jueves, 28 de mayo de 2020

Catástrofe Rochapea 2. La explosión

La parcela señalada, especialmente la marcada en rojo, frente al Centro de Salud de San Jorge, y donde estuvo el Frontón Lapoya, fue donde más se sintieron los efectos de la explosión que hace un siglo fue denominada como "la catástrofe de la Rochapea", que hoy sería denominada "de San Jorge". Al menos, fue una explosión no intencionada.
DETALLES DE LA EXPLOSION
La explosión 
A las cinco de. la tarde de ayer (jueves, 28.04.1921), cuando todo el vecindario se encontraba dedicado a sus habituales y diarias tareas, fué sorprendido ingratamente. por un formidable estampido que fué percibido desde algunos kilómetros de distancia, cuanto más en nuestra ciudad, separada, en línea recta, del lugar de la catástrofe, poco más de un kilómetro. 
Cárcel 1908 Aquilino García Deán
Casi simultáneamente con la explosión se percibió muy distintamente en Pamplona una fuerte trepidación que puso en guardia y hasta sembró la alarma a quienes se dieron cuenta cuenta de ella, hasta el punto de que el teléfono empezó a funcionar sin interrupción en demanda de noticias sobre la causa de la explosión y de la trepidación. 
En nuestra Redacción pudimos observar un ligero y extraño estremecimiento de las paredes y no sabiendo a qué atribuirlo nos dimos a inquirir sobre la causa del mismo hasta que a los pocos minutos pudimos averiguarla. 
En la cárcel correccional, efecto de la trepidación y explosión, fueron hechos añicos una buena porción de cristales. 
FOT_OFICIALDEGUI Ibero (Cendea de Olza)
El cura Párroco de Olza, nuestro buen amigo don Juan Larraya alarmado por la formidable detonación, llamónos por teléfono para enterarse del origen y causa de la misma. Y muchas otras personas de la ciudad y sus inmediaciones hicieron lo propio. 
Estos pocos detalles servirán para que el lector pueda formarse una idea aproximada de la horrible catástrofe que a la hora mencionada ocurrió ayer en el llamado frontón de Lapoya, situado en el barrio extramural de la Rochapea. 

A la Rochapea 
La noticia circuló con toda rapidez, con la rapidez con que corren las noticias, sean buenas, sean malas y, actuando de imán, hizo que todos abandonaran sus labores, y se lanzaran a la calle, se dirigieran a la Rochapea, arrastrados por la sensación dolorosísima que producen las hecatombes. 
Primero se hablaba de heridos. Luego se rumoreaba de dos muchachas muertas. Después, el número de muertos se hacía ascender a cuatro. Y por último se afirmaba que los cadáveres eran siete y hasta ocho. 
La bola de nieve rodaba, y a medida que rodaba aumentaba su volumen. ¿Qué habría, en todo ello, de cierto? 
Taconera Mirador 1924
La verdad es que la barandilla de la cuesta del Portal Nuevo y el balcón del Mirador estaban llenos de gente; y llenas de expectadores del lúgubre siniestro estaban la muralla (baluarte Gonzaga) de la Cuesta de la Reina y la pequeña explanada que se extiende en la parte norte del Matadero. 
Un enjambre de gente llenaba la carretera de la estación, y desde el puente de Cuatro Vientos era tal la aglomeración de seres humanos que era punto menos que imposible la circulación de los vehículos. 

El incendio 
Momentos después de la explosión (Roldán)
A medida que nos aproximábamos al lugar del siniestro se iba percibiendo el olor característico de todo incendio. Y como si esto no fuera bastante, un denso humo, que se disipaba a poca distancia, lo delataba. Y por si el humo no fuera suficiente a delatarlo, pavorosas llamas se alzaban en el interior del edificio amenazando siniestramente con derrumbar las esqueléticas paredes, que acaso no quedarían ni para servir de testigos mudos de la hecatombe. 
Las llamas se habían apoderado inmediatamente de la casa y de lo que fue frontón, y buscaban expansión por el boquete mayor; por todo el tejado, de cuajo arrancado y volado por la explosión ocurrida momentos antes. 

