El diputado del Partido Popular y concejal de Pamplona Carlos García Adanero ha denunciado este lunes que, más de un mes después de la agresión sufrida por varios militares en Berriozar durante la final del Mundial de Fútbol, el Gobierno de España continúa sin condenar públicamente lo ocurrido. “El Gobierno de España sigue sin condenar la brutal agresión de Berriozar. La ministra de Defensa (Margarita Robles) todavía no ha encontrado ni un minuto para preocuparse por los militares atacados ni por el resto de ciudadanos que sufrieron aquella paliza”, ha afirmado.
García Adanero ha considerado especialmente grave el silencio del Ministerio de Defensa ante una agresión en la que se encontraban varios miembros de las Fuerzas Armadas. “Lo mínimo que cabía esperar de la ministra era una llamada, una muestra de preocupación y una condena rotunda. Pero no ha hecho absolutamente nada”, ha lamentado.
Para el diputado del PP, esta falta de respuesta se explica por la dependencia política del Gobierno de Pedro Sánchez respecto a EH Bildu. “Prefieren proteger a sus socios antes que defender a los militares y ciudadanos agredidos. No quieren incomodar a Bildu-Batasuna, aunque para ello tengan que guardar silencio ante unos hechos de extrema gravedad”, ha denunciado.
García Adanero ha acudido este lunes al pleno de Berriozar, donde se han debatido dos mociones sobre los hechos ocurridos el 19 de julio en la terraza de un bar, cuando un grupo de encapuchado irrumpió con gran violencia, agrediendo a varias personas y lanzando el mobiliario por los aires. También han estado otros cargos públicos del PP, como Carmen Alba e Irene Royo, de UPN (Raúl Bator) y Vox (David Sáinz), así como representantes de plataformas ciudadanas, entre ellas Maribel Vals (Vecinos por la Paz). El salón de plenos se ha quedado pequeño y una treintena de personas han tenido que seguir la sesión de pie y en el hall. Entre los asistentes había una joven con la camiseta de la selección española.
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El alcalde de Berriozar, Iker Mariezcurrena (de pie), habla con los concejales socialistas Arantza Ríos y Carlos Mena
La noticia en portada nos lleva a las páginas centrales de Aragón Exprés. A la izda., una entrevista a Raphael en Lima. A la dcha., otra entrevista a Francisco de Val que le ha prohibido a Raphael cantar "Torito bravo" porque "Aunque podía reportarme muchísimo dinero, su estilo desvirtúa mi canción"
"Aunque podía reportarme muchísimo dinero, su estilo desvirtúa mi canción"
Si quiero hablar de Saturnino Francisco García Val, tendría que hacerlo diciendo que es una de las personas más encantadoras que he conocido, que escuchándole, el tiempo pasa volando porque tiene miles de anécdotas que contar, porque se siente niño hablando de los niños, poeta hablando de poesía, músico hablando de música y aragonés por encima de todas las cosas y de todo el arte.
Pero no quiero hablar de Saturnino Francisco García, sino de Francisco de Val, del creador de "Palomitas del Pilar", "Campanitas de la Aldea", "Sierra de Luna", "Viajera", "Torito Bravo" y un etcétera muy largo hasta completarlo con unos ochenta títulos (en la SGAE tiene 378 títulos registrados).
En la terraza de una cafetería comenzó hablándome de música. Hace veinte años, me dijo, compuse una canción que se titulaba "Me pediste un beso". La hice para Carmen de Veracruz y fue un éxito en Sudamérica.
Hace un par de años, Peret la grabó como suya la misma canción solo que con distinto título "Una lágrima cayó en la arena". La Sociedad de Autores demandó al cantante que se negaba a admitir que la canción fuese mía...
—Sincera y llanamente, señor de Val, le interrumpo, ¿cuándo le ha proporcionado más dinero esta canción, hace veinte años o ahora?
—Ahora, claro, porque los arreglos de Peret hicieron el traje que necesitaba la melodía para que ésta triunfara por tierras hispanas.
—Hace unos meses, en una sala zaragozana Raphael cantó "Torito Bravo" como final de espectáculo diciendo que la canción era de un autor americano. Fernando Sancho, paisano suyo y mío, le "reprendió" diciéndole que la canción era del aragonés Francisco de Val. ¿También ha demandado al cantante de Linares?
—No, pero le he prohibido que la cante.
—¿Existe algún motivo concreto?
—Ninguno, pero su estilo desvirtúa mi canción. Ya sé que como en el caso de Peret podría reportarme mucho dinero, pero no me interesa, solo me interesa la belleza de mis creaciones.
Según Francisco de Val, José de Aguilar fue quien mejor la interpretó
Le creo. Este aragonés que nació en Villafeliche, que se crió en Jaulín y que pasó su juventud en Sierra de Luna, conserva la lealtad de su tierra, y aprecia, porque él también la tiene, la sinceridad de los hombres. Y porque ya le conozco un poco, le creo.
AMIGO DE MIGUEL FLETA
Nos "emborrachamos" los dos hablando de Miguel Fleta. Conocíamos, y la coincidencia fue la culpable de nuestra "embriaguez" en que el "Adiós a la vida" cantado por el oscense arranca las lágrimas a una piedra.
