lunes, 7 de septiembre de 2026

Sánchez, un agosto pasota


Si desaparecer unas horas el día de la Dana le costó caro a Mazón, la invasión de Ceuta  le debe perseguir a Sánchez de por vida y entre rejas
Pedro Sánchez tenía previsto viajar a Andorra a finales de agosto de 2026 para cerrar sus vacaciones en La Mareta, pero finalmente  canceló a regañadientes la escapada tras filtrarse sus planes y en medio del revuelo político por la invasión de Ceuta.
Pedro Charro DN 07/09/2026
En Pamplona, también en Tudela, como en casi todas las ciudades de España, hubo una manifestación de apoyo a Ceuta que también fue de rechazo a Sánchez, como bien advirtió el perspicaz portavoz del gobierno de aquí. La concentración tuvo mucho de improvisación, la gente se agolpaba junto a la plaza del Ayuntamiento llenando las calles cercanas, como en el chupinazo, las consignas se improvisaban, y no se oía gran cosa.
Sin embargo, la auténtica sorpresa fue que, contra lo previsto, allí había mucha gente. Se ha demostrado que hay un gran hartazgo, que esta historia de inacción y sometimiento a Marruecos ha colmado el vaso, ha precipitado la reacción, que estamos ante un fin de ciclo.
Lo de Ceuta ha sido demoledor. Enseguida empezaron a correr los informes que demostraban la dirección estratégica de Marruecos, las fotos con policías marroquíes de uniforme o paisano dirigiendo la entrada, y los datos de que el gobierno tenía que saber sin duda que algo así iba a ocurrir. Eso lo sabemos gracias a esos héroes anónimos que no se pliegan al que manda.
Sánchez, de pronto, parecía la única persona que lo ignoraba, y que en vez de tomar medidas estaba más preocupado por poner paños calientes y marcharse de vacaciones. Si desaparecer unas horas a Mazón el día de la Dana le costó caro, esto a Sánchez le va a perseguir. Su mes de agosto ha sido de pasotismo final, de aislamiento, de no querer ver la realidad, esa enfermedad típica del líder.
Primero habló de mafias y luego nos ha contado que se trataba de una conspiración judeo masónica. Mientras tanto la situación se fue deteriorando, Ceuta era -y es- un polvorín que podía estallar en cualquier momento y han pasado los días sin plan alguno para una ciudad desbordada.
Las concentraciones por Ceuta se han presentado como agitación de la derecha, como actos del PP y Vox. En realidad nada ha engordado más a Vox que la inacción del gobierno con Ceuta, pero se equivoca quien no vea aquí una respuesta transversal, de gentes distintas, hartas de un gobierno al que no dan más crédito.

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