miércoles, 28 de octubre de 2026

"Sagüés, el Maestro", por Iñaki Lacunza

Javier Sagüés, retratado para una entrevista con Diario de Navarra en 2015. Eduardo Buxens
Sagüés. Solamente Sagüés. Así le solíamos llamar los miembros de nuestra Escolanía Loyola. Únicamente usando su apellido, de manera sencilla, como era él. Un humilde jesuita de Gallipienzo, ese precioso pueblo al que él tanto quería y del que tanto nos hablaba. 
"Gallipienzo, luego existo", que diría Descartes
En un mundo de imagen y apariencias como el que vivimos hoy, él ocultaba en su modestia facetas impresionantes. Porque el padre Sagüés era sencillo sí, pero también un sabio singular en todos los órdenes de la vida. Nadie contaba historias como él lo hacía (recuerdo sobre todo la de la famosa bruja Policarpa, que tanto miedo nos hacía pasar de niños en los entrañables campamentos de Baráibar). Nadie nos celebraba una misa tan breve y profunda cuando lo necesitábamos. Nadie nos enseñaba como él los misterios de la Biblia. Nadie tenía un conocimiento tan inmenso de la historia y la filosofía. Y, sobre todo, nadie nos transmitió con tanta pasión su amor por la música. Nunca le podremos agradecer lo suficiente cómo hizo despertar en nosotros, a través de infinitas horas de dedicación, las ganas de cantar y disfrutar de ese maravilloso mundo (eso sí, cuidado con desafinar.....)
El Padre Sagüés dirigiendo la Escolanía Loyola a finales de los años 80 del pasado siglo Archivo
Compartimos con él momentos inolvidables. Recuerdo especialmente aquellas conversaciones que tenía en italiano con el dueño de la heladería del Paseo Sarasate cuando nos invitaba a los escolanos a tomar un helado al regresar de la catedral. Porque el padre Sagüés no solo entendía de música, historia, filosofía o teología. En Austria hablaba en alemán, en Francia en francés y en Inglaterra en inglés. Era alucinante ver todo lo que sabía. Tenía una cultura impresionante sí, pero también una forma de conectar con nosotros que hacía que estuviéramos deseando volver a estar con él. Nunca te aburrías a su lado porque, además, era un hombre muy, muy divertido.
Javier Sagüés al frente de su orquesta, el 28 de marzo de 2015
El padre Sagüés no era un director de coro, un sacerdote, un profesor. Era todo en uno, un auténtico MAESTRO (con mayúscula, sin duda). Por eso cuando nos reunimos los antiguos alumnos de la Escolanía Loyola lo hacemos en su nombre. Él quedará para siempre en nuestros mejores recuerdos de infancia. Y cada vez que cantemos o hagamos música (que me temo que será con mucha frecuencia) un pedazo de nuestro corazón lo hará por nuestro querido Sagüés.
Descansa en paz amigo Javier. Siempre estarás con nosotros.
Tus escolanos
***
¡Qué buen Discípulo, teniendo tan buen Maestro!
Conocí a Iñaki Lacunza en agosto de 2009 con una canción que él calificaba de "un poco gamberra": Gamazo, una simpática lección de historia.
Le siguió un ramillete nostálgico y romántico de piropos a las "cosicas de Pamplona": Momento de San Fermín, San Saturnino, La Dolorosa, Portal de Francia, Plazuela de San José, Campana María, Himno a Pamplona (letra), La Pamplonesa, Joaquín Zabalza, Los Gigantes, El Encierrillo, Castañeros en Otoño, Mariblanca, Privilegio de la Unión, Virgen del Camino, Canción para don José, Puente de la Magdalena, El Guti... Menos a "la raja de Cervera", Iñaki ha cantado a todo lo que se mueve en Pamplona.
 
Iñaki Lacunza Arraiza es una de las figuras musicales y culturales más queridas de Pamplona. Conocido popularmente como el "juglar" o "trovador" de la ciudad, es profesor de Historia (vínculo que mantiene con el colegio de los Jesuitas), pero sobre todo un prolífico cantautor de calle que ha sabido capturar como nadie el alma y las tradiciones pamplonesas.
El germen musical: La Escolanía Loyola y el Padre Sagüés
Ya ha cumplido más de medio siglo
La profunda afición por la música de Iñaki Lacunza se inyectó en vena durante su infancia, y gran parte de la culpa la tuvo el Padre Javier Sagüés en la Escolanía Loyola.
  • El despertar de una pasión: Como bien reflejan las palabras de afecto de sus antiguos escolanos, el Padre Sagüés no solo les enseñaba teología o historia, sino que les transmitió con una pasión desbordante el amor por el canto. A través de infinitas horas de ensayos, disciplina y paciencia, Sagüés despertó en el joven Iñaki el deseo de expresarse a través de la música.
  • Más que un profesor, un MAESTRO: La mezcla de rigor musical ("cuidado con desafinar") y la cercanía humana del jesuita —con esos entrañables momentos de campamentos o los helados en el Paseo Sarasate— marcaron a fuego la personalidad de Lacunza. El Padre Sagüés le enseñó que la música era una herramienta viva para conectar con la gente, divertirse y emocionar, una lección que Iñaki aplicaría el resto de su vida. 
El "Juglar de Pamplona" y la Cofradía de San Saturnino
La sede, junto a la Chincheta (bonito nombre)
Con los años, aquella voz infantil de la escolanía se transformó en acordes de guitarra y composiciones propias. Hoy en día, Iñaki Lacunza está estrechamente ligado a la Cofradía Musical de San Saturnino, una formación con la que desgrana canciones populares y composiciones dedicadas minuciosamente a los rincones e historias de la capital navarra. 
Entre sus hitos musicales más célebres en la ciudad destacan:
  • "Castañeros en otoño" o "Momento de San Fermín": Himnos urbanos de su autoría que ya forman parte del paisaje pamplonés. 
  • El Traslado de la Dolorosa: Una de sus composiciones más emocionantes, creada expresamente para el tradicional traslado de la imagen desde San Lorenzo hasta la Catedral, un acto que gracias a sus canciones ha cobrado un arraigo e intensidad únicos en los últimos años.
  • Colaboraciones históricas: Su impacto en la cultura local es tal que ha llegado a cantar como solista junto a la legendaria banda de música La Pamplonesa en la Casa de Misericordia (la Meca), un recuerdo imborrable para la crónica de la ciudad. 
Heredero directo de la inmensa cultura y vitalidad que el Padre Sagüés le inculcó, Iñaki Lacunza sigue demostrando en cada festividad, ya sea San Fermín o San Saturnino, que un pedazo de su corazón sigue cantando y componiendo por su querido maestro.
Todo ello lo podéis saborear en el blog Desolvidar (94 entradas)

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