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lunes, 28 de marzo de 2022

Ermita de San Zoilo (Cáseda), al fin restaurada

Durante 25 años he vivido en Gallipienzo y he sido asiduo visitante de la imponente ermita (yo diría, por lo menos, basílica) de San Zoilo. Desde hace décadas he leído las continuas cartas al director de Carlos Sola Ayape, historiador casedano y profesor de la Universidad de Monterrey (México), reclamando una restauración que pusiera fin al deterioro que sufría esta joya. 
En 2016 Pablo Larraz encontró la explicación de 40 misteriosos grafitos pintados en sus muros y que relatan la llegada a Túnez de la Armada de Carlos V, el asedio, combates y asalto de las fortificaciones turcas e, incluso, la sublevación de los prisioneros cristianos en la Alcazaba....
Hoy he leído en Diario de Navarra que la ermita de San Zoilo en la localidad de Cáseda, una construcción del siglo XIV, se ha restaurado recientemente y que "ahora es una maravilla". El 15 de Mayo, domingo, Romería a San Zoilo, se celebrará por todo lo alto.
"Ha quedado de maravilla" (pincha)
"En Cáseda somos humildes porque llamamos ermita a un construcción que tiene el tamaño de una iglesia por lo menos", bromeaba el profesor Luis Sola Pérez, vicepresidente de la Asociación Cultural Ermita de San Zoilo de Cáseda. A Sola le escuchaban una veintena de curiosos que se acercaron a la ermita para la visita guiada. El motivo de la visita al templo era la presentación del número 66 de 'Conocer Navarra', revista de Diario de Navarra dedicada al turismo local. En esta ocasión, el edificio datado de los siglos XIII y XIV, aunque con referencias anteriores, es el protagonista de la portada de la nueva publicación.
Detalle portada
Un día antes, en ese mismo espacio estuvo Rebeca Esnaola, consejera de Cultura, visitando el resultado de la restauración. Según 'Conocer Navarra', "una brillante restauración". Y no es para menos. Uno se da cuenta del trabajo realizado al comparar el resultado con el estado “lamentable” en el que se encontraba. “Ahora es una maravilla”, reconocía Sola contemplando la ermita desde el interior. Antes de llegar a este punto de la visita, el vicepresidente de la asociación local hizo un repaso al posible origen de la construcción citando a la escritora Ana Uranga, arquitecta encargada de hacer un libro dedicado a la ermita.
Es impresionante cómo ha quedado la cubierta de lajas:

El exterior y el interior:
Además de la intervención de Sola, los asistentes escucharon a Pablo Larraz, que además de médico de la localidad se ha encargado de investigar los grafitos navales que hay pintados en los muros norte y sur del interior de la construcción medieval. A simple vista parecen dibujos infantiles que carecen de valor artístico, pero realmente es un “conjunto único en España”, señalaba Larraz. 
Grafito galera
Los dibujos, en los que se pueden apreciar barcos a priori españoles y portugueses batallando contra los turcos en 1535, fueron elaborados con carboncillo y aceite. 
Nadie espera ver esas ilustraciones de batallas navales en un edificio religioso y "de secano", pero ahí están, se han estudiado y ahí seguirán para la visita de curiosos.
Enhorabuena a todos.

domingo, 23 de septiembre de 2018

El 112 de la Beaumont, Cáseda y Gallipienzo

Calle Nueva 12. Aquí ocurrió el tiroteo
Cuando he leído la conversación entre el vecino de la Calle Nueva de Cáseda, encerrado a cal y canto, suplicando, implorando angustiosamente a la operadora de SOS Navarra que llamara a la Guardia Civil (“Avisen por favor al cuartel de la Guardia Civil, que están a un minuto”), me he dado cuenta de que si estoy vivo es porque hace unos 20 años no era consejera de interior la Beaumont.