—Usted que fue amigo de Fleta, usted que estaba a su lado cuando murió, dígame, ¿cómo era él?
—Era más baturro que yo, que ya es decir. Cuando estábamos juntos nos pedían que cantáramos jotas, pero él no podía, se disculpaba diciendo que tenía la voz impostada. Sufría cuando tenía que negarse.
Observé un ligero temblor en la barbilla de De Val, cuando me hablaba de Fleta. "Eramos muy amigos", me repitió por tres veces.
—A la madre de mi alma, la vi reñir con mi padre, no supe a quién defender, sólo esa vez fui cobarde". ¿Por qué compuso esta jota?
—Para dar réplica a Aurora Bautista. Ella un día haciéndose la graciosa dijo que la jota era una "cochinada", luego prohibieron durante un tiempo sus películas y yo le compuse la jota.
—¿Rectificó Aurora?
—No lo sé, nunca le he preguntado.
—Le llaman el Agustín Lara español. ¿Comparar al mejicano...
—Como persona no puedo compararme, él era muy bohemio, muy introvertido... como músico tampoco. Los dos tenemos un estilo muy personal. Ninguno de los dos tenemos idea de música. En esto coincidíamos. Si hubiésemos estudiado música, quizá no hubiésemos tenido la sensibilidad creadora que nos caracteriza.
Ante un café conocí al músico, y más tarde ante un celtibérico chocolate con churros en casa de unos parientes suyos y muy queridos amigos míos conocí al hombre y al cantante.
—Charlábamos entre canción y canción. ¿A qué años se escapó de casa?
—La primera vez a los once. Vivíamos entonces en Jaulín. Mi padre era el veterinario del pueblo y se enfadó conmigo porque no soportaba que me pasara el día tocando la guitarra. Vine a Zaragoza y un guardia muy "simpático" me llevó al Amparo. Allí estuve hasta que vino mi padre, "con muy buen talante", a recogerme.
—¿Y la segunda?
—La segunda a los dieciséis. Pero entonces fui a Sierra de Luna. Allí trabajé como herrero hasta que fui a la mili.
—¿Volvió a trabajar como herrero?
No. Después de cumplir el servicio nacieron mis primeras canciones.
1958, 2 de Noviembre. Fco. de Val escucha emocionado las palabras del alcalde de Sierra de Luna
En mi exilio madrileño supe lo que es añorar la tierra de uno. Hice dos viajes a las Cinco Villas y compuse "Sierra de Luna". Hace doce años me rindieron un homenaje. Me dedicaron la plaza donde estaba la herrería que me permitió vivir durante cuatro años. Nunca olvidaré a ese pueblo ni a sus gentes.
Firmo y rubrico sus declaraciones. El jueves pasado y después de 12 años, Francisco de Val ha vuelto a Sierra de Luna, y como entonces las lágrimas no le dejaron hablar al ver por segunda vez una plaza azul con letras en blanco, muy cerca de la casa donde vivió Ramón y Cajal.
Paseando por el pueblo, más tarde me contaba, con ese acento sudamericano que le ha quedado tras sus viajes y largas estancias por tierras latinoamericanas: ¿Sabes? cuando me rindieron un emotivo homenaje hacía muchos años que las aguas del cielo se negaban a humedecer los campos y prácticamente las reservas se habían acabado. Pero hubo fiesta, y de las grandes. El gesto me dio idea para una nueva canción "Plegaria a la Virgen".
¿Escuchó la Virgen la Plegaria?... No lo sabemos, pero podemos afirmar que a partir de entonces Sierra de Luna creció mucho y no en perímetro precisamente.
ME QUEDARÉ EN ZARAGOZA Francisco de Val vino a su tierra a pasar la Semana Santa. Echará en falta al Círculo madrileño de Bellas Artes, mi "Café Gijón", mis amigos... pero esto me llama mucho.
Seguimos hablando de sus proyectos, de ese L.P. que va a grabar de ese festival benéfico que quiere hacer en Zaragoza a beneficio... de lo que sea, no importa, si el Ayuntamiento quiere puede contar con Francisco de Val, un hombre que lamenta su soltería sólo por los hijos que no ha tenido.
—¿Por qué no se ha casado?, le pregunto.
—Quizá por amor. Estuve a punto de hacerlo con una aristócrata sevillana, Maruja Gamero-Cívico, marquesa de la Atalaya, pero Merry del Val puso algún obstáculo y cuando abandoné Sevilla, dejé allí mis amores enterrados bajo la Giralda.
Muy agradables han sido las horas que he pasado con este hombre cuyos recuerdos me han emocionado. He leído por vez primera una carta escrita de puño y letra por una princesa. "A mi artista más admirado", dice en el primer renglón de la carta que tiene el sello de la Casa Real de Borbón. He leído una carta de Inmaculada de Terry, que es todo un poema. También he leído, por qué no decirlo, don Francisco, unas cartas con letra de redondilla casi ilegibles por culpa de los años, que son auténticas declaraciones de amor... Todas ellas están bien y muy guardadas junto al corazón de este hombre que nació en Villafeliche y pasó su juventud en Sierra de Luna, de este hombre que ha triunfado, como si el triunfo fuera cosa fácil, en España y Sudamérica, de este hombre que después de muchos años ha vuelto a su tierra, a su Aragón porque es lo que más ama y porque aquí ha encontrado a la familia y a los amigos que nunca le olvidaron, que a fin de cuentas no han hecho sino pagar con la misma moneda.
