domingo, 23 de agosto de 2026

Bulo en el plató de Antena 3

José Luis Escrivá sale irritado del plató, ante el asombro del economista Gonzalo Bernardos y la actitud hierática de Susana Griso (imagen IA Google)

Las webs a las que redirigen los enlaces que circulan utilizan el logo y el nombre de El Mundo. Pero si miráis arriba, a la URL, ésta no tiene relación ni con El Mundo ni con Antena 3, sino que incluye un latinajo sin sentido alguno:
ALERTA DE ESTAFA: El falso escándalo en Antena 3 que busca robar tu dinero
En las últimas semanas ha circulado con fuerza un texto muy convincente que simula ser una noticia real. Narra un supuesto escándalo en directo en el programa Espejo Público de Antena 3, donde José Luis Escrivá, exministro y actual Gobernador del Banco de España,  sale irritado y gritando del plató, el economista Gonzalo Bernardos es supuestamente detenido y esposado, y el empresario Juan Roig interviene para desvelar un "secreto financiero".
Todo lo que cuenta esta historia es absolutamente FALSO. Gonzalo Bernardos y José Luis Escrivá no han coincidido en un plató de Espejo Público para hablar de plataformas de inversión. Y, por supuesto, Gonzalo Bernardos jamás ha salido esposado de ningún plató. Susanna Griso, por su parte, ha desmentido categóricamente múltiples bulos y estafas que utilizan su imagen, su voz manipulada con inteligencia artificial y el formato de su programa Espejo Público para promocionar falsas plataformas de inversión:
  • Es una suplantación de identidad: Utilizan los nombres y el prestigio de caras conocidas de la televisión y la economía española para generar confianza.
  • No hubo detenciones ni huidas: El economista Gonzalo Bernardos jamás fue arrestado, ni el Gobernador del Banco de España abandonó ningún plató por este motivo.
  • El verdadero objetivo es el fraude: Toda la narrativa está diseñada para que el lector muerda el anzuelo y deposite 250€ en una plataforma fraudulenta llamada Brenor Return (o nombres similares como Immediate Connect). Es un esquema de estafa automatizada donde el dinero depositado desaparece por completo.
Ahora que ya estáis sobre aviso, aquí tenéis la transcripción completa del bulo, con todas sus imágenes, para que veáis lo convincente que resulta.

Consejos de Desolvidar
Buitre con cencerro en Grazalema
Si te llega este bulo por redes sociales, correo o mensajería, no lo compartas como real y advierte a tu entorno. Las plataformas financieras legítimas y reguladas nunca se promocionan inventando detenciones ni hackeos informativos.
Cuando alguien afirma algo excepcional (por ej. "salió esposado del plató"), es ese alguien quien debe aportar las pruebas de que así sucedió. Quien niega que los cutos vuelen no tiene que aportar ninguna prueba, porque es evidente.
Me dijeron una vez que en Gallipienzo  colocaron un cencerro a un buitre. Conociendo al personal, yo me lo creí, pero pedí una prueba. Cuando hoy mismo he buscado la prueba, no la he encontrado en Gallipi, pero sí en Piquera (Soria, columna de la dcha.) y en Grazalema.

Tres pautas sencillas para detectar enlaces sospechosos
Aquí tenéis las tres pautas sencillas y directas, para que podáis detectar enlaces sospechosos rápidamente:
  • Revisa bien el dominio: Las webs falsas imitan periódicos reales pero cambian letras o usan extensiones raras como .xyz, .biz o .cc. O ese latinajo del enlace de hoy.
  • Sospecha de la urgencia: Si el enlace promete hacerte rico rápido, curarte una enfermedad en días o te urge a pagar ya, es un fraude.
  • Desconfía de los enlaces acortados: Los estafadores ocultan la dirección real detrás de enlaces muy cortos generados en plataformas externas para que no veas a dónde vas.
Y sobre todo, no vayas de listillo, pensando que tú controlas. Son los primeros que caen.

sábado, 22 de agosto de 2026

¿Es España la que se niega a devolver los invasores a Marruecos?


Ceuta asaltada y Sánchez, fumándose un puro en la Mareta 
¿Es España la que se niega a devolver los invasores a Marruecos?

«Es posible que a Sánchez y a su Gobierno les interese que la invasión de Ceuta dure lo más posible para echar la culpa al PP y a Vox de no aceptar a los menores»

Hace más de una semana el Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, declaró solemnemente que «mi homólogo marroquí me ha ofrecido su total disposición a retornar a todas esas personas inmediatamente».

Se refería a la devolución a Marruecos de los inmigrantes invasores que habían llegado a Ceuta el 30 de julio y que aún andaban pululando por las calles de la ciudad española. Entonces hacía 12 días de la invasión y hoy ya son 20 los días transcurridos y, como podemos ver en todos los telediarios, Ceuta sigue siendo una ciudad inhabitable por los miles de ocupantes que llenan sus calles, sus plazas, sus playas y hasta su cementerio. Llenándolo todo de suciedad y de miseria, pero, sobre todo, de inseguridad, de desconcierto, de angustia y de miedo para esos ciudadanos europeos y españoles que son los ceutíes. Y, por si faltaba algo, ahora con cientos de inmigrantes subsaharianos en huelga de hambre para evitar ese retorno a Marruecos y conseguir que España se haga cargo de ellos y así entrar en Europa.

