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jueves, 2 de noviembre de 2017

La calleja de los toros, arranque del encierrillo

1926, julio.De I a D: Puerta del pastor; puerta de los toros; plaza de Arriasco, al fondo; 
valla que se abría y cerraba el paso, hacia el observador. Esta modesta vía, llamada
 por el pueblo "Calleja de los toros", no ha sido (hasta tiempos recientes) digna de ostentar un título oficial
Y comentarios en Face tan bonitos como esos
1. Recuerdos
Como ya conté, hablando de las murallas, mi amigo Francisco era un enamorado del encierro. Seguramente porque vivía en Mercaderes. Fue él quien me metió la afición. 
Íbamos, a mediados de los 50 -con 6 ó 7 años- a los corralillos de Santo Domingo, cuando ya estaba puesto el vallado, e imitábamos el sonido del cohete (¡fsssshiiiii pum!) y salíamos zumbando, cuesta de Santo Domingo arriba, dirigiendo con cualquier papel -que hacía de periódico- (¡jeeé, toro!) a imaginarios morlacos.
Un día quisimos investigar el territorio -desconocido para nosotros- del encierrillo, los corrales del Gas (1)... y cruzamos el puente de la Rochapea (4), llegando enseguida a una plaza empedrada (3) con muchos cantos (‘Arri-asko’). 
Imagen del Sitna, de finales de los 60
Atraídos por el misterio, descubrimos que en una de sus esquinas desembocaba un sombrío y tenebroso callejón (2, que va de 3 a 1). 
Nos tranquilizó un poco ver que había algunos burladeros. Pero olía a miedo. Los toros tenían que estar cerca, al otro lado de la tapia de nuestra derecha. Nos asustamos de verdad cuando vimos algunas marcas de pezuñas, de astas en algún burladero... y nos daba mucha jilis andar por ahí. 
Casi al final de la calleja, justo enfrente de la puerta por la que suponíamos que salían los toros, había (uf, qué alivio!) una casa de varias -cuatro, creo- alturas.
Entramos (en aquellos años los portales estaban abiertos), y en cada planta había una ventana desde la que -¡oh maravilla!- se veía divinamente a nuestros -admirados y temidos- toros.
Aquella casa era un chollo y, a partir de entonces, "la calleja de los toros" con sus burladeros, los corrales del Gas y -sobre todo- aquella casa maravillosa, se convirtieron en nuestro lugar de aventuras sanfermineras.

2. TOROS (Calleja de los) José J. Arazuri “Pamplona, calles y barrios (T. III, Nov 1980)
Es el título, no oficial, de la calleja por la que corren los toros en el Encierrillo. La Calleja de los Toros comprende desde la puerta de los corrales, por la que salen las reses, hasta la plaza de Arriasco. El resto de esta calleja, o sea desde la dicha puerta de los corrales hasta la antigua caja de la vía del Plazaola, hoy comienzo de la calle de don Bernardino Tirapu, es «huerta de Chancharrana». Junto a esta calleja está la Calleja de Chancharrana, que cuando escribimos el primer tomo de Pamplona. Calles y Barrios desconocíamos su situación.
Ahora nos queda una duda: ¿dio la huerta el título a la belena, o ésta a la huerta?
Hoy en día la calleja de los toros ha quedado integrada en los nuevos corrales del Gas
3. "OTOÑO EN EL GAS" (DN 29.03.2005)
Así tituló Jesús Lasterra este óleo sobre lienzo pintado en 1960. Se trata de la ya desaparecida calleja de los toros que cada noche, hasta el 2003, recorrían los morlacos en los primeros metros del encierrillo. Para enmarcar el paisaje están los edificios del Paseo de Ronda que perfilan el horizonte de la Pamplona más antigua. Hoy en día la calleja de los toros ha quedado integrada en los nuevos corrales del Gas, inaugurados en junio de 2004. Por ello la parte inferior del cuadro de Lasterra tiene poco que ver con la imagen actual, sin embargo, ahí están, de nuevo marcando el perfil, los edificios con sus fachadas de colores del Paseo de Ronda, antes de espaldas al río y ahora vueltos hacia él.
Comparando con la foto 2ª, vemos que la 'calleja de los toros' coincide con el pasillo que 
recorre el visitante, que es también la salida de la manada para el encierrillo
4. Cuando cambió la calleja de los toros (DN 04.06.2014)
A.O. Pamplona
Algo más de un siglo estuvieron en uso los antiguos corrales del Gas, entre 1899 y 2003, de donde partía cada noche de San Fermín el encierrillo de los toros. Y como parte integrante de ellos y también de la carrera nocturna, la calleja de los Toros también pasó a la historia a comienzos del actual siglo, cuando los viejos edificios que la conformaban fueron derribados para propiciar el desarrollo del nuevo barrio de la Rochapea. Por aquella estrecha calleja discurrían los primeros metros del encierrillo, justo antes de cruzar el puente de la Rochapea para culminar la carrera en los corrales de Santo Domingo. 
En la primavera de 2004 el Ayuntamiento de Pamplona derribó los antiguos corralillos y con ellos desapareció también la calleja de los Toros, en la que ya se levantaba únicamente un edificio de viviendas que sería demolido posteriormente, en 2006. Perdido ya todo su encanto, la antigua calleja pasó a formar parte de los nuevos corrales construidos más cerca del cauce del río Arga, pegados a la plaza de Arriasco, y lo que antes fue una calle rodeada de edificios, se convirtió en el pasillo por donde el público accede a los nuevos corrales del Gas para ver los toros de la Feria. Tendrían que pasar todavía otros dos años para que el único edificio en pie de la calleja de los Toros, donde se ubicaban los portales 3 y 3 bis, de planta baja y cuatro alturas, cayera derruido por la excavadora. Aquella demolición tuvo lugar en el mes de marzo del año 2006.

