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lunes, 6 de mayo de 2024

El cable de la muerte (I)

Sin duda se trata de la barraca más surrealista y artesanal que ha pasado por Pamplona. El artefacto de Estanis Juanmartiñena sólo funcionó durante los Sanfermines de 1943, ya que causó más heridos que todos los encierros de aquel año

El cable de la muerte
Pudiera parecer, que con el avance de la tecnología la calidad y el «gancho» de los aparatos modernos va en aumento. Sin embargo, a principios de los años cuarenta, una de aquellas atracciones realizada con muy pocos medios pero mucha imaginación, logró calar de tal modo entre el público pamplonés que se puede afirmar que fue la nota más destacada de aquellos Sanfermines.
Me estoy refiriendo al «Cable de la muerte», un artilugio del que todavía se acordarán los mayores, por el revuelo y la expectación que consiguió en su efímera existencia.
Para encontrar el origen de tan curiosa novedad, hay que remontarse a los comienzos de los años treinta. En esta época, un excelente y aficionado pelotari y futbolista navarro, Estanis Juanmartiñena, la comenzó a poner en práctica en Zuasti, su localidad natal.
Sitna 1927-31 y 2023. Charca, hoy desecada en el paraje El Monte
El invento de Estanis consistía en lo siguiente: Desde lo alto de un árbol lanzaba un cable y lo cruzaba por encima de un pequeño lago que había en su pueblo, atando el otro extremo del cable en otro árbol más pequeño. Desde lo alto del árbol grande se lanzaba, colgado de una polea que rodaba sobre el cable, y cuando estaba aproximadamente sobre el centro del lago, se dejaba caer como Tarzán.
Marín, Manolete, Bienvenida y Archanco (alcalde)
Todos sus amigos probamos aquellos chapuzones desde lo alto del cable. Estanis al comprobar el éxito que tenía su «Cable de la muerte» entre todos los que lo probaban, decidió ponerlo en práctica en los Sanfermines de 1943. Precisamente aquel año, el día 7, fue la alternativa de Julián Marín alternando con Pepe Bienvenida y «Manolete», con toros de Samuel Hermanos.
No obstante, la peligrosa novedad de las fiestas de aquel año, duró muy poco. Al año siguiente no se instaló debido sobre todo al balance de accidentes que ocasionó. Nada menos que 46 personas sufrieron heridas de más o menos consideración tras probar suerte en el «Cable de la muerte». Éste, curiosamente, restó protagonismo al encierro, y durante aquellas fiestas fueron más los que pasaron por la enfermería a consecuencias de los golpes que recibieron en aquella atracción de las Barracas, que los que tuvieron algún percance en el encierro.
Os pongo el NO-DO de aquel año, con unas intervenciones magistrales del pastor Germiniano Moncayola, quien con su vara y su blusa se lleva a los toros sueltos con pasmosa facilidad:
Por supuesto, aquella novedad tenía que provenir de una persona especial, como era Estanis Juanmartiñena. De espíritu aventurero y muy habilidoso, para jugar a pelota y fútbol como para llevar a cabo en sus geniales ideas que Estanis ya había puesto en práctica con anterioridad. Ahora, que Estanis nos dejó para siempre (q.e.p.d.), puedo decir de él, que era muy religioso, amante de su familia y un modelo de honradez y amor al prójimo. 
Con Basiano y su perrica, en Yesa 1950-54
En Yesa, por ejemplo, se le ocurrió instalar una cuerda floja en la que se subía y, ante la mirada atónita de los curiosos, hacía de equilibrista consumado. En Peralta llevó a cabo otra genial idea, en la que intervine y recibí varios tozolones: el «skipajódromo». El invento consistía en llenar una era, o sitio parecido, con paja, ponerse unos skis, que se los había fabricado él mismo, atar una cuerda a su coche y agarrado al extremo de la misma, el «esquiador» intentaba sortear las dificultades que ocasionaba la velocidad y los giros que lanzaban al «skiador» al quinto diablo. Por supuesto, la mayoría de las veces el osado de turno acababa en el botiquín. Lo sé por experiencia.
Cuando comenzaron las fiestas, todo el público que se acercaba al ferial, que entonces se encontraba en el Ensanche Viejo, entre el Colegio de los Maristas y las murallas de la Ciudadela, hoy Avenida del Ejército, se quedaba atónito ante el montaje de Estanis Juanmartiñena. 
Había instalado una torre de madera, de una altura equivalente a la de un cuarto piso, desde donde todo el que quisiera podía deslizarse ayudado por una polea con dos asas colocada en lo alto del cable. Previo pago de una cantidad de dinero -quince céntimos o un real, no recuerdo exacto-, los más valientes podían experimentar la emoción y el peligro que suponía lanzarse desde semejante altura, hasta el final del cable, donde Estanis había instalado unos almohadones a modo de parachoques.
Los primeros metros de recorrido del cable caían en el vacío, por lo que eran muchos los que no se libraban de un buen golpe nada más iniciado el peligroso viaje. El tirón sufrido al caer en el vacío y el posterior golpetazo, más que desanimar a la concurrencia, le animaba a probar suerte. Pero incluso, quien lograba quedarse asido a las asas colocadas para tal efecto, no podía impedir el golpe final contra los almohadones protectores. Eso sí, siempre con las piernas abiertas.
El día que se inauguró el «Cable de la muerte» se corrió el rumor de que habían instalado un aparato en el ferial que ya había ocasionado más de una muerte. Esto no era cierto. Ante el peligro que suponía la caída desde semejante altura, Estanis Juanmartiñena colocó una red protectora, pero como la altura desde donde se caía era más que considerable, esta protección no servía para nada. Por eso, posteriormente, se pusieron encima de la red ocho toldos de otros tantos vagones del ferrocarril que habían sido previamente cosidos unos con otros.
En definitiva, el creador de aquella famosa atracción del ferial pamplonés, tenía una obsesión permanente: llevar a cabo proyectos que divirtieran, pero que también tuvieran su índice de emoción. El «Cable de la muerte» a pesar de durar solamente un año por imposición gubernativa, será recordado por todos los que en 1943 éramos jóvenes, como aquel artilugio ideado por un hombre genial y habilidoso, que tantos buenos y divertidos momentos nos hizo pasar... a pesar de las magulladuras y de un corte en una mano producido por un hilo del cable de acero.
A continuación vamos a incluir el texto de una graciosa, pero verídica reseña del dicho «Cable de la muerte», que añade, con gran gracejo, la versión de un gran amigo, que se llama Vicente y se firmaba «KATONTXU». Hemos suprimido los tramos ya recogidos.
J. J. Arazuri Historia Sanfermines

