jueves, 20 de agosto de 2026

María Luisa Elío, desconocida en Pamplona

De camino a Vistabella suelo pasar a menudo por la Plaza del Juez Elío. No sabía que su hija tenía también una calle en la Magdalena y a su nombre la Biblioteca Pública de Barañáin. Quizás sea el único caso en Pamplona en que padre e hija tengan calles a su nombre

María Luisa Elío: la pamplonesa universal que habitó el exilio
El pasado 17 de agosto de 2026 se cumplió el centenario del nacimiento de María Luisa Elío Bernal, una de las mentes más brillantes, y a menudo olvidadas, de nuestra cultura. Escritora, actriz y cineasta, su vida estuvo marcada por el desgarro del exilio y la búsqueda constante de los paraísos perdidos de su infancia. Ante las conmemoraciones institucionales previstas por el Instituto Navarro de la Memoria y el Ayuntamiento de Pamplona, es el momento idóneo para rescatar la memoria de esta pamplonesa universal.

Infancia rota en el Segundo Ensanche
María Luisa nació en la emblemática casa Martinicorena, situada entre las calles Bergamín y Arrieta. Aquel edificio era conocido entonces como «la última casa de Pamplona». Hija del juez Luis Elío y de Carmen Bernal, sus primeros años transcurrieron entre las aulas de las Ursulinas y el colegio de María Auxiliadora, donde adquirió un sólido dominio del francés. Sin embargo, su verdadera pasión temprana fue el teatro, llegando a subirse al escenario del Teatro Gayarre en funciones infantiles.
Toda aquella paz se truncó con el estallido de la Guerra Civil. Como ella misma escribiría, la contienda «llegó por los tejados». Tras la detención de su padre, comenzó un doloroso periplo de huida para María Luisa, sus hermanas y su madre. Con apenas diez años, sufrió la reclusión de tres meses en Elizondo, convirtiéndose en una de las cautivas más jóvenes del conflicto. Después vendría una caótica huida por San Sebastián, Irún, Valencia y Barcelona bajo los bombardeos, hasta cruzar la frontera francesa por Le Perthus.

El remanso de paz en Quincy y el viaje a México
A treinta kilómetros de París, en la localidad de Quincy, María Luisa encontró un oasis de sosiego entre los doce y los catorce años. Estudió en el internado del Château Leroy, un centro gestionado por el conde Hubert Georges Edouard de Monbrison y su esposa Irina Pawlowna Paley. Los archivos digitales conservan hoy imágenes de aquel grupo de niñas refugiadas rusas, alemanas y vascas compartiendo estudios, deportes y danzas tradicionales. Fue el rincón donde logró ser feliz entre los escombros de dos guerras.
El 12 de febrero de 1940, la familia —ya reunida— zarpó desde Le Havre a bordo del buque De Grasse rumbo a Nueva York. Tras superar la cuarentena en Ellis Island y pasar unos días amparados por familiares, partieron hacia su destino definitivo: México, un país que abrió sus brazos generosamente a la intelectualidad republicana.

Efervescencia cultural y el influjo de García Márquez
A pesar de la amargura por la separación de sus padres, el México del exilio ofreció a María Luisa un entorno artístico deslumbrante. Se formó en teatro con figuras como Marga Donato y Seki Sano, e integró una tertulia irrepetible junto a Octavio Paz, Carlos Fuentes, Leonora Carrington, Juan Rulfo y su esposo, Jomí García-Ascot.
En 1959 se trasladó con García-Ascot a la Cuba de la naciente Revolución. En La Habana escribió guiones y colaboró estrechamente en la fundación del Instituto de Cine Cubano (ICAIC). Sin embargo, la estampa de los guerrilleros moviéndose por las azoteas habaneras le reavivó el trauma de Pamplona. Fue el escritor Alejo Carpentier quien, al descubrir los textos y cartas íntimas que María Luisa guardaba en el hotel, la instó de forma categórica a darles forma: «María Luisa, esto tienes que culminarlo».
De regreso en México, aquel impulso se transformó en la película En el balcón vacío (1962), una auténtica proeza cinematográfica escrita por ella y rodada de forma independiente por exiliados republicanos. Fue en esa época cuando estrechó lazos con Gabriel García Márquez, siendo testigo directo de la gestación de Cien años de soledad. El Nobel colombiano, fascinado por la sensibilidad de la pareja, les acabó dedicando su obra cumbre.