José Luis Escrivá sale irritado del plató, ante el asombro del economista Gonzalo Bernardos y la actitud hierática de Susana Griso (imagen IA Google)
Las webs a las que redirigen los enlaces que circulan utilizan el logo y el nombre de El Mundo. Pero si miráis arriba, a la URL, ésta no tiene relación ni con El Mundo ni con Antena 3, sino que incluye un latinajo sin sentido alguno:
ALERTA DE ESTAFA: El falso escándalo en Antena 3 que busca robar tu dinero
En las últimas semanas ha circulado con fuerza un texto muy convincente que simula ser una noticia real. Narra un supuesto escándalo en directo en el programa Espejo Público de Antena 3, donde José Luis Escrivá, exministro y actual Gobernador del Banco de España, sale irritado y gritando del plató, el economista Gonzalo Bernardos es supuestamente detenido y esposado, y el empresario Juan Roig interviene para desvelar un "secreto financiero".
Todo lo que cuenta esta historia es absolutamente FALSO. Gonzalo Bernardos y José Luis Escrivá no han coincidido en un plató de Espejo Público para hablar de plataformas de inversión. Y, por supuesto, Gonzalo Bernardos jamás ha salido esposado de ningún plató. Susanna Griso, por su parte, ha desmentido categóricamente múltiples bulos y estafas que utilizan su imagen, su voz manipulada con inteligencia artificial y el formato de su programa Espejo Público para promocionar falsas plataformas de inversión:
Es una suplantación de identidad: Utilizan los nombres y el prestigio de caras conocidas de la televisión y la economía española para generar confianza.
No hubo detenciones ni huidas: El economista Gonzalo Bernardos jamás fue arrestado, ni el Gobernador del Banco de España abandonó ningún plató por este motivo.
El verdadero objetivo es el fraude: Toda la narrativa está diseñada para que el lector muerda el anzuelo y deposite 250€ en una plataforma fraudulenta llamada Brenor Return (o nombres similares como Immediate Connect). Es un esquema de estafa automatizada donde el dinero depositado desaparece por completo.
Ahora que ya estáis sobre aviso, aquí tenéis la transcripción completa del bulo, con todas sus imágenes, para que veáis lo convincente que resulta.
Y aquí otra versión coincidente con distintos protagonistas
Consejos de Desolvidar
Buitre con cencerro en Grazalema
Si te llega este bulo por redes sociales, correo o mensajería, no lo compartas como real y advierte a tu entorno. Las plataformas financieras legítimas y reguladas nunca se promocionan inventando detenciones ni hackeos informativos.
Cuando alguien afirma algo excepcional (por ej. "salió esposado del plató"), es ese alguien quien debe aportar las pruebas de que así sucedió. Quien niega que los cutos vuelen no tiene que aportar ninguna prueba, porque es evidente.
Me dijeron una vez que en Gallipienzo colocaron un cencerro a un buitre. Conociendo al personal, yo me lo creí, pero pedí una prueba. Cuando hoy mismo he buscado la prueba, no la he encontrado en Gallipi, pero sí en Piquera (Soria, columna de la dcha.) y en Grazalema.
Tres pautas sencillas para detectar enlaces sospechosos Aquí tenéis las tres pautas sencillas y directas, para que podáis detectar enlaces sospechosos rápidamente:
Revisa bien el dominio: Las webs falsas imitan periódicos reales pero cambian letras o usan extensiones raras como .xyz, .biz o .cc. O ese latinajo del enlace de hoy.
Sospecha de la urgencia: Si el enlace promete hacerte rico rápido, curarte una enfermedad en días o te urge a pagar ya, es un fraude.
Desconfía de los enlaces acortados: Los estafadores ocultan la dirección real detrás de enlaces muy cortos generados en plataformas externas para que no veas a dónde vas.
Y sobre todo, no vayas de listillo, pensando que tú controlas. Son los primeros que caen.
Ceuta asaltada y Sánchez, fumándose un puro en la Mareta
¿Es España la que se niega a devolver los invasores a Marruecos?
«Es posible que a Sánchez y a su Gobierno les interese que la invasión de Ceuta dure lo más posible para echar la culpa al PP y a Vox de no aceptar a los menores»
Hace más de una semana el Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, declaró solemnemente que «mi homólogo marroquí me ha ofrecido su total disposición a retornar a todas esas personas inmediatamente».
Se refería a la devolución a Marruecos de los inmigrantes invasores que habían llegado a Ceuta el 30 de julio y que aún andaban pululando por las calles de la ciudad española. Entonces hacía 12 días de la invasión y hoy ya son 20 los días transcurridos y, como podemos ver en todos los telediarios, Ceuta sigue siendo una ciudad inhabitable por los miles de ocupantes que llenan sus calles, sus plazas, sus playas y hasta su cementerio. Llenándolo todo de suciedad y de miseria, pero, sobre todo, de inseguridad, de desconcierto, de angustia y de miedo para esos ciudadanos europeos y españoles que son los ceutíes. Y, por si faltaba algo, ahora con cientos de inmigrantes subsaharianos en huelga de hambre para evitar ese retorno a Marruecos y conseguir que España se haga cargo de ellos y así entrar en Europa.
