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sábado, 27 de julio de 2019

Wenceslao Lecumberri, "Uve", por Iriberri

Manolo González, Ángel Vizcay, Recalde, Marañón, Sabino... ¡y Uve!
Venceslao Lecumberri, "Uve" para todos los que lo conocen, nació en Pamplona, en la calle Descalzos, el 4 de octubre de 1906. 
Ese hombre con cara de niño que paseaba su fantasía por la ciudad, tratando primero de imitar a toreros, y después a futbolistas para defender los colores de Osasuna. 
'Uve' gozó de gran popularidad y simpatías en Pamplona. 
En la Casa Misericordia le hicieron un homenaje en el que participó gente del "Anaita", del Oberena, del Muthiko. y hubo un partido de fútbol entre una selección de veteranos de Osasuna y la selección de Boscos. 
Murió el 13 de abril de 1992

La esquela decía que murió a los 85 años de edad. Pero era una errata. Wenceslao Lecumberri Barrenechea, el popular Uve, tenía siete años. En realidad, siempre tuvo siete años. Cuando entró en la Casa de Misericordia, en 1914, y ayer, cuando salió de ella por última vez, hacia Berichitos. La enfermedad hizo de Uve un niño eterno que pasó la vida metido en una burbuja de inocencia, fuera del tiempo y del espacio que le tocó vivir. 
Murió con siete años y lo enterraron con 85, no debajo de la portería de El Sadar, como él tenía dicho en su testamento oral, pero al menos bajo una enorme corona de Osasuna y acompañado de Ezcurra, su presidente. 
Los escolares de San Francisco, los que tuvimos la suerte de crecer —es un decir...— en la libertad de las calles del Casco Viejo, podemos recordar hoy a Uve enmarcado en la orla de tipos populares. La Coja de la plazuela, que vendía a bastonazos chicles con azúcar, nísperos amargos y unos membrillos brillantes y jugosos; Maxi la cutera, que tiraba de un carrico metálico y recogía sobras para su pocilga de Errotazar, a pesar de la fama de rica, con montañas de pesetas escondidas en algún lugar; Hojalata, delgado como Manolete, que templaba el aire por las esquinas con unos naturales bañados en el tinto de La Cepa y el brillo de sus ojos profundos. Esos, y muchos más, pintaban la estrechez de las calles Eslava, Jarauta, Santo Andía, Descalzos, cuando no había tareas ni televisión, y sí tiempo que perder. 
Uve era distinto. Alto, desgarbado, andaba como a rastras y arrastraba las palabras al hablar. Le veíamos doblar la esquina y corríamos hacia él con el balón en la mano para ofrecerle un penalty que siempre marcaba entre aplausos. Hablábamos de Osasuna. Si era lunes, martes o miércoles, Uve justificaba su ausencia en la alineación del domingo anterior. Si estábamos a jueves, viernes o sábado, anunciaba con qué número saltaría al viejo campo de San Juan el domingo siguiente. Se parecía a los modernos economistas de Maastricht, que se pasan medio año anunciando lo que va a ocurrir y el otro medio aclarando por qué no ha ocurrido. 
Uve hablaba mirando al cielo, de donde sin duda recibía la inspiración, con la cara de asombro que da la inocencia. En medio del corro infantil gastaba lo que le sobraba: el tiempo. Terminaba su discurso y seguía calle adelante, para contarles lo mismo a otros chavales. Uve sólo tenía un discurso, el de Osasuna, y una camiseta, la rojilla. En el largo historial del club él fue el mejor: entraba en los planes de todos los entrenadores; en primera, en tercera o en segunda; en San Juan o en El Sadar; en la defensa o en la punta del ataque. 
—«Uve, ¿y el domingo?», preguntábamos a coro. 
—Pues, no sé, me ha dicho el entrenador..., respondía a trompicones con las palabras y aquella lengua que se le encasquillaba en la boca. 
Le tomábamos el pelo, pero nunca nos reíamos de él. Uve se hacía respetar porque era respetable. Cosechaba por las calles el respeto y el cariño sembrado por la Casa de Misericordia, que era su casa. Y, en último término, estaba avalado por los abrazos de los héroes de San Juan, los González, Eizaguirre, Eusebio, Areta, Recalde y otras glorias del legendario «Mau-Mau». 
Pero de eso hace ya tanto tiempo, que mejor no fecharlo. 
Porque el bolero de Uve detuvo el tiempo en sus manos. 
Pero, sobre los demás, el tiempo ha hecho estragos.
José Miguel Iriberri 
(15 de abril de 1992)
HEMEROTECA DN
14/04/1992
Uve en San Juan. 1956. Foto Gómez

...a Wenceslao Lecumberri Barrenechea. popularmente conocido como «Uve», fallecido a primeras horas de la tarde de ayer a los 85 años de edad. Decano de la Meca, institución en la que ingresó con apenas 7 años, «Uve» ha sido sin duda el más emblemático de sus asilados. Afectado de una oligofrenia, esta enfermedad le hizo ser una persona ingenua de forma extrema, «yo lo calificaría como un Alonso Quijano auténtico y estoy seguro de que Cervantes tuvo que. conocer a una persona como «Uve» para escribir El Quijote», afirmaba ayer Ignacio Cía.