Al ver lo que estamos viendo y recordar la solemne frase de Albares con la que anunciaba la disposición de Marruecos a recoger a todos esos mayores y menores que llenan de miedo Ceuta, cualquier persona con un mínimo sentido común tiene que preguntarse qué pasa para que España no haya puesto en marcha inmediatamente los mecanismos necesarios para que Marruecos cumpla el compromiso que anunció Albares.

La respuesta es clarísima y lo dijo desde el principio el Gobierno marroquí: «Estamos dispuestos a aceptar el retorno de todos y el problema es que la legislación española lo impide».

Todos los españoles nos preguntamos por qué, si las actuales leyes españolas son las que impiden recuperar la normalidad de Ceuta después de la tremenda invasión de que ha sido objeto, no se convocan inmediatamente las Cortes Generales (que aunque Sánchez no quiere aceptarlo es ahí donde reside el Poder Legislativo y no en su persona) y, con toda urgencia, se aprueba la derogación de toda aquella legislación que impide el retorno inmediato y se aprueban, en su caso, los nuevos decretos-leyes que sean necesarios para acabar con esos frenos al sentido común que se está demostrando que tienen las actuales leyes españolas.

Es posible que a Sánchez y a los miembros de su Gobierno lo que les interese sea que la invasión de Ceuta dure lo más posible para, con la ayuda de los medios de comunicación que les aplauden hagan lo que hagan, echar la culpa al PP y a Vox de no aceptar a los menores no acompañados que les quieren adjudicar y culpar a las Comunidades Autónomas gobernadas por éstos de que Ceuta siga invadida.

Que no les importa lo más mínimo que dure esta invasión lo demuestra, en primer lugar, la actitud de Sánchez, empeñado en demostrar que nada de nada le va a impedir seguir veraneando como un magnate de los más ricos del mundo en La Mareta, que hay que recordar que es un palacio con su entorno, que en 2015 Felipe VI cedió a los españoles para que «se pusiera al servicio de los intereses turísticos de España».

Pero no sólo es Sánchez el que se fuma un puro mientras los ceutíes se cuecen en su angustia, son todos sus ministros, que también son responsables de encontrar soluciones a los inmensos problemas que en Ceuta se están viviendo. Los ministros van al photo call, sueltan el mensaje de que allí no pasa nada y que lo que pasa se está solucionando gracias a ellos. Sólo cinco ministros, de los 22 que le hacen la ola a Sánchez en los Consejos de Ministros, han ido allí para, como estamos viendo, no hacer nada. Con la de Sanidad como máxima estrella de la falsedad, atreviéndose a decir que allí no hay colapso sanitario, cuando hace cuatro días ya eran 5.800 los inmigrantes atendidos por los profesionales de la Sanidad ceutí y ponerse a criticar a Vivas y a las autoridades ceutíes.

El escándalo mundial y la vergüenza que nos está dando a los españoles la actitud de nuestro Gobierno en Ceuta viene así a añadirse a los desastres de gestión de crisis a que nos tiene acostumbrados Sánchez, especialista únicamente en moverse en el Falcon, que, por cierto, le pagamos todos: el Covid, el volcán de La Palma, la dana, el apagón, los incendios o el accidente de Adamuz. Cualquiera de estas crisis en una democracia sana hubiera provocado la dimisión del Gobierno y la celebración de elecciones.

viernes, 21 de agosto de 2026

El obituario de José de Juan del Águila (J. Trayter)

J. Trayter es el Sánchez de las partituras. Este "señor" se apropió (pincha, pincha) de Levántate pamplonica, Y voy por la carretera, Uno de enero, Boga boga, Desde Santurce a Bilbao, Un inglés vino a Bilbao... Sin ni siquiera ser músico, seguirá cobrando derechos de autor hasta el 1 de enero de 2047. Y todas las corales siguen ensayando con las partituras de J. Trayter sin rechistar

El 1 de Agosto de 1976, Ritmo, la prestigiosa revista de música clásica española, fundada en 1929 y que sigue en la brecha, publicó (página 7) un obituario dedicado a José de Juan del Águila que, a primera vista, puede parecer contradictorio con lo que en este blog decimos.
Aquí tenéis la transcripción literal y exacta del texto y, justo debajo, os desgrano las "perlas" y contradicciones que esconde esta sarta de elogios de la época.

