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jueves, 4 de junio de 2026

Zapatero y la dignidad intacta de ETA


Zapatero y la dignidad intacta de ETA
El modélico fin de ETA que el socialismo reivindica para tapar la corrupción de Zapatero es una mentira política organizada. Lo que hizo el ex presidente fue brindarle legitimación, fortaleciéndola ante la opinión pública
Rogelio Alonso El Mundo 26 mayo 2026
«ETA necesitaba acabar con parte de su dignidad intacta». Lo afirmaba una «mediadora en conflictos» al aplaudir el modelo de final del terrorismo promovido por José Luis Rodríguez Zapatero. Inevitablemente mantener intacta la dignidad de ETA implicaba humillar a sus víctimas. Debemos recordarlo ahora que, al imputarse al ex presidente, el socialismo intenta reducir su disonancia cognitiva apelando a un legado convenientemente maquillado. Al contrario de lo que ensalzan, Zapatero no derrotó a ETA, sino que le permitió conservar «su dignidad intacta» negociando la fraudulenta legalización de su brazo político, además de otras relevantes cesiones, con las consecuencias que hoy corroen nuestra democracia: Bildu, parte de la estrategia de ETA y su testaferro, como acreditó el Tribunal Supremo, es socio privilegiado de un Gobierno rehén de quienes legitiman la violencia nacionalista. El oficial británico H. J. Simson concluyó que en ocasiones los gobernantes usan a los hombres y mujeres que se enfrentan al terrorismo como «perros en una pelea de perros no para ganar, sino para dar concesiones a quienes les asesinan». Perfecta descripción de la política de Zapatero con ETA.
La literatura académica distingue tres modelos de política antiterrorista: el de guerra, el de justicia criminal y el conciliatorio. Las democracias liberales suelen optar por los dos últimos. Desde los orígenes de ETA, sucesivos gobiernos combinaron la persecución policial y judicial con negociaciones que le daban oxígeno en sus momentos de crisis. Martha Crenshaw, una de las autoridades en los estudios sobre violencia, ya advirtió de que los rasgos específicos del terrorismo hacen que una política conciliatoria no sea inocua, pues demuestra la eficacia del terror legitimándolo. Por ello, el presidente Aznar aplicó en su segunda legislatura una eficaz «política antiterrorista global» que rechazó cualquier negociación e incluyó la ilegalización del frente político de ETA. Así la definió un mando de la Guardia Civil que, en 2004, al llegar Zapatero al poder, advirtió del pertinaz error de negociar con ETA.

Arzalluz, ante Sabino Arana
Los informes de Inteligencia acreditan que en 2004 una mayoría dentro de ETA veía el terrorismo como un «lastre» que solo se mantenía como «moneda de cambio» para lograr una «salida más o menos airosa». Zapatero le regaló esa «salida airosa» evitando, como los propios terroristas lo definieron, «un final por aniquilamiento» al que la ilegalización de su brazo político les abocaba. Un análisis de Inteligencia fechado en 2002 destacaba «el colapso de la estructura de ETA incapaz de regenerarse» debido a las «constantes desarticulaciones operativas en Francia y España». Y concluía: «Con la lucha armada socialmente aislada y carente el movimiento de recursos para cubrir el vacío de poder subsiguiente, solo el PNV, como sucedió en 1992 y 1998, podría evitarle la derrota definitiva acudiendo en su auxilio». No solo auxilió a ETA el PNV, también el PSOE al impedir la materialización del final del terrorismo mediante su propio colapso que los etarras temían, sin los beneficios objetivos y simbólicos que la negociación les reportó.

Rubalcaba
«La muerte estiliza la reputación», escribió David Gistau tras los panegíricos al fallecer Rubalcaba. El portavoz y ministro del Interior de Zapatero pilotó ese final de ETA en el que la mentira se convirtió en un instrumento al servicio del poder. Mientras Rubalcaba atribuía al PSOE un idealizado final de ETA que utilizaba contra el PP, uno de sus asesores admitía en una nota interna las nefastas consecuencias de su política: «La izquierda abertzale ha logrado hacerse con la iniciativa política en el País Vasco y ha rentabilizado electoralmente el final de la violencia sin asumir la derrota de su anterior estrategia y sin hacer autocrítica de su connivencia con la violencia».

