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jueves, 4 de junio de 2026

Zapatero y la dignidad intacta de ETA


Zapatero y la dignidad intacta de ETA
El modélico fin de ETA que el socialismo reivindica para tapar la corrupción de Zapatero es una mentira política organizada. Lo que hizo el ex presidente fue brindarle legitimación, fortaleciéndola ante la opinión pública
Rogelio Alonso El Mundo 26 mayo 2026
«ETA necesitaba acabar con parte de su dignidad intacta». Lo afirmaba una «mediadora en conflictos» al aplaudir el modelo de final del terrorismo promovido por José Luis Rodríguez Zapatero. Inevitablemente mantener intacta la dignidad de ETA implicaba humillar a sus víctimas. Debemos recordarlo ahora que, al imputarse al ex presidente, el socialismo intenta reducir su disonancia cognitiva apelando a un legado convenientemente maquillado. Al contrario de lo que ensalzan, Zapatero no derrotó a ETA, sino que le permitió conservar «su dignidad intacta» negociando la fraudulenta legalización de su brazo político, además de otras relevantes cesiones, con las consecuencias que hoy corroen nuestra democracia: Bildu, parte de la estrategia de ETA y su testaferro, como acreditó el Tribunal Supremo, es socio privilegiado de un Gobierno rehén de quienes legitiman la violencia nacionalista. El oficial británico H. J. Simson concluyó que en ocasiones los gobernantes usan a los hombres y mujeres que se enfrentan al terrorismo como «perros en una pelea de perros no para ganar, sino para dar concesiones a quienes les asesinan». Perfecta descripción de la política de Zapatero con ETA.
La literatura académica distingue tres modelos de política antiterrorista: el de guerra, el de justicia criminal y el conciliatorio. Las democracias liberales suelen optar por los dos últimos. Desde los orígenes de ETA, sucesivos gobiernos combinaron la persecución policial y judicial con negociaciones que le daban oxígeno en sus momentos de crisis. Martha Crenshaw, una de las autoridades en los estudios sobre violencia, ya advirtió de que los rasgos específicos del terrorismo hacen que una política conciliatoria no sea inocua, pues demuestra la eficacia del terror legitimándolo. Por ello, el presidente Aznar aplicó en su segunda legislatura una eficaz «política antiterrorista global» que rechazó cualquier negociación e incluyó la ilegalización del frente político de ETA. Así la definió un mando de la Guardia Civil que, en 2004, al llegar Zapatero al poder, advirtió del pertinaz error de negociar con ETA.

Arzalluz, ante Sabino Arana
Los informes de Inteligencia acreditan que en 2004 una mayoría dentro de ETA veía el terrorismo como un «lastre» que solo se mantenía como «moneda de cambio» para lograr una «salida más o menos airosa». Zapatero le regaló esa «salida airosa» evitando, como los propios terroristas lo definieron, «un final por aniquilamiento» al que la ilegalización de su brazo político les abocaba. Un análisis de Inteligencia fechado en 2002 destacaba «el colapso de la estructura de ETA incapaz de regenerarse» debido a las «constantes desarticulaciones operativas en Francia y España». Y concluía: «Con la lucha armada socialmente aislada y carente el movimiento de recursos para cubrir el vacío de poder subsiguiente, solo el PNV, como sucedió en 1992 y 1998, podría evitarle la derrota definitiva acudiendo en su auxilio». No solo auxilió a ETA el PNV, también el PSOE al impedir la materialización del final del terrorismo mediante su propio colapso que los etarras temían, sin los beneficios objetivos y simbólicos que la negociación les reportó.

Rubalcaba
«La muerte estiliza la reputación», escribió David Gistau tras los panegíricos al fallecer Rubalcaba. El portavoz y ministro del Interior de Zapatero pilotó ese final de ETA en el que la mentira se convirtió en un instrumento al servicio del poder. Mientras Rubalcaba atribuía al PSOE un idealizado final de ETA que utilizaba contra el PP, uno de sus asesores admitía en una nota interna las nefastas consecuencias de su política: «La izquierda abertzale ha logrado hacerse con la iniciativa política en el País Vasco y ha rentabilizado electoralmente el final de la violencia sin asumir la derrota de su anterior estrategia y sin hacer autocrítica de su connivencia con la violencia».

Zapatero y Jorge Fernández Díaz se reunieron
Tras ganar el PP las elecciones a finales de 2011, Zapatero y el nuevo titular de Interior mantuvieron una insólita reunión. Ante «el miedo a un nuevo muerto», el Gobierno de Rajoy asumió la hoja de ruta pactada por Zapatero con ETA a través de mediadores internacionales que blanquearon a la banda rehabilitando a sus representantes como comprometidos actores por la paz. Al anunciar ETA su cese en octubre de 2011, Rajoy declaró que se produjo «sin ningún tipo de concesión política». Faltaba a la verdad y travestía así el funesto legado de Zapatero.

Al no lograr ETA sus máximas aspiraciones, se equipara de forma simplista su cese con su derrota ignorando que el terrorismo plantea a la democracia una amenaza asimétrica caracterizada por la disparidad de recursos entre los contendientes. El terrorista, más débil militarmente que el Estado, persigue éxitos tácticos más que estratégicos para desestabilizar a la democracia en una desigual contienda. Como sostiene el profesor Llera, «el éxito de los terroristas consiste en hacerse imprescindibles como actores principales en la propia liquidación de la violencia y la desestabilización generadas por ellos, buscando un armisticio, cuyo final es una negociación». Zapatero les brindó esa legitimación fortaleciéndoles ante la opinión pública, descalificando como «enemigos de la paz» a quienes criticaron las cesiones a ETA.

Aurelio Arteta
El profesor Aurelio Arteta advirtió de que «en un combate político y no militar, la primera batalla que ganar es la de las ideas políticas». Por eso reclamó una derrota del terrorismo no solo policial, sino «por KO político y moral» que Zapatero impidió. Promovió que una ETA exhausta por la presión policial y judicial convirtiera su «lastre», el terrorismo, en una rentable «moneda de cambio» canjeada por la fraudulenta legalización de Bildu. Por ello un dirigente etarra alardeó, «dimos la vuelta al teatro de operaciones y nos colocamos en ventaja política», «de la presunta derrota hemos pasado a la demostración de fuerza».

Fernando Savater
La negociación con ETA se disfrazó como un inofensivo diálogo, pero tuvo graves repercusiones. «¡Se nos fue la mano!», lamentó uno de los interlocutores socialistas con ETA tras el éxito de Bildu en las municipales de 2011 por el blanqueo promovido por el PSOE. Como denunció Savater, el «proceso de paz» que escondía ese final sucio de ETA era un «precio pagado al terrorismo»: «La paz no es el triunfo de la coacción, por mucho alivio que proporcione a los coaccionados». En 2013 el historiador Santos Juliá alertó sobre los efectos de la política socialista: «Hoy hay partidos que difunden y socializan el discurso de legitimación del terror hasta convertirlo en memoria social».

La hegemonía nacionalista se vio así reforzada por la coacción que Zapatero instrumentalizó con fines profundamente divisivos y que Sánchez ha replicado. El enorme deterioro de la democracia constitucional por parte de Sánchez tiene su origen en esa «normalización de la desviación» que inició Zapatero. La socióloga Diane Vaughan estudió cómo se normaliza la desviación al definirse como aceptables las malas prácticas dentro de una organización. Así prospera una cultura complaciente con la corrupción excusándola en aras de un bien que se declara superior. Con esa lógica se amparó un modelo de final del terrorismo que antepuso el interés partidista al de la nación. Sánchez, siguiendo el camino marcado por Zapatero, ha continuado esa degradación política cediendo al chantaje de nacionalistas catalanes y vascos.

Patxi López y Eguiguren llevan a Isaías Carrasco
En 2017, la secretaria general de los socialistas vascos recordaba a su compañero Isaías Carrasco, asesinado por ETA en 2008 durante una negociación que se dijo había concluido pese a las evidencias que lo desmienten. Aludiendo a políticos de Bildu presentes en el homenaje al concejal asesinado señaló: «Reconocer a Isaías como víctima sin deslegitimar las razones de su asesinato es cometer un fraude. Es traicionar su memoria». Sus palabras corroboran que los socialistas aceptan el fraude de un Gobierno sostenido por quienes legitiman el asesinato de sus conciudadanos aferrados al poder mientras traicionan la memoria de las víctimas del terrorismo. El modélico fin de ETA que el socialismo reivindica para tapar la corrupción de Zapatero es, citando a Arendt, «una mentira política organizada»: un intento, mediante engaños, de sustituir la deshonrosa historia de su política por una ficción ideologizada.

