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jueves, 15 de octubre de 2026

Tomás Aguas, 'El Cherif' bondadoso

Si veía a alguien con una mochila o un bolso abierto, le avisaba
Cecilio Tomás Aguas Martínez, inmortalizado en la memoria colectiva de los pamploneses simplemente como "El Sheriff" (o "El Cherif"), nacido el 23 de diciembre de 1946, fue uno de los personajes populares del Casco Viejo de Pamplona y de los barrios de San Juan, primero, y de Bustintxuri, después, durante las últimas décadas del siglo XX y principios del XXI. 
Fallecido a los 77 años, el 3 de septiembre de 2024, su biografía no está escrita en los libros oficiales de grandes gestas políticas, sino en los adoquines, luego losetas, de la Navarrería, de las calles Mayor, Estafeta y la Plaza del Castillo, donde ejerció una voluntaria labor como "guardián de la ciudad".
DN 04/09/2024 Buena persona, elegante, respetuoso, noble. Vuela alto papá. Don Cecilio Tomás Aguas Martínez -EL CHERIF- falleció en Pamplona el día 3 de septiembre de 2024 a los 77 años de edad. D. E. P. Su hermana, Maite; hijos, Elena y Rumen; nietas, Naia y June; hermanos, Sirita y Pepe (?), Javier (?) y Begoña, Gerardo (?) y Nieves, Carmelo; sobrinos, primos, demás familiares La conducción al cementerio de Pamplona para su despedida e incineración, tendrá lugar HOY MIÉRCOLES, día 4, a la UNA MENOS CUARTO del mediodía desde el Tanatorio Irache de Pamplona. Tfno 948197070. PAMPLONA-CARCASTILLO, 4 DE SEPTIEMBRE DE 2024
Orígenes y Esencia
Nacido en Pamplona, Tomás Aguas era una "buena persona, elegante, respetuoso y noble"... a su manera. Procedente de una familia con raíces en Carcastillo (así lo sugiere su esquela), su vida y su escenario diario siempre fueron los barrios de San Juan y Bustintxuri, y el casco viejo de la capital navarra.
Mi primer contacto con él fue en el verano del 67 (él tenía 20 años, yo 17) o del 68, cuando coincidimos en Gaseosas Odériz, en donde trabajaba para pagarme los estudios. No tuve mucho contacto con él y me sorprendió cuando, años después, lo descubrí en su faceta de sheriff.
Lo que hacía único a Tomás era su particular vocación de "servicio público" autoproclamada. Vestido de paisano pero coronado de forma perenne por su sombrero vaquero de cuero marrón y enfundado en un chaleco reflectante de alta visibilidad, "apatrullaba" el centro como si de un auténtico agente de la ley se tratara.
"El Sheriff" de las Calles de Pamplona
Su día a día consistía en regular el tráfico de forma espontánea, advertir a los conductores que aparcaban mal en las zonas peatonales, recriminarle a Iñaki Arbilla que siempre bajaba por Santo Domingo por el lado equivocado de la acera, vigilar las calles y, sobre todo, "controlar" los grandes eventos de la ciudad:
  • San Fermín de Aldapa: Era una tradición absoluta verle —y escucharle— abrir paso a las autoridades y la corporación municipal. Su silbato adelantándose al toque de las campanas para avisar de que la marcha o la procesión de las jotas estaba a punto de arrancar es parte de la memoria sonora del Casco Viejo: 
    DN 25/09/2006 Las calles se quedaron pequeñas ante la cantidad de personas que vieron la procesión. La multitud impedía el paso a los dantzaris en la Calle del Carmen. Sin embargo, el grupo contaba con la ayuda de un voluntario, Tomás Aguas Martínez, que se encargaba de despejar el recorrido. Con la ayuda de su silbato, Aguas dejaba el paso libre al grupo Duguna. «La gente es muy tozuda y no dejan pasar. No te cansas de repetir que se suban a las aceras», explicaba con la poca voz que le quedaba. 
    DN 24/09/2018 Uno de los que más trabajó ayer fue Tomás Aguas Martínez. A sus 71 años, afirma que lleva muchos de ellos participando en este acto. "No sé ni cuántos". Su cometido estaba al inicio de la procesión. No era su gorro vaquero ni su chaleco fluorescente con lo que más se hacía notar Tomás Aguas, sino con un silbato, que utilizaba con ganas, advirtiendo al público que fuese dejando espacio. Y lo conseguía.  