miércoles, 5 de abril de 2023

El gol de Ibáñez no fue de churro

Manteo a Pablo Ibáñez por sus compañeros de Osasuna J.P. URDIROZ DN

El pase de Moncayola y el toque preciso de Ibáñez llevan detrás mucha cocina... y buenos ojeadores. Nos lo cuenta Félix Monreal, quien hace compartir el gol con Cata Prieto y Braulio Vázquez.

El gol de Cata (Athletic- Osasuna) 
Siempre he reconocido que para quienes seguimos el fútbol de cantera lo fácil es señalar al jugador que más alto apunta; le delata su velocidad, la habilidad en el remate, la pericia para conservar el balón, su presencia física... 
Era fácil acertar con Aimar Oroz o con Mikel Merino en su día, pero hay que tener un sexto sentido para leer las virtudes de Moncayola, a quien le costó hacerse un hueco en el juvenil y luego en el Promesa. 
Esa facultad de ver donde los demás no vemos, de hacer una radiografía exacta donde el resto no pasamos de un examen a primera vista es lo que siempre he valorado de los ojeadores, ahora llamados scouters porque llevan una tablet en lugar de apuntar las notas en la servilleta de papel que han cogido en el bar de las instalaciones. 
Ese trabajo introspectivo nos conduce a casos como el de Pablo Ibáñez. 
Cuando Cata Prieto –secretario técnico de Osasuna que llegó de la mano de Braulio Vázquez– recuperó al centrocampista de las filas de la Mutilvera con 22 años, la operación parecía enfocada a fortalecer al Promesas con un jugador curtido en la Tercera división. Nada más. 
Cata Prieto
A los ojos del aficionado, el chico (que desempeñaba también la función de defensa central) no pasaba de ser un jugador correcto para la categoría, con buenos pulmones, que no perdía fácilmente el balón y que poseía un buen disparo. Su desempeño era más parecido a un interior a la vieja usanza, a un 8. 
Pero, ya digo, eso es lo que veían nuestros ojos de aficionado raso. Por eso nos sorprendimos cuando con 24 años se incorpora a la plantilla del primer equipo: el cuerpo técnico de Osasuna había detectado algo.
A Pablo Ibáñez lo van cocinando como futbolista a fuego lento; Arrasate le da minutos, alguna titularidad, tiempo de formación. El jugador no fallará a sus mentores porque viene de superar la desilusión, el golpe de realidad que para cualquier muchacho supone que un día le llaman a un despacho de Tajonar y le comunican que se ha acabado, que el sueño de llegar a ser profesional en Osasuna termina aquí. 
Salir de ese pozo, reinventarse y no perder la pasión por el fútbol es un valor añadido y que explica su júbilo cuando marca el gol que vale una final. Lo que pasó por su cabeza en los segundos durante los que sus compañeros le aplastaron contra el césped de San Mamés solo lo sabe él, pero seguro que fue un buen resumen de su vida, y la de su familia, en torno al balón. 

Cuando a los chicos de la cantera les hablen de Puñal, de David García o de Kike Barja, gente que pasó por todos los escalones del club, también sería oportuno que les contaran el caso de Pablo Ibáñez, el mejor ejemplo de que si ‘Osasuna nunca se rinde’, un jugador de su cantera tampoco debe rendirse porque a veces el camino que hace realidad los deseos es el más largo.
El histórico gol de Pablo Ibáñez es el gol de Cata y también el de Braulio. El de una jefatura deportiva que ha aprendido a interpretar qué es Osasuna, cuáles son los intereses de sus aficionados y el perfil de los futbolistas que más pueden aportar a este equipo.
Esto es fácil escribirlo ahora, ante la segunda final de Copa de la historia, pero el verdadero mérito es el de creer que ese chico de la Mutilvera tenía en sus botas uno de los goles de nuestra vida. 
Y que el pase vendría de Moncayola.
¡Genios!

martes, 13 de septiembre de 2022

SF 1965 "Astados paralizados en el ruedo" (AMP)

¡Cuánto habrían echado en falta ese día a Germiniano Moncayola!
Muchos astados. Cuento hasta 18. La mayoría, mansos; pero hay también algún bravo.
Nervios. Un doblador, a la izquierda, se encara con los mozos. El capote de ese doblador conecta con lo que parece una vara que dirige a los mansos, en primer plano. En medio de la imagen, un toro mira, amenazador, a un pastor rodeado de animales. Hay tanta gente que no se ve la barrera que separa a los mozos del ruedo del público que abarrota los tendidos.
¿Puedes explicar qué pasa?