Rogelio Alonso es catedrático de Ciencia Política, autor de 'La derrota del vencedor. La política antiterrorista del final de ETA'

miércoles, 18 de marzo de 2026

"La razón de la fuerza", por Fernando Savater

 


El presidente americano es grosero y caprichoso, pero no ha vuelto su poder contra ningún régimen respetable
¡Ojalá hubiese una fuerza internacional tan grande como la estadounidense, capaz de llevar a cabo consensuadamente lo que Trump ha empezado a su desconsiderado modo!

La razón de la fuerza
No es la señora Úrsula von der Leyen un personaje propicio a crear escándalos. Más bien lo contrario, es de lo más previsible y tópico que puede imaginarse. Lo más excitante que le hemos visto es la cara de arrobo que ponía al mirar a nuestro Sánchez, ese bello tenebroso y ahora bastante desmejorado. Finalmente, ella también se ha dado más o menos cuenta de qué va el personaje y le ha bajado de su pedestal, pero cuando el mal ya está hecho. Como es su estilo, Sánchez ha utilizado el movimiento cesáreo de Trump contra Irán a fin de improvisar otro elemento de propaganda a su favor para cuando lleguen las elecciones generales. Ahora se presenta como el líder del pacifismo occidental, el nuevo Gandhi de la izquierda en declive, un auténtico patriota que defiende la soberanía nacional sin vasallajes al imperio según Sergio del Molino o todo un superhéroe político para la ministra de Igual Dá. ¡Qué rácano es el mundo a la hora de producir Buonarrotis o Quevedos y qué generoso en surtirnos de merluzos congelados! Pues entonces doña Úrsula ha decidido dar su do de pecho y en un discurso mucho más rico en contenido de lo habitual en ella ha proclamado que la Unión Europea no puede ser la única y última guardiana del viejo orden internacional. A la buena señora le han llovido sopapos por todas partes, como siempre que alguien en el puente de mando se atreve a decir algo que vaya más allá del dos más dos son cuatro. De modo que inmediatamente se ha corregido, donde dije no digo ni siquiera Diego, y ahora va por ahí con la cabeza cubierta de ceniza esperando que le perdonen el desliz. En eso podría recibir lecciones de su antaño admirado Sánchez, que se enmienda sin sacarla —me refiero a la pata que metió— y no se inquieta lo más mínimo por guardar las apariencias.

Bueno, señora presidenta, pues cuando soltó su exabrupto no le faltaba a usted razón en la dirección que apunta, aunque esta vez se pasó varios pueblos. La Unión Europea no puede ser la única guardiana del orden legal internacional porque ese orden consiste precisamente en una convención cuya eficacia necesita el respeto de todos los países de cierto peso de nuestra fracción del mundo. «¡Si ignoramos el orden internacional, solo queda rendirse a la fuerza!», gimen personas bienintencionadas. Pues bien, esa buena gente dice lo que sabe, pero no sabe lo que dice, como nos regañaba un cura cuando yo estaba en bachillerato. La fuerza no se opone a la ley, sino que es lo que la sostiene. Por sí sola, solo sirve para llenar las almas de impotente melancolía, y esto vale tanto para las leyes internacionales como para las nacionales. El Código de Circulación es un invento admirable e insustituible, pero no evitaría accidentes o atropellos si no estuviese apoyado por la policía de tráfico. Un semáforo en rojo debe ser respetado, pero también vigilado por guardianes dispuestos a sancionar a quien se lo salte. El orden sirve de muy poco sin las fuerzas del orden que lo hagan cumplir. Todos sabemos que es así dentro de cualquiera de nuestros países y no hay razones para suponer que será de otro modo en las relaciones internacionales. Lo malo es que a escala internacional no existen verdaderas fuerzas del orden, capaces de vigilar y, llegado el caso, penalizar a los grandes países. Por eso resulta imprescindible que las democracias occidentales se pertrechen de armamento y se unan entre sí para respaldar las normas vigentes. Resulta curioso, pero, si bien se mira, lo más parecido a ese gendarme supranacional que necesitamos ha resultado últimamente el denostado Trump. El presidente americano es grosero y caprichoso, pero no ha vuelto su poder contra ningún régimen respetable. No ha bombardeado Copenhague para hacerse con Groenlandia, por muchas bravatas que le hayamos oído. En cambio, ha secuestrado a un dictador caribeño que tiranizaba a su pueblo y ha bombardeado el país que indudablemente suponía la mayor amenaza terrorista para la paz mundial. Es cierto que lo ha hecho de modo muy poco respetuoso con quienes siempre han sido sus aliados, no ha dado explicaciones convincentes de sus actos (las que ha dado empeoran el asunto) y no parece tener un plan para remendar los desgarros que han causado sus bruscas intervenciones. Lo peor de Trump no es lo que ha empezado a hacer, sino que no parece saber ni querer rematarlo. ¡Ojalá hubiese una fuerza internacional tan grande como la estadounidense capaz de llevar a cabo consensuadamente lo que Trump ha empezado a su desconsiderado modo! Pero no nos engañemos: si el orden internacional tuviese la fuerza imprescindible para ser eficaz, su funcionamiento se parecería mucho más a lo que ha hecho Trump que a la hipocresía de Sánchez y su «No a la guerra», que en su día afortunadamente no hubieran compartido ni Churchill ni Eisenhower.

El orden internacional cuya ruptura tanto deploran las almas cándidas se basaba en dos falsedades (y por eso nunca funcionó bien): primero, que todos los países en todos los continentes sueñan con convertirse en democracias liberales, individualistas y universalistas, ideal que encabeza la Europa cristiana; segundo, que ese orden no necesita bombardeos ni alardes de fuerza, sino conferencias de paz y mucho diálogo. No se puede estar más equivocado, como vamos viendo; como debíamos ya haber visto hace mucho. Aprovechemos la ocasión para enmendarnos. Defendamos la excepcionalidad de nuestros valores, que bien lo merecen, aunque no sean universalmente compartidos ni siquiera dentro de nuestras fronteras. Seamos idealistas, pero idealistas robustos y nada melindrosos. Y ayudemos más que nunca a Ucrania porque ahí se juega la gran apuesta de la libertad occidental.

jueves, 10 de julio de 2025

"Tras el Encierro, los toros son asesinados a la tarde" (EITB)

Álvaro Núñez Benjumea, durante su intervención en TVE
"No, asesinadas son las personas. Las personas que mueren a manos de un terrorista son asesinadas" (Núñez Benjumea, ganadero de reses bravas)
"Pero lo mejor de todo fue que la televisión pública vasca sacó unas imágenes de los toros en el corral diciendo que serían esa misma tarde «asesinados» en el ruedo. Vamos, lo que faltaba, EITB hablando de asesinatos de animales después de haber callado durante décadas los de personas y negarse a poner los documentales de Iñaki Arteta en los que se identifica a las víctimas y a los criminales sin trucos zoológicos embusteros (Fernando Savater) .
16 de mayo de 1980 Goizueta Francisco Ruiz y, bajo la mesa, Francisco Puig
Asesinados por ETA
Diario de Navarra 09/07/2025
El ganadero Álvaro Núñez Benjumea, hijo del también ganadero taurino Joaquín Núñez del Cuvillo, celebra este 9 de julio su primera participación en la Feria del Toro de los Sanfermines. Creó su propio hierro hace siete años con reses de su padre, los conocidos Núñez del Cubillo. El ganadero ha sido invitado al programa de RTVE que retransmite el encierro a primera hora de la mañana. Y allí ha realizado una encendida defensa de la tauromaquia y ha criticado con dureza una polémica frase pronunciada en un informativo de la televisión vasca, EiTB, el pasado seis de julio sobre que los toros que corren el encierro son “lidiados y asesinados” por la tarde en la plaza.
Álvaro Núñez ha señalado: "El otro día oí con gran enfado que en una televisión pública vasca se dijo que los toros después de correr el encierro iban a ser asesinados. No, asesinadas son las personas. Las personas que mueren a manos de un terrorista son asesinados". El ganadero añadió: “El toro muere con dignidad en la plaza”.
Comunicado
Actualización 20 de Julio
Rectificación de EITB (leer comentarios)

domingo, 9 de marzo de 2025

Pilar Ruiz y los ciegos, por Fernando Savater

Pilar Ruiz, la madre de Joseba Pagazaurtundua, se cruza por la calle, días después del asesinato de su hijo, con el obispo Setién. Inicialmente ella se limita a mirarle sin decir palabra; pero poco después, esa mujer que había declarado (frente a una maledicencia de Arzalluz) que «no ha nacido quien me diga a mí lo que debo decir o me impida decir lo que quiero decir» vuelve sobre sus pasos, se encara al obispo, le llama «fariseo» y le espeta: «No piense entrar en el cielo, porque usted irá al infierno» (José Mª Calleja, "Héroes a su pesar")