5. Iñaki Lacunza canta al Encierrillo
El encanto y misterio del Encierrillo no pasó desapercibido para Iñaki Lacunza, quien le dedicó este impresionante tango:

martes, 15 de octubre de 2024

Arriasco (muchas piedras)

"Jugando al encierro en Arriasco". Nicolás Ardanaz. Años 50
"Harri" es piedra; "asko" es mucho. Muchas piedras. Nicolás Ardanaz no sólo quería fotografiar la escena de los niños, sino también el suelo empedrado. 
1900 ca. Fiestas en Arriasco. Miguel Goicoechea
Nos tienen aburridos con grafías mentirosas ("Txantrea") o extrañas a Navarra ("Etxabakoitz"; "Echavacoiz", en romance navarro, se escribe así desde 1400) y tienen muerta de pena y sin placa a esta plazuela con un nombre tan sonoro como auténtico. ¿A quién puede molestar que llamemos, oficialmente, a este rincón donde comienza el Encierrillo "Plazuela Arriasco - Arriasko Plazatxoa"?
No es hasta 1980 cuando aparece "Arriasco" en la hemeroteca de Diario de Navarra, coincidiendo con la publicación de "Pamplona, calles y barrios" de José Joaquín Arazuri. Fue Arazuri quien la rescató del olvido.
A la Calleja de los Toros hasta le pusieron su letrero y luego ha quedado integrada en los nuevos corralillos. En cambio, de la plazuela de Arriasco apenas si quedaba un triangulico de piedras, que no da ni para llamarla Arriguchi (pocas piedras). Y hoy están ocultas por la yerba. 
1925. Plaza Arriasco, Rochapea. Leoncio Urabayen
Impresionante el trabajo de Arazuri, quien con tristeza nos relata lo que fue en el pasado esta plaza, en contraste con lo que ha quedado de ella -ni siquiera su nombre en un letrero- en los últimos tiempos.
Echa una ojeada al álbum "Calleja de los Toros y Plazuela de Arriasco" para ver todos los detalles de esta Pamplona que se nos va ante nuestros ojos.
1929 Niños en Arriasco J.Galle Gallego
Esto escribió Arazuri, allá por 1979-80:
Pasando el puente de la Rochapea, a mano izquierda, en el comienzo de la calle de Errotazar, existe una plazoleta irregular, de suelo pedregoso, con múltiples y profundos hoyos, vergonzoso erial (1979-80) en el barrio más castizo y con más historia de todos los existentes en la vieja Iruña. Entrando hasta el fondo de esta plazoleta, a mano derecha, está el comienzo de un largo callejón, denominado popularmente «Calleja de los Toros», que llega hasta la calle de don Bernardino Tirapu. Esta plazuela, generalmente solitaria, sólo se ve concurrida en las noches de las Fiestas por los curiosos que en gran número acuden a contemplar la veloz carrera de los toros en el «Encierrillo».
1934. Rebaño de ovejas, algunas en el asca de Arriasco. (Desconocido)
El Ayuntamiento no se ha dignado conceder título a esta modesta plazuela, y si le hemos asignado el de Errotazar es por ser el que ostenta en los últimos planos de la ciudad. A través de los siglos a esta plazuela se le ha denominado con los siguientes nombres:
1. Plazuela del matadero de carnes. Al comenzar en 1588 el sacrificio de reses en el nuevo matadero municipal de la Rochapea, situado entre la orilla derecha del Arga y un espacio trapezoidal, éste fue bautizado con el nombre de Plazuela del matadero de carnes. El título persistió hasta finales del siglo XVIII o principios del XIX que es cuando aparece con la nueva denominación de:
1962. Pavimentación de  Arriasco, en la Rochapea. (Desconocido)
2. Plazuela del Arrasco o del Arriasco. Título procedente del vasco arri, 'piedra', y asko, 'mucho' ("mucha piedra"). Este título persistió hasta la tercera década del siglo XX. Hoy lamentamos profundamente se haya perdido este bonito topónimo, máxime cuando el de Errotazar está conservado. 

