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Sánchez, el sábado en el Cenem.POOL |
Pánico en el PSOE ante una derrota "dura" por los trenes: "No hay nada que hacer, ¿cómo vamos a pedir el voto?"
La crisis ataja el ánimo de remontada a cuatro semanas de las urnas. Estupor ante el apoyo de Sánchez a Puente: "Es su parapeto"
Lucía Méndez El Mundo Domingo, 1 noviembre 2026
"¿Qué más nos puede pasar?". El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su reducido equipo de colaboradores suelen hacerse esta pregunta en tono de alabanza, para evidenciar que a Sánchez en Moncloa le ha pasado de todo y de ese todo ha salido con heridas, pero con mucha vida política, como muestran los ocho años que ha gobernado. A un mes de unas elecciones decisivas que pintan muy mal para el PSOE, la catástrofe de Urda y sus 69 muertos, a sumar a los que se dejaron la vida hace poco en el AVE de Adamuz, tiene el aspecto de un castigo divino.
Por la cabeza de los políticos más experimentados pasan estos días los dramáticos finales de todos los presidentes de la democracia. Sánchez no será una excepción en la maldición de La Moncloa. En su caso, además, apenas ha tenido tiempo de pasar de las risas al llanto. La campaña televisiva de Sánchez, a la medida de las redes y con los influencers más vistosos, buscaba la activación emocional de su electorado para hacer creer a todo el mundo que podía renacer de sus cenizas.
Y lo estaba logrando -la derecha política, mediática y cultural confesaba un miedo real a la eficacia de la remontada de Sánchez-, hasta el miércoles 28 de octubre. Una fecha de oro en la memoria socialista de 1982, las elecciones en las que Felipe González logró 202 escaños, que también pasará a figurar en la historia de los peores momentos del PSOE. "Esto lo cambia todo. Nos hemos quedado sin campaña". La idea fue abriéndose camino, de forma muy dolorosa en el partido, a medida que pasaban las horas. Y al final de la semana, con España de luto por las vidas rotas otra vez en la alta velocidad, el estado de ánimo en las filas socialistas era de auténtica devastación. "Se han roto las costuras, no hay nada que hacer".
"¿Con qué cuerpo vamos a encarar una campaña electoral, si sólo queremos llorar?". "¿Qué le vamos a decir a la gente?". "¿Cómo le vamos a pedir el voto?". "¿De qué vamos a presumir si la mitad sur de España está incomunicada por tren?". "Hay una conmoción absoluta en todo el país, el AVE a Sevilla era nuestra gran infraestructura, el símbolo de la España del 92, y dos accidentes en nueve meses con más de 100 muertos son un golpe definitivo a la credibilidad de un Gobierno. Lo más seguro es que vayamos a una derrota electoral muy dura". Así es cómo se expresan los dirigentes socialistas consultados de distintos lugares y responsabilidades. Sánchez y la dirección socialista, reducida a un pequeño núcleo de fieles, se han quedado petrificados en el miércoles, reflexionando sobre cómo pasar de la campaña festiva del optimismo y el amor a la campaña del luto y el duelo. La tragedia aún será lo único en la semana que entra. La campaña oficial empieza el viernes 13.
Por decisión del presidente y candidato del PSOE, el rostro de la gestión de la tragedia de Urda es el ministro de Transportes, Óscar Puente. Un hombre dedicado en el último año no sólo a mantener prietas las filas de la militancia, sino a inflamar el patriotismo de partido sin pararse en barras. Precisamente, el gran pilar en el que se apoyaba Sánchez, una vez que el ex presidente Zapatero se ha caído del escenario. Y lo que pocos entienden dentro del PSOE es que el líder esté sosteniendo a su ministro.