15/04/1992
Wenceslao Lecumberri Barrenechea, «Uve», fue enterrado ayer en el cementerio de Pamplona. En un breve acto íntimo hubo palabras de cariño para el que hasta el pasado lunes fuera el decano de los asilados de la Casa de Misericordia. Mientras el capellán de la Meca lo definió como un cristiano de Primera División, Miguel Angel Alústiza recordó las palabras del homenaje del que fue protagonista en 1980: 
"Osasunista, el primero; pamplonés, al cien por cien. 
Amigo del mundo entero, ése es 'Uve'. Va por él". 
Al entierro acudieron, entre otros amigos y compañeros, entre ellos Fermín Ezcurra, Presidente de Honor de Osasuna

19/04/1992 Cuadratines
...de Wenceslao Lecumberri, el popular Uve). Alguien, cansado de viajar, dijo: «feliz aquel que no ha visto más río que el de su pueblo». Ese hombre feliz era Uve, que nunca pasó del Arga ni siguió su cauce más allá de Miluce.

miércoles, 3 de julio de 2019

José "El Castañuelas", por A. Aristu


Muchos, nada más ver la foto, habréis caído en la cuenta. El relato que hace de él Alfredo Aristu es sencillamente soberbio. Un retrato de un artista de la calle digno de figurar en la "Antología de tipos entrañables de Navarra". Mil gracias, Alfredo

José "El Castañuelas"
A finales del siglo XX, en la Bajada de Labrit, en la Plaza del Castillo o en el Paseo de Valencia, un bailarín hacía de las suyas y bajo sus pies el pavimento vibraba. Con su poder de convocatoria y seducción, enamoraba a primera vista. 
Se trataba de un tipo muy flamenco y embaucador. Gozaba de mucho prestigio social y predicamento. Poseía una personalidad arrebatadora y la capacidad de hechizar con sus dotes de saltimbanqui. Siempre estaba más contento que unas castañuelas y dispuesto a dar la nota.
Llevaba consigo la picardía de los juglares, y por equipaje un par de castañuelas, un radiocassete y un frasco de colonia. 
Enseguida de ajustarse las castañuelas y encender el aparato, el público le hacía sitio y él respondía con una reverencia. De forma progresiva, se volvía loco, atolondrado, pero sin perder la compostura ni el compás. Por su manera de desenvolverse, provocaba el desconcierto, la admiración y el asombro. Su temperamento fogoso despertaba la simpatía, el afecto, y a nadie dejaba indiferente. 
Como un poseso, agitaba el cuerpo de pies a cabeza y transmitía sensualidad. Se dejaba llevar por las emociones y seguirle los pasos era de locos. Con su maestría innata, dominaba desde la postura corporal, la musicalidad, la fuerza y la velocidad. A su alrededor, recreaba una obra atrayente y trascendía del ámbito escénico al ambiente popular. 
En trance, solo tenía tiempo para cambiar las pilas al radiocassete y, de inmediato, volver a las andadas. Con tanto ajetreo, el sudor afloraba a raudales en su cuerpo y hacía estragos, pero era inmune al agotamiento y se mantenía pletórico hasta el final. Y con tanto giro, brío y salero, no era de extrañar que algunos de los espectadores de las primeras filas se vieran salpicados.
Dos horas después de recoger los bártulos, aún se notaba su presencia en el aire. Dejaba tras de sí el embrujo de sus modales y el aroma del pachulí con que se embadurnaba los rizos de su cabellera larga y de color azabache. 
(...)
Él, gitano de estirpe, nació en Olite y después se convirtió en nómada, campesino errante y bailarín de raza. Recorría la geografía de Navarra a lomos de un carromato y en el remolque viajaba su prole. En muchos pueblos encontraba hospedaje y hospitalidad. A ratos arreglaba paraguas, sillas, etc, y en temporada recolectaba patatas, setas, caracoles… Pero, sobre todo, se dedicaba a cultivar su pasión por el baile y lo remataba con la planta, la punta y el tacón. 
Solo se parecía a sí mismo y era José Antimasberes Echeverría, ‘El Castañuelas, El Brillantinas o El gitanico de Añorbe’. 
Un tipo que tenía el encanto de los personajes de fábula y duende.
ALFREDO ARISTU HERNÁNDEZ

José murió a los 62 años, un 15 de abril de 1994. Un accidente de bicicleta.
Desgraciadamente, no se conoce una grabación de su arte. Si alguien la tuviera... 
patximendiburu@gmail.com

sábado, 13 de abril de 2019

EL · A · 2 ELISEO

El·A·2 ELISEO, matrícula NA 9092. Una genialidad de Eliseo
—Estoy preparando un número excepcional.
—¿Puede saberse?
—Sí, pero bajito, no se vayan a enterar. Pienso poner una buena hélice y bajar desde la tapia del Hospital a la explanada de la Uni.
Y llegó el día y -¡chan-ta-chan!- se abrió el telón: El·A·2 fue la gran sorpresa que nos dio este niño grandullón.
Estación del Norte (Memorias Viejo Pamplona)
Dos años después, el 19 de febrero de 1966, a los 62 años de edad, se cerraba el telón en la Estación del Norte, bajo las ruedas de un tren.