El doloroso retorno al «balcón vacío»
La melancolía del destierro empujó a María Luisa a intentar el regreso a Pamplona cuando su hijo tenía seis años. Pese a la hospitalidad de la familia Torres, la experiencia fue devastadora: su hogar de la infancia estaba ocupado por extraños y ni siquiera pudo asomarse a contemplar su viejo balcón. Peor aún, nadie la reconoció al caminar por las calles de su propia ciudad.
De vuelta en México, canalizó aquel dolor en una producción literaria descarnada y profundamente autobiográfica: Tiempo de llorar, Voz de nadie o Cuaderno de apuntes en carne viva. Estas obras se alzan hoy como piezas maestras de la literatura del retorno y la narrativa del exilio en primera persona. Además de su labor creadora, destacó como una brillante gestora cultural en la Fundación Televisa y en el Instituto de Bellas Artes.

Navarra ha comenzado a saldar su deuda histórica dedicándole una calle en la Magdalena y dando su nombre a la biblioteca de Barañáin. Sin embargo, su centenario nos exige ir más allá: leer su obra, comprender sus claroscuros y aplaudir, por fin, la verdad de una navarra valiente, generosa y universal.

El juez Luis Elío
Luis Elío (1895-1968), padre de Mª Luisa, nacido en Tarragona pero de padres navarros, tras ser detenido en 1936 y pasar tres años encerrado en la Casa de la Misericordia de Pamplona, huyó a Francia y, ya con su familia, se desplazó en 1940 a México, donde murió en 1968.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Mucho ojo con éste: El Golpe ya está dentro


El Golpe ya está dentro  X Javier Benegas
España vuelve a estar ante una hora crítica. No en el sentido teatral de la expresión, ni en la forma del 23 de febrero de 1981: tanques en Valencia, un teniente coronel con tricornio y bigote entrando en el Congreso, diputados tirados al suelo y una nación entera conteniendo la respiración ante el televisor. Aquel fue el golpe visible, el sobresalto de una democracia que apenas empezaba a caminar. El peligro de hoy es distinto. No viste uniforme, no irrumpe a tiros en el hemiciclo, no suspende la Constitución con un bando por radio. Opera de forma más insidiosa: conserva el decorado y apela a la legalidad mientras avanza por dentro, desmontando controles, colonizando instituciones y convirtiendo la democracia en una mera fachada

Esa es precisamente la gravedad del momento. La amenaza ya no procede de unos militares nostálgicos que se sitúan al margen del sistema, sino de personajes perfectamente instalados dentro de él. Algunos incluso se sientan en el Congreso con acta de diputado actuando como cómplices necesarios de una asonada peculiar y declarando, de una forma u otra, su hostilidad al Estado, a la nación española y, por consiguiente, a los intereses, derechos, inquietudes y legítimas aspiraciones de los españoles. Y, sin embargo, participan en la gobernabilidad del país, condicionan la legislación, deciden mayorías y sostienen al Gobierno. El viejo golpe pretendía tomar el Congreso por la fuerza. El nuevo no necesita tomarlo: ya está dentro.

España se encuentra hoy ante un momento tan decisivo como aquel de sus primeros años democráticos. Entonces el desafío apareció de frente, con olor a cuartel. Ahora llega con decretos, pactos parlamentarios, maniobras procesales, colonización institucional y una ofensiva total contra el Estado de derecho

Que Pedro Sánchez haya encontrado en esta arquitectura su lugar natural no debería sorprender demasiado. Sánchez no ha inventado todos los males del sistema, aunque los haya llevado a su estadio final. No es el origen único del problema, pero sí su producto más acabado. Su talento político, si puede llamarse así, ha consistido en descubrir que bajo la superficie parlamentaria de nuestro modelo existía un cesarismo soterrado: un poder inmenso concentrado en La Moncloa, apenas limitado cuando se está dispuesto a usar todas las palancas de ese poder sin escrúpulo alguno. Sánchez no ha creado la enfermedad; la ha aprovechado y la ha convertido en su método de gobierno.

Para que esto haya sido posible, antes tuvieron que fallar muchas cosas. Una ley electoral que sobrerrepresenta a las minorías territoriales y convierte a formaciones desleales en árbitros de la gobernabilidad. Una justicia politizada desde hace décadas, sometida a repartos, cuotas y pactos entre partidos que la han deteriorado gravemente. Una administración cada vez más infiltrada por redes clientelares, cargos de confianza, organismos duplicados, subvenciones, empresas públicas, asesores, fundaciones y una formidable constelación de intereses que han transformado el Estado en una ruinosa maquinaria de colocación, obediencia y reparto. Todo eso estaba ahí antes de Sánchez. Lo que Sánchez ha hecho ha sido usarlo sin pudor, sin límite y sin esa mínima contención que, en otro tiempo, todavía imponía la vergüenza.