Pilar y los ciegos
Fernando Savater TO 09 03 2025
Pilar Elías viuda de Baglietto, Rosa Díez y Pilar Ruiz
En los peores conflictos, si uno logra sobrevivir, siempre se conoce a gente interesante. Personas cuya existencia aumenta nuestro orgullo de ser humanos, cosa que Nietzsche aseguraba de la de Voltaire, si no recuerdo mal. En los años de plomo del País Vasco tropecé con señalados representantes de lo mas vil, obtuso y rastrero de la especie humana, como supongo que salen de sus madrigueras a la luz en tristes ocasiones como ésa. Pero también conocí, acompañé e incluso amé a algunas de las personas mas nobles y rectas que he conocido en este mundo: casi sin excepción, todas fueron mujeres. Mis mejores recuerdos femeninos no son eróticos (y los tengo estupendos, que conste) sino éticos. Sin mujeres la vida no sólo sería para mí mucho más fea y aburrida, sino sobre todo mas profundamente inmoral. He conocido muy pocos héroes auténticos, lo que supongo que es normal, pero bastantes heroínas. Las ví pasar valientes y generosas por mis tierras martirizadas por el separatismo…que aún sigue ahí. Ciertamente no siempre fuí digno de su ejemplo, pero desde luego sin ellas quizá nunca habría salido de debajo de la cama… como hicieron tantos. Benditas sean.
Hace pocos días ha muerto Pilar Ruiz Albisu a los 93 años en una residencia de Logroño. Era entre otras cosas la madre de Joseba Pagazartundúa, asesinado por ETA en 2003, y de mi invencible Maite, con la que tanto he querido. En nuestra pequeña pero combativa familia de Basta Ya, de la que formaban parte principal Joseba y Maite, Pilar era una especie de madre colectiva a cuya tutoría no queríamos renunciar ninguno. Mi Sara, la más noble y mi más amada, quería mucho a Pilar: en los años sucesivos al asesinato de Joseba, recuerdo días de Navidad en la que íbamos ella y yo a llevar regalitos a los hijos adolescentes de Joseba y a las niñas de Maite, ante la mirada alentadora y melancólica de Pilar. Porque Pilar era tierna, pero también inflexible: sabía muy bien lo que era el cariño, pero nunca olvidaba que poco vale sin respetar la justicia. Y en Euskadi, durante aquellos días, algunos de paso fingían cariño pero los peores pisoteaban la justicia y preferían ajusticiar. Pilar era guardiana del afecto humano pero también reivindicaba intransigente la justicia: se lo debía a Joseba y a quienes como él fueron aniquilados por la barbarie separatista.
Como provenía de una familia humilde de «rojos» no tenía nada que demostrar y por tanto nunca se entretuvo en la estéril querella de izquierdas y derechas, de nacionales y nacionalistas. Practicaba lo que George Orwell llamaba la «decencia común», que es más importante que ninguna sofisticada ideología política. Los que acosan, extorsionan y finalmente asesinan a sus convecinos en nombre de agravios históricos dudosos y prejuicios étnicos repugnantes no pueden ser los compañeros de viaje a la convivencia democrática de nadie decente. Ni entonces ni ahora, claro. Joseba y Maite, hijos de Pilar, fueron socialistas con naturalidad como tantos en toda España en aquel primer momento, porque parecía la opción decente elemental no tanto para vengarse del pasado sino para construir un futuro compartido que lo corrigiese. Joseba se hizo policía porque policías decentes y comprometidos con la democracia eran tan necesarios en Euskadi como en el resto de España, quizá incluso más. Maite se metió en política para hacer oír su voz limpia, vasca, española, desinteresada, tanto en Ajuria Enea como luego en el resto de Europa, tan ignorante o engañada respecto al País Vasco. Ambos formaron parte esencial de Basta Ya cuando nos pusimos en marcha, junto a lo mejor de la ciudadanía vasca y, permítanme decirlo, de la ciudadanía española. Si conocen a alguien de mediana edad y sin problemas físicos o familiares que dice interesarse mucho por la política progresista pero nunca asistió a una manifestación de Basta Ya a finales de los años noventa y comienzos de los dos mil, desconfíen de él. Porque entonces estaba bien claro dónde se jugaba el porvenir la democracia española. De los que no lo vieron y siguieron jugando a «progres» en su zona de confort pocos consejos válidos sobre la política a seguir pueden esperarse luego.
Y asesinaron a Joseba en Andoain, el que nos pintaba los globos que llevábamos en las manifestaciones, una muerte muy anunciada: sabía lo que le esperaba y lo sabían otros, pero no le protegieron y él no se achantó. Así se muere cuando se prefiere morir mejor que arrastrarse para que no te maten. Ya entonces los socialistas, encabezados por Zapatero, comenzaban a hablar de Paz y arrinconaban a quienes luchaban por la libertad, como Joseba. En 2005, dos años después de su asesinato, Pilar publicó en ABC un artículo excepcional, de una lucidez asombrosa: «Carta a los nuevos ciegos». La carta iba dirigida nominalmente a Patxi López, pero por extensión al resto de los socialistas. Antes que muchos de nosotros, que tardamos demasiado en caernos del guindo, ella se dio cuenta de que los separatistas eran los enemigos declarados de la democracia española pero el verdadero peligro lo constituían los socialistas, que podían arrastrar a una gran mayoría de votantes supuestamente progresistas hacia el contubernio con el separatismo en nombre de la paz. 
Llevando el féretro de Isaías Carrasco
Lo dijo con claridad meridiana: “Hay muchos ciegos que serán leales a lo que hagáis, aunque nos traicionéis, porque sólo ven las siglas y éste es el país de Caín y Abel, de unos contra otros, de la política que parece tantas veces un partido de unos forofos contra otros forofos”. Para terminar mas adelante con las palabras terribles cuya clarividencia las ha hecho célebres: “Patxi, ya no me quedan dudas de que cerrarás mas veces los ojos y dirás y harás muchas mas cosas que me helarán la sangre llamando a las cosas por los nombres que no son”. Y en efecto, eso es lo que ha ocurrido. Los sociozapateristas y sociosanchistas han seguido traicionando desvergonzadamente a quienes se arriesgaron por la libertad con tal de asegurarse ellos en el poder. Y los ciegos, los forofos que les siguen, les continúan votando "porque peor sería que gobernase la derecha"…Ocurrió hace veinte años y sigue pasando ahora, no sólo en el País Vasco sino en Cataluña, con todas las vergonzosas cesiones al separatismo. Los que critican con razón la nefasta influencia de Elon Musk no saben como rendirse más y mejor al pútrido Puigdemont y sus sicarios. Relean ese artículo de Pilar en ABC: puede aplicarse punto por punto al dia de hoy, con la salvedad de que ahora nadie se atreve a escribir ya así.
Descansa en paz, querida y admirada Pilar. En la paz de los fuertes, que saben que sólo la libertad y el valor pueden dar dignidad a lo que sin ellas es mísera rendición. Cuando tengamos la tentación de cerrar los ojos porque es mas cómodo, recordaremos tu advertencia y tu ejemplo para recuperar la vista. Y para levantar la voz.

lunes, 24 de febrero de 2025

Savater y "La infiltrada"

Luis Tosar y Carolina Yuste, en La infiltrada
A pesar de que los "expertos" del Festival de San Sebastián no la admitieron a concurso, dos millones de personas han corrido a las salas de cine para verla. Muchos de ellos jóvenes, con ganas de saber lo que fue ETA sin que les engañen los relatos de sus cómplices ideológicos.