Al ver lo que estamos viendo y recordar la solemne frase de Albares con la que anunciaba la disposición de Marruecos a recoger a todos esos mayores y menores que llenan de miedo Ceuta, cualquier persona con un mínimo sentido común tiene que preguntarse qué pasa para que España no haya puesto en marcha inmediatamente los mecanismos necesarios para que Marruecos cumpla el compromiso que anunció Albares.
La respuesta es clarísima y lo dijo desde el principio el Gobierno marroquí: «Estamos dispuestos a aceptar el retorno de todos y el problema es que la legislación española lo impide».
Todos los españoles nos preguntamos por qué, si las actuales leyes españolas son las que impiden recuperar la normalidad de Ceuta después de la tremenda invasión de que ha sido objeto, no se convocan inmediatamente las Cortes Generales (que aunque Sánchez no quiere aceptarlo es ahí donde reside el Poder Legislativo y no en su persona) y, con toda urgencia, se aprueba la derogación de toda aquella legislación que impide el retorno inmediato y se aprueban, en su caso, los nuevos decretos-leyes que sean necesarios para acabar con esos frenos al sentido común que se está demostrando que tienen las actuales leyes españolas.
Es posible que a Sánchez y a los miembros de su Gobierno lo que les interese sea que la invasión de Ceuta dure lo más posible para, con la ayuda de los medios de comunicación que les aplauden hagan lo que hagan, echar la culpa al PP y a Vox de no aceptar a los menores no acompañados que les quieren adjudicar y culpar a las Comunidades Autónomas gobernadas por éstos de que Ceuta siga invadida.
Que no les importa lo más mínimo que dure esta invasión lo demuestra, en primer lugar, la actitud de Sánchez, empeñado en demostrar que nada de nada le va a impedir seguir veraneando como un magnate de los más ricos del mundo en La Mareta, que hay que recordar que es un palacio con su entorno, que en 2015 Felipe VI cedió a los españoles para que «se pusiera al servicio de los intereses turísticos de España».
Pero no sólo es Sánchez el que se fuma un puro mientras los ceutíes se cuecen en su angustia, son todos sus ministros, que también son responsables de encontrar soluciones a los inmensos problemas que en Ceuta se están viviendo. Los ministros van al photo call, sueltan el mensaje de que allí no pasa nada y que lo que pasa se está solucionando gracias a ellos. Sólo cinco ministros, de los 22 que le hacen la ola a Sánchez en los Consejos de Ministros, han ido allí para, como estamos viendo, no hacer nada. Con la de Sanidad como máxima estrella de la falsedad, atreviéndose a decir que allí no hay colapso sanitario, cuando hace cuatro días ya eran 5.800 los inmigrantes atendidos por los profesionales de la Sanidad ceutí y ponerse a criticar a Vivas y a las autoridades ceutíes.
El escándalo mundial y la vergüenza que nos está dando a los españoles la actitud de nuestro Gobierno en Ceuta viene así a añadirse a los desastres de gestión de crisis a que nos tiene acostumbrados Sánchez, especialista únicamente en moverse en el Falcon, que, por cierto, le pagamos todos: el Covid, el volcán de La Palma, la dana, el apagón, los incendios o el accidente de Adamuz. Cualquiera de estas crisis en una democracia sana hubiera provocado la dimisión del Gobierno y la celebración de elecciones.
J. Trayter es el Sánchez de las partituras. Este "señor" se apropió (pincha, pincha) de Levántate pamplonica, Y voy por la carretera, Uno de enero, Boga boga, Desde Santurce a Bilbao, Un inglés vino a Bilbao... Sin ni siquiera ser músico, seguirá cobrando derechos de autor hasta el 1 de enero de 2047. Y todas las corales siguen ensayando con las partituras de J. Trayter sin rechistar
El 1 de Agosto de 1976, Ritmo, la prestigiosa revista de música clásica española, fundada en 1929 y que sigue en la brecha, publicó (página 7) un obituario dedicado a José de Juan del Águila que, a primera vista, puede parecer contradictorio con lo que en este blog decimos.
Aquí tenéis la transcripción literal y exacta del texto y, justo debajo, os desgrano las "perlas" y contradicciones que esconde esta sarta de elogios de la época.
Ha muerto en Madrid, el 23 de junio pasado, José de Juan del Águila. José de Juan era un hombre plenamente volcado hacia la música. Autor, musicólogo, director de una importante editorial musical, tratadista y escritor sobre varios de los más característicos aspectos de la temática musical española, confluían en él una impresionante erudición teórica y un acusado sentido práctico. La una servía para calificarle de verdadero estudioso; la otra, para insertarle dentro de la categoría de "hombre de empresa". José de Juan era una de esas personas que cimentan de verdad la actividad musical de un país. Su labor, siempre silenciosa, siempre discreta, fue, asimismo, siempre fecunda. Joaquín Rodrigo le definió ya hace años como "el perfecto editor". Y, vista la carestía de esta clase de hombres de empresa para la música que hemos sufrido secularmente en nuestro país, el retrato definitorio que Rodrigo realizó de De Juan adquiere, hoy más que nunca, dimensiones de elogio de auténtica importancia. Ha muerto, pues, un hombre bueno, un hombre útil, un hombre honesto, un hombre práctico para la música española. Y a la tristeza que produce su ausencia se suma la inquietud de comprobar lo difícil que resultará su sustitución.