Pero detrás de todo lo anterior hay un error más profundo, quizá el mayor de la Constitución de 1978. El texto constitucional nació bajo la sombra de una dictadura de casi cuarenta años y bajo la amenaza latente de la involución. Sus redactores quisieron asegurar la estabilidad, integrar a los partidos, evitar aventuras y consolidar una democracia en tiempo récord. La intención probablemente fue buena. El resultado, sin embargo, dejó una grieta colosal: se confió en que los partidos políticos serían los vehículos virtuosos del pluralismo democrático y se les entregó una arquitectura institucional que los convirtió de facto en los dueños del sistema. No en instrumentos al servicio de los ciudadanos, sino en propietarios del modelo.

Los padres de la Constitución quizá pecaron de ingenuidad, y quizá también lo hicieron con la mejor de las intenciones. Pero el hecho es que delegaron la supervivencia de nuestra democracia en la buena voluntad de un puñado de líderes políticos. Dejaron demasiadas salvaguardas en manos de quienes tenían incentivos para desactivarlas. El sistema funcionaba mientras los partidos aceptaban ciertos límites, mientras existía una contención, mientras la ocupación de las instituciones encontraba algún freno en la prudencia, el respeto o simplemente el miedo al escándalo. Pero, ¿qué ocurre cuando llega al poder alguien dispuesto a explotar cada resquicio, a tensar cada costura y a convertir cada anomalía en una ventaja estratégica a su servicio? Ocurre lo que estamos viendo.
Javier Benegas es un reconocido publicista, escritor, politólogo y periodista español, especializado en el análisis político, la comunicación estratégica y la geopolítica contemporánea.

A estas alturas ya sabemos que Sánchez es extremadamente peligroso, pero no basta con señalarlo a él. También debo llamar la atención sobre una oposición que parece esperar la alternancia como quien espera la lluvia en abril: tarde o temprano llegará, dicen, porque siempre ha llegado. Esa confianza en el relevo electoral es hoy una forma de ceguera. La alternancia no es una ley inexorable. No está escrita en las estrellas. Depende de que las reglas limpias prevalezcan, de instituciones neutrales, de controles efectivos, de un espacio público libre y de un Gobierno dispuesto a perder el poder si los ciudadanos lo deciden. ¿Podemos seguir dando todo eso por descontado?

Si se analizan con detenimiento las maquinaciones de Pedro Sánchez y su entorno, así como el enorme poder que proporciona La Moncloa, no se puede descartar que el Gobierno esté trabajando también sobre el terreno electoral. No mediante una falsificación burda, sino mediante una ingeniería sofisticada: modificar las condiciones del juego, agrandar determinadas bolsas de voto, explotar el voto exterior, apuntar con precisión allí donde el escaño se decide por un puñado de papeletas y convertir lo que antes era marginal en disruptivo.

Sin embargo, el síntoma más revelador de esta fase terminal está en que un puñado de jueces, fiscales y agentes de la ley hayan terminado acaparando el foco informativo y cargando sobre sus hombros el peso abrumador de salvar la democracia en el tiempo de descuento. Esta anomalía debería estremecernos. Porque significa que la barrera política ha caído. Significa que la barrera social es casi inexistente. Significa que los medios, los partidos, la sociedad civil y buena parte de las instituciones no han sabido, no han querido o no han podido detener a tiempo el deterioro. Si lo único que queda es la barrera judicial, conviene recordar dos cosas: que la justicia es lenta y que, en un sistema políticamente capturado, incluso sus decisiones pueden ser neutralizadas.

Pensemos en el caso más extremo: que el Tribunal Supremo llegara a solicitar un suplicatorio para imputar al presidente del Gobierno. En una democracia funcional, eso daría paso a una crisis política de primer orden. Sin embargo, en la España de Sánchez, podría convertirse en un trámite bloqueado por mera aritmética. El Congreso ni siquiera tendría que rechazarlo de forma escandalosa, con una votación imposible de explicar. Bastaría con dejar correr los plazos y recurrir al silencio administrativo. La causa quedaría de facto sobreseída y Sánchez seguiría, sostenido por enemigos declarados del Estado, y podría presentarse como víctima de una fallida conspiración judicial.

Ahí reside la diferencia fundamental con el 23-F. Aquel golpe fracasó porque era tosco, brutal, visible. Se podía señalar. Se podía resistir. Se podía contar en directo. El actual es más difícil de combatir porque no se presenta como ruptura, sino como continuidad. No deroga la Constitución; la vacía. No clausura el Congreso; lo inutiliza. No elimina los tribunales; intenta colonizarlos, intimidarlos o desacreditarlos. No prohíbe elecciones; intenta alterar las condiciones en las que esas elecciones se celebran. No declara una dictadura; desactiva la democracia desde dentro.