3. Plazuela de la Guardia Civil. 
1927 Inundación de la Rochapea. Estado de la -entonces llamada- plaza de la Guardia Civil 
El 18 de junio de 1920, se instaló en la casa de los pastores el cuartelillo y viviendas de la Guardia Civil de la Rochapea. En esta casa de los pastores, que sigue siendo en la actualidad propiedad del Ayuntamiento, estuvo la benemérita prestando sus servicios hasta las 12 horas del 22 de agosto de 1975.
Durante aquellos 55 años que persistió aquel cuartelillo en la casa de los pastores, los vecinos del barrio denominaron a la plazuela con el título de Plazuela de la Guardia Civil.
Hoy las hierbas ocultan las piedras
4. Plaza de Errotazar. Al desaparecer el cuartelillo, se olvidó el título anterior y ahora le llaman a la plazuela con el nombre de Errotazar. Si nuestros sesudos ediles se preocupasen un poco más de nuestra pequeña -pero entrañable- historia local, hace años habrían reconocido oficialmente el antiguo topónimo de Arriasco (o Arrasco), así como el de la próxima 'calleja de los Toros', títulos que, cual hijos de mala madre, no están (en 1979-80) reconocidos.
1926, julio. De I a D: Puerta del pastor; puerta de los toros; plaza de Arriasco, al fondo; 
valla que se abría y cerraba el paso hacia el observador.
La 'calleja de los Toros' ya fue reconocida en su día y hoy ha quedado integrada en los nuevos corralillos. Pero la plazuela de Arriasco está pidiendo a gritos una limpieza para que se vuelvan a ver las piedras a las que debe su nombre y una placa que desolvide tan entrañable topónimo.
Vamos, Asirón, que hacer algo bien no te va a quitar votos.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Plazuela de Arriasco (por J.J. Arazuri)

Rochapea vieja Julio Altadill 1895
A la Calleja de los Toros hasta le pusieron su letrero y quedó integrada en los nuevos corralillos. En cambio, de la plazuela de Arriasco apenas si queda un triangulico de piedras, que no da ni para llamarla Arriguchi. Impresionante el trabajo de Arazuri, quien con tristeza nos relata lo que fue en el pasado esta plaza, en contraste con lo que ha quedado de ella -ni siquiera su nombre en un letrero- en los últimos tiempos.
Echa una ojeada al álbum "Calleja de los Toros y Plazuela de Arriasco" para ver todos los detalles de esta Pamplona que se nos va ante nuestros ojos.
Buscaba, hace unos días, alguna foto del encierrillo por la Calleja de los Toros y -¡mira por dónde!- Ardanaz casi me la regala. La imagen de estos niños jugando al encierro, subidos al vallado, con la tapia del final de la Calleja, y las piedras, muchas piedras (arri asko) de la Plazuela de Arriasco lo compensa con creces.
Estoy convencido de que, si Ardanaz (1910-1982) hubiera sabido el destino que iba a tener esta plazuela, la habría titulado "Jugando al encierro en Arriasco". La toma demuestra que Nicolás no sólo quería sacar la escena de los niños, sino también la textura del suelo empedrado. 

Desde la puerta del, hoy, Club de Remo, una señora contempla entretenida el juego de los niños.
Esto escribió Arazuri, allá por 1979-80:
Pasando el puente de la Rochapea, a mano izquierda, en el comienzo de la calle de Errotazar, existe una plazoleta irregular, de suelo pedregoso, con múltiples y profundos hoyos, vergonzoso erial (1979-80) en el barrio más castizo y con más historia de todos los existentes en la vieja Iruña. Entrando hasta el fondo de esta plazoleta, a mano derecha, está el comienzo de un largo callejón, denominado popularmente «Calleja de los Toros», que llega hasta la calle de don Bernardino Tirapu. Esta plazuela, generalmente solitaria, sólo se ve concurrida en las noches de las Fiestas por los curiosos que en gran número acuden a contemplar la veloz carrera de los toros en el «Encierrillo».
El Ayuntamiento no se ha dignado conceder título a esta modesta plazuela, y si le hemos asignado el de Errotazar es por ser el que ostenta en los últimos planos de la ciudad. A través de los siglos a esta plazuela se le ha denominado con los siguientes nombres:
1890ca. Tras el puente el Matadero Municipal. A la derecha la antigua plaza del Arriasco, 
hoy llamada, no oficialmente, plaza de Errotazar. Primer plano, las lavanderas.
1. Plazuela del matadero de carnes. Al comenzar en 1588 el sacrificio de reses en el nuevo matadero municipal de la Rochapea, situado entre la orilla derecha del Arga y un espacio trapezoidal, éste fue bautizado con el nombre de Plazuela del matadero de carnes. El título persistió hasta finales del siglo XVIII o principios del XIX que es cuando aparece con la nueva denominación de:

2. Plazuela del Arrasco o del Arriasco. Título procedente del vasco arri, 'piedra', y asko, 'mucho' ("mucha piedra"). Este título persistió hasta la tercera década del siglo XX. Hoy lamentamos profundamente se haya perdido este bonito topónimo, máxime cuando el de Errotazar está conservado. (Nota de Desolvidar: hoy, casi cuarenta años después del libro de Arazuri, queda un pequeño triángulo de piedras. Ver imagen de la derecha y pinchar en el enlace.

Plaza de Arriasco 1925 Leoncio Urabayen
Casa de los pastores. El caserón que actualmente ocupa el lado noroeste de esta plazuela, y que en su modesta pero amplia fachada exhibe orgullosa el escudo de Pamplona, tiene la siguiente historia: 
  • Hay datos de 1640 (1. IDOATE, Florencio. «Pregón». San Fermín 1952) que atestiguan que en dicho lugar existía un lavadero de lanas propiedad de las monjas Agustinas Recoletas. Como ya hemos dicho al hablar del «prado de la lana» en la calle de Errotazar, el Ayuntamiento instaló, en el mismo siglo, otro lavadero de lanas.
  • De datos posteriores se deduce que las Recoletas construyeron en aquel solar nueve casas, que fueron destruidas en 1813 durante el sitio que padeció la plaza de Pamplona.
  • Desde septiembre de 1823 hasta abril de 1828, este prado, entonces propiedad del Hospital, fue convertido en cementerio provisional. El 6 de diciembre de 1828 el Ayuntamiento acordó trasladar los restos mortales de aquel cementerio al de Berichitos. El traslado se efectuó el 12 de febrero de 1829 en tres carros de bueyes, siendo acompañados los restos por el Ayuntamiento en pleno y el secretario que levantó acta de la ceremonia (2. Arch. Mun. Actas n. 81, fol. 6).
    Plano de 1900-1915
  • El 10 de abril de 1826, el Ayuntamiento (3. Ibidem. Escrituras, leg. 61,10 de abril de 1826) compró aquellos terrenos en favor del Ramo de Carnicerías por 5.000 pesos «...para fabricar en él una corraliza capaz para el acuvillamiento (acubilamiento) del ganado lanío de dichas carnicerías». Después construyó la casa de los pastores.
  • En 1861, en el fondo de aquella corraliza se instaló la Fábrica de Gas.
  • Hacia 1882, una parte de los terrenos comprendidos entre la fábrica de gas y la plaza del Arriasco se dedicaron a vivero municipal, hasta la tercera década del XX.
  • Desde los últimos años del XIX, los solares de la antigua fábrica de gas se convirtieron en corrales de toros y, desde 1899, se inició el nuevo espectáculo presanferminero de los desencajonamientos.
  • A principios del XX, vivía en la casa de los pastores el alcalde pedáneo de la Rochapea. En su puerta estaba de servicio permanente el señor Pantaleón, guarda municipal del barrio. En aquella lejana época, cobraban los impuestos municipales sobre los artículos de comer, beber y arder que entraban en el barrio, tres guardas rurales que el pueblo los distinguía por sus apodos: «el Santo de la Cueva», «el Cristo Alzado» y «el Caparrota».
Plaza de Arriasco Fiestas com. XX M. Goicoechea
Fiestas barriales en la plaza del Arriasco. El antiquísimo barrio de la Rochapea, a excepción de algunas fincas aisladas, estaba compuesto, en su mayor parte, por casas habitadas por hortelanos y unos pocos industriales, situadas en las dos únicas calles del barrio, las llamadas Camino Viejo de la Rochapea y Camino de Errotazar, y una plazuela, la del Arriasco, que resultaba ser como las plazas de los pueblos, el lugar de reunión y el punto de celebrar los festejos populares.
El Patrón de la Rochapea es San Lorenzo, y en su onomástica se celebraban sus fiestas. Ya de víspera se instalaba en la plazuela, junto a la casa de los pastores, un tablado adornado y cubierto de ramas verdes entre las que destacaban ricos piporropiles, que algunos años los colocaban imitando la forma de parrilla. Desde aquel improvisado quiosco, durante muchos años, alegró las fiestas con su gaita el señor Facundo, y posteriormente su hijo. Un trío que también se hizo popular fue el compuesto por los gaiteros Nicolás Virto y Jesús Lumbreras, con el tamboritero Prudencio Virto.
Maordomo Foto M. Goicoechea