Esta imagen necesita una explicación que no nos da el Archivo Municipal:
"1965-7-11 Retegui, Andrés
Los astados paralizados en el ruedo de la plaza de toros rodeados de corredores.
Los pastores intentan movilizar a la manada para introducir a los astados en los toriles."
Los Gigantes en Nueva York
No queda otra que recurrir a la hemeroteca y, mejor, a la hoja del lunes, ya que el día 11 era domingo.
1965 fue el año en que nuestros gigantes viajaron a Nueva York, fue el año de la bronca del Cordobés ("córtate el pelo..."). En 1965 tenemos las fotos de los mansos bajando la rampa del Labrit... como quedó recogido en Desolvidar: SF 1965: El Cordobés y Nueva York.
Pero esta imagen de Zubieta y Retegui no ha sido nunca explicada. Hasta hoy.
De los 18 astados, solo uno es bravo: el que mira amenazadoramente al pastor. Se ha roto una pata en el trayecto y, una vez encerrados el resto de los Guardiolas, los mansos han salido de la plaza a buscarlo. Ha llegado a rastras al ruedo, pero ahora se niega a entrar. Tras muchos minutos de intentos de pastores, dobladores y mansos, media hora después del comienzo del encierro, entra el Guardiola cojo que, lógicamente, tuvo que ser sustituido para la corrida de la tarde.
De todos modos, me sigo preguntando para qué hace falta tanto manso. ¡Cuánto habrían echado en falta ese día a Germiniano Moncayola!

Este es el documento completo:
13 de Julio de 1965. Bronca histórica a El Cordobés
"Ya para la hora del encierro, en las calles y plazas no se podía dar un paso. Se calcula que hay hoy en Pamplona más de cien mil forasteros.
Millares de personas han quedado fuera de la plaza de toros a la hora del encierro, y en taquillas, se ha colocado, desde ayer por la tarde, el cartel de "no hay billetes", para la corrida de hoy.
El encierro ha sido muy accidentado, aunque no ha tenido las consecuencias graves que, debido principalmente a la aglomeración de corredores, podían haberse dado. A las siete en punto se dio suelta en los corrales de La Rochapea a los seis toros de Guardiola, que emprendieron vertiginosa carrera hacia la plaza. La masa de corredores era impresionante por lo que la carrera fue muy difícil. 
Los cabestros, por la rampa de Labrit
Sin embargo, sin percances de importancia, han llegado al ruedo cinco de los toros, acompañados de varios cabestros. Una de las reses no continuó a los corrales quedándose en el ruedo mezclado con la enorme cantidad de muchachos que había sobre la arena. Los profesionales, con sus capotes, hicieron extraordinarios esfuerzos para hacer entrar al toro rezagado, que durante cerca de diez minutos se mostró muy rebelde, persiguiendo a cuantos se aproximaban a él. Junto a la carrera de entrada al callejón que dirige a los corrales, este astado alcanzó a un mozo, derribándole y corneándole. Pronto se vio que el muchacho estaba herido y fue conducido inmediatamente a la enfermería. Por fin el de Guardiola pudo ser introducido en el interior de los corrales.
Fraga, que tiró el cohete en 1964, obsequió a las
Peñas con 10.000 pts. en 1965 (pincha)
Faltaba el sexto toro, por lo que los cabestros salieron en su busca. Había quedado distanciado notablemente de sus compañeros de camada por haberse roto en el trayecto, al sufrir una caída, la pata trasera izquierda. Al entrar, quedó también en el ruedo, y costó muchísimo esfuerzo llevarlo a los corrales, más que nada, porque casi no podía andar por la fractura sufrida. Pasaron treinta minutos casi, hasta que esta res pudo ser metida en su encierro.
El joven herido se llama José Isasti Ardanaz, que presenta una herida por asta de toro en el muslo izquierdo, extensa, en la región inguinal, que interesa piel y tejido celular subcutáneo contusionando el cordón espermático y diversas otras contusiones, de pronóstico menos grave.
SF1965 homenaje a Moncayola (pincha)
Se han practicado algunas detenciones de muchachos por citar a los toros en el ruedo. Precisamente la cogida de este mozo se produjo por haberle llamado la atención otro de los corredores a la primera de las reses que se negaba a entrar en los corrales, Y ésta, al perseguirle hacia la barrera, alcanzó en la parte exterior de la misma a José Isasti.
Ya todos los toros en los corrales de la plaza, se soltaron varias vaquillas emboladas, que proporcionaron frecuentes sustos y tumbos a los improvisados toreros, siendo asistidos en la enfermería una docena de muchachos do contusiones leves.
Después del encierro, la animación en todas partes es grandísima. En los casinos, cafeterías, bares, es poco menos que imposible hallar un pequeño hueco para desayunar."
¿Tal vez en el Choko (sic)?

martes, 19 de noviembre de 2019

José Carroza, arrastrado al corral

La "no cogida" de José Carroza fue el sábado, 15 de julio de 1933
Actualización 31.12.20
Hoy he conocido, por fin, quién es el autor de esta foto. Sabía que Julio Cía era más que "El fotógrafo de la Catedral", pero jamás habría apostado por que fotografiara la "no cogida" de José Carroza. Y, aún menos, que en la AMP tuviera 42 registros (compruébalo) con la etiqueta "encierros", algunos con 2, 3, 4, y hasta 13 fotografías. Toda una sorpresa.