Transcripción literal del obituario Revista Ritmo (final página):
JOSE DE JUAN HA MUERTO
Ha muerto en Madrid, el 23 de junio pasado, José de Juan del Águila. José de Juan era un hombre plenamente volcado hacia la música. Autor, musicólogo, director de una importante editorial musical, tratadista y escritor sobre varios de los más característicos aspectos de la temática musical española, confluían en él una impresionante erudición teórica y un acusado sentido práctico. La una servía para calificarle de verdadero estudioso; la otra, para insertarle dentro de la categoría de "hombre de empresa". José de Juan era una de esas personas que cimentan de verdad la actividad musical de un país. Su labor, siempre silenciosa, siempre discreta, fue, asimismo, siempre fecunda. Joaquín Rodrigo le definió ya hace años como "el perfecto editor". Y, vista la carestía de esta clase de hombres de empresa para la música que hemos sufrido secularmente en nuestro país, el retrato definitorio que Rodrigo realizó de De Juan adquiere, hoy más que nunca, dimensiones de elogio de auténtica importancia. Ha muerto, pues, un hombre bueno, un hombre útil, un hombre honesto, un hombre práctico para la música española. Y a la tristeza que produce su ausencia se suma la inquietud de comprobar lo difícil que resultará su sustitución.
Lo que el texto oculta entre líneas
Este obituario es una radiografía perfecta de cómo el régimen y las instituciones musicales protegían y ensalzaban a los hombres de despacho. Si lo leemos con la lupa de nuestra investigación, salen a la luz detalles que confirman al 100% nuestras fundadas sospechas:
  • La gran contradicción (¿Músico o empresario?): Fijaos en el juego de palabras que utiliza el redactor. Dice que tenía una "impresionante erudición teórica" unida a un "acusado sentido práctico". Y aclara sin tapujos que ese sentido práctico sirvió "para insertarle dentro de la categoría de 'hombre de empresa'". El texto admite de forma elegante que su verdadero talento no era la composición creativa, sino los negocios y la gestión de la editorial.
  • El espaldarazo de Joaquín Rodrigo:
    Este dato es una bomba. El mismísimo autor del Concierto de Aranjuez, el maestro Joaquín Rodrigo, le definió como "el perfecto editor". Rodrigo, que era ciego y dependía por completo de las editoriales (como la Unión Musical Española) para la transcripción, impresión y distribución de sus partituras en sistema Braille y tradicional, conocía muy bien el poder de José de Juan del Águila. Que lo catalogue como "editor" y no como "creador" o "compositor" vuelve a darnos la razón: era el dueño de la imprenta y de los derechos, el engranaje burocrático.
  • Una labor "silenciosa y discreta": El obituario califica su labor como "siempre silenciosa, siempre discreta". Claro, ¡cómo no iba a ser silenciosa! En la discreción de su despacho de la UME es donde operaba el truco de firmar como J. Trayter las adaptaciones tradicionales de la música que otros trabajaban, manteniéndose convenientemente alejado de los escenarios y el escrutinio público. Que yo sepa, no ha legado a la era de la digitalización ni una foto de este escurridizo individuo. Y las que, sin duda, guarda su familia han quedado en un estricto ámbito privado.
Al leer en el obituario la mención a Joaquín Rodrigo ha sido inevitable recordar la entrada de 2018 sobre el Himno de Acción Católica.
Ahora que releo cómo recordaba esa música desde mis 11-12 años en el Seminario de Tudela, allá por 1962, la frase de Joaquín Rodrigo, llamando a José de Juan del Águila "el perfecto editor", cobra un sentido muchísimo más profundo y casi familiar para mí.
Mirad cómo encajan las piezas del puzle:

1. El cordón umbilical: El disco que rescaté (1961)
En mi desolvido de 2018 desvelé que en 1961 se estrenó ese himno con letra de Pemán y música del maestro Joaquín Rodrigo. ¿Y quién editaba y controlaba absolutamente toda la obra del Maestro Rodrigo en esa época exacta? La Unión Musical Española (UME), dirigida con mano de hierro por nuestro "amigo" José de Juan del Águila (J. Trayter). Del Águila no solo se apropiaba de habaneras o les cobraba royalties a Los Pekenikes; como "perfecto editor" de empresa, era quien tenía la sartén por el mango para fabricar, imprimir y distribuir aquel vinilo de 45 revoluciones de los Cantores de Madrid que terminó sonando por los altavoces del seminario de Tudela.

2. La red de influencias en Madrid
El obituario de Ritmo dice que De Juan era un hombre de labor "silenciosa y discreta", pero con un "acusado sentido práctico". En los comentarios de mi propio blog, una lectora anónima me decía en 2025: "Yo estaba en el Palacio de la Música de Madrid cuando el Himno de Acción Católica se estrenó. Y como trabajaba en el Consejo Nacional de la A.C. fui con otras jóvenes a saludar al maestro". Ese estreno por todo lo alto en Madrid, conectando al Consejo Nacional de Acción Católica con el Maestro Rodrigo y José María Pemán, fue un monumental negocio de relaciones públicas e institucionales gestionado desde la penumbra por el propio José de Juan del Águila. Él unía los hilos del dinero, la Iglesia, los autores del régimen y la imprenta musical.

