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domingo, 9 de octubre de 2022

"¿Dónde es la capea?" por Chapu Apaolaza

"Son nuestros amigos, los que más nos van a defender y apoyar"
Otoño, tiempo de berrea. La representación -basta, pero sin ánimo de herir- comenzó así:
“Putas, salid de vuestras madrigueras, conejas. Sois unas putas ninfómanas. Os prometo que vais a follar todas en la capea”

¿Dónde es la capea?
Se daba la paradoja de que las "agredidas" eran las únicas no ofendidas. Salió el Séptimo de Puritanía a protegerlas y como no necesitaban ser salvadas, las insultaron hasta convertirlas en machistas

"Son nuestros amigos, los que más nos van a defender y apoyar". Minutos después de estas declaraciones, las propias alumnas del colegio mayor han publicado un comunicado:

"Como colegialas del Colegio Mayor Santa Mónica, nos gustaría expresar nuestro apoyo al Colegio Mayor Elías Ahuja ante las declaraciones que se están haciendo. En primer lugar, queremos que quede constancia de nuestra disconformidad ante las palabras recogidas en los vídeos difundidos, totalmente inadecuadas e irrespetuosas. No obstante, es un vídeo viralizado que, sin entender su contexto, es fácil de malinterpretar", han indicado en el escrito, en el que también han indicado que, "a pesar de la gravedad de sus palabras, se trata de una práctica con tradición entre colegios mayores de la que se ha creado una impresión de odio y machismo que no puede estar más lejos de la realidad".

Chapu Apaolaza La Razón
Los zagales del colegio mayor Elías Ahuja aparecían gritando «putas» y otras cosas peores a las zagalas del Santa Mónica. Ya estaba el lío montado. Enviaron a Sánchez, a la Fiscalía y a Gabilondo de Gabilondia. Por poco no mandan a los GEOs y a las GEAs. Las inmundicias que se dicen en el vídeo de los colegios les resultan intolerables en una universidad. Mucho mejor les hubiera ido montando un ongi etorri en el campus de Vitoria o agrediendo a los chavales de Shacabat en la Autónoma de Barcelona.
La medida de la agresión no la da solamente el efecto que tiene sobre el agredido, pero da una impresión. El primer vídeo no contenía la respuesta de ellas. Después, se escucharon los cánticos de las muchachas haciéndoles burla de su fanfarronería. Estábamos ante un ritual de apareamiento, un rito iniciático y no sé qué otros ritos. 
Otoño, tiempo de berrea
Dijo que cada frase era «una violación» Rita Maestre, que entendía el exabrupto en toda su literalidad, ella que un día entró en una iglesia al grito de «¡Arderéis como en el 36», pero era una forma de hablar. No entender los ritos nos acerca a los animales. Apunta con razón Juan Soto Ivars que la comprensión del rito es lo que distingue una primera comunión del hecho de que un tipo mayor vestido con ropajes estrafalarios se acerque a tu hijo de nueve años y le dé vino en la boca. Las chicas parecían contentas. Se daba la paradoja de que las agredidas eran las únicas no ofendidas. Salió el Séptimo de Puritanía a protegerlas y como ellas no necesitaban ser salvadas, las insultaron hasta convertirlas a ellas también en machistas. Poseían una idea deformada acerca de la salud de las relaciones entre hombres y mujeres: el feminismo las convertía automáticamente en verdaderas pervertidas, mujeres apartadas de la rectitud de la moral aceptada por la comunidad. Los tertulianos les hacían el mansplaining acerca de lo que debe ser una señorita «come il faut». Intuyo que las prefieren metidas debajo del escritorio santiguándose, cerrando la persiana, llorando y llamando a la policía de la Igualdad: indefensas.
Otoño, tiempo de berrea 2
Si los mozos se hubieran cantado las mismas cosas en un escenario del Orgullo con tacones de plataforma, no hubieran despertado tantas suspicacias. Recuerdo una Drag que cantaba en el Berlín Cabaret y pedía que la insultaran y la gente le decía barbaridades de todo tipo en un pacto de lectura salvaje pero encantador. A ver si es que el escándalo consiste en que los protagonistas sean españoles, pijos, blancos y sobre todo católicos. La deliciosa contradicción consiste en que para la izquierda, el cristiano, si reza en la vigilia, es un meapilas y si se pone borde, un prescrito de la cultura de la violación. Si hubieran ido a la puerta del Santa Mónica a cantar con velas una oración por su Fe en Cristo, hubieran hecho chistes sobre la virginidad de ellas y sobre si los tocamientos en hombres producen ceguera. La primera noche que dormí en mi colegio mayor, llegué a las seis y diez de la mañana midiendo la calle de lado a lado como un auténtico topógrafo y tuve que llamar a la puerta del director para que me abriera la habitación. «Muy bien, Apaolaza», me dijo con sorna. No es que corriéramos el riesgo de escandalizar a nuestra madre; era nuestro objetivo. Si yo agarro a mi hijo diciéndole a una chica que va a no se qué en la capea, lo descoyunto. 
Igual es que hay una edad para escandalizarse de lo que se dicen los chicos antes de una capea y otra para preguntarse: «¿Dónde es la capea?»

