El encierro más largo
El 12 de julio de 1958. Duró media hora. Los miuras llegaron a la plaza, pero uno de los toros se negó a entrar en toriles. «Los mozos se le acercaban más que los dobladores. Inútilmente (...) Salieron los cabestros. Arroparon al miura. Tiraban de él. Como si no. El miura, terne que terne, en su sitio. Entonces, unos cuantos mozos fueron obligando a los restantes a replegarse a la barrera. Todos obedecieron», relataba Antonio Díaz-Cañabate, el cronista de ABC. Al final un pastor «apareció con un perro diminuto color canela», que le ladró a la cara con gran descaro, le mordió las patas hasta que «a los 25 minutos de brega» entró en los toriles. «Un grupo de mozos cogió en hombros al perro y le dieron una vuelta al ruedo, entre entusiasta ovación».
El 12 de julio de 1958. Duró media hora. Los miuras llegaron a la plaza, pero uno de los toros se negó a entrar en toriles. «Los mozos se le acercaban más que los dobladores. Inútilmente (...) Salieron los cabestros. Arroparon al miura. Tiraban de él. Como si no. El miura, terne que terne, en su sitio. Entonces, unos cuantos mozos fueron obligando a los restantes a replegarse a la barrera. Todos obedecieron», relataba Antonio Díaz-Cañabate, el cronista de ABC. Al final un pastor «apareció con un perro diminuto color canela», que le ladró a la cara con gran descaro, le mordió las patas hasta que «a los 25 minutos de brega» entró en los toriles. «Un grupo de mozos cogió en hombros al perro y le dieron una vuelta al ruedo, entre entusiasta ovación».
Tiburcio de Okabio, que presenció la escena, describía que "había que ver lo satisfechico que iba (el perro) y su carica de importancia". No es para menos, que no todos los días se tiene la oportunidad y el valor de torear a un Miura en Pamplona. Y triunfar.

