martes, 22 de septiembre de 2026

El Redín, hemeroteca 1953 y recuerdos

En ambas fotos la rueda es la más cercana a la caseta de los cordeleros. Oriéntate con Maps
He seguido buscando alguna partida del Ayuntamiento dedicada a la rehabilitación del baluarte que explique el drástico cambio entre las dos fotos en el corto plazo  de esos seis años. 
Rectifico. El margen temporal es mucho más breve. He encontrado esta foto de febrero de 1953, con Juanito Elizari como protagonista, en la que vemos la cañonera de la izquierda (C1) muy parecida a la foto de Galle, y la cañonera de la dcha. (C2) en peor estado que la de Morath:
Estado de las dos cañoneras (C1 y C2) del flanco este en febrero de 1953
Por tanto, el arreglo que se hizo  fue en un plazo de 16 meses: de febrero del 53 a los SF del 54.
No he encontrado esa partida concreta que permitió el arreglo de la muralla, pero sí algunas reflexiones de periodistas que hablan de una mejoría en general del Redín durante ese periodo:
DN 19/11/1953
La fuente de los Delfines, que estaba en la Plaza de Santo Domingo, va a ser montada en la de San José, lo que me parece un acierto, porque esta Plaza, tan frecuentada especialmente cuando se celebran grandes solemnidades religiosas en la Catedral, merece estar decorada con algún gusto y sea objeto de un descanso en el camino de los turistas a su paso hacia el Redin, donde -aprovecho la oportunidad para decirlo- se ha hecho un avance muy notable en su arreglo y adecentamiento. 
Esta última frase se me hace difícil si el baluarte siguiera como en la foto de Galle.
Señalada la cañonera de Morath. A partir del 64, los cordeleros salieron de la plazoleta. En el centro, el hueco donde se encajaba la tabla con las ruedecillas que trenzaban las cuerdas

Ésta es unos meses anterior, pero tiene un final tan bonito y tan triste que nos va a llenar de nostalgia
DN 29/08/1953
NOTAS EL DIA DE AYER Ayer me di una vuelta por el Redín. Hacia tiempo que no había pasado por aquel lugar de tantos recuerdos infantiles. Un rato me dediqué a contemplar desde las "cañoneras" el espléndido panorama que desde allí se ofrece a la vista, con la histórica Puerta de Francia a los pies -hoy de Zumalacárregui- tan llena de remembranzas locales. Después estuve otro rato mirando a los cordeleros que desde las murallas de Tejería -al ser destruidas para la edificación del primer Ensanche de la ciudad- se trasladaron a estas otras para confeccionar sus cuerdas a mano, al ritmo de la rustica rueda de madera. Descendí también por la rampa del subterráneo que sirvió para refugio durante la gloriosa Cruzada de España. Luego me senté otro rato en uno de los bancos que allí se han colocado, bancos procedentes seguramente de "rehúses" de los jardines y de los paseos céntricos de la población. Algunas simpáticas familias veranean allí plácidamente. Todo aquel paraje podría ser muy bonito y muy agradable, pero está muy abandonado y resulta muy incómodo andar por él. Las murallas y sus "troneras" muestran gran suciedad. Lo que fué cuerpo de Guardia, en estado ruinoso, no puede ser otra cosa que un criadero de ratas sarnosas, cercano a la Catedral. ¡Una verdadera lástima! Allí hoy no puede llevarse a ningún turista... Y en cambio, ¡qué magnífico parque podría construirse en esos terrenos tan amplios y de tan bellos horizontes, del típico Redín pamplonés! Hace unos años, en un día tan espléndido como el de ayer, murió aquí una gitanilla preciosa, encantadora. Murió sobre el verde esmeralda de este suelo, convertido en mullida alfombra, y los gitanos, llorosos y apesadumbrados, cubrieron el cadáver de su princesita morena con multitud de flores, y envuelta en coronas, la llevaron al Camposanto.
Aromas del Redín en la memoria
1967 en adelante. Furgonetas junto al Caballo Blanco
Sí, el olfato es uno de los sentidos más poderosos para fijar y evocar recuerdos. De hecho, los estímulos olfativos tienen una capacidad única para activar memorias emocionales y muy detalladas del pasado, un fenómeno psicológico conocido como el "efecto Proust". 
El nombre proviene del recuerdo que le provoca el sabor de una magdalena recién hecha, mojada en té, a Marcel Proust. Se caracteriza por ser un fenómeno involuntario y, aunque en la novela "En busca del tiempo perdido" es el sabor el protagonista, el efecto está relacionado sobre todo con la memoria olfativa.
Sería por 1957-58. Aún faltaban un par de años para que empezaran a construir el Caballo Blanco, inaugurado el 31 de diciembre de 1961. Tendría yo (que voy con el medio siglo) 7 u 8 años.
Por todo ello, resulta inverosímil que entrara en aquel Redín, escasamente atractivo, un autobús. Pero, en cuanto lo vi, me acerqué corriendo a él. Yo creo que pudo ser el primero que entraba.
Al abrirse la puerta, llegó a mi olfato un aroma delicioso. Y según iban saliendo, me parecían seres especiales, rodeados de una aureola como cuando a los curas se les echaba incienso y los veías dentro de una nube. Salió un joven, alto y rubio, que me sonrió y me atreví a preguntarle de dónde eran.
—De Dinamarca —me contestó, casi sin acento extranjero.
—Ah, entonces son ustedes dinamarqueses —le dije con mi lógica infantil.
—Daneses —me corrigió
Ese aroma, que seguramente sería  un vulgar ambientador, no lo he vuelto a sentir nunca más. Y eso que lo he perseguido en cuanto aspiraba algún olor que me lo recordaba.
Y todo lo que rodeó a ese aroma quedó grabado para siempre en mi memoria, como la magdalena de Proust.

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