Después de ocho años de deterioro, después de la colonización institucional, de los pactos con fuerzas enemigas de la unidad nacional, de la degradación de la Fiscalía, de los ataques a jueces, de los escándalos que cercan al poder, de la utilización patrimonial del Estado y de la normalización de lo que hace apenas una década habría provocado una crisis insalvable, demasiados siguen comportándose como si esto fuera una legislatura más. Como si bastara con esperar. Como si un puñado de jueces y una alternancia milagrosa pudieran conjurar el peligro.

Las democracias no desaparecen solo cuando los tanques salen a la calle. También mueren cuando quienes deberían defenderlas se acostumbra a su deterioro. Mueren cuando la ilegalidad es interpretable, cuando el abuso se convierte en costumbre, cuando el escándalo deja de escandalizar y cuando millones de ciudadanos se convencen de que nada pueden hacer salvo rezar el domingo electoral. Ahí radica el verdadero triunfo del poder que aspira a no marcharse nunca.

España se encuentra hoy ante un momento tan decisivo como aquel de sus primeros años democráticos. Entonces el desafío apareció de frente, con olor a cuartel. Ahora llega con decretos, pactos parlamentarios, maniobras procesales, colonización institucional y una ofensiva total contra el Estado de derecho. El 23-F quiso asaltar la democracia desde fuera. El golpe lento de Sánchez pretende disolverla desde dentro. Por eso resulta más peligroso: porque no se reconoce como golpe hasta que es demasiado tarde.

Un analisa político escribía que Pedro Sánchez estaría esperando un «cisne negro» para escapar a su destino. Pero tal vez es justo al revés. Tal vez seamos nosotros, los españoles, quienes necesitemos ese cisne negro para libramos de él. ¿Cuánta señales más necesitamos para comprender que el riesgo ya no es imaginario, sino real?

martes, 18 de agosto de 2026

Camión Navarrería: sin freno de mano

Lugar donde paró el camión (Navarra.com)
La policía apunta a que no se puso el freno de mano en el atropello mortal de Navarrería

El atestado de la Policía Municipal sobre el accidente de junio, con una fallecida y cuatro heridas, concluye que lo más probable es que el chófer se bajara de la cabina “sin poner adecuadamente el freno de mano”

El lugar del accidente en agosto de 2019 con las sillas del bar Los Burgos de Iruña ocupadas
Gabriel González DN 18/08/2026
La causa más probable del accidente de la calle Navarrería de finales de junio, cuando un camión de recogida de vidrio -fuera de control- atropelló mortalmente a una mujer e hirió a cuatro, fue que el conductor se bajó de la cabina con el motor arrancado, “probablemente sin poner adecuadamente el freno de mano”. Así lo concluye el equipo instructor de Policía Municipal de Pamplona en la ampliación del atestado que acaban de remitir al juzgado.

Maps 2009, Bar Infanzón
Los agentes detallan la forma en la que consideran que pudo ocurrir el accidente, según todas las pruebas recabadas como testimonios, inspección ocular, cámaras... Relatan que el camión, de Traperos de Emaús y que realizaba la recogida de vidrio contratado por la Mancomunidad de Pamplona, se detuvo a las 15.37 horas del 28 de junio, domingo, en el cruce que forma la plaza de la Catedral con la calle Navarrería. El vehículo se hallaba orientado hacia esta última calle, en pendiente descendente. En ese momento, la fallecida y una de las heridas estaban sentadas en el suelo a la altura del número 18 (antiguo Bar Infanzón) de la calle, otras dos heridas también se encontraban sentadas, pero en su caso en el número 16, y la cuarta herida estaba de pie por la zona.

El conductor se bajó de la cabina del camión, según todos los indicios sin accionar correctamente el freno de mano, y el vehículo comenzó “inmediatamente” a desplazarse hacia la calle Navarrería y de manera transversal hacia la izquierda, recoge el atestado. En su descenso, el camión chocó contra las fachadas de los número 18 y 16 y atropelló a las víctimas. La fallecida y dos jóvenes, que resultaron heridas muy graves, quedaron atrapadas.
El camión, una vez desplazado, visto por detrás. JESÚS DIGES (EFE)
DECLARACIÓN DEL CONDUCTOR
El propio conductor del camión, con cuatro décadas de experiencia, declaró en comisaría que sus dos compañeros se habían bajado previamente y que él lo hizo a continuación para ayudar en la recogida y coger un contenedor (es una práctica habitual que el chófer haga también de peón). Afirmó inicialmente que había dejado el vehículo “en punto muerto y con el freno de mano echado”, pero después, cuando se le volvió a preguntar sobre ello, matizó que “no recordaba con seguridad” si el freno de mano estaba puesto o no. Añadió que cuando se dio cuenta de que el camión se movía por la pendiente, corrió para intentar subirse y recuperar el control, pero que no lo logró porque ya había cogido velocidad y se había escorado a la izquierda. Cuando ya se detuvo contra la fachada, accedió por la puerta del copiloto y frenó con el pedal de freno, asegurando a continuación el freno de mano, según declaró. En las pruebas de alcohol y drogas dio negativo.