Terminamos conectando ambos mundos:

El maestro Joaquín Rodrigo no erró el tiro al bendecir a José de Juan del Águila como 'el perfecto editor'. Sabía bien de lo que hablaba. Mientras el músico ciego ponía su genio al servicio de obras como el 'Himno de Acción Católica' que a mí me despertaba en el Seminario de Tudela en 1961-62, el hábil gerente de la Unión Musical Española utilizaba ese mismo 'sentido práctico' de los despachos para pasar el rastrillo por los cancioneros populares, adjudicándose con el alias de J. Trayter los derechos de las melodías de medio mundo.

jueves, 20 de agosto de 2026

María Luisa Elío, desconocida en Pamplona

De camino a Vistabella suelo pasar a menudo por la Plaza del Juez Elío. No sabía que su hija tenía también una calle en la Magdalena y a su nombre la Biblioteca Pública de Barañáin. Quizás sea el único caso en Pamplona en que padre e hija tengan calles a su nombre

María Luisa Elío: la pamplonesa universal que habitó el exilio
El pasado 17 de agosto de 2026 se cumplió el centenario del nacimiento de María Luisa Elío Bernal, una de las mentes más brillantes, y a menudo olvidadas, de nuestra cultura. Escritora, actriz y cineasta, su vida estuvo marcada por el desgarro del exilio y la búsqueda constante de los paraísos perdidos de su infancia. Ante las conmemoraciones institucionales previstas por el Instituto Navarro de la Memoria y el Ayuntamiento de Pamplona, es el momento idóneo para rescatar la memoria de esta pamplonesa universal.

Infancia rota en el Segundo Ensanche
María Luisa nació en la emblemática casa Martinicorena, situada entre las calles Bergamín y Arrieta. Aquel edificio era conocido entonces como «la última casa de Pamplona». Hija del juez Luis Elío y de Carmen Bernal, sus primeros años transcurrieron entre las aulas de las Ursulinas y el colegio de María Auxiliadora, donde adquirió un sólido dominio del francés. Sin embargo, su verdadera pasión temprana fue el teatro, llegando a subirse al escenario del Teatro Gayarre en funciones infantiles.
Toda aquella paz se truncó con el estallido de la Guerra Civil. Como ella misma escribiría, la contienda «llegó por los tejados». Tras la detención de su padre, comenzó un doloroso periplo de huida para María Luisa, sus hermanas y su madre. Con apenas diez años, sufrió la reclusión de tres meses en Elizondo, convirtiéndose en una de las cautivas más jóvenes del conflicto. Después vendría una caótica huida por San Sebastián, Irún, Valencia y Barcelona bajo los bombardeos, hasta cruzar la frontera francesa por Le Perthus.

El remanso de paz en Quincy y el viaje a México
A treinta kilómetros de París, en la localidad de Quincy, María Luisa encontró un oasis de sosiego entre los doce y los catorce años. Estudió en el internado del Château Leroy, un centro gestionado por el conde Hubert Georges Edouard de Monbrison y su esposa Irina Pawlowna Paley. Los archivos digitales conservan hoy imágenes de aquel grupo de niñas refugiadas rusas, alemanas y vascas compartiendo estudios, deportes y danzas tradicionales. Fue el rincón donde logró ser feliz entre los escombros de dos guerras.
El 12 de febrero de 1940, la familia —ya reunida— zarpó desde Le Havre a bordo del buque De Grasse rumbo a Nueva York. Tras superar la cuarentena en Ellis Island y pasar unos días amparados por familiares, partieron hacia su destino definitivo: México, un país que abrió sus brazos generosamente a la intelectualidad republicana.

Efervescencia cultural y el influjo de García Márquez
A pesar de la amargura por la separación de sus padres, el México del exilio ofreció a María Luisa un entorno artístico deslumbrante. Se formó en teatro con figuras como Marga Donato y Seki Sano, e integró una tertulia irrepetible junto a Octavio Paz, Carlos Fuentes, Leonora Carrington, Juan Rulfo y su esposo, Jomí García-Ascot.
En 1959 se trasladó con García-Ascot a la Cuba de la naciente Revolución. En La Habana escribió guiones y colaboró estrechamente en la fundación del Instituto de Cine Cubano (ICAIC). Sin embargo, la estampa de los guerrilleros moviéndose por las azoteas habaneras le reavivó el trauma de Pamplona. Fue el escritor Alejo Carpentier quien, al descubrir los textos y cartas íntimas que María Luisa guardaba en el hotel, la instó de forma categórica a darles forma: «María Luisa, esto tienes que culminarlo».
De regreso en México, aquel impulso se transformó en la película En el balcón vacío (1962), una auténtica proeza cinematográfica escrita por ella y rodada de forma independiente por exiliados republicanos. Fue en esa época cuando estrechó lazos con Gabriel García Márquez, siendo testigo directo de la gestación de Cien años de soledad. El Nobel colombiano, fascinado por la sensibilidad de la pareja, les acabó dedicando su obra cumbre.

El doloroso retorno al «balcón vacío»
La melancolía del destierro empujó a María Luisa a intentar el regreso a Pamplona cuando su hijo tenía seis años. Pese a la hospitalidad de la familia Torres, la experiencia fue devastadora: su hogar de la infancia estaba ocupado por extraños y ni siquiera pudo asomarse a contemplar su viejo balcón. Peor aún, nadie la reconoció al caminar por las calles de su propia ciudad.
De vuelta en México, canalizó aquel dolor en una producción literaria descarnada y profundamente autobiográfica: Tiempo de llorar, Voz de nadie o Cuaderno de apuntes en carne viva. Estas obras se alzan hoy como piezas maestras de la literatura del retorno y la narrativa del exilio en primera persona. Además de su labor creadora, destacó como una brillante gestora cultural en la Fundación Televisa y en el Instituto de Bellas Artes.