0. Hemeroteca DN
20/02/1966...Hacia las ocho y media de la mañana de ayer, las dos últimas unidades del tren que sale para Alsasua arrollaron a nuestro popular y querido Eliseo Sanchiz....
Testimonio impresionante:
Jesus Arrondo "Una vez al año venía a Villafranca a comprar “piñas de saltar”(1). Lo acompañada mi abuelo, Marcos Arbea, por las casas en las que tenían pequeñas cantidades. A los niños nos hacía pequeños juegos malabares y nos contaba historias de Africa, donde decía haber coincido con mi abuelo en Larache. Comía en mi casa un gran plato de patatas con abadejo, y al tren con la carga y alguna verdura de regalo. El día anterior a su muerte lo vi muy compungido y solitario en el bar de los Maristas. Su muerte me impresionó y a mi abuelo mucho mas"
(1) Recogía por las casas mazorcas de maíz (panizos). Con ellos hacía, echándoles miel,
'crispetas carameladas': un bloque con forma de ladrillo y envuelto en papel de celofán

1. Hemeroteca DN
El 23 de octubre de 1963, dos años y 4 meses antes de su muerte, en este excepcional artículo, Joaquín Jiménez, periodista de Diario de Navarra, le hace a Eliseo esta entrañable entrevista. Quiero felicitar a Joaquín por saber presentar el lado más humano, más infantil -en el mejor de los sentidos- de este heladero que supo endulzar a varias generaciones de niños pamploneses y de muchos pueblos de Navarra (sobre todo, los que tenían buen frontón)


USTED LE CONOCE-ELISEO SANCHIZ
“Los chavales más traviesos son los del Instituto. Y también los más majos."
¿Alguien puede aportar algún dato?
Paseando en su vehículo —mitad moto, mitad carro— el popular Eliseo lleva cuarenta años vendiendo helados por Navarra. Son varias las generaciones que han hecho rabiar a Eliseo. Todos, cuando niños, hemos ido con nuestra peseta a comprar crispetas y a escuchar sus emocionantes aventuras.
—¿Ha estado en África cazando leones?
—No, pero no lo diga. Me agrada entretener a los pequeños y contarles historias. Me encanta hacerles felices, ¡ea!
—Y nunca le hacen salirse de sus casillas?
—Muy a menudo! Aunque, la verdad, se me pasa pronto.
—¿Cuándo han sido los chavales más pillos?
—Yo creo que ahora. Sí. Ahora hacen rabiar más, pero te dejan más dinero y tienes que aguantarte. Y, además, ya me voy haciendo viejo y me canso antes.
—Quiénes son los que más le traen por la calle de la amargura?
—Los más traviesos son los del Instituto. Y también los más majos.
Eliseo es alicantino: de Bañeres. Cuarenta años de peregrinaje por Navarra han tenido la virtud de pegarle nuestros giros. Eliseo tiene sesenta años y casi medio más. Hasta los veinte años estuvo por su tierra, ayudando a sus padres en la labor de cocido de pan. Así ganaban el sustento para diez hijos. Eliseo era el más pequeño.
Bañeres, hoy Banyeres de Mariola
Aunque sólo vivió hasta los 20 años en Bañeres, se acuerda a la perfección de infinitos detalles ligados con su juventud. El que más grabado se le quedó fue el de su casa. Una vivienda de pueblo, a través de la cual, día y noche, podían pasar cuantos vecinos quisieran: era el punto más corto entre dos plazas cercanas También la figura de su padre ha supervivido en el tiempo.
—Recuerdo de mi padre que, una vez, cuando mi hermano dio con una piedra a una señora y vino el alguacil a detenerle, le contestó: “ese no, que me hace falta. Llévese a este otro”.
—,Y quién fue el justo que pagó?
—El justo fui yo. Pero mi padre era una persona admirable.
La tienda de la Avenida Guipúzcoa.
Lo que más se admiraba de él era su fuerza. Si querían cambiar de Ayuntamiento, recurrían a él y los nuevos concejales se hacían cargo de sus ocupaciones. En aquellos tiempos la fuerza era lo único que se respetaba; y mi padre tenía mucha.
Sin embargo, a los veinte años Eliseo tuvo que venir a Pamplona. La escasez de trabajo por aquellas latitudes durante los años veinte le obligó a ello. Vino a nuestra ciudad como vendedor de helado a sueldo. En 1934 contrajo matrimonio. Desde entonces, y merced a su propio trabajo, ha ido subiendo.
De la garrafa inicial transportada al hombro, se ha convertido en el propietario de dos carros y de una moto bien carrozada. También posee una pequeña tienda en un barrio de Pamplona, en la que despacha algunas golosinas y donde durante la noche reposan todos los instrumentos de su trabajo.
—Ahora vendo a los nietos de mis primeros clientes, hoy convertidos en médicos y hasta abogados.
—¿Y por Navarra?
—También me quieren mucho. Especialmente los curas, a los que les despachaba cuando eran seminaristas.
—¿Clientes antiguos?
—¡A saber! Cuando menos me los espero, muchachos ya mayores me hacen detener el carro y me dan un duro o dos: “en pago a los helados que nos daba a fiar», me dicen; «Y lo que hemos de purgar por todo lo que le hemos hecho”, me dicen otros.
Eliseo es un hombre bueno. Su paciencia, de patriarca. El horario que sigue, sano. A las seis —las siete lo más tarde— ya está en pie. Luego una visita al Instituto y, después, a la Plaza de la Cruz. Los Jesuitas, la Vuelta del Castillo —al mediodía está concurrida— y para terminar a atender la salida de los Jesuitas, Escolapios y Salesianos. Y si puedo —especialmente cuando voy por pueblos— dedico un rato a mis aficiones: pelota y toros. Sé jugar y perder, y hasta me ha tocado capear algunas vacas. Ya no estoy para esos trotes.
—¿Y no toca la Universidad?
—Esta semana voy a bajar. Sólo que estoy esperando a que refuercen el motor: estoy preparando un número excepcional.
—¿Puede saberse?
—Sí, pero bajito, no se vayan a enterar. Pienso poner una buena hélice y bajar desde la tapia del Hospital a la explanada de la Uni.
—¡Ande, ande! ¡Hábleme de Africa!
Joaquín JIMENEZ
Foto Alberto Crespo. Dulces Eliseo, en el cruce de Cuatro Vientos. Hoy, a la vuelta de la esquina
2. Revista Ezcaba
Es otra entrevista hecha a la familia en 2016, 50º aniversario del fallecimiento de Eliseo. La familia, además de aportar un montón de datos sobre la vida de Eliseo y la tienda que fundó en la Rochapea, cedió unas cuantas fotos únicas que, excepto la de Calleja y Lafuente, son las que adornan esta entrada. Muchas gracias a la Revista y a la familia de Eliseo.