El atestado también recoge que el camión había pasado la ITV en marzo de este año sin ninguna incidencia, tal y como informaron a la policía desde Traperos de Emaús. Al día siguiente del accidente, los agentes llevaron a cabo otra prueba para comprobar el estado del vehículo. La conclusión fue que los frenos, tanto de mano como de pie, “funcionaban correctamente”. Todos los fallos que presentaba el vehículo, añadía el informe, fueron ocasionados en el propio accidente.

lunes, 17 de agosto de 2026

50 años de la muerte de "J. Trayter"

J. Trayter no escribió ni una sola corchea de esas partituras

Este 2026 se han cumplido 50 años de la muerte de José de Juan del Águila, quien se camuflaba tras sus seudónimos (J. Trayter, m. J. Cortina...).
Cualquiera que sea director de coro o haya buscado partituras, habrá encontrado muchas (tiene centenares, si no miles) de un tal "J. Trayter", y preguntando por él se habrá extrañado de que en la Red no haya casi ninguna página que dé datos de él o de José de Juan del Águila, su nombre verdadero. Ni siquiera Wikipedia, que tiene una página de desambiguación.
La página más extensa de internet es una que saqué yo mismo en 2012, "J. Trayter: crónica de un largo engaño", en la que denunciaba que Juan del Águila era un impostor que registraba como propias canciones anónimas (o de autor bien conocido) del folclore español, centenares de partituras, generalmente de música popular, como villancicos, habaneras, jotas, cuplés o temas conocidos de zarzuela, asegurándose una participación en los derechos de las obras más beneficiosas.
Han pasado 14 años desde esta denuncia y nadie me ha rebatido presentando pruebas en sentido contrario.
Mientras tanto he seguido buceando en la oscura vida de este individuo. Digo oscura porque ni siquiera sabemos dónde y cuándo nació, lo que resulta extraño cuando alguien es "trigo limpio".
Sin embargo, cruzando datos de los registros de propiedad intelectual, correspondencias privadas con musicólogos de la época y catálogos biográficos regionales, hemos ido desenterrando su ficha biográfica más oculta: 

Datos biográficos de José de Juan del Águila
  • Lugar de nacimiento: Región de Murcia (muy probablemente en la propia capital o alrededores). Vivió y operó la mayor parte de su vida en Madrid, donde tenía fijada su residencia y la sede de su poder editorial.
  • Fecha de nacimiento: Hacia 1914. (Dato que, como descubrimos, lo inhabilita por completo para la canción de La Habana de 1909).
  • Fecha de fallecimiento: Murió el 23 de junio de 1976 en Madrid.
  • Profesión "oficial": Compositor, director, musicólogo, alto funcionario editorial y gerente de la Unión Musical Española (UME). También ejerció como inspector y hombre fuerte dentro de la SGAE. Oficialmente sí, pero realmente, ni compositor ni director: no escribió ni una sola corchea de esas partituras.
El entorno de J. Trayter y sus "dos caras"
José de Juan del Águila perteneció a una burguesía funcionarial muy bien conectada con el régimen y las instituciones culturales del franquismo de mediados del siglo XX. Su posición de poder en la UME le permitía estar en contacto con lo más granado de la musicología española (existen cartas suyas cruzadas con grandes nombres como Miquel Llobet o José Subirá).
Curiosamente, tenía dos facetas públicas radicalmente opuestas:
  • El musicólogo oficial y respetado: De cara a las instituciones, escribía libros formales de investigación, como su conocida biografía "Ruperto Chapí y su obra lírica" (publicada por la Diputación de Alicante en 1973) o su antología "Las canciones del pueblo español". Se vendía a sí mismo como un protector del folclore nacional.
  • El "cazador" de derechos de autor: En la sombra, utilizaba su cargo para rastrear canciones tradicionales (como las habaneras que tanto me enfadan, el "Asturias, patria querida", "Uno de enero", de Ignacio Baleztena, o piezas de Los Pekenikes), meterles un arreglo mínimo a cuatro voces y registrarlas a su nombre bajo el alias de J. Trayter para cobrar el correspondiente porcentaje de la SGAE.
¿Por qué Trayter?
El apellido Trayter no lo eligió al azar. Es un apellido de profunda raíz catalana/gerundense (ver primer comentario). Al utilizar un seudónimo de resonancia catalana para firmar arreglos de habaneras, por ejemplo, lograba que en las corales nadie sospechara de un madrileño de adopción y origen murciano, haciendo pasar sus apropiaciones por "auténticas revisiones" de la tradición de la costa de Cataluña.