'La infiltrada': pero… ¿qué me vas a contar?
Fernando Savater TO 23 02 2025
Suele repetirse mucho, con toda buena voluntad, que para que no vuelva a darse la violencia terrorista hay que explicar bien lo que fue aquello a las jóvenes generaciones. Si se dan relatos pretendidamente equidistantes o históricamente falsificados, los resultados no pueden ser buenos; ni tampoco, si nos refugiamos en capillas tan hipócritas como la socorrida de «todos tuvimos nuestra parte de culpa» que lo mismo sirve para la madre Teresa de Calcuta que para Jack el Destripador. Hay que contar lo que pasó y tal como pasó, desde luego, pero también apuntar por qué pasó. De otro modo, estamos perdiendo el tiempo o, aún peor, falsificando de raíz la consideración de la realidad. Detrás de los hechos siempre hay ideas, por borrosas o arbitrarias que sean, y quien cree que tiene perfecto derecho a pensar lo que le dé la gana está a un paso de sostener que puede hacer lo que le dé la gana.
Hace poco escribí que renunciar a la polarización política dañina no equivale a decir que, tanto la Guardia Civil como ETA, deben renunciar al uso de la violencia. Y un merluzo repuso por ahí que eso es precisamente lo que sostienen los polarizadores. Pues con maestrillos así, Dios guarde a los alumnos. Si polarizar es razonar lo que está bien frente a lo que está mal, en lugar de decir que todo es regular y tirar para adelante, polaricemos cuanto haga falta. El bribón más corruptor de la juventud no es el que predica el mal con melosas palabras, sino el que da a entender con voz átona que tampoco hay que cavar zanjas morales. Y cuando oye hablar de «crímenes» y «justicia» se encoge de hombros con una sonrisita burlona: «Vaya, qué claro lo tiene usted todo». Pues mire, todo no, ni mucho menos, pero bastantes cosas sí, y estoy dispuesto a luchar por ellas. Por ejemplo -gracias, Paquita-, a usted le tengo por una rata de dos patas.
Sigamos con las ratas bípedas que inventó Paquita la del Barrio para descalificar a los malvados. 
De vez en cuando, una buena película sirve más al relato verdadero que muchas horas de clase. Es lo que ha ocurrido con La infiltrada, una película española –vasca, por mas señas- que aporta una lección valiosa y sobre todo veraz para entender lo que fue ETA y la lucha de las fuerzas del orden que se enfrentaron a los terroristas. Un caso de pedagogía emocionante, como Los intocables de Elliott Ness sirvieron para que todos aprendiésemos lo que fue Al Capone y sus negocios. A pesar de que los expertos (je, je…) del Festival de San Sebastián no la admitieron a concurso por falta de méritos «artísticos» (más je, jes…), dos millones de personas han corrido a las semi-desiertas salas de cine para verla. Muchos jóvenes, créanme, con ganas de saber lo que fue ETA sin que les engañen los relatos de sus cómplices ideológicos. Este interés es algo a celebrar, ¿no? Pues no, ni mucho menos. En los medios y redes infectados de izquierdismo, la película ha sido considerada reaccionaria y fascista: gravemente peligrosa, como decían los censores de antes, para mayores con reparos. Por supuesto, toda el área de Bildu y alrededores han reaccionado más o menos del mismo modo que lo hubieran hecho los chicos de la banda de Frank Nitty y Lucky Luciano si hubiesen visto Los intocables en sesión de tarde. Han paseado por localidades del País Vasco con cartelones que ponen «Infiltración = tortura», o sea que ya saben: tortura no es lo que padecieron el ingeniero Ryan o Miguel Ángel Blanco durante sus fatales secuestros, sino lo que aportaron los policías inflitrados para acabar con la mafia local. Y las cosas insultantes que se leen en las redes –los que las leen- deben ser desoladoras. 
María Luisa Gutiérrez (8'50-12'26 o hasta donde quieras), la productora de 'La infiltrada', 
durante su discurso en la gala de los Goya
¡Qué atrevimiento, convertir a los policías en héroes y a los terroristas en villanos! ¡Qué descaro el de esa productora aprovechando la gala de los Goya, que ha sido de izquierdas toda la vida de Dios, para hacerse la simpática con las víctimas del terrorismo! ¿A dónde vamos a ir a parar? ¡Y dejan que los chavales vean en el cine esas cosas!
El esfuerzo de los educadores -o de los artistas decentes- por hacer llegar a los más jóvenes un relato veraz de quienes han defendido y defienden la democracia y quienes la atacan y pretenden desarmarla es mayor de lo que suponemos. Sobre todo porque las ratas de dos patas cobran más y están mejor pertrechados y más respaldados institucionalmente que la Policía y la Guardia Civil. No se trata tan solo de recuperar una auténtica memoria histórica, que se nos hurta con el embeleco del franquismo sacamantecas, sino de evitar que nos roben el futuro democrático como ya están haciendo cuando secuestran todas las esferas culturales del presente. 
Menos distraernos con las fechorías lamentables de Trump y más dedicarnos a luchar contra nuestras amenazas locales: Bildu, los separatistas catalanes, Podemos y, sobre todo, Sánchez, siempre Sánchez.

lunes, 25 de noviembre de 2024

Savater: Sarri, Sarri

Otegui canta el 'Sarri, sarri' con miles de simpatizantes de EH Bildu para celebrar los beneficios logrados para los etarras
Hay decir que Sarri, Sarri es un plagio y que el gran olvidado por los que han escrito estos días es Imanol, en cuyos bafles escaparon los etarras y que tuvo que abandonar el País Vasco, harto de las amenazas de ETA