El alma de las fiestas la componían los mayordomos, que en número de tres eran elegidos todos los años, uno hortelano y dos sirvientes o criados: Igualmente se nombraba una mayordoma de entre las hortelanas y dos de entre las criadas. Las mayordomas se encargaban de adornar las boinas de los mayordomos con cintas y escarapelas de colores. Los mayordomos y mayordomas tenían el privilegio de bailar entre ellos, como únicos danzantes, los tres primeros bailes, antes de iniciarse la danza general.
El programa de las fiestas era el siguiente:
  • Día 9 de agosto. Víspera del Santo, de 8 a 10 de la noche se disparaban cohetes y se encendían hogueras por diversos puntos del barrio.
  • Día 10. A las 8 de la mañana, misa solemne en el altar mayor de su parroquia de San Lorenzo. A esta ceremonia acudían, precedidos por los mayordomos y gaiteros, todos los vecinos del barrio, alegrando el ambiente con cohetes y música. Después del Santo Sacrificio, recorrían alegremente las calles de la ciudad, visitando primeramente al Alcalde y, después, a los principales propietarios de fincas en la Rochapea, así como algunos periodistas.
    San Lorenzo a fines del XIX Foto de Roldán en el AMP
  • Los días 10, 11 y 12, de cinco y media a ocho se celebraban bailes al son de la gaita, siendo el número cumbre el baile de la era. A partir de las ocho y media y hasta las once de la noche continuaba el baile amenizado por violines, bandurrias y guitarras. Estos últimos bailes eran los más animados por la gran concurrencia de vecinos de la ciudad, de toda clase social, que bajaban a la Rochapea a divertirse y cenar las suculentas magras, los pollos asados y los ricos rellenos.
  • El día 12 los mozos del barrio recogían gallinas de las casas en donde había mozas, con cuyas aves celebraban una opípara cena.
Pasadas las fiestas los mozos organizaban una cena en Casa Marceliano. En los postres hacían cuentas, pagaban a escote y.… a esperar el próximo año.
Una jota que se cantaba en aquellas fiestas era:
«Al cantarle a San Lorenzo 
es el verso una oración 
que todo el barrio dedica 
a su glorioso Patrón»
Inundación de la Rochapea. Estado de la entonces llamada plaza de la Guardia Civil en 1927.
3. Plazuela de la Guardia Civil. El 18 de junio de 1920, se instaló en la casa de los pastores el cuartelillo y viviendas de la Guardia Civil de la Rochapea. En esta casa de los pastores, que sigue siendo en la actualidad propiedad del Ayuntamiento, estuvo la benemérita prestando sus servicios hasta las 12 horas del 22 de agosto de 1975.
En 1999 se cumplió el deseo de Arazuri
Durante aquellos 55 años que persistió aquel cuartelillo en la casa de los pastores, los vecinos del barrio denominaron a la plazuela con el título de Plazuela de la Guardia Civil.

4. Plaza de Errotazar. Al desaparecer el cuartelillo, se olvidó el título anterior y ahora le llaman a la plazuela con el nombre de Errotazar. Si nuestros sesudos ediles se preocupasen un poco más de nuestra pequeña -pero entrañable- historia local, hace años habrían reconocido oficialmente el antiguo topónimo de Arriasco (o Arrasco), así como el de la próxima 'calleja de los Toros', títulos que, cual hijos de mala madre, no están (en 1979-80) reconocidos. 

sábado, 9 de septiembre de 2023

Privilegio 1923: Encierro y Corrida

Últimos rayos de sol en la Nueva Plaza de Toros 1923 Zaragüeta
Hace cien años, con motivo del V Centenario del Privilegio de la Unión, Pamplona tiró la casa por la ventana: hubo Corrida de Toros: siete de Viuda de Zalduendo para Larita, Villalta y Fuentes Bejarano. Y como en Pamplona no puede haber corrida sin Encierro, se puso el vallado para un solo día.
Mi amigo Javier Azqueta me ha mandado la documentación pertinente:
Javier Azqueta. Entradas Encierro y Corrida 09-09-1923 Unión de los Burgos
Y tanto él como yo nos nos hemos quedado pasmados de que se pusiera (y quitara) el vallado para un solo día. Seguramente será la única vez en la Hª del Encierro. Más vale que no era el doble vallado actual
Aquel encierro bien pudo ser como éste, con fotos de Rouzaut de los años 20:

Crónica de Arako (pincha, genial)
Cándido Testaut, "Arako"
En un alarde de lógica, empezamos la crónica por el final. 
Cándido Testaut se despide con un "¡Y hasta dentro de cien años!", como retando al Ayuntamiento de hoy -el del VI Centenario- a ver quién celebra mejor la Unión de los Burgos. Y aunque muchos hemos echado en falta una Corrida con su correspondiente Encierro, y sin desmerecer el espectáculo de los drones, la invitación a los reyes de España desde Alcaldía, por primera vez en 600 años y precisamente en estos tiempos tan revueltos para nuestra Democracia, es sin duda la mejor celebración. 
¡Viva la Alcaldesa, viva el Rey!

La crónica completa la tenéis al final, con una imagen del encierro (volteada, por cierto), otra de los embolados y un resumen de la corrida en pareados.
Yo os ofrezco, en texto, un resumen de los aspectos más chispeantes de la crónica.

Privilegio de la Unión, 1923
DN Martes once de septiembre de 1923
Las fiestas del Quinto Centenario de la Unión de los Burgos

De la noche a la mañana
Por otro lado, los cantadores de Peralta, llevando tras de sí un gran núcleo de trasnochadores, cantaron al son de sus guitarras de ronda la bravía Jota Navarra, poniendo en sus coplas todo el entusiasmo de su temple ribero.
Unas veces aludiendo a Carlos el Noble por la Unión cuyo centenario se celebraba; otras, a las mozas guapas de la tierra, tema principal de tantas coplas; otras, a las personalidades ilustres que ha dado Navarra, al sol, a la luna, al buen vino... con temas inacabables, todos improvisados y castizos, fueron los de Peralta de un lado para otro, incansables y enardecidos por los aplausos que se les prodigaron derramando la gracia de sus cantos copleros, poniendo en los temas de sus jotas toda el alma de su temple ribereño y la suavidad e ironía de sus improvisaciones, que unas veces tenían la altivez retadora de una bravata y otras el amoroso contraste de un madrigal. Fueron los de Peralta los rondadores más castizos de los muchos que pululaban con el estrépito de sus ruidos durante la noche del sábado al domingo que tanto nos hizo recordar las de San Fermín.

Dianas y encierro
Zaragüeta."Los de Siempre" 1930 ca.Museo Navarra
Para las cinco y media ya salieron las gaitas y músicas por las calles, tocando dianas y alboradas; y a sus acordes nos echamos de la cama los que nos habíamos acostado tres horas antes con la ilusión de que íbamos a dormir.
Para las seis y media se repitió lo que solo ocurre en Pamplona: que de diez a doce mil almas se echan a la calle atraídos por el sugestivo influjo de presenciar el encierro de los toros, tan viejo por los muchos años que viene celebrándose y tan nuevo por la novedad que ofrece siempre este espectáculo matutino.
Momentos antes de la hora señalada para el encierro ofrecía la plaza de toros el mismo pintoresco aspecto que por fiestas.
Los tendidos completamente llenos, en los palcos y gradas algo menos de lo que suele verse por San Fermín y en el ruedo el mismo tropel de siempre.
A las siete en punto, al disparo de un chupinazo, salieron los toros de Zalduendo del corralillo de Rochapea y precedidos de una gran muchedumbre llegaron a la plaza tocando materialmente -los últimos que corrían- los cuernos de la manada.
Así ocurrió que al entrar en el ruedo cayeron al suelo cuatro o seis de los que, más que corriendo, iban empujados por los toros y no ocurrió nada.
Rouzaut, años 20, Estafeta final
Los toretes entraron como corderos en los corrales y a continuación se soltaron media docena de vacas emboladas que proporcionaron tumbos y risa para un trimestre.