Lo que el texto oculta entre líneas
Este obituario es una radiografía perfecta de cómo el régimen y las instituciones musicales protegían y ensalzaban a los hombres de despacho. Si lo leemos con la lupa de nuestra investigación, salen a la luz detalles que confirman al 100% nuestras fundadas sospechas:
La gran contradicción (¿Músico o empresario?): Fijaos en el juego de palabras que utiliza el redactor. Dice que tenía una "impresionante erudición teórica" unida a un "acusado sentido práctico". Y aclara sin tapujos que ese sentido práctico sirvió "para insertarle dentro de la categoría de 'hombre de empresa'". El texto admite de forma elegante que su verdadero talento no era la composición creativa, sino los negocios y la gestión de la editorial.
El espaldarazo de Joaquín Rodrigo: Este dato es una bomba. El mismísimo autor del Concierto de Aranjuez, el maestro Joaquín Rodrigo, le definió como "el perfecto editor". Rodrigo, que era ciego y dependía por completo de las editoriales (como la Unión Musical Española) para la transcripción, impresión y distribución de sus partituras en sistema Braille y tradicional, conocía muy bien el poder de José de Juan del Águila. Que lo catalogue como "editor" y no como "creador" o "compositor" vuelve a darnos la razón: era el dueño de la imprenta y de los derechos, el engranaje burocrático.
Una labor "silenciosa y discreta": El obituario califica su labor como "siempre silenciosa, siempre discreta". Claro, ¡cómo no iba a ser silenciosa! En la discreción de su despacho de la UME es donde operaba el truco de firmar como J. Trayter las adaptaciones tradicionales de la música que otros trabajaban, manteniéndose convenientemente alejado de los escenarios y el escrutinio público. Que yo sepa, no ha legado a la era de la digitalización ni una foto de este escurridizo individuo. Y las que, sin duda, guarda su familia han quedado en un estricto ámbito privado.
Al leer en el obituario la mención a Joaquín Rodrigo ha sido inevitable recordar la entrada de 2018 sobre el Himno de Acción Católica.
Ahora que releo cómo recordaba esa música desde mis 11-12 años en el Seminario de Tudela, allá por 1962, la frase de Joaquín Rodrigo, llamando a José de Juan del Águila "el perfecto editor", cobra un sentido muchísimo más profundo y casi familiar para mí.
Mirad cómo encajan las piezas del puzle:
1. El cordón umbilical: El disco que rescaté (1961)
En mi desolvido de 2018 desvelé que en 1961 se estrenó ese himno con letra de Pemán y música del maestro Joaquín Rodrigo. ¿Y quién editaba y controlaba absolutamente toda la obra del Maestro Rodrigo en esa época exacta? La Unión Musical Española (UME), dirigida con mano de hierro por nuestro "amigo" José de Juan del Águila (J. Trayter). Del Águila no solo se apropiaba de habaneras o les cobraba royalties a Los Pekenikes; como "perfecto editor" de empresa, era quien tenía la sartén por el mango para fabricar, imprimir y distribuir aquel vinilo de 45 revoluciones de los Cantores de Madrid que terminó sonando por los altavoces del seminario de Tudela.
2. La red de influencias en Madrid
El obituario de Ritmo dice que De Juan era un hombre de labor "silenciosa y discreta", pero con un "acusado sentido práctico". En los comentarios de mi propio blog, una lectora anónima me decía en 2025: "Yo estaba en el Palacio de la Música de Madrid cuando el Himno de Acción Católica se estrenó. Y como trabajaba en el Consejo Nacional de la A.C. fui con otras jóvenes a saludar al maestro". Ese estreno por todo lo alto en Madrid, conectando al Consejo Nacional de Acción Católica con el Maestro Rodrigo y José María Pemán, fue un monumental negocio de relaciones públicas e institucionales gestionado desde la penumbra por el propio José de Juan del Águila. Él unía los hilos del dinero, la Iglesia, los autores del régimen y la imprenta musical.
Terminamos conectando ambos mundos:
El maestro Joaquín Rodrigo no erró el tiro al bendecir a José de Juan del Águila como 'el perfecto editor'. Sabía bien de lo que hablaba. Mientras el músico ciego ponía su genio al servicio de obras como el 'Himno de Acción Católica' que a mí me despertaba en el Seminario de Tudela en 1961-62, el hábil gerente de la Unión Musical Española utilizaba ese mismo 'sentido práctico' de los despachos para pasar el rastrillo por los cancioneros populares, adjudicándose con el alias de J. Trayter los derechos de las melodías de medio mundo.