Zapatero y Jorge Fernández Díaz se reunieron
Tras ganar el PP las elecciones a finales de 2011, Zapatero y el nuevo titular de Interior mantuvieron una insólita reunión. Ante «el miedo a un nuevo muerto», el Gobierno de Rajoy asumió la hoja de ruta pactada por Zapatero con ETA a través de mediadores internacionales que blanquearon a la banda rehabilitando a sus representantes como comprometidos actores por la paz. Al anunciar ETA su cese en octubre de 2011, Rajoy declaró que se produjo «sin ningún tipo de concesión política». Faltaba a la verdad y travestía así el funesto legado de Zapatero.

Al no lograr ETA sus máximas aspiraciones, se equipara de forma simplista su cese con su derrota ignorando que el terrorismo plantea a la democracia una amenaza asimétrica caracterizada por la disparidad de recursos entre los contendientes. El terrorista, más débil militarmente que el Estado, persigue éxitos tácticos más que estratégicos para desestabilizar a la democracia en una desigual contienda. Como sostiene el profesor Llera, «el éxito de los terroristas consiste en hacerse imprescindibles como actores principales en la propia liquidación de la violencia y la desestabilización generadas por ellos, buscando un armisticio, cuyo final es una negociación». Zapatero les brindó esa legitimación fortaleciéndoles ante la opinión pública, descalificando como «enemigos de la paz» a quienes criticaron las cesiones a ETA.

Aurelio Arteta
El profesor Aurelio Arteta advirtió de que «en un combate político y no militar, la primera batalla que ganar es la de las ideas políticas». Por eso reclamó una derrota del terrorismo no solo policial, sino «por KO político y moral» que Zapatero impidió. Promovió que una ETA exhausta por la presión policial y judicial convirtiera su «lastre», el terrorismo, en una rentable «moneda de cambio» canjeada por la fraudulenta legalización de Bildu. Por ello un dirigente etarra alardeó, «dimos la vuelta al teatro de operaciones y nos colocamos en ventaja política», «de la presunta derrota hemos pasado a la demostración de fuerza».

Fernando Savater
La negociación con ETA se disfrazó como un inofensivo diálogo, pero tuvo graves repercusiones. «¡Se nos fue la mano!», lamentó uno de los interlocutores socialistas con ETA tras el éxito de Bildu en las municipales de 2011 por el blanqueo promovido por el PSOE. Como denunció Savater, el «proceso de paz» que escondía ese final sucio de ETA era un «precio pagado al terrorismo»: «La paz no es el triunfo de la coacción, por mucho alivio que proporcione a los coaccionados». En 2013 el historiador Santos Juliá alertó sobre los efectos de la política socialista: «Hoy hay partidos que difunden y socializan el discurso de legitimación del terror hasta convertirlo en memoria social».

La hegemonía nacionalista se vio así reforzada por la coacción que Zapatero instrumentalizó con fines profundamente divisivos y que Sánchez ha replicado. El enorme deterioro de la democracia constitucional por parte de Sánchez tiene su origen en esa «normalización de la desviación» que inició Zapatero. La socióloga Diane Vaughan estudió cómo se normaliza la desviación al definirse como aceptables las malas prácticas dentro de una organización. Así prospera una cultura complaciente con la corrupción excusándola en aras de un bien que se declara superior. Con esa lógica se amparó un modelo de final del terrorismo que antepuso el interés partidista al de la nación. Sánchez, siguiendo el camino marcado por Zapatero, ha continuado esa degradación política cediendo al chantaje de nacionalistas catalanes y vascos.

