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jueves, 16 de septiembre de 2021

Joseba Arregi, un traidor con principios


Un traidor con principios                                                                        por Andoni Unzalu
Hay personas que, aun cuando se van, no se van del todo, queda el eco repetido de lo que dijeron o la sombra alargada de sus actos. Joseba Arregi es una de estas personas.

Se crio en una familia nacionalista militante, sí, en una de esas pocas familias nacionalistas durante la dictadura. Y durante los últimos años el nacionalismo en su conjunto le ha señalado como traidor con especial inquina.

Llegados aquí, debemos diferenciar entre el converso y el traidor. 

El converso no asume su pasado, te dice: «éste que soy ahora no es el que fui; aquél era otro, diferente». La esencia del converso es no asumir la responsabilidad de su pasado. Entre nosotros hemos tenido, al menos, dos oleadas de conversos, en los 70 con los «demócratas de toda la vida» y en la actualidad con los de «yo siempre he condenado el terrorismo de ETA».

La soledad de Joseba
El traidor, en cambio, no renuncia a la responsabilidad de su pasado; se mira a sí mismo, reconociéndose errado, equivocado, cambia de posición. Sin personas así seguiríamos viviendo en tribus. Joseba era de estos últimos, de los traidores recios y honestos; nunca intentó ocultar su pasado ni su responsabilidad y, cuando su militancia nacionalista le situó en la tesitura de elegir entre identidad o igual ciudadanía para todos, escogió la democracia liberal y los iguales derechos de ciudadanía.

Joseba no traicionó al PNV, se traicionó a sí mismo, a su pasado, asumiendo el precio anticipado por ello. Yo creo que esa ruptura con su familia nacionalista la vivió como un desgarro personal. Sabía muy bien que seria expulsado al ostracismo, sabía que los suyos romperían toda relación con él. Sabía que esa ruptura no iba a provocar un debate de argumentos, sino que lo envolvería en una capa de odio irracional para anular cualquier razonamiento.

PNV, EA y ETA
A partir de ese momento, y hasta el final, Joseba ha tenido que beber hasta las heces la soledad amarga del que es repudiado por los suyos. Una soledad a la que ha hecho frente con la defensa del individuo como soberano de sí mismo, con la firme e inamovible defensa de sus principios que anteponían al nacionalismo la vida y la libertad. La imagen que yo tengo de Joseba es la de un hombre solo que no se pudo permitir rendirse. Creo también que su fe profunda de cristiano culto le sirvió como báculo para soportar la soledad impuesta.

El pacto de Estella fue una catástrofe personal para Joseba que le anulaba cualquier atisbo de justificación del nacionalismo gobernante, pero sobre todo porque le planteaba de forma cruda el mayor problema entre su partido y él: la connivencia con el terrorismo de ETA. A partir de este momento el terrorismo se convertirá en el eje central de sus reflexiones, el terrorismo y la connivencia del resto del nacionalismo.

Esta connivencia es para Joseba casi un dolor personal. Cuenta en uno de sus escritos que, cuando detenían a un miembro de ETA en Francia, salía rápidamente el portavoz del Gobierno vasco a manifestar su protesta. Y con una sinceridad y honestidad poco comunes añadía: "el portavoz era yo". 

Otegui, Arzalluz y Garaicoechea
El terrorismo se convierte para Joseba en un dolor personal que no cesa porque le une a su pasado nacionalista y mira con asombro, y también con estupor, que la sociedad vasca en una gran parte cierra los ojos al dolor ajeno y mira para otro lado, convirtiendo el acto terrorista en una cosa banal y repetida.

Joseba criticará de forma repetida la perversión de justificar desde los objetivos políticos el acto violento de arrebatar la vida de un conciudadano. Pero será la defensa de las víctimas del terror el tema recurrente, casi obsesivo, de Joseba durante los últimos años. La defensa cerrada de su presencia en la memoria colectiva. Para Joseba la víctima no es sólo una persona injustamente asesinada, tiene un valor político en la defensa de la libertad y la denuncia del asesino. Para Joseba la defensa de la memoria de la victima y su función social de recordatorio permanente del pasado terrorista es fundamental para la convivencia cívica. Parece decir, si olvidamos a las victimas, si olvidamos a los asesinados, los asesinatos no habrán ocurrido, los asesinos dejarán de serlo.

Leonardo Sciascia
Yo no he conocido soledad más dolorosa que la de Joseba en la defensa de las victimas de ETA. Convirtió la soledad del expulsado extramuros en una enorme fortaleza interior que le confirmaba la verdad de su razonamiento. Cuenta Leonardo Sciascia en la introducción de "Historia de la columna infame" que, incluso en los peores momentos de la humanidad, cuando casi todo el mundo se vuelve loco y camina por la senda del error, siempre hay algunas personas honestas que se niegan a cerrar los ojos y reconocen la verdad. Joseba era uno de estos.

Cuando la siguiente generación de vascos acumule suficiente valor para mirar de frente nuestro pasado terrorista, dirán sin duda: "Todos no fueron así". Y la presencia de Joseba surgirá de nuevo defendiendo la vida, la libertad y la presencia de las víctimas en la memoria colectiva, diciendo con humildad, esta vez sí, esta vez vamos a superar nuestro pasado.

2 comentarios:

Pérez de Zabalza dijo...

Cuanta gente deberia mirarse en esta persona

Anónimo dijo...

Gracias Pachi, buen articulo¡¡
Rafa