En el lugar del siniestro 
GC Rochapea Día del Pilar
En dicho lugar vimos al Gobernador civil interino, al Fiscal de S. M., al Alcalde, al Juez de Instrucción. al Médico forense, al Teniente Coronel, Comandante y Capitán de la guardia, varios Concejales, al Arquitecto municipal, al Cura párroco y varios sacerdotes de San Lorenzo, dos Padres Capuchinos, al Capellán de las Hermanitas de los Pobres, varios miembros de la Cruz Roja, algunos Médicos y Practicantes, todos los cuales marcharon presurosos para ofrecer y prestar los auxilios de su respectiva profesión. 
También bajaron muchos números de la guardia civil, de seguridad y vigilancia y de policía urbana, los cuales prestaron un servicio admirable conteniendo a la muchedumbre a respetable distancia, a fin de que los bomberos pudieran trabajar desembarazadamente y para evitar posibles y nuevas desgracias si, como se temía, aunque por fortuna no sucedió, ocurrían nuevas explosiones. 
Cruz Roja, años después
Todas las autoridades rivalizaron en celo dando las oportunas disposiciones para dominar el incendio, única cosa que podía hacerse, ya que las llamas se habían adueñado de la situación. 
Los bomberos trabajaron y maniobraron denodada, heroicamente, arrostrando el peligro de los derrumbamientos, de las llamas y de posibles y nuevas explosiones. Nada les arredró ni les contuvo. 
Otros, ayudados por algunos paisanos y varios sargentos de artillería cuyo auxilio fué requerido para que, por ser entendidos, procedieran a separar las cajas de cartuchería que pudieran, labor que no realizaron por ser imposible, se dedicaron a hacer funcionar la bomba que extrajo agua de un pozo situado en la heredad inmediata destinada hace años para construir una nueva Casa de Maternidad. 

La explosión.—Tres cadáveres 
Entre 1926-74 estuvo ahí Múgica, Arellano y Cía
No se sabe a punto cierto cómo ocurrió la explosión. Acerca de su causa oímos varias versiones; pero la más verosímil es la que dice que debió producirse por algún pistón que cayó en algún montón de pólvora que produjo la formidable explosión que ayer llenó de luto a Pamplona y especialmente al barrio de la Rochapea. 
Antes de proseguir en esta trágica narración, pondremos en antecedentes al lector. 
Lo que en tiempo fué frontón con el edificio habitable y habitado que le era contiguo, fué adquirido por la Sociedad Múgica, Arellano y Compañia que, en parte de él, instaló algo de maquinaria agrícola. 
Casa Puntos (Años 20)
El resto lo arrendó a don Juan Martínez de Goñi, sucesor e hijo político del señor Puntos, quien lo convirtió en depósito de cartuchería de caza, teniendo el de pólvora en una casa situada a un kilómetro de distancia, a campo raso y abierto. 
Para cargar la cartuchería debió de llevar cierta cantidad de pólvora, cuyo incendio debió de producir la explosión. 
La explosión fue espantosa, formidable, y debió producirse en la planta baja del edificio a juzgar por el trágico detalle siguiente: 
De la heredad contigua fueron recogidos tres cadáveres completamente carbonizados. 
Uno de la criada del encargado, que se dice es también sobrina de éste. 
Otros dos cadáveres eran de una criatura, de unos dos años que a la altura del pecho tenía fuertemente asida una mujer. 
Dijose que la criatura es hija del señor Martínez de Goñi. 
La mujer que lo tenía agarrado entre sus brazos se llama Vicenta Martínez de Goñi, es hermana de D. Juan y esposa del encargado del taller, llamado Fidel. 
HOSPITAL CIVIL DE Nª Sª DE LA MISERICOR-
DIA (HOY MUSEO DE NAVARRA). Hasta 1932
Este y un chico se salvaron milagrosamente de la catástrofe porque, cuando ésta ocurrió, marchaban al depósito de pólvora con un volquete con o por algunos utensilios. 
Estos tres cadáveres fueron trasladados inmediatamente en el carro-ambulancia de la Cruz Roja al Hospital civil provincial. 
Se afirmaba también que debía haber otros tres o cuatro cadáveres más, a juzgar por las personas que trabajaban en el taller de cartuchería; pero no podía concretarse nada ante la imposibilidad de penetrar en el interior del edificio, convertido todo él en ígneos escombros. 
Lo que estaba fuera de duda, porque la horrible realidad así lo atestiguaba, es que cuantas personas había en el interior cuando ocurrió la explosión murieron. Era imposible que ninguna pudiera escapar con vida. 
Hemos dicho que la explosión debió ocurrir en la planta baja, y ahora agregamos que las tres personas cuyos cadáveres fueron recogidos en la heredad inmediata debían hallarse en el piso primero y único del edificio, pues volados el pavimento del primer piso y la techumbre fueron lanzadas por la expansión de la explosión por el boquete abierto en el techo. Tan formidable, tan catastrófica fué la explosión. 

