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sábado, 23 de octubre de 2021

El atropello mortal de av. Bayona, 39

Flores en recuerdo de Pablo Salinas en el paso de peatones donde fue atropellado
Aquella noche del viernes, 28 de mayo, sospechamos que algo malo, muy malo había pasado. Derrapes, destellos, sirenas... El sábado leímos:
"Muere arrollado al cruzar un paso de peatones de la avenida Bayona (bien cerca de casa) por un conductor ebrio y drogado que se fugó e intentó huir a pie. La víctima, Pablo Salinas Cervera, de 32 años, trabajador en la sección de fotomecánica en Diario de Navarra, quedó desplazado alrededor de 80 metros".
Desde aquel fatídico último viernes de mayo, cada vez que atravieso ese paso de cebra no puedo dejar de acordarme de aquel muchacho sonriente cuya vida quedó truncada por un descerebrado que no pasará más de tres años en la cárcel.
El acusado del atropello mortal al joven Pablo Salinas, durante la vista celebrada en el
Juzgado de lo Penal número 2 de Pamplona GABRIEL GONZÁLEZ
Este viernes, 22 de Octubre se ha celebrado el juicio (mira los comentarios).
El acusado (no pone nombre, ni siquiera iniciales) ha reconocido en el juicio todos los hechos que le imputan, hasta el punto de que su abogado ha calificado lo que hizo aquella noche como “indefendible”, la actuación de “un descerebrado”. De 26 años (6 menos que Pablo), ha pedido perdón en repetidas ocasiones a la familia de Pablo Salinas Cervera.

Imagen retirada por expreso deseo de la familia 
y vuelta a poner en atención a este artículo en DN

Madre de Pablo Salinas: “Me asomé y supe que era Pablo, el corazón me dio un vuelco”
La familia de la víctima, que vive en la misma calle, quiere donar una posible indemnización extra a la prevención
GABRIEL GONZÁLEZ
La casa de los padres de Pablo Salinas está en la Avenida de Bayona, a escasos metros de donde ocurrió el atropello. El hecho de descubrir lo ocurrido prácticamente en directo y la fuga del acusado, dejando a la víctima en el suelo, llevaron a la fiscal a destacar el “daño excepcional” que habían sufrido. En el juicio declararon los padres y su hermana, los tres con camisetas que incluían guiños a Pablo. El padre, con la serigrafía de un cuervo en vuelo, el mismo tatuaje que su hijo llevaba en la espalda; la madre, con un corazón enorme en el pecho, y su hermana con la palabra “sister” en la parte frontal. “Así es como él me llamaba”, indicó cuando la juez le mencionó la camiseta.
Lugar del atropello
El padre fue el primero en declarar. Recordó que Pablo se había emancipado tras concluir la carrera, pero seguía comiendo casi a diario en la casa familiar. Esa noche, él estaba en el salón. “Estaba sentado en el salón y oí el golpe. Mi mujer se levantó, porque estaba en la cama leyendo, y me dijo: ¿No será Pablo? No creo, le dije. Vamos a llamarle. Le llamamos pero no cogía. Me asomé y vi al camión de la basura, varios objetos en la calzada y al fondo un cuerpo y la policía”. Su mujer le pidió que bajara a ver si estaba el coche en el parking, señal de que ya había regresado del periódico. “Bajé y ahí estaba. Fui a la calle y vi una zamarra similar a la de Pablo. Luego la mochila, inconfundible, era la de Pablo. Me acerqué a la policía y les conté que mi hijo salía de trabajar todas las noches a esa hora y que todas las noches cruzaba ese paso de peatones. Me preguntó cómo se llamaba, le di el nombre y mandó a otro agente. Abrieron la mochila y ahí estaba el salvoconducto que el Diario le había dado a Pablo para moverse por la noche, porque era época covid...”. Los agentes le pidieron que subiera al piso en compañía de los médicos que habían atendido a su hijo, fallecido, para comunicar lo ocurrido a su mujer. “El dolor que llevo dentro no sabría expresarlo. Paso por ahí a diario, todos los días cruzo ese paso de peatones y siempre miro unas estrellas que pintaron sus amigos. Sé que Pablo está con nosotros”.
Con el coche en este estado se dio a la fuga
Su madre afirmó que al asomarse al balcón le sorprendió que ya estuviera la policía, porque el golpe acababa de producirse. “Vimos un camión de la basura parado en el semáforo, había algo caído, 3 o 4 personas de pie y un coche oscuro parado. Había también ropa. Y entonces supe que era Pablo. Era su cazadora marrón con el forro de cuadros escoceses. Sabía que era Pablo, me dio un vuelco el corazón. Le llamamos y no cogía... mi marido bajó a la calle... y ya se confirmó todo. Así me enteré”.
Destacó que fue “terrible”. “He tardado mucho tiempo en asomarme a ese balcón, me ha costado un gran esfuerzo. Quería vender mi casa, irme de allí, pero me hicieron ver que era nuestra casa, que ahí están nuestros recuerdos de 41 años viviendo ahí. Poco a poco lo voy superando, salgo al balcón y rezo por Pablo, y por nosotros. Y eso me ayuda”. Le preguntaron por cómo le afectaron las circunstancias en las que se produjo su muerte. “Me da mucha rabia, más que dolor, que por eso Pablo hoy no esté. Él cruzaba bien...”. Al igual que su marido, contó que Pablo comía en casa casi todos los días. “Esa tarde le di el bocadillo cuando se iba y me dijo que dejaba el casco y los guantes, que tenía que pasar al día siguiente la ITV de la moto y que vendría a desayunar. Le dije que el restaurante Lucía (su nombre) siempre estaba abierto... hicimos esa broma y le vi marcharse por las escaleras riendo. Fue la última vez que le vi”.
El suceso, paso a paso
Su hermana vive en Madrid y mantenía una relación “muy estrecha” con Pablo. Esa noche dormía con el móvil en silencio y no escuchó las llamadas de sus padres. “Ellos removieron cielo y tierra hasta dar con unas amigas, que llamaron a una amiga de Madrid y ella vino hasta mi casa. Me desperté asustada por el timbre, y me dijo que llamara a mis padres, que Pablo había tenido un accidente”. Al conocer lo ocurrido -“no me lo podía creer”-, tomó un taxi, como le pidieron sus padres, y viajó hasta Pamplona. “Al cruzar la puerta de mi casa me desmoroné. Ahí perdí la fe en la humanidad. Me genera muchísimo sufrimiento saber que se le dejó ahí tirado y que murió delante de las narices de mis padres”.
Concentración de duelo en Diario de Navarra por el atropello mortal de Pablo Salinas
Tanto ella como su madre se encuentran en tratamiento y los tres piden una indemnización extra más allá de la del seguro. “No es un dinero para nosotros, nos quemaría. Lo queremos donar a alguna asociación que trabaje en la prevención para que este tipo de acontecimientos no vuelvan a ocurrir, algo sobre seguridad vial, antidroga, antialcohol... Me aliviaría saber si en algún momento puede servir para que otra familia no pase por esto”, declaró el padre.