Martutene: fuga y tocata
«Bonito panorama musical: se cancela por murmuraciones a Plácido Domingo y se celebra como artista del pueblo a quien simpatiza con los criminales»
Fernando Savater TO 24.11.2024
Beristáin y Elósegui descansan juntos
Cuando vuelvo en tren, sé que estoy a punto de llegar a San Sebastián cuando pasamos por la cárcel de Martutene. Cinco, diez minutos y habremos llegado. Al pasar delante del edificio, con más aire de convento que de penitenciaría, me acuerdo de mi amigo Antonio Beristaín, el único santo al que he conocido personalmente, cuando le acompañaba a dar charlas a los reclusos sobre la vida y, por tanto, la libertad. Y también recuerdo, aunque sólo le vi una o dos veces, a Francisco Javier Gómez Elósegui, el joven psicólogo que vino a verme a la Facultad de Zorroaga para preguntarme qué actividades culturales podría llevar a cabo con los presos en Martutene. Un pedazo de pan, el chico. Le indiqué que una posibilidad era el cinefórum y luego le puse en manos de mi Sara, con la que organizó un par de sesiones cinematográficas. ¡Treinta años y un día aceptaría yo gustoso de condena, con tal de poder verla otra vez! 
Estábamos en Madeira, donde fui a dar una charla, cuando por fin encontramos en el hotel un ejemplar de El País atrasado (aunque no tan atrasado como ahora, claro), se lo di a ella mientras yo pagaba, lo abrió, se le mudó la color y se puso a llorar. Entre sollozos me enseñó la foto de Gómez Elósegui: «¡Es él, mira, es él!». La vil escoria etarra había recompensado su interés por el bienestar de los reclusos con dos tiros. Se arrastró bajo un coche y estuvo desangrándose allí hasta que le encontraron. Sara lloraba y yo rabiaba: «¿Ves? La culpa la tengo yo. Con esa gente no se puede hacer favores. ¡No llores, que la culpa la tengo yo!».
Hoy la cultura carcelaria sigue su avance. El pasado sábado el Gobierno Vasco, es decir, la representación oficial del Estado de derecho español en Euskadi, autorizó un concierto al aire libre (el aire libre de la cárcel) en Martutene. El artista (digámoslo así) invitado fue Fermín Muguruza y su grupo Pikete Larroa, que interpretaron su famosa canción Sarri, Sarri, en la que se celebra la huida de dos etarras, Joseba Sarrionandia y Joseba Pikabea, de esa misma cárcel de Martutene. 
Entre el público asistente había más de treinta etarras y no del montón: Henri Parot, Ibon Fernández Iradi y Txeroki, que corearon con lógico jolgorio la interpretación. También estaban presentes, gajes del oficio, varios funcionarios de prisiones compañeros de los asesinados por los terroristas, pero parecían menos contentos que los demás con el espectáculo. Siempre que ustedes sepan de algo vil o estúpido con sello oficial, seguro que enseguida topan con un socialista: en este caso es la consejera María Jesús San José, máxima responsable política de las tres prisiones vascas, que, además de idear este bonito espectáculo, ya ha concedido el tercer grado a siete etarras para que cumplan su condena en casa o en la herriko taberna que tengan más a mano. Suma y sigue.
¿Alguien ve el "Kriston martxa" de Muguruza por alguna parte?
Parece que el artista Muguruza está algo quejoso por la poco entusiasta respuesta del lehendakari Pradales ante el festejo de Martutene, que le ha parecido más bien impertinente. Le recuerda Muguruza que para el mes de junio prepara un concierto en el estadio de Anoeta, para el que ya ha vendido más de 25.000 entradas, así que a ver qué pasa. Ya saben el dicho que recomienda comer mierda porque cientos de miles de moscas no pueden estar equivocadas… Naturalmente, la asociación de víctimas Covite se ha mostrado indignada con la celebración de los héroes etarras: ¡la gran evasión, con Sarrionaindia en lugar de Steve MacQueen! 
Y enseguida volvemos al mamoneo habitual de que hay que respetar a las víctimas, que no se debe humillar a las víctimas… De un lado están los 25.000 cabestros que van a escuchar a Muguruza, los del patio de Martutene aplaudiendo el Sarri, sarri y por otro el puñado de víctimas a las que no hay que humillar, que bastante tienen con su duelo y además están ya muy mayores. No hay comparación, los muguruzanos son más, los que aplauden la huida de los etarras, los que de verdad representan al pueblo… Pues mire, no. No es verdad. Aunque en Anoeta se junten miles de vociferadores, aún quedamos cientos de miles que no queremos estar ahí. Y muchos millones de españoles que no queremos que los etarras eludan su castigo y su responsabilidad. ¿Por qué se habla siempre de humillar a las víctimas, como si sólo ellas tuvieran sentimientos respetables? La mayoría de los ciudadanos españoles, entre los cuales están los vascos, no queremos a los asesinos ni tampoco las ideas psicópatas que les llevaron a matar. Festejos como el de Martutene humillan o indignan a cuantos reclamamos más leyes y menos privilegios, más Estado de derecho y menos tribus con rituales caníbales y aporreamiento de txalapartas.
Bonito panorama musical: se cancela por murmuraciones a Plácido Domingo y se celebra como artista del pueblo a quien simpatiza con los criminales y pone melodía al descerebramiento juvenil. Quevedo habló de la juventud «robusta y engañada». Descuiden, llenarán Anoeta el próximo 14 de junio.

@Savater_
Fernando Fernández-Savater Martín (San Sebastián, 21 de junio de 1947) 
es un filósofo y escritor español. 
Aficionado a las carreras de caballos y lector de Borges. 
Fue profesor de Filosofía. 
Destaca en el ámbito del ensayo y el artículo periodístico, 
y además, ha incursionado en la novela y el género dramático.
Notas de Desolvidar
1. Los de Kortatu plagiaron (ahora de dice "versionaron") a Toots and the Maytals y su "Chatty, Chatty" para hacer «Sarri, Sarri», celebrando la huida de los dos etarras.
Los dos etarras escaparon escondidos en dos altavoces, acondicionados para la fuga, que fueron cargados en la furgoneta de Imanol, quien fue detenido en un primer momento, pero puesto en libertad tras ser esclarecidos los hechos.
En octubre de 2000 Imanol anunció que abandonaba el País Vasco, harto de las amenazas de ETA. El 25 de junio de 2004 falleció en Orihuela.

lunes, 23 de septiembre de 2024

Fernando Savater: El fango y la gentuza

«No se puede dejar la gobernabilidad del país en manos de quienes no se consideran ciudadanos de él más que a la fuerza»
«La plaga política que padecemos también tiene su lado bueno: nos ha revelado el nivel intelectual y la calaña moral de buena parte de nuestros compatriotas»

El fango y la gentuza
Fernando Savater TheObjective 22 09 2024
Savater, por Gonzalo Merat
Como a muchos compatriotas, incluso de los que con sus votos tienen la culpa de que pase lo que pasa, a mí también me suena estupendamente lo de la regeneración democrática. Si en algún país y en alguna época ha sido necesaria, es sin duda aquí y ahora, en la España de hoy. Pero ¿cómo se consigue esa transfiguración positiva que ya se hace esperar demasiado? Dijo Mark Twain que cualquiera puede formar una biblioteca ideal, con poco esfuerzo: para empezar basta con omitir todas las novelas de Jane Austen… 
En la misma línea, quizá no sea tan difícil conseguir la regeneración democrática de nuestra España (a los que no la consideren «nuestra» que les den): de entrada, lo primero es quitar del gobierno a Pedro Sánchez Pérez Castejón, a su palanganero Bolaños, a ese estornudo de Marichús Montero, a Yolanda más tonta y no anda, a Urtasun que es… bueno, también a Urtasun. Y a Marlaska, quien nos lo iba a decir hace una década, que pica pero no rasca. Después hay que despedir (con muy buenos modos, eso sí: manners, no morals como mandaba el tío Oscar), a los separatistas vascos, catalanes, gallegos, etc. 
La idea de darles responsabilidades en la gobernabilidad de España para sostener a Sánchez y de paso comprometerles con el único país europeo cuya ciudadanía poseen, se pongan como se pongan, pudo parecer buena algún día pero pronto se reveló una gilipollez. O sea que no: si eres necioseparatista, de alcalde de tu pueblo no puedes pasar. ¿Dice usted que de teniente de alcalde? Pues más a mi favor. No se puede dejar la gobernabilidad del país en manos de quienes no se consideran ciudadanos de él más que a la fuerza. 
Después, ya empujados por el perfeccionismo, se puede ir poniendo gente útil en los puestos socialmente relevantes (transportes y comunicaciones, correos, fiscalía, Real Academia de la Lengua, hipódromo de Madrid, etc…) y no simplemente devotos o amiguetes del mandamás actual. Y luego… Pero bueno, ya tenemos tres cuartos de la regeneración conseguida de modo que no corramos demasiado, que las prisas nunca son aconsejables. Lo del Papa lo dejamos para más adelante…
A falta de otras virtudes o méritos, hay que reconocer que Sánchez y su banda tienen sentido del humor. ¡Pues no dicen que quieren acabar con los bulos y entregarse frenéticamente a la transparencia! Hombre, tampoco hay que exagerar: no hace falta que persigan a los que mientan contra ellos, que también los habrá, basta con que ellos mismos dejen de mentir a su favor. Será toda una experiencia pero a lo mejor les gusta. Ande, inténtenlo, cuenten la verdad sobre los monipodios universitarios de la primera dama (que es de la estirpe ilustrada de Elena Ceaucescu o Ymelda Marcos) y los mamoneos del hermano sinfónico del Puto Amo. Sin miedo, que a la gente le dará igual, ya verán. Donald Trump, que es buen psicólogo de los suyos y sabe las tragaderas que tienen los capaces de votarle a él, aseguró que aunque bajase a Times Square y empezase a disparar al tuntún, en plan André Breton, no perdería partidarios. ¡Que razón tiene! 
Al Duce Sánchez le pasa algo parecido, aunque sin tiros ni heridos de pronóstico reservado afortunadamente: ¡mira que las ha hecho gordas y no por eso ha perdido clientela, que siguen dale que dale con el «peor son los otros»! En efecto, la plaga política que padecemos también tiene su lado bueno: nos ha revelado el nivel intelectual y la calaña moral de buena (o sea: mala) parte de nuestros compatriotas. 
Un botón de muestra, tomado del más conocido de los pseudomedios pseudoinformativos: un señor de Ciudad Real, en carta a la directora de El País, dice que el Gobierno no pretende dar carnets de periodista a los que hablan a su favor, como dice el portavoz del PP: «No, señor Tellado. Lo que el Gobierno pretende es evitar que algunos medios sean lanzaderas políticas de algunos partidos». ¡Y eso se lo escribe a la directora de El País! ¡Sancta simplicitas! A ése y los que son como él, puede decirles la verdad y toda la verdad: siempre que luego añada el estribillo sobre «el peligro de la ultraderecha», le votarán igual.
La regeneración democrática de España es necesaria y urgente, en eso de acuerdo. Las discrepancias empiezan a la hora de determinar quién debe empezarla, porque no pueden ser los mismos a los que se debe nuestra miseria política actual. El ejemplo de regeneración con éxito que tenemos más a mano es el de la Transición: lo dieron los procuradores de aquellas Cortes, disolviendo el invento y marchándose a su casa. Ya tiene el PSOE algo en que fijarse y de lo que aprender: no sólo hay que dejar paso a jugadores nuevos sino también hay que jugar a otra cosa. A ver si empezamos de una vez.