Patxi López y Eguiguren llevan a Isaías Carrasco
En 2017, la secretaria general de los socialistas vascos recordaba a su compañero Isaías Carrasco, asesinado por ETA en 2008 durante una negociación que se dijo había concluido pese a las evidencias que lo desmienten. Aludiendo a políticos de Bildu presentes en el homenaje al concejal asesinado señaló: «Reconocer a Isaías como víctima sin deslegitimar las razones de su asesinato es cometer un fraude. Es traicionar su memoria». Sus palabras corroboran que los socialistas aceptan el fraude de un Gobierno sostenido por quienes legitiman el asesinato de sus conciudadanos aferrados al poder mientras traicionan la memoria de las víctimas del terrorismo. El modélico fin de ETA que el socialismo reivindica para tapar la corrupción de Zapatero es, citando a Arendt, «una mentira política organizada»: un intento, mediante engaños, de sustituir la deshonrosa historia de su política por una ficción ideologizada.

Rogelio Alonso es catedrático de Ciencia Política, autor de 'La derrota del vencedor. La política antiterrorista del final de ETA'

viernes, 8 de mayo de 2026

Garaicoechea, un hábil recogenueces

Arzalluz junto a Iñaki Anasagasti y Carlos Garaikoetxea al que sucedió al frente del Euskadi Buru Batzar cuando este último fue elegido lehendakari en 1980. Foto DEIA
Con tanto piropo a Garaicoechea tras su muerte, viene muy bien este contrapunto crítico de Palacios. Me parece lamentable la alabanza al primer lehendakari de Patxi López: "Agur eta Ohore", al más puro estilo etarra.

Garaikoetxea: Navarra, el PNV y las nueces del árbol
Por José Ignacio Palacios Zuasti OK Diario 06 mayo, 2026
En Pamplona, a los 87 años de edad, ha fallecido el navarro Carlos Garaikoetxea Urriza. De familia carlista, un escolapio nacionalista le ganó para su causa y, después de permanecer varios cursos en el noviciado escolapio de Orendain y de estudiar en la Comercial de Deusto, en 1975 comenzó a militar en el PNV. Como escribió en junio de 2025 un dirigente jeltzale de la Transición, Garaikoetxea fue un «político de diseño»: «navarro, abogado economista de Deusto, euskaldun berri, expresidente de la Cámara de Comercio de Pamplona, promotor de la Ikastola de Iruña, tres hijos, deportista, bien parecido, no solo era una persona de carne y hueso, sino el modelo ideal, jamás soñado, para representar al PNV tras la dictadura de Franco».
Manuel Irujo, en 1978 en Bilbao N.G.
Por eso, como sigue diciendo ese jeltzale, fue «Don Manuel de Irujo, el exministro de la República, la referencia navarra por excelencia, cuyo padre, Don Daniel, había sido el abogado defensor de Sabino Arana, quien le mandó un mensaje escueto, pero contundente. “Tenemos que construir la casa de nuevo y usted debe ser el principal albañil”». Dicho y hecho: «tras la primera asamblea celebrada en Iruña en marzo de 1977, accede a la presidencia del EBB. Fue el dedo de Arzalluz quien lo señaló y todos votamos por él», añade el jeltzale.
Dos años más tarde, en junio de 1979, aunque su partido no era ni mucho menos la fuerza mayoritaria, ocupó la presidencia del Consejo General Vasco, el órgano preautonómico. Y fue en ese verano, momento en el que se estaba debatiendo el texto del Estatuto de Autonomía Vasco, cuando impuso al resto de formaciones políticas sus tesis: «O jugamos como digo yo o rompemos la baraja». Después, acompañado del diputado Xabier Arzalluz, se trasladó a Madrid para presentar el borrador de Estatuto en el Congreso de los Diputados, que era el que debía debatirlo y aprobarlo. Y lo hicieron con la amenaza de que «aquí no se toca ni una coma».
30 aniversario de Eusko Alkartasuna en Pamplona.
PABLO LASAOSA