TEXTO: MIGUEL J. LÓPEZ DE SABANDO. FOTOGRAFÍAS: CEDIDAS

"Dulces Eliseo", 70 AÑOS EN LA ROCHAPEA
En el Frontón con un pelotari
En este número queremos recordar a un pequeño comercio rochapeano emblemático: "Dulces Eliseo". Nos habría gustado realizarlo antes, pero no fue posible por problemas de salud de los nietos y nietas de Eliseo. Eliseo Sanchiz Sanz fue lo que se llama ahora un emprendedor, y como se dice de los grandes empresarios, fue también un "visionario". A la vez que "grande", fue un pequeño comerciante rochapeano que dio mucho que hablar. A base de trabajo y esfuerzo sacó a su familia adelante y llevó sus dulces, helados y crispetas a todos los lugares que pudo. A los 62 años nos dejó en un desgraciado accidente en la estación. Por ello, desde la Revista Ezkaba, tras charlar con Ricardo y María (nieto e hija de Eliseo) en su domicilio familiar, os invitamos a conocer la historia de "Dulces Eliseo" mediante esta especie de homenaje.
E: ¿Cuándo se fundo Dulces Eliseo?
M: La primera tienda la tuvo en la calle Lindachiquia donde vivíamos tras trabajar anteriormente en "La Vital". Un amigo de él, Juan Arbizu, que fue mi padrino y que tenía la "Cafetería Delicias", y al que le faltaba una pierna, le dijo a Eliseo si quería sustituirle en el puesto de la estación del tren. Eliseo le dijo que sí, que ya seguiría. Esto fue en el año 1944, pero a Pamplona Eliseo llegó unos diez años antes. Vino a Pamplona antes de la guerra en el 1930 o 1931. Salieron del pueblo porque allí no había futuro. Eran once hermanos y empezó en la heladería "El buen gusto", en la calle Chapitela. Tras ello encontró un piso en la Avenida Guipúzcoa y, como no podía compaginar la primera tienda y el puesto de la estación, dejo la tienda y se estableció en la Rochapea. En la estación vendía pastillas "Dos Cafeteras", peladillas, garrapiñadas y caramelos. Después montó la tienda en la Avenida Guipúzcoa; compaginaba las dos cosas y nosotros vivíamos encima de la tienda. En la tienda de la Avenida Guipúzcoa se vendía helados, pan y de todo en general; como decía la abuela, era un "colmao". El era de Bañeres, provincia de Alicante (donde, a modo de curiosidad, hay que decir que tiene una calle con su nombre).
E: ¿Cómo fueron los primeros años en la tienda?
María Jesús, Luis, María Teresa, Águeda, Eliseo,
  María Carmen y Vicente
R: Allí estaban el abuelo, la abuela, Tere (que era la hermana mayor), María y Carmen, la hermana pequeña que falleció. Además, el tío Vicente se ocupaba del puesto de la estación con el carro. A los años, había un señor que se llamaba Gregorio Crespo que vendía helados en triciclo en Sanfermines, a la salida de los toros, y en las fiestas de los colegios, como los Escolapios. En el triciclo ponía "Helados, Dulces y Crispetas". El abuelo tenía la motocarro para vender el helado por Pamplona. Además, también salía a vender helados a pueblos de Navarra. "La Tere" hacia el helado en la tienda para el abuelo. Facturaban el helado en el tren o autobús y el abuelo lo vendía por los pueblos con el burro. Vendía en pueblos como Echarri-Aranaz, Alsasua, Irurzun, Izurdiaga, Mezquiriz, Isaba o Roncal. El tío Vicente estuvo en la estación hasta que falleció el 1 de diciembre de 1970, tras lo cual, María tomó el relevo al tío en la estación.
E: Después de los helados, las palomitas fueron vuestro producto estrella
R: Después de fallecer el abuelo, dejamos de hacer helados y empezamos con las palomitas. Repartíamos a todos los cines de Pamplona. Llegaron a distribuirse por Burgos, Vitoria o San Sebastián. Yo trabajaba por las noches haciéndolas y venían ellos a buscarlas. Venían a las dos o tres de la mañana pidiendo que les preparase 5000 bolsas y yo las hacía, las envasaba y se las llevaban. Fueron años que trabajamos mucho con este producto. Cuando empezaron con las maquinas de hacer palomitas en los cines, este negocio se acabó para nosotros. Tambien llevamos unos años el puesto de chucherías de los cines Olite. Yo dejé la tienda y empecé a trabajar de transportista hasta que me dieron la incapacidad laboral por motivos de salud.
E: ¿Cuántos años estuvo la tienda en la Avenida Guipúzcoa?
R: Desde 1944, hasta que se derribó el edificio; unos 55 años en total. Luego, la tienda de Marcelo Celayeta la abrimos en el año 2001 y estuvo abierta hasta enero del año 2014.
E: ¿Había más comerciantes como tu abuelo en aquella época?
R: El de "La Vital" en Paseo de Sarasate, pero era más de vender hielo y helado. También estaban Juan Arbizu de las "Cafeterías Delicias", Helados Italianos (La Nalia), en los Maristas estaba Helados Fani, pero, la verdad, que no se movían tanto como mi abuelo.
Eliseo durante el Camino de Santiago (1965)
E: ¿En qué año hizo Eliseo el camino de Santiago?
R: Salió el viernes 23 de abril de 1965 y lo hizo en su burro llamado "Molinero". Llegó el 28 de mayo. Allí llevó una gran torta de maíz para el Arzobispo de Santiago de entonces.
E: ¿Por qué decidisteis cerrar la tienda de Marcelo Celayeta?
B: La tuvimos que cerrar por motivos de salud y familiares.
E: ¿Cómo veíais la Rochapea entonces y como la veis ahora?
R: La Rochapea ha pegado un cambio terrible. Está irreconocible; no se le reconoce en nada. Hay demasiadas viviendas.
E: Os quedasteis sin despediros del vecindario. Ahora tenéis ocasión
R: Estamos agradecidos a todo lo que ha sido la Rochapea. Los vecinos se han portado muy bien con nosotros, con el abuelo en su día y con el resto de la familia. Si no hubiera sido por la gente, no habríamos durado 70 años en el barrio.