En algún sitio oí, de niño, esta terrible historia. Quizás me la contó mi padre, que solía llevarnos a ver el Encierro a la buhardilla de su amigo Loyola, en Estafeta. El toro enganchó, al entrar en la Plaza, a un mozo de la faja. Y ya se lo llevaba y estaba a punto de meterlo en los corrales, cuando el toro se quitó al mozo de encima. Me ponía los pelos de punta. Yo, porsiaca, casi nunca llevaba faja cuando corría el Encierro (y eso que corría en el Ayuntamiento). Pero, precisamente, la llevaba el día que me cogió. En los últimos tiempos, gracias a Ricardo Ollaquindia y a J.J. Arazuri, me he enterado de todos los pormenores de esta pesadilla.

Podéis visitar este álbum de los encierros en blanco y negro, con imágenes ordenadas, datadas y comentadas:

Ricardo Ollaquindia Toros célebres en Navarra (pág 42)
Carroza Zaragüeta AMP
Un toro de Sánchez Cobaleda, en el encierro del 15 de julio de 1933, enganchó por la faja a un muchacho y lo llevó colgando por el ruedo, protagonizando una de las cogidas más célebres y espectaculares de los encierros. 
Era sábado. Corrían muchos mozos ante las astas. Entraron apelotonados en la plaza. Entonces ocurrió el suceso. Lo contó así el Diario de Navarra:
"Un toro enganchó por la faja -nunca más gráfica y expresiva esta frase- a un muchacho, y colgado de un cuerno, como si fuera un abrigo en una percha, lo llevó tres cuartos largos de plaza, desde la puerta de entrada al ruedo hasta un par de metros antes de la que da acceso al corral. 
Entonces se dio cuenta que le molestaba aquel peso y se lo sacudió bonitamente, dejándolo, previo un volatín, en el suelo; y no pasó nada. Es decir, pasó el toro por encima de él, tirándole un derrote sin tocarlo ni mancharlo. 
Podemos dar fe porque estuvimos poco rato después con este muchacho que hizo de «aviador», en el cuerno de un toro, que no le tocó ni un hilo de su camisa». 

El muchacho era José Carroza, de 18 años, muy conocido por tener un negocio de maquinaria agrícola y motores en Echavacoiz. 
El toro fue uno de estos ocho que se lidiaron aquel día: «Dominante» nº 5 cárdeno, «Avión» nº 21 negro, «Arriero» nº 24 cárdeno, «Cara de rosa» nº 39 colorado, «Almendrito» nº 40 negro, «Limpiador» nº 52 negro, «Gaditano» nº 59 negro bragao, «Giraldito» nº 68 negro listón. 
Si el calificativo de «aviador», dado por el periodista a José Carroza, tiene sentido de alusión, podemos pensar que el toro que le enganchó fue el nº 21, de nombre «Avión»; pero sin asegurarlo.

Otra vez, Moncayola le quitó su presa y lo tiró al suelo coleándolo con una mano
"Otro toro, uno negro lucero y jirón, -sigue contando el DN- se volvió de la manada y se quedó como un pasmado más de seis minutos en el ruedo, entre la gente, sin que se arrancara ni a los capotes que están allí prendidos para sujetar a los toros rezagados... Gracias a Moncayola que acudió con dos bueyes a recogerlo, pudo aquel toro entrar en el corral sin que produjera el menor disgusto 

J.J. Arazuri Fiestas de antaño Nº 20 Una cogida singular (DN 7-7-1981)
José Joaquín Arazuri tenía aún 14 años aquella mañana en la que vio a su amigo, José Carroza, colgando de un cuerno.

"En el año 1933 se celebraron las fiestas en dos tandas: una primera, comprendida entre los días 7 al 9, ambos inclusive, y una segunda, en la que sólo estaba programada celebrar una corrida el 16, pero, se amplió al día 15, en la que se corrieron toros de Cobaleda con divisa morada y roja.
En aquella mañana del 15, los palcos y las gradas estaban medio vacías, no así el recorrido del encierro en el que abundaron los corredores. 
Al llegar las reses al callejón, la última, que entró un poco rezagada, lanzó un derrote, alcanzando con su cuerno derecho a un joven por la cintura, con tal suerte, que. el asta enganchó limpiamente la faja. 
DN 7-7-1981: toda una
página dedicada
Los que estábamos en la plaza, presenciamos impresionados la dramática escena de la entrada a galope en el ruedo, de un toro, de cuyo cuerno derecho colgaba, enhebrado por la faja, un ser humano que, cual pelele, con sus brazos y piernas colgando, marcaba el compás que le imponía la carrera de la res. 
Los trágicos segundos que tardó el Cobaleda en atravesar el ruedo, resultaron minutos de angustia. Todos los espectadores, sin excepción, preveíamos la muerte del mozo en los corrales, corneado y desgarrado por las reses. 
A Dios gracias, cuando faltaban unos pocos metros para llegar al callejón de entrada de los toros, San Fermín hizo un bonito quite, cortando la faja. El mozo cayó pesadamente a la arena, para levantarse rápidamente y alcanzar el refugio de la barrera. Todos respiramos contentos.
A la salida del encierro, estuve con el protagonista de aquella singular cogida, el buen amigo José Carroza, castizo pamplonés, que no se cansaba de contar, cómo sólo recordaba el momento en que recibió el derrote y el de caer en la arena, al rompérsele la faja que, afortunadamente, era de algodón."