Gallipienzo, hace unos 20 años
Calle Medios, Gallipienzo
Habíamos llegado la tarde-noche del viernes a fiestas de Gallipienzo y, al entrar en el bar, nos llamó la atención que estuviera casi vacío.
Un individuo de unos 25 años, sentado en la barra, exigía al camarero que le diese una botella de pacharán. Éste -18 años- se la negaba porque había recibido la orden del dueño del bar de que no se la diera, ya que el joven estaba muy pasado.
Frustrado, se mostraba cada vez más agresivo e insultaba gravemente al camarero.
Vi desde el bar, a través de cristal de la puerta, que había gente en la terraza y, cuando abrí la puerta, aluciné de que hubiera tanta (10-15 personas). Les propuse que echáramos entre varios a ese impresentable del bar. Y me respondieron: “Atrévete tú. Ayer andaba con un machete”.
Volví al local y ahí seguía, más chulo que un ocho, sentado en la barra e insultando.
Nadie se atrevía a entrar ni a salir, pero, bastante rato después, entró un hombre mayor, hijo del pueblo, y extrañado de la actitud del joven desconocido, le preguntó:
-¿Qué haces sentado ahí? ¿De dónde eres tú?
Bar Los Buitres, Gallipienzo Antiguo
El chulo, todo orgulloso, le dijo:
-¡De Donostia!
Y el hombre mayor:
-¿De Donostia? ¡Pues vete a hacer hostias de aquí!
Como una fiera, el impresentable saltó de la barra y fue a atizarle a la persona mayor, a quien yo conocía y apreciaba.
No me quedaba otra. No me preguntéis cómo (le doblaría la edad y él era más corpulento), pero le paré el golpe y lo inmovilicé en el suelo.
El impresentable, a pesar de sus intentos, no lograba soltarse de la presa que yo, con mucho esfuerzo, le hacía. Pero le decía a un chavalico (enseguida vi que era su hijo): “vete a casa y trae la carmela”. Y el mocete, todo asustado: “papá, la carmela no, la carmela no”. Por lo visto, no era la primera vez que la usaba.
Cuando ya, agotado, no podía sujetarlo por más tiempo, le dije “te voy a soltar, pero no vuelvas por aquí”.
Y por fin se fue.
Dejé el vino que me había estado tomando y me pedí una caña porque, como podéis imaginar, tenía la boca seca y una excitación inmensa. Empezamos a comentar la jugada y...
No me había tomado un par de tragos cuando unos gritos, golpes de metal contra piedra.., y unas voces: “¿dónde está ése de blanco?”, me hicieron sospechar, sin ninguna duda, que el impresentable volvía a por mí.
Agarré un taburete, de madera maciza, para protegerme, y salí a la puerta esperando lo peor.

"La carmela"
Y justo, justo en ese mismo instante [aún me emociono cuando lo estoy escribiendo], dos ángeles verdes entraron en escena. Y uno de ellos le dijo al impresentable: “¡tira eso al suelo!”.
Ya podéis imaginar qué era “eso”. Sí, “la carmela”: un hacha de doble filo, con la que tenía toda la intención de hacerme un peinado con una raya bien señalada en la cabeza... o donde me pillara.
¿De qué cuartel eran esos dos angelitos verdes? ¡De dónde iban a ser, pues de Cáseda, a un tiro piedra de Gallipienzo!

Nunca supe quién les llamó -y aprovecho esta primera vez que lo cuento públicamente para agradecérselo-, pero aquel 'alertante', si en vez de llamar directamente a la Guardia Civil de Cáseda, llega a llamar al 112 de la Beaumont y la operadora le entretiene con la misma maniobra de distracción que vais a comprobar a continuación, haría más de 20 años que el Pachicu estaría criando malvas:

Alertante: Mis vecinos de enfrente, dice mi mujer que están tirados en la calle. Avisen por favor al cuartel de la Guardia Civil que están a un minuto, que suban inmediatamente.
Operadora: Ahhh... cuántas... O sea, ¿hay dos personas en el suelo?
A: Dice que hay tres personas tiradas en la calle
O: ¿Tres?
A: Tres, sí, ensangrentadas
O: ¿Con sangre? [Si no fuera por la angustia, esto sería lo más cómico]
A: Sí, le ruego que avise a la Guardia Civil inmediatamente que suban, que suban.