martes, 23 de abril de 2024

Los que ya no votan (Fernando Savater)

El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi.  Ilustración Alejandra Svriz
«El proyecto nacionalista no es que Euskadi salga de España, sino que España salga de Euskadi»
«A los bildutarras no basta con pedirles que condenen el terrorismo: habría que pedirles -a ellos y a sus mentores peneuvistas- que renunciasen públicamente a llevar a cabo la limpieza étnica que pretenden, que es su objetivo y su razón de ser»

Los que ya no votan
Fernando Savater El Subjetivo 21-04.2024
En las elecciones de hoy domingo en Euskadi van a faltar muchos votos de ciudadanos que bien quisieran poder participar. 
Pero no lo harán -precisamente porque no pueden- los que lo tienen radicalmente imposible: son los asesinados por la banda terrorista ETA, a la que el joven candidato Ochandiano llama asépticamente «grupo armado», quienes tendrían el mayor interés en hacerse oír en el tumulto sectario y frívolo de los comicios pero ya nunca volverán a ser escuchados. 
Tampoco votarán las decenas de miles que han debido abandonar el País Vasco –tan verde, tan bonito, donde se zampa tan bien- porque no querían sufrir más amenazas, o el ambiente de verbena sanguinaria se les hacía irrespirable o no soportaban la idea de que sus hijos se educasen entre jaleadores de asesinos y enemigos de su lengua materna. 
Luis Rodríguez Aizpeolea
Y muchos no votarán porque, ¿saben ustedes?, ya para qué, si todo el pescado está vendido, si los oportunistas que son siempre mayoría saben que para prosperar hay que poner cara triste ante las víctimas –siempre que no sean demasiado de derechas- pero hacer negocios con los verdugos o sus amigos, que son los que van ganando. 
Ahora son otros tiempos, ETA ya no mata a sus adversarios (ahora los «cancela» socialmente, se han hecho más modernos) y Bildu –con su Sortu dentro- ya es visto por los jóvenes como un partido perfectamente normal, lo que pone muy contento a Azpiolea.
¿Que muchos van a quedarse sin votar? Pues bueno, pues mejor. Como claramente ha dicho el archipámpano Ortuzar, cuyo objetivo político es que los vascos sigan siendo vascos durante siglos y siglos (no sé cuántos siglos se propone vivir él), el proyecto nacionalista no es que Euskadi salga de España, sino que España salga de Euskadi. 
En eso se diferencia un poco –sólo un poco- de los bildutarras, que pretenden echar a los españoles o a los que no fingen haber dejado de serlo, para concretar su limpieza étnica. Hay que llamar a las cosas por su nombre: limpieza étnica. Ese es el último objetivo de los nacionalistas, que unos quieren conseguir gradualmente y otros imponer por la fuerza. 
Ortúzar, con su hija Garazi
Pero sea cual fuere el método empleado, no es un propósito limpiamente democrático y se equivocan quienes creen que lo único malo de los etarras fue la violencia que utilizaron. No, almas de cántaro, no basta con pedirles que condenen el terrorismo (cosa que por otra parte tampoco piensan hacer porque para ellos y sus votantes es el certificado de su fe): habría que pedirles a ellos y a sus mentores peneuvistas que renunciasen públicamente a llevar a cabo la limpieza étnica que pretenden, que es su objetivo y su razón de ser. Si se acepta que esa limpieza étnica es lícita ideológicamente en un Estado democrático, ya da igual que no se condene la violencia porque habrá que resignarse a ella de un modo u otro. ¿O es que va a exigirse a esa España y esos españoles que deben irse -según los criterios nacionalistas- de Euskadi, que renuncien a su tierra mansamente y sin rechistar? 
Oiga, perdone, que no todos somos socialistas sanchistas: lamento darles la mala noticia de que no pensamos resignarnos.

sábado, 27 de enero de 2024

Savater, expulsado de El País

Fernando Savater, en marzo pasado, durante una entrevista con El Confidencial. (Ana Beltrán)
Este extracto de 'Carne gobernada', publicado por El Confidencial, ha sido el detonante de la expulsión de Savater de El País, periódico que en su día lucía en su cabecera: "Diario independiente de la mañana"

PREPUBLICACIÓN
Fernando Savater: "El País' se ha convertido en portavoz del peor Gobierno de la democracia"