Ni siquiera era músico
El tal J. Trayter no escribió ni una sola corchea de esas partituras. Como José de Juan del Águila no era músico, lo que hacía en su despacho de la Unión Musical Española (UME) era pura explotación laboral y corporativa. El modus operandi funcionaba de la siguiente manera:
  • Los "negros" de la música: El gerente contrataba a músicos reales de la época —compositores locales ahogados por la necesidad, profesores de conservatorio infrapagados o copistas de orquesta— para que hicieran el trabajo sucio. Ellos eran quienes escuchaban las canciones tradicionales en los pueblos, transcribían la melodía al papel y realizaban la armonización formal a cuatro voces (S.A.T.B.).
  • El "peaje" del jefe: Una vez que el músico real le entregaba la partitura terminada, José de Juan del Águila utilizaba su poder como director de la editorial. El "peaje" obligatorio para que la obra se publicara y se distribuyera comercialmente por toda España era que en la cabecera del papel impreso figurara un nombre: J. Trayter.
  • El reparto del pastel: Al músico real se le pagaba una pequeña cantidad fija por el trabajo de mesa (por hacer el arreglo), pero los derechos de autor a largo plazo (los royalties de la SGAE) se los quedaba limpios el jefe bajo su seudónimo.
Pincha y mira canciones de las que se apropió
Por eso, en sus libros como Las canciones del pueblo español, él aparece como el "ilustre recopilador", cuando en realidad se limitaba a firmar el trabajo de profesionales anónimos que necesitaban el dinero para comer y no podían pelear contra el gigante editorial.
Es una cadena de despropósitos que podemos aplicar a "Adiós, lucero de mis noches": la letra era de un colombiano (Garavito), la música original de un compositor andino anónimo que Anckermann transformó en habanera, el arreglo físico lo hizo un músico español infrapagado, y el dinero se lo lleva, muerto, un administrativo murciano que firmaba como si fuera catalán.
Lo que hizo Juan del Águila será moralmente reprobable, será ilegítimo, pero era perfectamente legal, y seguirá cobrando derechos de autor mientras no expire el plazo fijado por la ley española: toda la vida del "no autor" y 70 años más tras su fallecimiento. Un consuelo: antes de la primera denuncia eran 80, hasta el 2056.

domingo, 16 de agosto de 2026

En brazos de "Oldartzen"

15-08-2023 El parlamentario de EH Bildu Adolfo Araiz, de fiestas de Tafalla, fue uno de los primeros en felicitar a María Chivite tras ser reelegida
Pues solo con estos tres ejemplos, que con Gobiernos de UPN hubieran valido para montar hasta media docena de revoluciones en las calles, el PSN ha salido como si nada, gracias a la inestimable colaboración de sus socios: los antaño beligerantes Geroa Bai, Contigo y EH Bildu.
Nota: si quieres conocer la ponencia "Oldartzen" de la que Araiz fue uno de los más acérrimos defensores, pincha ahí