256,42 metros separan, en línea recta, el puesto de la GC del nº 12 de la Calle Nueva (pincha)
Cáseda, martes 18.09.18 18.54.36 horas
Fue la segunda llamada que recibió Sos Navarra el martes 18, alertando de que alguien estaba disparando en la calle
G. GONZÁLEZ / C. REMÍREZ Pamplona
La llamada de la discordia fue la segunda que recibió Sos Navarra alertando del triple crimen de Cáseda. Según la transcripción literal de las comunicaciones a las que ha tenido acceso este periódico, la primera se dio a las 18.53.02 horas del martes. Un hombre avisaba de una fuerte pelea en la calle cuando, en mitad de la conversación, se escuchan cuatro detonaciones. La operadora de Sos Navarra pasó entonces al alertante con el Centro de Mando y Coordinación de Policía Foral. Desde allí, tras recibir los primeros datos, se le informó de que enviaban a agentes para allí.
La segunda llamada a Sos Navarra fue la del vecino que denunció la respuesta que recibió por parte de la operadora del 112. Telefoneó a las 18.54.36 horas y duró 2 minutos y 44 segundos. La transcripción literal es la siguiente:
Operadora: ¿Tres?
Alertante: Tres, sí, ensangrentadas
Operadora: ¿Con sangre? 
La transcripción literal de la llamada
Operadora: Sos Navarra, buenas tardes.
Alertante: Hola, buenas tardes. Mira, te llamo porque ha habido un tiroteo aquí en Cáseda, no sé si tenéis noticias.
O: Han llamado, sí, ¿qué es lo que ocurre? ¿Puede facilitarme algo de información?
A: Mis vecinos de enfrente, dice mi mujer que están tirados en la calle.
O: ¿Qué?
A: Mis vecinos de enfrente, dice mi mujer que están tirados en la calle. Avisen por favor al cuartel de la Guardia Civil que están a un minuto, que suban inmediatamente.
O: Ahhh... cuántas... O sea, ¿hay dos personas en el suelo?
A: Dice que hay tres personas tiradas en la calle
O: ¿Tres?
A: Tres, sí, ensangrentadas
O: ¿Con sangre?
A: Sí, le ruego que avise a la Guardia Civil inmediatamente que suban, que suban.
O: A ver, mis compañeros están avisando. El cuartel de la Guardia Civil, que vivan ahí no quiere decir que vayan desde ahí.
A: Están a un minuto, que suban inmediatamente que hay un tiroteo, que una persona pegando tiros, que suban que tienen autoridad para pararlos, por favor.
O: A ver, estamos pasando el aviso a policía para que vaya a evaluar, ¿vale?
A: Pues yo creo que deberían pasar el aviso al cuartel de la Guardia Civil más cercano, que está a un minuto, a un minuto, que pueden venir andando. Que vienen armados y pueden hacerse cargo, no entiendo, no lo puedo entender.
O: A ver, vale, la Guardia Civil si no está de servicio el personal que está en el cuartel no acude.
Yo porsiaca...
A: Yo flipo... Te juro que flipo, es una urgencia.
O: Ya, pero si no están trabajando
A: Están matando gente y no están trabajando y no acuden.
O: A ver, que si no están de Servicio no acuden, o sea, se le pasa el aviso tanto a Policía o a...
A: Hagan ustedes lo que consideren... Me he puesto nervioso pero ha sido...
O: Vale, vale, una cosa, ¿esas personas se mueven del suelo?
A: Estoy en mi casa encerrado y no salgo a la calle porque hay una persona pegando tiros, le estoy diciendo.
O: Vale, ¿puede ver esa persona quién es?
A: ¡No, no me puedo asomar!
O: Vale
A: ¡No me puedo asomar! ¡Usted lo entiende! ¿Usted me entiende lo que le estoy diciendo?
O: Le estoy entendiendo, están llamando varias personas y estamos intentando recabar información que le estamos facilitando a la Policía y también al Servicio Médico.
A: Es a la altura del número 12 de la calle Nueva.
O: Vale, donde la residencia, ¿verdad?
A: En la calle de más arriba, en la que sube...
O: Vale, tres personas en el suelo y hay una que está pegando tiros
A: Entiendo que hay alguien que les mata, coño, que no se mueren solos ni se desmayan. Joder, no lo he visto, no lo he visto. He escuchado disparos y estamos encerrados en casa, punto.
O: Vale, pues continúen encerrados, ¿vale?
A: Por supuesto.
O: Vale, hasta luego.

¡¡¡VERGONZOSO!!! 

lunes, 16 de mayo de 2016

Pablo Larraz: Los grafitos de San Zoilo

Uno de los grafitos mejor conservados en San Zoilo y que representa 
a una galera típica de la primera mitad del siglo XVI
Muchos pasamos por San Zoilo, vimos los grafitos y no le dimos mayor importancia. Pablo Larraz los vio, puso todo su empeño y... esto que vais a leer es un avance de los resultados.
Gracias, Pablo, por compartir tus investigaciones.