Para ti, Eliseo
Bañeres hoy se llama Banyeres de Mariola, una sierra que da nombre a una canción que aprenden todos los niños valencianos y algunos que no lo somos. Pasaste los primeros 20 años a las faldas de esa Sierra de Mariola y tuviste que aprender sin duda esa canción. Para ti, Eliseo, por endulzarnos la infancia y asombrarnos con tus historias.


Quiero daros la enhorabuena a todos los que habéis comentado en Face. Me habéis convencido de que Eliseo sigue bien vivo en vuestros recuerdos. Enlazo estos comentarios en la entrada. Gracias

sábado, 2 de septiembre de 2017

Tipos populares de Pamplona: "Olla"

Influido por la escuela clásica española y por el arte de Zuloaga, Julio Briñol Maíz sobresalió como retratista, estudiando tipos populares al gusto de Velázquez, con luz tenebrista (“Olla”, “Petit”, “Bandrés”, “Anciano de la Meca”, “Monje de Roncesvalles”)
Ramón Ollacarizqueta, "Olla", nació en 1885, tuvo una hija (Blanca) en 1930 con Máxima Ayerri (Maxi "La Cutera"), a la que dejó viuda en 1938. Vivió, pues, 53 años.
Una canción, "inventada" por él, llegó a ser tan popular que las "peñas" de mozos la cantaban y bailaban por las calles y La Pamplonesa la interpretaba en la Plaza del Castillo después del baile. "Olla", más de una vez, subió al quiosco a recibir la ovación del público.
***
Olla era menudico, con bigote, de nariz aguileña, y barbilampiño. Se llamaba Ramón Ollacarizqueta y estaba casado con Maxi, "La Cutera", (de la que ya nos ocupamos). 
Su oficio era carpintero y hacía saleros de cocina, escurreplatos, banquicos para los críos, tablas de lavar... Tenía el taller en la calle San Agustín, frente al Euskal-Jai. Dicen que, mirando desde donde está la parroquia, se veía un codo que, a intervalos rítmicos, salía de una puerta. Era Olla que estaba serrando. Podéis imaginar el cacho de taller que tenía.
Se cuenta también que por fiestas de Arazuri, los mozos del pueblo le afeitaron medio bigote y además lo tiraron al río, pues sospecharon que les hizo trampas con la baraja. 
De todas formas, de entre las muchas facetas que se le conocen, destaca, por su trascendencia al alma popular, la de cantautor, como se dice ahora, por la inspiración que tuvo con la «ayuda» de D. Ignacio Baleztena (a quien le gustaban mucho estas salsas) para componer la famosa tonadilla del «Píspiri» y que unos sanfermines la estrenó por las calles de Pamplona, dirigiendo un coro de unos mil críos. Las coplas decían, más o menos, así:
La Pamplonesa interpretó el Píspiri
«De regreso de un viaje fantástico, del polo Atlántico, han llegado aquí tres franceses, dos polacos y un guaraní a pasar las fiestas de San Fermín.
Pero dicen que el cartel de este año ya no tiene ninguna atracción; sólo vienen por ver al gran 'Olla' que ha escrito unas coplas que dan sensación.
Oigalas usted y cómpreselas y verán a 'Olla' con «varés» jalar.
Porque hay que jalar y hay que jalar, si no, se apodera la debilidad, porque hay que jalar y hay que jalar, si no, intervendrá la autoridad.
Alrededores Plaza Toros, Sanfermines 1932 P. Marín ¿Cantando el Píspiri?
