lunes, 26 de octubre de 2026

Por Espoz y Mina, al matadero de Arriasco

Nicolás Ardanaz, niños jugando al Encierro en Arriasco ("harri asko", "muchas piedras"). Años 50
El rústico tiro de caballos (2ª foto) arrastra al imponente veragua bajo la mirada de la Pamplona de 1904. Una estampa viva de un tiempo en el que el viaje del toro hacia el desolladero de Arriasco se abría paso, sin filtros ni camiones frigoríficos, por el mismísimo adoquín de Espoz y Mina.

Qué se hace hoy con el toro
En cuanto el toro es enganchado a las mulillas, se le arrastra fuera del ruedo hacia el desolladero de la propia plaza de Pamplona, un espacio que se transforma legalmente durante la feria en un local de carnización autorizado. Puedes ver cómo era este proceso en este vídeo de 1977.
1904, 9 de Julio "Sol y sombra"; por Espoz y Mina
Para garantizar la seguridad alimentaria, carniceros e inspectores veterinarios oficiales actúan a contrarreloj en el desolladero para completar el sangrado, desollado, eviscerado e inspección post-mortem. Si la carne es declarada apta, la canal (ver 8) se marca con el sello sanitario oficial.
La ley prohíbe la distribución directa desde la plaza, por lo que las canales se cargan de inmediato en camiones frigoríficos hacia un matadero central o sala de despiece homologada para asegurar su refrigeración y maduración. Esta función la cumplía históricamente el viejo Matadero de Arriasco en la Rochapea.
Tras el despiece, la carne llega a los establecimientos minoristas que han comprado los lotes de la feria. En Pamplona es una tradición arraigada que estas carnicerías cuelguen el cartel de "Hay carne de toro de lidia" al terminar San Fermín.

Y qué se hacía con el toro en 1904 
1922 Izda., restos Plaza Vieja y Espoz y Mina; dcha. Estafeta. La Avalancha AGD
Tenemos que cambiar el chip. En 1904 los toros se lidiaban en la Plaza Vieja, situada en el arranque del actual Carlos III, y el callejón de entrada del Encierro -y de salida para los toros, tras la muerte sucesiva de cada uno de ellos- estaba en la trasera del actual Teatro Gayarre.
1908. Traslado desde la puerta del Callejón (fondo centro) enfilando a Espoz y Mina
Todo lo que hoy se hace tras su muerte en el desolladero de la propia plaza, se hacía entonces en el Matadero de Arriasco.

Probable Recorrido
Salía de la Plaza Vieja por el callejon y, nada más salir, se olvidaba del recorrido del Encierro por Estafeta y giraba a la izda. para coger Espoz y Mina, camino de la Plaza de la Constitución (aunque los pamploneses le seguían llamando "del Castillo"). Atravesando de sur a norte la plaza, buscaba la calle Chapitela.
En aquellos años Chapitela atravesaba Calceteros, que casi llegaba a Estafeta, debido a la presencia de una manzana triangular -Casa Viscor- que, para alegría del vecindario, fue derruida en 1914.
Izda., vista desde Chapitela: 11 de Mercaderes, Casa Viscor (tras.), Calceteros.
Dcha., vista desde Mercaderes: Estafeta, Calceteros, Viscor (del.), Mercaderes
Una vez llegados a Mercaderes, se hacía, ahora sí, el recorrido del Encierro al revés, llegando a la Plaza Consistorial (antes de 1865, "Plaza de la Fruta") y bajando Santo Domingo.
Tras pasar el Hospital Militar (17), salían en ángulo recto por el Portal de Rochapea, dejando atrás el corralillo donde los toros habían pasado la noche. 
Tras esa empalizada estaban los toros. A. García Deán, 1902 ca.
Y bajaban la cuesta hacia el Puente de Rochapea (que no "de Curtidores", que es el barrio de Fábricas de Curtidos).
1895 Rochapea vieja Julio Altadill 
Nada más cruzar el puente, abrían el primer portón, pasaban bajo el escudo de Pamplona que hoy luce en el Caballo Blanco y llegaban al 2º portón donde estaba el Matadero antiguo.
Montaje de Mikel Thor, editado por Desolvidar
Arriasco, hoy
Si hoy cruzas el puente, verás que el portón con el escudo y el edificio anexo han desaparecido y en el mismo sitio que ocupó el Matadero hasta 1931, se alza el Club de Remo. 
Desde 2018, el Club de Remo luce un mural precioso con la Puerta de Rochapea.
Y yo creo que desde fiestas de la Rochapea de 2026, en esa misma fachada del mural, se reivindica (con el inevitable Arrano beltza de la Izquierda abertzale) un letrero con el nombre de la plazuela. Por cierto, el nombre oficial del barrio no es ni Errotxapea ni Arrotxapea, sino Rotxapea, aunque el romance navarro Rochapea es el único tradicional.
Plazuela del Arrasco o del Arriasco. Este título persistió hasta la tercera década del siglo XX. Hoy lamentamos profundamente se haya perdido este bonito topónimo, máxime cuando el de Errotazar está conservado.