Publicamos un extracto de 'Carne gobernada' (Ariel), donde Savater explica el viaje político desde su izquierdismo juvenil hasta sus posiciones actuales, así como sus desencuentros con el periódico en el que publica los sábados una columna
Por Fernando Savater 22/01/2024
Fernando Savater (A.B.)
¿Por qué conserva la izquierda tan buena fama en nuestro país, a pesar de los crueles fracasos históricos que ha sufrido allí donde se ha impuesto de manera imperativa? Por una mirada sesgada que ha establecido la norma de juzgar a la izquierda por sus intenciones y a la derecha por sus resultados. Si uno proclama que quiere acabar con la miseria y la desigualdad, conseguir una educación universal y una sanidad que proteja por igual a todos los ciudadanos, sean cuales fueren sus ingresos económicos, solo cabe aplaudir estos objetivos generosos. ¡Qué diferencia con las propuestas de la derecha, que hablan de prosperidad conseguida por medio del trabajo remunerado, de propiedad privada, de orden social basado en el cumplimiento de las leyes! 
Es cierto que los hermosos planes de la izquierda nunca se han llevado a cabo ni de manera aproximada en los países que han adoptado un sistema comunista, el izquierdismo más consecuente, aunque han visto desaparecer sus libertades cívicas y la separación burguesa de poderes sacrificadas al ideal utópico. Ah, pero ¿qué culpa tiene el ideal si quienes lo buscan son torpes o incluso hipócritas? Lo excelente sigue siéndolo aunque los que se dedican a predicarlo no tengan ni idea de cómo conseguirlo o, aún peor, logren con sus medidas políticas lo contrario de lo que persiguen. En cambio, los principios y métodos de la derecha han conseguido sin duda las mejores y más competentes sociedades democráticas allí donde se han aplicado: en ninguna parte ni en ninguna época ha habido mejores sistemas políticos donde vivir y la prueba es que la gente huye de los países comunistas a los capitalistas, nunca al revés. Pero tienen defectos, muchos defectos y abusos. Como dijo Cioran, en el mejor de los casos puede gobernarse sin crímenes, pero no sin injusticias. Esas injusticias, que se pretenden corregir, pero se reproducen una y otra vez, bastan para condenar a ojos de los deslumbrados por las buenas intenciones izquierdistas los incomparables logros de las sociedades liberales. Si alguien promete el paraíso (entre cuyos requisitos está ser inalcanzable)..., ¿cómo conformarse con un purgatorio con aire acondicionado y agua corriente? Y lo más irónico, como hizo notar el gran historiador inglés Robert Conquest, es que todo el mundo es conservador cuando habla de lo que de veras entiende, aunque luego adopte posturas revolucionarias en los grandes temas que solo conoce de oídas.
Portada de 'Carne gobernada', el nuevo
libro de Fernando Savater.
Por supuesto, las democracias occidentales ofrecen fórmulas políticas que combinan los ideales socialistas mitigados por la prudencia con los métodos liberales mediatizados por los derechos humanos. El resultado es más o menos eso que llamamos "socialdemocracia" y que considero el sistema preferible a todos los demás ensayados, aunque ese término — "socialdemocracia"— sea anatema y equivalga a "comunista" entre los fanáticos neoliberales (en su mayoría exilados de los radicalismos izquierdistas de su mocedad). No hace falta decir que la estupidez política no es monopolio de la izquierda, de serlo, todo sería demasiado sencillo. Yo nunca he podido vivir sometido a elevadas normas que no puedo asumir en la práctica. Cuando a los once o doce años me convencí de que la castidad predicada por los curas amargaba mis placeres sin facultarme para renunciar a ellos, me aparté sin escándalo pero definitivamente de esas santas enseñanzas. En mi primera juventud estaba de moda vivir en comunas, modelo que en principio me sedujo porque creí que prometía amor libre y cosas así de bonitas: en realidad las comunas que conocí me hicieron comprender los beneficios de las buenas familias burguesas como la formada por mis padres (que desdichadamente yo no he sabido reproducir en mi vida adulta). 
Después de haber alardeado de chico malo, comprendí que las mejores personas que he conocido en mi vida — mis padres, mi abuelo— eran más bien de derechas. Y no estoy dispuesto a admitir ni por un momento que la Pasionaria era mejor persona que mi madre. De modo que pronto renuncié a sostener ideales comunistas (porque de eso va la izquierda, no nos engañemos) en cuanto comprobé que sus resultados prácticos eran nefastos y que a mí toda forma colectivista me repelía intrínsecamente. Después he conocido millonarios comunistas a tropel, que no dejan de vociferar consignas radicales mientras sacan sus pasajes para el veraneo en las Maldivas. Abundan entre ellos los actores y actrices que todo lo que exhiben en progreso político lo compensan en retraso mental... aunque siempre jugando a su favor, claro. Y los llamados intelectuales, que en España son una casta para echarles de comer aparte. Pueden ser novelistas, poetas, humoristas, pintores o músicos apreciables (noten que digo "pueden", no "suelen") pero en su oficio como intelectuales, es decir, haciéndose oír en el espacio público para aumentar el espíritu crítico y la vigilancia ciudadana, resultan no solo inútiles sino dañinos. En general, sus opiniones se orientan a mejorar su caché y aumentar su clientela, lo cual defendiendo tópicos zurdos es más fácil para cualquiera. Les encanta alardear de antifranquismo, trinchera que hoy tiene tanto peligro como declararse insobornablemente opuesto al emperador Calígula.
La evolución de mi forma de pensar se reflejó en mis colaboraciones en El País. Primero fue mi visión crítica, aunque no del todo negativa, del movimiento del 15-M, al que algunos atribuyeron de inmediato virtudes redentoras como las tan recordadas del Calvario. Después la aparición en la palestra política de Podemos y sus revolucionarios amaestrados, clones poco imaginativos de populistas de hueso colorado que yo había tenido ocasión de conocer y padecer en mis frecuentes estancias en Hispanoamérica. ¡Y los votaron cuatro millones de personas! Entonces empecé a darme cuenta cabal de en qué país vivía. Años después comenté sobre ese entusiasmo electoral que no sabía que en España hubiera tantos bobos. Me fue muy reprochado ese exabrupto, pero después, calibrando el resultado de elecciones como las muy recientes del 23-J — de las que trataré de hablar más adelante—, comprobé que como casi siempre había pecado de optimista. El caso es que Podemos y su comunismo bolivariano introdujeron en nuestro panorama político una degradación del debate que la izquierda tradicional no había llegado a alcanzar. Los separatismos radicales vascos y catalanes se vieron dignificados como "progresistas" por los nuevos dispensadores de certificados de buena conducta política. 
La columna de los sábados que inicié en El País el año mismo que perdí a mi Pelo Cohete (apodo de Sara Torres Marrero, la mujer de Savater, fallecida en 2015) se acoplaba especialmente bien a mi estilo: una columna de trescientas palabras en la última página los sábados, el día que podía tener más lectores. Naturalmente, utilicé esa tribuna para desenmascarar en la medida de mis posibilidades a los nuevos salvapatrias que le habían caído encima a nuestro país y que encontraban partidarios entre personas a quienes yo conocía desde hace mucho y a las que tenía por sensatas. Pero nunca acaba uno de despertar... 
Los primeros años mi periódico conservó su línea socialdemócrata habitual, apoyando a los socialistas — recuerden: ¡aquellos socialistas!—, desconfiando algo menos de lo debido de los neocomunistas y oponiéndose aunque sin demasiada acritud a los separatistas. 
Pero hubo un vuelco en el partido socialista y finalmente ocurrió lo peor que le ha pasado en toda su larga y polémica historia: se encontró sometido al liderazgo caudillista de Pedro Sánchez. Cuando escribo estas atribuladas líneas, ahí seguimos. Uno de los primeros efectos de este pernicioso liderazgo fue el brusco desahucio por motivos indiscutiblemente sectarios (un editorial crítico con Pedro Sánchez) de la cúpula directiva de nuestro periódico: Antonio Caño y su equipo de gente tolerante y muy profesional desapareció por el sumidero del nuevo régimen de un día para otro, sin explicaciones. De ser un diario progresista, de centro izquierda, con las virtudes y defectos propios del caso, pasó a convertirse en un portavoz gubernamental y del peor Gobierno que ha tenido la democracia española desde la muerte del dictador.
Eso naturalmente socavó el prestigio del periódico, que de ser el diario de referencia pasó a convertirse en un risible epítome de la prensa al servicio de la política: durante muchos años los dibujos de Forges habían aprovisionado de chistes mil veces repetidos a lectores de toda España (casi tanto como los incomparables de Mingote en ABC), pero poco a poco hemos llegado a que el chiste sea EP y sus disparates sectarios. 
Antes había mucha gente que con orgullo decía: "Yo solo leo El País", como si con eso bastara para estar bien informado urbi et orbi. Desde luego, nunca me bastó un solo periódico, siempre he leído cuatro o cinco (uno de carreras de caballos, claro), pero comprendía la satisfecha limitación de los monodiaristas: si leías bien EP era suficiente. Hoy ya casi nadie comparte esa plácida creencia progre porque con esa dieta exclusiva cojearás informativamente de un pie y probablemente de los dos. Durante muchos años, cuando publicaba un artículo en EP había gente a favor y abundantes personas en contra, pero no pasaba inadvertido: esa tribuna era el ágora de la mayoría ilustrada y políticamente inquieta de nuestro país. Hoy, aunque mis columnas son múltiplemente replicadas en las redes, si quiero asegurarme ciertos lectores imprescindibles (amigos, familiares, rivales necesarios, etc.), debo enviar un aviso circular por WhatsApp para atraer su atención, porque ya prácticamente ninguno lee habitualmente EP. Bastantes compran el periódico solo los sábados, día en que aparece mi columna, y me lo hacen saber a cada paso: "Por tu culpa tengo todavía que comprar...", lo cual desde luego me hace sentir responsable de tal dispendio. 