Que viva, viva San Fermín Pís pi ris, Pís pi ris Que viva, viva San Fermín, también el chacolí
Ramón Ollacarizqueta es un hombre de agasajos; lo veréis por San Fermín en la caseta los ajos
Que viva, viva San Fermín...
En la vuelta del Castillo se oye cantar a un grillo y su canto del “cri cri” me recuerda al Pís pi ris
Que viva, viva San Fermín...
La otra tarde en el frontón me llevé un gran desazón; me acordé del Pís pi ris y perdí la combinación
Que viva, viva San Fermín...
En la falda San Cristóbal, debajo del polvorín, hay una mierda muy grande pal autor del Pís pi ris
Que viva, viva San Fermín...
Pobre de mí, pobre de mí. 'Olla' no tiene nariz más que un pedacico así». (y mostraba la suya) 
(Tomado de DN 09.06.85, escrito por Andrés Briñol Echarren)
Hemeroteca DN
Más datos sobre 'Olla', extraídos de la hemeroteca:
24.02.1905 Un tal Ramón Ollacarizqueta Barrena aparece en una lista de mozos -supongo- llamados a filas
12.09.1930 La reseña que ya conocemos de que su esposa, Máxima Ayerri, había dado a luz una niña
02.1938 Ripios al vuelo de Romedobal (Baldomero Barón)
 A LA MEMORIA DE "OLLA"
Olla dirige a la juventud pamplonesa
(autor: Ricardo Tejedor)
No pueden faltar mis versos / ni mis oraciones santas  / aquel popular "Olla"  / feliz autor de "La Olada"  / y del "Píspiri" gracioso  / que su ingenio imaginara  / y que un músico excelente (don Segundo Fraile) / trasladase al pentagrama.  / El pobre Ollacarizqueta / ha muerto en la blanca cama / del hospital, sin más ruido  / que el de las dulces plegarias  / del sacerdote y las monjas / que amorosas le cuidaban. / Aquel pamplonica bueno, / tan alegre y entusiasta / de las cosas de su tierra  / y de nuestras fiestas magnas, / que trazó esas melodías / para que fuesen cantadas / por las cuadrillas de mozos / en los días de jarana, / y que después quedó oculto / en la soledad amarga / de una bajera pequeña / donde construía jaulas, / saleros y escorrederas, / tableticas y carracas, / bien merece el homenaje / de nuestra piedad cristiana. / Siquiera por cuanto...  
18.01.1977 En "Hace 50 años" (1925), se dice que, "a consecuencia de una luxación, fue atendido en la Casa de Socorro Ramón Ollacarizqueta, de 42 años, elemento popular, autor de la canción sanferminera "El Píspiri"". Así pues, Olla nació hacia 1885. Por eso supongo que en la 1ª noticia de la hemeroteca - 1905- fue llamado a filas y que su 2º apellido es Barrena.
18.01.2002 Vuelven a recordarnos -ahora en "Hace 75 años"- lo de la luxación del Olla. Pero se añade esta Nota de la Redacción: "En su libro «Pamplona, belle époque», Joaquín Arazuri trenzó una simpática biografía de este popular personaje a quien se le conocía por «Olla». Su canción era muy pedestre, pero la cantaban las peñas y la interpretaba «La Pamplonesa» después del baile. 
Tomado del libro de Arazuri
En resumen, Olla nació en 1885, tuvo una hija (Blanca) en 1930 con Máxima Ayerri (Maxi "La Cutera), a la que dejó viuda en 1938. Vivió, pues, 53 años.
Tiene gracia que aparezca varias veces lo de la luxación y no aparezca por ninguna parte su esquela ni la de su pareja Máxima Ayerri, que sí podrían aportar datos de más interés.