Su ultimátum, junto con la acción de ETA, que había iniciado una «limpieza étnica» de concejales, alcaldes, diputados, dirigentes de UCD y empresarios afines al centroderecha español, a los que se pretendía «expulsar» de Euskadi, bien por las buenas o en una caja de madera y con los pies por delante, lograron el efecto pretendido. Casualmente, en ese mismo momento, el boletín interno de ETA —Zutabe n.º 15— publicó que uno de los miembros más señalados del PNV le había dicho a la banda armada: «A pesar de no estar de acuerdo con la lucha armada de ETA, criticando especialmente las acciones contra militares, llego a aceptar que en determinados momentos puede resultar políticamente rentable su utilización, sobre todo visto el rumbo que están tomando los acontecimientos en Euskadi y la cerril actitud del Gobierno centralista».
Eran los tiempos en los que Arzalluz dijo aquello de: «ellos [ETA] mueven el árbol y nosotros recogemos las nueces», los mismos en los que Garaikoetxea era quien mejor sabía recoger la cosecha de tanta sangre.
En 1979, Víctor Manuel Arbeloa escribió que el propio Garaikoetxea le había confesado «sin secreto alguno» que él había sido el autor del artículo 22.2 del Estatuto de Autonomía Vasco y que lo había hecho pensando en Navarra. Ese artículo dice así: «La Comunidad Autónoma [Vasca] podrá celebrar convenios con otro Territorio Histórico foral para la gestión y prestación de servicios propios correspondientes a las materias de su competencia, siendo necesaria su comunicación a las Cortes Generales. A los veinte días de haberse efectuado esta comunicación, los convenios entrarán en vigor».
El 18 de enero de 1980, tan solo tres meses después de la aprobación del Estatuto en referéndum y dos meses antes de las primeras elecciones autonómicas, Garaikoetxea se negó a izar la ikurriña junto a la bandera de España, a la que calificó de «señorita de compañía», al tiempo que retiró la totalidad de los nombres y símbolos españoles de los pueblos, incitó a la población a no abrir la puerta a las FOP e hizo suyo el slogan batasuno «que se vayan».
El 21 de agosto de 1980, José Javier Uranga, director de Diario de Navarra, publicó en ese periódico su artículo Donde las dan las toman, en el que decía: «ETA busca en Navarra el territorio y la despensa que necesita. Nada más y nada menos. (…) Garaikoetxea, Arzalluz y tantos otros apóstoles de Euzkadi, al referirse a Navarra, hablan el mismo lenguaje. Para ellos, el que no quiere la incorporación al nuevo ente autonómico es un antivasco». Al día siguiente, Uranga era ametrallado por ETA en la puerta de su periódico, recibiendo al menos veinticinco disparos, y salvó la vida de milagro.
En diciembre de 1980, el presidente Suárez viajó al País Vasco y, en el aeropuerto de Foronda, recibió una gélida bienvenida del lendakari Garaikoetxea. Ante la solicitud de los fotógrafos para que se dieran la mano, Suárez extendió la suya y le dijo a este: «Bueno, si te atreves…».
Garaikoetxea se negaba sistemáticamente a asistir a los entierros de las víctimas asesinadas por ETA. Leopoldo Calvo Sotelo cuenta que, en marzo de 1981, cuando él llevaba un mes de presidente del Gobierno, ETA asesinó en Vizcaya a dos policías nacionales. Entonces decidió acudir al entierro y consideró que era conveniente que le acompañara el lehendakari, que ese día estaba en Madrid. Lo localizó y le dijo:
—Me gustaría, lehendakari, que me acompañaras al entierro.
Este responde:
—Es muy difícil. Estoy en Madrid y no tengo medios para estar allí en unas horas.
—No te preocupes. Yo tengo un Mystère y te llevo.
Calvo Sotelo da instrucciones para que le compren dos corbatas negras. En el Mystère, Calvo Sotelo saca una corbata del bolsillo y se la entrega a Garaikoetxea.
—Toma. Póntela —le indica.
Garaikoetxea titubea, pero al final no tiene más remedio que cogerla y anudársela al cuello. Pero al tomar tierra en Sondika y ante la mirada incrédula del presidente del Gobierno se la quita, diciendo como si hablara consigo mismo: «Creo que desentona con mi chaqueta». A lo que Calvo Sotelo apostilla: «¡Qué desfachatez!».
Descanse en paz Carlos Garaikoetxea. ¡Que Dios le acoja en su Gloria! Goian bego.