    DN 30/09/2019 El silbato de Tomás Aguas Martínez, uno de los veteranos del acto, se adelantó al toque de campanas para anticipar que la marcha estaba a punto de arrancar. Entonces, sin rechistar, los que se habían resistido a perder su posición en la primera fila abrieron sin rechistar el paso a los dantzaris y músicos más rezagados. "Son muchos años haciendo esto. Se tiene que notar", comentaba satisfecho.
  • Encierros y eventos: Aunque la Policía Municipal oficial se encargaba del orden real, la presencia de Tomás Aguas infundía un respeto cómplice entre los pamploneses, que siempre le seguían la corriente con cariño y una sonrisa.
  • Ayuda en las compras: Tomás no solo "apatrullaba" el exterior; su vocación de servicio —o su necesidad de sentirse útil y estar entretenido— lo llevaba a meterse dentro de los comercios. Allí se colocaba al final de la línea de cajas y, con toda la buena intención del mundo (aunque a veces con un exceso de celo que resultaba un poco pesado o agobiante para el ritmo de la compra), se ponía a embolsar los productos de las señoras mayores. A veces, incluso se ofrecía a llevarles el carro o las bolsas un tramo de calle.
Su Devoción y la Hermandad de la Pasión
Más allá de su faceta de protector urbano, Tomás Aguas tenía una profunda dimensión espiritual y tradicional. Era un miembro activo de la Hermandad de la Pasión del Señor de Pamplona, la entidad encargada de organizar los pasos de la Semana Santa.
Su implicación era total, figurando formalmente como colaborador en los registros internos y en publicaciones oficiales de la Hermandad como la revista Mozorro. No se concebía un Viernes Santo en los alrededores de Dormitalería sin su atenta mirada, asegurándose, desde dentro o desde la acera, de que todo transcurriera con la máxima solemnidad.
Su Legado en la historia Local
Su fallecimiento en septiembre de 2024 dejó un vacío en el paisaje humano de Pamplona. Las redes y las esquelas de la prensa local se llenaron de mensajes que destacaban su condición de "buena persona", un hombre que, sin pedir nada a cambio, dedicó su vida a intentar hacer las calles de su ciudad un lugar más ordenado y seguro.
Para cronistas y amantes de lo local —como intentamos en Desolvidar—, Tomás Aguas representa la esencia de la Pamplona cotidiana: esa fisonomía de paisanaje entrañable que, con un sombrero, un chaleco amarillo y un silbato, se convirtió en una leyenda viva de las calles de la ciudad.
Tomás, se te echa en falta.
Duda Metafísica final
Me asalta esta duda: ¿Tomás Aguas fue alguna vez a tomar las aguas?
Históricamente y de forma literal, no hay constancia pública de que Tomás hiciera honor a su apellido y se marchara de balneario a "tomar las aguas" termales de lugares míticos de Navarra como Fitero o Elgorriaga, auténticos templos de aguas mineromedicinales oficiales. Con lo metido que estaba en su papel y lo que le costaba abandonar sus "patrullas" diarias por la Plaza del Castillo y la calle Mayor, ¡cualquiera lo sacaba de Pamplona para llevárselo a un balneario!
Eso sí, en sentido pamplonés e irónico, las únicas "aguas" que tomó en abundancia en su juventud fueron las que embotellábamos en la fábrica de Gaseosas Odériz. Al fin y al cabo, ¡esas botellas sí que llevaban agua de Pamplona de la buena y bien carbonatada!
Y no solo agua. Nos lo cuenta Carlos Ortiz, en 2021, cuando Tomás todavía apatrullaba:
Una vez vino al bar donde yo curraba y se puso frente a un espejo. Cuando fui a atenderle me dijo....
-Ves a ese señor de ahí (señalando al espejo)? ...pues sáquele un wishky rojo (era su particular forma de llamarle al "clarete"), que yo le invito.
Me hizo mucha gracia cuando lo vi reflejado en el espejo y me reí muchisimo.
Le guardo mucho cariño pues siempre intentaba hacer alguna broma sana y siempre era muy educado

Tomás Aguas en Facebook
En estos enlaces podéis leer los comentarios sobre El Sheriff de cerca de 200 personas:



Nota para los lectores
Me niego a creer que no exista más que esa foto, la de portada, de Tomás Aguas. Si encuentras alguna no dudes en enviármela al correo: patximendiburu@gmail.com