"Olla" (por J.J. Arazuri, en "Pamplona, belle époque")
Su nombre completo era Ramón 0llacarizqueta. Bajo de estatura, rostro afilado, le destacaba una pronunciada nariz aguileña que daba sombra a un frondoso bigote. Desaseado en el vestir. Se decía que estaba un poco chalau.
Tenía instalado un modesto taller en la calle de San Agustín, frente al "Euskal-Jai"; más tarde lo trasladó a la Dormitalería. Artesano de hábiles manos, fabricaba en maderas baratas saleros, escurreplatos, tablas de lavar, camillas, tablillas para las tinieblas, etc.
Jugador de ventaja a la carteta y a las chapas, acudía a las fiestas de los pueblos de la Cuenca donde ganaba abundantes pesetas con sus malas artes. En Arazuri le cogieron haciendo trampas y se vengaron los mozos echándolo del pueblo después de afeitarle medio bigote. En Badostain le pelaron la cabeza con una tijera de esquilar caballerías.
"La olada"
La faceta más característica de "Olla" era su desmesurada afición musical. Antes de las fiestas de San Fermín reunía en su taller a un grupo de mocetes para ensayar canciones. Con una modesta batuta y empaque de eminente director de orquesta, dirigía a aquellos minúsculos orfeones a quienes corregía sus fallos con frases cursis:
—"Las notas las quiero picaditas, como bolas de billar".
Si alguno persistía en su error, le gritaba:
—"Que te tiro el martillito".

El Píspiri
["pimienta", en caló. Noviembre de 1921, dos referencias claras a esta canción en la Hemeroteca de DN]
Una canción "inventada" por él (como decía la gente) llegó a ser tan popular que las "peñas" de mozos la cantaban y bailaban por las calles y la Pamplonesa la interpretaba en la Plaza del Castillo después del baile. "Olla", más de una vez, subió al quiosco a recibir la ovación del público.
Aquella canción famosa, que tanto cantaron y bailaron nuestros padres y abuelos, fue "EL PÍSPIRI". "Olla" posiblemente la imaginó, pero don Segundo Fraile la compuso musicalmente. Hemos conseguido su partitura, que publicamos por si alguna cuadrilla de castizos la quiere resucitar por fiestas.
"El Píspiri", consta de unos primeros compases de "olada" a los que sigue la canción:
Viva, viva San Fermín 
pirispispis pirispispis 
viva, viva San Fermín 
y también el chacolín. 
Vámonos, vámonos a divertir 
que es un día muy feliz, 
vámonos, vámonos a gozar, 
que es hoy día de bailar. 
Viva, viva San Fermín, 
pirispispis, pirispispis, 
viva, viva San Fermín 
y también el chacolín. 
Por San Fermín Chiquito se cantaba: 
Viva, viva San Fermín, 
pirispispís, pirispispís 
viva, viva San Fermín 
y también el Chiquitín. 
La música y la letra no pueden ser más ramplonas, pero los guasones y bromistas, que siempre abundaron en Pamplona, convencieron a "Olla" de que era un gran compositor y organizaron un homenaje en su honor. 
Comenzaría con un recibimiento popular al estilo de los que pocos años antes tributaba Pamplona a don Pablo Sarasate. La idea era llevarlo primero a Irurzun en un tren del Norte y de allí traerlo en el Plazaola (recientemente inaugurado en 1914), en cuya estación le esperaría el pueblo con hachas de viento, charangas y coros cantando "El Píspiri". 
Enterado el señor Alcalde -don Demetrio Martínez de Azagra (1917)- de la farsa que preparaban, intervino activamente, junto con el jefe de la Policía Municipal señor Osés, para que todo quedase en caldo de borrajas.
Cartel de Javier Ciga. Final de
Estafeta, hacia la Plaza Vieja
El autor de "El Píspiri" gozó, medio en serio medio en broma, de una gran popularidad. Hemos recogido algunas canciones, unas de alabanza otras de censura, siempre en un tono chistoso ocurrente:
"De regreso de un viaje fantástico, 
del gran Polo Antártico, 
han llegado aquí 
dos franceses, tres rusos 
y un belga 
a pasar las fiestas 
que hay por San Fermín; 
y aseguran que el cartel de este año 
para ellos no tiene atracción, 
que han venido por los encierros 
que causan efectos 
de gran emoción;
han venido por ver al gran "Olla" 
que ha escrito unas coplas 
que dan sensación". 
Otra: 
"Ayer tarde en el frontón 
me llevé un gran desazón; 
me acordé del "Píspiris"... 
¡perdí la combinación!". 
Otra:
Casetas de los ajos en 1962
"En el monte San Cristóbal, 
debajo del polvorín, 
hay una casa muy grande 
p'a el autor del "Pispirí". 
"Ramón Ollacarizqueta 
es un hombre de agasajos 
por San Fermín lo veréis
en la caseta los ajos". 
Como alusión a su afición al juego: 
"Ramón Ollacarizqueta, 
hombre de talento oculto, 
aunque le veis tan sencillo, 
pues señores, es un punto". 
Y otra tan mala como las anteriores: 
1917 sirvientes camerunenses de los alemanes
internados en Pamplona
en la 1ª Guerra Mundial 
"Como ya recordaréis, 
lo que allí pasó fue así:
di un veintidós a dieciséis 
y me quedé sin cubrir". 
Y terminaremos con: 
"De carpintero a escritor, 
me he metido sin recelo, 
no faltará algún guasón 
que quiera tomarme el pelo". 
"Antonio el del Camerún, 
es un negro que hay aquí, 
se le alegra el corazón 
cuando oye el "Pispirí".