domingo, 25 de octubre de 2026

Fascismo sigues siendo tú

Muy antifascista y muy ecologista. Foto Miguel Osés, el día de Vito Quiles
¿Qué es el fascismo? ¿Y tú te lo preguntas? Fascismo eres tú
Manuel Sierra DN 23/10/2026
¿Qué es el fascismo? Te preguntas mientras te declaras “antifascista”. 
¿Qué es el fascismo? Te preguntas mientras reclamas un Estado vasco, proclamas tu odio a España y justificas los crímenes de la mafia etarra. 
¿Qué es el fascismo? Te preguntas mientras persigues a un crío que lleva una camiseta de la selección española y golpeas a un padre que camina con su hijo y una gorra con la bandera de España. 
¿Qué es el fascismo? Te preguntas mientras llamas facha a quien defiende la unidad de España y la Constitución del 78. 
¿Qué es el fascismo? Te preguntas mientras te diriges encapuchado, junto a otros energúmenos, a impedir una conferencia en la Universidad. 
¿Qué es el fascismo? Te preguntas mientras la negra horda de la que formas parte revienta un acto político legalmente autorizado. 
¿Qué es el fascismo? Te preguntas mientras preparas el cóctel molotov que lanzarás a la policía, y vuelcas el contenedor al que luego prenderás fuego. 
¿Qué es el fascismo? Te preguntas mientras pateas a un periodista que está cubriendo el acto. 
¿Qué es el fascismo? Te preguntas mientras justificas la violencia como arma política y aplaudes los estragos de los vándalos en Francia. 
¿Qué es el fascismo? Te preguntas mientras recibes los elogios de dirigentes de Bildu, BNG, Podemos, y demás “antifascistas” con nómina de diputados y ministros. 
¿Qué es el fascismo? Te preguntas mientras te ajustas la capucha y te acoplas la mascarilla que no va a impedir que más pronto que tarde tengas que responder de tus actos ante la Justicia. 
¿Qué es el fascismo? ¿Y tú te lo preguntas? Fascismo eres tú.
Manuel Sierra

sábado, 24 de octubre de 2026

Las placas del sonriente Mikel Castillo

En el número 35 de la calle del Carmen, en el primer número, a mano derecha, entrando por el Portal de Francia, no hay una placa de homenaje a Mikel Castillo (como denuncian Covite y Anvite), sino dos. Maps nos permite visualizar los cambios desde 2009.
Antes, desde 1991, coincidiendo con el primer aniversario de su muerte, hubo una estela en el jardincillo inmediato a la primera puerta del Portal de Francia que fue retirada al año siguiente por Alfredo Jaime. En el periodo de Yolanda Barcina (1999-2011) el monolito ya no existía físicamente como estructura permanente de piedra. Lo que hubo durante sus mandatos fue una dinámica de "quitar y poner": el entorno de la izquierda abertzale intentaba levantar pequeños altares de madera, fotos o réplicas portátiles de la estela apoyadas en la fachada de la calle del Carmen, 35 (lugar exacto donde cayó abatido), y el consistorio de Barcina daba orden inmediata a la Policía Municipal para requisarlas en cuestión de horas.