Los diestros
El sonriente Larita se conquistó la simpatías del público porque estuvo voluntarioso y valiente.
A su primero, después de lancearlo apretadamente, le adornó el morrillo con un par doble.
Por cierto, que al salir perseguido por el cornúpeta, el diestro quiso ganar la barrera saltando por encima de un burladero y la tripita no se lo consintió. Menos mal que el cornúpeta se entretuvo con los que se hallaban en la calleja.
Previos unos pases, más eficaces que vistosos, Larita agarró una gran estocada de la que el colorado cayó como una pelota.
El regordete escuchó muchas palmas

lunes, 18 de enero de 2021

Belena de Pintamonas (o del Iruña)

Puerta de acceso a la belena del Iruña (43-44 plaza del Castillo). Foto Oscar Montero
Desde el XVII a casi el XX se llamó "belena de Bélaz"; hasta 1930 ca, "belena de Pintamonas"; y aunque Arazuri dice que, desde entonces hasta hoy, es "belena del Iruña", me da que los más entendidos prefieren volver a llamarla "de Pintamonas". El pueblo soberano decidirá, porque, oficialmente, no tiene nombre.
La palabra "belena" parece provenir -por metátesis- del romance "venela" [proveniente del francés antiguo venele (actual veneille ) y éste, del italiano venella], que bien podría ser un diminutivo popular de "vena" (vaso comunicante), lo que hoy, en modo culto, llamaríamos "vénula". En definitiva, si la Avenida X es una gran arteria,  una belena es un capilarcillo.
Me dice Martinena: "Bien visto. El P. Moret (o mejor el P. Alesón) ya aclara en algún capítulo de los Anales de Navarra qué eran exactamente las benelas (ahora belenas, matiza sin lugar a dudas)"
La belena es todo un laberinto entre dos plazas y tres calles
Belena de Pintamonas (de Bélaz o del Iruña), por José Joaquín Arazuri 
Belena de Belaz 

Zúñiga, José Luis 1988 AMP

En 1676 continúa contruyéndose (en la Plaza del Castillo). Así, el 16 de mayo, Alonso Bélaz de Medrano solicitó del Ayuntamiento para edificar con las siguientes palabras: «...que tiene una güerta que por lado afrenta con la Plaza del Castillo delta Ciudad, donde se corren los toros, y por la parte baja con una callejuela pegante por el dicho lado a la casa de Agustín de Sarasa, y en la dicha güerta trata el suplicante de hacer una casa con tres gradas de balcones y arcos en el extremo della, y para que la fábrica se haga con más perfección y hermosura, necesita el suplicante que V.S. le haga merced de la dicha callejuela para hacer en ella un arco y fabricar sobre él, dejando el paso libre en la dicha callejuela», más adelante añadía; «...en recompensa de esta merced ofrece a V.S. parte de su güerta para que quede hecha plaza corriendo a nivel de su fábrica con la de la casa del dicho don Agustín de Sarasa, y pues desto no resulta perjuicio, antes es conveniencia y utilidad pública para quedar con esta fábrica, la dicha plaza con mucho lustre y hermosura, en que V.S. es el principal interesado, y de aumentarse en 24 balcones y ocho arcos se sigue también conveniencia común, para que en ellos se puedan acomodar familias considerables para las fiestas de los toros, en que en todos años ay tanta caristía y muchos enfados y pesadumbres» (AMP Actas 1676). 
Zúñiga, José Luis 1988 AMP
El Ayuntamiento accedió a lo solicitado, y así fue como se construyó la llamada, hasta hace pocos años , «casa del KUTZ», hoy ocupada por una entidad bancaria; la casa del señor Sarasa es la del «Café Iruña», quedando entre ambas, todavía, la calleja hoy llamada «belena del Iruña», aunque también se llamó «belena de Bélaz» y «belena de Pintamonas». 

Iruña (Calleja) 
Entre las casas números 43 bis y 44 de la plaza del Castillo, tiene su entrada una antigua belena o calleja que antaño tenía acceso a la plaza de la Fruta (hoy Consistorial) por intermedio de las primeras casas de la calle Calceteros. Esta angosta calleja tiene dos ramales, según se entra a mano izquierda, auténticos patios de vecindad de una parte de la plaza del Castillo y de la calle de la Zapatería. Por estar en esta calleja los servicios del Café Iruña, es por lo que el pueblo soberano la bautizó con este título hace ya más de medio siglo. Antiguamente era llamada, también popularmente, calleja de Pintamonas (ver ésta). 

