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viernes, 26 de diciembre de 2025

Tradición y Revolución del Nacimiento

La tradición de los belenes
Luis Landa nos cuenta cómo colocar el Belén se ha ido convirtiendo en una tradición centenaria y Giorgia Meloni nos asegura que en este siglo XXI mantener esa tradición supone una verdadera revolución: la Revolución del Pesebre.
Se inician las fiestas navideñas y con ellas todo el entramado de tradiciones, viandas, turrones y reuniones familiares, en un ambiente repleto de luces, bolas, guirnaldas, velas, renos y muñecos de nieve. Pero, de modo especial, resurge el Belén con el Nacimiento del Niño Jesús. La mayoría de nosotros, de infantes, hemos vivido el paso a paso para confeccionar una representación navideña en nuestros hogares. Primero el musgo, después los puentes de los ríos por donde caminaban lavanderas, labriegos y pastores, el papel plata para simular las aguas, corcho que asemejaba las montañas; las figuritas de papel, más tarde de plastilina para finalizar comprando de barro y madera. Los Tres Magos se colocaban al final del trayecto y, conforme la fecha Noche de reyes era inminente, los acercábamos al portal con la estrella. Como figura clave, el Niño Jesús rodeado de la Virgen María, san José, la mula y el buey.

Belén Taconera
¿De dónde viene esta tradición? El primer nacimiento de Jesús se aprecia en un fresco del siglo III, obra de los cristianos que vivían recluidos en las catacumbas romanas. Posteriormente, entre los años 432 y 440, el papa Sixto III empezó a rememorar el nacimiento en la iglesia “Santa María en el Pesebre”, llamada la Mayor.

El fervor por estas costumbres fue creciendo y ya en el siglo VIII se festejaban obras teatrales en las plazas de Roma, pero con escenas, a veces, nada alusivas a la fiesta.

No obstante, se atribuye a san Francisco de Asís (1223) el inicio del belén católico, en Greccio (Lazio), colocado en una cueva con María, Jesús en el pesebre, heno, buey, asno y una serie de animales diversos, que representaban a judíos y cristianos en una sana convivencia. Francisco reunió a todo el pueblo y celebró la eucaristía, hoy llamada Misa del Gallo. Fue una forma de evangelizar a las gentes analfabetas. Santa Clara en el siglo XIII fue la que propulsó las escenas con personajes vivos de carne y hueso junto a las figuras, en Asís. Otro de los difusores de los belenes lo encontramos en el fundador de los Teatinos, san Cayetano, en 1535 en Thiene (Italia). Pero su mayor proliferación se encuentra en el Barroco (XVI-XVIII), donde los nobles se preciaban de tener un belén expresamente realizado para ellos. A nivel mundial resaltan los belenes napolitanos con ambiente y personajes vestidos de la época, mezclando lo religioso con lo profano.

En España es Carlos III (s. XVIII), rey de Nápoles, y su esposa María Amalia de Sajonia quienes traen los belenes a sus palacios y, más tarde, los cortesanos y nobles. Destaca el Belén napolitano del Príncipe en el Palacio Real, obra de prestigiosos imagineros, como el murciando Salzillo. En el siglo XIX se extiende a casi todos los hogares con figuras realizadas en barro y con bajo coste. Son muy populares el de Jerez de los Caballeros, el de Lozoya, Sevilla.

Navarra se considera tierra de belenes con representaciones de calidad de los siglos XVI-XIX (Recoletas de Pamplona), como lo atestigua Fernández Gracia en “La Navidad en las artes”. Hoy se prodigan, gracias a la Asociación Belenista de Pamplona que, durante todo el año, se dedica a preparar, montar e instalar en más de 42 rincones de la Comunidad Foral (Baluarte, Sarriguren, Burlada, etc) y de España (Toledo y Málaga), incluso en Polonia. Mención especial para la Asociación de Villava o la Virgen de Araceli de Corella con más de 20 belenes por la ciudad barroca con el lema “Un belén en cada hogar”.