Navarra ha comenzado a saldar su deuda histórica dedicándole una calle en la Magdalena y dando su nombre a la biblioteca de Barañáin. Sin embargo, su centenario nos exige ir más allá: leer su obra, comprender sus claroscuros y aplaudir, por fin, la verdad de una navarra valiente, generosa y universal.

El juez Luis Elío
Luis Elío (1895-1968), padre de Mª Luisa, nacido en Tarragona pero de padres navarros, tras ser detenido en 1936 y pasar tres años encerrado en la Casa de la Misericordia de Pamplona, huyó a Francia y, ya con su familia, se desplazó en 1940 a México, donde murió en 1968.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Mucho ojo con éste: El Golpe ya está dentro


El Golpe ya está dentro  X Javier Benegas
España vuelve a estar ante una hora crítica. No en el sentido teatral de la expresión, ni en la forma del 23 de febrero de 1981: tanques en Valencia, un teniente coronel con tricornio y bigote entrando en el Congreso, diputados tirados al suelo y una nación entera conteniendo la respiración ante el televisor. Aquel fue el golpe visible, el sobresalto de una democracia que apenas empezaba a caminar. El peligro de hoy es distinto. No viste uniforme, no irrumpe a tiros en el hemiciclo, no suspende la Constitución con un bando por radio. Opera de forma más insidiosa: conserva el decorado y apela a la legalidad mientras avanza por dentro, desmontando controles, colonizando instituciones y convirtiendo la democracia en una mera fachada

Esa es precisamente la gravedad del momento. La amenaza ya no procede de unos militares nostálgicos que se sitúan al margen del sistema, sino de personajes perfectamente instalados dentro de él. Algunos incluso se sientan en el Congreso con acta de diputado actuando como cómplices necesarios de una asonada peculiar y declarando, de una forma u otra, su hostilidad al Estado, a la nación española y, por consiguiente, a los intereses, derechos, inquietudes y legítimas aspiraciones de los españoles. Y, sin embargo, participan en la gobernabilidad del país, condicionan la legislación, deciden mayorías y sostienen al Gobierno. El viejo golpe pretendía tomar el Congreso por la fuerza. El nuevo no necesita tomarlo: ya está dentro.

España se encuentra hoy ante un momento tan decisivo como aquel de sus primeros años democráticos. Entonces el desafío apareció de frente, con olor a cuartel. Ahora llega con decretos, pactos parlamentarios, maniobras procesales, colonización institucional y una ofensiva total contra el Estado de derecho

Que Pedro Sánchez haya encontrado en esta arquitectura su lugar natural no debería sorprender demasiado. Sánchez no ha inventado todos los males del sistema, aunque los haya llevado a su estadio final. No es el origen único del problema, pero sí su producto más acabado. Su talento político, si puede llamarse así, ha consistido en descubrir que bajo la superficie parlamentaria de nuestro modelo existía un cesarismo soterrado: un poder inmenso concentrado en La Moncloa, apenas limitado cuando se está dispuesto a usar todas las palancas de ese poder sin escrúpulo alguno. Sánchez no ha creado la enfermedad; la ha aprovechado y la ha convertido en su método de gobierno.

Para que esto haya sido posible, antes tuvieron que fallar muchas cosas. Una ley electoral que sobrerrepresenta a las minorías territoriales y convierte a formaciones desleales en árbitros de la gobernabilidad. Una justicia politizada desde hace décadas, sometida a repartos, cuotas y pactos entre partidos que la han deteriorado gravemente. Una administración cada vez más infiltrada por redes clientelares, cargos de confianza, organismos duplicados, subvenciones, empresas públicas, asesores, fundaciones y una formidable constelación de intereses que han transformado el Estado en una ruinosa maquinaria de colocación, obediencia y reparto. Todo eso estaba ahí antes de Sánchez. Lo que Sánchez ha hecho ha sido usarlo sin pudor, sin límite y sin esa mínima contención que, en otro tiempo, todavía imponía la vergüenza.

Pero detrás de todo lo anterior hay un error más profundo, quizá el mayor de la Constitución de 1978. El texto constitucional nació bajo la sombra de una dictadura de casi cuarenta años y bajo la amenaza latente de la involución. Sus redactores quisieron asegurar la estabilidad, integrar a los partidos, evitar aventuras y consolidar una democracia en tiempo récord. La intención probablemente fue buena. El resultado, sin embargo, dejó una grieta colosal: se confió en que los partidos políticos serían los vehículos virtuosos del pluralismo democrático y se les entregó una arquitectura institucional que los convirtió de facto en los dueños del sistema. No en instrumentos al servicio de los ciudadanos, sino en propietarios del modelo.

