Zapatero ante el juez. Quién no descansa en este junio que se ha vuelto tórrido es el juez José Luis Calama, de la Audiencia Nacional. Un juez desconocido (no existían ni fotos suyas en los medios hasta hace unos días), con fama de discreto, profesional, experimentado y lejos de cualquier sombra de interés político. Vaya, el juez ideal para el caso que le ha tocado.
Miguel Ángel Riezu DN 20 06 2026
Y es que ha imputado al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y ahora a sus hijas y su secretaria por varios presuntos delitos alrededor del rescate de la aerolínea Plus Ultra. Esta semana le ha tocado interrogar al expresidente. Y no era fácil. Zapatero es un hombre acostumbrado a los discursos, a que le escuchen y a que le den la razón además. Y un interrogatorio es otra cosa. Hubo tensión. Y es memorable la frase del juez ante el escapismo presidencial en las respuestas. “Yo no soy una madre abadesa, soy el juez instructor”. Eso es colocar a cada uno en su sitio. Educación y firmeza junto a un exquisito cuidado para no dar pasos en falso ni dejar que nadie le marque el suyo. Chapeau. Zapatero lo niega todo y el juez considera que los indicios siguen ahí.
Muy distinto en las formas, el juez Peinado, que acaba de enviar a juicio a la mujer del presidente por tráfico de influencias y malversación entre otros delitos. En su auto, mucho más duro en las medidas cautelares, le retira incluso el pasaporte por un riesgo de fuga que se antoja difícil de vislumbrar desde fuera.
Una imagen pública que queda desnuda.
Oiga, ¿y lo de las joyas? Impresionante. Un tema que tiene en jaque a todo el país. Joyas por 1,3 millones de euros en su caja fuerte y sin versión oficial de los hechos por el momento. Sus voceros sostienen que Zapatero dirá que son un regalo de 2007, cuando era presidente, del difunto rey de Arabia Saudí. Así, el caso está prescrito y no habría contrabando. Jugada perfecta. Otra cosa es que se pueda demostrar y el juez se la crea. Pero lo que no tiene ya vuelta atrás es el hundimiento de su figura pública. Con un comportamiento que ha sido todo lo contrario de lo que se presume de una persona que se declara socialista de pura cepa. El hombre, considerado el líder moral de la izquierda española, ¿se olvida de declarar y devolver al Estado un regalo de lujosas joyas árabes por más de un millón de euros? No tiene un pase. Sus aliados de Sumar o Podemos crujen ante esta supina incoherencia que desnuda su imagen pública y que destroza su halo de político austero. Tan sólo el presidente Pedro Sánchez mantiene su apoyo en él. No le queda más remedio. Es su último salvavidas.




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