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sábado, 31 de octubre de 2026

Retretes de nuestra memoria

Pareja del bracete, en los felices Años 20, por el Portal de Francia. Carlos Amat
En contraste con la foto de portada...
"Cualquiera entraba, siempre había algo un poco raro, una vez y no más, muy observado"
Este es el único comentario para la foto del retrete (palabra en desuso) de la antigua Estación de Autobuses de Pamplona, inaugurada en 1934.
Estoy convencido de que refleja a la perfección la sensación incómoda y desagradable que muchos hemos sufrido en demasiadas ocasiones al ir a mear (a más, nunca me atreví) allí. Era entrar, buscar la zona menos ocupada y en varias ocasiones se te ponía uno al lado y te miraba de arriba abajo, con lo cual te cortaba la micción.
Hace algún tiempo pasé por allí y vi que la habían renovado y habían colocado una placa. La placa fue instalada originalmente en agosto de 2016 por colectivos LGTBIQ+ en el espacio que hoy ocupa el proyecto Geltoki:
EN RECUERDO DE LAS PERSONAS QUE PARA SU DISFRUTE Y DEBIDO A UNA SOCIEDAD TRANSFOBICA Y HOMOFOBICA DESARROLLARON PARTE DE SUS VIDAS SEXUALES Y AFECTIVAS EN LOS LAVABOS DE ESTA ANTIGUA ESTACION DE AUTOBUSES.
Al verla, a uno le da por pensar. ¿No deberían poner otra placa, mucho más grande, para todos los que fuimos simplemente a mear —la inmensa mayoría— y nos sentimos incómodos, molestos, incluso acosados? Porque una cosa es la legítima memoria histórica y otra muy distinta apropiarse de un espacio en el que el ciudadano de a pie, que solo entraba a utilizar un servicio público esencial antes de coger el autobús del pueblo, se convertía en rehén forzoso de un ambiente de lo más sórdido, lúgubre y tenso.
El "Paraguas" de San Lorenzo: Otra categoría 
Cinco años después, en 1939, se inauguraba en el Bosquecillo de la Taconera con proyecto de Víctor Eusa, "el Paraguas", término con el que fueron rebautizados por el pueblo soberano estos baños públicos.
Rebautizados porque el nombre original pertenece a los urinarios del Paseo de Valencia, de 1885, que fueron pronto retirados por estar situados junto al Palacio de Diputación.
Si de urinarios míticos con historia oculta hablamos, los pamploneses de mi quinta nos acordamos irremediablemente de ese rincón con solera: el "Paraguas", frente a San Lorenzo. Aquella estructura, que forma parte del paisaje de la ciudad, tenía una fama similar, pero con un matiz geográfico muy importante:
DN 25/03/1969
También se habla de la necesidad de unos buenos aseos allí y de la mala función que realizaba el actual «paraguas» por la gente que suele ocuparlo de noche.
A diferencia del agobio cerrado de la Estación de Autobuses, el Paraguas tenía al ladico mismo los Jardines de la Taconera. Aquello era otro cantar. Era un lugar mucho más adecuado para los encuentros homosexuales de la época, ya que permitía a quienes buscaban esa clandestinidad explayarse por la penumbra del parque sin interferir ni molestar a la masa de viajeros, familias y maletas que abarrotaban a diario la Estación. Cuestión de etiqueta urbana, supongo.
De aquellos polvos, estos lodos (o "cruisings")
Leyendo la pomposa placa de la Estación, con tanta terminología moderna ("transfóbica", "homofóbica"), parece que estemos hablando de un idilio del pasado. Pero lo cierto es que estas dinámicas, lejos de quedarse en los años 40-70, siguen colonizando nuestros espacios públicos.
Ya os conté aquí mismo hace un par de años mi desternillante (y accidentado) bautismo en el cruising moderno. Fue paseando por el Camino de Miluce, donde un buen hombre me tuvo que explicar el significado de la palabreja mientras se contoneaba vereda adelante. Y qué decir de aquel "tío con aspecto de sudamericano, fofo, como una salchicha en una pasarela" que me desfiló con una sonrisa de oreja a oreja mientras yo solo buscaba un humilde banco para calmar la quemazón de mis pies. Al igual que en los viejos retretes de la Estación, mi pensamiento al salir pitando de Miluce fue el mismo: ¿por qué demonios tenemos los demás que aguantar estas situaciones tan sumamente incómodas?
Hoy, el Ayuntamiento de Pamplona subvenciona generosamente con miles de euros las acciones preventivas y los preservativos en estas zonas. Es decir, que además de privatizar de facto los caminos de todos para los juegos íntimos de unos pocos, se los financiamos entre todos.
¡¡¡Qué progres somos!!! Pero, al menos, ya que nos ponen placas históricas en los andenes, podrían estirarse e instalar unos "cartelicos" (en vasco y en euskera, por supuesto) avisando en Miluce de dónde nos estamos metiendo. Que los que nacimos en la primera mitad del siglo pasado ya no estamos para tantos sustos ni pasarelas imprevistas.
Retiro, retrete y retreta
Retretes de la antigua Estación de Autobuses
Yo de niño sospechaba que "retrete" era "retirete" (pequeño retiro) y ya veo que no andaba muy descaminado.
Los dos términos tienen que ver con "retiro", ya que todos comparten la misma raíz etimológica en el latín: el verbo retrahere (retirar, traer hacia atrás), a través de su participio retractus.
La evolución de cada palabra transformó por completo sus significados actuales:
  • Retiro: Proviene directamente de retirar (volver a traer hacia atrás). Es el acto de apartarse de un lugar, del trabajo o del ruido del mundo.
  • Retrete: Nació en el siglo XIV como un diminutivo de retiro (retret en catalán u occitano antiguo). Originalmente significaba un cuarto pequeño, privado y retirado de la casa para orar, leer o estar a solas. Con el tiempo, el uso de ese espacio se especializó para las necesidades fisiológicas, perdiendo su sentido noble original.
  • Retreta: Es un término militar que llegó al castellano a través del francés retraite (retirada). Es el toque militar que avisa a la tropa para retirarse a los cuarteles a dormir o para cesar el combate.