En la evidente decadencia de EP intervienen diversos factores. A mi juicio, el primero de ellos es el mismo que ha roído al PSOE en sus mejores esencias: la colonización ideológica por parte del PSC, que es un elemento cancerígeno allí donde se implanta. El peor nacionalismo es el de los que no se declaran nacionalistas y por eso los socialistas catalanes han sido tan mefíticos. Es lógico que en las elecciones del 23-J hayan cosechado una mayoría de votos, porque han optado por ellos los nacionalistas sagaces, convencidos de que sus intereses separatistas están más seguros con esos representantes ambiguos que en los divididos y poco fiables partidos nacionalistas. Las opiniones del supuesto periódico global están dirigidas en las cuestiones nacionales por una cáfila particularmente estrecha: Jordi Amat, Jordi Gracia, Xavier Vidal-Folch, Josep Ramoneda et alii, cuyo primordial objetivo es demostrar que solo los elementos más reaccionarios se oponen a los nacionalismos periféricos. Por lo demás, fuera de la izquierda sociocomunista todo es Trump. 
Otro elemento que empeora este diario otrora prestigioso es una desafortunada invasión femenina. En un momento como el actual, en que los mejores columnistas en todos los medios son mujeres y algunos ya casi no leemos otra cosa (Rosa Belmonte, Emilia Landaluce, Irene González, Lupe Sánchez, Rebeca Argudo, Leyre Iglesias, etc., por no remontarnos al magisterio de Cayetana Álvarez de Toledo), en EP nos ha tocado el lote menos lucido: tanto las de casa como las importadas, salvo las honrosas y escasas excepciones de rigor, son tan sectarias y aburridas como los varones con quienes se codean. Así no hay manera de remontar el partido.
En lo que a mí respecta, pronto empecé a encontrarme bastante solo en la palestra, lo cual no me molesta porque siempre me ha gustado escribir para pinchar a mis lectores, no para halagar sus prejuicios: para eso ya están los demás. A finales de 2021 reuní en un libro ("Solo integral") mis mejores columnas sabatinas de los últimos años. Cada una de ellas iba seguida de un comentario de la misma extensión que actualizaba el tema, confirmando el enfoque primigenio o mostrando sus errores (en general, todas las columnas optimistas estaban equivocadas y las pesimistas se quedaban cortas). Quedé bastante satisfecho con el volumen, que me pareció un buen repaso a las peripecias políticas y culturales de nuestro país en ese período. Dediqué dos o tres días a las entrevistas de promoción, como es la fatigosa pero inevitable costumbre, y acudieron casi todos los principales medios informativos. Casi... porque faltaron la SER y El País, precisamente el periódico donde se habían publicado todas las colaboraciones que formaban el libro. Ni una simple reseña apareció en sus páginas. 
Fue una descortesía, desde luego, pero también una imprudencia. Siempre me gustó el escudo de Montresor, el peligroso personaje del cuento de Poe El barril de amontillado, que finalmente castiga al atontado Fortunato poniéndole, digamos, cara a la pared... En su escudo podía verse una víbora que muerde rabiosa el calcañar del pie que la aplasta, con la leyenda: Nemo me impune lacessit (Nadie me ofende impunemente). De modo que la alegre muchachada de EP podía aplicarse el cuento. Para abrir boca perpetré una columna de Año Nuevo que empezaba diciendo "Si ustedes solo se informan por medio de este periódico, no sabrán que he publicado un libro...". Después recordaba que empezábamos la era del tigre según el calendario chino y que esperaba ser digno de ese fiero patrono. Acentué el tono heterodoxo de mis columnas en contraste permanente con las opiniones del resto del periódico, tan previsibles y unánimes como el canto gregoriano salvo honrosas excepciones como Félix de Azúa. Incluso me atreví a cuestionar la inminente catástrofe climática que los humanos irresponsables hemos provocado, el gran Satán de las plagas capitalistas que hay que denunciar con tanto mayor ahínco cuanto menos se sepa de lo que se habla. Llovieron las cartas de los lectores dolidos con mis artículos y tristemente decepcionados al ver que ya no pensaba como era debido (nunca se publicaban cartas cuestionando a otros colaboradores, sino en todo caso poniéndolos como ejemplos ante mi deserción). 
Sergio del Molino
Una de las cosas que se nos advertía siempre en EP cuando empecé mis colaboraciones era que podíamos sostener las ideas que quisiéramos aunque sin criticar nunca nominalmente a otros colaboradores del medio. Pero en mi caso, cuando empecé a alejarme de la ortodoxia, se levantó la veda y aparecieron artículos tratando de refutar los míos — con poca maña la verdad—, que eran publicados al día siguiente o incluso por la tarde si el mío había aparecido por la mañana. Obedientes piezas de encargo fabricadas por mindundis serviciales tipo Sergio del Molino y gente parecida. Llamé a la redacción para advertirlos de que tuvieran cuidado, no fueran un día a publicar la refutación antes de mi artículo... Los que creyeron que eso me iba a hacer reventar de cólera o de frustración no me conocen bien: puedo asegurar sin vanagloria que nunca he disfrutado tanto con mis columnas como en estos últimos tiempos, sabiendo a cuántos molestan. Aunque, para ser sincero, debo reconocer que nunca me han faltado testimonios de apoyo por vía pública y sobre todo privada, con firmas bastante más relevantes para mí que las de mis críticos. 
Sin embargo, la situación de España es cada vez más patética y mi situación profesional (y personal, porque oponerse con decisión a la izquierda felizmente reinante te deja sin amigos y casi sin familia) es lo de menos. Después de las elecciones autonómicas y municipales del 28 de mayo, que parecían anunciar un cambio de rumbo político, muchos creímos en la posibilidad de regresar a una cierta cordura incluyente y armonizadora, pero en las generales del 23 de julio — aunque numéricamente ganadas por la oposición a Sánchez— comprendimos que todavía padecemos demasiados conciudadanos dispuestos a votar al diablo más colorado del infierno con tal de no apoyar ni por descuido a la derecha y no digamos a la extrema derecha (que es más o menos la misma derecha, pero vista desde la propaganda denigratoria de los medios de izquierdas). Es cierto que la alternativa derechista a Sánchez que presentó Feijóo fue de lo menos inspirado políticamente que se ha visto: solo entendimos que la izquierda moderada no tenía nada que temer de él, porque se parecía más a ellos que a la derecha radical de Vox. 
Sin embargo, siempre he sostenido que en democracia los culpables de los embrollos y disparates son los verdaderos políticos de base, es decir, los votantes (de los que no votan prefiero ni hablar). Un pesimista con tendencia al sarcasmo dijo que en un país democrático gobernado por imbéciles y desaprensivos puede asegurarse que el pueblo está bien representado. Intento no compartir del todo ese dictamen por respeto a mis compatriotas, aunque en el fondo lo considero pavorosamente acertado. Cuando parecía que finalmente los españoles iban a despachar democráticamente a Sánchez y compañía, pasándoles la factura por sus innumerables desafueros de estos últimos años — que ya es hasta aburrido volver a enumerar—, apareció la poción mágica para revivir al maltrecho farsante. ¡Cuidado, que viene la extrema derecha! 
Tribuna de El País
Nuestro país ha padecido un separatismo xenófobo y terrorista de la peor ralea en el País Vasco, ha sufrido un intento de golpe de Estado en Cataluña por parte de quienes debían defender las instituciones, ha soportado las geniales ideas populistas de un comunismo ortopédico que ha endeudado el país hasta extremos nunca antes conocidos, sufre la tiranía woke de una fragmentación en grupúsculos identitarios de sexo e ideología que reclaman para ellos patente de corso mientras ejercen la intransigencia contra todo bicho viviente (salvo los animales, claro)... En fin, hay enemigos de la convivencia donde elegir, pero resulta que la única amenaza que cuenta y atemoriza es la extrema derecha, que todavía no ha gobernado y de la que solo hemos oído exabruptos que no favorecen su causa, pero tampoco bastan para derribar por sí solos las murallas de Jericó. 
Yo he oído a personas a las que aprecio y que blasfeman contra Vox andanadas contra la inmigración ilegal más radicales que las de Abascal, pero se indignarían si se les señalase ese parentesco: tales diatribas cuando vienen de la derecha demuestran inhumanidad, pero cuando las sostienen ellos son puro sentido común. Durante el período preelectoral antes del 23-J todo el que podía hacerse oír y quería sacarse el certificado de buena conducta lanzaba a grito pelado su ¡caveat! contra los ultras (que según el dictamen del libro de estilo de EP solo pueden ser de derechas). 
Hubo ciertos casos especialmente sangrantes, nunca mejor dicho. El director del Festival de Cine de San Sebastián, José Luis Rebordinos, en la presentación ante la prensa de la muestra, lanzó una soflama contra la extrema derecha que por lo pronto no venía a cuento, salvo como propaganda ante la próxima cita electoral: él tenía amigos de todos los bandos y banderías, respetaba todas las ideas políticas... menos naturalmente la extrema derecha y quienes se asociaban con ellos. ¡El festival donostiarra, que durante largos y vergonzosos años se entendió con los etarras en un pacto secreto pero evidente para que ellos mataran donde quisieran menos en la alfombra roja! Y todos los años se permitía una aparición de la infame turba el día de la inauguración para que dieran los vivas de rigor y exhibieran sus pancartas reivindicativas, precio que pagar para que después respetaran la fiesta... ¡Ah, pero los ultras — siempre de derechas— no pueden ser consentidos! Luego, el festival comenzó con un falso documental que no era más que una larga entrevista de Jordi Évole a Josu Ternera (como dijo Oscar Wilde de la caza del zorro a caballo: "Lo inefable persiguiendo a lo incomible").