"Me extraña que el presidente, que siempre ha tenido un gran olfato político, no se dé cuenta de que Óscar Puente no es la persona que puede recuperar la confianza perdida por el Gobierno. No creo que pueda sostenerlo hasta las elecciones. Falta un mes, y el duelo del accidente va a durar. Intuitivamente, pensamos que Puente iba a dimitir o el presidente le iba a destituir en las primeras horas. En estas circunstancias, vamos directamente a la derrota. La renuncia de Puente sería una forma de decirle a la gente que no nos mueve el partidismo ante una tragedia tan dura, y de demostrar empatía y humildad ante las víctimas", señalan fuentes socialistas con un alto grado de compromiso con el partido y con Sánchez. "La actitud del ministro al dar la cara es de agradecer, y lo que le está pasando nadie se lo desea ni a su peor enemigo, pero la gestión política en circunstancias tan graves y a un mes de unas elecciones generales exige asumir responsabilidades", añaden las mismas fuentes.
Otros dirigentes consideran que el papel que Óscar Puente ha jugado como primer escudero de Pedro Sánchez en el ámbito del activismo en las redes sociales es lo que le incapacita para gestionar una tragedia como la de Urda. "La adicción a las redes y al protagonismo en los medios le ha jugado una mala pasada. Ha faltado al respeto a mucha gente, no se ha comportado como debe comportarse un ministro, y la teoría del fallo humano como causa del accidente no es creíble para los ciudadanos. Esas estrategias no tienen credibilidad ante un drama como éste".
Sin embargo, pocas son las voces socialistas que han puesto en cuestión la decisión de Sánchez de respaldar la continuidad del ministro de Transportes. Un dirigente señala que el partido en su conjunto ha asumido la política del relato de la era Sánchez. "Seguramente hemos puesto excesiva confianza en la idea de que Pedro había nacido para renacer políticamente en los momentos más difíciles, tanto por sus habilidades como por su buena suerte. Ahora no hay salida buena, pero la peor es mantener a Puente". "La estrategia de esperar a que escampe y de hay que resistir porque todo se pasa no parece buena idea. Esta catástrofe de un servicio público que era el orgullo de España es de las que hacen ganar o perder unas elecciones".
¿Qué razones tiene el presidente para sostener a su ministro de Transportes? La respuesta es distinta según a quién se le pregunte. Oficialmente, Sánchez no considera que Puente tenga ninguna responsabilidad en el accidente y valora la valentía del ministro al actuar con transparencia, ofrecer todos los datos de los que dispone y someterse a una rueda de prensa de casi dos horas respondiendo a las preguntas de todos los medios, incluidos los más críticos con el Gobierno. "La tragedia no ha sido causada por una decisión política. Puente debe quedarse en tanto haya una investigación sobre las causas y debe seguir dado la cara como lo ha hecho desde el primer minuto", indican fuentes oficiales.
Los socialistas más críticos con Sánchez tienen otra explicación. El ministro como parapeto. "Es verdad que se hace difícil la escena de un Óscar Puente como número uno de la lista por Valladolid, pero Pedro le necesita como parapeto y como escudero ante la militancia al día siguiente de la derrota", subrayan algunos cargos socialistas.
"Lo que no es asumible para un país como España es sufrir dos accidentes ferroviarios de alta velocidad en un mismo año", proclamó Sánchez en su visita al lugar de la catástrofe. Muchas personas sobreentendieron que iba a prescindir del ministro del ramo. Pero no lo ha hecho. Algo que a algunos socialistas les ha recordado lo que dijo en su visita a Ceuta después de la avalancha de más de 80.000 personas. "Es un ataque contra la integridad territorial". Pero no suspendió sus vacaciones.
Page: sobriedad, serenidad y empatía en la tragedia
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, se ha multiplicado estos días para estar en todos los lugares de la tragedia de Urda, en la provincia de Toledo. El dirigente socialista ha informado a los medios de comunicación, ha acompañado a las familias que esperaban los restos de las víctimas, ha seguido 'in situ' las complejas labores de rescate y ha ejercido de anfitrión de los Reyes, del presidente del Gobierno y del resto de las autoridades.
Además de mostrar una gran sobriedad, serenidad y empatía con las víctimas, el presidente castellanomanchego ha eludido por completo pronunciarse acerca de cuestiones políticas sobre la actuación del Gobierno, y tampoco ha querido responder a las preguntas sobre la actuación del ministro Puente. Ambos no mantienen precisamente buena relación.