sábado, 21 de noviembre de 2020

Indigno, antes y ahora

Mauricio Olite, Patxi Zabaleta y Adolfo Araiz (HB), reunidos en 1993 con Miguel
Sanz y Juan Cruz Alli (UPN-PP),  para negociar los Presupuestos de Navarra

Que si Maroto, que si "y tú más"... Pactar con ellos sigue siendo tan indigno hoy, como cuando el PSOE no estaba dispuesto a ello. No basta que políticamente tengan un pase, o hasta dos. No tienen legitimidad moral ni la tendrán hasta que no condenen -con claridad meridiana- el terrorismo, hasta que no dejen de organizar recepciones a terroristas, hasta que se desprendan de su carga viral y colaboren con la justicia. Hasta entonces, pactar con ellos será indigno.

¿Dónde estaban entonces? por Juan Ramón Lucas La Razón
Lastra y Simancas, rostros serios, con Bildu el 19.12.19
Hay una interesante derivada del insólito debate que el Partido Socialista ha encendido a cuenta del acuerdo presupuestario con EH Bildu que la semana pasada era un avance democrático de normalización, el lunes ya no era ni siquiera acuerdo, sino una aportación generosa y voluntaria de EH Bildu a la gobernabilidad de España, y hoy, a saber qué es, en qué parte del relato de la nueva normalidad política nos pondrá este gobierno tan de zigzaguear.
Concedamos a quienes sostienen y defienden la oportunidad de apoyarse en EH Bildu que no es ETA, ni la coalición se compone sólo de formaciones herederas de los movimientos de izquierda que la apoyaron, y que con su actitud está respondiendo a lo que durante décadas se ha exigido a la llamada izquierda abertzale: participar en las instituciones con la fuerza de sus votos. Concedámoslo y demos razón a quienes se apoyan en esas premisas para defender la pertinencia de su apoyo parlamentario a los presupuestos.
Los socialistas ya sonríen a Bildu (26.02.20)
Lo primero que uno tiene que aceptar, entonces, es que este argumentario no es nuevo. Todo eso era cierto también cuando Sánchez negaba y descartaba en el presente y en el futuro cualquier acuerdo con ellos. A pesar de ello, seguían trazando una línea roja. ¿Por qué? Porque en la gestión de lo público no sólo se fijan estrategias por razones políticas. Hay además un componente de legitimidad moral que impide determinadas actuaciones, que marca ciertos límites. Y el PSOE de Sánchez no era partidario de rebasar esos límites. Ni siquiera considerando que EH Bildu, ni es ETA, era plural, y entraba en las instituciones. 
Aizpurúa y Lastra, sonrisa en ristre (26.02.20)

