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| 1971 ca. Almacén de artillería en la Ciudadela AMP |
Pamplonesas de Acción Católica, fabricaban — con escasos medios y con grave riesgo para su salud y su vida— las granadas (2000 diarias) que sus hijos o hermanos lanzaban en el frente. Bajo la dirección del Maestro Alonso, artificiero escasamente conocido y reconocido, consiguieron ser las mejores de toda España.
LAS “BOMBERAS” DEL PARQUE DE ARTILLERÍA
Las trágicas circunstancias que concurren durante la guerra civil (1936-39), movieron a un buen número de pamplonesas de Acción Católica a tomar parte activa en la retaguardia durante la contienda como “Bomberas del Parque de Artillería”. Años después su labor fue reconocida con un diploma acreditativo de su “Hoja de Servicios” (en la foto de Thor) en un bello pergamino cuyo texto es el siguiente:
HOJA DE SERVICIOS DE LAS BOMBERAS DEL PARQUE DE ARTILLERÍA
En los primeros días del Movimiento Nacional, la Juventud Femenina de Navarra de Acción Católica, ofreció su organización al General Mola para prestar sus servicios en lo que preciso fuera.
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| Mikel Thor: Peritos de Villava |
La solicitud de bombas al recién nacido Parque se va incrementando y dadas las dimensiones del actual taller es preciso realizar un traslado, el que se efectúa coincidiendo con la Navidad, estableciéndose en la Escuela de Peritos Agrónomos de Villava. Allí el número de trabajadoras se acerca al centenar y son dos mil las bombas que se confeccionan cada día.
En el mes de Mayo de 1937 empiezan los bombardeos; el Parque, elegido como objetivo, no ofrece ninguna seguridad y es preciso realizar un nuevo cambio. De nuevo se retorna a la Ciudadela, pero esta vez los pabellones están bien acondicionados y tras un nuevo aumento de plantilla, la labor se perfecciona; sin embargo el trabajo sigue siendo igualmente duro, hay que rellenar los botes con “chedita”, colocar percutores, cintas, seguros, chapas y horquillas y las intoxicaciones son frecuentes y penosas.
La explosión de un polvorín del frente de Madrid durante el verano de 1938 (corrección importantísima: a ambos lados de las trincheras, en Pamplona y en Madrid, había mujeres sufriendo las mismas condiciones durísimas, la toxicidad de los explosivos y el riesgo de volar por los aires) fue el motivo de que una cantidad enorme de bombas defectuosas de todos los Parques pasasen al de Pamplona para su vaciado y posterior relleno, con lo que las jornadas de trabajo en este último se tornaron en prácticamente ininterrumpidas.
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| Mujeres trabajando en una fábrica de armas durante la Guerra Civil. |
[En Noviembre de 1939 se hace un reconocimiento a estas valientes mujeres en el Hotel La Perla. Un artículo del 9 de noviembre de Diario de Navarra nos lo cuenta a continuación]
En el verano de 1940 se impone en Burgos a las distinguidas damas la Medalla de Señoras de Santa Bárbara de los artilleros.
Un año después fueron concedidas 161 medallas de la Campaña a las esforzadas trabajadoras del Parque de Artillería, en honor a su mérito.
Al conmemorarse los 25 años de paz, el General García Rebull impone la Medalla de la Paz a unas damas y, en ellas, a todas las BOMBERAS DEL PARQUE DE ARTILLERÍA.
María Dolores Martínez Arce Doctora en Historia
OBSEQUIO A LAS "BOMBERAS" (DN 09 11 1939)
Así, con este término tan guerrero y detonante, sin apercibirnos que con él abarcábamos lo más selecto, por femenino y abnegado, de nuestra sociedad, se conocía a cuantas señoras y señoritas trabajaban desde el comienzo de la guerra, a lo largo de tres años inacabables en el parque de la Ciudadela de esta plaza, en la elaboración de bombas de mano.
¿Quiénes eran? Apenas lo sabíamos, hasta que un día muchas de ellas aparecieron pimpantes y orgullosas de su gratuita y patriótica profesión luciendo al pecho una medalla estallante de bombas, que les impuso -en fiesta privada «a cencerros tapados» porque aún resonaban horrísonos los zambombazos guerreros en el frente de batalla- el general López Pinto jefe de esta división.
A nosotros, los periodistas especialmente, se nos silenciaba todo esto, no porque se temiera de nosotros una indiscreción sino porque naturalmente, hubiera sido demasiada prueba el someternos al martirio de llevarnos a donde la mujer tenía su mayor encanto de patriota para obligarnos a callar.
Hasta ayer en que, a toda luz de las lámparas eléctricas del gran comedor del Hotel «La Perla» donde se sirvió espléndida comida y al estrépito resonante de las risas de cien mujeres alegres y satisfechas, se pudo decir: Estas que veis aquí, madres algunas de varios hijos que estaban en las trincheras, jovencitas muchas que justamente habían dejado las muñecas para jugar con artefactos mortíferos y todas de manos delicadas y pulidas que se les ennegrecían y aspeaban al contacto con los burdos ingredientes de las bombas, en una gran unión de patriotismo que era en ellas el mayor encanto, porque borraba diferencias de clases y de edades son las que han contribuido a que nuestros soldados pudieran resistir, acometer y defenderse de las asechanzas del fiero enemigo que se tenía enfrente.
Nosotros hubiéramos querido recoger los nombres de estas abnegadas señoras y señoritas, pero eran tantas y el espacio de que disponemos tan corto que habrán de perdonarnos en gracia a la gracia que de ellas esperamos.
Nota: Tenía ilusión por encontrar alguna foto de las "bomberas", especialmente de la comida en La Perla. Si alguien conoce o guarda alguna, le agradecería me la enviase a patximendiburu@gmail.com

