Los padres de la Constitución quizá pecaron de ingenuidad, y quizá también lo hicieron con la mejor de las intenciones. Pero el hecho es que delegaron la supervivencia de nuestra democracia en la buena voluntad de un puñado de líderes políticos. Dejaron demasiadas salvaguardas en manos de quienes tenían incentivos para desactivarlas. El sistema funcionaba mientras los partidos aceptaban ciertos límites, mientras existía una contención, mientras la ocupación de las instituciones encontraba algún freno en la prudencia, el respeto o simplemente el miedo al escándalo. Pero, ¿qué ocurre cuando llega al poder alguien dispuesto a explotar cada resquicio, a tensar cada costura y a convertir cada anomalía en una ventaja estratégica a su servicio? Ocurre lo que estamos viendo.
Javier Benegas es un reconocido publicista, escritor, politólogo y periodista español, especializado en el análisis político, la comunicación estratégica y la geopolítica contemporánea.

A estas alturas ya sabemos que Sánchez es extremadamente peligroso, pero no basta con señalarlo a él. También debo llamar la atención sobre una oposición que parece esperar la alternancia como quien espera la lluvia en abril: tarde o temprano llegará, dicen, porque siempre ha llegado. Esa confianza en el relevo electoral es hoy una forma de ceguera. La alternancia no es una ley inexorable. No está escrita en las estrellas. Depende de que las reglas limpias prevalezcan, de instituciones neutrales, de controles efectivos, de un espacio público libre y de un Gobierno dispuesto a perder el poder si los ciudadanos lo deciden. ¿Podemos seguir dando todo eso por descontado?

Si se analizan con detenimiento las maquinaciones de Pedro Sánchez y su entorno, así como el enorme poder que proporciona La Moncloa, no se puede descartar que el Gobierno esté trabajando también sobre el terreno electoral. No mediante una falsificación burda, sino mediante una ingeniería sofisticada: modificar las condiciones del juego, agrandar determinadas bolsas de voto, explotar el voto exterior, apuntar con precisión allí donde el escaño se decide por un puñado de papeletas y convertir lo que antes era marginal en disruptivo.

Sin embargo, el síntoma más revelador de esta fase terminal está en que un puñado de jueces, fiscales y agentes de la ley hayan terminado acaparando el foco informativo y cargando sobre sus hombros el peso abrumador de salvar la democracia en el tiempo de descuento. Esta anomalía debería estremecernos. Porque significa que la barrera política ha caído. Significa que la barrera social es casi inexistente. Significa que los medios, los partidos, la sociedad civil y buena parte de las instituciones no han sabido, no han querido o no han podido detener a tiempo el deterioro. Si lo único que queda es la barrera judicial, conviene recordar dos cosas: que la justicia es lenta y que, en un sistema políticamente capturado, incluso sus decisiones pueden ser neutralizadas.

Pensemos en el caso más extremo: que el Tribunal Supremo llegara a solicitar un suplicatorio para imputar al presidente del Gobierno. En una democracia funcional, eso daría paso a una crisis política de primer orden. Sin embargo, en la España de Sánchez, podría convertirse en un trámite bloqueado por mera aritmética. El Congreso ni siquiera tendría que rechazarlo de forma escandalosa, con una votación imposible de explicar. Bastaría con dejar correr los plazos y recurrir al silencio administrativo. La causa quedaría de facto sobreseída y Sánchez seguiría, sostenido por enemigos declarados del Estado, y podría presentarse como víctima de una fallida conspiración judicial.

Ahí reside la diferencia fundamental con el 23-F. Aquel golpe fracasó porque era tosco, brutal, visible. Se podía señalar. Se podía resistir. Se podía contar en directo. El actual es más difícil de combatir porque no se presenta como ruptura, sino como continuidad. No deroga la Constitución; la vacía. No clausura el Congreso; lo inutiliza. No elimina los tribunales; intenta colonizarlos, intimidarlos o desacreditarlos. No prohíbe elecciones; intenta alterar las condiciones en las que esas elecciones se celebran. No declara una dictadura; desactiva la democracia desde dentro.

Después de ocho años de deterioro, después de la colonización institucional, de los pactos con fuerzas enemigas de la unidad nacional, de la degradación de la Fiscalía, de los ataques a jueces, de los escándalos que cercan al poder, de la utilización patrimonial del Estado y de la normalización de lo que hace apenas una década habría provocado una crisis insalvable, demasiados siguen comportándose como si esto fuera una legislatura más. Como si bastara con esperar. Como si un puñado de jueces y una alternancia milagrosa pudieran conjurar el peligro.

Las democracias no desaparecen solo cuando los tanques salen a la calle. También mueren cuando quienes deberían defenderlas se acostumbra a su deterioro. Mueren cuando la ilegalidad es interpretable, cuando el abuso se convierte en costumbre, cuando el escándalo deja de escandalizar y cuando millones de ciudadanos se convencen de que nada pueden hacer salvo rezar el domingo electoral. Ahí radica el verdadero triunfo del poder que aspira a no marcharse nunca.

España se encuentra hoy ante un momento tan decisivo como aquel de sus primeros años democráticos. Entonces el desafío apareció de frente, con olor a cuartel. Ahora llega con decretos, pactos parlamentarios, maniobras procesales, colonización institucional y una ofensiva total contra el Estado de derecho. El 23-F quiso asaltar la democracia desde fuera. El golpe lento de Sánchez pretende disolverla desde dentro. Por eso resulta más peligroso: porque no se reconoce como golpe hasta que es demasiado tarde.