Acerquémonos a ver qué dicen las placas... La más alta (y más moderna):
"Mikel Castillo 1990-IX-18. Zu sortu zinen enbor beretik sortuko dira besteak"
Traducción: "Del mismo tronco del que tú naciste, nacerán los demás" (una frase clásica de la iconografía de la izquierda abertzale extraída de una conocida canción "Izarren hautsa" (Polvo de estrellas) de  Xabier Lete, que fue popularizada por la inconfundible voz de Mikel Laboa.
La otra es más complicada de leer:
Zure irribarra itzali bazuten ere, zure oroimena gure artean izanen da. 
(Aunque apagaron tu sonrisa, tu recuerdo estará entre nosotros)
★ MIKEL CASTILLO FURTADO 1990-9-18

Quienes homenajean públicamente a Mikel Castillo siguen proponiendo en la primera placa al miembro del Comando Amaiur como ejemplo para que otros sigan sus pasos.
Y en la segunda se imaginan a Castillo Furtado sonriente. Uno se pregunta qué motivos tendría para sonreír, cargando en su conciencia con el asesinato de una repartidora de periódicos. Se me ocurren estas tres hipótesis (subrayadas). O tal vez las tres a la vez:
  1. Durante los últimos catorce años María Cruz Yoldi, de 62, había trabajado como repartidora de Diario de Navarra en el Segundo Ensanche de Pamplona. Le faltaba poco tiempo para jubilarse después de una vida dedicada a sacar adelante a sus siete hijos, de los que uno había fallecido. 
  2. La mañana del 17 de octubre María Cruz salió muy temprano de su casa en la calle Mayor, en el Casco Viejo. Cuando pasaba por el número 5 de la calle Cortes de Navarra, a la altura de las oficinas de la compañía de seguros La Unión y el Fénix Español, un artefacto que un comando de ETA había colocado horas antes estalló. El cuerpo de María Cruz Yoldi salió despedido diez metros hasta acabar bajo el parachoques de un vehículo. Los servicios de emergencias recogieron parte de sus restos en las cornisas de los edificios colindantes. 
  3. Su marido, Gregorio Eguíluz, apenas volvió a hablar después del atentado y falleció cinco meses después. Sus hijos aseguran que “murió de pena”.
Pues 36 años después siguen homenajeando públicamente y proponiendo como ejemplo al sonriente Mikel Castillo Furtado:

viernes, 23 de octubre de 2026

Antifascista, el fascismo eres tú

No se dan cuenta de que se están mirando en un espejo. ¡Y con banderas de la Komunidad Becina!
"Hay grupos que actúan como una policía ideológica, una especie de Gestapo callejera que pretende decidir quién puede hablar y quién debe marcharse"
"Si discrepas, puedes acabar agredido, como en Berriozar, o encontrarte con quienes pretenden impedir por la fuerza que alguien se exprese, como en Pamplona"
Álvaro Bañón DN 21/10/2026
Todo este montaje para no dejar hablar a un hombre con un micrófono
Nos llevan años vendiendo que Navarra ha recuperado la normalidad, que aquí disfrutamos de una convivencia ejemplar y que la crispación es cosa de Madrid. Pero, ¿qué normalidad es esa? Lo sucedido en Pamplona durante la visita de Vito Quiles me ha recordado a la paliza de Berriozar y a aquella Navarra de los noventa en la que unos señalaban, otros golpeaban y muchos miraban hacia otro lado. “No te metas, por si acaso”, aconsejaban. Parece que aquí hay normalidad siempre que pienses, hables y te comportes como determinados grupos quieren. Mientras no te salgas del guion, todo estupendo. Si discrepas, puedes acabar agredido, como en Berriozar, o encontrarte con quienes pretenden impedir por la fuerza que alguien se exprese, como en Pamplona. Eso no es convivencia: es una paz condicionada a la obediencia. Y cuando uno debe medir lo que dice para evitar problemas, no hay normalidad ni convivencia. Hay miedo. No me gusta el estilo de Vito Quiles y tampoco comparto muchos de sus mensajes. ¿Iría a escucharlo? No. ¿Me manifestaría para defender su derecho a expresarse pacíficamente? Sin dudarlo. La libertad de expresión consiste precisamente en defender los derechos de quienes nos irritan. ¿Es tan complicado entenderlo? En Pamplona parece que sí.
Con tatuajes, para epatar a sus admiradoras
Hay grupos que actúan como una policía ideológica, una especie de Gestapo callejera que pretende decidir quién puede hablar y quién debe marcharse. No son la Delegación del Gobierno ni los tribunales. Son unas camisas negras que se proclaman antifascistas mientras utilizan la intimidación para imponer sus reglas. Se puede protestar contra Quiles, criticarlo, responderle con otra concentración o directamente, no ir. O puedes querer ir a escucharle. Lo que no se puede es convertir la discrepancia en licencia para amenazar, destrozar la ciudad o impedir por la fuerza que alguien se exprese. “Es que viene a provocar”. Ah, y cuando viene Arnaldo Otegi, con antecedentes penales por secuestro en ETA, ¿no provoca a nadie? Cuando la Korrika recorre nuestras calles y aparecen imágenes de asesinos de ETA que son un insulto para las víctimas ¿No provoca a nadie? Pero cuando aparece alguien (sin antecedentes penales) con un megáfono y dice algo que no gusta, viene a provocar y hay que sacudirle. Qué jeta. Así que por favor, no me vendan la milonga de la provocación.
Las piedras no tienen ojos y tú tampoco
Como siempre, lo peor no son los violentos. Son quienes, desde la política o desde determinados medios, presentan al presunto provocador y a quienes protagonizan los disturbios como si fueran dos caras equivalentes del mismo problema. Me gustaría que el PSN y esos medios explicasen dónde sitúan la frontera entre una opinión desagradable y una piedra lanzada contra un policía. Y condenar la violencia con un “pero” detrás vacía de contenido la condena. Los dirigentes del PSN parecen olvidar algo: quien hoy se arroga el derecho a silenciar a unos mañana decidirá silenciar a otros. La intolerancia no respeta alianzas parlamentarias ni agradece a los pagafantas que miraron hacia otro lado. Les tocará también a ellos sí o sí. Y todavía habrá quien presuma de que aquí no existe la crispación de Madrid. No, qué va. Multiplicada por tres. La convivencia no consiste en que unos hagan lo que quieran y los demás procuren no molestar. La verdadera normalidad empieza cuando nadie tiene miedo de expresar lo que piensa.

jueves, 22 de octubre de 2026

Maquis y seminaristas por Irabia e Irati

Aquí tuvo lugar el último acto mortal de los maquis en Navarra en 1961 (Montañas de Camille)

Diálogo, 20 10 2026, en La Pamplona desaparecida. La Navarra olvidada, donde el Guardián de las Esencias del Grupo se mete en donde no sabe y sale huyendo con el rabo entrepiernas pero con la "dignidad" subjetivamente intacta (¡como p'a quitarle la boina a tu padre!):

