y si uno se llama Juan, se hace llamar Jon, y así tiene el pasaporte a la tribu.
2- Hay que escribir con K y TX y no con C o CH. Parece que escribir gramaticalmente bien es una ofensa. En muchos bares se ven “pinTXos”, “boKatas”. Lo correcto será escribir según las reglas gramaticales del idioma en que se habla. Si hablo en español, lo lógico es emplear la CH y la C. De forma que ahora hay que desaprender lo que se ha aprendido en el colegio y emplearlas mal para que no se nos señale. ¡Acojonante! Esto de las reglas gramaticales se lo he dicho a algún TX-maníaco y les sienta bastante mal. Yo creo que les molesta que se descubra sus complejos, su estulticia.
3- Emplaer ciertas palabras políticamente correctas a la hora de hablar. Además lo curioso es que son palabras muy sentimentales y que evocan sensaciones agradables. Es cómo querer hacernos asociar lo vasco con lo bueno. Es decir, “padres” es “los aitas” y encima se dice mal (lo correcto en plural sería “gurasoak”) por parte de los que tanto presumen de defender el euskera. “Profesor” es “irakasle”. Cómo si un profesor del País Vasco fuese en lo esencial diferente a un profesor de Cantabria o Yakarta.
4- Hay que decir “AGURRRRRR” (latín tardio) por todo lo alto y que se entere todo el mundo de lo vasco que es uno, aunque a la gente le importe 3 pimientos. Y si encima se dice “eskerrik asko”, pues mucho mejor. Me da algo de asco cuándo veo a estos vendedores de calle extranjeros, muchas veces africanos, decir “eskerrik asko”, haciendo la pelota, tratando de quedar bien.
5- Hablar a los niños en euskera. Ahora de repente se ha puesto de moda. Lo curioso es que los padres hablan entre ellos o con otros adultos en español. ¿Pero no les gustaba tanto el euskera? Ahí se ve que es una forma de presión social, y de adoctrinamiento. Lo que también es curioso es que la gran mayoría de los agurparlantes no hablan entre ellos en euskera. Incluso los niños y jóvenes que han estudiado en ikastolas tampoco hablan euskera en la calle. ¿Pero no había tal interés por el euskera? Por eso, si se analiza, uno empieza a pensar que todo es apariencia de cara a la galería.
6- La toponimia. Hay que escribir “Bizkaia” y no “Vizcaya” porque eso parece una blasfemia, por el simple hecho de emplear bien las reglas gramaticales. Es como si, escribiendo en español, escribo “London” y no “Londres”. Algo absurdo. Pues así de absurdo es el nacionalismo.



Quienes van de megavascos, empleando todo el día estos modismos sin venir a cuento de nada, ellos no se dan cuenta pero, de una forma implícita, hacen ver que la sociedad vasca es cerrada, xenófoba, excluyente y totalitaria.
Ahora yo me pregunto: “¿hasta cuándo vamos a estar sometidos por el nacionalismo?” No es normal que en plenas fiestas de los pueblos y ciudades haya casetas de los asesinos y sus amigos con toda la impunidad del mundo. Como tampoco es normal que la gente consuma ahí sin sufrir ninguna repugnancia. Pero aquí nadie se inmuta, nadie dice nada o, si dice, es para ser políticamente correcto con el nacionalismo y hacerse perdonar. Incluso el periódico El Correo, supuestamente no nacionalista, emplea la toponimia políticamente correcta cómo “Bizkaia” y “Santurtzi” en vez de “Vizcaya” y “Santurce”. Algunos periódicos, incluso, te censuran comentarios políticamente incorrectos con el nacionalismo. Haced la prueba si queréis.
En Cataluña pasa tres cuartos de lo mismo, pero parece que ahora empiezan a reaccionar poco a poco. Ya hay una Societat Civil Catalana. También hay una web que está levantado ampollas y tiene notable éxito de audiencia que se llama Dolça Catalunya.
Pero en el País Vasco se echa de menos una web similar. A ver si se empieza a cuestionar los dogmas nacionalistas de una vez. Demostrar sus falsedades, dejarles sin argumentos, dejarles en evidencia y sin complejos.
¿Cuándo va a empezar a rebelarse la sociedad vasca?