De camino a Vistabella suelo pasar a menudo por la Plaza del Juez Elío. No sabía que su hija tenía también una calle en la Magdalena y a su nombre la Biblioteca Pública de Barañáin. Quizás sea el único caso en Pamplona en que padre e hija tengan calles a su nombre
María Luisa Elío: la pamplonesa universal que habitó el exilio
El pasado 17 de agosto de 2026 se cumplió el centenario del nacimiento de María Luisa Elío Bernal, una de las mentes más brillantes, y a menudo olvidadas, de nuestra cultura. Escritora, actriz y cineasta, su vida estuvo marcada por el desgarro del exilio y la búsqueda constante de los paraísos perdidos de su infancia. Ante las conmemoraciones institucionales previstas por el Instituto Navarro de la Memoria y el Ayuntamiento de Pamplona, es el momento idóneo para rescatar la memoria de esta pamplonesa universal.
Infancia rota en el Segundo Ensanche
María Luisa nació en la emblemática casa Martinicorena, situada entre las calles Bergamín y Arrieta. Aquel edificio era conocido entonces como «la última casa de Pamplona». Hija del juez Luis Elío y de Carmen Bernal, sus primeros años transcurrieron entre las aulas de las Ursulinas y el colegio de María Auxiliadora, donde adquirió un sólido dominio del francés. Sin embargo, su verdadera pasión temprana fue el teatro, llegando a subirse al escenario del Teatro Gayarre en funciones infantiles.
Toda aquella paz se truncó con el estallido de la Guerra Civil. Como ella misma escribiría, la contienda «llegó por los tejados». Tras la detención de su padre, comenzó un doloroso periplo de huida para María Luisa, sus hermanas y su madre. Con apenas diez años, sufrió la reclusión de tres meses en Elizondo, convirtiéndose en una de las cautivas más jóvenes del conflicto. Después vendría una caótica huida por San Sebastián, Irún, Valencia y Barcelona bajo los bombardeos, hasta cruzar la frontera francesa por Le Perthus.
El remanso de paz en Quincy y el viaje a México
A treinta kilómetros de París, en la localidad de Quincy, María Luisa encontró un oasis de sosiego entre los doce y los catorce años. Estudió en el internado del Château Leroy, un centro gestionado por el conde Hubert Georges Edouard de Monbrison y su esposa Irina Pawlowna Paley. Los archivos digitales conservan hoy imágenes de aquel grupo de niñas refugiadas rusas, alemanas y vascas compartiendo estudios, deportes y danzas tradicionales. Fue el rincón donde logró ser feliz entre los escombros de dos guerras.
El 12 de febrero de 1940, la familia —ya reunida— zarpó desde Le Havre a bordo del buque De Grasse rumbo a Nueva York. Tras superar la cuarentena en Ellis Island y pasar unos días amparados por familiares, partieron hacia su destino definitivo: México, un país que abrió sus brazos generosamente a la intelectualidad republicana.
Efervescencia cultural y el influjo de García Márquez
A pesar de la amargura por la separación de sus padres, el México del exilio ofreció a María Luisa un entorno artístico deslumbrante. Se formó en teatro con figuras como Marga Donato y Seki Sano, e integró una tertulia irrepetible junto a Octavio Paz, Carlos Fuentes, Leonora Carrington, Juan Rulfo y su esposo, Jomí García-Ascot.
En 1959 se trasladó con García-Ascot a la Cuba de la naciente Revolución. En La Habana escribió guiones y colaboró estrechamente en la fundación del Instituto de Cine Cubano (ICAIC). Sin embargo, la estampa de los guerrilleros moviéndose por las azoteas habaneras le reavivó el trauma de Pamplona. Fue el escritor Alejo Carpentier quien, al descubrir los textos y cartas íntimas que María Luisa guardaba en el hotel, la instó de forma categórica a darles forma: «María Luisa, esto tienes que culminarlo».
De regreso en México, aquel impulso se transformó en la película En el balcón vacío (1962), una auténtica proeza cinematográfica escrita por ella y rodada de forma independiente por exiliados republicanos. Fue en esa época cuando estrechó lazos con Gabriel García Márquez, siendo testigo directo de la gestación de Cien años de soledad. El Nobel colombiano, fascinado por la sensibilidad de la pareja, les acabó dedicando su obra cumbre.
El doloroso retorno al «balcón vacío»
La melancolía del destierro empujó a María Luisa a intentar el regreso a Pamplona cuando su hijo tenía seis años. Pese a la hospitalidad de la familia Torres, la experiencia fue devastadora: su hogar de la infancia estaba ocupado por extraños y ni siquiera pudo asomarse a contemplar su viejo balcón. Peor aún, nadie la reconoció al caminar por las calles de su propia ciudad.
De vuelta en México, canalizó aquel dolor en una producción literaria descarnada y profundamente autobiográfica: Tiempo de llorar, Voz de nadie o Cuaderno de apuntes en carne viva. Estas obras se alzan hoy como piezas maestras de la literatura del retorno y la narrativa del exilio en primera persona. Además de su labor creadora, destacó como una brillante gestora cultural en la Fundación Televisa y en el Instituto de Bellas Artes.
