viernes, 29 de septiembre de 2017

Odisea para anular una cita santaria

La que manda, manda
Imagínate que un día encuentras por la calle un bolso repleto de billetes. Lo abres, en busca de alguna documentación, y encuentras un número de teléfono. Llamas y… (aquí empieza la carta de Miguel Ángel)...
... En fin, dan ganas de quedarse con el bolso.

El que manda, manda
Hace unos días tuve la necesidad de llamar por teléfono al ambulatorio médico para anular una cita y me llevé una desagradable sorpresa al escuchar la siguiente grabación:
1. “Centro de Salud del Segundo Ensanche” (con repetición en vasco).
2. “Si se tratara de una urgencia grave o vital llame al teléfono 112 de SOS Navarra” (con repetición en vasco).
3. “Si quiere la información en castellano pulse tres o manténgase a la espera” (con repetición en vasco).
Sin perjuicio de tener que escuchar por fuerza las mismas frases en las dos lenguas, en un ejemplo de mantener inútilmente a la espera al paciente, el último de los mensajes grabados es el colmo de los despropósitos, pues teniendo en cuenta que al menos el 85% de la población, si no más, se expresa, habla y piensa en castellano, lo normal sería decir “si quiere la información en euskera pulse tres”, y con esto sobraría todo lo demás.
Nada tengo en contra del vascuence ni lo he tenido nunca, pero no puedo permanecer impasible cuando los gobernantes, con la señora Barkos a la cabeza, utilizan cada canal de comunicación para hacernos comulgar con ruedas de molino, practicando su autoridad de forma despótica y obsesiva contra el ciudadano que no piensa como ellos. Lo importante, por supuesto (dicho con ironía), es que los ciudadanos escuchen a toda costa las dos lenguas, por mucho que les suponga una pérdida de tiempo, carezcan de interés o tengan una urgencia.
En este sentido olvidan que la verdadera finalidad de estas llamadas es una atención médica, y no ilustrarse en lenguas, cuando es posible que no estén en condiciones óptimas para aguantar tanta palabra con sus consiguientes espacios musicales que hacen interminable la espera.
Luego vienen las quejas de que hay pacientes que no se presentan en la consulta y que por supuesto no han avisado. He aquí una causa
En fin, la señora Barkos, junto con sus socios, ha hecho buenos dos refranes:
El primero, el que dice aquello de “Entrar lamiendo y salir mordiendo”, todos los días lo sufrimos.
El segundo, el que nos enseña, en este caso para nuestra desgracia y paciencia, que “El que manda, manda”. También todos los días lo padecemos.

MIGUEL ÁNGEL TORRES URRA

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lo qué me preocupa y produce tristeza es la falta de Responsabilidad de los qué mandan. Un Saludo