América 66 Irabia 1945 ca.
Manolo Carnerero: Tiempo de mili en el pantano de Irabia a mediados/finales de los 40. Prevención por posibles sabotajes de los maquis.
Isma Zarranz: ¿Sabotajes? ¿Que harían esos héroes anónimos, pobres desgraciados, contra la perversa y criminal dictadura?
Manolo Carnerero: Estos son los pobres desgraciados: El 9 de agosto de 1961 un grupo armado siguiendo órdenes del héroe no tan anónimo Valentín González González, conocido como "El Campesino", intentó sabotear la central eléctrica del embalse de Irabia y supuso la última acción guerrillera del maquis en Navarra. En su desarrollo se toparon de madrugada con una pareja de la Guardia Civil que vigilaba la central y se produjo un tiroteo resultando muerto el guardia civil Luis Moreno Ortega y su compañero, Manuel Alaminos, resultó herido.
América 66, junto a la presa. 1945 ca.
Isma Zarranz: Manolo Carnerero, no voy a entrar en debates inútiles con usted, que no me aportan nada y menos al grupo, que es de lo que se trata aquí. Ni siquiera voy a entrar a debatir el episodio que usted relata a su tergiversadora manera; curioso alias para un criminal, ese de "El Campesino". Usted a sus cosas y yo a las mías, buenas noches.
Manolo Carnerero: Buena reflexión cuando se desmonta tu comentario inicial y por cierto el apelativo el campesino se lo pusieron los republicanos.
Isma Zarranz: no ha desmontando usted nada, lo que ocurre es que tengo la edad suficiente para saber que no se puede debatir con gente de su ideología; es como hablar con una pared. Hasta nunca!
Y al día siguiente, en cuanto Manolo subió otra foto al grupo, el Guardián de las Esencias... vuelta la burra al trigo.
***
Imagen tomada de Christian Pau
Pensaba que la Invasión del Valle de Arán en octubre de 1944 —en la que tomó parte mi camarada del PCE Jacinto Ochoa (quien fue encadenando 28 años de cárcel)— había cerrado el ciclo de las grandes operaciones del Maquis. Sin embargo, gracias a la foto de Manolo Carnerero (completada por este artículo de mi admirado Germán Ulzurrun), me entero ahora de que aquel intento fallido del PCE, dirigido en Francia por el político navarro Jesús Monzón para derrocar a la dictadura de Franco, tuvo un eco tardío en el sabotaje de la central eléctrica del pantano de Irabia en 1961, una incursión dirigida desde Francia por El Campesino.
Eco tardío y totalmente al margen de la dirección del PCE, partido que desde 1956 había descartado la lucha armada para acabar con la Dictadura y abrazado las vías políticas de la Reconciliación Nacional. El Campesino ya había sido expulsado del PCE y actuaba por libre, al margen de la organización.
Ermita de la Virgen de las Nieves, en la Selva de Irati
Resulta que, pocos años después, entre el 62-67, y sin tener ni idea del sabotaje de Irabia y de que la Selva de Irati había servido de refugio para el Maquis comunista de 1944 y para los escasos saboteadores de El Campesino en 1961, los seminaristas pasábamos parte del verano en Roncesvalles y alguna vez fuimos en tres jornadas desde Roncesvalles hasta Belagua, bañándonos, precisamente, en el pantano de Irabia.
Nosotros veraneamos en Roncesvalles, en agosto fundamentalmente, entre el 62-67, pasado el peligro. Pero a los seminaristas mayores seguro que les coincidió el sabotaje de Irabia ya que fue en agosto del 61. No así la invasión de Arán de 1944, que fue en octubre.
Todos estos datos me obligan a profundizar en lo que ocurrió en Irabia de la mano de Mikel Rodríguez (un historiador navarro que ha investigado a fondo el maquis en la zona) quien relata perfectamente que ese ataque de agosto de 1961 en Irabia fue el último coletazo real.

El maquis en Navarra y la inocencia de los seminaristas en Irati
A raíz de la fotografía de los años 40 que ha subido Manolo Carnerero —unos soldados en barca patrullando el pantano de Irabia para prevenir sabotajes—, me ha venido a la memoria una historia tan real como desconocida para la inmensa mayoría de los pamploneses. Una historia que mezcla la geopolítica europea, los últimos coletazos de la guerrilla y... la más absoluta inocencia de nosotros, los seminaristas de Pamplona.

El último tiroteo: Irabia, 1961
El Campesino, doble página en Paris Match
La historia oficial nos dice que la madrugada del miércoles 9 de agosto de 1961 se produjo la última acción mortal del maquis en suelo navarro. Un grupo armado, siguiendo las órdenes del controvertido y famosísimo líder comunista de la Guerra Civil Valentín González, "El Campesino", para entonces expulsado del PCE, se adentró en la Selva de Irati con un objetivo estratégico: sabotear la central eléctrica del embalse de Irabia.
En mitad de la oscuridad de la noche, se toparon con una pareja de la Guardia Civil que custodiaba las instalaciones. El "¡alto!" de los guardias desató un violento tiroteo. El resultado fue trágico: el guardia civil Luis Moreno Ortega, de apenas 23 años, cayó muerto, y su compañero, Manuel Alaminos, resultó herido.