Navarra ha comenzado a saldar su deuda histórica dedicándole una calle en la Magdalena y dando su nombre a la biblioteca de Barañáin. Sin embargo, su centenario nos exige ir más allá: leer su obra, comprender sus claroscuros y aplaudir, por fin, la verdad de una navarra valiente, generosa y universal.
El juez Luis Elío
Luis Elío (1895-1968), padre de Mª Luisa, nacido en Tarragona pero de padres navarros, tras ser detenido en 1936 y pasar tres años encerrado en la Casa de la Misericordia de Pamplona, huyó a Francia y, ya con su familia, se desplazó en 1940 a México, donde murió en 1968.
España vuelve a estar ante una hora crítica. No en el sentido teatral de la expresión, ni en la forma del 23 de febrero de 1981: tanques en Valencia, un teniente coronel con tricornio y bigote entrando en el Congreso, diputados tirados al suelo y una nación entera conteniendo la respiración ante el televisor. Aquel fue el golpe visible, el sobresalto de una democracia que apenas empezaba a caminar. El peligro de hoy es distinto. No viste uniforme, no irrumpe a tiros en el hemiciclo, no suspende la Constitución con un bando por radio. Opera de forma más insidiosa: conserva el decorado y apela a la legalidad mientras avanza por dentro, desmontando controles, colonizando instituciones y convirtiendo la democracia en una mera fachada
Esa es precisamente la gravedad del momento. La amenaza ya no procede de unos militares nostálgicos que se sitúan al margen del sistema, sino de personajes perfectamente instalados dentro de él. Algunos incluso se sientan en el Congreso con acta de diputado actuando como cómplices necesarios de una asonada peculiar y declarando, de una forma u otra, su hostilidad al Estado, a la nación española y, por consiguiente, a los intereses, derechos, inquietudes y legítimas aspiraciones de los españoles. Y, sin embargo, participan en la gobernabilidad del país, condicionan la legislación, deciden mayorías y sostienen al Gobierno. El viejo golpe pretendía tomar el Congreso por la fuerza. El nuevo no necesita tomarlo: ya está dentro.
España se encuentra hoy ante un momento tan decisivo como aquel de sus primeros años democráticos. Entonces el desafío apareció de frente, con olor a cuartel. Ahora llega con decretos, pactos parlamentarios, maniobras procesales, colonización institucional y una ofensiva total contra el Estado de derecho
Que Pedro Sánchez haya encontrado en esta arquitectura su lugar natural no debería sorprender demasiado. Sánchez no ha inventado todos los males del sistema, aunque los haya llevado a su estadio final. No es el origen único del problema, pero sí su producto más acabado. Su talento político, si puede llamarse así, ha consistido en descubrir que bajo la superficie parlamentaria de nuestro modelo existía un cesarismo soterrado: un poder inmenso concentrado en La Moncloa, apenas limitado cuando se está dispuesto a usar todas las palancas de ese poder sin escrúpulo alguno. Sánchez no ha creado la enfermedad; la ha aprovechado y la ha convertido en su método de gobierno.
Para que esto haya sido posible, antes tuvieron que fallar muchas cosas. Una ley electoral que sobrerrepresenta a las minorías territoriales y convierte a formaciones desleales en árbitros de la gobernabilidad. Una justicia politizada desde hace décadas, sometida a repartos, cuotas y pactos entre partidos que la han deteriorado gravemente. Una administración cada vez más infiltrada por redes clientelares, cargos de confianza, organismos duplicados, subvenciones, empresas públicas, asesores, fundaciones y una formidable constelación de intereses que han transformado el Estado en una ruinosa maquinaria de colocación, obediencia y reparto. Todo eso estaba ahí antes de Sánchez. Lo que Sánchez ha hecho ha sido usarlo sin pudor, sin límite y sin esa mínima contención que, en otro tiempo, todavía imponía la vergüenza.
Pero detrás de todo lo anterior hay un error más profundo, quizá el mayor de la Constitución de 1978. El texto constitucional nació bajo la sombra de una dictadura de casi cuarenta años y bajo la amenaza latente de la involución. Sus redactores quisieron asegurar la estabilidad, integrar a los partidos, evitar aventuras y consolidar una democracia en tiempo récord. La intención probablemente fue buena. El resultado, sin embargo, dejó una grieta colosal: se confió en que los partidos políticos serían los vehículos virtuosos del pluralismo democrático y se les entregó una arquitectura institucional que los convirtió de facto en los dueños del sistema. No en instrumentos al servicio de los ciudadanos, sino en propietarios del modelo.
Los padres de la Constitución quizá pecaron de ingenuidad, y quizá también lo hicieron con la mejor de las intenciones. Pero el hecho es que delegaron la supervivencia de nuestra democracia en la buena voluntad de un puñado de líderes políticos. Dejaron demasiadas salvaguardas en manos de quienes tenían incentivos para desactivarlas. El sistema funcionaba mientras los partidos aceptaban ciertos límites, mientras existía una contención, mientras la ocupación de las instituciones encontraba algún freno en la prudencia, el respeto o simplemente el miedo al escándalo. Pero, ¿qué ocurre cuando llega al poder alguien dispuesto a explotar cada resquicio, a tensar cada costura y a convertir cada anomalía en una ventaja estratégica a su servicio? Ocurre lo que estamos viendo.