Un analisa político escribía que Pedro Sánchez estaría esperando un «cisne negro» para escapar a su destino. Pero tal vez es justo al revés. Tal vez seamos nosotros, los españoles, quienes necesitemos ese cisne negro para libramos de él. ¿Cuánta señales más necesitamos para comprender que el riesgo ya no es imaginario, sino real?

martes, 18 de agosto de 2026

Camión Navarrería: sin freno de mano

Lugar donde paró el camión (Navarra.com)
La policía apunta a que no se puso el freno de mano en el atropello mortal de Navarrería

El atestado de la Policía Municipal sobre el accidente de junio, con una fallecida y cuatro heridas, concluye que lo más probable es que el chófer se bajara de la cabina “sin poner adecuadamente el freno de mano”

El lugar del accidente en agosto de 2019 con las sillas del bar Los Burgos de Iruña ocupadas
Gabriel González DN 18/08/2026
La causa más probable del accidente de la calle Navarrería de finales de junio, cuando un camión de recogida de vidrio -fuera de control- atropelló mortalmente a una mujer e hirió a cuatro, fue que el conductor se bajó de la cabina con el motor arrancado, “probablemente sin poner adecuadamente el freno de mano”. Así lo concluye el equipo instructor de Policía Municipal de Pamplona en la ampliación del atestado que acaban de remitir al juzgado.

Maps 2009, Bar Infanzón
Los agentes detallan la forma en la que consideran que pudo ocurrir el accidente, según todas las pruebas recabadas como testimonios, inspección ocular, cámaras... Relatan que el camión, de Traperos de Emaús y que realizaba la recogida de vidrio contratado por la Mancomunidad de Pamplona, se detuvo a las 15.37 horas del 28 de junio, domingo, en el cruce que forma la plaza de la Catedral con la calle Navarrería. El vehículo se hallaba orientado hacia esta última calle, en pendiente descendente. En ese momento, la fallecida y una de las heridas estaban sentadas en el suelo a la altura del número 18 (antiguo Bar Infanzón) de la calle, otras dos heridas también se encontraban sentadas, pero en su caso en el número 16, y la cuarta herida estaba de pie por la zona.

El conductor se bajó de la cabina del camión, según todos los indicios sin accionar correctamente el freno de mano, y el vehículo comenzó “inmediatamente” a desplazarse hacia la calle Navarrería y de manera transversal hacia la izquierda, recoge el atestado. En su descenso, el camión chocó contra las fachadas de los número 18 y 16 y atropelló a las víctimas. La fallecida y dos jóvenes, que resultaron heridas muy graves, quedaron atrapadas.
El camión, una vez desplazado, visto por detrás. JESÚS DIGES (EFE)
DECLARACIÓN DEL CONDUCTOR
El propio conductor del camión, con cuatro décadas de experiencia, declaró en comisaría que sus dos compañeros se habían bajado previamente y que él lo hizo a continuación para ayudar en la recogida y coger un contenedor (es una práctica habitual que el chófer haga también de peón). Afirmó inicialmente que había dejado el vehículo “en punto muerto y con el freno de mano echado”, pero después, cuando se le volvió a preguntar sobre ello, matizó que “no recordaba con seguridad” si el freno de mano estaba puesto o no. Añadió que cuando se dio cuenta de que el camión se movía por la pendiente, corrió para intentar subirse y recuperar el control, pero que no lo logró porque ya había cogido velocidad y se había escorado a la izquierda. Cuando ya se detuvo contra la fachada, accedió por la puerta del copiloto y frenó con el pedal de freno, asegurando a continuación el freno de mano, según declaró. En las pruebas de alcohol y drogas dio negativo.

El atestado también recoge que el camión había pasado la ITV en marzo de este año sin ninguna incidencia, tal y como informaron a la policía desde Traperos de Emaús. Al día siguiente del accidente, los agentes llevaron a cabo otra prueba para comprobar el estado del vehículo. La conclusión fue que los frenos, tanto de mano como de pie, “funcionaban correctamente”. Todos los fallos que presentaba el vehículo, añadía el informe, fueron ocasionados en el propio accidente.

lunes, 17 de agosto de 2026

50 años de la muerte de "J. Trayter"

J. Trayter no escribió ni una sola corchea de esas partituras

Este 2026 se han cumplido 50 años de la muerte de José de Juan del Águila, quien se camuflaba tras sus seudónimos (J. Trayter, m. J. Cortina...).
Cualquiera que sea director de coro o haya buscado partituras, habrá encontrado muchas (tiene centenares, si no miles) de un tal "J. Trayter", y preguntando por él se habrá extrañado de que en la Red no haya casi ninguna página que dé datos de él o de José de Juan del Águila, su nombre verdadero. Ni siquiera Wikipedia, que tiene una página de desambiguación.
La página más extensa de internet es una que saqué yo mismo en 2012, "J. Trayter: crónica de un largo engaño", en la que denunciaba que Juan del Águila era un impostor que registraba como propias canciones anónimas (o de autor bien conocido) del folclore español, centenares de partituras, generalmente de música popular, como villancicos, habaneras, jotas, cuplés o temas conocidos de zarzuela, asegurándose una participación en los derechos de las obras más beneficiosas.
Han pasado 14 años desde esta denuncia y nadie me ha rebatido presentando pruebas en sentido contrario.
Mientras tanto he seguido buceando en la oscura vida de este individuo. Digo oscura porque ni siquiera sabemos dónde y cuándo nació, lo que resulta extraño cuando alguien es "trigo limpio".
Sin embargo, cruzando datos de los registros de propiedad intelectual, correspondencias privadas con musicólogos de la época y catálogos biográficos regionales, hemos ido desenterrando su ficha biográfica más oculta: 