Fin de legislatura: último año del ‘todos a una’
15 de agosto: tres años desde que María Chivite fuera reelegida presidenta del Gobierno. Ahora sí entramos en el final de la legislatura
Nacho Calvo DN 16/08/2026
H ACE tres años, en pleno puente festivo del 15 de agosto, Navarra se embarcó en las sesiones plenarias para reelegir a María Chivite como presidenta del Gobierno de Navarra. Fue el día de la Asunción de la Virgen María cuando la candidata socialista obtuvo el respaldo de Geroa Bai y de Contigo Zurekin y la abstención de EH Bildu para alzarse con la presidencia.
Es decir, ahora sí que entramos en la recta final de la legislatura. Un último año donde, como suele ser habitual, los socios de Gobierno intentarán marcar distancias entre ellos pensando ya en la pesca de votos para cuando se fijen las elecciones. Veremos en qué queda el ‘todos a una’ de estos tres años para protegerse de las turbulencias.
El socialismo navarro puede ponerse una nota muy alta en cómo ha superado estos tres años de legislatura. Ni en sus mejores sueños podría imaginar salir como ha salido de varias situaciones. Por ejemplo:
1. El trilerismo que montó con la moción de censura de Pamplona para acabar entregando la alcaldía a Bildu, llenando el camino de argumentos infantiles para no reconocer la verdad: que todo se fraguó en Madrid para que Pedro Sánchez siguiera en la Moncloa. Del “no” de Elma Saiz al “sí” cuando ya había volado como ministra a Madrid.
2. Los casos Cerdán/Koldo/Ábalos. El todopoderoso en el socialismo navarro Santos Cerdán, presente en todas las reuniones Navarra/Estado de esta y la pasada legislatura, omnipresente en las fotografías con María Chivite, Ramón Alzórriz y Elma Saiz; muñidor de la moción de censura de Pamplona, entre otras grandes obras para el PSN…. de la noche a la mañana recibió la patada de Pedro Sánchez, acabó en la cárcel y diferentes piezas judiciales le sitúan a la cabeza de varias supuestas tramas de corrupción. Junto a él, aparece otro viejo conocido del socialismo navarro: Koldo García. Otro al que ya nadie conoce por estos lares.
3. El caos en el túnel de Belate. La adjudicación de la mayor obra pública de la legislatura la han puesto de vuelta y media la Cámara de Comptos, la Oficina Anticorrupción de Navarra y técnicos que participaron en el proceso para adjudicarla. Por si fuera poco que lo hicieran en sus informes, también lo hicieron públicamente en la comisión de investigación del Parlamento surgida a raíz del caso Cerdán/Koldo/Ábalos. Ahora, también la investigan la UCO y la Audiencia Nacional, dado que en su adjudicación aparecen los mismo protagonistas que en la supuesta trama de corrupción de obra pública del caso citado.
Pues solo con estos tres ejemplos, que con Gobiernos de UPN hubieran valido para montar hasta media docena de revoluciones en las calles, el PSN ha salido como si nada, gracias a la inestimable colaboración de sus socios: los antaño beligerantes Geroa Bai, Contigo y EH Bildu.
Hace 3 años, Adolfo Araiz acudió a la votación de María Chivite con la indumentaria festiva propia de su Tafalla, inmersa en las fiestas de agosto. Y de fiesta sigue EH Bildu. Tampoco podía imaginar ni en sus mejores sueños que iba a tener al PSOE comiendo en la palma de su mano. En estos momentos, el aliado más fiel de Sánchez es la izquierda abertzale. Sí, frótense los ojos. Uña y carne. ¿El pasado etarra? Pelillos a la mar.
EH Bildu se ha mostrado imperturbable en su apoyo a Pedro Sánchez, y en consecuencia al Gobierno de Navarra, a pesar de las investigaciones judiciales a Santos Cerdán, José Luis Ábalos, Koldo García, Servinabar, las cloacas del PSOE, la mujer del presidente, la condena a su hermano o las denuncias de Belate y otras obras de la Oficina Anticorrupción de Navarra, creación de la formación de Araiz. Nadie vio venir esta transformación de la izquierda aberzale en una película de dibujos animados de Disney. Es el peaje que están dispuestos a pagar si, como cuentan las encuestas, ya es más que probable que supere al PNV en el País Vasco y al PSN en Navarra. La táctica de estar pero sin molestar.
Y en lo que queda de legislatura lucharán por seguir sacando la cabeza dos formaciones sobre las que se ciernen negros nubarrones: Geroa Bai y Contigo. Para los primeros, la sombra de la retirada de Uxue Barkos es muy alargada y la amenaza de la versión Disney de EH Bildu de hacerse con una parte de su electorado lo es aún más. Una de las patas de Geroa Bai es el PNV, también fiel escudero de Pedro Sánchez hasta la fecha. Veremos si su fidelidad aguanta hasta el final de legislatura. Para los segundos, la zozobra de formaciones denominadas de izquierda ha tenido varios capítulos en esta legislatura a nivel nacional y a nivel navarro. La falta de un liderazgo claro (Yolanda Díaz ha preferido mirar más por ella que por el proyecto) no ha dado más que para amagar pero sin golpear: más vale pájaro en mano (el poder) que ciento volando.
Así las cosas, no hay que darle muchas más vueltas. Mientras el superviviente Pedro Sánchez siga al frente del PSOE, el socialismo navarro lleva su futuro atado a él. Así ha sido contra viento y marea esta legislatura. Otra cosa muy diferente es dónde le sitúen los votos y para qué den los números.

sábado, 15 de agosto de 2026

Algo falla en Tafalla

El cohete de Tafalla estalló ayer entre proclamas de independencia, pero la historia, que es socarrona, nos recuerda desde la etimología que el origen de la ciudad es un viejo préstamo árabe. Banderas de hoy sobre las piedras que miraban a Córdoba. "Tafalla" no cuadra con "independentzia".