Y así, con el propio recorte, para que lo podáis leer "in situ":


Julio Cía Uriz (Aoiz,1889-Pamplona,1957) es un fotógrafo aficionado, muy amigo del fotógrafo profesional Gerardo Zaragüeta, cuyo estudio de la Plaza del Castillo pamplonesa visitaba con frecuencia, antes de disponer de un local propio, con lo que acabó profesionalizándose. Recibió numerosos encargos del Ayuntamiento de Pamplona, por lo que su obra –muy abundante y minuciosa, además de tener una irregular calidad técnica– se conserva en el Archivo Municipal. En muchos de sus positivos, que evidencian las transformaciones urbanas de los primeros años del siglo XX, se puede leer en el dorso «Julio Cía - Fotógrafo de la catedral», pues trabajó también, ya profesionalizado, en el Archivo de la catedral pamplonesa (Azpilicueta y Domench)

domingo, 9 de junio de 2019

Los Sanfermines de 1936

1. Cartel de 1936  2. Así abría Azcona la puerta del corral  3. Antonio José Ruiz, 
recibiendo el Gallico 2001 de Jesús Mari Astráin Fabo (D.E.P)
Los Sanfermines del 36 se vivieron con absoluta normalidad. Lo más preocupante fue la amenaza de huelga de los portadores de la Comparsa que, al final, llegaron a un acuerdo que permitió que los críos (hoy, con noventa y pico años) siguieran con sus retahílas habituales:
"Pelonaaa sin pelooo. Cuatro pelos que tenías los vendiste de estraperlooo..."
"Aquí, kilikikí, con el palo no, con la verga sí..."
"Napoleón, chiquitito y narigón"
La República tuvo así a los Reyes Europeos hasta que les hizo la corona mural
Coronas murales, en lugar de las reales de Carlos III
El cuarto de estar de la ciudad se llamaba ahora "Plaza de la República" y en marzo del 35 ya habían cambiado, en la puerta principal de la Plaza de Toros, el escudo de Pamplona por el republicano que -fíjate lo que le importaba a la gente- aguantó la guerra, la dictadura y las cuatro décadas de monarquía. Y ahí sigue.
Sí que las campanas de la catedral desafiaron la prohibición republicana de voltear las campanas para acompañar a los cohetes anunciadores de la fiesta de San Fermín.

Los golpes de estado no suelen anunciarse con antelación y casi todos los pamploneses vivieron las fiestas con absoluta normalidad. Sí que hubo algunos, quizás los más precavidos, que aprovecharon las fiestas para poner tierra de por medio y buscar un refugio seguro desde donde verlas venir.
Otros, como Jacinto Ochoa, (por quien -como veréis en el enlace- siento una especial admiración) fueron detenidos el 19 de julio de 1936, en Pamplona (con 19 años). Pertenecía a las recién fundadas Juventudes Socialistas Unificadas (juventudes del PC y del PSOE). Lo llevaron al penal de San Cristóbal. Tomó parte en la fuga masiva de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938. Al final, se chupó 27 años de cárcel, quedando libre en 1964.

De Arguedas, fue jefe de pastores del Encierro
 entre el 29 y el 45. Lo que no haya hecho él...
Pero vimos en los encierros del 36 al pastor ribero Germiniano Moncayola, con la vara y la blusa, metiendo a los toros en chiqueros.
Y a León Salvador que, lo primero que hizo esta vez fue donar al alcalde 100 pts. para la Casa de Misericordia. Con razón luego era el único charlatán que podía vender en la Plaza del Castillo (perdón, de la República).
También veremos al gran Silvanio Cervantes (el que llevaba a las partituras la facundia de Ignacio Baleztena y su Uno de enero, Levántate, pamplonica...) dirigiendo sonriente el Vals de Astráin en un Riau-riau popular y entrañable.
Hay tantas cosas que merecen, siquiera, un pequeño comentario...

Pero sí que quiero recalcar que este documento fue recogido por Antonio José Ruiz. Estas imágenes increíbles de los Sanfermines de 1936 son una muestra del intento de Antonio por ir creando una filmoteca de casa: de Pamplona y Navarra.
Así que, ya sabéis, si tenéis por casa alguna vieja película:
filmoteca.archivo@navarra.es · Tel. 848 427 782

