sábado, 24 de octubre de 2026

Las placas del sonriente Mikel Castillo

En el número 35 de la calle del Carmen, en el primer número, a mano derecha, entrando por el Portal de Francia, no hay una placa de homenaje a Mikel Castillo (como denuncian Covite y Anvite), sino dos. Maps nos permite visualizar los cambios desde 2009.
Antes, desde 1991, coincidiendo con el primer aniversario de su muerte, hubo una estela en el jardincillo inmediato a la primera puerta del Portal de Francia que fue retirada al año siguiente por Alfredo Jaime. En el periodo de Yolanda Barcina (1999-2011) el monolito ya no existía físicamente como estructura permanente de piedra. Lo que hubo durante sus mandatos fue una dinámica de "quitar y poner": el entorno de la izquierda abertzale intentaba levantar pequeños altares de madera, fotos o réplicas portátiles de la estela apoyadas en la fachada de la calle del Carmen, 35 (lugar exacto donde cayó abatido), y el consistorio de Barcina daba orden inmediata a la Policía Municipal para requisarlas en cuestión de horas.

Acerquémonos a ver qué dicen las placas... La más alta (y más moderna):
"Mikel Castillo 1990-IX-18. Zu sortu zinen enbor beretik sortuko dira besteak"
Traducción: "Del mismo tronco del que tú naciste, nacerán los demás" (una frase clásica de la iconografía de la izquierda abertzale extraída de una conocida canción "Izarren hautsa" (Polvo de estrellas) de  Xabier Lete, que fue popularizada por la inconfundible voz de Mikel Laboa.
La otra es más complicada de leer:
Zure irribarra itzali bazuten ere, zure oroimena gure artean izanen da. 
(Aunque apagaron tu sonrisa, tu recuerdo estará entre nosotros)
★ MIKEL CASTILLO FURTADO 1990-9-18

Quienes homenajean públicamente a Mikel Castillo siguen proponiendo en la primera placa al miembro del Comando Amaiur como ejemplo para que otros sigan sus pasos.
Y en la segunda se imaginan a Castillo Furtado sonriente. Uno se pregunta qué motivos tendría para sonreír, cargando en su conciencia con el asesinato de una repartidora de periódicos. Se me ocurren estas tres hipótesis (subrayadas). O tal vez las tres a la vez:
  1. Durante los últimos catorce años María Cruz Yoldi, de 62, había trabajado como repartidora de Diario de Navarra en el Segundo Ensanche de Pamplona. Le faltaba poco tiempo para jubilarse después de una vida dedicada a sacar adelante a sus siete hijos, de los que uno había fallecido. 
  2. La mañana del 17 de octubre María Cruz salió muy temprano de su casa en la calle Mayor, en el Casco Viejo. Cuando pasaba por el número 5 de la calle Cortes de Navarra, a la altura de las oficinas de la compañía de seguros La Unión y el Fénix Español, un artefacto que un comando de ETA había colocado horas antes estalló. El cuerpo de María Cruz Yoldi salió despedido diez metros hasta acabar bajo el parachoques de un vehículo. Los servicios de emergencias recogieron parte de sus restos en las cornisas de los edificios colindantes. 
  3. Su marido, Gregorio Eguíluz, apenas volvió a hablar después del atentado y falleció cinco meses después. Sus hijos aseguran que “murió de pena”.
Pues 36 años después siguen homenajeando públicamente y proponiendo como ejemplo al sonriente Mikel Castillo Furtado:

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