La etimología del topónimo "Tafalla" es de origen árabe, según el consenso de los principales lingüistas e historiadores.
El origen lingüístico
El nombre de este municipio navarro procede de la evolución de un término medieval arabizado. Las investigaciones filológicas destacan los siguientes puntos clave:
  • Documentación histórica: En los registros antiguos, el lugar aparece mencionado bajo variantes como "Altaffaylla" o "Altafalla". La presencia del prefijo Al- delata directamente el artículo determinado árabe. 
  • Raíz propuesta: El filólogo Joan Coromines propuso que deriva de la voz árabe "tahwila" (que se traduce como ager, es decir, "campo cultivado" o "porción de tierra") o bien de "tahwîl" ("traslación, mutación o cambio"). 
  • Límite geográfico: El lingüista Ricardo Ciérbide apunta que Tafalla marca históricamente uno de los puntos extremos del norte de la Península Ibérica hasta donde llegó la influencia de la toponimia árabe.
Relación con otros topónimos
Esta misma raíz dio origen a otros nombres de lugares de la geografía peninsular e hispanohablante que comparten significado agrario, tales como:
  • Altafulla (Tarragona)
  • Tahull (Lérida)
  • Las Tahullas (Almería)
  • El término murciano y andaluz "tahúlla", empleado históricamente como una medida de superficie para tierras de regadío. 
A diferencia de otras localidades de Navarra, en la lengua vasca no ha existido un nombre tradicional diferente para la ciudad, empleándose históricamente la misma denominación de origen árabe. Por ejemplo, "Tafallabidea" ("Camio de Tafalla")

viernes, 14 de agosto de 2026

Una cabaña llamada "La Estanca"

La Estanca (Corella), probable origen del letrero
Hay herencias que no se guardan en los bancos, sino en el trastero del abuelo: un arsenal de azadas, palés y herramientas prestadas con el que los nietos construyen sus primeros imperios de madera y los padres, en silencio, volvemos a ser niños.

"Cada mañana y cada tarde mi hijo baja a casa del abuelo, su surtidor particular de azadas, hacha, martillo y clavos, y yo finjo escandalizarme, pero no puedo disimular la sonrisa"
Veo que, por suerte, construir una cabaña, esa manera tan básica de imaginar y de estar juntos en el mundo, aún no se ha perdido del todo.
Íñigo González DN 13/08/2026
La cabaña "La Estanca" va tomando forma GONZÁLEZ
Hubo un tiempo en el que yo también fui joven y lo tenía todo: familia, amigos, un pueblo y un verano eterno por descubrir. Fue una época, entre los 8 y los 14 años, en la que el súmmum de la felicidad era jugar a la guerra con pistolas de plástico, bañarme en la piscina, despellejarme las rodillas con el patinete y dar patadas al balón agarrado a un bocata de chorizo. A veces, todo en el mismo día. Siempre en la calle y rodeado de risas compartidas. Por supuesto, también había tiempo para devorar a Tintín, partirse de risa leyendo El pequeño Nicolás o fundirse la paga en chicles boomer y Shiki Shin, la mítica bolsa amarilla de patatas que llamábamos ‘comida china’. Eso era el verano. Pero había más. La guinda estival. El proyecto que daba continuidad y sentido a las vacaciones: construir una cabaña.

Nosotros las tuvimos de todos los colores: desde estructuras entre árboles que los primos hacíamos pasar por una tienda de chucherías en lo más alto de Isaba a una con jacuzzi en las antiguas huertas de Noáin. Que menudo agujero cavamos entonces. Para habernos matado. Con herramientas debidamente robadas de trasteros paternos, he de añadir.

Y ahora veo que, por suerte, esa manera tan básica de imaginar y de estar juntos en el mundo aún no se ha perdido del todo. Lo constato con la cabaña que mi hijo mediano y su cuadrilla llevan semanas levantando con sus manos. La Estanca, se llama. El nombre lo han sacado, dicen, de un letrero que encontraron por ahí tirado y que han colocado con delicadeza en un lugar destacado. Empezó como nacen las mejores ideas: compartiendo pipas ante un montón de bicis desperdigadas por el suelo.

Y desde entonces, tras buscar el emplazamiento, llevan días creando su hogar. Desbrozan la tierra, crean escalones que bajan al río en el que se bañan, cortan troncos sin sentido y ensamblan palés y chapas regaladas. Hasta aseo tienen: una silla de plástico de bar con un agujero y un cubo debajo. Limpios, los chavales. Cada mañana y cada tarde M. baja a casa del abuelo, su surtidor particular de azadas, hacha, martillo y clavos, y yo finjo escandalizarme. Le digo muy serio que tengan cuidado, que es peligroso, pero por dentro me veo en él, en ellos, y no puedo disimular la sonrisa.