domingo, 24 de marzo de 2019

Antonio Archanco, el alcalde que quiso ser mozo

Solía decir el buen corredor Miguel Ángel Eguíluz (minuto 4'48'') que, cuando haces un buen encierro, te sientes más importante que el Alcalde de Pamplona (lo dijo antes de que alguno desprestigiara el cargo).
Cuando el amigo José Castells Archanco me ha mandado estas fotos de su abuelo, Antonio Archanco Zubiri, trajeado como corresponde a un Alcalde (Octubre de 1942 - Diciembre de 1944), incluso vara en mano, intentando reconducir a un toro rezagado, me he preguntado cómo se habría sentido don Antonio tras su temeraria acción. 
Y tengo clara cuál habría sido su respuesta: "Me he sentido... como un mozo más".
Aparecen en la foto (las tres son de Galle) no menos de seis guardias, uno de los cuales parece decirle al Alcalde: "pero, don Antonio, ¿qué hace usted? ¡Ande, retírese, que nos tiene a todos en vilo!
Me dice Jose: "Más que hazaña me parece un locura lo que hizo y algún capón le habría arreado mi abuela al llegar a casa. A mí me lo contó hace años Manolo Aldave, pamplonés de 1915, castizo de la calleja de la merced, pero no le creí."
Don Antonio Archanco parece hacer caso a la autoridad y se retira a un segundo plano, dejando el protagonismo a otros mozos. Varios guardias ya se han retirado, buscando la protección de algún portal.
Estamos al final de Estafeta de un encierro de los Sanfermines de 1943. Detrás del toro se ha formado -para darle espacio al toro y facilitar que no se vuelva- una barrera de mozos a la altura de lo que desde 1956 es el Bar Fitero y entonces era el Bar Prados. 
El cornúpeta ha adelantado unos metros en la buena dirección y está a la altura de la calle Tejería, a nuestra derecha.
Echo en falta al gran Germiniano (¡vaya nombrecito!) Moncayola, con su boina, su vara y su blusa, que hizo de pastor desde el 29 al 45. Seguro que no andaría lejos.
Un mozo de ropa oscura cita de cerca al morlaco que, ahora sí, parece que avanza con un trote más decidido. El Alcalde, con toda tranquilidad, observa la jugada. Dos guardias (y medio) siguen en el recorrido. 
No vemos el desenlace, pero no debió de pasar nada ya que la hemeroteca de los Sanfermines de 1943 ni siquiera reseña la presencia de Antonio Archanco en el recorrido del Encierro. 
Lo que me resulta extrañísimo, ya que no creo que haya habido otro alcalde que haya corrido, trajeado como corresponde al cargo, delante del toro. Y sin trajear, yo creo que tampoco.

A. Archanco en los SF de 1944
Y al año siguiente -1944- lo vemos en los momentos previos al chupinazo en el balcón del Ayuntamiento. Es el que tiene la cara más adelantada y sonriente:

Y de este mismo año de 1944 ya saqué en su día este NO-DO  en el que con toda claridad se puede ver al Alcalde Sr. Antonio Archanco desfilando parsimoniosamente. 

Álbum de Antonio Archanco
Su nieto, José Castells Archanco, lo reconoció inmediatamente en las imágenes y me proporcionó este magnífico álbum Antonio Archanco, Alcalde de Pamplona, al que añado ahora estas tres fotos del alcalde-corredor

domingo, 17 de junio de 2018

Sólo por el nombre, 'Rastrojo' se lo merece

Ya sólo por el nombre, se lo merece. ¡Gracias, Rastrojo!
Cuando sabotean los Corrales del Gas, cuando, con la excusa de las Corridas, quieren acabar, de paso, con el Encierro -dos minutos de tensión que han hecho universal a Pamplona-, es hoy, y precisamente ahora, cuando esta ciudad tiene que salir de su modorra y dar una respuesta contundente, votando a los Pastores del Encierro, votando a "Rastrojo". 
Ya sólo por el nombre, tan navarro (: rastrojo, rastroja, restroja...) se merece tirar el cohete el día 6.

Como bien sabéis, el día 21 termina el plazo para votar a una de las cuatro candidaturas para lanzar el Chupinazo de 2018. 
Aún estamos a tiempo de darle la vuelta a la única encuesta que conocemos. 
El 25 de mayo el Noticias presentó los siguientes datos, preocupantes de verdad, para quienes pensamos que debemos concentrar el voto pamplonés en José Miguel Araiz, "Rastrojo":

Preocupantes pero clarificadores, porque se ve a la legua cuáles son los intereses de los lectores del periódico del Cuatripartito independentista.
¿Por qué se decantan por Chrysalis? ¿Por todo lo que ha hecho por los Sanfermines? Con todos los respetos, ignoro que hayan hecho algo. ¿Porque al Noticias y a sus lectores les preocupa muchísimo la problemática de la transexualidad en los menores? Si así fuera, escribirían, al menos, bien el nombre. Creo, sinceramente, que lo que les gusta de Chrysalis es que son "Euskal Herria":


Constitución de la Asociación Chrysallis Euskal HerriaHoy, 8 de Marzo de 2015, en Donostia, hemos constituido “Chrysallis Euskal Herria, Asociación de Familias de Menores Transexuales”, asociación que agrupa a familias de Álava, Gipúzcoa, Navarra y Vizcaya.
Lo denuncié hace año y medio, en una entrada con el gráfico título de "Chrysallis NAVARRA", ¡por favor! y, aunque para presentarse como candidatura para el Chupinazo de 2018, hayan hecho algún apaño, el hecho de apellidarse 'Nafarroa' en vez de 'Navarra' y la presencia en el vídeo de Aingeru Mayor, presidente de Chrysallis Euskal Herria, es demasiado delatora del "arreglo para la ocasión".

Que me perdonen Los Amigos del Arte, pero ellos que se lo merecen todo y, además, cumplen este año el siglo de su fundación, no tienen la urgencia que sí tienen las cosas del toro en nuestra ciudad. Las corcheas gozan de muy buena salud. Ojalá el año que viene podamos votarles.