jueves, 31 de agosto de 2017

'Maxi la cutera' (Máxima Ayerri)

Julio Cía 1953.  0. Casa de Vergara (J:J: Arazuri)  1. Bloque existente; lechería madre de
mi informante  2. Portalón-túnel  (quizás tapado por el carro) desde la calle
 al camino
Buen trabajo el de mi informante, 'Homero', identificando el lugar exacto de la cochiquera de 'Maxi la cutera' y llevando al Sitna y Maps los edificios de la fotografía.
***
No son muchos los datos sobre Maxi la Cutera que puedo ofreceros. Ni siquiera una fotografía de ella, aunque sí de su marido. Espigando en hemerotecas, preguntando a mis hermanos mayores, en páginas de internet,…, aparecen siempre frases cortas de una o dos líneas, destellos, flases... Mis recuerdos son también muy confusos. Creo que alguna vez la vi por la esquina de Curia con Dormitalería, pero no estoy seguro ni de eso. A partir de esta información, a pesar de ser tan escasa,  se puede afirmar con toda seguridad que:
0. Se llamaba Máxima Ayerri y el 12.09.1930 DN da noticia del nacimiento de una niña -Blanca- con el popular industrial don Ramón Ollacarizqueta (1895-1938):
1. Que era una mujer pequeña, de cuerpo doblado, aspecto sucio y desaliñado. Llama la atención de alguna hermana mía que llevara los zapatos rotos por detrás, de modo que se le veían los talones. Estos datos sobre su aspecto y vida marginal son todos posteriores a su viudedad, en 1938.
2. Que tenía una pocilga en la calle Errotazar. Se decía que iba tan sucia porque dormía con los cerdos. A metro y medio sobre el suelo -donde estaban los cutos-, tenía un cobertizo hecho con cuatro tablas donde dormía ella.
Chiste cruel 09/04/1989 La Semana Navarra Humor en conserva
Maxi, la cutera 
Era una mujer de aspecto sucio y desaliñado que criaba cutos en las afueras de Pamplona. Aseguran que dormía con ellos en la pocilga y, en una ocasión, le preguntaron:
-Oye, Maxi, es verdad que duermes con los cutos?
-Sí, hombre, y bien a gusto...
-Pero, ¿y el olor...?
-¡Bah... ya se han acostumbrado los pobrecicos...!  
0. Casa de Vergara 1. Lechería madre de mi informante  2. Túnel desde la calle al 
camino  3. Cochiquera de Maxi  4. Cauce del Canal  5. Puente San Pedro sobre el Arga
Portalapea, 1930 y hoy
3. Solía llevar un carro o carretilla en la que recogía sobras, peladuras para sus cutos (de ahí lo de ‘la cutera’). Hay que darse cuenta de que en la Pamplona de entonces no se tiraba nada. Nosotros, por ejemplo, las peladuras de las patatas se las llevábamos a las Siervas de María, de la Plazuela de San José, que tenían gallinas en la calle del Redin.
4. Aunque recorría las calles de la Navarrería y San Cernin, tenía el “cuartel general” en la belena de Portalapea (aunque Briñol asegura que en la de Pintamonas, o ‘Patio de los gatos’)
El 'Olla', marido de Maxi
5. A pesar de su aspecto, tenía fama de rica, con montañas de pesetas escondidas en algún lugar…  (esto no sólo pasa en Pamplona. En San Sebastián decían lo mismo de Chanchillo)
6. En varias páginas se asegura que sacó adelante a tres hijas, a las que dio estudios.
7. Y ahora viene el dato más sorprendente: esa mujer estaba casada con Don Ramón Ollacarizqueta (1885ca-Febrero de 1938), carpintero y popular personaje de la Iruña de principios de siglo, que compuso (con algunas ayudas que ya contaremos) para las fiestas patronales de la ciudad el "Píspiri",  unas coplas que también llegaron a hacerse muy populares. A partir de 1938, Máxima Ayerri quedó viuda y -supongo- se transformó en Maxi "La Cutera".
8. Si ya vimos un poema a Hojalata, terminamos con este otro, para Maxi la Cutera, que le dedica Juan José Erburu:
Maxi la cutera
No seré yo quien fabulitas urda
ni historia que no sea verdadera;
verdad es la de Maxi la cutera,
vieja astrosa, misántropa y palurda,
que, a ratos libres, entre curda y curda,
unos puercos criaba, zaborrera.
Nunca logróse averiguar quién era
más pestilente, ella o su zahúrda.
Pero aquel esperpento desastrado,
aquella cochambrosa arrabalera
tres hijas trajo al mundo de buen grado,
en sendos amoríos de soltera,
y a las tres, con su esfuerzo denodado,
les pagó -¡qué heroísmo!- su carrera;
si alguien mereció un "¡chapó!" sonado,
ese alguien fue Maxi, La Cutera.