Como diría San Agustín: “Celebremos el nacimiento no divino, sino el humano, porque Jesús se humilló, se amoldó a nosotros y nos convirtió en Excelsos como Él”.
Luis Landa El Busto es escritor e historiador

miércoles, 10 de diciembre de 2025

"La Vizcaya" ya no es oficial

Gardaláin y sus gentes hacia 1950
Dice Buenondo: "No nos mareemos, La Vizcaya. No hace falta “traducir” todo. En 1571 ya era así".
El problema es mucho más grave. "La Vizcaya" ya no aparece en la Toponimia Oficial de Navarra. Sólo aparece "Bizkaia".
"Para ser un buen navarro, hay que nacer en Aibar, layarás en la Vizcaya, las Vallés y el Coscojar". (Por Valeriano Ordóñez, Hombres y nombres de la jota navarra. DN 13-12-1989)
31 años después, Aibar es oficialmente Aibar/Oibar y el gentilicio, "oibartarra"; La Vizcaya es Bizkaia,  y Las Vallés se escribe oficialmente sin tilde (en vasco no hay tildes). Solo permanece indemne el Coscojar. Y contento que, de momento, no es "Koskojar". Pero todo se andará.
Si antes La Vizcaya era una desconocida, ahora es una inexistente

Vizcaya no es más que Vizcay + el artículo "a". Significa "el cerro", "la loma"  (el lomo, la espalda). En Navarra hay unos 150 topónimos que llevan el nombre de "cerro". En Noáin hay un "Cerro de Vizcaya", o sea, un "cerro del cerro". Vizcay es un arcaísmo que sólo se mantiene en topónimos y apellidos. En grafía batúa, "bizkai" es hoy "bizkar". Si esa espalda es la de un burro ("asto"), hablamos de asto-bizkar, el Altobiscar (sic) de nuestra infancia en Roncesvalles.
Respeto la grafía de Luis Landa en DN, pero no la comparto.


La Vizcaya/Bizkaia de Navarra, un valle despoblado, oculto y desconocido
Se trata de un territorio próximo a la Valdorba y parte del término municipal de Ezprogui, un valle en el que estaban establecidas las localidades de Arteta, Gardaláin, Guetadar, Irangote, Julio, Loya, Sabaiza, Usaregui y Usumbelz

Luis Landa DN 06/12/2025
Los etnógrafos han tenido y tienen el compromiso de investigar la cultura, las formas de vida y las manifestaciones grupales, religiosas y vivenciales de nuestros pueblos navarros. Porque en esas fuentes, en especial orales y de utensilios domésticos y agrícolas, se encuentran los orígenes de nuestros ancestros y cada vez quedan menos vestigios, sobre todo humanos.

Nos urge, por ello, hablar y entrevistar a personas mayores que vivieron in situ el día a día de pueblos y ciudades. Sin embargo, hay territorios donde nacieron y vivieron tradicionalmente, pero no consiguieron vivir los tiempos modernos, porque los echaron y sus pueblos desaparecieron. Nos referimos a La Vizcaya/Bizkaia de Navarra. J. M. Barandiaran y Recalde han podido rescatar las vivencias de estos primitivos pobladores.

EL VALLE DE LA VIZCAYA/BIZKAIA Y SUS ANTECEDENTES
El origen del término podría provenir de bizkar, que significaría parte prominente de algo, es decir, loma, porque este valle está rodeado de montículos o lomas. También uno de los arroyos lleva ese nombre y un topónimo de Aibar, donde existe una nevera restaurada.

El Valle de la Vizcaya/Bizkaia, próximo a la Valdorba y parte del término municipal de Ezprogui, ha sido habitado por las localidades de Arteta, Gardaláin, Guetadar, Irangote, Julio, Loya, Sabaiza, Usaregui y Usumbelz.

El nombre aparece en fragmentos, como lo describe Recalde, en 1571 “vecinos foráneos del lugar de Gardelayn fueron desolados en la Vizcaya de la valle de Aybar”. Según los censos de La Vizcaya del siglo XVIII, estos pueblos estaban gobernados por un diputado, elegido por los regidores de cada uno de los lugares. El historiador Román Felones también se refiere a las iglesias de los pueblos de La Vizcaya en el Libro de Rediezmo de 1268.