Una trama de espías en el Pirineo
Lo que pocos sabían entonces —y se ha ido descubriendo gracias a historiadores como Mikel Rodríguez— es que aquello no era una simple incursión romántica de la guerrilla. Detrás de los hombres de "El Campesino" estaban, de forma indirecta, los servicios de inteligencia franceses de De Gaulle. Querían darle un "susto" a Franco para que el régimen español dejara de amparar a los terroristas de la OAS francesa que atentaban al otro lado de la muga. Al final, los maquis fueron utilizados como peones de una partida de ajedrez internacional.
Por eso, desde la gran invasión de los Pirineos en los años 40, el embalse de Irabia y los bosques de Irati estaban blindados. Para reforzar este control fronterizo y prevenir los temidos sabotajes en el monte, el régimen franquista movilizó de forma continua a los cuerpos policiales y a los soldados de reemplazo, incluyendo a los mozos del propio Regimiento de Infantería América 66 de Pamplona. De ahí la foto de los soldados patrullando en barca el pantano.

Y mientras tanto, los seminaristas...
central hidroeléctrica de Irati (Turismo Navarra)
¿Y qué hacíamos nosotros por aquel entonces? Pues por esa misma zona de Irati andábamos en esos años los seminaristas de Pamplona, haciendo nuestras marchas y excursiones de verano hacia la Virgen de las Nieves o atravesando la Selva para acceder a Belagua.
Alguien me preguntaba el otro día: "Pachi, ¿y no pasabais miedo? ¿No os pedía la Guardia Civil la documentación por los caminos? ¿Cómo era el ambiente?"
Y mi respuesta no puede ser más clara: "¡De miedo, nada! No teníamos ni la más remota idea de lo que había pasado por esos bellísimos parajes".
Nosotros cruzábamos aquellos hayedos idílicos de Aézcoa y Salazar con las mochilas al hombro (por cierto, la mía tenía unos hierros puñeteros que se me clavaban con saña en los riñones), cantando y pensando en llegar a la ermita, sin sospechar que bajo las mismas hayas por las que pasábamos se habían ocultado guerrilleros, o que la central eléctrica que veíamos al fondo había sido el escenario de un tiroteo nocturno que copó las portadas de la prensa internacional.
Vivíamos en una bendita inopia. La historia con mayúsculas pasaba a nuestro lado con paso sigiloso y fusil al hombro, mientras nosotros guardábamos la inocencia y el buen humor en los macutos.
¡Toma ya!

miércoles, 21 de octubre de 2026

ETA, 15 años del "cese ¿definitivo?"

ETA está muy bien conservada. Ilustración de Ulises Culebro
Según Iñaki Arteta, ETA es una empresa que simplemente ha cerrado su departamento de metralletas. Por lo demás, se conserva muy bien y mucho más cómoda de lo que sugiere la ilustración
Consuelo Ordóñez, denuncia que a los miembros de ETA se les permitió "protagonizar su propia desaparición", saliendo de la clandestinidad de forma intacta, cómoda o "conservada" (como en una lata de conservas de "Edición de Aniversario"), en lugar de haber sido derrotados y desmantelados estrictamente por la vía policial y judicial. 

