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viernes, 16 de abril de 2021

Esporrín, recuerda al mono Charlie


Maite Esporrín, socialista, se empeña en ampliar el minizoo de la Taconera. Pero el concejal Fernando Villanueva, de Navarra Suma, niega la mayor y afirma que si algo hay que afrontar, sería en todo caso, una reducción.
Quienes -como Esporrín- promueven una ampliación, tienen que conocer la historia del mono Charlie. Por solucionar un problema, se trajo a Charlie y se creó otro infinitamente mayor (para regocijo y cachondeo de muchos). Con el tiempo, este mono se convirtió en un mito, hasta el punto de que hace unas semanas acaba de abrir un bar dedicado al mono especialista en escandalizar a las madres que se acercaban con sus cándidas criaturas.

Magnífica descripción (Kepa García)
Doble malla para Charlie
Para bastantes pamploneses de cierta edad, la figura del mono Charly en la jaula de la Taconera resulta difícil de borrar. Pese a ser un bicho desagradable, sucio, arisco y con sus instintos básicos en permanente estado de alerta, tuvo fama en Pamplona y las visitas a su morada se convirtieron en un pasatiempo local de cierta relevancia en la década de los ochenta.
Tanta expectación provocó su presencia, sobre todo entre adolescentes que no paraban de visitar su refugio para incordiarle, que terminó por empeorar el carácter del animal, tan veloz en echar mano a todo lo que estuviera a su alcance como en manosearse sus genitales con manifiesto alborozo, lo que no siempre fue bien visto por algunos, especialmente para los que acudían al parque con menores de edad y se encontraban al mono en pleno ejercicio de autocomplacencia.
Charly desapareció un buen día sin dejar rastro. Durante algún tiempo permaneció la jaula y el cartel que avisaba sobre la facilidad del primate para apropiarse de las cosas. Hubo quien propuso un homenaje póstumo al mono y los que siguen manteniéndolo en su recuerdo, como ayer se puso de manifiesto en la comisión de Urbanismo, donde hubo varias alusiones a Charly.

Pizzería El Mono Charlie
El Mono Charlie -en homenaje al primate que vivió en la Taconera- es el último bar abierto en la plaza Félix Huarte, zona tranquila de terrazas frecuentadas por familias y universitarios
“Aquí vemos la vida desde el punto de vista del mono”, explica Aranalde, pamplonés de 41 años que tiene vagos recuerdos del mono de la Taconera que vivió enjaulado hasta 1985, cuando al parecer fue liberado por un grupo ecologista. Entre pizzas y ceviches, Aranalde se encarga de contar a los jóvenes clientes la vida de Charlie. Otras veces es al revés, clientes ya entrados en años le confiesan haber sido víctima del robo de gafas o incluso de mordiscos. “Según me han contado, una señora que vivía en la calle Mercaderes fue la que trajo al mono de Barcelona, donde había sido maltratado”, comenta este hostelero. Hay un halo de misterio, aunque lo cierto es que Charlie llegó a la Taconera para dar compañía a una mona de carácter nervioso.

El mono «Charlie 
Las dos jaulas que durante más de diez años albergaron diversos animales (monos, cobayas, gallinas, faisanes) son ya una página más en la historia de los jardines de la Taconera. La idea de su instalación, con relativa buena acogida en su comienzo, produjo con el paso de los años diversos quebraderos de cabeza, principalmente a los encargados de su mantenimiento. 
Ya en el año 79, en el mes de diciembre, varias personas soltaron el cierre de la puerta de una de las jaulas para hacerse con cuatro faisanes y una perdiz. Con posterioridad, la mona que servía de atractivo a los paseantes en la otra jaula fue robada y rescatada más tarde cuando sus captores intentaban venderla por mil pesetas. 
Los encargados del mini-zoo, en un intento de paliar el nerviosismo de la hembra, decidieron darle compañía y llevaron un pequeño mono al que los pamploneses bautizaron como «Charlie». El paso del tiempo confirmó que el remedio había resultado peor que la enfermedad porque en el Ayuntamiento comenzaron a recibirse denuncias por los objetos que «Charlie» sustraía a los curiosos que se acercaban demasiado. En junio de 1982 «Charlie» llegó incluso a morder en un dedo a un niño, obligando así a los encargados municipales a cubrir con una malla más tupida su jaula. El último suceso relacionado con estas jaulas tuvo lugar en octubre de 1985, cuando un grupo ecologista puso en libertad al mono y a varios pavos reales

Hemeroteca DN Jueves, 6 de septiembre de 1990