Actualización 30.05.16
Pablo Larraz me manda el enlace a un artículo publicado en ABC el 27 de mayo titulado La toma de Túnez oculta en una ermita navarra, con un vídeo que os destaco aquí:


***
La presencia de grafitos navales del interior de la ermita de San Zoilo de Cáseda, edificada en el siglo XIV, es desde hace muchos años un enigma sin resolver. Conocidos “desde siempre”, motivo de curiosidad y especulación, nadie hasta el momento ha sabido explicar su origen en el interior de una ermita “de secano”, llegándose incluso a dudar de que se trataran de algo más que “de una gamberrada”.
Cuando Pablo Larraz  Andía se estableció como médico rural en Cáseda (hace cinco años), también se cuestionó el origen y el sentido de los mismos, proponiéndose desentrañar aquel misterio.  Un apasionado de la Historia y con raíces familiares en esta Villa aforada, Larraz, cuenta en su haber con cinco libros que han versado sobre aspectos sanitarios y militares, y experiencias personales en torno a guerras carlistas y la guerra civil. En esta ocasión, en su investigación retrocedería significativamente en el tiempo.

Conjunto de la ermita y dependencias de San Zoilo
Muchas tardes, después de consulta, acudía al templo acompañado de lápiz y cuaderno, y con ayuda de diferentes de técnicas de iluminación y mucha paciencia, trató de identificar e ir reproduciendo los dibujos, muchos de ellos muy deteriorados y casi inapreciables por el paso del tiempo.

El resultado, tras meses de trabajo, fue sorprendente. Más allá de los dibujos más visibles, logró identificar un total de 40 grafitos, algunos de gran tamaño, y muchos desconocidos. Un conjunto formado por 13 embarcaciones navales, 5 fortificaciones terrestres, 12 figuras humanas, y 10 inscripciones en diferentes tipos de letra, todos ellos coetáneos, realizados por un mismo autor, y que parecían corresponder a un grupo representativo.

Detalles de galeras
Entre los barcos, logró identificar tres galeones, cinco galeras y otro tantos esquifes o embarcaciones menores, que por sus detalles y aparejos, correspondían a naves construidas en la primera mitad del siglo XVI. Todas fondeadas, fuertemente armadas con numerosos cañones sobredimensionada, muchos de ellos disparando, y una de ellas enarbolando la Cruz Borgoña, símbolo de los Ejércitos de España durante más de dos siglos.
Entre las figuras humanas, destaca la presencia de varios guerreros armados con escudos y alfanjes (espadas de filo curvo) y prendas de cabeza propias del ejército Turco. Otras, en cambio, aparecen manejando cañones o enarbolando en combate banderolas y cruces cristianas.
Además, identificó la presentación de cinco fortificaciones terrestres con almenas triangulares propias de la arquitectura militar árabe y, encaramadas a ellas, dos “bastidas”, maquinarias de guerra construidas en la antigüedad como torres de madera para el asalto de murallas.

Dibujos realizados por Larraz sobre una parte de los grafitos pintados en los muros.
Entre las inscripciones que se conservan –muchas incompletas-, destacan dos de gran tamaño, en letra capital, presididas por sendos “Vítores” (anagrama simbólico de la victoria) con nombres que podrían corresponder a inscripciones conmemorativas de “caídos” en la batalla.
Otra hace mención expresa al nombre de una de las embarcaciones representadas: la galera “Capitana de Nápoles”, buque capitán de la escuadra española de galeras de Nápoles.
Significativamente, el autor de los dibujos estampó su firma en lugares: una en latín y a gran tamaño “Lubián me fecit”, y otra, más pequeña, en letra bastardilla “Martín de Lubián”.

Con estos indicios, Pablo Larraz continuó su investigación en diversos archivos, tratando de recabar datos que pudieran encajar el puzle.
Estableció contacto y colaboración a partir de entonces con Pedro Fondevila Silva, capitán de navío y profesor de la Cátedra de Historia Naval de la Universidad de Murcia, quizá la máxima autoridad en el mundo de la historia de las galeras. Éste se desplazó desde Cartagena hasta Cáseda para estudiar in situ los grafitos y corroborar su autenticidad, como así fue, destacando la singularidad e importancia del hallazgo. En su opinión, podía tratarse de un caso único en España: la excepcional representación a través de conjunto de grafitos de un acontecimiento militar naval de envergadura y a través de una historia personal en el interior de una ermita no costera.
Pero, ¿quién fue el autor de los dibujos, y qué es lo que quiso representar en las paredes de la ermita de San Zoilo?