Ahora han cambiado de opinión. Y la razón es evidente: por puro interés partidario, para sacar adelante unos presupuestos que sin sus compañeros de grupo parlamentario, ERC tampoco aceptaría. O más allá, como avanzó Iglesias la semana pasada, para conformar una mayoría de Estado, aunque sea con quienes están por derribar ese Estado. Lo curioso es que para justificar este paso utilizan aquel argumentario, que políticamente puede ser válido pero que moralmente no lo fue. Ahora sí. Ahora no sólo prima como justificación, sino que se devuelve contra los críticos al apoyo de EH Bildu dentro y fuera del PSOE.
Pactar con ellos es tan indigno hoy, como cuando el PSOE no estaba dispuesto a ello. No basta que políticamente tengan un pase, o hasta dos. No tienen legitimidad moral ni la tendrán hasta que no condenen el terrorismo, hasta que no dejen de organizar recepciones a terroristas, hasta que se desprendan de su carga viral, cuando pierdan ellos el miedo a ser menos de lo que son y de lo que fueron. Hasta entonces, pactar con ellos será indigno.
Enmiendas rechazadas EFE/Chema Moya
Y lo será por mucho que opinadores, medios y activistas sociales de izquierda asuman el nuevo discurso. Cuando el gobierno vetaba a EH Bildu, no se oyeron ni leyeron críticas al PSOE por su actitud intolerable o irresponsable, por su falta de músculo democrático. Y vale que lo haga el PSOE sanchista, porque pesa esa pobreza crítica a la que obliga la disciplina de partido. Pero que haya quien desde ámbitos de pensamiento o expresión abrace con entusiasmo militante lo contrario de lo que se defendía o no se criticaba no hace mucho, señalando además a quienes discrepan, denota una preocupante limitación de pensamiento o, aún peor, un inaceptable sometimiento a los postulados del poder.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

También en Zarauz, en "nuestra" playa

Una muestra de la presión proetarra (wikipedia). Hace 9-10 años que desapareció

"Soy periodista. Me habéis destrozado las manos, me habéis dejado ciego del ojo izquierdo, cicatrices por todo el cuerpo... Pero os habéis equivocado: no me habéis cortado la lengua". (declaración de Gorka Landaburu por el atentado que sufrió en su casa de Zarauz).
Pero en Zarauz -playa preferida por los navarros-, como en el resto del País Vasco y buena parte de Navarra, la presión proetarra era -y es-, a veces, más sutil.

Quizá otro mundo (por Juan Ramón Lucas, en La Razón)
Mantener la negativa les costó pedradas en el cristal, y una mañana una enorme pintada en la persiana con un insultante PAGA ESPAÑOLA