Actualización 17.11.21 Sentencia
Al final, 5 años y 8 meses. A ver cuándo lo volvemos a ver en la calle y conduciendo.
Increíblemente, el mismo día, en otra sentencia, dos años de cárcel a un médico por intentar besar a una paciente. La sentencia le impone dos años de inhabilitación para ejercer su profesión de psiquiatra.
De locos. Algo raro está pasando con la justicia.

viernes, 22 de noviembre de 2019

1964: Vaca en el Paseo de Ronda


Hace un par de años, Mariano -el hijo de Joaquín Pascal-, muy aficionado también a lo taurino (y más si el sucedido ocurre en Pamplona) me mandó una noticia de gran surrealismo que entonces no supe encontrar en la hemeroteca, pero que hoy la he comprobado y por partida doble.
Los hechos empezaron en la trasera del Bar El 24, de Descalzos, en lo que hoy llamamos el Paseo de Ronda, y finalizaron en la Plaza de la O.
El narrador del evento -y protagonista principal del mismo- es Miguel Láinez. "El Charro", "Miguelito" para los vecinos, que se valió de su arte de novillero para parar con su capote a la vaca brava que se había escapado del matadero

Miguel Láinez
Administrador Capotillo · 8 de noviembre de 2017
Hace cincuenta años se escapó un toro del matadero de Pamplona y atravesó por los jardines de la Taconera y plaza de la O para parar en el paseo de los frailes Descalzos, donde las mujeres jugaban a cartas. Muchos sustos, las señoras eran mayores.
En el paseo de ronda no se puede subir a ningún sitio sólo escapar por la puerta del Bar El 24, pero con el miedo empezaron a gritar mi nombre.
Yo bajé de casa de mi tía Ramona con mi capote y me pude llevar al toro hasta la plaza de la O.
Entre la gente, estaba el guarda de la Taconera que disparaba su escopeta, pero no le daba. Los tiros rebotaban en la pared y en el capote.
Por fin un carnicero y otras gentes mataron al toro.

