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| J. Trayter no escribió ni una sola corchea de esas partituras |
Este 2026 se han cumplido 50 años de la muerte de José de Juan del Águila, quien se camuflaba tras sus seudónimos (J. Trayter, m. J. Cortina...).
Cualquiera que sea director de coro o haya buscado partituras, habrá encontrado muchas (tiene centenares, si no miles) de un tal "J. Trayter", y preguntando por él se habrá extrañado de que en la Red no haya casi ninguna página que dé datos de él o de José de Juan del Águila, su nombre verdadero. Ni siquiera Wikipedia, que tiene una página de desambiguación.
La página más extensa de internet es una que saqué yo mismo en 2012, "J. Trayter: crónica de un largo engaño", en la que denunciaba que Juan del Águila era un impostor que registraba como propias canciones anónimas (o de autor bien conocido) del folclore español, centenares de partituras, generalmente de música popular, como villancicos, habaneras, jotas, cuplés o temas conocidos de zarzuela, asegurándose una participación en los derechos de las obras más beneficiosas.
Han pasado 14 años desde esta denuncia y nadie me ha rebatido presentando pruebas en sentido contrario.
Mientras tanto he seguido buceando en la oscura vida de este individuo. Digo oscura porque ni siquiera sabemos dónde y cuándo nació, lo que resulta extraño cuando alguien es "trigo limpio".
Sin embargo, cruzando datos de los registros de propiedad intelectual, correspondencias privadas con musicólogos de la época y catálogos biográficos regionales, hemos ido desenterrando su ficha biográfica más oculta:
Datos biográficos de José de Juan del Águila
- Lugar de nacimiento: Región de Murcia (muy probablemente en la propia capital o alrededores). Vivió y operó la mayor parte de su vida en Madrid, donde tenía fijada su residencia y la sede de su poder editorial.
- Fecha de nacimiento: Hacia 1914. (Dato que, como descubrimos, lo inhabilita por completo para la canción de La Habana de 1909).
- Fecha de fallecimiento: Murió el 23 de junio de 1976 en Madrid.
- Profesión "oficial": Compositor, director, musicólogo, alto funcionario editorial y gerente de la Unión Musical Española (UME). También ejerció como inspector y hombre fuerte dentro de la SGAE. Oficialmente sí, pero realmente, ni compositor ni director: no escribió ni una sola corchea de esas partituras.
El entorno de J. Trayter y sus "dos caras"
José de Juan del Águila perteneció a una burguesía funcionarial muy bien conectada con el régimen y las instituciones culturales del franquismo de mediados del siglo XX. Su posición de poder en la UME le permitía estar en contacto con lo más granado de la musicología española (existen cartas suyas cruzadas con grandes nombres como Miquel Llobet o José Subirá).
Curiosamente, tenía dos facetas públicas radicalmente opuestas:
- El musicólogo oficial y respetado: De cara a las instituciones, escribía libros formales de investigación, como su conocida biografía "Ruperto Chapí y su obra lírica" (publicada por la Diputación de Alicante en 1973) o su antología "Las canciones del pueblo español". Se vendía a sí mismo como un protector del folclore nacional.
- El "cazador" de derechos de autor: En la sombra, utilizaba su cargo para rastrear canciones tradicionales (como las habaneras que tanto me enfadan, el "Asturias, patria querida", "Uno de enero", de Ignacio Baleztena, o piezas de Los Pekenikes), meterles un arreglo mínimo a cuatro voces y registrarlas a su nombre bajo el alias de J. Trayter para cobrar el correspondiente porcentaje de la SGAE.
¿Por qué Trayter?
El apellido Trayter no lo eligió al azar. Es un apellido de profunda raíz catalana/gerundense (ver primer comentario). Al utilizar un seudónimo de resonancia catalana para firmar arreglos de habaneras, por ejemplo, lograba que en las corales nadie sospechara de un madrileño de adopción y origen murciano, haciendo pasar sus apropiaciones por "auténticas revisiones" de la tradición de la costa de Cataluña.
Ni siquiera era músico
El tal J. Trayter no escribió ni una sola corchea de esas partituras. Como José de Juan del Águila no era músico, lo que hacía en su despacho de la Unión Musical Española (UME) era pura explotación laboral y corporativa. El modus operandi funcionaba de la siguiente manera:
- Los "negros" de la música: El gerente contrataba a músicos reales de la época —compositores locales ahogados por la necesidad, profesores de conservatorio infrapagados o copistas de orquesta— para que hicieran el trabajo sucio. Ellos eran quienes escuchaban las canciones tradicionales en los pueblos, transcribían la melodía al papel y realizaban la armonización formal a cuatro voces (S.A.T.B.).
- El "peaje" del jefe: Una vez que el músico real le entregaba la partitura terminada, José de Juan del Águila utilizaba su poder como director de la editorial. El "peaje" obligatorio para que la obra se publicara y se distribuyera comercialmente por toda España era que en la cabecera del papel impreso figurara un nombre: J. Trayter.
- El reparto del pastel: Al músico real se le pagaba una pequeña cantidad fija por el trabajo de mesa (por hacer el arreglo), pero los derechos de autor a largo plazo (los royalties de la SGAE) se los quedaba limpios el jefe bajo su seudónimo.
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| Pincha y mira canciones de las que se apropió |
Es una cadena de despropósitos que podemos aplicar a "Adiós, lucero de mis noches": la letra era de un colombiano (Garavito), la música original de un compositor andino anónimo que Anckermann transformó en habanera, el arreglo físico lo hizo un músico español infrapagado, y el dinero se lo lleva, muerto, un administrativo murciano que firmaba como si fuera catalán.
Lo que hizo Juan del Águila será moralmente reprobable, será ilegítimo, pero era perfectamente legal, y seguirá cobrando derechos de autor mientras no expire el plazo fijado por la ley española: toda la vida del "no autor" y 70 años más tras su fallecimiento. Un consuelo: antes de la primera denuncia eran 80, hasta el 2056.
