El final de ETA que seguimos pagando
Hoy, cuando se cumplen 15 años del "cese definitivo", las últimas detenciones de dos personas investigadas por terrorismo son una señal de alarma derivada de cómo se produjo el final de ETA: se puso fin a sus atentados, pero no se logró deslegitimar el terrorismo ni las ideas que lo sostuvieron
El final de ETA que seguimos pagando
Consuelo Ordóñez El Mundo19 10 2026
Consuelo Ordóñez, presidenta de Covite
Que ETA haya dejado de asesinar es lo mejor que nos ha ocurrido en nuestra historia reciente. Nunca hemos vivido un tiempo mejor que este, sin la amenaza permanente de sus atentados. Nadie deseó con más fuerza que llegara este momento que las víctimas y sus familias. Durante décadas vivimos esperando la llamada que podía anunciar un nuevo asesinato, mirando debajo del coche, cambiando de itinerario, evitando determinadas rutinas y preguntándonos quién sería el siguiente asesinado. Que todo aquello haya terminado es, sin ninguna duda, una gran noticia.
Pero reconocer esta verdad no nos obliga a aceptar el relato construido sobre el final de ETA. Aquel no era el único desenlace posible ni fue el que merecíamos las víctimas y la sociedad. Se podía haber acabado con ETA utilizando exclusivamente las herramientas del Estado de derecho, sin negociación política y sin concesiones. No se hizo así.
A principios de este siglo, y especialmente en los años anteriores a 2011, ETA estaba profundamente debilitada. La acción de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad había desarticulado gran parte de sus estructuras operativas, detenido sucesivamente a sus dirigentes, desmantelado comandos e impedido numerosos atentados. La organización terrorista estaba policialmente asfixiada y su capacidad para seguir matando se había reducido de forma drástica.
Si se hubiera perseverado hasta el final por ese camino, su derrota habría podido ser total: operativa, política, social y moral. Sin embargo, nuestros gobernantes optaron por negociar con la propia ETA las condiciones de su final. Esa decisión permitió a los terroristas protagonizar su desaparición, rodearse de avales internacionales y presentar el abandono de las armas como una decisión voluntaria y generosa, en lugar de como la consecuencia de su asfixia policial.
La negociación trajo consigo importantes concesiones: la legalización de sus brazos políticos, excarcelaciones fraudulentas sustentadas en mentiras y trampas al Estado de derecho, decisiones judiciales y políticas que favorecieron la impunidad y la escenificación de un final «sin vencedores ni vencidos». Es decir, nunca vimos una operación policial que culminara con la disolución definitiva de ETA porque, sencillamente, nunca se produjo. En su lugar, contemplamos cómo quienes habían dirigido, legitimado y apoyado el terrorismo recuperaban la normalidad política sin condenar su pasado ni asumir responsabilidad alguna por el inmenso e injusto daño causado.
Hoy, quince años después del «cese definitivo», todavía pagamos las consecuencias de aquel final. Las pagamos cuando centenares de asesinatos permanecen sin esclarecer y quienes disponen de información continúan amparados por la ley del silencio. Las pagamos cuando se conceden terceros grados y regímenes de semilibertad a presos de ETA burlando los requisitos legales, sin que hayan demostrado un arrepentimiento real ni roto con el entorno político y social que justificó sus crímenes. Y las pagamos cuando los herederos políticos de aquel entramado presentan su propia trayectoria como una contribución a la paz y pretenden que olvidemos todo lo que hicieron para sostener el terrorismo.
Luego hay quienes se sorprenden de la fortaleza electoral de EH Bildu y de que su pasado de complicidad con ETA no le haya supuesto ningún coste político. Pero ¿por qué habría de sorprendernos? El poder político en su conjunto ha contribuido a su blanqueamiento. Se ha normalizado su presencia institucional sin exigirle una condena del terrorismo, una revisión crítica de su pasado ni el reconocimiento de la injusticia radical de los asesinatos.
Floren Aoiz sale de la lata y encabezará la lista de Bildu al Senado por  Navarra