La primera referencia en al prensa que he encontrado ha sido el el ABC.
Como veréis, el toro se transforma en vaca pero, eso sí, de grandes pitones. 
Y con nombre y dos apellidos nos indica quiénes eran las señoras que jugaban a cartas y el que miraba la partida.

A B C. SABADO 18 DE JULIO DE 1984.

UNA VACA DESMANDADA HIERE EN PAMPLONA A CINCO PERSONAS
Pamplona 17. Cuando era conducida al matadero una vaca brava, de unos 250 kilos de peso y grandes pitones, se escapó, sembrando el pánico entre los pacíficos paseantes que se encontraban en los jardines de la Taconera. En su huida llegó hasta la puerta trasera del convento de los Padres Carmelitas, en donde el novillero navarro Miguel Láinez "El Charro", con un capote, la dió varios lances y consiguió parar al animal. Después llegaron los celadores de la Guardia Municipal señores Irurita y Murillo, quienes de varios disparos dieron muerte a la vaca fugitiva, que, en su recorrido, había producido cinco heridos, todos ellos, afortunadamente, leves. Estos fueron asistidos en la Casa de Socorro, y son: Rosario Ruiz Larumbe, Begoña Astrain Azcona, Aurelia García Jiménez, Petra Castillo Mateos y José Chocarro García .— Cifra.` 

Como no podía ser de otra manera, esta noticia tenía que estar en Diario de Navarra, pero me he empeñado en poner en el buscador "toro", cuando al final era "vaca", y de "unos 360 kilos". El relato aporta unos detalles graciosísimos, pero le quita parte de su gloria al novillero Miguel:

DIARIO DE NAVARRA Viernes, 17 de Julio de 1964. GACETILLAS
CINCO HERIDOS EN UN ENCIERRO IMPREVISTO Y NOCTURNO
Una vaca brava se escapo del matadero municipal
Ayer, hacia las 9,30 se escapó del Matadero Municipal una vaca brava colorada y aproximadamente de unos 360 kilos, con dos pitones como no los han tenido muchos toros de nuestra feria.
A su paso por los Jardines de la Taconera, Vista Bella, etc., sembró el consiguiente pánico entre los pacíficos peatones, que no se pensaban que iban a correr en el encierro el día 16 de julio a las nueve y media de la noche. En su recorrido ocasionó un total de cinco heridos, todos ellos leves, por fortuna. Y llegó hasta detrás de la Iglesia de los Carmelitas, en las murallas. Cerca de allí vive un joven novillero navarro llamado Miguel Láinez "El Charro", quien sin pensarlo un minuto, al ver a la vaca desde su casa, cogió la capa y se echó a la calle. Como pudo le dio varios lances con el percal, logrando parar al peligroso animal. Entre tanto llegaron los celadores municipales señores Irurita y Murillo y de varios disparos acabaron con la vaquilla fugitiva.
Los lesionados, todos leves por caídas y golpes de la vaca y asistidos en la Casa de Socorro, fueron los siguientes: Rosario Ruiz Larumbe, Begoña Astráin Azcona, Aurelia García Jiménez, Petra Castillo Mateo y José Chocarro García.
En esta odisea se registró una anécdota curiosa. Cuando la vaca llegó a la Plaza de la O, un anciano de 73 años, llamado Benigno Aragón, dio a la res varios pases con un trapo. Y cuando ya fue muerta a tiros, un espontáneo cortó el rabo de la vaca y se lo entregó como trofeo bien ganado, al venerable torero. ¡Vaya faena a sus años!

Bar El 24
Tony Musitu (el cuñado ciclista) atendiendo la barra
Me da rabía que de un bar tan entrañable, donde el cliente se sentía como en casa, sea ésta la primera vez que se habla de él en internet. Y gracias a Miguelito.
Atendido por el señor Gregorio, el feligrés se traía la comida de casa -si así lo deseaba- y pagaba tan solo el porrón que pedía.
Cuando hacía bueno, podía instalarse en el Paseo de Ronda (si no venía la vaca), admirando la Rochapea y San Cristóbal.
Gregorio tenía la buena costumbre de quedar todos los años con los dueños de los bares de la canción ("Viva La Cepa, viva El Marrano, viva el 84 y el Marceliano") e irse a catar los nuevos vinos a Obanos, Olite, Sada, San Martín, Mañeru... para ponerse de acuerdo todos en dar el mismo vino a la clientela. Una buena costumbre por la salud de la feligresía.
Pedro, hijo de Gregorio, me ha prometido que va a sacar del olvido el bar familiar y nos va a contar los secretos técnicos que tenía esa cuba que veis en la foto. Cuando quieras, Pedro.