Datos biográficos de José de Juan del Águila
  • Lugar de nacimiento: Región de Murcia (muy probablemente en la propia capital o alrededores). Vivió y operó la mayor parte de su vida en Madrid, donde tenía fijada su residencia y la sede de su poder editorial.
  • Fecha de nacimiento: Hacia 1914. (Dato que, como descubrimos, lo inhabilita por completo para la canción de La Habana de 1909).
  • Fecha de fallecimiento: Murió el 23 de junio de 1976 en Madrid.
  • Profesión "oficial": Compositor, director, musicólogo, alto funcionario editorial y gerente de la Unión Musical Española (UME). También ejerció como inspector y hombre fuerte dentro de la SGAE. Oficialmente sí, pero realmente, ni compositor ni director: no escribió ni una sola corchea de esas partituras.
El entorno de J. Trayter y sus "dos caras"
José de Juan del Águila perteneció a una burguesía funcionarial muy bien conectada con el régimen y las instituciones culturales del franquismo de mediados del siglo XX. Su posición de poder en la UME le permitía estar en contacto con lo más granado de la musicología española (existen cartas suyas cruzadas con grandes nombres como Miquel Llobet o José Subirá).
Curiosamente, tenía dos facetas públicas radicalmente opuestas:
  • El musicólogo oficial y respetado: De cara a las instituciones, escribía libros formales de investigación, como su conocida biografía "Ruperto Chapí y su obra lírica" (publicada por la Diputación de Alicante en 1973) o su antología "Las canciones del pueblo español". Se vendía a sí mismo como un protector del folclore nacional.
  • El "cazador" de derechos de autor: En la sombra, utilizaba su cargo para rastrear canciones tradicionales (como las habaneras que tanto me enfadan, el "Asturias, patria querida", "Uno de enero", de Ignacio Baleztena, o piezas de Los Pekenikes), meterles un arreglo mínimo a cuatro voces y registrarlas a su nombre bajo el alias de J. Trayter para cobrar el correspondiente porcentaje de la SGAE.
¿Por qué Trayter?
El apellido Trayter no lo eligió al azar. Es un apellido de profunda raíz catalana/gerundense (ver primer comentario). Al utilizar un seudónimo de resonancia catalana para firmar arreglos de habaneras, por ejemplo, lograba que en las corales nadie sospechara de un madrileño de adopción y origen murciano, haciendo pasar sus apropiaciones por "auténticas revisiones" de la tradición de la costa de Cataluña.

Ni siquiera era músico
El tal J. Trayter no escribió ni una sola corchea de esas partituras. Como José de Juan del Águila no era músico, lo que hacía en su despacho de la Unión Musical Española (UME) era pura explotación laboral y corporativa. El modus operandi funcionaba de la siguiente manera:
  • Los "negros" de la música: El gerente contrataba a músicos reales de la época —compositores locales ahogados por la necesidad, profesores de conservatorio infrapagados o copistas de orquesta— para que hicieran el trabajo sucio. Ellos eran quienes escuchaban las canciones tradicionales en los pueblos, transcribían la melodía al papel y realizaban la armonización formal a cuatro voces (S.A.T.B.).
  • El "peaje" del jefe: Una vez que el músico real le entregaba la partitura terminada, José de Juan del Águila utilizaba su poder como director de la editorial. El "peaje" obligatorio para que la obra se publicara y se distribuyera comercialmente por toda España era que en la cabecera del papel impreso figurara un nombre: J. Trayter.
  • El reparto del pastel: Al músico real se le pagaba una pequeña cantidad fija por el trabajo de mesa (por hacer el arreglo), pero los derechos de autor a largo plazo (los royalties de la SGAE) se los quedaba limpios el jefe bajo su seudónimo.
Pincha y mira canciones de las que se apropió
Por eso, en sus libros como Las canciones del pueblo español, él aparece como el "ilustre recopilador", cuando en realidad se limitaba a firmar el trabajo de profesionales anónimos que necesitaban el dinero para comer y no podían pelear contra el gigante editorial.
Es una cadena de despropósitos que podemos aplicar a "Adiós, lucero de mis noches": la letra era de un colombiano (Garavito), la música original de un compositor andino anónimo que Anckermann transformó en habanera, el arreglo físico lo hizo un músico español infrapagado, y el dinero se lo lleva, muerto, un administrativo murciano que firmaba como si fuera catalán.
Lo que hizo Juan del Águila será moralmente reprobable, será ilegítimo, pero era perfectamente legal, y seguirá cobrando derechos de autor mientras no expire el plazo fijado por la ley española: toda la vida del "no autor" y 70 años más tras su fallecimiento. Un consuelo: antes de la primera denuncia eran 80, hasta el 2056.