1975.10.18 Manuel L. Treviño GC
1981.06.16 Mª José G. Sánchez PN
Son tiempos duros para el comercio. Begoña tiene una tienda de ropa en Zarauz, que abre sin entusiasmo porque con esto de la pandemia no vende ni de lejos lo que acostumbraba. Tuvo que meter en ERTE a Chus, que era el alma del negocio, que hay que ver con qué alegría vende y cambia, casi como si la tienda fuera suya. Lleva toda la vida, desde antes incluso de los tiempos duros, cuando llegaban por Navidad los sobres que había que rellenar con billetes para los presos. 
A veces viene a visitarla, qué tal Begoña, aquí seguimos, mal, pero aguantando. 
Apenas le da a Begoña para el alquiler y le salva que Itziar (su hija) ya tiene trabajo y a Ramiro (su marido) le quedó buena pensión al jubilarse.
Hoy se ha dejado caer por la tienda Arantxa, la de la ikastola de su nieto Álvaro. Se la ve contenta, como si algo de verdad fuera a cambiar.
2007, contra la Ertzaintza
Arantxa era una de las clientes habituales que en los tiempos duros traía los sobres para los presos. Era lo normal. No había dramas ni presión: lo dejaba en la tienda, y el mismo día o un día después volvía a por él. Lo abría, miraba dentro, y entonces sonreía o torcía el gesto según le pareciera bien o creyera que era poco. Mucho nunca era, eso sí. A veces compensaba con algún pantalón o una cazadora o jerséis para alguno de los chicos.
Begoña no se metía en líos, ni hablaba de política, y siempre tenía una palabra amable para las madres afligidas y observaba un silencio prudente cuando sonaban las pistolas o los chicos ponían una bomba en Madrid o por ahí abajo.
Nunca se le pasó por la cabeza negarse a llenar el sobre. Total, sólo era una vez al año, y venía de clientas o conocidas. Tampoco hacía falta que le explicaran qué consecuencias tendría decir que no. No había más que mirar alrededor, a otros comercios y algún bar -al que, además del sobre, llegaba la carta de cobro del "impuesto revolucionario"-. Eso era peor. Pero a ella nunca le llegaría. Era prudente y no se metía en líos.
FOTO: PLATÓN LA RAZÓN
Hasta que le llegó. No fue Arantxa, sino el hermano mayor de uno de los chicos de la pandilla de Itziar. Begoña le dijo que no entendía y él respondió que como este año sabía que le había ido mejor, estaba seguro de que podría comprometerse aún más, hasta sacrificarse, como hacían los gudaris, sobre todo los presos.
Abrió el sobre, que no estaba vacío, y leyó la carta. Le estalló un fogonazo en el estómago. Era mucho dinero, no podía dar eso.
Al día siguiente se presentó Arantxa en la tienda. No tuvo que decirle nada: tienes que pagar, ahora se necesita, es un esfuerzo de todos y, los que podéis, tenéis que aportar. Paga, le espetó finalmente sin más, mientras comenzaba a deslizar la mano por la hilera de abrigos que acababan de llegar de temporada. Pagaron y no pasó nada. 
Hasta que volvieron. Y ellos respondieron pagando una vez más.También siguieron rellenando los sobres de Navidad. 
Pero ante la tercera carta decidieron plantarse.
Entonces sucedió algo sorprendente. De manera casi imperceptible, pero real, se formó en torno a ellos una extraña y sutil burbuja de aislamiento que dejó muchas de sus tardes sin conversación, ni visitas a la tienda. Mantener la negativa les costó pedradas en el cristal, y una mañana una enorme pintada en la persiana con un insultante PAGA ESPAÑOLA.
Finalmente, accedieron a pagar. Después de aquella tercera, ya no volvieron.
Cada Navidad regresaba el sobre para los presos. Unas veces era Arantxa, que recuperó sus visitas habituales para comprar para ella o los chicos; otras alguna otra clienta, o un conocido de su hija.
Hasta que hace unos años, cuando se acabó todo, dejaron también de traer los sobres. Seguía habiendo presos, pero debía de ser que ya no tenían tantas necesidades. O que quizá aquel dinero no iba para ellos, cualquiera sabe.
Palacio de Narros, lugar de veraneo de Fabiola
Con la paz, todo se relajó. O casi, porque la herida de aquellos meses de burbuja no terminó de curarse nunca. En el barrio muchos siguieron mirándoles raro, casi como forasteros. Las clientas no dejaron de venir, pero algunas hablaban menos o apenas conversaban.
Hoy ha vuelto Arantxa a la tienda. Parece contenta. En realidad, siempre se mostró segura y decidida, como esas personas que saben quiénes son y no temen, porque conocen sus fortalezas. 
Hoy tiene la euforia subida. 
Begoña, como tantos otros, dolorida por la incertidumbre del virus y a merced de presagios de cierre y abandono, le confiesa que se alegra de verla así. Y le pregunta, por conocer, por saber, hasta incluso por ver si puede participar de ese contento.
Es para estarlo, Begoña, le responde, tanto sacrificio no fue en vano. Ya estamos en Madrid, y tenemos la llave para empezar a construir el futuro. Esta vez sí.
Begoña le devuelve una sonrisa forzada. Y desea con todo su corazón que lo que le dice Arantxa -y ella no entiende muy bien- sirva, de verdad, para acabar con todo esto que la está arruinando. 
Pero intuye que no. Que su mundo sigue siendo diferente y que a ella le va a tocar seguir sufriendo.