Se ha llegado a llamar «hombres de paz» a quienes promovieron y dirigieron la violencia terrorista. Se les ha permitido rentabilizar propagandísticamente el final de ETA hasta el punto de presentarse como sus impulsores. Casi parece que debamos agradecerles que finalmente decidieran dejar de matarnos.
Y, sin embargo, siguen sin considerar injusta la trayectoria criminal de ETA. Continúan llamando «presos políticos» a los asesinos de nuestros familiares, organizando movilizaciones para exigir su excarcelación colectiva, exhibiendo sus fotografías y presentando su paso por la cárcel como un sacrificio heroico. Honran a los terroristas porque siguen considerando que sus crímenes formaron parte de una lucha legítima. Cuando reclaman que estén «libres y en casa», lo que están afirmando es que no deberían estar en prisión por haber asesinado o ayudado a asesinar.
ETA desapareció como organización terrorista, pero el proyecto político y el entramado social que la sostuvieron no fueron derrotados. Su relato conserva una enorme capacidad de influencia. El terrorismo dejó de resultarles útil, pero quienes lo legitimaron han podido recoger parte de sus frutos políticos sin renunciar al marco ideológico que hizo posible aquella violencia. Esa es una de las consecuencias más graves de haber escenificado un final sin vencedores ni vencidos: se ha difuminado la responsabilidad de quienes ejercieron el terrorismo y de quienes lo justificaron.
Las detenciones del pasado fin de semana en Irún de dos personas investigadas por un presunto delito de terrorismo son otra señal de alarma derivada de las consecuencias de cómo se produjo el final de ETA. Se puso fin a sus atentados, pero no se logró deslegitimar el terrorismo ni las ideas que lo sostuvieron. Según las informaciones publicadas, los detenidos estarían vinculados a sectores radicales de la izquierda abertzale y tenían material sensible sobre las fuerzas de seguridad y la posible ubicación de armas y explosivos.
La investigación deberá esclarecer los hechos, pero el caso vuelve a poner de manifiesto un riesgo que Covite lleva años denunciando: una parte de la sociedad vasca y navarra sigue profundamente radicalizada. Nuestras denuncias sobre esa realidad han caído una y otra vez en saco roto ante quienes tienen autoridad y capacidad para actuar. Quince años de desidia e inacción institucional han permitido que la legitimación de la violencia siga proyectándose sobre el presente.
Nuestros gobernantes proclaman que la democracia y el Estado de derecho derrotaron a ETA. Pero nunca una victoria declarada como tan rotunda ha resultado menos visible. Una ETA derrotada no habría protagonizado su propio final ni habría impuesto su relato propagandístico. Sus dirigentes no habrían aparecido ante las cámaras como portavoces de una supuesta voluntad pacificadora. Sus herederos políticos no ocuparían las instituciones presentándose como artífices de la paz y la convivencia mientras siguen sin condenar los asesinatos. Tampoco han pedido perdón a las víctimas, salvo a aquellas respecto de las cuales sostienen que ETA «se confundió». Una distinción que constituye un ejercicio de cinismo mayúsculo y una humillación insoportable para las víctimas, porque implica que, al asesinar a todas las demás, ETA no se equivocó.
En definitiva, no debemos nada a quienes dirigieron ETA, jalearon sus asesinatos, proporcionaron al terrorismo sustento político e ideológico, señalaron a sus víctimas y condenaron después a sus familias al aislamiento y al ostracismo. No tenemos que darles las gracias por haber dejado de matarnos. Un país consciente del significado de sus víctimas del terrorismo jamás les concedería semejante gratitud.
Si en este aniversario alguien merece el agradecimiento de la sociedad, son las víctimas. Nunca nos tomamos la justicia por nuestra mano. Nunca respondimos a la violencia con más violencia. Confiamos en el Estado de derecho, incluso cuando no consiguió protegernos y pese a que nos haya decepcionado en demasiadas ocasiones. Con nuestra conducta rompimos la espiral de violencia a la que ETA pretendía arrastrarnos e impedimos que existiera ese «conflicto» entre dos bandos que los terroristas necesitaban para justificar sus crímenes.
Aquí nunca hubo dos violencias equivalentes ni dos bandos enfrentados. Aquí hubo terroristas y víctimas. Y fueron las víctimas quienes, con su dignidad, su contención y su comportamiento cívico, preservaron la convivencia que ahora otros pretenden atribuirse.
Consuelo Ordóñez es presidenta de Covite