Javier Benegas es un reconocido publicista, escritor, politólogo y periodista español, especializado en el análisis político, la comunicación estratégica y la geopolítica contemporánea.
A estas alturas ya sabemos que Sánchez es extremadamente peligroso, pero no basta con señalarlo a él. También debo llamar la atención sobre una oposición que parece esperar la alternancia como quien espera la lluvia en abril: tarde o temprano llegará, dicen, porque siempre ha llegado. Esa confianza en el relevo electoral es hoy una forma de ceguera. La alternancia no es una ley inexorable. No está escrita en las estrellas. Depende de que las reglas limpias prevalezcan, de instituciones neutrales, de controles efectivos, de un espacio público libre y de un Gobierno dispuesto a perder el poder si los ciudadanos lo deciden. ¿Podemos seguir dando todo eso por descontado?
Si se analizan con detenimiento las maquinaciones de Pedro Sánchez y su entorno, así como el enorme poder que proporciona La Moncloa, no se puede descartar que el Gobierno esté trabajando también sobre el terreno electoral. No mediante una falsificación burda, sino mediante una ingeniería sofisticada: modificar las condiciones del juego, agrandar determinadas bolsas de voto, explotar el voto exterior, apuntar con precisión allí donde el escaño se decide por un puñado de papeletas y convertir lo que antes era marginal en disruptivo.
Sin embargo, el síntoma más revelador de esta fase terminal está en que un puñado de jueces, fiscales y agentes de la ley hayan terminado acaparando el foco informativo y cargando sobre sus hombros el peso abrumador de salvar la democracia en el tiempo de descuento. Esta anomalía debería estremecernos. Porque significa que la barrera política ha caído. Significa que la barrera social es casi inexistente. Significa que los medios, los partidos, la sociedad civil y buena parte de las instituciones no han sabido, no han querido o no han podido detener a tiempo el deterioro. Si lo único que queda es la barrera judicial, conviene recordar dos cosas: que la justicia es lenta y que, en un sistema políticamente capturado, incluso sus decisiones pueden ser neutralizadas.
Pensemos en el caso más extremo: que el Tribunal Supremo llegara a solicitar un suplicatorio para imputar al presidente del Gobierno. En una democracia funcional, eso daría paso a una crisis política de primer orden. Sin embargo, en la España de Sánchez, podría convertirse en un trámite bloqueado por mera aritmética. El Congreso ni siquiera tendría que rechazarlo de forma escandalosa, con una votación imposible de explicar. Bastaría con dejar correr los plazos y recurrir al silencio administrativo. La causa quedaría de facto sobreseída y Sánchez seguiría, sostenido por enemigos declarados del Estado, y podría presentarse como víctima de una fallida conspiración judicial.
Ahí reside la diferencia fundamental con el 23-F. Aquel golpe fracasó porque era tosco, brutal, visible. Se podía señalar. Se podía resistir. Se podía contar en directo. El actual es más difícil de combatir porque no se presenta como ruptura, sino como continuidad. No deroga la Constitución; la vacía. No clausura el Congreso; lo inutiliza. No elimina los tribunales; intenta colonizarlos, intimidarlos o desacreditarlos. No prohíbe elecciones; intenta alterar las condiciones en las que esas elecciones se celebran. No declara una dictadura; desactiva la democracia desde dentro.
Después de ocho años de deterioro, después de la colonización institucional, de los pactos con fuerzas enemigas de la unidad nacional, de la degradación de la Fiscalía, de los ataques a jueces, de los escándalos que cercan al poder, de la utilización patrimonial del Estado y de la normalización de lo que hace apenas una década habría provocado una crisis insalvable, demasiados siguen comportándose como si esto fuera una legislatura más. Como si bastara con esperar. Como si un puñado de jueces y una alternancia milagrosa pudieran conjurar el peligro.
Las democracias no desaparecen solo cuando los tanques salen a la calle. También mueren cuando quienes deberían defenderlas se acostumbra a su deterioro. Mueren cuando la ilegalidad es interpretable, cuando el abuso se convierte en costumbre, cuando el escándalo deja de escandalizar y cuando millones de ciudadanos se convencen de que nada pueden hacer salvo rezar el domingo electoral. Ahí radica el verdadero triunfo del poder que aspira a no marcharse nunca.
España se encuentra hoy ante un momento tan decisivo como aquel de sus primeros años democráticos. Entonces el desafío apareció de frente, con olor a cuartel. Ahora llega con decretos, pactos parlamentarios, maniobras procesales, colonización institucional y una ofensiva total contra el Estado de derecho. El 23-F quiso asaltar la democracia desde fuera. El golpe lento de Sánchez pretende disolverla desde dentro. Por eso resulta más peligroso: porque no se reconoce como golpe hasta que es demasiado tarde.
Un analisa político escribía que Pedro Sánchez estaría esperando un «cisne negro» para escapar a su destino. Pero tal vez es justo al revés. Tal vez seamos nosotros, los españoles, quienes necesitemos ese cisne negro para libramos de él. ¿Cuánta señales más necesitamos para comprender que el riesgo ya no es imaginario, sino real?