Heridos 
Les heridos y contusos debieron ser muchos, producidos por los trozos de piedra, ladrillo y madera desprendidos y lanzados a mucha distancia. 
Regimiento, quizás de la Constitución 1931
Entre ellos anotamos a un albañil que trabajaba en la parte exterior de la casa, llamado Francisco Huarte y conocido por «Tudela», por ser natural de esta ciudad, el cual fué conducido al Hospital en el carro militar del regimiento de la Constitución, cuya fuerza regresaba de las prácticas del tiro. 
Este herido cayó envuelto entre unos escombros y a sus ayes y quejidos fue extraído por unos beneméritos vecinos y obreros cuyos nombres nos complacemos en consignar, y son también los que recogieron los tres primeros cadáveres ya mencionados. 
Son: Indalecio Irisarri, Juan Echeverría, Isidro Ramos, Daniel Urrizalqui, Pedro Orbisu, Eugenio Ascunce, Tomás Arina, Luis Alsina y José Casi que trabajan en los talleres mecánicos que allí tiene instalados la Diputación. 
C/ Mayor 36 1º
Una pobre anciana, paralítica, que habitaba en una de las casas situadas enfrente al edificio incendiado fue trasladada a otra casa más lejana en previsión de que se produjeran nuevas explosiones. Se llama Anastasia Razquin Echenique. 
El apellidado Huarte fué curado en el Hospital de alguna herida y erosión, y después trasladado a su domicilio. 
Otro herido es un muchacho llamado Severiano Martinez, habitante en la calle Mayor 36 primer piso, el cual sufre ligeras heridas en el cráneo y en la pierna. Este subió a Pamplona por su pié. 
Otro herido es un muchacho, hijo de un obrero, llamado Marcelino, que murió hace algo de tiempo. 

Efectos de la explosión 
Atentado de ETA en Zaragoza
Los efectos de la explosión en el orden material fueron terribles. 
Además de los muchísimos cristales que, efecto de la trepidación, quedaron rotos en el casco de la Población, en el barrio de la Rochapea notaron los siguientes efectos, 
Las casas situadas al otro lado de la carretera, donde hace años estuvieron las cuadras de La Regeneración sufrieron desperfectos. 
Ellas y otras de la manzana contigua quedaron cuarteadas en sus paredes de la fachada. 
Los tabiques quedaron también. cuarteados y algunos agrietados y hasta derribados. 
Los cristales fueron hechos añicos. 
Y hasta la puerta de grandes dimensiones de una casa fué arrancas de sus goznes. 
Trozos de tejado fueron lanzados hasta una distancia de ciento cincuenta metros y en todo este trayecto se veían residuos carbonizados de madera, piedras y ladrillos. 
Aquello era horrible, pavoroso. 

Más cadáveres 
A todo esto, las llamas proseguían su obra demoledora. Los titánicos esfuerzos de los bomberos lograban dominar poco a poco el fuego en la parte oriental del edificio; pero seguía su acción sobre los escombros amontonados en la occidental, ya al descubierto por, haberse desplomado su correspondiente pared medianil. 
El aspecto que ofrecía era tristísimo. Aquello era un montón de ruinas ígneas que lentamente iban apagando los bomberos. 
A todo esto, loa vecinos de la Rochapea afirmaban que debía haber entre los escombros los cadáveres de tres muchachos y de un hombre que se hallaban trabajando en el interior cuando sobrevinieron la exploxión, la voladura y el derrumbamiento. 
El hombre se llama Jerónimo Elizondo que a la hora en que escribimos no ha aparecido vivo ni muerto. Se le supone sepultado entre los escombros. 
Las tres muchachas se llaman Juana Salinas, de 15 años, Jacinta Vaca de 13 y Elena Elizari, de 17, hijas de obreros residentes en aquellas cercanías y sobrina la última de don Joaquín Reta, celador de agentes municipales. 
Cuando los trabajos de extinción permitieron meterse entre los escombros, fueron descubiertos los cadáveres de dos muchachas que sin duda son de las tres mencionadas; pero que no pudieron ser identificados por estar totalmente carbonizados. El cráneo de uno de ellos estaba completamente acribillado a cartuchazos. 
Los dos cadáveres fueron trasladados al hospital civil en el coche-ambulancia de la Cruz Roja. 
Les cadáveres extraídos son cinco, y se cree que aún falta por extraer otros dos: el de una muchacha y el del carpintero Elizondo. 

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