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domingo, 10 de septiembre de 2017

Cordeleros: los Elizari en 1933

(Fotos F. Gómez) 
Preguntaba en la entrada del viernes, "Cordeleros en la hemeroteca" por una foto que no sabía dónde se localizaba. Ayer sábado, de par de mañana, me vino la inspiración y estuve todo el día buscando (y encontrando) datos que lo corroboraran. 
La imagen, como ya dije, aparece en el Diario de Navarra del 4 de junio de 1933 -ahí es nada- y es, que yo sepa, el primer testimonio gráfico de la familia Elizari, saga de cordeleros, uno de cuyos miembros, Juan Ángel (Juanito), fue, 35 años después, el último cordelero de Pamplona.
Plano de 1900-1920 de Pamplona
La foto es lo suficientemente borrosa como para crear misterio y provocar, al menos en mí, desazón hasta no dar con la explicación. 
Los datos que daba el autor del artículo era que esa familia de cordeleros estaban cerca del alpargatero-poeta, ese que -en lo que hoy es la Ronda del Obispo Barbazán, a la altura del Palacio Episcopal- decía: "¿Y esto con que se paga? ¡Que esté cantando el ruiseñor mientras trabajo!". 
Como digo, se me encendió la bombilla y me di cuenta de que el edificio de la izquierda podía ser el antiguo convento de La Merced y el de la derecha el Palacio Episcopal. Os señalo con "C" donde están los cordeleros y con "F" donde podía estar el fotógrafo, un poco escondido tras la caseta (se ve la esquina en la imagen). Las dos líneas rojas delimitan el campo que entra en la imagen.
Pero ya me he quedado convencido del todo cuando he visto esta otra imagen, que Iriberri nos garantizaba el sábado que era de 1943ca. (corregido por Arazuri: 1937) y en la que Juan Ángel, en primer plano, tiene 16 años:
1937: Juan, Blanca Esther, Ángel (padre) y Martín (hermano de Ángel)
Como veis, están ocupando exactamente el mismo sitio que 10 años antes.
Enmarco con dos líneas rojas el senderillo ligeramente trazado en la yerba en ambas imágenes y señalo con un punto rojo el banco donde está sentada la chica (Blanca Esther), banco sobre el que, en la primera foto, pone el pie derecho algún hermano pequeño de Juan Ángel. 
1921-22 señalada en rojo, la zona en cuestión
El padre, en la 2ª foto, lo vemos tras Juan y Blanca Esther. Se trata de Ángel Elizari, nacido en Añorbe en 1890 y que falleció en 1948, cinco años después de esta 2ª foto. Se ve a alguien moviendo la rueda: es Martín, hermano de Ángel, y también cordelero. La señora que, según el periodista F. Gómez, estaba leyendo un libro, bien podría ser la esposa de Ángel, "podrá casarse con una moza de la Valdorba, guapa y limpia, Angela Armendáriz, con la que tendrá ocho hijos a los que no les faltará un plato en la mesa y un ejemplo de responsabilidad y reciedumbre", que dice Iriberri en la entrada de ayer. 
Como veis, todo un testimonio gráfico de la familia Elizari-Armendáriz. 
Y una pena que el periodista, quizás por no molestar (así lo confiesa en el reportaje), no les haya ni siquiera preguntado por su nombre.
De todos modos me parece un reportaje entrañable y las fotos que él mismo sacó han quedado incorporadas al album de Facebook.
De ese reportaje de F. Gómez entresaco lo que tiene más relación con los cordeleros y los Elizari:

… LOS CORDELEROS DEL REDÍN
La Ronda barbazana en toda su longitud
Antes de tender mi vista por la campiña extensa y varia, de arboleda espesa, con un río de aguas verde-azuladas, con serpentinas de carreteras y linderos, con valles, (todo vida), y montañas que limitan por lo alto el horizonte, tengo que detenerme en una franja larga sembrada de hierba, a lo largo de un muro secular tantas veces batido con máquinas de guerra y ahora con la piqueta destructora.
Lo primero que llamó mi atención fueron media docena de hombres que, cara al muro, aprovechando la sombra proyectada de los contrafuertes de una vieja iglesia, se dedicaban afanosos a sus tareas profesionales. Hablaban de sus preocupaciones, de fruslerías, de todo menos de política, porque ya se cansa de eso el humilde y sufrido ciudadano. Eran unos honrados trabajadores, que formando erpirales de trenza y asaeteándolos con mano diestra y no cansada, convertían el cáñamo en piso de alpargatas y con el piso y las cintas y las telas resistentes hacían pares y más pares de esta clase de calzado cómodo, barato, ligero y fresco, digno sucesor de la sandalia, según los investigadores de su origen. Era aquel rincón una sucursal de Azcoitia y de Azpeitia, donde sabemos que es industria establecida en plena calle y en todas las calles. Eran, según me han dicho, los antiguos cordeleros, seguramente sucesores estos de los que antes del derribo de la muralla para dar paso al nuevo Ensanche vivían de esta clase de trabajo.

¿Y ESTO CON QUE SE PAGA?
(Fotos F. Gómez) 
Y de los alpargateros que viven al amparo de las ruinas de la muralla, antes en la que ya no existente, y ahora a lo largo y en las esplanadas del baluarte de Redin, ahí pueden ver ustedes uno -en la foto que encabeza esta plana- inconsciente de que mi máquina le ha sorprendido en un momento crítico de su faena; que no sólo sabe atravesar cabos y agujas de un lado a otro con ligereza y perfección, sino que tiene alma de artista, que siente la emoción de la naturaleza y de lo (…) que mientras trabaja y parece que no atiende a otra cosa que a su obra, ha sabido elegir este montículo tapizado de verde, donde el sol le acaricia finamente; y dice a sus compañeros de trabajo, separados a la sombra antes  aludida de los contrafuertes:
---¿Y esto con que se paga? ¡Que esté cantando el ruiseñor mientras trabajo!

Comparando ambas imágenes, creo que se trata de las mismas personas y parecidos años. Se trata de Ángel Elizari y su hijo Juan Ángel. Fijaos cómo se remanga el hijo. La de arriba dcha es de 1943ca. Por tanto la grande de color sepia será de 1940ca. y no de 1930, como dice Arazuri




COMO INDUSTRIAL ARAÑA QUE TEJE SEDAS...
Y no lejos de este hombre laborioso y poeta, ni tampoco de la media docena recogidos a la sombra, se desarrolla otra escena de trabajo (ver foto de portada) y alegría esta mañana de sol, en que vemos a la naturaleza saturarse de vida. Son los cordeleros auténticos, que van sacando de su cintura el vellón de cáñamo, mientras gira sin cesar la rueda que hace girar a las poleas pequeñas y, éstas a las cuerdas, que se tuercen y retuercen hasta engrosar su cuerpo, apretujándose los hilos para hacerse irrompibles con la unión, que hace la fuerza... Y mientras los hombres y los niños unen y tuercen las cuerdas, una mujer repasa tranquila, terminado el quehacer de la casa, las hojas de un libro instructivo o ameno, y el niño zascandilea por el suelo y el pajarillo, apenas visible en nuestra foto, canta también alegre en su prisión de alambre, formando parte del cuadro familiar y cual si unir quisiera a las actividades de sus dueños, la voz maravillosa y perfilada de que le dotó el que al hombre dió las manos y dotó de un entendimiento para conocer la verdad y de una voluntad para practicar el bien.
F. GOMEZ 

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