Finalmente, el filólogo Michelena dice que “bizcai” se referiría a lugar elevado. Florencio Idoate, al dar un listado de zonas despobladas de Navarra entre los años 1534 y 1800, incluye los pueblos de La Vizcaya. En todos estos casos, la palabra “desolado” se referiría a zonas de aislamiento y de máxima pobreza, viviendo en condiciones infrahumanas.
Romería de la Virgen de Irangoiti en Sabaiza con el sacerdote Eugenio Lecumberri

SITUACIÓN GEOGRÁFICA
En un principio pertenecía al valle de Aibar, sin embargo el investigador Juan J. Recalde afirma: “En abril de 1841 aparece como organización administrativa independiente y contribuye a las arcas forales con doce libras entregadas a las alcabalas”. (Tributo del tanto por ciento que pagaba el dueño”). En 1900 poseía unos 500 habitantes.

Está bañado por varios arroyos, como el Vizcaya y por regachos como Gardaláin y Arteta, que se unen al Moriones y Armillos para desembocar en el río Aragón, cerca de Cáseda. Al estar ubicado entre dos barrancos y caminos pedregosos han hecho de este valle un lugar aislado y solitario. Posee muchos pinares, escasas tierras cultivables y de poca calidad con una extensión de 3.500 hectáreas.

Como consecuencia de estas condiciones, llegó la despoblación y nunca consiguieron la electricidad ni el agua corriente. En la década de los 60, Sabaiza tenía 9 casas, Guetadar 7, Gardaláin 7, Arteta 3, Usumbelz 2, Loya 2, Julio 2 y en Irangote solo vivía el ermitaño. En el año 1965 se marchó de Sabaiza a Pamplona el único vecino del valle que había sobrevivido.

SUS PROPIETARIOS ERAN DUQUES, MARQUESES Y CONDES
Los vecinos, las casas, las tierras, las hierbas y las aguas pertenecían a distintos nobles, de manera que no vivían en el lugar, aunque poseían algunos palacios. Guetadar, Julio, Arteta y Usumbelz pertenecían a un mismo dueño, en origen Luis de Beaumont, señor de Mendinueta. Gardalain provenía de los Azpilcuetas, dueños del palacio-fortaleza de Sada y parientes de San Francisco Javier; más tarde dependía del barón de Beorlegui y marqués de Vadillo, funcionario destacado de Carlos II y Felipe V.

Loya era de la familia Chufa-Loya y últimamente de los Ubani. Sabaiza pertenecía a la familia Oger de Agramont, que se lo traspasó al duque de Granada de Ega y en 1924 es vendido a Saturnino Berrio de Tafalla. Irangoiti era una multipropiedad de 35 vecinos foráneos.

Toponimia se ha cargado to-
das Las Vizcayas de Navarra
 Por eso los lugareños eran renteros y caseros; existía una gran movilidad y rotaban por el valle, cuando el contrato finalizaba se mudaban a otra propiedad con mejores situaciones de vida. Las casas donde vivían los arrendados estaban en unas condiciones precarias con tejados de losa y tablas, sin comodidades, de manera que los nobles apenas las arreglaban. Vivían muy pobremente, casi en la miseria. Decía un vecino: “Por las noches yo veo las estrellas desde la cama” ya que había agujeros en el techo. Otro lugareño: “En el crudo invierno yo me despierto a la otra mañana cubierto de nieve”. (No estamos hablando de la época medieval, sino de principios del siglo XX). Nunca llegó la mecanización de la agricultura y trabajaban con la mano del hombre y de la mujer, ayudados con la fuerza animal.

Su actividad económica era la ganadería y la agricultura. Sin embargo en la zona se encontraban cinco palacios con derechos de hidalguía, de manera que, del siglo XV al XX, existían continuos pleitos con los arrendados.