Firma Lubián
Sin estar completamente cerrada la investigación, todo parece apuntar como autor a Martín de Lubián y Ochoa, clérigo casedano, que antes de desempeñar el cargo eclesiástico había ejercido como capellán de los Tercios de España en primera mitad del siglo XVI en sus campañas contra el Turco en el Mediterráneo.
Al regreso de las campañas, y ser nombrado cura y beneficiado de la Iglesia de Santa María de Cáseda -de la que dependía la ermita- quiso representar en las paredes de la ermita el mayor acontecimiento militar del que había sido testigo y partícipe, y que suponía también una victoria de “la Cristiandad frente al Infiel”: el asedio y conquista a los turcos de una gran plaza fuerte costera de Túnez, en 1535, bajo el reinado de Carlos V.
De esta forma, Martin de Lubián, ayudado de andamiaje y escaleras, dedicó varios días para elaborar el conjunto de grandes dimensiones, ocupando en altura la mayor parte de los muros Norte y Sur del templo, y para el que empleó con pigmentos de “negro de humo” (aceite mezclado con carboncillo de madera).
 A través de dibujos esquemáticos de escaso valor artístico pero gran expresividad narrativa, Lubián trató de representar la llegada a Túnez de la Armada de Carlos V, el asedio, combates y asalto de las fortificaciones turcas e, incluso, la sublevación de los prisioneros cristianos en la Alcazaba.
En dos imágenes, incluso, en medio del combate, se intuye la presencia de un personaje subido a una escala y enarbolando la cruz. ¿Un autorretrato, quizá?

Pablo Larraz Andía señala, ante Luis Sola, una de las figuras humanas que representa a un guerrero del ejército turco con su característico turbante culminado en pluma y su espada. GOÑI
Lo cierto es que, en archivos y documentos, la presencia de oficiales y soldados naturales de Cáseda y otros pueblos del entorno en los Ejércitos de España es una constante durante las campañas de los siglos XVI y XVII, una etapa de especial desarrollo económico y proyección para muchos navarros en Europa y América. Mención especial merece Miguel Guerrero de Cáseda, teniente que estuvo al cargo del castillo de la ciudad de Capua, en Nápoles, autor junto a su cuñado Marcos de Isaba de un conocido tratado sobre la milicia española, publicado en 1594.
Parte de este enigmático conjunto de grafitos, de gran singularidad y valor histórico, es lo que ha llegado hasta nuestros días, y que la Asociación de Amigos de San Zoilo tratará de poner en valor para el futuro.
Panorámica muro norte
LOS LUBIÁN: UN LINAJE EN DECADENCIA
Los Lubián –apellido actualmente desaparecido en Cáseda-, aparecía ya desde 1439 en documentos como hombres al servicio de la corte de los reyes de Navarra. Mossen Miguel de Lubián, abuelo del autor de los dibujos,  fue recompensando en varias ocasiones  por el Rey Juan II y la princesa Leonor por sus servicios, en particular por su actuación durante la guerra civil de Navarra como alcaide de Eslava la defensa de los castillos de Cáseda y Eslava frente a los Beamonteses partidarios del Príncipe de Viana, en 1451.
Escudo de los Lubián en Lerga
Establecidos en Cáseda al menos desde 1498, la saga de los Lubián se vería envuelta durante dos siglos, en más de 100 pleitos y procesos por las cuestiones más diversas: derechos, deudas, tierras, injurias… El más significativos de todos ellos consistió en la reclamación del reconocimiento oficial de su condición de hidalgos, debido a que algunos paisanos de Cáseda aseguraron en sus declaraciones al fiscal que los Lubián  descendían en realidad “de un esclavo moro al que Mossen Miguel del Lubián trajo de una de sus campañas, y que, al no tener descendencia, había otorgado libertad, apellidos y herencia”. Durante más de sesenta años los descendientes de aquel Lubián pleitearon tratando de rebatir aquellas tesis; hasta que finalmente, en 1602, se reconoció por sentencia su limpieza de sangre su condición de hidalgos, con derecho a privilegios y uso de escudo: “dos castillos y dos ondas de mar en campo de gules”.
A pesar de ello, en el siglo y medio siguiente, la presencia de los Lubián languideció en Cáseda y su entorno, acosados por deudas y pleitos, viéndose obligados muchos de emigrar para establecerse en otros lugares de la corona o diluyendo el apellido en algunas familias.
Quizá, su último rayo de esplendor lo encarnaría Fermín de Lubián y Sos, el que fuera prior del cabildo de la Catedral de Pamplona y prestigioso cronista del siglo XVIII, cuyos restos reposan en la papilla Barbazana.

Toda esta historia, surgida en torno a los enigmáticos grafitos de San Zoilo, verá la luz próximamente en una publicación que ultiman Larraz y Fondevila.

Si queréis más información, Pablo Larraz y Pedro Fondevilla presentaron un avance de su investigación sobre los grafitos navales de la ermita de San Zoilo de Cáseda en el número 262 de 2015 (pinchad en "ver PDF") de la Revista Príncipe de Viana.