Pintamonas (Calleja) 
Zúñiga, José Luis 1988 AMP
La actual calleja del Iruña, entre la Plaza del Castillo y Calceteros, se la denominó a finales del pasado siglo y en casi las tres primeras décadas del presente, con el nombre de Pintamonas, apodo de uno de los tipos más populares que han existido en nuestra ciudad. Antes, también se llamó «belena de Bélaz». 
A Pintamonas ("pintor artístico de poca habilidad") el mote le sentaba muy mal, por lo que únicamente le llamaban así los mocetes desde lejos, para poder huir de las iras del aludido. Los amigos y las personas mayores le llamaban por su nombre de pila, Esteban. Pocos sabían que su apellido era Baigorrotegui y que había nacido en Estella. 
Decían, yo no lo creo, que estaba transtornado por haber ingerido una pócima cuando de crío trabajaba en una farmacia. Se trataba de un retrasado mental, aunque decían que era muy listo porque a veces tenía contestaciones rápidas y acertadas. Así, en cierta ocasión le preguntaron: —Oye, Esteban, tú, por comer, comerías hasta mierda. A lo que contestó rápidamente: —Sí, pero de abeja. 
Era buena persona, honrado, religioso, no se emborrachaba nunca, y ganaba algún dinero de aguador llevando barriles de agua a las casas desde las fuentes de la ciudad o de las extramurales. 

Rupérez Herrero, Benito 1933 AMP

Su manía era la limpieza. En todo tiempo, en cuanto amanecía, acudía a la fuente de Santa Cecilia en donde se lavaba concienzudamente. Vestía invariablemente pantalón oscuro, camisa clara que siempre llevaba abierta —completamante despechugado— y una blusa de cuadros menudos, muy usados en aquella época. Llevaba un barril al hombro que llenaba en las fuentes públicas para repartir por las casas. Si mientras estaba llenando el barril en la fuente se acercaba alguno —generalmente mocetes que eran los que le hacían enfadar— y tocaba el recipiente, lo vaciaba completamente y lo volvía a llenar. Dormía en una casa de la Calderería, y la mayor parte del día lo pasaba en aquel barrio. Por eso las obreras de la fábrica de Galbete, que estaba en la calle de San Agustín, al salir del trabajo le comprometían y le hacían rabiar. Un día, al pasar por la puerta de la iglesia de San Agustín, unos chungones le arrojaron un puñado de sal en el pecho, y corrieron por las escaleras del campanario, saltando por una ventana al tejado de una casa colindante, en donde esperaron a que el pobre Pintamonas pasase corriendo con la lengua fuera camino del campanario que encontró vacío. 
Adoquines y Losetas
Así era aquel buen hombre, sencillo e infantil, al que tanto tomaban el pelo y al que muchos apreciaban. Entre sus protectores estaba el conserje del Casino Principal, Bruno Larraya. En este casino, en aquella época, que tanto se jugaba al monte y tanto dinero corría por las mesas de juego, se preparaban todas las noches, muchas y suculentas cenas, ya que el jugador que maneja dinero no le supone sacrificio gastar un puñado de pesetas en un banquete. Todas las noches sobraba abundante, y de ello almorzaba y cenaba el bueno de Esteban. Todos los días le sacaban a la belena o calleja una gran fuente repleta de sobras de la noche anterior, que comía con cuchara de plata de su propiedad. Los camareros del Iruña salían con frecuencia a la calleja a verle devorar la pantagruélica pitanza. Un buen día, el conserje del casino le pidió a Pintamonas le vaciase un barril de agua. El pobres Esteban, que no tenía olfato, no pudo diferenciar el agua del coñac francés contenido en un recipiente similar, y vació éste completamente, con la desesperación del empleado del casino que lo despachó, y no le perdonó... hasta ocho días más tarde que lo mandó buscar, enterado de que el desgraciado «había adelgazado». 
Juan Cañada visita la belena FOTO: J.A.Rubert
La presencia cotidiana del buen Esteban en la calleja del Iruña, dio lugar a que el pueblo bautizase a esta belena con el nombre de Calleja de Pintamonas, con cuyo nombre se la conoció durante muchos años. 
Pintamonas, cuando llevaba agua a las casas, pegaba con el barril en las puertas en vez de golpear el picaporte. En más de una ocasión perdió clientes porque al llamar a la puerta y no contestar nadie, echaba el agua del barril por debajo de la puerta y escaleras. Si alguno le preguntaba el por qué de aquello, contestaba: «Para que sepan que he venido a traerles el agua.» 
Lavanderas Abrevador García Asarta1895
Su ropa se la lavaba la señora Ursula, una lavandera de la calle de San Nicolás. Para aquellos tiempos, en que la limpieza no era una de las virtudes imperantes, lo hacía con frecuencia. 
Cuando llovía, corría a casa de la lavandera con las sábanas para que se las lavase, aunque solamente hiciese un día que se las hubiese entregado limpias. Cuando los mocetes le llamaban Pintamonas, tiraba el barril y corría tras de ellos, y si estaba en una fuente, golpeaba fuertemente la taza con el barril. 
Así era aquel modesto, honrado y deficiente mental de Baigorrotegui, que durante muchos años dio el título a una calleja de la ciudad.