POBRES, PERO ALEGRES Y CONTENTOS
La pobreza y el aislamiento no fueron óbice para que vivieran en hermandad, con el trueque de sus alimentos, a pesar de las sendas estrechas y embarradas entre los poblados. Distaban de los núcleos urbanos de Sangüesa y Tafalla. Dicen que la hambruna agudiza la mente y, efectivamente, encontramos poesías, coplas improvisadas cantadas en las rondas de las mozas o de modo irónico al son de una guitarra, bandurria o acordeón. Incluso hablaban entre ellos con vocablos exclusivos de la zona. “Dicen que voy a la moda/ qué contenta está mi madre/ me hace pantalones nuevos/ con los viejos de mi padre”. “No es tonta sino entendida/ chica que tiene dos novios/ si una vela se le apaga/ la otra queda encendida”.

Guetadar hacia 1950 con el palacio convertido en refugio

COMPRA DE LA DIPUTACIÓN
Los poblados, al tener menos de 9 casas, no pudieron hacer frente a la electricidad, ni al agua corriente, que conllevó una inminente despoblación.

Por tanto, en 1944 la Diputación Foral de Navarra compró los pueblos de Arteta, Julio, Guetadar y Usumbelz. Este hecho precipitó la venta del resto de lugares, que se vendieron entre los años 1960 y 1969 también a la Diputación con la plantación de millares de pinos. Todos ellos pertenecían a Val de Aibar hasta 1841 y al municipio de Ezprogui desde esa fecha y hasta su venta en el siglo XX.

Sabaiza
El valle había quedado completamente despoblado. La historia de La Vizcaya había sido quebrada. Como el nacimiento de los poblados había sido mal parido, fruto del dominio de los nobles, también el final se auguraba desdichado. La alta alcurnia se preocupó solo de cobrar impuestos y convertir el valle en un valle de lágrimas, sin importarles las condiciones de vida de los renteros, sin preocuparse de las viviendas que se caían a trozos, sin vender las tierras a un precio módico. Fue una muerte precipitada.

Los hombres y mujeres tuvieron que renunciar al origen, a la tierra donde les vio nacer y desplazarse con la familia, como emigrantes, a otras zonas desconocidas y comenzar una vida nueva. Los guardas forestales fueron arrinconando a los renteros hasta obligarles a marcharse. Los renteros decían: “Aquí no hubo embalse ni pantano, pero nos echaron como si hubiera habido”.

Hoy se levanta el refugio juvenil de Guetadar del Gobierno con 60 camas en plena naturaleza. Hay una finca con 200 ejemplares de Jaca Navarra, un rebaño vacuno de raza Pirenaica y corderos de raza ovina de Latxa. (En Gardalain también hay una colonia ilegal de jóvenes que tratan de recuperar las casas desde la ruina al igual que lo hacen en otros lugares de la zona de Aoiz).

Sabaiza a finales de los años 60

LOS DESCENDIENTES QUIEREN REMEMORAR LA HISTORIA
Ahora los hijos de esas familias quieren revivir la historia de sus antepasados, rememorar sus tradiciones. Para ello la Asociación de Amigos de la Vizcaya trata de recuperar el espíritu de este valle, recogiendo y catalogando todo el patrimonio material e inmaterial. Se ha publicado La Bizkaia de Navarra. Memorias de un valle en silencio de Juan Recalde, que recoge la historia y etnografía, una canción titulada “Bizkaia”, que ya se ha convertido en un himno y un museo etnográfico. Son elementos básicos para recuperar y transmitir todo este legado a las siguientes generaciones. Año tras año, desde 1966, los descendientes se reúnen en romería en Sabaiza, pasean por sus bosques a la Virgen de Irangoiti, celebran en la iglesia una Eucaristía, así como una comida de hermandad.

La Vizcaya (Bizkaia) quiere despertar de ese silencio y volver a iniciar lo que nunca debió de desaparecer. La hidalguía ha cobrado sus rentas y se ha olvidado del valle. Con ilusión y alegría vuelven los descendientes a visitar las ruinas de las viviendas, porque las vivencias de sus padres nunca serán borradas.
Despoblados en la Vizcaya de Aibar en prog. fiestas 2010