El reconocimiento a Rastrojo es un homenaje, en él, a los Pastores del Encierro. Pastores del presente y del pasado. 
Quienes seguís este blog conocéis a la perfección a pastores de leyenda como Germiniano Moncayola quien, con su blusa y su vara, hizo quites inverosímiles, siendo paseado a hombros de los mozos a quienes había salvado de una cornada segura. Moncayola fue capaz de colear un toro con una sola mano (en la otra, la vara y la blusa) y tirarlo al suelo, para que soltara a su presa.

Cuando este año votemos a Rastrojo, votaremos a Moncayola, votaremos a lodos los pastores del Encierro y votaremos al Encierro y al toro bravo mismo ("por estos animalicos", que dice Rastrojo).
Para que veáis el peaje al que obliga el Ayuntamiento de Bildu a todas las candidaturas, os dejo el vídeo tal cual:



Actualización 19-J, martes
A escasas horas de que se conozca el resultado, si hacemos caso a le encuesta de DN, parece que le hemos dado la vuelta:
Pero no nos confiemos y a todos los que veamos avisémosles de que el jueves 21 es el último día para votar.

Pamplonés, si eres consciente de lo que quieren hacer con las fiestas de tu ciudad, si crees que son los Pastores de ayer y de hoy, en la persona de Rastrojo, quienes deben "echar el cohete, que sería un orgullo grandismo".., si te has propuesto EJERCER DE PAMPLONÉS...
Pincha en este enlace y da tu voto a la candidatura de José Miguel Araiz, "Rastrojo". 
Y con la satisfacción del deber cumplido, comparte esta entrada con tus amigos para que hagan lo mismo:

viernes, 29 de julio de 2016

Canito inmortalizó más de 70 Sanfermines

las fechas de1912-2016, quedarán para siempre en su gorra, escritas a rotulador
La cámara de Canito inmortalizó más de 70 Sanfermines
Al atuendo sanferminero añadía una gorra blanca en la que ponía: ‘Pamplona 1912’ y el año en que estuviera, escrito a rotulador. 
Más de 70 Sanfermines significa que en los años 40 ya estaba Canito en Pamplona con su cámara y que pudo fotografiar al pastor del Encierro Germiniano Moncayola, vara en mano, llevándose al toro con su blusa:

NACHO DUSMET Pamplona
Para Canito, estar en Pamplona era como estar en su “tierra de Alicante”. No es para menos. Estuvo durante 70 años inmortalizando todos los Sanfermines. No faltó a ninguno. “En Pamplona he cogido alguna que otra borrachera con Hemingway en Casa Marcelino. He pasado alguna de las mejores tardes de mi vida en estas tierras. Solo pido salud y suerte a los pamploneses”, decía antes de presentar una exposición de sus fotografías en Pamplona en el año 2013.
Al pañuelico rojo, siempre le sumaba una gorra blanca de la que no se desprendía nunca. Llevaba escrito: Pamplona 1912 y el año del que se tratara. Además de centrarse en cada uno de los toros, también se centraba en el público. En los tiempos de la fotografía con carrete y negativo, las corridas no era extraño ver la gorra dando una vuelta a la plaza por el burladero fotografiando al público y al día siguiente repartiendo las instantáneas a los fotografiados.
Era tal su afán por los Sanfermines y Pamplona, que el objetivo de la cámara con la que inmortalizó la cogida mortal de Manolete en 1947, la dejó en el museo que Marcelino Jiménez montó en un piso de la calle Estafeta.
En 2012, cuando se le entregó un dibujo de Kukuxumusu con un reloj que simbolizaba que por él no pasan las horas, Canito decía, “Que tenga fuerzas para un Sanfermin más”, porque no se cansaba de esta fiesta que conocía y sabiamente manejaba.
Gracias a sus fotografías durante las fiestas queda patente cómo cambia la fisionomía de la ciudad y de las celebraciones. Cuando se le preguntó en 2013, sobre si había cambiado mucho la fiesta a lo largo de los años afirmó que “media plaza lo toma en serio y la otra media no, un poco así de cachondeo. Creo que los Sanfermines eran antes más bonitos, había escritores... Con Hemingway daba gusto. Ahora es diferente, no hay personalidades. Pero, lo bueno es que en San Fermín somos todos iguales. Es una familia”.

Exposición y homenaje
Aquella frase la dio durante la presentación de una gran exposición de su trabajo en Pamplona, en el Palacio del Condestable. Mitos reunió durante el verano de 2013 setenta de las mejores fotografías del alicantino. La muestra, dijo el entonces alcalde Enrique Maya, era un “homenaje muy merecido a uno de los habituales de la plaza de toros y de las fiestas”. Los pamploneses pudieron ver en distintos formatos las instantáneas de los mitos nacionales e internacionales a quienes fotografió, como Ava Gardner o Hemignway, y también alguna otra de sus fotografías más significativas, como la cogida de Manolete.
En 2010 el Ayuntamiento de Pamplona ya había homenajeado durante las fiestas a Canito, junto al periodista Javier Solano, por su labor divulgadora de las fiestas de la ciudad. “Siempre llevaré a Pamplona y a esta tierra en el corazón. Si algún año no me veis por Sanfermines pensad: Canito ya se ha marchado al otro barrio.” 
Impresionántes imágenes de Canito

jueves, 7 de agosto de 2014

Encierros años 40: Moncayola y Chico de Olite

El pastor Moncayola y  el  doblador "Chico de Olite" en acción
Germiniano (¡vaya nombre curioso!) Moncayola y el Chico de Olite fueron nombres míticos del encierro de Pamplona. Moncayola, con su vara y su blusa, hacía sencillo lo que parecía imposible. Llegó a colear un toro y tirarlo al suelo con una mano (ver imágenes) para salvar la vida de un mozo. El Chico de Olite, elegante, siempre de traje, era el amor platónico de nuestras madres. La mía no paraba de hablar de él


Encierro de 1943 (Nº 29A)
Incidencias
Plaza del Ayuntamiento, 16": señalaremos cómo se coloca delante de las astas un mozo de jersey oscuro y cuello de la camisa muy blanco, cruzando la Plaza entera y continuando por Mercaderes delante de la manada.
Calle Estafeta, 29": preciosa carrera, sin apreturas, de media docena de mozos. El de pantalón blanco, el más pegado a las astas, continúa delante hasta el cambio de plano.
Callejón, 45": bonita entrada al ruedo.
Callejón, 52": un toro intenta cornear a un mozo, quien por fin escapa bajo la valla.
Callejón, 58": un pastor -Germiniano Moncayola-, con dos mansos, se lleva al toro rezagado.
Ruedo, 1'12": un pastor -Germiniano Moncayola-, con una blusa, arrastra al toro hasta la puerta de los corrales, salta la barrera y, otra vez con la blusa, hace entrar a la res.



Germiniano Moncayola (1900-1991)
Es el pastor protagonista de ambas situaciones. Natural de Arguedas, fue jefe de pastores del Encierro entre el 29 y el 45. En incontables ocasiones realizó intervenciones tan oportunas como las dos que podéis ver en este vídeo. Y en algunas tuvo que arriesgar su vida, a cuerpo gentil, con su vara y su blusa, para librar a mozos de una cornada segura. Quizás la más famosa fue cuando coleó a un toro tirándolo al suelo. El bicho tuvo que dejar su presa.


Fue un pastor de leyenda. Su pasmosa naturalidad, resolviendo ecuaciones peligrosas sin darle mayor importancia, conquistó el corazón de los corredores del Encierro, quienes en varias ocasiones lo pasearon a hombros por el ruedo. Si otro pastor, Agustín Ustárroz, inspiró algún (pinchad en todos los enlaces; merecen todos mucho la pena) cartel de fiestas, Moncayola recibió de José María Iribarren en 1932 un encendido panegírico, y en 1965 le llegó el homenaje de la ciudad de Pamplona.

Encierro de 1949 (Nº 341A)
Incidencias
Plaza del Ayuntamiento, 07": Un pata se pone a torear en vez de correr. Varios toros resbalan y alguno se vuelve.
Plaza del Ayuntamiento, 23": otro corredor lanza una patada al toro. Otro se desliza por el suelo resbaladizo y cae un toro que no consigue levantarse.
Plaza del Ayuntamiento, 35": un corredor sufre un tremendo revolcón. Es ayudado por la gente.
Mercaderes, 45": un hombre parado, con un sombrero en la mano, parece querer indicarle el camino al toro, pero éste cae a su lado y hace por él. El hombre se mete en un portal y sale para recoger el sombrero.
Ruedo, 1'24": El Chico de Olite, vestido de traje oscuro, vigila al toro suelto que ha entrado con los cabestros de cola. Con su estilo característico (a punta de capote) y con la ayuda de un pastor, mete al toro en chiqueros.



Basiano, 1953, Chico de Olite
En pocos encierros he visto mayor desastre que en éste del 49. La inconsciencia y la falta de respeto al toro (y al resto de corredores) han primado en las imágenes de Ayuntamiento y Mercaderes. Al estar estropeado el sonido original (lo he sustituido por una Diana), nos quedamos con las ganas de escuchar al comentarista. ¿Qué no habría dicho del Encierro de Pamplona? ¿Chirigota? ¿Payasada? El problema de los toros de Pamplona es que las bromas se pueden pagar con la muerte. Y a veces con la propia.

El doblador Pedro Chaverri, el "Chico de Olite" (1909-1980)
Sin embargo, las escenas del ruedo son un paradigma de lo que es la función del doblador, figura exclusiva de la Monumental pamplonesa.
No creo equivocarme si afirmo que se trata, sin duda, del Chico de Olite (o mejor, el Chicolite, que decía mi madre).
Fue el doblador imprescindible (todas las mañanas sanfermineras, desde 1933 hasta el 77, estuvo en el ruedo) y se convirtió en otro mito sanferminero.
En 1953, Basiano le hizo este cuadro, vestido de luces. Pinchad sobre la imagen para admirar mejor esta imagen, gentileza de mi amigo Jose Mari Muruzábal.


El 10 de julio del 47 el toro Semillero, que en Estafeta había herido de muerte a Casimiro Heredia, al entrar en el ruedo arremetió contra Julián Zabalza (imagen sepia).  Fue el "Chico de Olite" quien se llevó (imagen grande) por fin el toro al corral a punta de capote. Pero ya era tarde. Tanto Casimiro "El carnicero", como Zabalza, fallecieron a los pocos minutos.
En 1969 Pedro Chaverri recibió el Pañuelo de Honor de Pamplona.
Una placa, a la entrada de la Plaza, a mano derecha según entra el Encierro, nos lo recuerda: "Doblador y Torero":

(Pincha para leer mejor)
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